Si hay alguien en mi vida a quien admire por encima de todo el mundo esa persona tiene nombre propio. Le conozco desde que tengo noción de todo, desde que soy consciente. Siempre ha estado ahí. Siempre me ha aconsejado sobre lo bueno y sobre lo malo. He chocado con él en discusiones que no tenían fin. Me hacía llorar mientras a mi mente acudía aquella frase de "Quien bien te quiere te hará llorar". Me guió por el buen camino. Hoy sólo tengo una profunda admiración por esa persona. No creo que jamás vuelva a tener tal admiración por nadie como la que tengo por él. Me enseñó muchas cosas. Puede parecer rígido en un principio pero yo le debo mucho, no sólo mi vida sino todo lo que me da día a día, el hecho de que siempre haya estado ahí, dándome una educación que mucha gente quisiera, enseñándome cosas que jamás hubiera imaginado. Sí, choqué con él por parecido de caracteres en mi adolescencia. Hizo por mí cosas que jamás hará nadie. Y es que padre sólo hay uno. Le admiro, no por ser quien es, sino por todo aquello que me ha enseñado. Él ha sido siempre mi mejor maestro, mi albacea y mi mentor. A él le debo mucho, le debo más que a nadie.
Adoro a mi padre por los valores que tiene, por haberme lanzado a un mundo donde él fue siempre una especie de linterna, donde me decía al oído las cosas que debía y no debía hacer. Me protegió como jamás lo hizo con mis hermanos y para mí siempre será el mejor, admirable y admirado.
Hoy es su cumpleaños. Me apena no estar allí, abrazarle y decirle: "Felicidades". Claro que le felicitaré, pero faltará ese abrazo.
Recuerdo aquel día en que me dejó en una ciudad extraña y con gente desconocida por primera vez. Me entregó un papel y me pidió que lo leyera después de que se marchara. Aquellas rimas se me quedaron marcadas para siempre. Realmente era una lista en la que me decía que me cuidara, pero la guinda eran los versos finales:
Mi padre, además de sus muchas cualidades, es mago. Quita verrugas con sólo mirarlas. Yo sé el secreto. Tenía unas cuantas y me las quitó. Una noche, mientras yo dormía, entró en mi dormitorio, me cogió las manos y me las contó. Dos meses después habían desaparecido."Y recuerda:El hombre prometehasta que la metey cuando la ha metidonada de lo prometido".
Mi padre enterró, en un lugar donde sabía que yo jamás pasaría, tantos juncos como verrugas me había contado. A medida que se iban secando los juncos fueron desapareciendo las verrugas de mis manos. Creo que dice algo a la hora de enterrarlas, como un sortilegio. No sé, yo tengo mis ideas al respecto, pero me las guardo para mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario