Me da pena que ya se acaben las fiestas. Después de dos años sin aparecer en esta época debo reconocer que las echaba de menos.
Las patatas (con chorizo o con carne) se están repartiendo en estos momentos en la ermita. Estoy segura de que hay una fila inmensa. Como ya está mi gente cogiéndolas yo sólo apareceré en la mesa cuando lleguen. Excepto el año que llovió ésta es la primera vez que comemos las patatas en casa. Igual es mejor porque pasar todo el día en la ermita se hace pesado.
Tengo 150 fotos de estos dos últimos días. La gente de mi pueblo ya sabe en qué parte de internet las voy a colgar. Ayer me tuve que venir antes. Creo que cogí frío en la tripa y me dolía. Ante la insistencia de mis amigas porque no me marchara y tras la aparición de mi hermano y sus amigos, les dije: "Dentro de diez minutos les decís a mis amigas que me he ido a dormir".
Los disfraces fueron de risas. Estaba segura de que nosotras ganaríamos, sin haber visto los anteriores, sólo con las risas que provocamos nada más aparecer y por la originalidad...
A Julián Muñoz (Isa) le picaba el bigote, miraba a Roca (Elena) y me partía el eje, Isabel García Marcos (Marta) quería que acabara todo, y yo como Isabel Yagüe deseaba quitarme los zapatos de tacón.
Nosotras llegamos en coche, repartiendo billetes falsos por allá por donde pasábamos.
El teatrillo también estaba formado por más gente: Mari como Isabel Pantoja, Natalia como Mayte Zaldívar, Virginia y Yoana como reporteras del Tomate, Camille y sus amigos franceses como policías.
Lo pasamos bien, sí. Otro día cuento más. Mientras tanto espero que mi familia no tarde mucho en aparecer con las cazuelas llenas de patatas.
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