
A veces hay detalles capaces de dejarte sin respiración.
Otras son demasiado sorprendentes para sacarte una lagrimilla.
Y hay veces donde los detalles son tan imprevisibles e inesperados que ansías que vuelvan a ocurrir.
Hay detalles pequeños que suponen un mundo entero.
Y hay grandes detalles que te sacan grandes sonrisas.
Pero los detalles más importantes... ésos son los que nunca llegan, por mucho que los esperes. Y esos detalles... son los que más adentro llegan.
Sí, los detalles hay que valorarlos, pero no tanto como para esperar aquellos que jamás llegan y te hacen que los eches de menos.
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