viernes, enero 26, 2007

"La profecía 666"

"Nos hallamos en vísperas del Armagedón. Se acerca el mal más siniestro, y va a librar una batalla para arrebatar nuestras almas".

Demian me daba miedo cuando le vi por primera vez. Era un niño demasiado siniestro. Engañé a mis padres para que me dejaran ver aquella película, "La profecía", porque salía un niño, aunque no me enterara muy bien de qué iba. Luego la vi muchas veces más, todavía Demian me seguía dando miedo.
Sigo prefiriendo la versión antigua, aunque ésta se acerque más a nuestros tiempos y hayan hecho interpretaciones del Apocalipsis según las diferentes catástrofes naturales y humanas.

El 6-6-06 llegó al mundo un niño que es hijo del diablo. Su nombre es Demian. Su poder es ilimitado y es el dios de las tinieblas. En su cuerpo tiene el símbolo del Anticristo.

Me siguen gustando más las otras. Aunque me he estremecido con las interpretaciones del Apocalipsis 8, 7.

"Cuando el primer ángel tocó la trompeta,
hubo viento y lluvias que se precipitaron sobre la Tierra
".

"Cuando el segundo ángel tocó la trompeta,
se derrumbaron montañas de fuego
".

"Cuando el tercer ángel tocó la trompeta,
cayó del cielo una gran estrella
ardiendo como una antorcha".

"Cuando el cuarto ángel tocó la trompeta,
el mar se levantó y se tragó a doscientas mil personas".

"Cuando el quinto ángel tocó la trompeta,
una estrella cayó del cielo a la Tierra,
y le fue dada la llave del pozo del abismo
".

"Cuando el sexto ángel tocó la trompeta,
la bestia fue liberada del pozo del abismo,

y trajo la destrucción de la Tierra
".

"Beowulf. La leyenda"

A falta de sueño siempre viene bien coger una película al azar. Y así he cerrado los ojos, he elegido un DVD y he terminado viendo Beowulf. Lo mejor es, sin duda, la banda sonora, donde se escuchan de fondo alguna canción de The Prodigy y de Anthrax.

Me recuerda al héroe de cine de los domingos por la tarde en televisión: un guerrero de un país lejano llega a un castillo a luchar contra la fiera que tiene aterrorizados a todos y se enamora de la princesa. La bestia es alguien maldito que ha tomado esa apariencia monstruosa. Viene a ser algo así. El héroe se llama Beowulf (Christopher Lambert) y al principio todos desconfían de él, pero se termina cargando a la Bestia y a su madre, bruja y antigua amante del rey, que ha venido a vengarse. Y mueren todos menos la chica y el héroe. El castillo es pasto de las llamas al acabar con la bruja mala y la parejita se marcha surcando el horizonte.

La he destripado entera, aunque desde el principio se sabe que va a acabar bien. Lo que decía antes: lo mejor es la música.

La epopeya
Beowulf es uno de los poemas épicos más antiguos escritos en inglés. Según la Norton Anthology, "el poema se compuso hace más de 1200 años, a principios del siglo VIII. Su autor podía ser originario de Mercia (lo que actualmente es Midlands, Inglaterra), y el último manuscrito pertenece al siglo X, que es lo único que se conserva actualmente del poema, originado en el reino de West Saxons". Aunque el poema sea de origen inglés, habla de las tribus (Danes y Geats) de "la isla danesa de Zelanda y del sur de Suecia respectivamente".
El personaje principal, Beowulf, es un guerrero que da más importancia al heroísmo y al valor que a su propio bienestar y que a su propia vida. Beowulf es un héroe y un ejemplo de gran guerrero. Sus actos nos dan una idea sobre la mentalidad pagana del guerrero.
La sociedad pagana es una sociedad guerrera, en donde el coraje y el valor son altísimos. Beowulf lucha contra monstruos y dragones y prefiere morir en la batalla. Llaman a Beowulf para que ayude a derrotar a Grendel, un monstruo que ha invadido Heorot. Acogen a Beowulf con hospitalidad. Hrothgar, rey de Dinamarca, vuelve a la vida sólo para verle. Hay escépticos como Unferth, que recuerda una lucha en la que Beowulf perdió. Unferth se equivoca y Beowulf dice: "A menudo el destino salva a un hombre no condenado cuando éste tiene coraje". Beowulf derrota a Grendel fácilmente y la gente se muestra agradecida.
Se convierte en rey de su patria, Geatland. Incluso en la vejez, está obligado a luchar contra todos los males de la naturaleza. Beowulf se entera de que hay un dragón que está causando trastornos en la población porque un ladrón robó una taza del tesoro que había estado protegiendo durante años. Cuando Beowulf pide voluntarios para luchar contra el dragón, todos excepto uno de sus seguidores salen corriendo hacia el bosque, muertos de miedo. El que se queda con Beowulf es un joven guerrero llamado Wiglaf. En la lucha contra el dragón, Beowulf es finalmente derrotado, pero herido de muerte, todavía tiene la fuerza suficiente para matar al dragón. Aquí acaba la vida del gran héroe.
Beowulf es considerado un apacible guerrero y, aunque feroz, es compasivo.

jueves, enero 25, 2007

Mercedesstraße


Ese día había decidido visitar el famoso museo dedicado al automóvil de Stuttgart, el de Mercedes-Benz. Y es que irremediablemente, si visitas Alemania, debes ver uno de estos museos. El de BMW está en Munich y el de Volkswagen no tengo ni idea. Pero entonces estaba en Stuttgart y aquel museo estaba ubicado en la calle que lleva su nombre.
Me costó siglos encontrar el museo. Y aunque reconozco que mi sentido de la orientación es bastante bueno, aquel día me perdí, por un simple error. Cogí el plano del metro y me bajé en la parada que se llamaba Mercedesstraße, igual que la calle donde estaba el museo. Pero la calle no estaba en la parada del metro, sino más lejos.
Después de dar mil vueltas al plano de la ciudad de Stuttgart paré a una chica en la calle y le pregunté. Se echó a reír y me indicó el camino, asegurándome que no estaba muy lejos, pero que tendría que caminar por una carretera, todo recto.
A pesar de que el camino era aburrido, iba por una senda llena de árboles junto a la carretera, me encontré al lado del estadio de fútbol, el Gottlieb Daimler, inmenso. Al otro lado de la carretera había un bloque de cuatro pisos de aparcamientos, que mediante un puente cruzaba por encima en dirección al estadio.
En el horizonte se veía, por fin, el ansiado museo que yo llevaba media mañana buscando. El 90% de los turistas que querían entrar al museo eran japoneses, que están en todos los sitios. Desde la entrada tenías que esperar un autobús que te llevaba entre edificios y edificios hasta la puerta del museo. Y es que realmente aquello era la ciudad de Mercedes-Benz, pues todos los edificios pertenecían a la compañía. Era una pequeña ciudad dentro de otra gran ciudad. Y me consta que no fabricaban allí, sino que eran todo oficinas. Justo donde se cogía entonces el autobús estaban construyendo el nuevo museo, con una estructura original y gigante. Actualmente ya habrán trasladado los automóviles y estará abierto al público. Parece ser que el museo que yo vi se les había quedado pequeño.
Allí estaba la historia del primer coche bicicleta que alguna vez han sacado en algún spot publicitario, cómo termina formando esa línea que tienen los automóviles de hoy en día. Estaban expuestos los Fórmula 1 y sus predecesores, coches de carreras, coches antiguos y muy pocos modernos, coches de gángsters... Pensaba que no me iba a gustar, pero fue todo lo contrario. La verdad es que había merecido la pena visitar aquel museo.

¡Nieva!


