Es posible que éste sea el último libro que me leo de esta señora. Y me he leído los dos anteriores (La Hermandad de la Sábana Santa y La Biblia de Barro), mucho mejor elaborados. Es decepcionante porque esta periodista que se hace llamar "escritora" ha dejado muchos cabos sueltos. Es como... si hubiera escrito el final demasiado rápido. A mí no me hubiera importado leer 100 páginas más. De esta manera el libro no dejará de etiquetarse como un best-seller más, con una trama bien trazada y sin embargo con un desenlace demasiado pobre.
Me ha decepcionado, sí, porque el libro se nota que ha llevado su tiempo, y sin embargo en los últimos capítulos es como si doña Julia Navarro lo quisiera terminar cuanto antes, de mala manera, por supuesto. A no ser que vaya a sacar una segunda parte, que no lo creo, puesto que el tema está bien esgrimido a lo largo de las casi 800 páginas.
Pocas ganas me quedan de hablar del argumento. Pero lo haré, en mi línea de destripar libros, pero sobre todo porque éste no lo recomendaría y prefiero contarlo. Total, cualquier lector al final se haría las mismas preguntas que yo y acabaría con una decepción similar.
Son tres historias de diferentes épocas que están unidas por una crónica del siglo XIII.
La primera historia relata el temor de un monje dominico, notario de la Inquisición. Fray Julián es un hombre atormentado, dividido en dos. Escribe una crónica, por la que podría haber terminado en la hoguera. Está en el valle de Montségur, junto a la soldadesca del rey francés, junto a los templarios entre los que se encuentra su hermanastro Fernando, y con otros inquisidores. Están asediando el último bastión cátaro, la fortaleza de Montségur. Vive atormentado pues su madre y su hermana Teresa son perfectas, eminencias que han acogido en su seno el catarismo y se encuentran en el castillo, y él no puede desobedecer a su madre, que es la que le obliga a escribir una crónica donde cuente todo el horror sufrido en aquella zona del sur de Francia. Al final, tras haber sacado el tesoro, los cátaros se rinden y terminan en la hoguera. En su crónica, Fray Julián termina diciendo: "Algún día alguien vengará la sangre de los inocentes".
La segunda historia ocurre en los albores de la IIª Guerra Mundial. Ferdinand Arnaud es un importante catedrático medievalista de la Universidad de París.
Un extravagante conde del sur de Francia requiere sus servicios para autentificar una crónica que ha encontrado entre el legado familiar. El profesor Arnaud empieza a hacer visitas frecuentes al castillo del conde D´Amis, donde entra en contacto con el excéntrico conde y sus amigos filonazis. Quieren encontrar el tesoro cátaro, que creen que contiene el Grial, y por eso necesitan a Arnaud, que únicamente se guía por el espíritu académico y no cree que exista el Santo Grial, sino que simplemente es una leyenda.
El conde y el profesor llegan a una relación bastante tensa en el momento en que los hijos de los dos se conocen y Raymond, el niño del castillo, insulta a los judíos. David Arnaud es judío y se defiende de los insultos del hijo del conde D´Amis.
El profesor Arnaud es un cristiano laico y no practicante que se había casado con Miriam, una judía que tampoco acudía a la sinagoga. Nunca hasta entonces habían apremiado a David que escogiera una religión, pero después de la visita del adolescente al castillo comienza a visitar a sus abuelos maternos y empieza a rezar en las sinagogas.
Se rumoreaba que los judíos estaban desapareciendo en Berlín. Y en el momento en que Miriam deja de tener noticias de unos tíos suyos se marcha a Alemania a buscarles. Es entonces cuando estalla la guerra. A pesar de los peligros y al no tener noticias de su esposa, el profesor Arnaud se va a buscarla. Allí conoce a Inge, la criada de sus tíos. Comunista y madre soltera, la joven le ofrece una habitación en su casa. El profesor busca a Miriam sin éxito, y viaja continuamente desde París a Berlín, llegando a trabar una gran amistad con Inge, que pese a su ideología no es condenada a los campos de concentración, gracias a una familia que se enorgullece de ser nazi.
Un día, el profesor Arnaud vuelve a París y recibe la rápida despedida de una colega de la Universidad, Martine, que le confiesa que es judía y tiene miedo, y por eso ha decidido marcharse a un kibbutz a Palestina. Entonces el profesor toma una decisión muy dura: decide mandar a su hijo también a Palestina, un lugar más seguro para un judío, puesto que en Francia también se estaba persiguiendo a los judíos.
