martes, agosto 17, 2010

C'est l'amour!

Cuando le veo me siento 'tocada', colecciono esos momentos que luego tardan en llegar. Y cuando rememoro esos pequeños encuentros, a medida que pasa el tiempo y no sé nada de él, es entonces cuando vuelvo a sentir la magia.
Los días pasan y, a medida que sigo sin saber nada de él, pienso a menudo en él, intentando que su imagen no sea velada por las brumas de quien empieza a olvidar un rasgo, un gesto, una palabra, un momento. Y no deseo olvidar nada de él, porque él es una de las mejores 'cosas' que hay en el mundo.
Miraré a las estrellas esta noche y les pediré que me guíen hasta él de nuevo. Y se lo pido a las estrellas porque son cómplices del azar. Las estrellas saben mis secretos y en las estrellas rememoro a menudo nítidamente su imagen. Y entonces llega el efímero instante en que te sientes algo más feliz.
Si hoy pudiera pedir un deseo... me gustaría compartir un momento del tiempo con él. Ese momento previo a dormir, en que termina el día, en que dejas las preocupaciones y los problemas en la puerta de entrada (posiblemente para volver a recogerlos por la mañana), asomarnos al cielo y contar estrellas. Y sentir nuevamente la magia. Mirar su sonrisa, escuchar su voz y abrazarle fuertemente, no vaya a difuminarse.
Todos los humanos necesitamos que nos abracen, pero hay abrazos y abrazos. La mayoría sirven para reconfortar, para animar, para apoyar... Yo quiero un abrazo suyo para concienciarme de que él es de carne y hueso, para comprobar si tiene alas en la espalda, para escuchar los latidos de su corazón, para acariciar los pliegues de su espalda...
No debería querer tanto.
Hoy es un día lleno de luz. Parece mentira que me hubiera sentido triste hace unas horas. Pero cuando digo que pienso en él y vuelve la tranquilidad no son palabras fútiles, que realmente ocurre. Él me hace sonreír, incluso cuando no está. ¿No es maravilloso sentirse 'tocada' por un ángel de carne y hueso?

C'est l'amour!

Con sabor a dorado

Las tardes se pasan rápidamente cuando sólo se trata de dos horas. Pero realmente me gustaría ver a una persona, descubrir su luz, su nobleza, su magia, imaginarme sus alas invisibles tras su espalda y rozarle las mejillas, mirar sus ojos oscuros y ver todo lo mejor que se puede descubrir en el mundo.
¡Qué ganas de verle...!

Pequeños gestos que nos hacen grandes

Para algunos, una mirada puede ser invisible, transparente o puede simplemente no existir. Para mí, una mirada dice mucho de una persona. Tan sólo una mirada me llevó a sentir algo que jamás antes había sentido por nadie.
La mirada es uno de los cientos de gestos que aparecen en nuestro rostro. Las hay azules como el mar, tan claras que dejan ver una parte del alma de una persona, impenetrables como cuevas, angelicales… En una única mirada se puede descubrir la nobleza que hay en una persona, su bondad, su paz interior… E incluso puede llegar a contagiarte… Me encanta cuando mira de soslayo.
Con una sola mirada descubrí un amor tan grande que no cabe en el firmamento.

Para algunos, unas manos no son más que las terminaciones de las extremidades superiores, las manos ‘hacen’, y hacen mucho, sea cualquier tipo de cosa. Las manos pueden llegar a inventar una impresionante melodía al piano, hacen surgir las notas de una guitarra, pueden cortar una rosa apartando las espinas, pueden coger objetos pesados o hacer otros trabajos más pesados incluso, pueden coger el volante del coche y llevarnos al fin del mundo, pueden teclear frente a la pantalla de un portátil las palabras que guarda nuestro corazón… Y pueden tocar.
Hay gente que habla y ni siquiera mueve las manos. Hay otras personas que siempre gesticulan cuando están explicando algo. A veces ‘hablan’ por nosotros. Yo creo que gesticulo, pero ahora no me acuerdo de los movimientos habituales de mis manos cuando hablo. Recuerdo que, en un curso que compartí con sordomudos, me enseñaron a decir en su lenguaje “Buenos días”. Utilizaban las dos manos y formaban la imagen de un árbol que se está abriendo al nuevo día. Me pareció que era de una belleza extrasensorial.
Las manos me recuerdan al primer contacto de una persona que me hizo estremecer. Recuerdo que después le pedí que me enseñara sus manos y admiraba tal sutileza en unas manos masculinas. Imagino las caricias de esas manos, sueño con que entrelazo mis dedos entre los suyos y siento que un relámpago placentero recorre mi espina dorsal.