Estoy viendo a través del cristal cómo nieva. Me pregunto si se cubrirá todo con un manto blanco. La nieve me trae recuerdos en estos momentos.
Cuando éramos pequeños y teníamos que bajar al sótano a por leña para encender la chimenea, sólo de pensarlo teníamos frío, porque en el sótano no había calefacción. Luego merecía la pena sentarse en el suelo frente al fuego de la chimenea. Nos mirábamos y teníamos las pupilas brillantes y la cara enrojecida por el calor. Éramos niños.
Otra vez, mientras comíamos en casa, empezó a nevar tan terriblemente que cuando íbamos a ir a la escuela había medio metro de nieve. Mi madre llamó a la profesora, que vivía enfrente, y ésta le dijo que no habría escuela esa tarde. Aquella profesora que colgaba cartulinas con las reglas ortográficas por las paredes... cuyo marido, don Fraterno, el médico, un día murió de un infarto. Era joven. Siempre me cogía a deshoras si me pasaba algo: vivían enfrente y su mujer era mi maestra. Y me daba caramelos, sobre todo aquel día que me grapé el dedo pulgar. Es de risa, aunque en aquel momento no me reía tanto. Mi padre hablaba por teléfono mientras yo intentaba llamar su atención para decirle algo. Empecé a jugar con una grapadora de estas de mesa y no salían grapas. Sin darme cuenta puse el pulgar en el agujero de las grapas. ¡Vaya con que no grapaba! Miré a mi padre y le enseñé el dedo grapado, mientras las lágrimas empezaban a asomar en los ojos. Mi padre me llevó al médico. Y me quitaron la grapa en cuestión de segundos. Creo que me dolió más la antitetánica que el momento en que me quitaron lo del dedo. Y me dieron caramelos.
Ya más mayor, cuando estaba interna en Logroño, no pude coger el autobús que me llevaría al colegio y me tuvo que llevar mi padre. Tardamos dos horas en llegar. Aparecí una hora más tarde con la maleta en mitad de la clase de física. Ana Elías me interrogó: "¿Qué? ¿Mucha nieve?". Debía ser idiota. Si llegaba tan tarde era evidente que las carreteras no estaban en buen estado. Y recuerdo que ése fue el primer día que resolví un problema de física en la pizarra. Levanté la mano de una manera voluntaria, cosa que nunca hacía. Tras resolverlo me dijo: "¿Te has apuntado a clases particulares?". Pues sí, tuve que hacerlo, pues su ineptitud para explicar física y química la demostraba cada día. Esta señora nos ponía en grupos en sus clases a resolver problemas, sin explicar ni nada. ¿Cómo íbamos a aprender así? El profesor de clases particulares me enseñó física, química y matemáticas. Aprobé todo gracias a él. Unos años después le daría clases en el colegio a mi hermano pequeño y le preguntaría por mí.
Uno de los recuerdos más recientes es que hace un año largo me iba a Madrid y debía coger un taxi para irme a la estación. En el parque donde vivíamos, en cuesta, no podía entrar ningún coche. Y fue horrible cruzar el parque con la maleta hasta una calle sin nieve. El parque era una pista de patinaje. En Madrid también nevaba y tengo, con mi tío, fotos con el oso y el madroño, que se deducen tras la nieve. Cuando volví me traía una caja inmensa de Dunkin´ Donuts. ¿Por qué no hay en Salamanca?
Nieve... prefiero verla desde detrás del cristal.

miércoles, enero 24, 2007

Ser previsora


Hay veces que es fácil prever lo que puede ocurrir en cierto ámbito o con ciertas personas. A mí me ocurre en muchas ocasiones.
Si me iba a una capea perdida en medio del desierto campo charro me llevaba una mochilla llena de cosas que podría necesitar. Mis amigas se desternillaban de risa cuando en el burladero, mientras veíamos a las vaquillas, nos liábamos tabaco mientras que las miradas iban en nuestra dirección. ¿Qué pasaba? Que en aquel lugar perdido de la mano de Dios no vendían tabaco pero yo había llevado bastante tabaco de liar y papel como para abastecernos durante toda la tarde, aunque mientras andábamos en la tarea muchos pensaran que nos estábamos liando petas.
Siempre llevo el móvil cuando conduzco y siempre miro el bolso dos veces antes de salir. Otras veces, cuando estoy en el portal, suelo acordarme de la caldera y tiendo a subir de nuevo para asegurarme de que está apagada. De la misma forma no me gusta perder el control con el alcohol e intento no volver sola a casa.
Soy previsora con los hombres en el sentido de que desconfío de todos como hombres, aunque no como amigos. Me han hecho tanto daño que temo darles nada de mí. A veces pienso en todo lo que podría decir y sin embargo callo. Cierro los ojos y dejo la mente en blanco. Sueño, como cualquier persona, y a veces me duele soñar.
Hace un año que empecé a frecuentar un sitio. Llevaba observándolo hace mucho tiempo y sabía que ahí había mucha gente sedienta de crueldad. Así que hice algo de lo que no me arrepiento. Preví lo que iba a ocurrir, que ha ocurrido, ciertamente. Pero ¿quién se ríe más, quien ha intentado jugármela o quien ha sido previsor sabiendo que tiene la partida ganada?
Dicen que quien calla otorga. No me pronuncio al respecto. Hay unos pocos que saben la verdad porque merecen saberla.
Ahora bien, ¿qué hice? Eso lo dejo para otra ocasión, si tengo ganas.

Cada persona tiene su historia


Todo el mundo tiene muchas historias que contar aunque no se dé cuenta. Y por lo general las historias de las otras personas tienen un interés especial, ya no sólo porque conozcas al protagonista de las mismas sino porque descubres a veces rasgos de su personalidad que, de ser de otra manera, nunca hubieras encontrado.

Conocí a Pablo hace tres años. Su historia es una historia de amor como cualquier otra, con la diferencia de que yo le conozco aunque haya pasado mucho tiempo desde la última vez que le vi. Era algo mayor que yo, pero en cada cosa que hacía y que decía veías un corazón demasiado bondadoso para que la crueldad mantuviera la distancia con él. Pero no había sido así.
Cuando yo le conocí llevaba unos meses separado de su esposa, que se llamaba Ana. Cuando cogimos algo más de confianza descubrí que tras esa bondad había un corazón apesadumbrado y enamorado. La tristeza y la soledad le invadían cada mañana al despertarse y cada noche, solo en su cama, palpaba el otro lado sin encontrar el cuerpo de su joven esposa.
Cuando comencé a hablar con él intentaba salir de la depresión que derrumbaba su vida vacía. En cada mujer que se cruzaba en su vida veía a Ana, pero ella no estaba allí para darle las caricias que él necesitaba.

Hago un inciso para hablar de cada uno por separado.
Pablo era químico, un cerebrito que trabajaba desde el despacho de una empresa controlando las sustancias químicas que debían echarse en el producto que se fabricaba allí con la mejor calidad posible y también con la mayor rentabilidad. Su jefe se aprovechaba de esa bondad y Pablo encontró allí la ocupación necesaria para su cabeza y empezó a hacer demasiadas horas extra.
Conducía en su coche y escuchaba Ismael Serrano. Muchas veces, cuando llovía sobre todo, bajo las melancólicas melodías del cantante, sus ojos se llenaban de unas lágrimas imposibles de contener. Por su cabeza pasaron incluso ideas de suicidio, pero se retractó de esos pensamientos.
Ana era mucho más joven que él, pero siendo casi una niña y deseando salir de su casa cuanto antes enseguida lo embaucó para casarse. Sólo la vi una vez en foto. ¡Qué puedo decir! Podría rodear a Pablo varias veces con sus generosísimas carnes. No sé qué vería él en ella. No era agraciada la muchacha, era joven e inexperta pero una tremenda arpía -tal y como demostró después- y, sin el deseo expreso de meterme con ella, estaba demasiado obesa. Quizás sería maja y simpática, pero se comportó como una malvada. Tampoco soy yo nadie para juzgarla, y además sólo conozco la historia a través de Pablo.

