lunes, marzo 26, 2007

Before...

Imaginar una película romántica que no sea empalagosa me resulta bastante difícil. Aunque sin duda las hay. Hace como un año un amigo me aconsejó "Antes del amanecer" y "Antes del anochecer". No le hice mucho caso pues un año ha tenido que transcurrir para que me decidiera a verlas. Y él me decía que los diálogos de una y otra película eran lo bastante hipnotizantes como para dejarnos llevar. Una es continuación de la otra, con nueve años de diferencia, tanto en los estrenos (1995 y 2004) como en el tiempo transcurrido en la trama, igual es una manera de acercar la realidad a la ficción.
No sé cómo empezar aunque no voy a hablar de lo que cuentan los protagonistas en cada historia, sólo me limitaré a decir que condensan en unas horas las cosas más importantes de su vida: el amor, la salud, la familia, el trabajo o estudios... la felicidad. Y a veces se puede a llegar a comprender una filosofía cotidiana de la vida en la que ni siquiera nos fijamos por lo que tiene de cotidiano, supongo. Se ensalzan los detalles más nimios y quizás eso es lo que maravilla de las dos películas.

"Antes del amanecer" comienza en un tren. Los paisajes que corren a través de las ventanillas recuerdan las casas aisladas con tejado de pizarra casi a ras del suelo que abundan entre el verdor de la Selva Negra. Supongo que también las hay en Austria. Comienza con una discusión en alemán (que entiendo perfectamente). Una joven se cambia de asiento porque no puede seguir escuchando al matrimonio y se sienta cerca de un joven. Los dos se funden de nuevo en sus lecturas, no sin antes haber reparado en el otro. Aquí empieza el juego de miradas, algo presente en casi toda esta primera parte. Un "¿hablas mi idioma?" y unas palabras tímidas son suficientes para empezar una conversación en un tren, en principio bastante trivial.
Jesse es americano y está haciendo el Interraíl, al día siguiente tiene que coger un avión desde Viena que le llevará a su casa. Celine vive en París y estudia en La Sorbona, viene de visitar a su abuela que vive en Budapest. Esa primera conexión es suficiente para prepararnos a lo que puede ocurrir después. Y una conversación en un tren puede acabar en el momento en que uno de los pasajeros tiene que bajarse, pero ¿si cambias lo que tenías previsto?
Cuando llegan a Viena, Jesse le dije a Celine que pase el día con él, que se baje del tren en ese momento y ella acepta. Y pasan todo un día en la capital austríaca, paseando por las Academias de las Letras y de las Ciencias, una iglesia cualquiera, el Danubio, un pequeño café, un pub cualquiera, la noria, un poeta vagabundo, una adivina de mirada penetrante... No importa la gente ni el lugar, sino que lo que importa en esos momentos sólo son ellos. Es un momento mágico, algo que no estaba previsto y disfrutan de cada momento como si fuera el último y es que, supuestamente, es su primer día juntos, pero también es el último. No se prometen nada, no se intercambian teléfonos, solamente aprovechan esas horas perfectas en sus vidas.
Pero la despedida es peor de lo que pensaban. Se prometen una cita seis meses después en el andén número nueve...
La ciudad queda vacía en aquellos rincones visitados por la pareja, y a la vez queda un aire de melancolía incierto, sin saber si volverán a encontrarse...

Ensueño o engaño,
pestaña de limusina...
Pequeña, con tu cara bonita
vierte una lágrima en mi copa.
Veo en tus ojos
lo que significa para mí.
Dulces tartas y batidos.
Soy ángel de ilusión,
desfile de fantasía...
Quiero que sepas lo que pienso,
que no tengas que adivinarlo.
No tienes ni idea de dónde vengo,
no tenemos ni idea de adónde vamos
lanzados a la vida
como ramas en un río
fluyendo río abajo
presos de la corriente.
Yo te llevo a ti,
tú me llevas a mí,
así es como podría ser.
¿No me conoces?
Aún no sabes quién soy.

"Antes del atardecer" transcurre en París. Jesse Wallace está promocionando su libro, éxito de ventas en Estados Unidos, en una de las librerías más famosas de París: Shakespeare & Company. El argumento de su historia no es otro que lo que ocurrió nueve años atrás, cuando viajaba en tren, cuando conoció a una joven francesa y pasó los momentos más felices de su vida con ella en Viena.
Al mirar hacia el fondo de la librería, como si se tratara de una aparición fantasmagórica, allí está ella, Celine. Esa tarde Jesse tiene que coger un avión para Estados Unidos, pero primero tiene que recuperar el tiempo perdido.
El reencuentro no es lo esperado, no hay muestras efusivas de afecto ni un cariño desenfrenado. Ya no son aquellos jóvenes románticos e ingenuos. Él ya no es un inseguro joven huyendo de la realidad sino que es padre de un niño, tiene éxito y, aunque no lo quiera reconocer, un matrimonio fracasado. Ella teme el amor, piensa que entregó todo el romanticismo que había en ella una noche en Viena y que ya no puede dar más amor, ni a su actual pareja, un reportero gráfico que pasa más tiempo entre guerras que junto a ella, por eso sigue con él, porque no se siente agobiada por grandes muestras de cariño, aunque a veces le eche de menos. Y a los dos les falta algo en su vida. Es como si hace nueve años le hubieran entregado su alma al otro, y hoy... están dispuestos a recuperarla. Y Celine, atinadamente, dice en cierto momento:
"Lo que acaba, acaba. No se puede reemplazar a nadie porque todos estamos hechos de pequeños y preciosos detalles".
Qué razón más grande.
El avión de Jesse está pronto a salir, pero ¿es preferible perder un avión o perder la oportunidad de haberse reencontrado de nuevo con el gran amor de su vida?
También aquí los detalles son importantes. No se ve mucho de la ciudad del amor (muy apropiada para la película), sino rincones casi desconocidos, que pasan desapercibidos para casi todo el mundo. Pero esta vez al final esos lugares no aparecen como símbolos de vacío.

Dejo, para terminar, una frase de Einstein que se dice en la segunda parte:

"Si has perdido la fe en la magia o en el misterio es como si estuvieses muerto".

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