lunes, agosto 28, 2006

Dislexias


Es que a veces tengo dislexias raras, sobre todo si tengo sueño. Así es como el 26 de agosto llamé a mi amiga Elena, justo antes de irme a la cama, pero no me cogía. Al final terminé mandándole un sms felicitándole.
Y lo que fastidia llevar un rato leyendo en la cama (Stonehenge de Bernard Cornwell, que me tiene enganchada, y a pesar del sueño no se me ha quitado esa rutina de leer antes de dormir), acomodada ya, cuando oigo desde mi habitación pitar el móvil. Me levanté y leí el sms: "Ana, mi cumpleaños es el 29, no hoy".
En un alarde de locura que me ha dado a la hora de cambiar los días de su cumpleaños en el móvil para poner la alarma (evidentemente no es dislexia, es que tenía apuntado ese día) he borrado todos los cumpleaños. Ya no tengo agenda para felicitar. He anotado rápidamente de aquellos de los que me acordaba, pero me he dejado muchos.
Es una pena, ya no podré felicitar por su cumpleaños a todo el mundo que antes felicitaba y paso de mirarlo.
Odio el móvil y pasar más de cinco minutos perdiendo el tiempo con el mismo, a no ser que esté hablando, que lo evito también.
Últimamente no paro de recibir llamadas con el número oculto. Cuando lo cojo me cuelgan. Va a ser el gilipollas con el que me lié en julio. El día que me dé por llamarle y decirle cuatro cosas se va a acordar de mí. He optado por no coger las llamadas que hacen con "número privado". Quien quiera hablar conmigo, aunque sean los de las encuestas de Telefónica, que den la cara. Y sino seguirá sonando sin parar.
Lo tengo en silencio, así me molesta menos. Con la vibración ya vale.

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