Una sonrisa es otro gesto facial que ilumina nuestro rostro. Evoco su sonrisa y siento que mi corazón se agranda. Y entonces comprendo su magnificencia...

Amo. Amo la vida. Amo el amor. Le amo a él. ¿Cómo saldré de ésta?

lunes, agosto 16, 2010

El Maneki Neko


Hoy he pasado por las tiendas de chinos y he visto al Maneki Neko. Desconozco si es también un gato típico chino, pero en Japón era habitual verlo en todos los sitios. No me traje ningún gato de éstos de recuerdo porque no me gustaban, me parecía algo demasiado infantil, no sé... Pero eso no quita para que no hable de este gato característico japonés. El Maneki Neko a mí como viajera en Japón me daba la bienvenida, pero no sólo sirve para dar la bienvenida a los de fuera, sino que está cargado con mucha más simbología. Es un gato de la suerte en todos los sentidos.
Maneki Neko en japonés significa literalmente “gato que saluda”, “gato que te invita a pasar”. Si tiene la pata derecha levantada atrae la prosperidad y el dinero; si es la izquierda la que tiene izada, da la bienvenida (habitualmente éste es el que se encuentra en las tiendas japonesas).
Dependiendo del color también varía su significado: el verde significa seguridad en el hogar; el blanco simboliza suerte en los negocios; el azul quiere decir que se cumplirán los sueños; el rojo trae el éxito en el amor; el amarillo simboliza el dinero y la buena economía; el negro evita la mala suerte y aumenta la felicidad; el rosa lleva a elegir a la persona con la que contraer matrimonio.

Cuenta la leyenda que, en el siglo XVII, vivía un sacerdote en un templo muy pobre de Tokio. Pese a que era muy pobre, compartía sus escasos alimentos con su gato Tama.
Llego un día en que se desató una terrible tormenta y fue entonces cuando pasó por allí un comerciante muy rico que se guarneció de la lluvia bajo un árbol que se encontraba cerca del templo. Durante un rato no pasó nada, pero de repente el comerciante miró al templo y vio al gato que le hacía señas con una pata para que se acercara al templo. Cuando el comerciante se acercó al templo, un rayo cayó sobre el árbol donde se había guarnecido. Agradecido, el comerciante trabó amistad con el sacerdote. Éste y su gato nunca volvieron a pasar hambre.
Me gusta la leyenda, pero realmente el gatito no me gustaba. La mayoría de los que vi eran blancos o dorados.

Pequeños placeres

Tenía ganas de que llegara un día soleado, que este verano ni siquiera parece verano. Adoro esta tranquilidad de antes de comer. Para mí estar un rato en el jardín, darme un baño de vez en cuando, disfrutar de la Karenina y pensar en él es un pequeño instante de felicidad que no cambiaría por nada.
Se me había olvidado que hoy salgo a las seis.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Otro domingo que se eclipsa

