sábado, abril 26, 2008

Dos años de blog

Hoy, 26 de abril, se cumplen dos años desde que me diera por abrir este espacio. La idea no era tanto que la gente leyera sino sacar de dentro, en esa algarabía que lucha por salir fuera y volar libre.
Entonces recuerdo que hablé de las palabras, del poder de una simple palabra, las mismas con las que se puede empezar una guerra, aquellas con las que se puede firmar la paz, las palabras del perdón, de las risas, de la tristeza, del olvido y del recuerdo. Las palabras que ayudan a desahogarnos y que si no pujan por salir un día explotan y se pierden en el silencio impuesto a veces por nosotros mismos.
En estos dos años he escrito mucho. Más de 1300 entradas lo avalan, forman parte de un tiempo y dedicación diarias que me empujan a pulsar el teclado cada vez, en ese afán por contar cosas.
A veces, al releer, suelo añorar, recordar y reír. Otras veces lloro, pues en este último año he brillado por la tristeza, una tristeza que se esconde en un rincón y que a veces, al recordar lo que perdí, a quién perdí, aflora al exterior en forma de falsa sonrisa.
Y eso, no se puede desear algo que no va a ocurrir, pero me gustaría, aunque solo fuera un momento, volver dos años atrás, con todo lo que tenía entonces e ignorante ante lo que iba a suceder, y concentrarme en la razón que hizo que las palabras comenzaran a fluir como un río de mil colores diferentes.

Por todos los que se fueron... y que ya no volverán...

Bobos, nevados, sopistas y capigorrones. Gracias de la Universidad

Papas y reyes legitiman el Estudio de Salamanca
La Universidad nace del embrión de un Estudio General ya establecido en la ciudad. Alfonso IX la funda alrededor de 1200. Fernando III “el Santo” agregará alguna reglamentación en espera de la Real Cédula de Alfonso X “el Sabio”, de 1254, que confirma los privilegios de la Universidad de Salamanca y expone su normativa. Esta cédula trata de corregir algunos abusos y picarescas que habían surgido en torno a la docta fuente del saber. El respaldo eclesiástico llegará con la bula del Papa Alejandro IV, que eleva a la Universidad a “lumbrera del orbe”, junto a las de París, Oxford y Bolonia. Este mismo Papa, por cierto, será el que prohíba cualquier forma de invocación a espíritus.
Pues ya tenemos Universidad. A partir de entonces, la ciudad junto al Tormes cambia su fisonomía para adaptarse al torrente de estudiantes que debe albergar cada año a partir del 19 de octubre, San Blas, día de comienzo de las clases. La llegada de esa barahúnda llegaba a duplicar la población habitual de la ciudad, por lo que no es raro que se produjeran todo tipo de altercados entre ellos y con los naturales del lugar: disputas por juego, disturbios por honor o por embriaguez, violaciones de muchachas, travesuras violentas... En 1391, Enrique III separa la justicia de la Universidad de la ordinaria y crea la figura del maestrescuela, cuya autoridad afecta tanto a profesores y estudiantes como a sus criados –que solían cursar también estudios-. El maestrescuela disponía de alguaciles, tribunales y prisión a su servicio. De este modo, los crímenes del bachiller tal o los engaños del doctor cual esquivaban la justicia del Concejo y caían en manos del maestrescuela, por lo general mucho más benévolo. Este “Fuero Escolástico” recogía privilegios adicionales para las gentes del Estudio, como la exención del pontazgo –impuesto por cruzar el puente- y la dispensa de ronda y vigilancia de la villa. Pese a estar tan protegidos, eran grandes las calamidades que pasaban muchos de ellos: el hambre y la sarna solían ser compañeros de estudio, sobre todo para los estudiantes de menos medios. Estos eran conocidos como sopistas o sopones por acudir a los conventos a recibir las sopas de caridad. También eran conocidos como gorrones o capigorrones por la pobreza de su atuendo, prácticamente reducido a una capa y una gorra. Torres Villarroel describe así la vida de estos desdichados:

Cuenta un sopón, sirviente de estudiante,
su vida a otro amigo:

“Siete años ha que sirvo, hecho un guillote,/ a un escolar que vive de pegote;/ y es en la escuela tan corrida zorra/ que aunque viste de largo va de gorra;/ está roto, después es desgarrado;/ es bien nacido, pero mal criado./ Una vieja más vieja que la sarna,/ menos que no se encarna,/ suele de mes a mes muy aburrida/ guisarnos la comida,/ que lo demás del año no hay potaje;/ yo como de pillaje,/ y mi amo ¡alhaja honrada!,/ fingiendo que está lejos la posada,/ o con otro motivo que él enreda,/ donde le dan las doce allí se queda./ Lo que yo pillo, y lo que mi amo guarda/ de la mesa en que come aventurero,/ se junta por la noche en un puchero;/ repártese entre tres el almodrote:/ mi amo y yo al escote,/ a la vieja también damos su parte,/ y aunque no sea Cuaresma se la parte./ Es tal manca, coja, zancajosa,/ sorbida de mofletes, lagañosa,/ tiene flatos, verrugas y cuartanas,/ mucha sangre de espaldas y almorranas;/ ella es de enfermedades una odrina,/ y lo peor que tiene es mal de orina;/ para mí siempre es viernes, que el pescado/ es manjar muy salado,/ y aun cuando se me burla la esperanza,/ le canto una vigilia a la mi panza,/ que comer de vigilia, eso es mi yesca,/ que soy aficionado de la pesca,/ y tengo un paladar tan sazonado/ que hasta la carne para mí es pescado./ Yo como, como un rey cuando se rapa,/ y los más de los días como un papa,/ y muchas veces a llevar me obliga/ en silla de la reina a la barriga./ Un cartel muy funesto/ tengo en el cuarto donde tengo puesto:/ ‘Tiene pena de vida, alerta, alerta,/ el cochino que entrare por la puerta,/ el pollo, la gallina, el pavo, el gallo,/ el ganso, el carnero y el caballo’;/ porque montando en hambre un estudiante,/ no digo yo un caballo, un elefante./ Aunque no soy galán, cuanto al vestido,/ siempre lo traigo, pero muy traído;/ y aunque el sastre lo hubiese mal cortado,/ en mi estatura está bien acabado;/ y cuando me desnudo estos andrajos/ dejo sembrado el cuarto de trapajos,/ porque en cada agujero está un remiendo,/ y aquéstos sin coser los voy poniendo./ Téngolos oprimidos contra el pecho,/ y entre tal cual botón, aunque es mal hecho/ el tenerlos así tan apretados,/ porque caen en la tierra desmayados./ Sale del cuerpo, y es la maravilla,/ que queda hecha un harnero mi ropilla,/ que aunque yo soy tan noble, y soy tan guapo/ siempre me acompañé con todo trapo./ Las bragas muy manidas y muy tiernas/ solo tienen rodillas y entrepiernas./ ¿Aforro? No se nombre, que le ahorro;/ la caspa de los muslos es el forro,/ y cuando más, le pongo por juguete/ un almidón de grasa por ribete;/ y si fuera preciso el azotarme,/ no era menester desatacarme,/ y solo esto me falta en mi conciencia,/ además del ayuno, penitencia;/ pero por las mañanas, si me visto,/ allí sí, necesito de andar listo,/ llamando los trapajos a la audiencia/ a darlos su lugar y residencia;/ y como al revestirse cualquier cura,/ le va rezando a cada vestidura,/ yo como buen cristiano y como guapo,/ le rezo una oración a cada trapo;/ soy formal en vestir y tengo norma:/ nada hay de la materia, todo es forma,/ que solo en mi vestido y mi laceria/ puede existir la forma sin materia./ En cuanto a lo calzado,/ eso es lo que siempre anda muy tirado;/ lo más que traigo en naturales hormas/ son, cual niño amontado, estas dos cormas./ Estas no tienen suelas, y al desgaire,/ como tengo gran planta la echo al aire./ ¿La cama? Aqueso es risa,/ de sábanas no tiene ni aun camisa,/ solo tiene en el suelo dos cuartones,/ y dos negras obleas por colchones;/ una manta, un jergón, y allí hacia un lado/ un orinal muy viejo y muy barbado,/ porque nunca se afeita, y con enojo/ tiene echadas las barbas en remojo./ Una cruz de castaño muy funesta/ hacia mi cabecera tengo puesta,/ que como alguna vez en mis pasiones/ doy al diablo la cama y los colchones,/ con todo no quisiera la llevara,/ porque me hace gran falta si la hurtara./ ¿Qué más cruz que mi cama, donde añado/ el cuadro de mí mismo desdichado,/ y en tan triste talandro,/ toda la noche paso en cruz y en cuadro?/ La prevención del cuarto se reduce/ a un viudo candil que jamás luce,/ se arrincona, anda a obscuras y se queja/ porque se le murió la candileja;/ está enfermo, padece sin sosiego,/ y no puede ver luz de puro ciego;/ está manco, la cara tiene rota,/ y en su vida ha tenido mal de gota;/ una espada, un broquel y tal cual caja,/ de comedias un libro, una baraja,/ dos sillas cojas, un arquetón malo,/ y una mesa que tiene pie de palo./ Éste nunca ha llevado barredura,/ porque sirve de mucho mi basura/ que como el buen platero se acaudilla/ guarda su basura a la escobilla,/ de esta suerte también, Jigote amigo,/ suelo guardar mi estiércol para el trigo,/ y con mi triste capa hecha pedazos,/ si alguna vez lo barro, es a capazos./ Ya, mi Jigote, has visto/ de la suerte que como, bebo y visto;/ me sustento, me calzo y me bandeo,/ mi gusto, mi alegría y triste empleo,/ mis trabajos, mis mañas, mis engaños,/ cómo paso los días y los años;/ ahora mira tú, pues que porfías,/ si igualan tus miserias a las mías”.

Un mísero estudiante

Cuando un estudiante llegaba a la ciudad debía matricularse en su facultad, satisfacer las tasas, jurar lealtad al rector y procurarse el alojamiento. El primer punto era sencillo: se tomaba el nombre –y a veces el apellido- además de una característica peculiar como lunares, cicatrices, forma de la nariz... El precio de la matrícula era relativamente asequible y dependía de la “carrera” elegida: leyes, cánones, teología, medicina, artes o gramática. Después venía el juramento al rector, cuyo mandato era vinculante so pena de excomunión. El asunto peliagudo llegaba a la hora de encontrar alojamiento. Los alumnos más ricos podían alojarse, con sus criados, en cualquiera de los cuatro colegios mayores o veintisiete menores de la ciudad. Otra alternativa para los menos pudientes era el alquiler, normalmente compartido, cuyo precio máximo estaba regulado. Y la tercera alternativa, la más fecunda en picarescas, burlas y engaños, era el pupilaje. Solo los bachilleres titulados tenían derecho a ejercer este negocio, o sea, a acoger estudiantes en su casa con alojamiento y pensión alimenticia. Las autoridades universitarias revisaban periódicamente el acomodo de los pupilos, que solían quejarse de mucho frío y poca alimentación. Sus anfitriones, como contrapartida, les acusaban de sisar y de guardar escalas de cuerda en sus habitaciones para salir de noche, cosa que estaba totalmente prohibida. Imaginemos aquella Salamanca de noche: oscura, gélida, enfangada. Y un tropel de estudiantes “fugados” de sus cuartos divirtiéndose en las tabernas y en los prostíbulos. Se tiene noticia de una travesura que causaba a los mozos mucho disfrute. Consistía en fingir una refriega violenta en una calle oscura entrechocando las espadas y dando grandes voces. La guardia acudía corriendo y, a su paso, algunos estudiantes ocultos alzaban una cuerda previamente tendida de un lado a otro de la calle. Podemos intuir el resultado.
Otras muchas picardías y delitos a secas se recogen en la historia de la Universidad, alguna de ellas con tradición propia. Las novatadas, conocidas como “patentes y barbas”, permitían amenazar, chantajear o, sin más, robar a los recién ingresados, de forma que se sabe de veteranos que vivían un año entero de sus frutos. Otra tradición muy celebrada era la de los “nevados”. Consistía en poner al novato en un corro y cubrirle de gargajos y esputos hasta dejarlo rebozado de saliva y otros condimentos. Aunque la escena no se sitúa en Salamanca, puede encontrarse la descripción de esta práctica en El Buscón, de Quevedo. Eran también frecuentes los libretazos colectivos –conocidos como “meter en rueda”-, azotes, palizas... En los colegios, todo ello era amenizado por “el Bobo”, un discapacitado al que estaban obligados a acoger, que solía tocar algún instrumento musical y que es el origen de la actual tuna.
El funcionamiento interno de la Universidad era extraordinariamente democrático. El rector era un alumno escogido por sus compañeros, que participaban asimismo en la elección de los catedráticos. La labor de los doctos maestros era revisada regularmente preguntando a los alumnos la calidad de las explicaciones, de su dicción, etc. La elección del rector producía por lo general gran agitación debido a las ofensas, manifestaciones y a los habituales sobornos –había estudiantes que vendían su voto por un puñado de bellotas-. En ocasiones los tumultos desbordaban las fuerzas del maestrescuela y sus gentes, y llegaban a producirse víctimas mortales. Un ejemplo de ello lo encontramos en lo sucedido el 27 de febrero de 1633. Un tal Alonso Carnero, del Colegio Mayor de Oviedo, había sido condenado a reclusión en su colegio. Sale de allí y el maestrescuela, que por aquel entonces era don Gerónimo Manrique, acude a detenerlo para llevarlo a la cárcel escolástica. Las autoridades se encuentran con una turba de estudiantes armados que los rodean y apalean al maestrescuela. Tanto él como un doctor envuelto en la intriga al que también amenazaban los estudiantes, deben refugiarse en los palacios del obispo y del arcediano, respectivamente. Esa misma noche los estudiantes, bien pertrechados, derriban las puertas de la prisión del Estudio, saltan sus instalaciones y liberan a todos los presos.
Entre todo este desbarajuste aún había quien se dedicaba al estudio. Las aulas eran extremadamente frías en invierno, cosa que se trataba de combatir con braseros, ropa gruesa y un cuartillo de vino reglamentado. La llegada al edificio de la Universidad estaba –y está- revestida de un carácter simbólico que previene al alumno contra los peligros de la sensualidad y la lujuria. El primer aviso lo encontrará en la famosa rana, que en su idioma de piedra advierte de que el desenfreno erótico conduce a la degradación moral y a una muerte escogida en el catálogo de enfermedades venéreas. Muchos atribuyen a este batracio la facultad de otorgar suerte en los exámenes, siempre y cuando el que lo busca lo encuentre en la fachada sin ayuda. El segundo aviso, de lectura más extensa, lo hallará en la balaustrada de la escalera principal. Sus relieves revelan que, cuando el mozo entra en el Estudio y asciende por la escalera, sigue la senda del amor puro. Al abandonar las aulas desciende por ella, hundiéndose en la mundana pasión. Otros consejos podían encontrar los alumnos en los llamados “Enigmas de la Universidad”, jeroglíficos tallados en piedra en el claustro superior. Algunos pueden ser descifrados así: “es conveniente ser equilibrado en todo, moderar la velocidad y avivar el reposo”; “es imposible evadirse del amor”; “Cerbero desgarra, tritura y se ríe”; “sé generoso con el Señor y Él lo será contigo”; “sé justo y la justicia regirá tu vida”; “apresúrate despacio”; “así, unos tras otros, siguiendo las mismas huellas, se van sucediendo los años”...

Vicio y virtud

La Universidad otorgaba tres grados: bachiller, licenciado y doctor –llamado maestro si se trataba de teología o artes-. Solo se realizaban exámenes para conseguir alguno de ellos, siempre de acuerdo a un estricto ceremonial: veinticuatro horas antes de la prueba, el maestrescuela convocaba al alumno para la elección del tema sobre el que habría de versar su exposición. Esto se hacía por el método “del pique”, según el cual, se introducía una navaja entre las páginas del libro de texto y se abría por allí. A partir de entonces, el candidato era encerrado en la Capilla de Santa Bárbara de la Catedral junto a sus libros, notas y apuntes. Tenía un día entero para reflexionar y prepararse acompañado de la frialdad de los sepulcros y de la luz de un par de cirios mientras un bedel espiaba por la cerradura persiguiendo acciones antirreglamentarias. Cumplido el plazo llegaban los miembros del tribunal, que escuchaban la exposición y debatían los argumentos del aspirante. El examen, que podía durar hasta cinco horas, concluía con otro ritual: cada miembro del tribunal introducía una bola en una vasija. Si el alumno merecía aprobado, boda dorada; si debía suspender, bola negra. Con el recuento de las bolas y el veredicto final, se tenía la prueba por concluida. Si el aspirante era reprobado, salía por la Puerta de Carros de la Catedral. Si por el contrario aprobaba, comenzaba una fiesta en la que participaba toda la comunidad universitaria. La magnitud de la celebración estaba perfectamente regulada, y era mayor cuanto más alto era el grado conseguido. Los fastos de un doctorado, por ejemplo, consistían en un paseo, una comida para unas sesenta personas –con alubias, truchas, tostón, higos y vino- y una corrida de toros en la Plaza Mayor. La sangre de esos toros, mezclada con pimentón, almagre y barniz, servía después para pintar un “vitor” en alguna de las paredes de la Universidad, para que el triunfo de ese día sea recordado. El coste de toda la ceremonia debía pagarlo el alumno y era carísimo. Pocos podían costearse el doctorado sin grandes sacrificios, por lo que en ocasiones se unían varios doctorandos para repartir costes. La fastuosidad del acto también se aliviaba si el celebrante se encontraba de luto, por lo que muchos aprovechaban la muerte de un ser querido para abaratar su graduación.

viernes, abril 25, 2008

La fundación de... ¿Salamanca? Primeros pasos de la muy noble y culta

Hércules labrando el toro

Según los científicos más capaces las tierras donde hoy se asienta Salamanca estaban anegadas en los más remotos tiempos prehumanos. Para los griegos, que gustaban de poner las cosas por escrito, fue Hércules, hijo de Zeus, quien aplanó a golpes un monte que había y arregló los contornos de forma que en ellos pudieran aposentarse los hijos de su tierra. También debió ser él quien horadara la archifamosa Cueva de Salamanca o, por lo menos, erigiera algún oráculo a su gusto. Por ello bautizó al lugar como “Helmantiké”, de Hela –que significa ‘asiento’, ‘sitio’ o ‘cátedra’- y Mantiké –‘adivinación’-. Así que ya, en los tiempos más remotos, la villa lleva consigo la rúbrica de la magia y el saber esotérico. Además, Hércules dejaría también un toro de piedra como autógrafo de su obra. La sucesión de Hércules, cuenta Polibio, le correspondería a Teucro, capitán griego sobrino de Príamo, primo de Héctor y Paris y medio hermano de Áyax. Después de la guerra de Troya, éste vino a aposentarse en el lugar, previo paso por Salamina, donde se hace con algunos colonos. Ya tenemos una segunda hipótesis sobre el origen del primer nombre de esta ciudad. Los salaminos y los áticos de Teucro funden sus nombres en “Salamantica” o “Salmantica”. Y no es esta la hipótesis final, ya que algunos derivan el nombre de Salamanca incluso de “río salmonero” o del nombre del dios Helman, al que los celtas adoraban y al que concedieron ser tutelar de estas tierras.
Precisamente, a los sonoros celtas les corresponde otra versión más prosaica, pero no por ello más verosímil, de la fundación de la ciudad. Según ella, los vacceos y los vetones, pueblos rudos y sobrios, adoradores del cerdo, la encina y las serpientes, tallarían el toro como su tótem. Se establecerían sin más por los contornos y se pondrían nombres como Reburrina, Dovitera, Cloutius y Ambactus. Entre vetones y vacceos hubo una convivencia llena de altibajos, pues por lo que parece eran gentes guerreras –sobre todo los vetones- y practicantes de sacrificios.

Un elefante de Cartago

Doscientos veinte años antes del nacimiento de Cristo, el caudillo cartaginés Aníbal Barca llega a las puertas de la ciudad –y ciudad grande, según Plutarco-, supongamos que con elefantes y todo. Pide a los habitantes trescientos talentos de plata y trescientos rehenes a cambio de su libertad. Intimidados por el aparato militar invasor, los salmantinos acceden y prometen hacer el pago. Cuando Aníbal retira sus tropas para continuar con su campaña por la península, el miedo desaparece con ellas y los pobladores de Helmántica se niegan a pagar. La noticia es recibida por el cartaginés –probablemente con estupor- y ordena a todos sus efectivos volver a la ciudad para saquearla. Los habitantes apelan a la misericordia de sus invasores y estos les permiten abandonar la ciudad intactos, aunque no podrán sacar de ella nada más que sus ropas. Los salmantinos obedecen y abandonan la ciudad, pasando a ser custodiados por un batallón de mercenarios marsilienses. Pero tienen un plan: las mujeres han escondido entre sus sayas espadas y puñales con los que realizar un ataque sorpresa. Cuando empieza el saqueo de la ciudad, los marsilienses, visiblemente contrariados por no poder participar en él, se distraen de sus labores de vigilancia. En ese momento, los prisioneros reparten las armas y comienza una refriega en la que luchan con igual arrojo hombres y mujeres. Es sabido que una de ellas le arrebató la lanza a un intérprete llamado Banón y que de una vigorosa arremetida atravesó su coraza y lo dejó gravemente herido. Después, los salmantinos corrieron a refugiarse en los montes y, aunque muchos fueron abatidos en la huida, otros escaparon. Aníbal quedó conmovido y envió a los fugitivos un mensaje con la promesa de dejar la ciudad en paz como reconocimiento a ese hecho de valor.
Tal vez los cartagineses fueron la antesala de otros invasores más poderosos, a los que ni vetones ni vacceos pudieron resistir: los romanos. La maquinaria bélica de Toma puso fin a la resistencia de los cartagineses y de los indígenas –los vacceos incluso se incorporarán a sus legiones como caballería-. La ciudad quedará incluida en la Lusitania, y dependerá de su capital, Emerita Augusta. Los romanos también se apuntan a darle un significado al misterioso toro de piedra: se contempla la posibilidad de que ellos lo erigieran como un simple hito señalizador de caminos, en concreto, el que marcaba el paso de la Calzada de la Plata a través del puente sobre el Tormes a la altura de la ciudad. A través de ese puente, y por las calzadas hechas por los romanos, llegó una nueva religión: el cristianismo. No se sabe muy bien cómo fue la cosa, pero hay quien dice que la Legión Gemina instauró en la ciudad el culto a San Cipriano, universal patrón de los magos y nigromante arrepentido. Curiosamente, la tenebrosa Cueva de Salamanca se encuentra bajo lo que fue la planta de la iglesia dedicada a este mismo santo... o, a lo mejor, a otro del mismo nombre que fue obispo de Cartago.
Con la decadencia de Roma, los pueblos bárbaros se reparten los territorios imperiales ante la impotencia de sus herederos. Vándalos, suevos, alanos y godos se disputan los contornos durante un período misterioso y de difícil documentación. Si no lo habían hecho ya, los salmantinos comienzan a rezar entonces a un único Dios, probablemente bajo los dogmas de la herética doctrina arriana.
Al final son los visigodos los que se llevan el gato al agua y, tras una etapa de consolidación de la monarquía de unos tres siglos, llegarán los musulmanes comandados por el omeya Muza-Ben-Nusayr. Es el año 713 y los musulmanes y los cristianos se disputarán la ciudad. Salamanca será incendiada, saqueada y destruida al menos doce veces a manos de los contendientes. Don Rodrigo, el último rey visigodo, morirá en una de esas escaramuzas cerca de la villa, en Tamames. Si no se habían barajado suficientes hipótesis sobre los orígenes de la presencia de la magia en la ciudad, podemos atribuir a los “moros” la instauración de prácticas ocultas entre sus muros ruinosos.
Después de una época de desolación para Salamanca, Raimundo de Borgoña, yerno de Alfonso VI, recibe la misión de reconstruirla y repoblarla. Es el siglo XI y llegan a la ciudad toreses, bragancianos, barbalos, tudescos, portogaleses, bercianos, mozárabes y, sobre todo, gallegos y franceses. Lo primero que harán será levantar tres iglesias –románicas- dedicadas a San Isidoro, San Vicente y San Cristóbal. Esta última es la única que se conserva, rodeada de tumbas.
En el siglo XII llegarán el fuero, los judíos y la obsesión por rodear Salamanca de una gruesa muralla para alejar el temor a los seguidores de Mahoma. A finales de este siglo se fundará la Universidad, sobre la base del Estudio General que existía. Pronto tendremos noticias del primer crimen cometido por un estudiante: la violación de una muchacha. El truhán se fugó a Toro. La Universidad crece y sirve de inspiración a otras en Europa y pronto en América. Nebrija escribe y publica su Gramática de la lengua castellana, se enseña la doctrina del hereje Copérnico... Y con la imprenta y la luz del humanismo incipiente, las cabezas se vuelven hacia una historia que cada vez es menos leyenda.

jueves, abril 24, 2008

¡Qué tendrá Salamanca...!


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En los dos últimos años tengo la certeza de que en Salamanca se ha vendido un libro de leyendas con tal profusión que, hasta yo, he optado por conseguirlo.

Ayer, en uno de los puestos de la Plaza Mayor, el libro Leyendas, milagros y rumores extraordinarios de la ciudad de Salamanca, iba desapareciendo la montaña ante las ansiosas manos de charros que corrían por conseguirlo. Delante de la pila, cogí un ejemplar y lo hojeé, comencé a leer las primeras páginas y me llamó la atención el estilo a caballo entre la historicidad y el sarcasmo, sin ocultar nada, con que estaba escrito. Así que lo traje conmigo.

No se pueden resumir sus historias. Es para leerlo tal cual. Así que en los próximos días iré dejando por aquí esas pequeñas historias que contiene el libro y su contenido será literal. He aquí la primera:

Salamanca en un díaAmanecen los tiempos y Salamanca es una laguna prehistórica. Aún no se llama así, porque no hay nombres en el mundo. Transcurre una eterna mañana mientras aparecen hombres, se yerguen... Ya hay algunos fabricando herramientas a eso de las doce treinta. Poco antes de la hora de comer llegan algunos pastores. Visten de negro y adoran a un toro de piedra. Se hacen llamar vacceos y vettones. Son rústicos y sobrios. Pasa una hora y llegan los elefantes de Aníbal. Minutos después los romanos con cascos de bronce, haciendo tortugas con los escudos. A la hora del café han levantado un puente y una calzada. Les ha dado tiempo a traer el derecho y la religión del crucificado. Pero algo falla y a las cuatro y cuarto de la tarde les relevan otros pueblos. En un cuarto de hora suevos, vándalos, alanos, godos e hispanorromanos pasan precipitadamente por la ciudad. La cosa se calmará y tendremos unos minutos visigodos de relativa estabilidad. Acaban con ella los elegantes musulmanes, que saben disparar el arco a caballo. A eso de las seis y media los cristianos ganan la última batalla y reconstruyen la ciudad en veinte segundos. Ponen la universidad. Pasan las horas, los reyes, las guerras y Salamanca sigue acostada junto al Tormes, agarrándolo con sus puentes. Nacen y mueren hombres y mujeres. Todos ellos aportan sus vidas a la Historia, pero solo algunos firman con nombres y apellidos su donación. Fray Luis de León, Nebrija, Francisco de Vitoria, Salinas, Juan del Enzina, Fernando de Rojas, Lucía de Medrano, San Juan de la Cruz, Tomás Bretón o Torres Villarroel son algunas de las sombras que hoy se asocian a esta ciudad. Entre guerra y guerra, una lechuza llamada Unamuno se posa sobre un álamo, junto a un convento.
Ahora cae la tarde y puede ser buena hora para rescatar algunos momentos del día. Sin pretensiones académicas ni rigor científico, solo con la intención de entrever los fantasmas de los que fueron y curiosear en su mundo, unas veces tan distinto al nuestro; otras idéntico. Agucemos pues la imaginación y entornemos los ojos para desempolvar algunas leyendas, milagros y rumores extraordinarios de la ciudad de Salamanca.

Estambul. Ciudad y recuerdos


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Éste no es un libro de viajes ni de turismo sobre Estambul. Sus páginas hablan de la decadencia de la ciudad en los siglos XIX y XX, y de una amargura que flota en el aire y que solo perciben los que están dentro y que dota a sus ciudadanos, y al autor que vivió y vive allí, de una melancolía y añoranza por lo que fue y ya no es.
Proveniente de una familia rica, en la que el abuelo constructor hizo una inmensa fortuna, Orhan Pamuk cuenta cómo, al igual que la ciudad, su familia iba dilapidando la vasta fortuna y empobreciéndose poco a poco.
Estambul no es solo la belleza turística que atrae a tantos millones de habitantes. Para conocer la belleza pintoresca es necesario salir a los suburbios y descubrir los millones de ruinas mezclados con mansiones de madera derruidas o convertidas en cenizas...

miércoles, abril 23, 2008

Día del Libro

Lo cierto es que adoro pasear por los puestos llenos de libros que colocan en este día en la Plaza Mayor. Pero me da para atrás que haya tanta gente. Lo bueno es que sea fiesta en Castilla y León. Lo peor es la gente agolpada en todos los puestos, hojeando libros sin parar.
Otro año más he vuelto con varios volúmenes de los que podía prescindir y que iré esgrimiendo en los próximos meses.

martes, abril 22, 2008

El placer de lo prohibido

Hace dos noches, cuando volvía a casa, al pasar por un jardín, mi mano se dirigía inconscientemente a arrancar un capullo de rosa que quedaba junto a mí. Me detuve a tiempo y, en vez de arrancarlo, estuve unos segundos contemplando la belleza de aquel capullo.

De pequeña, cada vez que pasaba junto al mismo jardín, me llevaba un capullo de terciopelo de un rosal. Siempre miraba a ver si nadie vigilaba entre los visillos de las ventanas, siempre miraba hacia todos los lados para que nadie pudiera echarme el alto. Mucho antes... cuando todavía no distinguía si arrancar una rosa de un jardín público estaba bien o mal, una vecina salió gritando por la ventana preguntándome si no me daba vergüenza arrancar flores. Sus gritos consiguieron justamente lo contrario a lo que se proponía, porque siempre que pasaba por allí, durante muchos años, elegía una rosa (casi siempre antes de florecer en su máximo esplendor) y me la llevaba a casa. Al principio las prensaba y las secaba, pero finalmente solo se trataba de hacer la travesura y, en los últimos metros hasta mi casa, iba deshojando la flor. Cualquiera podía haberme seguido la pista. A mí me causaba placer arrancar una rosa porque supuestamente estaba prohibido.

viernes, abril 18, 2008

Hogar, dulce hogar

Lo cierto es que no tenía muchas ganas de dormir en casa. He dormido tantas horas que me parece que llevo aquí siglos.
Hoy he estado en Logroño, hemos estado todos juntos, y hemos recordado también juntos...
Lo que he venido a hacer ya está finiquitado.
Y ya no veo por volver a Salamanca. Pero todavía queda lo mejor del fin de semana: ver a mi gente, ver a todos aquellos a los que hace tanto que no veo, con los que hace tanto que no hablo... Me sentiré fuera de lugar. Son demasiados meses sin aparecer por aquí, demasiado tiempo desconectada de la tierra que me vio nacer.

Desde mi casa se ve el cementerio y, por encima de sus paredes de piedra, una tumba blanquísima sobresale hacia el cielo...

miércoles, abril 16, 2008

Viaje al fin del mundo

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Quizás sea éste uno de los libros más hermosos e imaginativos que me he leído en los últimos tiempos. Todo está narrado con gran delicadeza y sencillez.
El libro se divide en cuatro partes, que en realidad son cuatro libros unidos en un único volumen.
El perro que corría hacia una estrella
Joel era un niño sueco que vivía en una ciudad de interior que estaba casi siempre nevada. Los inviernos eran fríos, largos y duros y Joel siempre pensaba en la llegada de la primavera.
En la escuela se sentía un bicho raro porque era diferente: todos los demás niños tenían una mamá, menos él.
Joel vivía con su padre, un antiguo marino que una vez naufragó y cambió la fuerza de las olas por la vida de leñador, en una pequeña casita junto al río. Su madre les había abandonado cuando Joel era muy pequeño y su padre nunca le hablaba de nada que tuviera que ver con ella. Sin embargo, papá Samuel le contaba historias que había vivido en los inmensos mares y en lejanos países. Joel soñaba con que un día abandonaría aquel pueblo para ver el mar.
Era un niño muy imaginativo y por las noches a veces tenía terribles pesadillas. Una de esas noches se había levantado y sentado junto a la ventana. Desde allí vio un perro solitario que parecía estar huyendo de algo. A partir de entonces Joel se despertaba todas las noches para ver si el perro volvía a aparecer. Así se inventó una sociedad secreta donde era el único miembro. El único objetivo de su sociedad era encontrar al perro, que, Joel imaginaba, caminaba hacia una estrella.
Empezó a salir de su casa por las noches y a recorrer las solitarias calles del pequeño pueblo donde vivía. Siempre se encontraba a dos personajes peculiares: la Sin Nariz, una treintañera imprevisible que había perdido la nariz en una operación quirúrgica, y que a Joel le daba pavor, sobre todo porque no podía apartar su mirada del horrible agujero que había donde debería sobresalir la nariz; y Simón Tempestad, un hombre mayor que por las noches conducía su viejo camión, dando vueltas por el pueblo. Simón había estado en un hospital para enfermos mentales, se decía que estaba loco y la gente le evitaba, como también evitaban a Gertrud Sin Nariz.
Por coincidencias del destino, Joel repentinamente se convirtió en amigo de tan peculiares personajes, que, para él, eran como niños grandes que le comprendían perfectamente. Y se dio cuenta de que esos personajes eran especiales, que el temor que infundían solo se debía a una terrible soledad que les dejaba fuera de un mundo que les había marginado...
Las sombras crecen al atardecer
Entonces ocurrió el accidente.
Un día, Joel cruzaba sin mirar la calle principal del pueblo, cuando el autobús de línea pasaba. Curiosamente Joel terminó debajo del autobús sin un rasguño.
A partir de aquel día todo el mundo le miraba como si fuese alguien extraño, una persona que había sobrevivido a un accidente como por arte de magia. Joel comenzó entonces a plantearse la posibilidad de que Dios existía y consideraba su salvación como un Milagro.
Hablando con sus dos buenos amigos, Simón Tempestad y Gertrud Sin Nariz, le dicen de diferentes formas que debe agradecer ese Milagro haciendo una buena acción.
Joel pasaba unos días pensando en qué es lo que puede hacer. Finalmente pensó en la posibilidad de buscarle un marido a Gertrud, sin darse cuenta de que su defecto físico podría ser un impedimento. A Joel solo le movía la buena voluntad.
Sara trabaja en la cervecería. El muchacho sabe que pone de buen humor a su padre, aunque Joel ya tiene una mamá y no quiere que Sara sea su mamá, aunque le trate bien y haga unas comidas deliciosas.
Un día Joel entra en la cervecería por la puerta de atrás con la excusa de ir a ver a Sara. Y allí descubre a dos jóvenes idóneos para Gertrud: tendrá que espiarlos, aunque realmente desconoce todo sobre las relaciones entre un hombre y una mujer. Ese día solo se dedica a escuchar las conversaciones de las camareras y es así como se entera de que uno se llama Rolf y el otro David. Éste, con su pelo rubio, le recuerda a Joel al hombre que aparece en los envases de caviar y termina llamándole "el Hombre Caviar".
Recuerda las pocas cosas que su padre le ha contado respecto a cómo conoció a su madre y se interesa por las cartas que se escribían, sobre todo porque él siempre estaba en el mar o puertos lejanos. Así que Joel decide ir a la Biblioteca para buscar libros donde haya cartas secretas.
Después de preguntar a la bibliotecaria, ella le recomienda unos libros de poemas, cuyas metáforas Joel no entiende. Después de espiar a los dos candidatos, Joel decide que el más adecuado para Gertrud es David.
Así el muchacho comienza a escribir unas misivas. Su despiste le lleva a poner en la carta para David "Hombre Caviar" y Joel se enfada consigo mismo. Les prepara una cita en el único jardín donde hay una estatua. Gertrud acude, pero no así David, que se esconde en un cobertizo cercano para descubrir quién es la persona que le escribe cartas de amor.
Joel se da cuenta de lo poco infructuoso de su intento, y decide reanudar las cartas. Esta vez les citará en la Casa del Pueblo, donde todos los jóvenes se reúnen para bailar los sábados por la noche. El único problema es que Joel es un niño y no le permitirán la entrada. Solo con la orquesta de Kringström podría colarse dentro y espiar su buena acción. Convence al director de la orquesta de que quiere aprender a tocar el saxofón y eso le franquea la entrada a la Casa del Pueblo. Allí, entre bastidores, espía a toda la gente que entra.
Ve a David con un grupo de jóvenes, pero no a Gertrud. Cree que ha vuelto a fracasar. Entonces descubre que las risas del Hombre Caviar y los que están a su alrededor se oyen por toda la sala. Joel no sabe de qué se ríen hasta que reconoce el papel que David sujeta. Entonces se da cuenta de su error y huye de allí.
En la puerta está Gertrud con su mejor abrigo, está a punto de entrar y Joel le cuenta la verdad de las cartas. Su amiga le da una fuerte bofetada y se marcha a casa.
Joel tiene que vengarse de David, porque ha descubierto que no es el mejor hombre para Gertrud. La ocasión se presenta por sí sola.
El domingo por la mañana, Joel no puede dormir, así que coge su bicicleta y comienza a dar vueltas por el pueblo. De repente escucha a alguien que le llama. Se trata de Asta, la operadora de Telégrafos. Ella le pide un favor y cuando Joel vuelve observa cómo Asta hace funcionar las llamadas. Hace unas preguntas y traza un plan.
Esa misma noche se cuela en Telégrafos. Sabe, por lo que le ha dicho Asta, que apenas hay llamadas y que ella estará echada. Coge la guía telefónica y anota doce números de personalidades locales: teniente coronel, alcalde, médico, cura, redactor del periódico... Cuando ellos contestan Joel, ni corto ni perezoso, repite: El Hombre Caviar es un criminal, atención, el Hombre Caviar es un criminal.Después, sale corriendo hacia su casa. Cree que ya ha conseguido realizar la buena acción. Sabe que al día siguiente correrá el rumor de que un loco se puso a llamar a medianoche a varias casas del pueblo y todos pensarían que Asta le había dado al coñac.
A Joel solo le quedaba una cosa importante que hacer: hablar con Gertrud y contarle toda la historia de principio a fin. Ella comprendería...
El niño que dormía con nieve en la cama
La primera nieve del invierno siempre llega silenciosamente y a Joel siempre le pilla de improviso. Un buen día se levanta y todo está blanco.
Para Joel, que ahora cuenta con trece años, el primer día del invierno que nieva es muy importante. Para él es motivo de celebración, donde se hace unas promesas que debe cumplir a lo largo de todo el año, hasta las primeras nieves del invierno próximo.
Esa noche, Joel se levanta de la cama y, como el año anterior prometió, esta vez debe formular sus deseos en el cementerio de la iglesia.
La primera promesa era que va a vivir más de cien años y, para ello, comenzaría a curtirse durmiendo al aire libre.
La segunda promesa es encontrar una solución al gran problema de Samuel, su padre, que también es su problema: la decisión de mudarse de allí.
La tercera promesa es ver a una mujer desnuda.
Al marcharse del cementerio tropieza con una tumba, Lars Olsson, que murió a los catorce años. Casi su edad, piensa Joel.

Ese invierno ha llegado temprano. Joel hace novillos en la escuela siempre que puede, pues siempre hay mejores cosas que hacer. Esa tarde, debe ir a la tienda de alimentación y allí descubre a una dependienta nueva. No sabe cómo se llama, pero comienza a verla en sueños, solamente cubierta con velos transparentes. Entonces se da cuenta de que será a ella a quien vea desnuda por primera vez.
Así que busca cualquier tipo de excusa para acudir a su casa.
A Gertrud le cuenta lo de las promesas, pero, estando en su casa, Joel se da cuenta de que la Sin Nariz le produce asco y sale corriendo de allí. Gertrud termina hablando con él porque comprende lo que le ocurre. Algo se ha roto entre ellos dos ese día. Joel se está haciendo mayor.
Mientras, en la escuela, Eva-Lisa empieza a echarle sonrisas que Joel no entiende. Para Joel, la chica es la Galgo, porque es la que más rápido corre de la escuela. Nadie puede alcanzarla.
Joel comienza a dar clases de guitarra e invita a la Galgo a ir al cine, donde la entrada está prohibida para niños, pero él sabe cómo colarse sin pagar. Allí intenta besar a la chica, y ella le dice que no sabe hacerlo y que un día le enseñará.
Joel está impaciente porque la Galgo le enseñe a besar. Y ella queda con él, pero Joel se ve humillado por la joven y varios amigos, que aparecen en la casa de ella riéndose, mientras Joel, en una silla, saca morritos con los ojos cerrados.
No quiere volver a la escuela, porque se reirán de él. Así que esa mañana que hay una terrible tormenta de nieve decide ir a visitar a su amigo Simón Tempestad. Está su viejo camión, pero no le encuentra por ningún sitio. Uno de los perros gime a su lado y le guía hasta el bosque. Allí está tirado su amigo. A Joel solo se le ocurre que debe llevarle a casa, antes de que la tormenta sea peor. Y sin saber de dónde saca fuerzas, le arrastra unos dos kilómetros hasta su casa, donde le mete en la cama y le acerca la estufa. Luego sale a la carretera. Tiene que pedir ayuda y justamente pasan los quitanieves. Estos son los que llevan a Simón al hospital.
El viejo loco había tenido un derrame cerebral y Joel le había salvado la vida. Es lo que se comenta en todo el pueblo y Joel es considerado un héroe. Pero Simón sigue inconsciente y los médicos temen por su vida.
Cuando el lunes vuelve a la escuela, nadie se ríe de él por lo de los morritos. Todos intentan acercarse a él, incluso Otto, su peor enemigo. Todos le admiran, incluso la Galgo.
Incluso en la tienda, la dependienta, Sonja, habla con él más de lo habitual y termina invitándole a su casa.
Mientras Joel es considerado un héroe, Samuel está pasando por una de sus etapas en las que no puede vivir sin alcohol. Sara, la de la cervecería, le ha abandonado y Samuel se refugia en el alcohol. Joel va a buscarle, pero es difícil hacerle entrar en razón.
Decide que ya es hora de empezar a curtirse y saca una cama al patio y se tumba al aire, quedándose profundamente dormido. Cuando despierta, se encuentra en la cama de su padre, que ha entrado en razón y ha vuelto a casa. Entonces se da cuenta de que podía haber muerto en el patio bajo una capa de nieve y hielo.
Empiezan a leer un libro juntos, un libro que habla sobre una isla solitaria adonde llega un barco de amotinados y allí se quedan, donde aún siguen viviendo. Joel ha convencido a su padre para irse de allí, para ir a aquella isla, y escribe al protagonista del libro una carta para que le informe.
Cuando va a visitar a Sonja, él le describe lo que siente por ella, y en unos segundos consigue verla con paños transparentes, pero es un secreto, es como si solo hubiera sido producto de su imaginación. Entonces va al cementerio a contarle a Lars Olsson que una de las promesas ya la ha cumplido.
La Galgo también le está enseñando a besar y Joel se da cuenta de que es una sensación agradable.

La muerte siempre llega sin avisar. Joel está feliz esa tarde, pero al llegar a casa su padre está serio. Joel comprueba que no ha bebido ni tiene los ojos rojos. Simón Tempestad ha muerto. Joel no lo entiende, no entiende que se haya ido después de haberle salvado de morir en medio del bosque... La muerte nunca llega cuando debe llegar...
Viaje al fin del mundo
Desde que tenía uso de razón Joel siempre quiso salir de aquel agujero en medio de las montañas. Nunca había viajado más allá de los bosques que rodeaban su pueblo. Y desde muy pequeño, le pedía a su padre, Samuel, irse de allí, ver el mar y viajar en un barco. Samuel, antes de ir a parar a aquel rincón de Suecia, había sido marinero. Y Joel, después de escuchar sus historias, quería ser marinero. Y Samuel le había dicho que cuando acabara la escuela viajarían...
Y eso estaba a punto de ocurrir. Joel tenía 15 años y la escuela estaba a punto de acabar.

Un día llegó a casa y se encontró a Samuel sentado en la cocina, con una carta en las manos. En la misiva, una conocida que vivía en Estocolmo le decía que sabía dónde vivía y trabajaba Jenny, la madre de Joel, la que les abandonó hace tantos años, la que tanto había echado de menos Joel, a la que tanto había odiado, una desconocida por la que sentía una inmensa curiosidad.
Sí, cuando acabara el curso, Samuel y Joel debían ir a buscarla.
Y acabó...

Un día, padre e hijo cogieron un tren a ninguna parte. Después de tres días llegaron a Estocolmo. Ellos parecían raros en aquella gran ciudad. A Joel le robaron, se establecieron en un hotel de mala muerte y allí esperaron. Esperaron porque Samuel estaba nervioso por ver a Jenny.
Entonces Joel se levantó una noche y miró por la ventana. Se dio cuenta de que debía salir y buscar a su madre. Así que se dirigió a la dirección donde supuestamente veía.
De allí salió una mujer con un abrigo verde... "Tu madre tenía un abrigo verde cuando se fue"... Podía ser cualquier persona, aunque Joel decidió seguir a aquella mujer, y la siguió hasta una residencia de ancianos, donde un bedel le encontró. Él, con el nerviosismo, dijo el hotel donde se hallaba alojado y le dejaron marchar.
Joel llega al hotel muy nervioso. Es posible que aquella mujer fuera su verdadera madre. Pero en la habitación su padre está despierto. Un terrible dolor de estómago no le deja dormir. Joel se da cuenta de que es grave: su padre, que nunca ha ido a un hospital, quiere ir a uno al día siguiente, pero no quiere que su hijo vaya con él.
Mientras Joel se queda solo en el hotel, una mujer le llama por teléfono. Y después aparece en la habitación. Joel acaba de conocer a su madre. Tienen mucho que contarse, pero está preocupado por Samuel.
El encuentro entre Samuel y Jenny es terrible, y Samuel decide que deben marcharse. Sin embargo, Joel va al puerto y se hace una cartilla de marinero. Joel acaba de empezar a vivir y se enrola en un barco de mercancías.
Es su primer trayecto. Sabe que su padre conseguirá sobrevivir sin él, en la casita junto al río, pero le echa de menos. Un día le llega una carta. Su padre tiene cáncer en el hígado, debe volver.
Joel vuelve para cuidarle en sus últimos días, para decirle adiós.
Samuel parte al fin del mundo y Joel no tiene nada en aquel agujero del mundo que le retenga sin un padre que ya no existe.
Su próximo barco está a punto de empezar una travesía rumbo a Brasil, y él quiere recorrer el mundo...

lunes, abril 14, 2008

Un año más

Lo peor de cumplir un año más es que el teléfono no deje de sonar.
Lo mejor es que siempre hay gente que te sorprende con su llamada.
Lo peor de cumplir un año más es que empiezan a pesar.
Lo mejor es que tenemos más vivencias y experiencias.
Lo peor de cumplir un año más es escuchar a todo el mundo el mismo día.
Lo mejor es que ahí, en el mundo, siempre hay gente que te hace saber que te quiere, que no se olvida de ti...

Lo peor es que este año me falta una llamada. Me falta una voz que no volveré a escuchar nunca más, pero sigo escuchando a diario. Me falta una persona que siempre era de los primeros en acordarse de este día, como fue de los primeros en marcharse. Pero en mi imaginación, mi tío me ha llamado desde el Cielo, y en mi imaginación he hablado con él, como en los viejos tiempos. Porque sé que hoy tampoco se ha olvidado de mí y que, esté donde esté, me ha dado un tirón de orejas. Me faltaba esa llamada, pero yo no permitiría jamás que no se produjera.
Podría decir mucho, pero quiero terminar con un recuerdo a quien ya solo podrá felicitarme a través de la imaginación.

domingo, abril 13, 2008

Crecer...

Crecer es hacerte preguntas.
Hacerte adulto es olvidar poco a poco aquello que te preguntabas de niño. Es algo que hay que entender. Y hay niños que no quieren ser adultos.
El tiempo no quiere detenerse.
Sigue corriendo...

sábado, abril 12, 2008

Un laberinto de puertas

A veces, en la vida, parece que recorremos un camino sin final que tiene muchas puertas a cada lado. Es como si cada puerta equivaliera a un sentimiento. Entonces habría puertas para la alegría, para la tristeza, para la felicidad, para la desazón...
Y a veces, nos vemos obligados a llamar a esas puertas, en otras ocasiones se abren por sí solas, con solo pasar ante ellas...
Y hay puertas donde tenemos depositadas nuestras esperanzas, aunque se mantienen cerradas. Mientras que aquellas puertas que desearíamos cerradas se podrían abrir de forma inesperada...
Lo más inquietante de todo esto es cuando no sabemos lo que nos espera al cruzar el umbral.

viernes, abril 11, 2008

Infinita tristeza

Esta lluvia me produce una infinita tristeza.
Ya empecé a sentir ayer la desazón latente que terminaría ahogándome en un mar de recuerdos doloridos. Hoy escuchaba el repiqueteo continuo de las gotas tras la ventana y no podía soportar ese sonido tan rítmico.

Refugiada entra las sábanas y ya a oscuras, parecía que el sonido se repetía cual eco dentro de mi cabeza, aunque la verdad es que escuchaba la lluvia más intensamente. Y allí, entre los negros fantasmas de la noche, intentando dormir, me he echado a llorar al recordar.
Solo desearía que dejara de llover o que al menos no lo hiciera con esa fuerza, porque entonces la tristeza viene atraída hacia mí.

jueves, abril 10, 2008

Hay personas...

