lunes, julio 17, 2006

Viajar...


Ayer por la mañana me levanté con ganas de pirarme, de desconectar de todo, de cambiar de aires y de gente... en definitiva, me levanté con ganas de viajar.
No conozco Italia pero hace muchos años que deseo visitar la ciudad desde la cual se creó un vasto imperio, la ciudad desde la que se creó una lengua universal de la que todavía se conservan restos, la ciudad donde el esplendor del arte floreció durante tantos siglos, la ciudad que tiene una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, el centro de la religión cristiana. En Roma se consuman todas las artes. Me gustaría conocer Italia al completo, pero como es imposible esta vez, me dedicaré a la capital. Reviviré otras épocas como si todavía existieran. Cargaré mi mochila de recuerdos y de fotos, pero sobre todo hablaré con sus gentes, comeré de sus comidas y me sumergiré en el centro del bullicio italiano observando las siete colinas que rodean la ciudad.
Ayer era una idea. Hoy es un hecho. Mañana tendré los billetes en la mano. Y volaré. Volaré demasiado lejos para que nadie pueda alcanzarme.
Lástima que este viaje se haya visto impulsado por algo que no puedo soportar. Lo que me pregunto a veces es cómo soporto el día a día. Prefiero marcharme unos días, mantener mi cabeza demasiado ocupada en otra cultura como para pensar en nada más, en lo que podrá estar pasando en otro lugar en esos momentos. Sé que no podré evitar al 100% estos pensamientos pero al menos lo habré intentado.
Sí, Roma me llama, me da igual el calor insoportable y la masa de gente en cada rincón. Necesito ir. El cuerpo me lo pide, la mente también. ¿Para qué voy a pararme a pensar en los pros y los contras? La idea se materializa en mi cabeza demasiado rápido. Sin saber qué tipo de oferta hay ni los días ya tengo un pie en suelo italiano.

Metallica: Nothin´ else matters

La mansión de los dioses

Vangelis: Rachel´s Song
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Odín o Wotan, creador del Universo, padre de los dioses y de los hombres, cuyo brillante ojo era el sol, cuando no cabalgaba sobre las nubes a través del espacio residía en el Walhalla (cielo empíreo). Y allí, aposentado en un elevado trono, venía todo lo que hacían los dioses y los hombres.
De Odín nació Thor, dios del rayo y del trueno, que no se producían más que cuando, con una fuerza superior a la del resto de los dioses, daba terribles golpes con su enorme martillo.
Todo lo que Odín tenía de amable, inteligente y bueno, tan espiritual que no necesitaba comer y sólo se alimentaba de vino, lo tenía Thor de brutal, hosco, torpe y gran comedor y bebedor, del que siempre se estaba burlando el dios Loki.
El Walhalla era un recinto cercado, como una fortaleza inexpugnable. Walgrind, la cerca de los muertos, tenía una artística cerradura que ningún mortal podía abrir y conducía a la mansión del dios Odín. A través de la selva Glasir, con árboles que brillabar por el resplandor del oro, se llegaba a la sala del Padre de todos los Dioses.
El lobo y el águila -los animales de guerra del pueblo escandinavo- adornaban la fachada. En medio de la sala ardía el fuego sagrado, que siempre estaba vigilado para que no se apagara. Durante el día, la sala estaba vacía y abandonada, pero después venían los einherios (guerreros) y luchaban entre sí hasta vencer o morir.
Al llegar la hora de la comida, se retiraban los vencidos y todos iban al Walhalla. Allí tomaba asiento Odín en el trono que tenía dispuesto, y a su lado se colocaban los lobos Geri y Fenris (o Freki). Los einherios se sentaban también y comían la carne del jabalí Saehrimnir, que se mataba y consumía diariamente. Para beber tomaban el embriagador met, que manaba de las inagotables ubres de la cabra Heidrun. Sólo Odín bebía vino, que le servía para saciar su hambre y su sed. Con la carne del jabalí que se le ponía delante cebaba a sus lobos.
Durante la comida, las hermosas walkirias servían a los héroes, escanciaban el met a los einherios y alargaban a Odín el cuerno repleto de vino.
De vez en cuando, el ejército de los espíritus recorría los aires y su ruido era parecido al de una caza salvaje. Por eso en el norte, cuando sopla de noche el huracán, dice la gente del campo que en el cielo están los dioses cazando.

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Además de los dioses estaban los gigantes, que eran los arquitectos de las construcciones colosales de los palacios en donde habitaban los dioses; los enanos, hábiles forjadores de armas divinas, cuyo jefe era Wieland; las walkirias, mensajeras celestes que, en los campos de batalla, se ocupaban de recoger a los muertos y llevarlos al Walhalla.
De categoría inferior a estos seres había un sinfín de espíritus y genios, elfos y trolls, que jugueteaban con los mortales, a veces los ayudaban, otras se burlaban de ellos e incluso alguna vez les perjudicaban.
Odín siempre iba armado con un casco de oro y una brillante coraza. En su mano derecha empuñaba la lanza llamada Guguir, forjada por los enanos y a la que nadie ni nada podía detener.
Sleipnir era el más ágil y el mejor de todos los caballos. Tenía ocho patas y no existía obstáculo que no pudiera franquear. Odín cabalgaba sobre él para salir a sus cacerías salvajes.
El Walhalla era inmenso. Tenía 540 puertas, cada una de las cuales podía permitir la entrada de 800 combatientes en línea de frente. Y en este grandioso y magnífico palacio, los héroes pasaban el tiempo en medio de juegos guerreros y de festines, presididos siempre por Odín.
Para saber todo cuanto ocurría en sus dominios, Odín tenía sobre sus hombros dos cuervos llamados Munín y Hujín, es decir, "la memoria" y "el pensamiento", que le contaban al oído todo lo que habían visto y escuchado, pues cada mañana el dios los enviaba lejos, para que recorrieran los diferentes países e interrogaran a los vivos y a los muertos.
En cierta ocasión, Odín se hirió a sí mismo con su lanza y se colgó del árbol del mundo. Odín llevó a cabo un rito mágico que le debía rejuvenecer. Durante los nueve días y nueve noches que duró el voluntario sacrificio de permanecer suspendido de un árbol, agitado por el viento, el dios esperó que alguien le llevara un poco de comida o un poco de bebida, pero nadie llegó. Observó la existencia de tierras cerca de sus pies y las atrajo hacia sí, se encaramó sobre ellas y se vio librado del sacrificio. Mimir le hizo beber un poco de hidromiel y Odín, después de su resurrección, comenzó a mostrarse sabio en palabras y fecundo en obras útiles.
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Después de crear a Aské, el primer hombre, y a Embla, la primera mujer, Odín compartió el reino celestial junto a su esposa Friga, la Tierra, y con su hijo Thor, que desataba el trueno. Junto a ellos actuaban los ases, gobernadores del mundo, que estaban alojados en suntuosas moradas.
Para comunicar el Cielo con la Tierra, Odín mandó construir un puente multicolor, que fue el Arco Iris. Para que no pudieran entrar en él los malvados gigantes colocó un centinela, Heimdal, el dios del diente de oro, símbolo del día, que "tenía un oído tan sumamente fino que oía crecer la hierba en el cielo y la lana en el lomo de las ovejas, aparte de que su vista era tan extraordinaria que veía todo lo que sucedía a mil leguas a la redonda".
Walhalla Theme
Valkyrie Theme

Cuando sientes que fallas a alguien...


Cuando era pequeña mi padre siempre me decía que era fácil pillarme cuando hacía una travesura. Me sentía inquieta, mirando para todos los lados e incluso me ruborizaba a nada que me hablaban.
Hace unos días desaté mi crueldad con una persona que se cruzó en mi camino y no tenía nada que ver con lo que yo tenía dentro.
Hoy me siento culpable por algo que no he hecho. Con mi pasotismo dejo en evidencia una parte de mí semioculta en las sombras. A veces hacemos cosas inexplicables y cuando nos damos cuenta ya es tarde, o no hacemos nada y ya no hay vuelta de hoja. Hoy he fallado a una persona, alguien que me ayudó en un momento concreto y así es como se lo he agradecido.
No creo ser perversa aunque tampoco tengo esa bondad de la que me tachan a veces. Me siento culpable, pero también algo traicionada. Fue a pillarme y quizás escuchara cosas que no quería oír, o simplemente no escuchó nada. La otra persona jamás leerá esto. Voy a pagarle con la misma moneda. Me saldrá bien o mal. Le aprecio pero me ha dolido su juego, y paradójicamente me siento dolida por no haber salido en su defensa, sino que me he aferrado a un pasotismo irrefrenable.
¿Y ahora qué?
Algo se ha quebrado y es difícil de reparar.

Bueno, no estará de más que le dedique una canción, a pesar de todo el daño: El Canto del Loco: Besos.

domingo, julio 16, 2006

Otra vez ese monstruo llamado Dolor


Aunque lo intente evitar no puedo. Así que mientras se presenten ante mis ojos situaciones demasiado pesarosas para mí he decidido desaparecer, dar la espalda a todo aquello que me produzca tristeza. Prefiero que una palabra no me afecte ni altere este estado de tranquilidad en el que estoy inmersa desde hace unos días. Si tengo que cerrar los ojos para que nada ni nadie me haga daño lo haré.
Hay todavía cosas demasiado insoportables a las que, por más que lo intentara, no podría hacerles frente. No ahora. Quizás en un tiempo sí, pero ahora... ahora prefiero no pensar en nada, y sobre todo no quiero pensar en algo que pudiera desatar mi furia.
No quiero caer en la rabia de hace una semana, ni en la pena de algo que ha cambiado, no quiero caer en esa tristeza absoluta que me nubla la mente... Así que evitaré situaciones dolorosas. Quizás algún día llegue la indiferencia y no me importe tanto.