Ojalá pudiera susurrarle al oído cómo aprendí a quererle. Quizás es que no lo aprendí, sino que llegó solo, sin darme cuenta, o quizás siempre fue un sentimiento que estuvo ahí, innato a mí.
Esta tarde cerraba los ojos e imaginaba que todas las aburridas tardes de domingo las pasaba con él: entonces no serían aburridas.
Nunca me han gustado los domingos, y no porque sea el día en que declina la semana y piense que el lunes es una vuelta a empezar. Más bien me parecen días que vienen cargados de nostalgia, de recuerdos, de lagunas y, a veces, de crueles resacas. Salvo honrosas excepciones. Por ejemplo, el próximo domingo será diferente: patatas en la ermita y toda la parafernalia que eso conlleva. Simplemente es un domingo distinto, aunque su llegada signifique el fin de fiestas.
Y los domingos pienso mucho en él. Imagino dónde puede estar. Y pienso en lo que me gustaría compartir con él las últimas horas de la semana que llega a su fin, pero no en el lugar en que él podría estar, ni en el sitio donde yo esté, sino en una zona neutral, en tierra de nadie, donde no existan recuerdos, ni palabras, ni rostros conocidos. Únicamente disfrutando de la mutua compañía, observando sus cabellos al viento, coleccionando sus miradas, absorbiendo sus palabras…
Quizás no exista un lugar así…
Ahora observo las estrellas en la oscuridad de la noche y vuelvo a evocar su imagen. Recuerdo su mirada noble y vuelvo a sentirme desarmada y con el frenético deseo de verle, aunque sea fugazmente.
Vuelvo a sentir que he cargado las pilas de las ilusiones. Que vuelvo a tener ilusión. Que vuelvo a soñar. Que sigo sintiendo. Que me siento hechizada.

Es el perpetuo movimiento de la ilusión…

domingo, agosto 15, 2010

Adiós a la estación de tren


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Es noticia en La Rioja. Estos días hemos tenido que decir adiós a la pequeña estación de tren que pasaba por Logroño. Era vieja, de estas que se construyeron en los años franquistas (y similares en estructura casi todas). Pero he estado varias veces allí, me he apeado del tren alguna vez e incluso he montado en algún tren allí. Y aunque construyan una más moderna y adecuada a las líneas de alta velocidad, sigue apareciendo un sentimiento similar al que sentí cuando desplomaron el antiguo estadio de Las Gaunas. Pensé: "Allí he estado yo". Y es que en cada lugar por donde caminamos queda un poco de nosotros. Es como si un hilo invisible nos uniera a los lugares que conocemos. Si jamás hubiera estado no sentiría tanto su pérdida.
La última vez que estuve ahí dentro fue en septiembre del año pasado, cuando cogimos una amiga y yo un Altaria a Madrid, desde donde volaríamos a Bruselas.

El tren bala

Hay algunas cosas de Japón que aún no he contado. Reservaba una entrada entera para hablar de los trenes japoneses y de las estaciones.

Para empezar, allí es imposible ‘colarse’ de polizón en un tren. Compras los billetes y pasas por, al menos, dos máquinas para entrar y por otras dos al salir. Por tanto, es imprescindible no perder el billete. La última máquina se queda con tu billete. Obviamente hay mucha seguridad tanto en las entradas a las vías como en las salidas.

El más famoso de los trenes es el tren bala. Antes de pisar Japón, yo creía que era un único tren, como el Transiberiano, pero ahora puedo asegurar que monté en unos cuantos. El más cómodo era el Nozomi. Son como nuestros trenes de Alta Velocidad. Ahora bien, lo cierto es que el tren de las montañas no tiene nada que ver con el tren bala, ya que es muy viejo y agobia su traqueteo incesante. Los trenes de las montañas son muy viejos.
Jefe de estación

El tren bala se conoce en Japón como “Shinkansen”. El primer tren bala salió de la estación de Tokio en 1964, año de los Juegos Olímpicos. Símbolo de la recuperación económica y de la futura importancia de Japón, el tren se convirtió en razón de orgullo nacional.

Nozomi-700


Aunque ya no son los trenes más rápidos del mundo, cuentan con la eficiencia y la puntualidad japonesas. Existen cuatro clases de Shinkansen: Kodama, que realiza numerosas paradas; Hikari, que sólo para en las estaciones principales; Tsubame en la isla de Kyushu; y Nozomi, el más rápido y caro.