Hay personas que solo se dejan querer, que es imposible mirarlas mal ni enfadarse con ellas.
Hay personas que te hacen estar en el cielo con una sola palabra.
Hay personas a las que necesitas decir muchas cosas pero sabes que nunca podrás decirles.
Hay personas que crean un mundo especial y te abren la puerta y te dejan pasar.
Hay personas que te hacen descubrir la magia que hay en ti y aplicarla a tu vida.
Hay personas que te hacen reír, soñar, mirar atrás, recordar, añorar, sentir...
El mundo está lleno de personas simplemente geniales.

miércoles, abril 09, 2008

Soñar con los ojos abiertos

Y te vas temprano a dormir porque sabes que, nada más refugiarte entre las oscuras grietas de la noche, cerrarás los ojos y abrazarás la almohada imaginando que lo abrazas a él, tocarás su pelo en sueños, su rostro, su piel... y sentirás ese abrazo que no te dejará despertar hasta que los primeros rayos del día atraviesen la ventana.
Entonces abres los ojos repentinamente y te das cuenta de que solo ha sido un sueño. Y hubieras preferido no despertar, seguir meciéndote en ese abrazo imaginario.
Decides salir de la cama, sacas un pie, después otro y, adormilada, comienzas a caminar sin rumbo hacia el día que acaba de empezar.
Sientes el dolor en los pies y miras al suelo, cubierto por una alfombra de cristales que te cortan, pero sigues caminando mientras lentamente se van desgarrando las plantas de tus pies. Sientes el dolor, pero te das cuenta de que el dolor interior es mucho más fuerte y te impulsa a seguir caminando. Sientes el vacío y te das cuenta de que no importa que tus pies estén sangrando, pues hay dolores más fuertes y muchas veces incurables.
No quieres volver a soñar.

La lluvia cae sobre el suelo gris

Llevo todo el día tarareando la misma canción de Ducan Dhu que en su tiempo tantas alegrías y penas me dio. La culpa es de este día gris y tormentoso donde la lluvia cae con ganas.
La lluvia cae sobre el suelo gris.
El tiempo pasa y no puedo reír.
La noche es larga, mi voz amarga.
Hoy he visto despertar el sol.
Y tus pupilas brillarán.


Es el día. Me noto más melancólica. Pensaba que los días tristes habían pasado y la lluvia me empuja a escribir, a llorar, a reír, a cambiar de estado de ánimo sin ton ni son. Me produce una tristeza infinita ver llover, o peor, ver el día sin colores. Y en la tristeza vuelven los fantasmas de los que ya no están.
He vuelto a mirar fotos de la persona que más he sentido perder en mi vida, y todavía hoy pienso que puede volver, que está cerca de mí y puedo seguir hablando con él. Sé que nunca podré reponerme a esa pérdida. He vuelto a revivir muchas cosas pasajeras y otras importantes. Y he vuelto a llorar, pues mis lágrimas se ponen de acuerdo con las gotas de la lluvia para caer en dulce sintonía.

Es la melancolía, el dolor pasajero, la tristeza que viene y va.

martes, abril 08, 2008

Cuando miras atrás

A veces, cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo momentos que no repetiría jamás. En el pasado, mi carácter inestable muchas veces me impulsó a hacer o decir cosas que hirieron a ciertas personas, cosas que en la actualidad no haría ni diría. Quizás se debía a ciertos ragos de una personalidad rebelde e inestable que no podía controlar. Lo que más me duele es haber hecho daño a personas que no se lo merecían, a personas que jamás hubieran levantado una mano en mi dirección.
Cuando miro atrás, recuerdo el dolor que causé o me causaron, la mella irreparable que dejaron todos esos momentos en mí, produciéndome un doloroso tormento al recordarlos.
Y con el paso de los años me he dado cuenta de que llevo un león dormido dentro, que finalmente no despertará porque ahora lo puedo controlar, porque sigo aprendiendo de mis errores, y los que cometí en el pasado también me enseñaron a guardarme muchas cosas. Y a no hacer daño a nadie más. El hecho de haber hecho sufrir a personas, aunque momentos después me haya arrepentido, me dobla la espalda cual pesada losa.
El tiempo solo me enseñó a ser más prudente y reservada, y a transmitir la energía positiva que hay en mí. Solo si es inevitable el león despierta de su permanente letargo en contadas ocasiones para demostrar su fuerza, volviendo a dormirse después.

lunes, abril 07, 2008

La Conexión Alejandría


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Cotton Malone es un ex espía norteamericano que vive retirado en Copenhague, regentando una librería de tomos antiguos y raros. Su ex mujer, Pam, y su hijo, Gary, viven en Atlanta, y ve a su vástago menos de lo que desearía un padre.
Un día, Pam aparece en la librería para comunicarle que Gary ha sido secuestrado; son obligados a huir, después de que unos sicarios disparen contra su negocio y lo hagan estallar por los aires.
Cotton y su ex mujer solo son peones de un tablero de ajedrez, alguien más arriba está moviendo unos hilos invisibles y se adelanta a sus actos. Cotton decide ir a ver a uno de sus mejores y más ricos amigos de Dinamarca: Henrik Thorvaldsen.
Alguien quiere la Conexión Alejandría a cambio de Gary. Solo Cotton y la directora de la Agencia para la que trabajaba, Stephanie, conocen ese archivo clasificado. Alguien ha conseguido entrar en los archivos de la Agencia para descubrir que, antes de que la Biblioteca de Alejandría desapareciera con sus miles de documentos antiguos, un selecto grupo de hombres, los Guardianes, fueron sacando los manuscritos, y es posible que en algún lugar del mundo, escondidos, se encuentren todos esos legajos y papeles antiguos. Si esto es cierto, podría haber un primer original de la Biblia en hebreo, que cambiaría las múltiples concepciones religiosas de la actualidad, ya que ese volumen no se habría visto alterado por las numerosas copias y cambios posteriores.
Cotton y Pam encuentran fácilmente el escondrijo donde está su hijo, lo dejan a cargo de Thorvaldsen y vuelan a Londres, en busca de un palestino que ha estudiado durante toda su vida antiguos textos bíblicos, George Haddad (Conexión Alejandría). Lo que no saben es que israelitas y agentes norteamericanos van detrás de ellos, amén del asesino a sueldo Dominik Sabre.
Henrik Thorvaldsen es socio de la Orden del Vellocino de Oro. Sabe que el presidente, un austríaco muy poderoso llamado Alfred Hermann, ha sido el que ha mandado secuestrar al joven y que ha mandado a Sabre en pos de los padres del chico. La reunión de la primavera de la Orden está a punto de celebrarse y Thorvaldsen ha decidido acudir, acompañado de Gary.
En un simulacro de asesinato donde muere, supuestamente, George Haddad, Cotton y Pam emprenden la búsqueda de la Biblioteca de Alejandría y entran en contacto con Sabre, al que toman por un estudioso de historia. Siguiendo las pistas, los tres llegan juntos a la región del Sinaí, donde consiguen completar su búsqueda.
Mientras, en Estados Unidos, se destapa un complot donde los mayores líderes de la camarilla presidencial pretenden asesinar a Daniels, el presidente. Éste, con la ayuda de Stephanie, descubre el intento de asesinato y a los traidores.
George Haddad muere asesinado por Sabre, y Pam se venga, habiendo descubierto el secreto de los Guardianes. Thorvaldsen consigue salir ileso de Austria, junto al joven Malone.
Las alusiones a la Biblia son curiosas en el sentido de que, con todas las modificaciones que tuvo a lo largo de los siglos, se cambiaron muchas cosas. El autor, basado en un estudioso del Antiguo Testamento, Kamal Salibi, profundiza en una idea que se mantiene en el aire: ¿y si no fuera la zona de Palestina-Israel la que se alude en la Biblia, sino las montañas costeras al oeste de Arabia Saudí, donde muchos términos geográficos coinciden con los bíblicos? ¿Y si la Tierra Prometida es el lugar más sagrado de la tierra, a unos cientos de kilómetros al sur de La Meca? Es algo que hace pensar.

domingo, abril 06, 2008

"Grindhouse: Planet Terror & Death Proof"

Las dos películas forman parte de un proyecto creado por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino. Son algo terroríficas, aunque geniales.

"Planet Terror" es muy sangrienta.
Una plaga extraña afecta a una localidad texana, donde un grupo de supervivientes se convierten en espontáneos guerreros que luchan contra los millones de afectados por el extraño virus.
Cherry (Rose McGowan) es una gogó cansada de la vida que lleva; quiere ser humorista. En un bar de carretera se encuentra con su ex novio, Wray (Freddy Rodríguez), y se van juntos. Esa noche tienen un accidente y ella pierde la pierna de una manera muy extraña, pues el miembro amputado no aparece.
En el hospital donde trabaja el matrimonio William (Josh Brolin) y Dakota Block (Marley Shelton) está ocurriendo algo extraño. Llegan muchas personas aquejadas por una extraña dolencia que se transmite por contacto físico. El virus se extiende poco a poco y los afectados por la extraña enfermedad biológica, que en realidad es un arma química, se hacen con el hospital y las calles.
Los supervivientes se cruzan con marines que les ponen en cuarentena. Es curioso ver cómo al coronel (Bruce Willis) le empiezan a salir unas extrañas pústulas en la cara hasta convertirse en un monstruo o cómo a uno de los marines (Quentin Tarantino) se le cae el miembro viril a pedazos.
Wray morirá en esa lucha, pero sabe que Cherry encontrará su camino en el mundo. Wray ha dejado su legado y, un tiempo después, su chica sigue guiando y cuidando de los supervivientes, junto a su pequeña hija.