Pasan los años y termina la guerra. El profesor Arnaud vive gracias a las escasas cartas que recibe de Palestina, donde David le cuenta cómo es su vida en el kibbutz y le cuenta que se ha hecho amigo de Hamza, un árabe, que piensa, como él, que allí se puede convivir en paz. También ha descubierto que su mujer murió de una paliza en un cuartel de las SS nazis el mismo día en que pisó la capital alemana.
El profesor ha publicado la Crónica de Fray Julián y visita a veces el castillo del conde D´Amis, siempre evitando a los aristócratas que buscan el Grial entre las ruinas de Montségur.
En unos días viajará a Palestina a reencontrarse con su hijo. Entonces aparecen en su despacho unos sacerdotes, del servicio secreto del Vaticano, que empiezan a preguntarle sobre el castillo D´Amis y si hay sociedades cátaras en las inmediaciones de Carcasona. Él se limita a contarles su débil relación con el conde y que sólo visita aquello por asuntos académicos, que nunca ha participado en las excavaciones y mucho menos ha estado presente en las reuniones de los amigos del conde. Pero decide llevarse a un joven sacerdote como si fuera un alumno para que sonsaque información de una manera sutil. Así que Ignacio Aguirre acompaña al profesor Arnaud al castillo y se empieza a llevar bien con Raymond, el hijo del conde, que confiado en demasía le cuenta cómo progresan las ideas de su padre.
Mientras en Palestina, Hamza y David tienen que luchar en bandos diferentes y les conciencian de que rompan su amistad y de que uno matará al otro. Así es, David mata a Hamza cuando un grupo árabe ataca de improviso el kibbutz, pero el jefe árabe dispara a David.
Al llegar a París, el profesor Arnaud recibe la terrible noticia y se desplaza urgentemente a Palestina. Llega a ver morir a su hijo en un cuartucho de hospital.
Aquel día también el profesor murió, aunque físicamente falleció unas semanas después de un ataque al corazón, o de pena, dejando sus posesiones a Inge y sus papeles sobre fray Julián al joven sacerdote vasco, Ignacio Aguirre. También aquí se derramó mucha sangre inocente.
La tercera y última historia es la más extensa. Transcurre en la época actual.
La primera parte es una reunión, aprovechando una Cumbre para el Desarrollo celebrada en Atenas. Ahí hombres importantes, que no se sabe quiénes son, deciden el destino del mundo. Ellos viven de inversiones a costa de que se pierdan miles de vidas humanas, y acaban de decidir una guerra de religiones, una guerra entre Oriente y Occidente. De aquí sale el Facilitador, el hombre que mueve los hilos de los títeres.
Por otro lado, está Munich, donde acaba de perpetrarse un atentado con el sello del Círculo, un grupo fanático islámico, invisible para los agentes secretos y para la policía. En ese atentado salva la vida Mohamed, un joven granadino que es obligado a casarse con la hermana viuda del Imán, Fátima, entrada en carnes y con dos hijos. Debe marchar con ella a Granada, a casa de su familia y le avisan de que arregle los problemas que hay con su hermana Laila.
Así que Mohamed viaja a Granada con su nueva familia, donde entra en contacto con Omar, uno de los dirigentes del Círculo. Hakim, Ali y Mohamed están llamados a ser mártires. Ellos destruirán los objetos más sagrados de la Cristiandad.
Laila es una joven abogada que se ha occidentalizado. Su hermano discute con ella para que se ponga el hiyab y se atenga a las reglas del Corán. Ella sigue dirigiendo el rezo en su bufete con mujeres musulmanas (está prohibido que una mujer dirija el rezo islámico). La muerte de Laila devolverá el honor a su familia, así que envían a un primo para que la asesine.
Ali y Mohamed son enviados a la capilla de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, para que se inmolen junto a los restos que allí se conservan de la Vera Cruz.