Aviso en japonés en un Nozomi (los ponían también en inglés, por lo que no era difícil saber dónde estábamos o por dónde pasábamos, cuál era la próxima parada y la hora de llegada)

Los avisos en inglés y la clara señalización hacen del Shinkansen un transporte atractivo para los extranjeros.

Estación de Kioto desde el hotel New Miyako

La red de ferrocarriles de Japón es la JR (grupo Japan Railways). Se suelen ver bien, en color verde sobre fondo blanco. Y esto es necesario en Tokio, donde las estaciones de trenes comparten paradas con las de metro (una M blanca sobre fondo azul claro).
El tren pasando junto a unas barandillas

Una de las cosas que sorprenden de las estaciones japonesas es que tienen barandillas de metal a lo largo de las vías. Parece ser que se producen muchos suicidios de japoneses que se tiran a las vías. Eso me recuerda a que, en cierto momento en que vi venir al tren y en que me acerqué a fotografiarlo, un policía no me quitó ojo hasta que no me aparté.

Los trenes paran exactamente en el lugar marcado en el andén, por lo general con una franja verde. Y los japoneses hacen fila para subir al mismo. Increíble, pero cierto.Franja verde que muestra que por ahí se puede acceder al tren. La franja amarilla con círculos está por todas las calles y ciudades: es para los ciegos; a veces es blanca con rayas; varía según haya un paso de cebra o una parada, o una curva.

Estación de Shinjuku, Tokio

La estación Shinjuku (área de oficinas y negocios de Tokio) es la más ajetreada del mundo. Allí tomé mi primer contacto con las estaciones tokiotas y me costó un mundo encontrar mi tren, sobre todo cuando descubrí que me iba directa por las pasarelas del metro. En esa estación perdí el paraguas transparente que me había comprado en Kioto y, sí, había más gente que en la guerra. Aquello era una locura. A partir de entonces, decidí preguntar siempre que quisiera ir a algún sitio.

Nozomi por dentro


Información práctica sobre el tren: Vagón 6 en el que estaba, junto a anterior y posterior, marcando dónde estaban algunos sitios clave del tren

Termino con esta imagen que vi desde uno de los trenes. Me sorprendieron las agujas góticas de esa catedral. Fue ésta la única que vi y es que el cristianismo en Japón es practicado por una gran minoría. De hecho, después de varios días sin ver iglesias y catedrales, ésta salida de la nada (creo que es Fukujama la ciudad) me sorprendió enormemente.

Máquina expendedora de billetes de metro
Japonés comiendo de su caja bento en el tren
Letrero de líneas en la estación en Shinjuku



Shinagawa Station, Tokio

"La reina en el palacio de las corrientes de aire"


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Ésta es, quizás, la más aburrida de las tres películas de la trilogía, a mi entender, quizás porque todo apunta al juicio. Pero es cierto que, como en el libro, la intriga sobre si la sentencia va a salir favorable a la protagonista o no sigue enganchando (por supuesto, ya conocía el final).
Como siempre ocurre, en la película se saltan muchas historias que aparecen en el libro, como, por ejemplo, que Erika Berger es contratada por un enorme periódico sueco de tirada nacional, que las amenazas siguen y que los hackers piratean todos los ordenadores del periódico hasta descubrir al que le escribe amenazas (en la película las amenazas se toman como un medio para apartarla del caso Lisbeth Salander). Otro ejemplo es que Mikael Blomkvist se lía con Monique, la policía, y que Salander sigue enamorada de él, pero lo da como perdido.

Tampoco voy a contar el argumento, ya lo conté en su momento y está claro que el libro siempre está más completo.

Termina la trilogía y, por fin, se ha hecho justicia.