Frente: Bizarre Love Triangle

Moonlight Shadow


Escuchaba esta madrugada una canción que hacía mucho tiempo dejé de oír. Y me sentí dichosa.
Moonlight Shadow perforaba todos los poros de mi piel y me trasladó a un tiempo pasado bastante lejano. Desconecté de todo...
Y de repente, cuando menos esperas hablar con alguien, aparece. Compartes ese sentimiento de euforia, de relativa calma y de bienestar. De repente una palabra de otra persona te saca una enigmática sonrisa.
Desde ayer he escuchado la misma canción tantas veces que he perdido ya la cuenta.
Al final me dormí a las 6 y la tonadilla revoloteaba en mi cabeza sin parar. Es lo último que recuerdo antes de caer en el estado onírico más puro.

¿Y qué hubiera pasado si...?


Y todavía me pregunto qué hubiera pasado si allá, por los umbrales de febrero, hubiera elegido el otro camino. De nada sirve lamentarse por algo que no hice. Es como si alguien me hubiera dicho: "O lo tomas o lo dejas". Ahora dudo, dudo en si opté por lo correcto. Yo creo que sí, pero siempre me quedará el pensamiento ese, que es horrible: "¿Qué hubiera pasado si hubiera optado por lo contrario a lo que decidí en aquellos momentos?"

No sé si debería escucharla, pero ahí va: Juan Luis Guerra: Burbujas de amor. Espero no llorar :S

Y todo se atenúa...


Hace días que las lágrimas se me secaron. Hace días que vuelvo a sonreír. Hace días que mi aspecto brilla. Hace días que como normal. Hace días que duermo normal. Hace días que miro la luz del sol de nuevo. Pero ya no miran los mismos ojos ni habla la misma boca.
Mi capa exterior se ve bien, pero lo que se ha destruido por dentro es demasiado grande. Aún recupero los últimos trozos para recomponer lo que tenía en el interior. Quizás muchos se hayan perdido, quizás ya no sea la misma persona, quizás haya una parte de mí que se haya perdido para siempre.
Tengo miedo. Tengo miedo de convertirme en una persona frívola y cruel. Cada vez soy capaz de hacer maldades que antes no se me hubieran pasado por la cabeza.
Cuánto tiempo hacía que no escuchaba esta canción. No ha llovido ni nada.

Hay personas admirables... demasiado admirables



Por mi vida han pasado muchas personas dignas de admiración. Quizás estaban en una lucha constante por su vida, o en una lucha por algo que veían inalcanzable, una lucha a nivel social o laboral, o una lucha por conseguir algo perdido hace unos años, como es el caso de un amor.
Cuando conocí a Arturo su historia me impresionó muchísimo, lo suficiente para admirarle por tener el valor y la decisión de cruzar medio mundo en busca del amor de su vida, a quien hacía dos años que no veía y de quien seguía completamente enamorado.
Fue con las manos vacías y volvió con la maleta llena. Volvió cargado de ilusiones, recuperó al amor de su vida y encontró la felicidad.
En enero él no sabía qué pasaría, apareció en un lugar extraño con un solo contacto, el de ella. Él lo arriesgó todo por algo que creía perdido, y sin embargo, luchó, luchó por aquella persona a la que más quería, luchó por recuperar lo que le daba color a su vida, luchó por unos sentimientos que casi le hacían perder la razón. Y ganó.
Arturo ahora es feliz y dichoso al lado de la persona a la que más quiere. Poca gente sería capaz de hacer lo que él hizo. No me extraña que yo le admire tanto.

Mientras escribo escucho José Antonio Delgado: No me mato más por ti.

sábado, julio 15, 2006

Señales


A veces veo señales... De repente hay algo diferente en lo que me rodea y debo interpretarlo como una señal. ¿Un código? ¿una palabra? ¿un número? ¿una canción? ¿algo fuera de lugar?
Si me encuentro una rana azul lo interpretaré como que algo está cambiando en la naturaleza.
Si me encuentro una piedra pintada de colores artificiales pensaré que alguien la ha colocado ahí para que yo la encuentre.
Si veo una vaca volando pensaré que es parte de un sueño o que estoy inmersa en el caos más absoluto.
Hace poco vi una estrella fugaz. Miraba al cielo sin fijarme y de repente la vi. La naturaleza es increíble a veces.
Hoy notaba algo raro en el ambiente.
Y claro que había algo raro. Hoy he vuelto a hablar, después de bastantes meses, con Carlos. Básicamente nos hemos dedicado a insultarnos. Él ahora se sentirá mal. Yo no. Se merece eso y mucho más por todo lo que me hizo. Además he sido yo la que ha empezado llamándole "feo". Al final nos hemos terminado ignorando antes de que todo el despecho saliera fuera. No nos odiamos, sino, aunque parezca todo lo contrario, nos seguimos teniendo cariño. Pobre Carlos, sigue tan idiota como siempre. Lo que me hace pensar que sigue igual o más infeliz que hace medio año.