“Death Proof” trata sobre un maníaco que se dedica a matar mujeres en la carretera. Especialista Mike (Kurt Russell) conduce un siniestro y maquiavélico coche por diferentes carreteras de Estados Unidos. Como norma general, suele fijarse en un grupo de chicas jóvenes y guapas que viven en su mundo, despistadas respecto a lo que les rodea, de ahí que no se den cuenta de que son observadas. El especialista les hace fotos y las sigue hasta que decide su final, casi siempre un trágico accidente de coche.
Así en Texas persigue y vigila a unas chicas, hasta terminar acercándose a ellas, con gran amabilidad y ganándose su confianza. En un choque frontal y premeditado mueren todas menos él, pero la policía no le culpa porque las jóvenes habían tomado drogas y alcohol, mientras que él estaba limpio.
Unos meses después se dirige a Tennesse, donde sigue la misma rutina. Las fotografía, las sigue, escucha sus conversaciones, frecuenta los mismos locales... hasta que un día una de ellas, encaprichada con un viejo coche de los que ya no se venden, convence al resto para ir a verlo, y quizás probarlo. Cuando el dueño les deja el coche, ellas conducen por carreteras comarcales, mientras el especialista las sigue y empieza a golpearlas, pero esta vez las chicas son demasiado lanzadas y deciden vengarse de él.

sábado, abril 05, 2008

Andar descalza

Desde pequeña me acostumbré a caminar descalza por casa. Allí lo hacía incluso en invierno, me gustaba sentir la candidez del parqué bajo el que iban los tubos de la calefacción. Aquí no puedo caminar descalza porque el suelo está formado por frías baldosas, aunque ya empezaba a sentir molestas las zapatillas. Hoy las he cambiado por chancletas, aunque de vez en cuando se me olvida ponérmelas y siento el frío del suelo en las plantas de mis pies.

Hoy era un día veraniego, demasiado caluroso para no dedicar un mínimo pensamiento al cercano verano, a los días largos, al sol...

Alguna que otra pelusa ocupaba los rincones de casa, así que mejor que dejarlo para otro día, con grandes síntomas de hiperactividad, me he dedicado a hacer limpieza general. Después... solo veía por darme una ducha de agua fría. Y esta primera ducha bajo el agua helada me ha vuelto a transportar al verano...

viernes, abril 04, 2008

Habibi's

Cuando llegué a Salamanca por vez primera, tuve la enorme suerte de conocer a dos kuwaitíes que estaban estudiando Hispánicas, en clase de una amiga. Su español al principio era ininteligible, pero, a medida que pasaban los meses, empezaron a parlar de una manera bastante fluida.
Hasta entonces, mi conocimiento sobre Oriente Próximo era bastante limitado, por eso les acepté como amigos, aunque siempre con reservas. Entre otras cosas, no comparto la idea de la poligamia. Ahmed y Zaher eran primos, buenos estudiantes en Al-Kuwait y descendientes de familias bastante ricas, por no decir que sus progenitores eran jeques que manejaban petrodólares al compás que respiraban. Apenas hablaban de su economía familiar, pero sí lo hacían de su familia. Nada, ni siquiera el dinero, puede sustituir a una persona y la enfermedad de la madre de Ahmed era irreversible.
Ahmed me llamaba más la atención que su primo. Era, dentro de lo que se podía esperar, más abierto, más liberal y, por tanto, aceptaba con mucha facilidad las costumbres españolas. Recuerdo las conversaciones que teníamos, las comparaciones de costumbres, la explicación de su mundo que, a fin de cuentas, no era tan diferente, pues Kuwait está muy occidentalizado.
Ellos habían recibido una beca gubernamental para estudiar la carrera en España, toda la carrera, y después fijo que se irían a Londres o a cualquier otro país para proseguir sus estudios. Lo cierto es que estaban destinados a ser diplomáticos, y eso nos lo contaron con una seguridad impresionante. Al pasar el primer año, chapurreaban bastante bien el español.
Se iban en vacaciones a su lejano hogar y, en una de esas navidades, nos deleitaron con una especie de burka, aunque ellos lo llamaban "niggap". No es tan rígido y tan horrible como el burka, aunque sigue dejando libres solamente los ojos. La tela era basta, aunque con los bordes cosidos dibujando una greca de flores. Y el color... negro. Todavía lo guardo en un cajón de casa como recuerdo de unas personas que pasaron por mi vida y a las que, posiblemente, no vuelva a ver. A veces, abro la caja de cartas y veo los inmensos sobres con caracteres árabes que, en un tiempo, recibí de allí. Un día, sin más, ellos se fueron y no volvieron. Supongo que acabarían, aunque, por mi amiga de Hispánicas, sé que nunca tomaban apuntes y que los profesores les aprobaban sin más, como se hace en todas las universidades con todo estudiante extranjero.
La verdad es que, cuando salíamos con ellos, jamás nos dejaron pagar nada. Alguna intentó liarse con uno de ellos, pero se impusieron las ideas y creo que nunca llegó a pasar nada. Recuerdo cuando hablaban del hambre que tenían en el Ramadán hasta que se ponía el sol y lo rápido que corrían cuando anochecía a pillar lo primero que hubiera en el frigorífico. Y recuerdo que terminamos llamándoles los habibi's porque, en su idioma, esa palabra tenía algo que ver con la amistad, aunque no me viene a la cabeza ahora el significado exacto.
Me gustaría saber qué tal les va. Seguro que son felices en su país, siempre lo echaban de menos, siempre miraban hacia levante, añorando otras tierras, otras gentes, otras costumbres...
Lo que queda es todo lo que aprendí de ellos, incluso el hecho de intentar comprender una cultura tan diferente de primera mano.

jueves, abril 03, 2008

Un millón de conocimientos reducidos a cenizas

El conocimiento solo ha experimentado una ampliación radical en dos momentos de la Historia de la Humanidad: uno, durante el Renacimiento, que continúa hasta el presente; y el otro, durante el siglo IV a. C., cuando Grecia era el faro del mundo.
Hacia el 323 a. C. murió Alejandro Magno y sus generales se disputaron su grandioso imperio. Al final, el reino se dividió en tres partes y dio comienzo la época helenística, un período de dominación griega en el mundo entero. Una de esas tres partes fue reclamada por un macedonio de amplias miras: Ptolomeo, que se nombró a sí mismo rey de Egipto en el 304 a. C., fundó la dinastía tolemaica y fijó su capital en Alejandría.

Los tolomeos eran intelectuales. Ptolomeo I fue historiador; Ptolomeo II, zoólogo; Ptolomeo III, mecenas de la literatura; Ptolomeo IV, dramaturgo. Cada uno de ellos escogió a destacados estudiosos y científicos como maestros de sus hijos y alentó a los sabios para que fueran a Alejandría.
Ptolomeo I fundó el Museo, un lugar donde los eruditos podían reunirse y compartir sus conocimientos. Con objeto de serles de ayuda, también creó la Biblioteca. En la época de Ptolomeo III, en el 246 a. C., existían dos ubicaciones: la biblioteca principal, cerca del palacio real, y otra más pequeña, situada en el santuario del dios Serapis, conocida como el Serapeo.
Los tolomeos eran ávidos coleccionistas de libros que enviaban legados a recorrer el mundo conocido. Ptolomeo II compró la biblioteca de Aristóteles, y Ptolomeo III ordenó registrar todas las naves que llegaran al puerto de Alejandría: si se encontraba algún libro se copiaba, se entregaba la copia al propietario y el original pasaba a engrosar la Biblioteca. Los géneros iban desde la poesía o la historia a la retórica, la filosofía, la religión, la medicina, la ciencia y las leyes. El Serapeo llegó a albergar unos 43.000 rollos, que se encontraban a disposición de todo el mundo, y el Museo otros 500.000, restringidos estos a los estudiosos.

¿Qué fue de todo aquello?
Según una versión, ardió cuando Julio César luchó contra Ptolomeo XIII en el 48 a. C. César ordenó incendiar la flota real, pero el fuego se extendió por la ciudad y redujo a cenizas la Biblioteca.
Otra versión culpaba a los cristianos, que supuestamente arrasaron la Biblioteca principal en el 272 d. C. y el Serapeo en el 391, cuando decidieron librar a la ciudad de influencias paganas.
Una tercera explicación atribuía a los árabes la destrucción de la Biblioteca después de conquistar Alejandría en el 642. Cuando se le preguntó al califa Omar qué hacer con los libros del tesoro imperial, se dice que contestó: “Si los libros están de acuerdo con el Libro de Alá son innecesarios; si contradicen las enseñanzas del Profeta son perversos. Destruidlos”. De manera que, durante seis meses, los rollos podrían haber alimentado las calderas de los baños públicos de Alejandría.
Realmente nadie sabe cuándo desapareció la Biblioteca de Alejandría. No cabe duda de que, cuando Egipto se enfrentó a un creciente descontento y a agresiones extranjeras, la Biblioteca fue víctima de la violencia popular y la ocupación militar, y dejó de disfrutar de privilegios especiales.
La leyenda insinúa que un grupo de entusiastas había logrado sacar rollo tras rollo, copiando unos y sustrayendo otros, para conservar esos conocimientos.

miércoles, abril 02, 2008

"La última legión"

La leyenda comenzó bajo estas oscuras colinas y bajo este mismo cielo. Nos cuenta la historia de una espada de enorme poder, forjada para el conquistador Julio César. La espada pasó de generación en generación hasta llegar al último descendiente del noble linaje de César: el emperador Tiberio”. A su muerte, fue ocultada para evitar que cayera en manos de sus enemigos; durante generaciones estuvo escondida en un lugar secreto, marcado por el símbolo de la estrella de cinco puntas y, como decía la leyenda, bajo la mirada del César.
Yo, Ambrosino, nacido en Britania, fui uno de los guerreros que la buscaron. En una época de injusticias, dediqué mi vida a la búsqueda de la espada y de aquél que fuera digno de empuñarla. Viajé lejos, crucé el continente europeo y llegué al corazón del Imperio que gobernaba la mitad del mundo conocido. Sin embargo, una Roma amenazada llamaba a sus mejores y más valientes soldados para que regresaran a defender sus fronteras”.