Todo es magia

Me estremece pensar en que desde hace muchos meses raro es el día en que no escribo algo sobre él, como si algo en mí me impulsara a detallar la magia que regala al mundo con su mirada. Mirarle ya trae una magia inmensa.
En los últimos meses él es una de las buenas cosas que han pasado por mi vida. Conocerle, quererle, sentir su tacto, sentirme observada por unos ojos que me han tocado el alma, descubrirle como un ángel… Todo es más fácil desde que le conocí, porque el entorno tiene otro color, el mundo ya no es cuesta arriba y la felicidad viene con todo ese amor. El amor es el momento presente, no el futuro. Y en este preciso instante, amo casi con locura. Ese sentimiento me convierte en la persona más afortunada del planeta o la persona más desdichada del mundo, según las variadas circunstancias en que me veo envuelta. Aunque son más las veces que sonrío que aquellas en las que me siento triste. A veces creo que debería acercarme a él y darle las gracias por ser un ángel y por ser un mago y por ser tantas cosas y por darme tanto...
Tengo gratos recuerdos de él, desde el primer momento, de su dulzura, de sus manos, imagino cerrar los ojos y alzo la mano como si pudiera llegar a tocarle, evoco su perfil plateado bajo la luz de una luna cuyo color no recuerdo, y busco su imagen todas las noches entre las estrellas. Y quiero más, siento que necesito verle cada día, que necesito dejarme mecer por los destellos de magia que brinda al mundo su única presencia.
Es demasiado especial…

sábado, agosto 14, 2010

Cristales al viento

"Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices. Se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deben cambiarse. Es preciso partir para volver a encontrar el camino".

¿De qué sirve un amor del que no puedes hablar?

"La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina"


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Ya conté el argumento cuando me leí el libro, por lo que considero que está de más repetirlo.

Sigo pensando que en el reparto de actores, la única que se corresponde con su parecido en el libro es Lisbeth Salander.

Se requiere ver la primera parte de la trilogía para enterarse de esta segunda parte, sobre todo por lo que se refiere al abogado Bjurman y al dvd que lleva su nombre.

En esta ocasión, Lisbeth Salander (Noomi Rapace) es buscada por todo el país porque se cree que ha cometido un triple asesinato. Ella se esconde en su casa de lujo, que nadie conoce, y empieza a investigar sobre Zala, porque necesita encontrarle. Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) intenta ponerse en contacto con ella, para hacerla saber que está de su parte, mientras todo el mundo la busca. Y será Mikael el único con el que Lisbeth hable en todo este tiempo.
Cuando Lisbeth encuentra a Zalachenko y a su monstruoso hermanastro Niedermann, está a punto de perder la vida, pero Mikael sigue sus pasos y la salva.

viernes, agosto 13, 2010

Criadas y Señoras


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Criadas y Señoras es un libro que atrapa... desde la primera página hasta el final. Resulta inquietante y mucho más cuando sabes que está basado en hechos reales. Es un libro que se disfruta.
Cuando ayer en el trabajo, una compañera vio el libro me dijo, socarrona, que pensaba que era un libro de recetas. A mí tampoco me gustaba pasearme con la imagen de un plato de pastitas de té por la calle. Pero, al igual que el cuento de Aibileen, no importa el envoltorio de un caramelo, sino lo que lleva dentro; aunque ella utilizaba la metáfora para explicar que no importa el color de la piel, que las personas son personas, independientemente del color de su piel.
Y ése es el tema central del libro. Lo magnífico del libro es que la frontera entre los blancos y los negros está trazada de una forma sublime y clara.