Antes de la boda, ella solía ir a casa de Pablo. Allí conectaba su ordenador y entraba en contacto con gente de internet. Y de esa guisa conoció a un gallego.
Pablo encontró en su ordenador esas conversaciones y no les dio importancia, aunque quizás ahí debería haber puesto punto final a la farsa que iban a protagonizar en un breve espacio de tiempo. Sin embargo, siguieron los preparativos del enlace nupcial. Y se casaron.
Se fueron a vivir juntos. Él trabajaba. Ella no hacía nada. Fue tratada siempre como una princesa. Las horas que ella pasaba sola en casa terminaron convirtiéndose en conversaciones extensas con el gallego. Pero los diálogos dieron lugar a más cosas.
Un día Pablo miraba su ordenador cuando encontró unas fotos de su mujer. Eran unas fotos que se podrían considerar eróticas. Y no le gustó. Cuando ella volvió a casa él le preguntó, ella se rió y no dijo nada. Pablo la perdonó, aunque la cosa no acabó ahí. Ella siguió hablando con su amante internauta y Pablo lo sabía.
La gota que colmó el vaso llegó antes de cumplir el primer aniversario de casados. Ella tenía una tía bruja en Madrid y le dijo a Pablo que iría a hacerla una visita y, de paso, comprar ropa. Sería sólo una semana, una semana que se alargó más de lo previsto. Pablo llamaba siempre que podía pero siempre contestaba la tía bruja. Él se preocupó tanto que pensó en pedir unos días en su trabajo para ir a buscarla porque pensaba que se encontraba mal.
Y un día ella regresó con su marido. No traía bolsas de haber comprado nada. Pablo no le hizo preguntas pues ya se imaginaba el desenlace de su historia, final que corroboró al ver las cuentas bancarias: gastos de Iberia y hotel en Galicia.
Al final le pidió sinceridad y ella le contó lo que él temía: Que había ido a Madrid, que había cogido un avión hasta Galicia y allí se había encontrado con su amado.
Él le dijo que no podían seguir así, que debían decirles a sus familias que se separaban. No dio tiempo. A los dos días ella se había marchado de casa, supuestamente con su amante.

Unos meses después conocí a Pablo. Se ahogaba en un mar de pena y tristeza. Cuando me contó la historia me pareció horrible. Mi contestación fue que algún día encontraría a una chica que le mereciera, que él valía mucho más que su ex esposa (lo cual era cierto) y que no debía preocuparse porque no llegara de momento, que la vida nos sonríe cuando menos lo esperamos.
Y así fue.

Reconozco que yo le animé mucho, sobre todo cuando conocí su historia. Era un alma en pena que, al salir del trabajo, se hundía en los abismos de internet, quizás intentando encontrar a Ana. Escribió perfiles en varias páginas y un día alguien de su ciudad le contestó. Su nombre era Mar y decidieron quedar para conocerse en persona. Mar entró pronto en el corazón de Pablo. No se imaginaba que al final terminaría con una mujer así: elegante, educada, buena... casada. Ella estaba casada pero no era feliz en su matrimonio. Él estaba con los papeles del divorcio. Y aunque ella con el marido se llevaba bien y no tenían discusiones de ningún tipo, se enamoró de Pablo. Poco tiempo después le confesó la verdad a su marido y empezaron los trámites del divorcio, que él aceptó con la mirada fija en ninguna parte.

Sé que Pablo y Mar son felices ahora. Al final todo el mundo encuentra a alguien, pero quizás hasta que llegue una persona así hay que pasar por muchas adversidades, hay que conocer la crueldad del corazón humano, hay que tocar fondo. Aunque siempre llega alguien ¿no? Pablo creía que se quedaría solo para siempre, pero ahora está viviendo el mejor amor de su vida, un amor que es correspondido, y es feliz por ello. Yo me alegro por él.

Todo el mundo tiene una historia, triste en mayor o en menor cantidad, y muchas terminan con un final feliz. Lo que tengo claro es que en cada persona que he conocido a lo largo de mi vida siempre hay algo negro que oscurece su alma. Al final siempre llega la luz, pero mientras tanto divagan en esas tinieblas sin saber muy bien dónde ir ni qué hacer. Yo también tengo un pozo oscuro, huellas profundas marcadas como a fuego y recuerdos que entristecen mi alma, pero intento encontrar la luz cada día, una luz que conseguirá que deje atrás la oscuridad. ¿Existe? Supongo que sí.

martes, enero 23, 2007

Pe, nominada al Óscar


No es que me guste especialmente como actriz, no porque lo haga mal sino porque su voz envilece a veces sus actuaciones. Pero hay que alegrarse por los nuestros. Es la primera vez que una actriz española está nominada al Óscar, y lo tiene difícil, aunque ¿quién sabe? Yo creo que va a ganar Helen Mirren por "The Queen".

"Carandirú"

Más de 7500 presos viven hacinados en el penal de Carandirú (Brasil). Las condiciones higiénicas son nulas. La mugre se acumula en todas las celdas sin excepción. El SIDA se extiende más rápido que el respirar. Los cuchillos van pasando de unas manos a otras. Los ajustes de cuentas están a la orden del día. Lo que ocurre en la cárcel se arregla dentro de la cárcel. La droga es una fiel compañera para esos hombres que, cuando sean libres por fin, habrán perdido su juventud, saldrán libres para esperar una muerte digna.
Toda una vida tras las rejas.
Pero detrás de cada rostro, cada mirada, cada sonrisa... hay un mundo, una vida, una causa por la cual ven pasar los días en aquella prisión.
El doctor llega a la prisión y descubre y conoce cada historia, intenta convencerles de que aquello es un foco de SIDA. Se integra con ellos y sus vidas. Es testigo directo de cada circunstancia personal: de por qué Teixeira se vuelve loco de repente o porqué Lady Di se ha convertido en un sarasa con pechos de silicona, por qué Xico decía que podía con ellas, pero al final las drogas pudieron con él, y tantos otros...
El motín estalla por una trifulca entre dos bandos y los presos toman la prisión. El ejército está a punto de entrar, pero el alcaide les convence de que depongan todas sus armas y vuelvan a sus celdas. Ellos acatan las condiciones con la creencia de que las fuerzas armadas no entrarán.
Pero las puertas se abren. Allí se lían a tiros con muchos presos. La mugre y la suciedad se cubren, en cuestión de horas, con ríos de sangre. Los presos no podían defenderse. Fue una masacre.

¿Qué ocurrió en Carandirú realmente?
La matanza de Carandirú tuvo lugar el 2 de octubre de 1992 en el Penal de Detención de Carandirú en São Paulo. Se considera como la mayor violación de los Derechos Humanos en la historia de Brasil.
La matanza comenzó por una pelea entre diferentes grupos, incitada por los prisioneros. Cuando el alboroto de la prisión se hizo difícil de controlar, la policía militar entró en Carandirú. El resultado fue la matanza de 111 prisioneros: 102 de heridas de balas disparadas por la policía y 9 por puñaladas, al parecer infligidas por otros prisioneros antes de la llegada de la policía. Ninguno de los 68 policías que habían entrado murió en el ataque.
El coronel Ubiratan Guimarães, que dirigió la operación, fue sentenciado inicialmente a 632 años en prisión por su papel en la rebelión y en la matanza. El 16 de febrero de 2006 un tribunal aceptó en otro juicio el argumento de Guimarães de que él sólo recibía órdenes superiores. Grupos de Derechos Humanos etiquetaron esta situación como "un paso hacia atrás" y como la contribución a impunidad respecto a la violencia policíaca en Brasil. Guimarães, que además era miembro de la legislatura estatal de São Paulo, fue asesinado en septiembre de 2006, en un crimen que al parecer no tenía nada que ver con lo ocurrido en Carandirú.
Estos acontecimientos se narran en el libro Estación Carandirú del Dr. Dráuzio Varella, que inspiró la película "Carandirú" (2003). También de estos hechos se habló en la canción Manifest del grupo Sepultura, en las canciones Diario del um Detento y Vida Loca III del grupo Racionais y en 19 Rebellions del grupo británico Asian Dub Foundation.
La masacre de Carandirú consternó a otros presos brasileños, algunos de los cuales formaron en 1994 una organización delictiva llamada Primer Orden de la Capital.
El penal de Carandirú fue demolido en 2002.