Prefiero una verdad dolorosa que una mentira piadosa.

Hasta el ANO de ONO

Me hubiera cargado al tío de ONO esta tarde. Bajaba a por el pan a las 5 de la tarde cuando he visto la carta en el buzón. La he leído en el portal. Y veo: 55 €. Y yo pensaba: "¿Habrán subido las tarifas? ¿Me han cobrado el traslado que se suponía gratuito?"
Con mis bermudas y mis chancletas me he cruzado media Salamanca hasta la oficina de ONO. Llevaba la carta. Le he explicado el error. Bueno, me deben 14 € los de ONO en estos momentos. El lunes iré al Banco a ver si lo han ingresado.
Hay que andar con cien ojos. No es la primera vez que me la preparan. Cuando hicimos el contrato me cobraron una tarjeta de red que no habían puesto y también reclamé. Me lo devolvieron, claro.
Lo que me jode es que a nada que haces un cambio en la factura también suele haber un cambio que no va precisamente en favor del cliente. Y si cuela... cuela.
No me fío de ellos. Es la segunda vez que tengo que ir a reclamar con la factura.
El pan lo he comprado a las 6 y a las 7 estaba comiendo.

viernes, julio 14, 2006

Me pidió mil besos, le rechacé dos mil...


Cuando menos te lo esperas... aparece alguien, pero ese alguien no es la persona más adecuada para llevarte al séptimo cielo.
Ayer volví a ser la reina de la noche una vez más. Noté las miradas masculinas cada vez que caminaba, cada vez que bailaba, cada vez que me movía. Me sentía observada y deseada. Me sentía tan segura de mí misma que sabía que podría tener a quien quisiera a mis pies.
Reflotaba alrededor de mí un aura especial, era una especie de halo mágico que había dejado tras de sí la tristeza. Eso me hacía poseedora de una atracción inaudita ante los varones que se cruzaban conmigo.
Llegó él. Sus ojos verdes brillaban a la luz de la luna, pero a mí no me decían nada.
Mi vena cruel salió a la luz, tanto que me siento un poquito mal hoy por haberle tratado pésimamente. Me intentó besar mil veces, mil veces que no lo consiguió.
Anoche fui una arpía de lengua viperina, era consciente del veneno que llevaba dentro. Le pedí que se alejara de mí, que podría hacerle mucho daño, que acababa de ser víctima de un dolor muy inmenso y no quería pagarlo con él. Le dije que él nunca obtendría de mí lo que quería porque no daría más que un 10% de mí -si llegaba- mientras que él tampoco podría regalarme aquello que más ansío.
Anduve descalza por la acera de mi calle y le dije que si me cortaba los pies sería culpa suya y sólo suya.
Me desmoroné. Le susurré al oído que se marchara, que no quería estar con él. Me dio pena. Y ese fue mi punto débil. Me robó un beso. No quiso hacerme caso. Anoche fui la directora de una orquesta de crueldades que salieron a la luz de la noche, sin desearlo siquiera, bajo el ritmo de mi batuta.
Nunca he conocido a nadie con tanta paciencia. Miraba a sus ojos y me hacía sonreír. Decía que no le gustaban, a mí sí.
En tres ocasiones le llamé por un nombre que no era el suyo. No me di cuenta de lo que había dicho hasta que lo dije. Me clavó la mirada. Ahí entendió lo que no había querido comprender horas antes. De mi subconsciente salió todo aquello que había intentado enterrar hace ya unos días. Nunca antes me había pasado.
Me dije a mí misma que ya bastaba. Una persona que no había hecho nada estaba pagando por todos los platos rotos. No se merecía eso. Como su orgullo no salió a la luz y me dio pena que se rebajara tanto por mi maldad abrí la puerta y me despedí: "Vete, no quiero que nos volvamos a ver".
Le alejé de mí para siempre. Sé que no me llamará, ni me escribirá, ni sabré de él. Seguro que pensará en mí unos días, en mis palabras, en todo aquello que le dije, pero sobre todo pensará en mí como una persona cruel. Y olvidará.
Como yo he olvidado.
Me siento culpable, pero no es respecto a él. La vida es demasiado injusta. Debería sentir mi culpabilidad por lo mal que le traté, por todo aquello que le dije, pero no, si me siento culpable es respecto a otra persona, a pesar de todo lo que conlleva, no puedo evitarlo.
Ayer fue una noche más. Con el agua de la ducha ha desaparecido todo. Se han borrado las huellas de sus besos en mi piel y se han eliminado todas las marcas de la crueldad. Me siento bien de nuevo. Anoche morí un poquito más.
Dicen que quien avisa no es traidor. Si una persona te pide que te alejes de ella es mejor hacerla caso sin preguntar.
Cuando menos te lo esperas, sale al exterior todo aquello que estaba profundamente escondido y te das cuenta de que nada se puede enterrar totalmente, al menos no hasta que pase el tiempo.