La historia transcurre en los años 60 en la ciudad de Jackson, Misisipi. Por una parte, se encuentran las señoritas blancas de la ciudad, adineradas, pero sienten un odio racial y frenético hacia sus criadas, que son todas negras, y a las que habitualmente tratan de una manera miserable. Miss Hilly, Miss Elizabeth y Miss Skeeter son amigas desde la infancia. Hilly es la líder del grupo y, por ende, la presidenta de la Liga de Damas de Honor de la ciudad, así que no hay obstáculo para ella: siempre consigue todo lo que quiere. Miss Elizabeth tiene una niña a la que ignora por completo. Miss Skeeter vive con sus padres en una plantación de algodón, es alta y desgarbada y su figura 'hombruna' no le da muchas opciones con los hombres. Escribe con pasión y, por descontado, se descubrirá como la más humana de las tres.
Todas tienen criadas de color en sus casas. Aibileen cuida a la hija de Miss Elizabeth, es una mujer mayor que terminará luchando por un ideal. Minny trabaja para la madre de Miss Hilly, pero un día aparece ésta y la echa, acusándola de ladrona, por lo que nadie en la ciudad de Jackson querrá contratarla. Miss Skeeter acabó sus estudios en la universidad y, cuando regresó a casa, no encontró a su ama de toda la vida, Constantine, no supo qué había sido de ella y su madre no quiso decirle dónde había ido. Miss Skeeter había querido con locura a su criada negra y había perdido su rastro.
Miss Skeeter envía su currículum a una editorial de Nueva York y se pone en contacto con una editora que le aconseja lo que tiene que hacer. La joven buscará un tema atrayente, pero necesita la ayuda de las criadas de toda la ciudad. Aibileen y Minny se convertirán en grandes amigas de ella, sobre todo cuando Miss Skeeter comienza a rebelarse contra los autoritarismos de su amiga Hilly, que conseguirá que Miss Skeeter se quede sin amigas. A medida que van surgiendo los capítulos de su libro, que se titulará Criadas y Señoras, comienza a salir con Stuart, el hijo de un senador, que no soportará que Skeeter se busque problemas por su escritura, lo que les llevará a romper definitivamente.
Minny entra a trabajar en casa de Miss Celia, una mujer que no tiene amigas porque se casó con el ex novio de Miss Hilly, que aún sigue enamorada de él. Se harán grandes amigas y Minny cuidará de su señora, sobre todo cuando ésta sufra varios abortos.
Cuando una de las criadas de color es enviada a la cárcel acusada de robar por Miss Hilly, la comunidad negra de Jackson, que sabe lo que está haciendo Miss Skeeter, se alinea al lado de ésta contándole más historias. Es todo un secreto. Y el libro termina saliendo con los nombres cambiados y como anónimo. Sin embargo, Miss Hilly sabe quién lo ha escrito y reconoce a cada criada, pero no puede acusarlas porque lo que se cuenta sobre ella es terrible. Si acepta que el libro es sobre Jackson ella misma haría el ridículo.

Cielo añil

A las siete de la mañana aún no es de día, sino que el cielo está teñido de un añil al que le cuesta amanecer. Ya se empieza a notar que el día es más corto. Empieza a dar un poco de miedo venir tan temprano los viernes a primera hora.
Lo primero que he hecho es meterme en la página de la DGT para mirar mis puntos de carnet. No porque me vayan a quitar alguno, sino porque sentía curiosidad. Tengo 14. Te dan una bonificación de dos puntos si durante dos años has sido buen conductor (que es lo que me ha ocurrido a mí) y, si pasan otros tres años sin infracciones, te otorgan un punto más. El máximo que se puede tener son 15 puntos (y yo voy camino de ellos).

Mis sueños de esta noche se han visto cargados de magia.

jueves, agosto 12, 2010

Que toda la vida es sueño...

La vida es terrible sin sueños. No me imagino vivir sin ellos; son los que alimentan al corazón, los que seducen al alma y también los que a veces te hacen llorar, sobre todo cuando abres los ojos y te encuentras con la realidad.

En estas dos últimas semanas, cuando me tumbaba a leer cada noche, antes de apagar la luz, miraba de refilón la mesilla de noche, donde una lámpara alumbra alrededor con una potente llamarada de luz blanca. Allí reposan un volumen de cuentos de Edgar Allan Poe, el teléfono móvil enganchado a la corriente y los sueños que no quise utilizar en los últimos días. Sueños que me parecían dolorosos al aparecer él, pero también sueños que consiguen hacerme sonreír. ¿Y qué si aparece él? Jamás lo sabrá, jamás le diré que aparece habitualmente en mis sueños, incluso en aquellos en que estoy despierta.