Hakim debe hacer lo mismo en la Capilla del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Por otro lado, está involucrado como el que más un prestigioso profesor de nacionalidad británica y origen sirio, Salim al-Bashir. Ante la gente es un hombre envidiable, que está a favor del diálogo entre el Cristianismo y el Islam. Pero es todo una fachada. En el fondo es un radical, es la mente pensante y uno de los máximos dirigentes del Círculo, el que se encargará de destruir los restos conservados de la cruz, venerada por los cristianos, y para ello ha elegido el Viernes Santo para perpetrar los tres atentados. Sólo le falta el de la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma, pero ya tiene a la candidata ideal para que lo lleve a cabo.
Lleva meses teniendo relaciones con su amante, que trabaja en el Centro Antiterrorista de la Unión Europea, en Bruselas. Ella es la que le cuenta lo que se llevan entre manos en su oficina. Cuando en la oficina se dan cuenta de que tienen una filtración, el caso Frankfurt será llevado en secreto sólo por tres hombres: Hans Wein, el jefe; Lorenzo Panetta, un ex-policía que es el segundo de a bordo; y Matthew Lucas, del servicio secreto norteamericano.
Con unos trozos de papeles semi-quemados, encontrados en el cuarto de baño del piso franco que tenía el Círculo en Munich, los funcionarios intentan llegar a algo, sin resultados. Les sorprende leer de manos de terroristas islámicos palabras que tienen que ver con el Cristianismo y entonces se ponen en contacto con el Vaticano.
Ignacio Aguirre, ya retirado, se encuentra en su pueblo vasco cuando recibe una llamada del Vaticano para ir a Bruselas. Le llaman a él porque acaban de descubrir que Raymond, conde D´Amis, también está metido en el ajo. En principio, las ideas del viejo sacerdote parecen descabelladas, pero Panetta y Lucas enseguida se dan cuenta de que el cura tiene razón.
Raymond es el que proporciona el dinero para que los terroristas compren armas y es también el que contacta con la serbobosnia Ylena. Raymond es el que mueve los hilos para que los cuatro atentados (tres contra la Cristiandad, uno contra el Islam) se lleven a cabo. En su sociedad cátara quieren ver vengada la sangre de los inocentes; evidentemente él interpretó de una manera errónea y siniestra la Crónica de su antepasado. Y los cátaros renegaban de la cruz de Jesús, por eso quieren ver destruidas esas reliquias.
Ylena, en cambio, tiene una misión muy diferente. Siendo una niña, en la guerra de la ex Yugoslavia, fue violada por toda una escuadra de musulmanes, también la mutilaron para que jamás pudiera sentir placer ni desear como mujer. Ella quiere vengarse de los musulmanes, atentando contra sus reliquias más sagradas, las de Mahoma que se encuentran en el Palacio de Topkapi en Estambul.
De esta manera, estos atentados enfrentarán a las dos religiones.
En el Centro Antiterrorista hay una joven, Mireille Béziers, que ha entrado por enchufe. Todos la tienen manía menos Panetta. Éste la mete en el castillo para que se haga pasar por hija del conde, Catherine, una hija que el conde jamás ha visto. Gracias a ella descubrirán lo que pretende hacer el conde.
El conde D´Amis mueve unos hilos, pero realmente sólo es una pieza más del ajedrez. El que realmente mueve todos los hilos es un hombre más poderoso, el Facilitador.
En Estambul, la policía es avisada a tiempo para que los jóvenes serbiobosnios no lleguen siquiera a la sala de las reliquias. Aun así, Ylena hace estallar la silla de ruedas en la que va sentada, y mueren sus compañeros y varios policías, pero la onda expansiva no llega a las reliquias de Mahoma.
En Jerusalén, enseguida descubren a Hakim entre los miles de peregrinos que ese Viernes Santo se dirigen al Santo Sepulcro. Consiguen rodearle y reducirle, pero en un descuido, y ya fuera de las murallas, el joven árabe pulsa el detonador.
En Roma, el profesor al-Bashir se reúne con su amante, a la que le pide que deje un bolso junto a las reliquias de la cruz. Ella le abandona. Inmediatamente él ordena que la eliminen. Al día siguiente dos mujeres que trabajaban en el Centro Antiterrorista aparecen asesinadas en un parque de Bruselas. Panetta sabe que una de las dos era la infiltrada, pero el jefe no quiere ni oír hablar del tema.
Tampoco Hans Wein había querido seguir a Salim al-Bashir, un indudable error, puesto que habría descubierto muchas cosas.
En Santo Toribio, Mohamed y Ali son esposados en el hotel donde se alojan, sin ni siquiera tener tiempo a ponerse los cinturones llenos de explosivos.