jueves, julio 13, 2006

La primera vez que pisé un quirófano


Hoy hace un año me levanté de la cama temprano, pensaba que sería un día más, yo me sentía bien... Al salir a la calle bajo ese sol tempranero a las 8 de la mañana para ir a currar les dije a mis compañeros: "Es día 13, ya veréis cómo algo sale mal".
Varias horas después, a las 15.00 de la tarde estaba en una sala de espera en el hospital de Nuestra Señora de Sonsoles de Ávila.
Pasé aquella tarde los peores momentos de mi vida, me imaginé todo lo peor. Todavía en el centro de la ciudad, una hora antes, cuando me dirigía a comer, pasé junto a la puerta de un Centro de Salud. Llevaba unos días con demasiado pavor en el cuerpo. Sólo Sandra sabía lo acojonada que estaba y el día anterior había prometido acompañarme a Urgencias después del curro. Pero no pude esperar, estaba demasiado aterrorizada.
Un bulto extraño en cualquier parte del cuerpo es algo que acojona demasiado para hacer la vista gorda. Mediante bultos comienza a manifestarse el cáncer. Tenía miedo, sí. Pensaba lo peor.
En el Centro de Salud, dos médicos me produjeron un miedo todavía más atroz. No tuve que esperar. Debo decir que cuando se trata de bultos te cogen con preferencia, que es lo que a mí me pasó. La doctora miraba al médico con una mirada de alerta. Al verlos intercambiar esas miradas me asusté aún más. Mi ombliguito me escocía cada vez que alguien me lo tocaba. Me hicieron un volante para que me viera un especialista. Y no me decían nada. Me levanté, puse las manos en los bordes de la mesa y le increpé a la doctora, mirándole fijamente a los ojos: "Doctora, sea sincera y dígame lo que tengo". Ella volvió mirar al médico a mis espaldas y de repente me clavó los ojos: "Creemos que es una hernia umbilical, pero no estamos seguros".
Una hora después, estaba a las afueras de Ávila, en una sala de espera llena de gente donde me llamaron nada más llegar. Nunca antes había pasado por tantos tests de analítica juntos.
Me mandaron tumbarme en una camilla para hacerme un análisis de sangre y me dejaron allí un rato para que al levantarme no me mareara. Me dieron un tarro de plástico y me dijeron que tenía que orinar. No tenía ganas así que les dije que si podía beber agua, pero no me dejaron. Al final terminé llenando el tarrito. Después llegó una doctora, con acento de Sudamérica. Casi me la cargo. Para ser la persona encargada de preguntarte sobre todos los aspectos de tu vida era demasiado borde, aunque yo me puse más arisca con ella. Me dieron ganas de estrangularla. Aparte de que estaba escarbando en mis intimidades la muy puta aún quería saber más.
"¿Fumas?" "¿Bebes?" "¿Has estado ingresada antes en un hospital?" "¿Parientes próximos con enfermedades?" "¿La última vez que tuviste la regla?" "¿Estás embarazada?"
Con esta última pregunta me entró la risa. Le dije con tono muy serio que no. Ella siguió con su formulario. Y la zorra me volvió a preguntar: "¿Estás embarazada?"
Yo pensaba que debía ser estúpida. Y le dije en tono serio: "Joder, ya le he dicho antes que no". Con ese "joder" se exaltó y me dijo que estábamos en un hospital y que cuidara un poquito mi vocabulario. Bien, pues le repliqué diciéndole que no formulara preguntas dos veces, que con una vez ya valía. Después contestaba con monosílabos y le hice sacarme las respuestas como si fuera un abrecorchos. Al final se le pasó el mal humor, pero volvió al tema de mi supuesto embarazo, según ella: "Bueno, los tests del embarazo te los van a hacer de todas formas, a pesar de que estés tan segura. Es una norma del hospital". No sé qué vería en mí para pensar que podía tener un bebé en mis entrañas. No estaba gorda y mi tripa estaba plana como una tabla. Lo único que mis pechos son muy firmes e incluso algo grandes, yo los considero normales, aun así no son los pechos de una mujer embarazada.
Esa doctora debía tener mal día y lo pagó conmigo.
Volví a la sala de espera. Así saqué una libreta y me puse a dibujar a toda la gente que me rodeaba. De repente vi a un hombre maduro que me miraba y luego clavaba la vista en lo que estaba haciendo. Me había pillado y cuando le miré fruncí el entrecejo. Él me miró cómplice y esbozó una sonrisa. Y entonces yo también sonreí.