"Alejandro Magno"

Es una figura mítica allá donde las haya. Llegó a los confines del mundo, donde nadie antes -excepto los dioses- había llegado. Creó grandes ciudades y, por ende, un gran imperio. Fue uno de los más grandes conquistadores del mundo. Fue grande, y como tal pasó a los anales de la Historia: Alejandro el magnífico, el "Magno". Alejandro Magno, un "hijo" de Zeus que persiguió su sueño sin parar, y con ello consiguió la libertad.

Hace unos años comencé a leerme la trilogía de este héroe macedonio, titulada Alexandros, y escrita por Valerio Massimo Manfredi. En el segundo tomo lo dejé, quizás porque se me hizo muy pesada la manera de escribir del autor, aunque, desde un punto de vista objetivo, la trilogía en sí merece la pena. Así que cualquier día la retomaré, al menos para comprobar hasta qué punto la película es fiel a lo que pudo haber ocurrido. Lo malo de todo es que me imaginaré a Colin Farrell en el papel del protagonista del libro. Ahora me arrepiento un poco de haberlo dejado a medias.
Recuerdo el principio de aquellas páginas: Era noche cerrada. El cielo estaba despejado y se podían ver las estrellas. Unos magos subían a una colina, mezclados con las sombras de la noche. En la cima leyeron en las estrellas el nacimiento de un hombre que cambiaría el mundo, que llegaría donde nunca antes nadie había osado llegar, y leyeron un nombre: "Alexandros".
Estos magos habían subido a la montaña para leer el futuro del bebé que se removía en el vientre de la reina de Macedonia, a modo de oráculo interpretaron lo que les decían las estrellas. No se equivocaron mucho en el vaticinio.

La película es contada desde Alejandría por uno de los generales de Alejandro Magno, el fiel Ptolomeo (Anthony Hopkins), mientras que los escribas se dedican a plasmar por escrito la historia de aquel personaje legendario, asesinado 40 años antes. Macedonia es la región donde el rey Filipo "el Tuerto" (Val Kilmer) y su esposa Olimpia (Angelina Jolie) tuvieron un hijo varón, el joven Alejandro (Colin Farrell), un muchacho dotado de una inteligencia extensa, pero también de un valor incalculable, y con un miedo inaudito. Pudo luchar y vencer a muchos, pero jamás vencería a su miedo, aunque gracias a él se convirtió en un hombre libre, el más libre de todos los hombres, tal y como nos cuenta el anciano Ptolomeo.
Desde joven siente atracción por Hefestión (Jared Leto) y su amor es correspondido. Fue el único hombre realmente fiel, a pesar de la perversidad y atrocidades de tierras extrañas, él siempre fue su más fiel compañero y su mejor consejero. Aprendían con las enseñanzas de uno de los mejores filósofos de la época: Aristóteles (Christopher Plummer). Con él aprendieron dónde estaban los confines del mundo, y también que el Imperio Persa era el más grande de todos los imperios, a quienes tendían muchas veces que rendir tributo.
Cuando Alejandro contaba con 20 años de edad, su padre fue asesinado. Él coge el mando y, tras asesinar al rey griego, Atalo, vuelve su mirada hacia Persia y el rey Darío III (Raz Degan). Y tras derrotar al rey persa, entra como un rey en Babilonia, pero él quiere llegar más allá, quiere ver el océano. Conquistando tribus orientales, contrae matrimonio con Roxana (Rosario Dawson). En su última batalla, contra inmensos elefantes e hindúes sanguinarios, es herido de muerte. Pero su destino no acababa ahí, pues Alejandro salvaría la vida para volver a casa. Es curioso que teniendo en tantas ocasiones tan de cerca a la muerte la encontrara en su propia casa, fruto de un envenenamiento.
"Sólo un cerebro oscuro como el mío puede conocer los secretos del corazón, pues son oscuros, muy oscuros".

Jared Leto es una monada, pero, para mi gusto, Raz Degan está mejor.

¿Dónde está mi madre?


Hay historias estremecedoras. Ésta es una de ellas. Está sacada del libro que reposa sobre mi mesilla en estos momentos, cuyo título no voy a decir por ahora.

Es la historia de dos niños, de seis y ocho años, a quienes el destino les ha unido en las calles de la Barcelona del siglo XIV. Las circunstancias hacen que terminen recorriendo todas las plazas e iglesias de la ciudad condal en busca de su madre.
El niño de ocho años vive con su padre. Sus tíos, por caridad, les dan cobijo a los dos, mientras que ayudan en el taller de alfarería donde viven. El chico había preguntado muchas veces dónde estaba su madre. Su progenitor no podía, en esos momentos, decirle la verdad. Así que le contó una historia:
"Tu madre es la Virgen María, que está en el cielo. Te observa desde allí y, cuando quieras hablar con ella, siempre puedes hacerle llegar el mensaje a través de los pájaros que tengas cerca de ti, que se posen a tu lado. Y si la quieres ver, siempre puedes encontrarla en cualquier iglesia".
El niño de seis años nunca ha visto a su madre. Se comunica con ella a través de un ventanuco, desde donde ella le acaricia la cabeza. Su padre la ha encerrado en un cubículo y no puede salir de ahí. Cometió adulterio (cosa que el hijo no entendería) y así era la ley en la Barcelona de la época.
Entonces es cuando el niño mayor le cuenta al otro la historia de la Virgen María. Y el benjamín le dice que conoce una iglesia, que deben ir a ver a su madre, porque ahora es la madre de los dos. Juntos se dirigen a la catedral, donde les echan sin aspavientos. Preguntan por iglesias, pero ninguna es la de la Virgen María. Son todas de santos varones: San Miquel, San Juan, San Pablo...
Después de un rato, llegan junto al mar, donde ven una basílica blanca, que está rodeada de andamios. Les llama la atención la blancura y la belleza de la iglesia. Los obreros llevan piedras inmensas en sus espaldas. Se acercan a un hombre que porta una piedra y le preguntan el nombre de la iglesia. Él les contesta: "Es la iglesia de Nuestra Señora del Mar, la Virgen María". Los chiquillos se abrazan de alegría, pues al final habían encontrado la tan ansiada iglesia. Ahora sólo tenían que entrar dentro y hablar con la Virgen. El sacerdote les anima a que vayan siempre que quieran. Los dos niños están rebosantes de felicidad porque al final han encontrado a su madre.

Me llamó la atención la historia por la ternura con que se cuenta, por esa inocencia infantil que todos hemos poseído alguna vez. Esto es como volver a revivir un momento de la infancia, quizás por eso me gustó tanto.

lunes, enero 22, 2007

Nieve


Es un día invernal, al menos por fin lo parece. Las frías temperaturas han hecho que caigan los primeros copos de nieve, los primeros copos del año, los primeros copos del invierno.
Es horrible salir a la calle, al menos como yo salgo pues llevo poca ropa y siempre termino pasando frío, así que no me extraña que luego pille tantos resfriados.
No ha cuajado y ha parado de nevar. Pero son las primeras nieves y tenía que decirlo.

¿Cómo será el hombre del año 3000?


Imagina una ciudad repleta de individuos altísimos, morenísimos, guapísimos y jovencísimos. No se trata de una ficción sino que son las expectativas para la especie humana según el investigador Oliver Curry. En su estudio, el hombre del año 3000 no tendrá nada que envidiar a los maniquíes actuales. Con una altura de 1,98 metros y una apariencia mucho más juvenil, su esperanza de vida será de 120 años.
Como miembro del Centro para la Filosofía de la Ciencia Natural y Social de la London School of Economics, Curry se dedica a analizar la evolución de la especie humana a lo largo del tiempo basándose en las condiciones medioambientales y sociales en las que vive. La razón de sus afirmaciones surge de la mejora de los hábitos alimenticios en nuestra dieta y de la mezcla racial. La apariencia juvenil será resultado de la selección genética.

Noche de cine


Empezaba "Crimen Ferpecto" en la tele y he empezado a verla. Me he echado unas risas. Es la típica película para ver un domingo. Y bueno, es carcajada continua. El argumento no tiene nada de especial, aunque la sádica de Lourdes es la bomba, fea sí, pero inimitable.