Entonces el conde D´Amis recibe una llamada. Es el Facilitador. Le dice que su hija lleva semanas en casa de una amiga de California, reponiéndose de la muerte de su madre. El conde hace llamar a su supuesta hija y le pega un tiro y luego él mismo se quita la vida.
El Facilitador al final no consigue lo que quiere. Pero ¿quién es este hombre? ¿por qué no se nos dice nada más de él ni quiénes son sus importantes colaboradores?
¿Por qué Salim al-Bashir sale impune de todo, cuando es un asesino, y es evidente que va a seguir perpetrando atentados, ya que es la cabeza de la organización?
¿Quién era la chivata? ¿Y por qué a un director como Hans Wein no le relevan del cargo por incompetente? ¿Por qué se quedan con la incógnita de Roma? ¿Por qué no llegan a descubrir la relación de una mujer de su oficina con un importante catedrático inglés de origen sirio?
Pero el Facilitador es un ser misterioso, del que deberían habernos dado más datos. Sabemos lo que quiere, pero nada más. Es el que maneja el cotarro y sin embargo el más lejano. A veces me recuerda a las voz en off de los libros de Dan Brown, personajes que hablan por teléfono y que no se dejan ver, pero que tienen demasiado poder como para que pasen inadvertidos.
Sin duda otras 100 páginas más no vendrían mal para desentramar lo que queda.
Por cierto, es muy poco acertada la elección de la portada del libro cuando Estambul no es más que una pequeña parte del mismo. Mejor hubiera sido poner una imagen del derruido castillo de Montségur.
Me ha decepcionado, sí, porque el libro se nota que ha llevado su tiempo, y sin embargo en los últimos capítulos es como si doña Julia Navarro lo quisiera terminar cuanto antes, de mala manera, por supuesto. A no ser que vaya a sacar una segunda parte, que no lo creo, puesto que el tema está bien esgrimido a lo largo de las casi 800 páginas.
Pocas ganas me quedan de hablar del argumento. Pero lo haré, en mi línea de destripar libros, pero sobre todo porque éste no lo recomendaría y prefiero contarlo. Total, cualquier lector al final se haría las mismas preguntas que yo y acabaría con una decepción similar.
Son tres historias de diferentes épocas que están unidas por una crónica del siglo XIII.
La primera historia relata el temor de un monje dominico, notario de la Inquisición. Fray Julián es un hombre atormentado, dividido en dos. Escribe una crónica, por la que podría haber terminado en la hoguera. Está en el valle de Montségur, junto a la soldadesca del rey francés, junto a los templarios entre los que se encuentra su hermanastro Fernando, y con otros inquisidores. Están asediando el último bastión cátaro, la fortaleza de Montségur. Vive atormentado pues su madre y su hermana Teresa son perfectas, eminencias que han acogido en su seno el catarismo y se encuentran en el castillo, y él no puede desobedecer a su madre, que es la que le obliga a escribir una crónica donde cuente todo el horror sufrido en aquella zona del sur de Francia. Al final, tras haber sacado el tesoro, los cátaros se rinden y terminan en la hoguera. En su crónica, Fray Julián termina diciendo: "Algún día alguien vengará la sangre de los inocentes".
La segunda historia ocurre en los albores de la IIª Guerra Mundial. Ferdinand Arnaud es un importante catedrático medievalista de la Universidad de París.
Un extravagante conde del sur de Francia requiere sus servicios para autentificar una crónica que ha encontrado entre el legado familiar. El profesor Arnaud empieza a hacer visitas frecuentes al castillo del conde D´Amis, donde entra en contacto con el excéntrico conde y sus amigos filonazis. Quieren encontrar el tesoro cátaro, que creen que contiene el Grial, y por eso necesitan a Arnaud, que únicamente se guía por el espíritu académico y no cree que exista el Santo Grial, sino que simplemente es una leyenda.
El conde y el profesor llegan a una relación bastante tensa en el momento en que los hijos de los dos se conocen y Raymond, el niño del castillo, insulta a los judíos. David Arnaud es judío y se defiende de los insultos del hijo del conde D´Amis.
El profesor Arnaud es un cristiano laico y no practicante que se había casado con Miriam, una judía que tampoco acudía a la sinagoga. Nunca hasta entonces habían apremiado a David que escogiera una religión, pero después de la visita del adolescente al castillo comienza a visitar a sus abuelos maternos y empieza a rezar en las sinagogas.