Un rato después entró en la sala un joven guapísimo. Miró a su alrededor y no le debió gustar la gente... excepto yo, porque se sentó a mi lado sin pensárselo dos veces. Miré sus piernas bronceadas, leí por encima su libro (El código da Vinci), levantó los ojos y cruzamos miradas. Era guapísimo, con la mirada azul, el pelo claro, castaño claro, moreno de piel. Muy alto y delgado, vamos el típico macizorro. De repente vi revolotear por allí a una joven entrada en carnes, que parecía una gitana cutre, con un chándar del Carrefour por lo menos. Intentó llamar la atención del tío, pero éste pasaba, estaba demasiado inmerso en la lectura, además no creo que un tío así se fijara en una chica como esa. Yo también me moría de ganas de hablar con él, y sé lo molesto que resulta que te interrumpan la lectura, pero más me molestaba que si hablaba con él todo el mundo de la sala de espera, donde reinaba un silencio sepulcral, estaría atento a lo que nos decíamos. Así que le observé pensando qué le podía haber llevado a aquel lugar. No veía nada raro en él, aunque a mí tampoco se me veía nada extraño.
Toda la gente de la sala de espera éramos enfermos. Sólo los pacientes podían entrar allí. Los acompañantes debían quedarse fuera.
Yo echaba de menos un libro. Últimamente no sacaba conmigo un libro y esos ratos de espera se hicieron demasiado eternos. Así que seguí observando a la gente y de vez en cuando dibujaba. También el joven de El código da Vinci levantó una vez la vista para posar sus ojos en mi libreta. Y me miró y me sonrió.
Volvieron a llamarme. Me metieron por los rincones más escondidos del hospital. Un celador vestido de verde, que no paraba de hablar, me llevó a la sala de las radiografías. Me tuve que desnudar delante de una enfermera y allí me tumbé muy quieta en otra camilla. Mientras esperaba a que salieran las "fotos" de mi ombligo impresas y mientras esperaba el regreso del celador, observé el ordenador con las radiografías que tenían mi nombre. Me quedé observando y vi una mancha blanca en un lateral. Era algo extraño. Yo lo sabía. Le pregunté a la enfermera si sabía interpretar las radiografías y me dijo que no. Le dije que yo había ido por mi ombligo y éste estaba en medio, que no entendía qué era aquello que tenía a varios centímetros del centro del vientre.
El celador volvió a llevarme a la sala de espera. Me moría por fumar un cigarro. Así que me fui a la puerta y entablé una conversación con el guarda jurado, diciéndole que me avisara si me llamaban por megafonía. Él me preguntó el nombre y me dijo que así lo haría, pero que no me alejara mucho. Volví a entrar sin que necesitara llamarme. Cuando volví a pasar volví a intercambiar varias frases con él. Era muy majete y me imagino que debía estar aburriéndose mucho.
Me llegó un sms de Sandra, diciéndome que estaba en la puerta de Urgencias. Tenía el móvil en silencio pero el vibrador funcionaba. Volví a salir y volví a hablar con el guarda. Cuando llegó Sandra me desmoroné. Le dije que tenía un cáncer, pero no en el ombligo, sino en un lateral, que había una cosa rara ahí. Una hora duró nuestra conversación. El guarda me llamó para decirme que era su cambio de turno y que ya no podría avisarme. Así que entré y le dije a Sandra cuál era la ventana de la sala de espera para seguir hablando, yo dentro y ella fuera. Y susurrándole: "Mira el tío que está leyendo, ¿a que está bueno?" Y nos quedamos las dos mirándole. Él lo notó, levantó la mirada y se rió. Es posible que estuviera acostumbrado a que le miraran, era un Adonis. Le pregunté, mirando el libro, si quería saber el final y me contestó que mejor que no se lo dijera. Decidí no destriparle el libro. La medio gitana del chándar del Carrefour me miró con rabia y quizás con envidia.
Sandra terminó marchándose. Y yo a esperar los resultados de todas las pruebas. Desde que estaba allí sólo había mantenido el contacto con un familiar, con mi hermano R. Era consciente de que mis padres se iban a Galicia al día siguiente y, si no me ingresaban, era mejor no molestarles porque se preocuparían. Mi hermano R. me llamaba a cada poco a ver si sabía algo nuevo. Me acuerdo de sus palabras en el momento en que le expliqué dónde estaba y por qué: "Un bulto es una cosa muy seria, que no tiene por qué ser lo peor, pero hasta que no te digan lo que tienes..."