Y he seguido viendo la tele y la siguiente película: "Los feos también mojan". Lo que puede hacer un cambio de look. Es la típica película para adolescentes que sabes cómo va a acabar. Aunque el negro de la cárcel, "Ojos de loco", es un descojono.



Vaya películas que ponen las noches de los domingos, pero al menos me he entretenido mientras hacía otras cosas.

Especial spaghettis

Ya han pasado varios años desde el momento en que cogí un libro de pasta y me pusiera a cocinar los spaguettis tal y como a mí me gustan. Todo porque no me gustaba cómo los hacía mi madre, ni cómo los gratinaba, ni los ingredientes que echaba.
Coger un libro de cocina y buscar una foto que me llamara la atención entre tanta variedad no fue cosa fácil. El siguiente paso fue comprar los ingredientes que no tenía en casa en esos momentos. Y después me enfrasqué en la cocina durante casi dos horas mientras seguía las instrucciones tal y como decía la receta.
Ya sé que en la foto parecen comida de perro, pero lo cierto es que quien los prueba me halaga con tan sólo probarlos. Y así tengo amigos y amigas que, si vienen a mi casa a comer, quieren estos spaguettis y no otra cosa. Hay quien además me ha pedido la receta, que sólo dije en casa cuando ya me la sabía de memoria.
Yo creo que el truco está en el sofrito, o al menos mi padre los probó después de vérmelos hacer. Y es que ciertamente hasta entonces mi padre no probaba la pasta, no le gustaba. Pero basta que me hubiera visto hacerlos y basta que fueran mis primeros pinitos en la cocina para que se decantara por probarlos. Yo pensaba que lo hacía por darme gusto, guardándose la opinión de que realmente a él no le gustaban. Pero...
Un tiempo después recibí una llamada. Era mi madre para que le dijera cómo hacía los spaguettis pues mi padre quería ese día comer los spaguettis tal y como yo los preparaba. Conseguí que mi padre, tras muchos años sin probar la pasta, la probara como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Me pregunto si a mí, engañada o no, me podrían hacer lo mismo con tal de comer pescado o queso o espinacas.
Y hoy me apetecían, aunque pasarme una hora en la cocina no. Siempre puede más el deseo de comer algo aunque no se tengan ganas de cocinarlo.
La verdad es que siempre termino poniendo la cocina hecha un cristo. En mi casa tengo lavavajillas, pero aquí no, y fastidia también fregar... aunque lo cierto es que ahora tengo spaguettis para dos días por lo menos.
Una sartén de aceite, bacon, chorizo, mantequilla, cebolla, perejil, ajo... a lo que después se añade sal y pimienta, además de guisantes.
Otra sartén de carne picada, a la que se agrega el tomate.
Un puchero para la pasta, luego cuélala y júntala en otro recipiente para mezclarlo con el resto...
Son muchas perolas, pero estaban exquisitos.
Ya sé que es una estupidez hacer unos spaguettis, pero hay spaguettis y spaguettis. Por cierto, que mi madre ahora sólo los hace como yo le dije y no como los cocinaba antes.

Hace un año


Cuando ha pasado un año desde un hecho importante suelo acordarme como si hubiera ocurrido hace un momento, tiendo a revivir aquel día. La mente no deja de hacerse una pregunta reiteradamente: "¿Y si hubiera sido de otra forma?". Intento borrar todos los recuerdos desde aquel enero de 2006 hasta hace relativamente pocos meses, pero hay personas que nos dejan una huella muy profunda y no es tan fácil de olvidar. Éste es uno de esos casos.
Hoy lo recuerdo y lo añoro con afecto. Tantos momentos pasados... para terminar por convertirse en una especie de sueño, en algo ficticio, en algo que actualmente dudo si fue real o imaginario.
Es una historia triste. Un día conoces a alguien y vives el presente, buscando sus palabras y sus sonrisas; no piensas en el final ni en que un día eso puede acabar para siempre. Aparece la confianza, se tercia en complicidad. Un tiempo después esa persona se ha ido, ya no está, ha dejado una brecha lo suficientemente amplia para que, en un tiempo, yo me tambaleara, me hiciera mil preguntas sobre y acerca de todo. Todo se ha convertido en aire. No sé dónde fue. Aún después me quedaba la esperanza, el hecho de saber que seguía ahí o que volvería, pero no fue así. Un día la esperanza dio lugar a la indiferencia.
A veces le recuerdo como un ángel que se cruzó en mi camino. Fue aquélla una buena época, colmada de risas y momentos tiernos y felices. Sinceramente no sé que pasó. Estoy segura de que ese ángel quería que le recordara con dulzura y quizás por eso se fue. Con dulzura le recuerdo, pero terminó el tiempo de añorarle.
El vacío que dejó era inmenso. Un día me olvidé de que había un hueco tan profundo abierto en mi vida. Ni siquiera me propuse llenarlo porque no estoy segura de querer que alguien ocupe ese lugar. Y sin embargo, me da la sensación de que ese ángel a veces sigue estando ahí, por ejemplo en mis recuerdos, aunque ya no forma parte de mis sueños ni de mis ilusiones.
Ha pasado un año desde que apareciera en mi vida un ángel.
Mucha gente se podría preguntar por qué digo que es un ángel. Él ya lo sabe. Enero es para mí un mes maldito. Entonces estaba yo al borde del precipicio. Cuando estás así y alguien te salva se convierte en un ángel. He borrado todas las huellas negativas de su paso por mi vida pues, a pesar de todo, seguirá siendo un ángel, aunque ya no distinga siquiera su figura entre las nubes. Me enseñó a valorar pequeñas cosas de la vida, a ser un poquito más feliz, a mirar todo desde un punto de vista optimista. Me enseñó a sonreír de nuevo.
Hace un año ya...

domingo, enero 21, 2007

"Ciudad de Dios"

Tati, estudiante de filología portuguesa en mi facultad, me había aconsejado ver esta película hace unos años. No la hice caso, bien porque siempre digo que sí y lo voy dejando o simplemente porque se me pasó. Ahora me pregunto por qué esperé tanto tiempo a verla.
Es otro peliculón, dotado de un gran realismo (también se basa en hechos reales) y hace saltar a la palestra la vida de corrupcion en los suburbios de Río de Janeiro.
Cuando me dicen que en los países sudamericanos van con pistolas por la calle me resulta increíble, así que en el primer momento que vi un niño con un revólver en la mano di un respingo.
Muchos jóvenes brasileños no tienen más salidas en el futuro que el crimen. Pero ¿qué futuro? Se quedan muchas vidas por el camino. Viven el presente sin tener en cuenta que podría existir una vida mejor, aunque para ellos sea una especie de utopía. Un día cualquiera puedes salir de casa y no regresar jamás.
Yo pensaba que una fabela era una chabola, pero la chabola es "favela" con V. La fabela, con B, la verdadera protagonista de esta película, es un barrio marginal de Río de Janeiro, y con estas últimas palabras digo todo.

Buscapé, Bené, Alicate, Cabeleira, Zé Pequeño, Mané Galinha, Sandro Cenovra, Cabeçao, Angélica... viven en Ciudad de Dios, una fabela de las afueras de Río: sin asfaltar, sin agua caliente ni electricidad intentan sobrevivir a los designios que la vida les ha impuesto. Pero sólo hay un camino para salir adelante: la corrupción, impuesta desde que son unos niños.
Y allí, en aquel mundo perdido de las manos de Dios, hay un jefe (Zé Pequeño), cruel y sanguinario, se ha hecho con el control de todo lo que entra y sale de la zona, se ha hecho con el control de los alijos de la droga, que distribuye a diestro y siniestro por toda la región. Su gran enemigo es Cenovra, que quiere hacerse con el control.
Lo que en principio iba a ser una venganza termina convirtiéndose en una lucha a mano armada en las calles de la fabela, donde la policía también entra a formar parte del juego, pues ellos también se benefician con la compra-venta clandestina de armas a las bandas.
La historia de Ciudad de Dios la cuenta Buscapé, que quiere salir de ese mundo marginal de una manera decente. Encuenta su pasión en la fotografía y, gracias a esta vocación, entrará a formar parte de la plantilla de un periódico que terminará comprándole las primeras fotos.