Cuando me di cuenta de que no pensar en él era como luchar contra fuerzas superiores, como si luchara contra un huracán, decidí aceptar todos los sentimientos, volver a soñar con él si es necesario y sonreír más a menudo. Creer que el mundo tiene magia y observar la sencillez de las cosas más pequeñas como si fuera la primera vez que las viera.

Realmente no me importa que él aparezca en mis sueños, porque ser consciente de que él sigue en mi corazón me reconforta. Lo que me da miedo es que llegara un día en que dejara de soñar. Me parece terrible vivir sin sueños, sean del tipo que sean.


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

(Calderón de la Barca, La vida es sueño)

La dulzura no está escrita

A veces, cuando me acuerdo de él, vuelvo a 'ver' la dulzura que le rodea. Es una dulzura contagiosa, cargada de ternura y bondad. Es como... 'comer' caramelo líquido mientras cierras los ojos y lo saboreas lentamente, intentando retrasar un poco más el momento final en que el caramelo se haya difuminado.
Adoro su manera de entornar los ojos y adoro esa mirada que aún le brinda mayor dulzura. Adoro escuchar esas palabras que fluyen de sus labios como si fueran de miel, escuchar ese timbre tan sensual. Adoro cada rasgo de su rostro, cada mechón de su cabello, cada gesto, cada roce...
En verdad que es una persona muy dulce. Tengo tal deseo de verle...

El mundo desenfocado

A propósito de que mi vista anda desenfocada últimamente y que he tenido que hacerme unas gafas rojas ‘molonas’ que llevaré puestas desde que coja el coche por la mañana hasta que regrese a casa por la noche, me he parado a pensar que no es lo único que está desenfocado.

Diablos. Apenas escribo aquí últimamente porque no tengo mucho tiempo. Agosto es un mes tramposo, que aparecen ‘reuniones’ cualquier día y llego a casa tarde (como ayer) o cansada como hoy. Cuando toda la gente que me rodea habla de que se cogerá vacaciones los últimos quince días de agosto, yo estoy deseando que termine este mes. Aunque la semana del 30 de Agosto yo también cogeré vacaciones, aunque no sean realmente vacaciones. Pero es cierto que no estaré en casa durante cinco días, que tampoco andaré muy lejos y que posiblemente me lleve el portátil allá donde vaya porque, aunque aún no estoy informada, hay conexión wifi en el lugar donde estaré.

Cuando escribo poco es obvio que no es que hayan desaparecido las ganas ni la energía. De hecho, últimamente tengo unas insaciables ganas de escribir. Supongo que, de alguna manera, intento suplir una especie de vacío que ni siquiera escribiendo puedo llenar. Pero es cierto que he cambiado mi horario, al menos durante las siguientes semanas, para marcharme a las seis (eso sí, tendré que madrugar una hora antes), por el único motivo de escribir. Pero no aquí.

Cuando no tengo que trabajar obligatoriamente en las últimas horas de la tarde, cuando puedo regresar a casa… necesito plasmar por escrito una historia. Una única historia. De esas historias que salen directamente desde el corazón.

Cuando le conocí mi mundo estaba desenfocado. Él consiguió aclarar todo mi entorno por completo. Estoy intentando, sin éxito, que vuelva al estado de desenfoque en que me encontraba antes de conocerle. Pero no puedo. Hablo de vacíos, de lágrimas, de tristeza y de dolor y, a veces, creo que es culpa mía si se está abriendo una herida. Porque él sigue llenando de magia el mundo, porque sigo soñando con él y soy feliz, porque en sus ojos están todas las estrellas del cielo. Y, por mucho que lo intente, no puedo sacármelo del corazón; supongo que… en verdad le quiero.