Roma, 460 d. C.
El último César del Imperio Romano está a punto de ser nombrado emperador, en una Roma decadente y amenazada por diferentes pueblos, con el Imperio dividido entre Oriente y Occidente y un Senado susceptible de traicionar a su emperador a cambio de conservar la vida.
Rómulo Augústulo (Thomas Sangster) es tan solo un niño cuando es nombrado emperador. Por sus venas corre la sangre de los césares, de la noble estirpe del Dragón. Su padre y tutor, Orestes (Iain Glen), le educa como un adulto que debe ser consecuente con las responsabilidades que conlleva su cargo. Rómulo solo quiere ser un niño normal. Sus mejores momentos se los ofrece su preceptor, Ambrosino (Ben Kingsley), que le cuida y enseña las más variopintas historias.
Pero Orestes ha roto su pacto con los godos y éstos invaden Roma. Su caudillo Odoacro (Peter Mulan) solo quiere al niño, al que dejan huérfano, y hacerse con el poder. El Senado romano pacta con él, traicionando así al emperador.
Un comandante, Aurelio Antonio (Colin Firth), ha jurado proteger al niño con su vida. Con Roma en manos de los godos, Aurelio se informa de que el emperador ha sido enviado a la isla de Capri, junto a Ambrosino y un sanguinario guardián godo, Wurfila (Kevin McKidd).
Acompañado por sus más fieles soldados y por un guerrero de Oriente que resulta ser una mujer de nombre Mira (Aishwarya Rai), viajan hasta Capri, donde consiguen rescatar al niño y a Ambrosino. Allí mismo, Rómulo ha encontrado la espada escondida durante tanto tiempo. Como Roma es peligrosa para el César, deciden llevarle al Imperio de Oriente, pero el comandante descubre que han sido traicionados. Solo les queda un lugar donde protegerse: Britania.
En la provincia romana de Britania todavía sigue luchando contra los pueblos germánicos la Novena Legión. Britania está dominada por un cruel tirano que lleva oculto su rostro por una máscara, Vortgyn (Harry van Gorkum). La última legión fiel al emperador ha colgado sus uniformes para vivir de una manera pacífica, adoptando los ritos y tradiciones celtas. Cuando el comandante Aurelio descubre esta situación, oculta la identidad del niño. Hasta allí les han perseguido Wurfila y un numeroso grupo de guerreros godos, que piden ayuda a Vortgyn. Todos buscan la espada de poder y desean la muerte de Rómulo.
En el muro de Adriano se produce la terrible batalla que dará la victoria a los romanos. Después de esto, todos quieren vivir en paz.
Unos años después, Rómulo cambiaría su nombre por el de Pendragón (padre de Arturo) y la espada se convertiría en Excalibur. Ambrosino no sería otro que el mago Merlín.

El final sobra. Esos cambios tan bruscos en la Historia están de más. Es cierto que por años podría coincidir, ya que el rey Arturo unió a las diferentes tribus celtas para luchar contra los sajones y otros pueblos en el siglo V d. C. Este es uno de los mitos que se han recargado de una fantasía inmensa y, por eso mismo, debería hablarse con él con un poco más de tiento. Es cierto que la leyenda, porque tan solo es una leyenda, a veces habla de que Arturo pudo ser un comandante romano de nombre parecido, nada que ver con el guión de la película. Yo prefiero creer que sus raíces siempre fueron celtas y no romanas.
Lo que está claro es que Excalibur no era una espada romana ni perteneció a Julio César, sino que fue un símbolo mágico celta, en caso de que algo así existiera, pues hablamos del mito y como tal hay que tomarlo.
Lo cierto es que el final de la vida de Rómulo es desconocido e incierto. Se supone que Odoacro le perdonó la vida debido a su corta edad y después le exilió a un castillo de la Campania italiana. Lo más probable es que el niño jamás pisara tierras britanas.
Hay demasiadas cosas que se contradicen, y una cosa clara: la película se basa en un libro de Valerio Massimo Manfredi, gran historiador donde los haya, aunque en su contra debo decir que rodea a los protagonistas de un halo de fantasía que lo convierte en algo poco creíble.

Una profecía es un acto de fe, y nosotros somos los guardianes de la fe”.

martes, abril 01, 2008

Kasteel Kronborg

El castillo de Kronborg es un monumento del Renacimiento construido en el siglo XVI en Elsinor, Dinamarca. En época medieval había en el lugar del actual castillo una fortaleza perteneciente al monarca Erik III. Esta construcción fue adquirida y reconstruida por el rey de Dinamarca y Noruega, Frederik II, en 1585.

Este castillo es considerado la fortaleza más importante de Dinamarca y ejemplo destacado del estilo renacentista nórdico. Es uno de los reclamos turísticos más importantes de Escandinavia, sin duda alguna al ser inmortalizado por Shakespeare en Hamlet.

Te daré la tierra

"-Dame una tierra, amor mío, en la que cualquier hombre pueda vivir libre, practicando su religión, y en la que no haya ni amos ni siervos. Una tierra en la que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley y donde nadie pueda esclavizar a nadie, para que en ella puedan crecer libres y felices los hijos que el Dios que rige nuestros destinos quiera enviarnos.
-No lo dudes, amada mía. Te daré esa tierra
."


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La Edad Media es una época claramente seductora. A veces, una novela histórica nos ayuda a comprender mejor la mentalidad de la época que toca en sus páginas.
Considero que Barcelona, en los inicios de la Baja Edad Media, ya iba varios pasos por delante que los reinos vecinos.
En esta historia se enmarcan además varias historias de amor, una de ellas digna de mención por ceñirse a la realidad histórica, que no es otra que la del entonces conde de Barcelona, Ramón Berenguer el Viejo, y doña Almodis de la Marca.

Barcelona, mitad del siglo XI
Un joven y apuesto campesino de nombre Martí Barbany, procedente de una aldea donde ha dejado a su madre con varios criados, llega a Barcelona en la primavera del año 1052.
El joven solo cuenta con una acreditación para ver a un clérigo y un anillo que recibió tras la muerte de su padre, un soldado al que apenas conocía y al que guarda un inmenso rencor por haberles abandonado a él y a su madre a su suerte.
Eudald Llobet, antiguo compañero de armas del padre de Martí, le acoge en el Palacio Episcopal y le hace ver que sus tempestuosas ideas sobre su progenitor son erradas. Poco después le acompaña a casa de uno de los cambistas judíos más importantes de Barcelona, Baruj Benvenist, que le entrega una considerable fortuna que en vida ahorró su padre.
Martí tiene decidido convertirse en un ciudadano de Barcelona, honor que solo se conseguía con mucho esfuerzo, trabajo, dedicación y tesón. Toma a Eudald, una eminencia en el clero catalán, y al judío como consejeros que le ayudarán a tomar importantes decisiones.
Con la herencia recibida, compra casa y esclavos. Y allí, en el mercado de esclavos, ve por primera vez a la joven de ojos grises que será la dueña de su corazón en los siguientes años, Laia Betancourt.

Ramón Berenguer I tenía que lidiar muchas veces con su abuela, regente del condado en dos ocasiones, para seguir manteniendo el mando. Era un conde joven y luchador al que el pueblo quería, sus dos matrimonios habían sido concertados con doña Ermesenda de Carcasona, que todavía contaba con gran poder a pesar de la vejez. Del primer matrimonio, Ramón tuvo un hijo impulsivo y poco dado para las dotes de mando. En uno de sus muchos viajes, el conde fue a parar al castillo de Ponce de Tolosa, casado con una magnífica mujer. Almodis de la Marca y Ramón Berenguer se enamoraron y el conde de Barcelona raptó a la esposa de Ponce y se la llevó a Barcelona, después de repudiar a su segunda mujer. Doña Ermesenda viajó a Roma, donde consiguió que el Papa excomulgara a la pareja condal y, por tanto, Almodis vivía como una concubina. En esta situación, tomó a Eudald Llobet como confesor.

Laia Betancourt había tenido muchos admiradores pero su tutor, el consejero de finanzas de Barcelona, Bernat Montcusí, había despedido con cajas destempladas a todos los que habían pedido la mano de la joven. Laia era la hijastra de Bernat y la niña de sus ojos, a la que un hombre avaro como él le daba todo. Pero una única cosa movía su afán por despertar el interés de la muchacha: se había enamorado de ella.
Martí había investigado el comercio por mar y decidió embarcar en un periplo larguísimo con el fin de encontrar productos exóticos que escaseaban en Barcelona. Antes de su largo viaje, Martí había pedido la mano de Laia y su padre le puso como condición ser ciudadano de Barcelona.
Mientras Martí pasa dos años conociendo importantes puertos marítimos del Mediterráneo, llegando hasta tierras árabes donde descubre el "fuego griego", una especie de aceite negro que servía de combustible, Laia es vejada por su padrastro en infinidad de ocasiones, hasta que finalmente se queda embarazada. Indefensa y repudiada, el consejero la lleva a una masía lejos de Barcelona para que el embarazo no se convierta en escándalo. Bernat sabe que Martí Barbany está a punto de volver y quiere darle la mano de una Laia deshonrada.
Con mentiras y trampas, Martí cree todo lo que le dice el consejero, pero no así el confesor, Eudald Llobet. Una cuantiosa fortuna de las arcas de Barbany pasan por las manos de Montcusí en calidad de impuestos y Martí sabe que le está enriqueciendo sin que el consejero mueva un dedo.
Martí provee a la ciudad de Barcelona de iluminado público gracias al petróleo que sus barcos traen de lejanos países. Es un hombre rico y está enamorado. El día que se concierta la cita en casa de Bernat, Laia, enajenada por creer que no merece a Martí, se suicida.
Martí no consigue superar el trauma de perder a su gran amor y sus visitas a casa de Benvenist son cada vez más frecuentes. Ruth, la hija pequeña, sale a su encuentro siempre que puede. Ya no es una niña, y lo que Martí no sabe es que la bella judía está enamorada de él.
Los acontecimientos se suceden rápidamente. Martí recibe una misiva de una mujer que sirvió en casa de Montcusí y que le confiesa todas las iniquidades del consejero. Barbany rompe todos sus tratos con él y se declaran enemigos. La condesa le nombra ciudadano de Barcelona y Ruth es acogida en su casa. Mientras Baruj Benvenist es acusado y ahorcado injustamente por la falsificación de moneda del conde, Martí empieza a prepararse para enfrentarse a su temible enemigo, que cada día está más cerca del conde. Pero todo estalla cuando sus propiedades de Empúries arden por un incendio provocado y muere su madre. Al ser Martí un ciudadano de menor rango no puede enfrentarse públicamente con el consejero y, gracias a la ayuda de Eudald, concierta una entrevista con la condesa. Hay una vía, pero es harto difícil porque Montcusí es un hábil orador: la litis honoris, un careo entre dos ciudadanos donde éstos se juegan su honor. Martí acepta, sabe que va a ser difícil, pero debe intentarlo. Y gana. A veces la justicia vence sobre las batallas más difíciles.