"Uno de los nuestros"


Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, quise ser un gángster.

Hacía tiempo que no veía una buena película, ya no sólo desde el punto de vista argumental sino también en el sublime reparto. Scorsesse traza esta vez una historia basada en un hecho real sobre los gángsters, visto desde dentro y nos da una idea de las jerarquías de la mafia, un grupo que controló durante unas décadas todo lo que había a su alrededor, un grupo a cuya palabra todo el mundo bajaba la cabeza, un grupo que infundía terror pero también protección. Si formabas parte del grupo debías atenerte a sus reglas, si les traicionabas eras hombre muerto.

Si formas parte de un grupo nadie te dice que van a matarte. No hay ni peleas ni insultos como en las películas. Los asesinos llegan con una sonrisa. Llegan como amigos. Son los que te han querido toda tu vida y parecen llegar siempre cuando más necesitas su ayuda.

Henry Hill (Ray Liotta) es un joven que vivía con su familia modestamente en una pequeña casa del barrio neoyorkino de Brooklyn. Desde su ventana veía a los gángsters. Les observaba día y noche y les respetaba porque toda la gente les respetaba. Quería ser uno de ellos. El jefe de todo el cotarro era Paul Cicero (Paul Sorvino), y nada ocurría allí sin que se le informara inmediatamente de todo.
Henry entró a trabajar para ellos, haciéndoles de taxista, apárcandoles los inmensos "cadillac", aunque no tuviera el carné de conducir. Una vez llegó una carta del colegio diciendo que no asistía desde hace meses, pero nunca más volvió a ocurrir. Los gángsters le protegían. Poco tiempo después empezaba a participar en sus fiestas privadas, sirviéndoles los whiskies y lo que hiciera falta. Y así conoció a Jimmy Conway (Robert de Niro), el ladrón más famoso de la ciudad. Se puso a sus órdenes y Henry comenzó a traficar con tabaco y alcohol clandestinamente. Ésa fue la primera vez que tuvo que declarar en un juicio, del que salió libre de toda culpa.
Entonces comienza la trayectoria de Henry Hill como gángster. Junto a Jimmy y Tommy de Vito (Joe Pesci) comienzan a patrullar las calles de la ciudad. Nunca tienen problemas con la gente, pues todos acatan sus órdenes.
Un día aparece en el restaurante un miembro de la Familia que había estado los últimos años en chirona y entre los tres se lo cargan y entierran el cadáver.
Mientras, Henry conoce a Karen (Lorraine Bracco), con la que termina casándose y formando una familia.
Pasa el tiempo, y un día aceptan que Tommy entre a formar parte de la Familia. Pero la Familia quiere venganza.

Entre nosotros siempre nos llamábamos "buenos compadres", como cuando dices a alguien: "Verás cómo te cae bien, es un buen compadre, uno de los nuestros". Éramos compadres, buenos chicos.
Para ser miembro de un grupo había que ser italiano 100% y que todos tus antepasados fueran italianos. Aquél era el mayor honor que podían concederte. Significaba que pertenecías a una Familia y a un grupo. Significaba que nadie podía meterse contigo. Significaba que tú podías meterte con quien fuera mientras no se tratara de otro miembro. Era como una licencia para robar, una licencia para hacer cualquier cosa.
Ahora uno de los nuestros sería de la Familia.

No quiero contar el final, aunque no es desdeñable la continuación. Es un peliculón y hay que valorarlo como tal. Larga sí, pero merece la pena pasar esas dos horas largas disfrutando de tal compañía.

sábado, enero 20, 2007

Qué triste es morir sin intentar...


Yo creía que no me importaban las cosas...
que en realidad me había dado por vencida.
Hoy aprendí que no es cierto, no me había dado cuenta,
pero día a día lucho por hacer de mi vida y lo que me rodea
un lugar mejor, para mí, para buscar mi felicidad.
Aunque no lo parezca, aunque a veces me equivoque, aunque no de resultado muchas veces
hoy aprendo y me doy cuenta de que estoy luchando...
De que en realidad hay mucha gente que se da por vencida, que nada le importa
y por eso las cosas están como están...
Quizás deba no hacer nada o quizás deba hacerlo todo.
Hoy aprendo y decido, no acercarme a ti, porque estás viviendo una vida vacía
y yo no quiero que mi vida sea vacía...
Quiero lograr paz, mi sueños o por lo menos intentarlo...
Y si no te gusta... eso no me importa...

¡Qué triste es morir sin intentar!

viernes, enero 19, 2007

Réplicas casi idénticas

Hace pocos días que escuché la noticia de que la Casa Blanca era un plagio arquitectónico de un castillo francés, concretamente el llamado Château de Rastignac, cerca de Burdeos.
El castillo de Rastignac es una réplica en amarillo de la residencia presidencial de Washington DC. Sus paredes también alojan un despacho oval. La fachada noble del palacio sorprende por sus seis columnas jónicas que la delimitan de manera semicircular a imagen y semejanza del edificio americano.
Allí vive una familia holandesa, los Smets, que se ha tomado muy en serio los trabajos de restauración y que ha recopilado suficiente material histórico para alegar con total seguridad que la Casa Blanca es una copia del castillo francés.
La tradición descartó esa posibilidad porque el castillo de Rastignac se construyó en 1817, es decir, una década más tarde de erigirse su equivalente estadounidense. Entonces se dio por supuesto que el arquitecto de Rastignac había copiado al autor de la Casa Blanca. Pero la verdad está muy lejos de eso. Los documentos históricos demuestran que el proyecto de Rastignac ya estaba dibujado y calculado en 1789, pero tuvo que suspenderse obligatoriamente con la irrupción de la Revolución Francesa. El marqués de Pierre-Jean-Julie Chapt de Rastignac escapó hacia la actual Alemania, escapando de la guillotina. Antes, había dispuesto que debía construirse un palacio en La Bachellerie sobre los restos de una antigua propiedad familiar, pero los trabajos se aplazaron hasta los años 1812-1817, ignorando que la idea del peristilo jónico ya estaba construida en la fachada sur de la Casa Blanca de Washington.
Podría aventurarse que la coincidencia es fruto de la moda neoclásica de la época, aunque la similitud milimétrica de una y otra residencia requiere una respuesta más convincente.
El historiador francés François le Neil se ha ocupado de buscar la realidad de la construcción de los dos edificios. Este hombre ha puesto en evidencia el papel sospechoso de Thomas Jefferson (1743-1826). El tercer presidente de los Estados Unidos, amante de la arquitectura, fue también embajador en París (concretamente ministro plenipotenciario). Existen pruebas que ubican al político norteamericano en una visita a la sede de la Societé Historique et Archéologique du Perigord. Allí, Jefferson trabó amistad con el arquitecto Charles-Louis Clérisseau, que pudo haberle suministrado los diseños originales y los detalles distintivos que darían lugar, tiempo después, a la construcción de la famosa Casa Blanca.
Thomas Jefferson convirtió el proyecto político en una oportunidad para realizarse, implícitamente, como arquitecto. Junto a él estaba el aparejador James Hoban, a quien expuso la idea de convertir la residencia de Washington en un reflejo de las modas arquitectónicas europeas. Con los planos del todavía inexistente palacio de Rastignac dieron personalidad a la fachada sur y habilitaron la construcción del despacho oval.
Jefferson, proclamado presidente en 1801, comenzó a habitar la Casa Blanca un año después y vio realizado su proyecto final entre 1806 y 1809. Había construido su hogar a medida, y también el de los siguientes 40 inquilinos del palacio hasta llegar a George W. Bush.
El palacio americano no puede explicarse sin los planos de Rastignac. François le Neil afirma que es posible que Jefferson se hiciera con una copia depositada en la Societé Historique y se la entregara al arquitecto James Hoban.
Mathurin Salat fue el artífice que dibujó la originalidad de la fachada, gracias a la cual puede identificarse el centro de poder en el que habitaron dos Roosevelt, Kennedy y Reagan. Y donde paralelamente reside la familia Smets, cuyo patriarca se enorgullece de haber adecentado seis habitaciones y de haberse propuesto devolverle al palacio francés el esplendor que conoció en el siglo XIX.
El Château de Rastignac está rodeado de historia. Los hechos más graves ocurrieron en 1944, cuando las tropas alemanas prendieron fuego al edificio: ardieron los techos y las moquetas, se desconcharon las paredes, se vinieron abajo varios techos y pilares. Querían vengarse y no se marcharon con las manos vacías. Se llevaron casi todas las obras de arte que decoraban el edificio antes de que estallara la IIª Guerra Mundial: un botín de 32 lienzos, entre los que constan un autorretrato de Cézanne, un paisaje de Manet, varias pinturas de Bonnard y un cuadro de Pissarro. Nunca se tuvo noticia de su ubicación ni han aparecido pistas para localizarlas. Se supone que están colgadas clandestinamente en la colección particular de algún magnate. El tesoro de Rastignac constituye uno de los grandes misterios de la retirada nazi.
Las autoridades francesas declararon monumento histórico el castillo de Rastignac en 1946 y ayudaron en la restauración, que fue incompleta y circunstancial.
El castillo de Rastignac atrae no sólo por el parecido con la Casa Blanca, sino también por las historias de fantasmas y de mitos literarios que habitaron el palacio. El marqués de Rastignac no es solamente un personaje de ficción inventado por Balzac (La comedia humana). La bailarina Cléo de Mérode, rival histórica de Sara Bernhardt sobre el escenario de la Bélle Epoque, vivió entre estas paredes para alejarse del jaleo mundano.
Medio siglo después, los turistas americanos que visitan la zona de Burdeos, aparte del vino y el foie típicos, pueden encontrarse con un espejismo en piedra esperando la aparición del fantasma de Jefferson.