Pasó bastante tiempo hasta que el doctor P. habló conmigo. La energía y simpatía que exteriorizaba era impresionante. Su voz potente y tranquilizadora, cargada de sabiduría, era un bálsamo para mí. El doctor P. era adorable. "A la camilla"-me dijo. Cuando me tocaba mi ombliguito yo le miraba con cara de cordero degollado pues me dolía muchísimo. Intentó meterme el bulto hacia dentro pero no lo consiguió. Se fijó en mi tatuaje y me preguntó si era un pegaso o un unicornio. "Tienes una hernia umbilical que corre el peligro de ser encarcelada. Te urge que te operes. Debes elegir: te opero yo esta noche o te mando urgentemente a tu tierra para ingresar allí esta misma noche". La mancha que se veía en un lateral, me explicó, eran principios calcificados que podían derivar en un futuro en piedras en el riñón, y que debería beber mucha agua.
Pensé en el San Millán, siempre recargado de gente, donde meten camas en los sitios más inimaginables, pensé en el horror de ese hospital mientras reparaban el San Pedro. Después vi la tranquilidad del hospital donde en esos momentos me encontraba. Le pregunté si podía llamar por teléfono. Debía informar a mis padres. Él, muy paciente, me dijo que volvería dentro de un rato, esperando mi respuesta. Llamé a R. Le expliqué lo que tenía y que como él tiene un carácter más tranquilo que llamara a mis padres por mí, cuando horas antes le había prohibido hacerlo. Enseguida estaba hablando con mis padres que me preguntaron qué iba a hacer. Les expliqué que el médico me había parecido encantador y que aquello era muy tranquilo, que antes de viajar así me quedaría en Ávila y dejaría mi cuerpo en las manos del doctor P. Mi padre me dijo que a las 8 de la mañana estarían en Ávila. Llamé a mi jefe, explicándole la situación. Me dijo que lo importante era que me recuperara y que no me preocupara por el trabajo.
Esperé al doctor. Le expliqué que me quedaría y que mis padres llegarían a primera hora de la mañana. Ante mis dudas anteriores él me dijo: "Ya no te dejo cambiar de opinión, ya no te dejo que te vayas, ¿estás segura, no? Te operaría esta misma noche pero si tus padres llegan mañana temprano les esperaré y hablaré con ellos antes de que vayas al quirófano".
El doctor P. era perfecto. Inspiraba confianza. Sus palabras estaban llenas de cariño, estuvo muy pendiente de mí mientras que estuve allí, se explicaba sin tecnicismos lo que hacía que la comprensión fuera muy fácil.
Una enfermera entró a darme un Nolotil, por lo que me entró sopor. Me dio una bolsa y un camisón y me dijo que metiera en la bolsa mi ropa.
Salí en una silla de ruedas y con ese camisón horrible al pasillo. Y allí apareció el guapo joven de antes. Él iba con su ropa. Me dijo: "Vaya, parece que te ingresan". Y yo: "Sí, eso parece, pero a ti no ¿eh?" Me explicó que ya se iba a casa y me deseó que me recuperara pronto. Su dulce sonrisa es lo último que vi de él. Nunca nos dijimos el mal que nos aquejaba para estar allí, simplemente cruzamos varias frases de ánimo.
Mientras hablaba con la enfermera en la sala, y después de haber insistido en que si no podía darme un pijama que el camisón era horrible, llamaron a la puerta. Una cara conocida y la emoción enseguida se apoderó de mi cuerpo. Aurora y Antonio son un matrimonio de cerca de Ávila que al día siguiente iban a ir a Galicia con mis padres. No pude evitar las lágrimas, demasiado tiempo sola, aguantándome todo. Ver una cara conocida me alegró. Aurora se quedaría toda la noche conmigo, Antonio conseguiría hacerme reír.
El sueño hizo mella en mí. Sólo quería dormir y tendría que esperar al cambio de turno del personal de la habitación para que pudieran subirme a planta. Me sentía estúpida sentada con ese inmenso camisón en una silla de ruedas.
Cuando llegué a la cama dormí. Pero mi sueño fue perturbado a las 3 de la madrugada por el doctor P. Me había dicho que tenía una operación y que después subiría a verme, no imaginaba que lo hiciera tan tarde. Volvió a apretarme el bulto hacia dentro y el dolor me despertó. Poco rato después volvía a dormir como un bebé.
A las 7 de la mañana volvió, y a las 8. Preguntaba por mis padres. Poco después se los llevó aparte para hablar con ellos.
Me pusieron la anestesia en la habitación pero ni me enteré, cuando llegué al quirófano estaba sedada ya, aunque todavía lúcida. Me dieron calmantes y a mi padre le tocó limpiarme con acetona la pintura de las uñas de los pies. También me hicieron firmar un documento donde admitía estar de acuerdo en lo que me iban a hacer. Me pusieron un gorro de ducha para proteger mi pelo y enseguida me vi arrastrada entre la gente que miraba en los pasillos. Antonio y mi padre me saludaban de lejos, me dijeron que no era nada... Junto al quirófano me notaba nerviosa. Sabía que tras esas puertas no sería consciente de nada. Y llegó el doctor P. Me miró y me dijo que no me tocaría el tatuaje de la tripa. Iba de verde. Le dije, casi ininteligiblemente, algo que recuerdo a la perfección: "No importa que lo toque, haga lo que tenga que hacer". Mientras empujaban la camilla hacia la sala el doctor P. no se separó de mi camilla, me sonreía, me decía que estuviese tranquila, que antes de lo que pensaba estaría fuera.
