
Cuando vuelvo la vista atrás y vuelven a aparecer en mi mente las conversaciones de hace unos meses me entra la nostalgia. Ya no es ese sentimiento de dolor por el que pasé en un determinado momento de este verano; sí es cierto que a veces sigue doliendo algo y se me cae una lagrimilla. Aunque ahora es diferente.
Soy consciente de que algo se ha perdido, era inevitable que pasara, aunque lo hubiéramos querido de otra forma.
Cuando miro hacia atrás todavía hay días en que se me encoge el corazón, en que empiezo a dar vueltas a todo y en que intento no pensar. Esos momentos van desapareciendo cada día un poco más.
Ahora sonrío más. Pienso en más cosas.
Al final, aunque se haya perdido parte de esa complicidad, siguen quedando otras cosas como la confianza, la amistad y quizás algo más. Y espero que eso no se pierda nunca.
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