
¿Hubo eclipse? ¡Ah! Me hubiera gustado verlo, pero seguro que si fuera buscando un lugar donde se viera bien la luna algo pasaría y me quedaría sin el espectáculo.
Me remito al anterior eclipse de luna. Corría junio de 2005. Lo recuerdo porque habíamos acabado los exámenes y estábamos prontas para marcharnos a casa. Patri y yo estábamos una noche en casa cuando decidimos salir al césped del parque que estaba bajo nuestro balcón para ver la luna. Hacía calor y apetecía salir a ver el eclipse.
Aquel parque estaba en cuesta, y veíamos la luna reflejada en los cristales de los edificios, pero no podíamos observarla directamente, así que empezamos a caminar en busca de otro parque donde mirar el firmamento. Desde San Esteban y Gran Vía tampoco conseguíamos ver la luna mágica de aquella noche. Seguimos caminando hasta el río. Era un sitio desde el que no habría edificios que nos taparan el cielo. Empezaba a refrescar, pero no importaba. Terminamos sentándonos en las roídas piedras del puente romano y miramos al cielo. Desde allí se veía la luna ¡por fin! No nos duró mucho ese momento de gloria.
Unas negrísimas nubes empezaban a tapar aquella blancura infinita. Y empezó a llover. Nos quedamos sin eclipse, sin luna y sin resguardo. Aunque no importaba, pues la lluvia venía bien para refrescarnos del calor veraniego.
A pesar de aquella especie de tormenta de junio nos quedamos un rato más disfrutando de aquella noche mágica, escuchando silbar al Tormes. Y un rato después regresamos a casa.
El día es tan azul y luminoso que sólo me apetece tumbarme en cualquier parque cerca de mi casa y cerrar los ojos. Y quedarme allí durante horas. Aunque seguro que termina lloviendo.
Me remito al anterior eclipse de luna. Corría junio de 2005. Lo recuerdo porque habíamos acabado los exámenes y estábamos prontas para marcharnos a casa. Patri y yo estábamos una noche en casa cuando decidimos salir al césped del parque que estaba bajo nuestro balcón para ver la luna. Hacía calor y apetecía salir a ver el eclipse.
Aquel parque estaba en cuesta, y veíamos la luna reflejada en los cristales de los edificios, pero no podíamos observarla directamente, así que empezamos a caminar en busca de otro parque donde mirar el firmamento. Desde San Esteban y Gran Vía tampoco conseguíamos ver la luna mágica de aquella noche. Seguimos caminando hasta el río. Era un sitio desde el que no habría edificios que nos taparan el cielo. Empezaba a refrescar, pero no importaba. Terminamos sentándonos en las roídas piedras del puente romano y miramos al cielo. Desde allí se veía la luna ¡por fin! No nos duró mucho ese momento de gloria.
Unas negrísimas nubes empezaban a tapar aquella blancura infinita. Y empezó a llover. Nos quedamos sin eclipse, sin luna y sin resguardo. Aunque no importaba, pues la lluvia venía bien para refrescarnos del calor veraniego.
A pesar de aquella especie de tormenta de junio nos quedamos un rato más disfrutando de aquella noche mágica, escuchando silbar al Tormes. Y un rato después regresamos a casa.
El día es tan azul y luminoso que sólo me apetece tumbarme en cualquier parque cerca de mi casa y cerrar los ojos. Y quedarme allí durante horas. Aunque seguro que termina lloviendo.
6 comentarios:
Con respecto a lo de mirar al cielo por las noches en compañia de amigos/as, tras unos momentos de silencio y reflexion siempre surgen preguntas del estilo "a donde vamos?" "habra vida alla arriba?" etc
Hace unos años fuimos yo y unos colegas a fumar unos canutos a los pericones (donde la foto del horreo). La noche era abierta y se veia bastante bien el firmamento, y tras el silencio, ahi tirados en el prao y boca arriba, surgio una conversacion sobre el cosmos.
No se si fue porque estabamos encebollados por los cigarros de la risa o que, pero recuerdo que fue un rato muy tranquilo y agradable.
Es cierto que te vienen a la mente las preguntas más inesperadas o quizás las más lógicas sobre nuestra existencia, algo en plan: Qué pequeños somos respecto a la inmensidad que hay allá arriba, ¿qué habrá allí?
Me viene a la memoria una canción cuya letra leí por primera vez en un libro de religión, y que luego sería un grupo que escucharía con cierta asiduidad.
Siniestro Total: Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos
... estamos solos en la galaxia o acompañados...
Qué recuerdos :D
Yo también he tenido mis momentos existenciales, tumbado en la noche, mirando al cielo, y con el humo de la victoria rulando de mano en mano. Si que son momentos muy especiales.
Recuerdo una de las primeras conversaciones que tuvimos, marihuano, sobre lo perfecta que es una puesta de sol o un amanecer en tu tierra y junto al mar.
Tus palabras me han recordado aquello.
Y es que hay momentos que son simplemente perfectos, que es como si te trasladaran a otra dimensión y te hacen reflexionar en cosas en las que no piensas a diario. Y es genial esa sensación.
Si, es verdad, me agrada saber que recuerdas esas pequeñas conversaciones, que parece que no tienen mayor trascendencia. La verdad es que la gente isleña suele ser muy apegada a su pedazo de tierra. No quiero dar una sensación de nacionalismo rancio, no voy por ahí. Pero la verdad es que cuando salgo de mi isla, siempre que vuelvo y la veo desde el avión, se me eriza la piel de una forma que no se puede explicar salvo cuando uno lo siente en propia carne.
Somos parte de la tierra que nos vio nacer. Las raíces siempre tiran y aunque nos fuéramos al fin del mundo, de nuestra tierra es del único sitio que no nos iremos jamás. Siempre hay un poco de esa tierra dentro de nosotros. Siempre hay quienes reniegan de esto, o que se marchan para no volver más... pero siempre está presente, sea a través de recuerdos, de fotos o de lo que sea.
A mí también me tira mucho La Rioja, antes estaba más apegada, y ahora intento no ir mucho. Pero cuando veo el cartel de "Bienvenido a la Comunidad Autónoma de La Rioja" no puedo dejar de sonreír.
No me imagino cómo tiene que ser verla desde el cielo, supongo que me llegaría mucho más adentro.
También es diferente, ver tu isla desde las alturas, esa bienvenida a casa, fijo que te desborda. Yo, al fin y al cabo, sólo tengo que coger un tren o un autobús para volver a casa.
Hay conversaciones que no se olvidan. Aunque parezcan nimiedades siempre te quedan dentro. Es que aquello que me dijiste me encantó.
Puede que no recuerde lo que comí ayer ni a la hora que me he levantado hoy, pero de ciertos diálogos, excepto que sean conversaciones insustanciales y que no lleven a ningún sitio, siempre me acuerdo. Deberíamos reanudarlos :P
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