Se rumoreaba que los judíos estaban desapareciendo en Berlín. Y en el momento en que Miriam deja de tener noticias de unos tíos suyos se marcha a Alemania a buscarles. Es entonces cuando estalla la guerra. A pesar de los peligros y al no tener noticias de su esposa, el profesor Arnaud se va a buscarla. Allí conoce a Inge, la criada de sus tíos. Comunista y madre soltera, la joven le ofrece una habitación en su casa. El profesor busca a Miriam sin éxito, y viaja continuamente desde París a Berlín, llegando a trabar una gran amistad con Inge, que pese a su ideología no es condenada a los campos de concentración, gracias a una familia que se enorgullece de ser nazi.
Un día, el profesor Arnaud vuelve a París y recibe la rápida despedida de una colega de la Universidad, Martine, que le confiesa que es judía y tiene miedo, y por eso ha decidido marcharse a un kibbutz a Palestina. Entonces el profesor toma una decisión muy dura: decide mandar a su hijo también a Palestina, un lugar más seguro para un judío, puesto que en Francia también se estaba persiguiendo a los judíos.
Pasan los años y termina la guerra. El profesor Arnaud vive gracias a las escasas cartas que recibe de Palestina, donde David le cuenta cómo es su vida en el kibbutz y le cuenta que se ha hecho amigo de Hamza, un árabe, que piensa, como él, que allí se puede convivir en paz. También ha descubierto que su mujer murió de una paliza en un cuartel de las SS nazis el mismo día en que pisó la capital alemana.
El profesor ha publicado la Crónica de Fray Julián y visita a veces el castillo del conde D´Amis, siempre evitando a los aristócratas que buscan el Grial entre las ruinas de Montségur.
En unos días viajará a Palestina a reencontrarse con su hijo. Entonces aparecen en su despacho unos sacerdotes, del servicio secreto del Vaticano, que empiezan a preguntarle sobre el castillo D´Amis y si hay sociedades cátaras en las inmediaciones de Carcasona. Él se limita a contarles su débil relación con el conde y que sólo visita aquello por asuntos académicos, que nunca ha participado en las excavaciones y mucho menos ha estado presente en las reuniones de los amigos del conde. Pero decide llevarse a un joven sacerdote como si fuera un alumno para que sonsaque información de una manera sutil. Así que Ignacio Aguirre acompaña al profesor Arnaud al castillo y se empieza a llevar bien con Raymond, el hijo del conde, que confiado en demasía le cuenta cómo progresan las ideas de su padre.
Mientras en Palestina, Hamza y David tienen que luchar en bandos diferentes y les conciencian de que rompan su amistad y de que uno matará al otro. Así es, David mata a Hamza cuando un grupo árabe ataca de improviso el kibbutz, pero el jefe árabe dispara a David.
Al llegar a París, el profesor Arnaud recibe la terrible noticia y se desplaza urgentemente a Palestina. Llega a ver morir a su hijo en un cuartucho de hospital.
Aquel día también el profesor murió, aunque físicamente falleció unas semanas después de un ataque al corazón, o de pena, dejando sus posesiones a Inge y sus papeles sobre fray Julián al joven sacerdote vasco, Ignacio Aguirre. También aquí se derramó mucha sangre inocente.
La tercera y última historia es la más extensa. Transcurre en la época actual.
La primera parte es una reunión, aprovechando una Cumbre para el Desarrollo celebrada en Atenas. Ahí hombres importantes, que no se sabe quiénes son, deciden el destino del mundo. Ellos viven de inversiones a costa de que se pierdan miles de vidas humanas, y acaban de decidir una guerra de religiones, una guerra entre Oriente y Occidente. De aquí sale el Facilitador, el hombre que mueve los hilos de los títeres.
Por otro lado, está Munich, donde acaba de perpetrarse un atentado con el sello del Círculo, un grupo fanático islámico, invisible para los agentes secretos y para la policía. En ese atentado salva la vida Mohamed, un joven granadino que es obligado a casarse con la hermana viuda del Imán, Fátima, entrada en carnes y con dos hijos. Debe marchar con ella a Granada, a casa de su familia y le avisan de que arregle los problemas que hay con su hermana Laila.