No deseo que mi mundo esté desenfocado, pero sufro en silencio algo que se llama amor. Y lo sufro porque la cobardía de no decírselo me está matando. Ojalá las cosas fueran más sencillas, ojalá pudiéramos cambiar algunas de ellas.

Hoy he comprendido que no está en nuestras manos ni en nuestra mente dejar de querer a alguien. Eso es cosa del corazón y del tiempo.

No sé. Supongo que he comprendido que esa persona me sigue llenando. Y que yo le sigo queriendo. Y que el mundo es demasiado perfecto cuando está él.

Esto… no me lo puede quitar nadie.

miércoles, agosto 11, 2010

Verle...

Me apetecía verle. Pero hoy no estaba, aunque sí que estaban las personas que habitualmente suelen ir con él.
A veces, simplemente, me apetece verle, me apetece que vuelva a fluir la magia que suele rodear a esa persona. Y quizás con sólo ese minuto consiga volver a sonreír.
Sólo que no suelo tener suerte.

Y a veces el sentimiento se sobrepone al sentido común.

Un mes en el calendario


Al levantar la vista del libro he comprobado que alguien había cambiado el mes en el calendario. Me he acercado y lo he vuelto a colocar en julio. Yo sé por qué justamente ése es el único calendario donde no quiero que pasen los meses y, al no pasar de página, me sirve de recordatorio.
En julio queda su sonrisa, en julio se concentran sus miradas risueñas, en julio hablé más a menudo con él que otras veces, en julio le veía en numerosas ocasiones… Ese mes estuvo lleno de alegría, de paz, de deseo y de ilusiones. Las mismas ilusiones que ahora parecen tan lejanas… y tan dolorosas.
En julio se cumplió un año desde que le conocí.
Siento que, si paso al siguiente mes, se perderá todo eso, se difuminará todo, como si sólo de hubiera tratado de un sueño que no quiero recordar. Siento que, si cambio de página, fuera a encontrarme de sopetón con la oscuridad más recalcitrante, con la tristeza infinita, con un puño en el corazón y con el silencio de quien no tiene nada que decir, teniéndolo que decir todo. Ese es mi silencio. Apenas hablo, apenas miro, apenas sonrío y apenas sueño. Y siento mi alma hecha pedazos.
Por eso quiero evocar julio un poco más. Es la esperanza de quien no quiere olvidar. Es un mes que volvería a revivir, con todo, incluso con las palabras amargas que llegaron después.
Es curioso, pero me siento incapaz de cambiar de hoja. Y debería haberlo hecho ya.
Llegará diciembre y yo seguiré con mi página del calendario en julio, y continuaré recordando tantos momentos en que una única mirada conseguía hacerme volar, junto a miles de mariposas de intrincados colores.

¡Cuánto me dio… y cuánto me quitó...!

Una lágrima salada se detiene en la comisura de los labios al recordar todo de nuevo, al dibujar mentalmente su imagen angelical. Y crece el deseo de tocarle, de besarle, de escucharle...

martes, agosto 10, 2010

Ni un millón de estrellas

Ni un millón de estrellas podrían eclipsar el resplandor que proviene de él. Ni todos sus fulgores juntos alcanzarían el brillo que puede llegar a emanar de esa persona. Y no es una ‘estrella’ que esté en el firmamento, sino que va caminando por las calles y otorgando otras luces al día.
Y cuando él no está… todo se torna oscuro, aunque se pueda llegar a contemplar en la lejanía los rayos opacados de esa luz que proviene de él, como si estuviéramos contemplando una estrella polar que nos abre los brazos hacia un firmamento lleno de estrellas.
Es su luz. Ni un millón de estrellas podrían ocultarla.

A veces me gusta creer que él pone cada noche las estrellas en el cielo para que no me sienta perdida en la oscuridad. Sólo a veces me gusta pensar así. Vanas ilusiones, resquebrajadas antes incluso de empezar a latir. No debería pensar en esto último.