jueves, enero 18, 2007

Reencuentros fortuitos


Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando, al abrir la puerta, me he encontrado con una cara conocida bajo ese traje inmaculado.
J. C. era entonces el jefe en funciones de aquella empresa de publicidad. Fue quien me contrató y, quizás, uno con los que más confianza cogí en su momento. Aún recuerdo sus palabras de ánimo en cierto momento, y las de después.
Nos hemos topado alguna vez por la calle, pero había sido todo muy rápido: dos besos, un saludo, cuatro palabras, una despedida tal que "a ver si nos volvemos a ver pronto y sin prisas".
Hoy hemos tenido una conversación más amplia, sobre los cambios en todo este año y medio. Me ha vuelto a dar su teléfono aunque los dos sabemos que no voy a llamar. Posiblemente la próxima vez que nos volvamos a ver sea otro encuentro con prisas y en la calle.
Me ha traido buenos recuerdos.

miércoles, enero 17, 2007

Cuando temes


Todo el mundo alguna vez ha tenido (y tiene) miedos. Algunos intentarán evitarlos y cerrar los ojos ante ellos. Otros los negarán sin planteárselo siquiera. Y luego están los que se enfrentan a ese pánico inaudito. Es posible que el miedo pueda desaparecer si te enfrentas a él, aunque no siempre ocurra.
Yo no estoy segura de que desaparezca. Cuando me di cuenta del pánico que tenía a las alturas, intentaba subir a la noria una vez al año en fiestas de septiembre, pero allá arriba me daba la sensación de que nos descolgaríamos y nos precipitaríamos al vacío (ni que decir tiene que si hacía viento lo pasaba horriblemente mal, mecida por el bamboleo aquel). Por supuesto, nunca ocurrió nada malo, así como tampoco conseguí que desapareciera mi vértigo.
Cuando me di cuenta de que temía a las serpientes y a cualquier bicho que reptara, decidí tragarme documentales sobre reptiles y, sin embargo, cada vez que enfocaban una serpiente volvía la cara o me tapaba los ojos para no encontrarme con el -para mí- siniestro animal. De hecho, mis peores pesadillas fueron con serpientes: caminar sobre un suelo lleno de serpientes del que no tenía escapatoria posible.
Cuando me di cuenta del miedo que tengo al amor... decidí no darle más oportunidades pues, aunque me enfrentara a él, lo más probable es que, al pasar el tiempo, ese miedo se acrecentara. A veces temer te paraliza... y no puedes evitarlo. Sin embargo, me doy cuenta de que a quien más miedo deberíamos tener es a la mente, pues es ella la que infunde ese miedo, ocasionándonos situaciones irreales que nos hacen temer incluso más.
Entre los muchos miedos que me invaden a veces, uno de los peores es el miedo a la muerte, y no a lo que hay más allá, sino al paso de un mundo a otro. Lo pienso, intento imaginarme cómo debe ser... y es horrible, ciertamente. Sigue siendo la mente la más traicionera respecto a miedos, a veces, infundados.

Y todos los años en enero...


Hoy me he levantado sin saber muy bien qué día era ni dónde estaba.
A medida que iban pasando las horas, he caído en la cuenta de que ya ha pasado el año.
Todos los meses de enero, al abrir los ojos por la mañana tal día como hoy, siento que es un día especial. Un calambre recorre mi espina dorsal y noto algo diferente en el ambiente. Ni siquiera miro el calendario para corroborar el día que es.
Todos los meses de enero seguiré recordándote como si hubiera sido ayer, aunque ya no estés aquí.

Cuando te fuiste me comportaba como una autómata, contestaba de una manera mecánica a todo lo que me decían sin dar nada de mí, caminaba sin darme cuenta adónde me dirigían los pasos, buscaba tu voz entre la gente, veía tus ojos entre sueños. No quería admitir tu marcha.

Sólo el tiempo y la memoria me recuerdan cada año que una vez fuiste real y que te llevaste algo de mí para siempre. No podré recuperar aquello que me quitaste, aunque aprendí a convivir sin ello.
Sólo el tiempo y la memoria te traen a la mente a principios de año, un año tras otro... y así será eternamente.

martes, enero 16, 2007

"Alatriste"

Tan mal me la habían puesto que me ha gustado. Otra cosa diferente hubiera sido si no me hubiera leido los libros de la saga de El capitán Alatriste, que, por cierto, tengo el último pendiente. No se la aconsejaría a nadie que no se haya leido antes al menos el primer libro. Posiblemente si hubiera película por libro nos enteraríamos mejor.
Aunque después de ver el final me pregunto si he hecho bien en verla, pues parece ser que Pérez-Reverte matará al héroe.
Viggo Mortensen, caracterizado como Diego Alatriste, es el personaje mejor caracterizado. Le falla la voz, que con esa ronquera se hace a veces difícil entenderle. Pero en el papel del capitán se sale.

El joven Íñigo Balboa (Unax Ugalde) escribe la historia de aquel para quien sirvió durante muchos años, aquel a quien se quiso parecer, aquel que no era otro más que el capitán Alatriste, capitán que no tenía tal título, aunque era uno de los veteranos de Flandes. Cuando volvió a casa, se encontró con un país arruinado, amenazado de guerras por todos los sitios, mientras el rey Felipe IV (Simon Cohen) despilfarraba el dinero en fiestas y cacerías. El control de España estaba en manos del privado del rey, el conde-duque de Olivares (Javier Cámara).
Íñigo Balboa era hijo de uno de los compañeros de Diego en Flandes, que murió en sus brazos. Ya en Madrid, Alatriste le pone a su cuidado, pero como joven, Íñigo se deja llevar por las locuras propias de su edad, enamorándose quizás de la persona equivocada, Angélica de Alquézar (Elena Anaya), que busca muchas veces su despropósito, aunque si se había acercado a él con el objetivo de sacarle información y para controlar sus actos, ella también se termina enamorando. Así como Alatriste se enamora de la famosa actriz de teatro, María de Castro (Ariadna Gil), que le abandonará por el mismísimo rey.
Otro hombre que luchó con Diego en Flandes fue el duque de Guadalmedina (Eduardo Noriega), que muchas veces le saca de apuros. Mientras tanto, en las tabernas se reúne con sus amigos de siempre: Sebastián Copons (Eduard Fernández) y el brillante Francisco de Quevedo (Juan Echanove). Este último terminará sus días en la cárcel de San Martín, por unos versos que no le gustaron al conde-duque de Olivares, y de mucho libró, teniendo en cuenta que la Santa Inquisición era peor.
Alatriste se gana la vida haciendo de espadachín para otros y cambiando unos maravedíes aquí y allá. Con poco sobrevive. Al llegar de Flandes descubre una traición al rey, y terminará matando al traidor, Gualterio Malatesta.