Así que Mohamed viaja a Granada con su nueva familia, donde entra en contacto con Omar, uno de los dirigentes del Círculo. Hakim, Ali y Mohamed están llamados a ser mártires. Ellos destruirán los objetos más sagrados de la Cristiandad.
Laila es una joven abogada que se ha occidentalizado. Su hermano discute con ella para que se ponga el hiyab y se atenga a las reglas del Corán. Ella sigue dirigiendo el rezo en su bufete con mujeres musulmanas (está prohibido que una mujer dirija el rezo islámico). La muerte de Laila devolverá el honor a su familia, así que envían a un primo para que la asesine.
Ali y Mohamed son enviados a la capilla de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, para que se inmolen junto a los restos que allí se conservan de la Vera Cruz.
Hakim debe hacer lo mismo en la Capilla del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Por otro lado, está involucrado como el que más un prestigioso profesor de nacionalidad británica y origen sirio, Salim al-Bashir. Ante la gente es un hombre envidiable, que está a favor del diálogo entre el Cristianismo y el Islam. Pero es todo una fachada. En el fondo es un radical, es la mente pensante y uno de los máximos dirigentes del Círculo, el que se encargará de destruir los restos conservados de la cruz, venerada por los cristianos, y para ello ha elegido el Viernes Santo para perpetrar los tres atentados. Sólo le falta el de la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma, pero ya tiene a la candidata ideal para que lo lleve a cabo.
Lleva meses teniendo relaciones con su amante, que trabaja en el Centro Antiterrorista de la Unión Europea, en Bruselas. Ella es la que le cuenta lo que se llevan entre manos en su oficina. Cuando en la oficina se dan cuenta de que tienen una filtración, el caso Frankfurt será llevado en secreto sólo por tres hombres: Hans Wein, el jefe; Lorenzo Panetta, un ex-policía que es el segundo de a bordo; y Matthew Lucas, del servicio secreto norteamericano.
Con unos trozos de papeles semi-quemados, encontrados en el cuarto de baño del piso franco que tenía el Círculo en Munich, los funcionarios intentan llegar a algo, sin resultados. Les sorprende leer de manos de terroristas islámicos palabras que tienen que ver con el Cristianismo y entonces se ponen en contacto con el Vaticano.
Ignacio Aguirre, ya retirado, se encuentra en su pueblo vasco cuando recibe una llamada del Vaticano para ir a Bruselas. Le llaman a él porque acaban de descubrir que Raymond, conde D´Amis, también está metido en el ajo. En principio, las ideas del viejo sacerdote parecen descabelladas, pero Panetta y Lucas enseguida se dan cuenta de que el cura tiene razón.
Raymond es el que proporciona el dinero para que los terroristas compren armas y es también el que contacta con la serbobosnia Ylena. Raymond es el que mueve los hilos para que los cuatro atentados (tres contra la Cristiandad, uno contra el Islam) se lleven a cabo. En su sociedad cátara quieren ver vengada la sangre de los inocentes; evidentemente él interpretó de una manera errónea y siniestra la Crónica de su antepasado. Y los cátaros renegaban de la cruz de Jesús, por eso quieren ver destruidas esas reliquias.
Ylena, en cambio, tiene una misión muy diferente. Siendo una niña, en la guerra de la ex Yugoslavia, fue violada por toda una escuadra de musulmanes, también la mutilaron para que jamás pudiera sentir placer ni desear como mujer. Ella quiere vengarse de los musulmanes, atentando contra sus reliquias más sagradas, las de Mahoma que se encuentran en el Palacio de Topkapi en Estambul.
De esta manera, estos atentados enfrentarán a las dos religiones.
En el Centro Antiterrorista hay una joven, Mireille Béziers, que ha entrado por enchufe. Todos la tienen manía menos Panetta. Éste la mete en el castillo para que se haga pasar por hija del conde, Catherine, una hija que el conde jamás ha visto. Gracias a ella descubrirán lo que pretende hacer el conde.
El conde D´Amis mueve unos hilos, pero realmente sólo es una pieza más del ajedrez. El que realmente mueve todos los hilos es un hombre más poderoso, el Facilitador.
En Estambul, la policía es avisada a tiempo para que los jóvenes serbiobosnios no lleguen siquiera a la sala de las reliquias. Aun así, Ylena hace estallar la silla de ruedas en la que va sentada, y mueren sus compañeros y varios policías, pero la onda expansiva no llega a las reliquias de Mahoma.
