He demorado estas palabras un poco a conciencia. A veces me da la sensación de que, cuando describo ese momento, una parte de la magia se va con las palabras, aunque nunca se va, pues siempre queda escrito. Y en el momento en que describo ese instante mágico... entonces estoy deseando volverme a encontrar con él.
El primer momento que recuerdo ha sido cuando le he mirado. No es que me falte alegría, pero en el segundo en que mis ojos se han cruzado con los suyos he notado que sonreía de felicidad. Me encontraba relajada, pero sobre todo feliz. Luego me he dado cuenta de que mi felicidad no podía ser tan tangible para toda la gente que me rodeaba, que cualquiera que hubiera estado cerca de mí se podría haber dado cuenta de la dirección en la que apuntaba mi mirada y la sonrisa que me ha salido nada más verle. Entonces me he colocado algo más lejos. Sentía que en ese momento sólo existía él, esa dulzura que emana de él, esa magia que siempre se encuentra alrededor de él y que, por otra parte, es contagiosa.
Estaba guapo. Estaba guapísimo.
Al marchar no esperaba que nos fuéramos en el mismo momento, pero ha ocurrido. He esperado a que pasara, siendo consciente de que quería volver a mirar esos ojos tan perfectos, esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo, esos ojos a los que miro y siempre me acuerdo de sonreír, o simplemente sonrío porque hay personas que nos brindan ese pequeño pedazo de felicidad sin proponérselo. En ese momento le he mirado fijamente, se me ha quedado grabado su rostro angelical, esa voz tan sensual, esa sonrisa misteriosa. Y me he marchado pisándole los talones, tanto que parecía que podría ir con él. Segundos para observar cómo iba vestido, que iba guapísimo.
Sé que si hubiera levantado un brazo podría haberle tocado el hombro, si hubiera levantado los dedos podría haberlos enredado en su cabello... ¡Qué profusión de pensamientos de peso con él a dos palmos de mí! No he pensado expresamente en el deseo físico, más bien es la necesidad de brindarle un millón de caricias, miles de besos, dejar que mis oídos se deleiten con esa voz tan sensual...
Y toda la magia que deja ese ángel tras de sí...
A las cuatro de la tarde he vuelto a verle. Iba en el coche con mi hermano cuando ha cruzado la calle. Caminaba rápido, pero no tanto como para que no me haya fijado en él...
Casi todo el país está mirando a estas horas El Debate. Y yo me encuentro suspirando de amor. Saboreando ese momento mágico que siempre llega con él. Ese momento que enriquece la imaginación en su ausencia, que me lleva a soñar de forma sublime, que me lleva a tocar el cielo con las yemas de los dedos. Estoy feliz.
Si hoy hubiera tenido más tiempo, estoy segura de que estas palabras las hubiera escrito hace horas, al mediodía, pero no ha sido posible. Estoy segura de que, después de verle pasar a las cuatro de la tarde, hubiera vuelto a escribir de nuevo. Pero tampoco ha sido posible.
Durante horas he saboreado ese instante perfecto. Él siempre trae consigo tanta perfección y tanta belleza. Eso sólo puede ser obra de un ángel. Releyendo todo lo que acabo de escribir, vuelvo a ser consciente, una vez más, de lo enamorada que estoy. Si una persona te hace sonreír tanto sólo se le puede querer.