¿Inventar historias o inventar vidas?


A veces cuando voy por la calle suelo dar rienda suelta a la imaginación. Siempre cuando no voy acompañada y no encuentro mejor divertimento que inventar las vidas de las personas con las que me cruzo. Evidentemente son todos desconocidos, pero yo hago un perfil de ellos mismos desde mi punto de vista, según su aspecto externo y diversos rasgos que no me pasan desapercibidos.
Así pude una vez sentarme en un parque frente a un mendigo e imaginarme cómo había llegado a esa situación. Me entraron ganas de ir y hacerle muchas preguntas: ¿Por qué estás aquí? ¿Qué te ha pasado en la vida? Por supuesto, me contuve. Y me limité a observarle un tiempo e imaginarme su historia, una historia que venía desde mi cabeza y que estaba mejor adornada de lo que remotamente habría sido la vida de aquel hombre que ahogaba sus penas y la soledad con un cartón de vino barato sentado en aquel parque.
Otro día volvía a casa la víspera de Todos los Santos cuando observé que todo el mundo llevaba flores para sus familiares queridos que ya no estaban entre nosotros. Me quedé mirando a una mujer de mediana edad, elegantemente vestida y con restos de tristeza. Me imaginé que sería viuda y que el ramo que llevaba era para el sexagenario multimillonario gracias a cuya defunción había heredado una inmensa fortuna. Posiblemente anduviera equivocada con la vida de aquella mujer, pero al fin y al cabo era mi historia y era mi imaginación la que estaba abocada a no acabar nunca.
Y siempre que voy por la calle sola, sobre todo si no me invaden las prisas, suelo fijarme mucho en la gente que me rodea; son personas anónimas a quienes nunca les preguntaré nada, incluso les pondré un nombre, pero a mí me dotan de una inmensa lista de historias peculiares que guardo para mí.
No podría hacerlo con nadie a quien conozco pues también sé lo que han vivido y lo que hacen en sus vidas, pero con los desconocidos... es otra historia. Además me encanta hacerlo. Me gusta saber que cada persona está aquí por algo, por qué hace esto y no lo otro, por qué están aquí cuando pudo haber tomado otro camino en su vida... Al menos, en ese mundo "mágico" y creado por mí, aunque sean individuos lejanos, todos y cada uno de ellos tendrán un objetivo, una meta con la que realizarse. Es como un juego. Visto desde aquí parece algo frío, aunque imaginarse la vida de la gente mola mucho.
Tengo miles de historias guardadas en mi memoria sobre desconocidos. Pero no quiero contar más que entonces sería la historia de nunca acabar.

lunes, enero 15, 2007

El caballo

Un campesino, que se ganaba la vida con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que le ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.
El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate.
Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo allí mismo.
Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal, éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo.
Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.

Si estás "allá abajo", sintiéndote poco valorado y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.


Paisaje con dos caballos, Nicolaes Berchem (1620-1683).
El papel del caballo en el desarrollo de las civilizaciones le ha granjeado un rico y complejo simbolismo. Sus representaciones aluden a su identificación con las fuerzas de la naturaleza (incluyendo las de la vida), el diálogo que establece con el jinete (en ocasiones ambos comparten actitudes o comportamientos) y su condición de montura (que lo asocia a las nociones de viaje).
Como combinación de todas estas ideas, el caballo protagonizó en diferentes culturas leyendas en las que aparecía como portador de la vida y la muerte, y en relación con los simbolismos del fuego y el agua. Así, tanto en el cercano Oriente como en Europa se habla de fuentes nacidas de la pezuña de un équido (como sucede con Pegaso).
Los mismos motivos condujeron a que se le mencionara frecuentemente como aquél que conducía el alma de los muertos a su morada en el más allá. Este caso es muy común entre los pueblos de las estepas asiáticas. En la tradición occidental el caballo guarda alguna reminiscencia de este sentido, ya que desde el mundo clásico hasta hoy en día ha sido empleado como profecía de muerte.
Pero el caballo también es montura de las grandes potencias naturales. En muchas mitologías, por ejemplo, aparece tirando del carro del Sol, como ocurre en menciones egipcias, griegas, bíblicas, budistas e hindúes. Cuando esto sucede, el animal llega a participar de las propiedades del astro hasta ser manifestación de la iluminación física y espiritual que él provee. Igual que puede tirar del Sol, puede ser montura de los grandes dioses o se sus enviados (como es el caso de los jinetes del Apocalipsis).
Todas estas ideas pueden ser humanizadas en muchos casos, por lo que encontramos al caballo como símbolo de los impulsos y las fuerzas naturales del hombre. De aquí surgen los míticos seres que participan de la naturaleza de equinos y humanos, como sucede con los centauros clásicos. La sublimación espiritual de estos instintos quedaría representada por Pegaso, el caballo alado de la mitología griega.
Se debe mencionar también cómo esa humanización del equino conduce a rituales de iniciación, de penetración en los secretos de la naturaleza, en los que el hombre se convierte en un caballo que espera ser dominado por el espíritu de los dioses. Esta concepción se da con cierta frecuencia en los pueblos de África y de Oriente Medio.
Cuando se identifica a este animal con los impulsos humanos puede hacerse desde un punto de vista positivo, haciendo de él la fuerza, vitalidad e impetuosidad, o negativo, como encarnación de la lujuria y el descontrol.
Además de lo mencionado, el valor del caballo, tanto económico como simbólico, le convierten en un preciado animal de sacrificio. En Roma, por ejemplo, se le sacrificó a Marte, dios violento por excelencia.
Por último, queda decir que la representación puede estar condicionada por el color del animal. Así, por ejemplo, el caballo blanco sugiere ideas de pureza y espiritualización, mientras que el negro es el más empleado cuando se le relaciona con la muerte.

Hablo de los caballos porque ayer salió el tema mientras hablaba con alguien y quería saber las virtudes que tiene este animal, aparte de la fuerza y la nobleza. Y además porque también me he acordado de ese cuento, que es una buena dosis de energía positiva para alguien que esté desmoralizado.

Recibir e-mails


A veces recibir un e-mail suscita tantas preguntas que no existen respuestas que lo complementen. Hoy me han dicho que en La Rioja ha amanecido un día 100% invernal. Supongo que es lo que todo el mundo estaba buscando desde hace tiempo. Me encantaría ver ahora cómo está Logroño, pero he de imaginármelo, porque por mucho que me lo describieran en un e-mail no podría hacerme a la idea, aunque desde aquí siento el frío, quizás porque aquí también hace mucho frío, aunque lo tildaría más de otoñal que de invernal, y húmedo.
Antes adoraba recibir cartas. Mis amigas y yo nos contábamos cualquier nimiedad que nos ocurría diariamente, aunque fuera cualquier estupidez. Un día dejamos de lado ese intercambio de información, pues vía internet nos comunicamos más rápidamente. Y las cartas personales, escritas de puño y letra, dan lugar a un cúmulo de caracteres de imprenta impersonales y fríos... como el día de hoy, pero también es más rápido.
Ya sólo piso Correos para enviar paquetes, quizás porque a través de un pc es imposible enviarlos. De hecho tengo dos paquetes preparados para llevar a Correos y todavía no me he dignado a pisar la oficina. Si pudieran enviarse vía e-mail ya habrían llegado a su destino.
Los e-mails que me cuentan cosas, como los de mis amigas o mi gente de allí, me hace tanta ilusión recibirlos como cuando hace unos años esperaba ansiosamente una carta.