En Jerusalén, enseguida descubren a Hakim entre los miles de peregrinos que ese Viernes Santo se dirigen al Santo Sepulcro. Consiguen rodearle y reducirle, pero en un descuido, y ya fuera de las murallas, el joven árabe pulsa el detonador.
En Roma, el profesor al-Bashir se reúne con su amante, a la que le pide que deje un bolso junto a las reliquias de la cruz. Ella le abandona. Inmediatamente él ordena que la eliminen. Al día siguiente dos mujeres que trabajaban en el Centro Antiterrorista aparecen asesinadas en un parque de Bruselas. Panetta sabe que una de las dos era la infiltrada, pero el jefe no quiere ni oír hablar del tema.
Tampoco Hans Wein había querido seguir a Salim al-Bashir, un indudable error, puesto que habría descubierto muchas cosas.
En Santo Toribio, Mohamed y Ali son esposados en el hotel donde se alojan, sin ni siquiera tener tiempo a ponerse los cinturones llenos de explosivos.
Entonces el conde D´Amis recibe una llamada. Es el Facilitador. Le dice que su hija lleva semanas en casa de una amiga de California, reponiéndose de la muerte de su madre. El conde hace llamar a su supuesta hija y le pega un tiro y luego él mismo se quita la vida.
El Facilitador al final no consigue lo que quiere. Pero ¿quién es este hombre? ¿por qué no se nos dice nada más de él ni quiénes son sus importantes colaboradores?
¿Por qué Salim al-Bashir sale impune de todo, cuando es un asesino, y es evidente que va a seguir perpetrando atentados, ya que es la cabeza de la organización?
¿Quién era la chivata? ¿Y por qué a un director como Hans Wein no le relevan del cargo por incompetente? ¿Por qué se quedan con la incógnita de Roma? ¿Por qué no llegan a descubrir la relación de una mujer de su oficina con un importante catedrático inglés de origen sirio?
Pero el Facilitador es un ser misterioso, del que deberían habernos dado más datos. Sabemos lo que quiere, pero nada más. Es el que maneja el cotarro y sin embargo el más lejano. A veces me recuerda a las voz en off de los libros de Dan Brown, personajes que hablan por teléfono y que no se dejan ver, pero que tienen demasiado poder como para que pasen inadvertidos.
Sin duda otras 100 páginas más no vendrían mal para desentramar lo que queda.
Por cierto, es muy poco acertada la elección de la portada del libro cuando Estambul no es más que una pequeña parte del mismo. Mejor hubiera sido poner una imagen del derruido castillo de Montségur.
2 comentarios:
Me sorprende la cantidad de libros que te lees.
Y yo que hace años que no me leo uno... :$
Pero bueno, cada cual con sus hobbis y aficiones.
En cualquier caso eres AMA.
No puedo decirte que leas si no lo vas a hacer.
Por experiencia con mi hermano pequeño sé que una persona si quiere aficionarse a los libros debe hacerlo sola, sin que se lo digan. Yo lo hice, hasta los 14 años no leía nada, cogía libros de las bibliotecas y los devolvía apenas empezados. Hasta que llegó un libro a mis manos que me gustó y empecé a leer de verdad.
A mi hermano le engañaba intentando convencerle para que leyera. La primera vez que se quedó extasiado con un libro fue con uno que le habían mandado en el cole que se titulaba Campos de fresas, de una colección juvenil que tiene los lomos rojos y blancos. El libro tocaba el tema de las pastillas entre los jóvenes. El autor fue invitado a darles una conferencia y empecé a regalarle todos los libros de Jordi Sierra i Fabrà y, más tarde, el resto de la colección. Aunque la que se los leía era yo, y a partir de ahí le aconsejaba.
Me desesperé con él. Todos los libros que le he regalado me los he terminado leyendo yo. A lo sumo se habrá leído 4 ó 5.
La gota que colmó el vaso fue cuando le regalamos dos libros intragables adrede.
En cuanto a mí, siempre tengo un libro en la mesilla. Ahora tengo tres: El Quijote, que aunque parezca extraño nunca me lo he leído ni me mandaron jamás leerlo; uno sobre la caída de Berlín en la IIª Guerra Mundial con una vasta profusión de datos, resulta difícil seguir el hilo; y el que empecé a leerme a noche.
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