Me pusieron unos aparatos, ahora no recuerdo el nombre, en el pecho, son para regular el ritmo cardíaco, creo. Me pusieron una pinza en el dedo meñique de la mano derecha. Y lo último que recuerdo es que me cambiaron de camilla, había mucha gente y me colocaron un rodete bajo la cabeza. Ahí caí en un sueño profundo.
Unas horas más tarde (lo imagino pues no soy consciente del tiempo que pasó) oí voces "Despierta, Ana, despierta" y lentamente abrí los ojos. El doctor P. me decía, luciendo su mejor sonrisa, que todo había acabado. No podía hablar. Tenía algo en la garganta y una mascarilla.
Estuve en observación cerca de una hora. Pero estaba despierta. Muchos de los que estaban allí no corrían la misma suerte. Observé aquella sala, estaba casi a oscuras. En medio había un habitáculo de cristal donde varias enfermeras hablaban. Alrededor, en forma radial, estábamos los pacientes recién operados.
Vino una enfermera a preguntarme cómo estaba. Casualmente no era una enfermera cualquiera. Es decir, no estaba por casualidad allí. Es la hermana de Aurora. Me quitó la mascarilla para que dijera algo, pero la garganta me raspaba y no podía hablar. Me dijo que no lo intentara.
Después de eso me llevaron a la habitación y me dediqué a ver el gotero a mi vera. Apenas podía moverme. El doctor P. dijo que me veía muy bien. Me obligó a beber agua a ver cómo lo asimilaba mi cuerpo y dijo a las enfermeras que me quitaran el suero y me dieran zumos y un descafeinado por la noche si tenía ganas, pero nada sólido. Así me aficioné al zumo de manzana, que antes no probaba. Y allí fue un manjar. También pude levantarme y sentarme, no me dijeron que andara pero... El caso es que tenía ganas de ir al baño, necesitaba vaciar mi vejiga. Mi madre me puso una cuña pero era demasiado fría. No pude. Le dije que me ayudara a levantarme, que me cogiera de la espalda para no hacer daño a la tripa, le dije que me colgara el bote de limpieza de sangre junto al gotero y que caminara junto a mí hasta el baño.
Cuando vino el doctor P. y se enteró de que me había levantado me dijo que no estaría muchos días más allí, que al día siguiente comería ya, cómo me acuerdo de aquella "dieta semi-blanda". Esa mañana habían dado el alta a mi compañera de habitación así que mientras yo degustaba mis zumitos, vi cómo mis padres y el matrimonio que tan bien me trató se montaban un pequeño picnic en la habitación: pan, jamón de pata negra y otras delicias de embutidos, queso, fruta y vino. Yo les miraba con envidia. Por la tarde, Aurora, mi madre y yo jugábamos a las cartas cuando llamaron a la puerta. Era el párroco del hospital. Iba todo de negro. Me preguntó qué tal me encontraba. Le dije si quería echar una partida al tute pero denegó la invitación.
Al día siguiente comí puré, tortilla y yogur. Por la noche, empanadillas. El doctor P. vino a despedirse. Me había operado el día 14 de julio, pero el 15 ya estaba de vacaciones. Vino vestido de calle, pero explicó que venía a echar un vistazo a los pacientes que había operado antes de marcharse de veraneo. Me dijo que al día siguiente había mandado que me dieran el alta, me preguntó si la comida me había sentado bien y se despidió de mí, muy a mi pesar.
Estuve dando tumbos por el hospital. Me paseé los pasillos. Y un día llegué a una puerta que se cerró a mis espaldas. Bajé las escaleras y llegué al hall de entrada. Enseguida cogí el ascensor hasta la 6ª planta y no volví a alejarme.
Llegué al pasillo de enfrente. Todas las habitaciones tenían jarrones de flores en la entrada. Acababa de traspasar el umbral de Maternidad. Vi recién nacidos. Y volví a ese pasillo, donde la felicidad era evidente.
Un día encontré un recoveco con una ventana y me fumé un cigarro, acompañada por mi madre, claro. Después empecé a ir yo sola. La última noche les dije a mis padres que podían dejarme sola, que ya no necesitaba que me acompañaran, que estaba bien.
Ese sábado llegó una doctora nueva. Ni siquiera me miró la herida y me dijo que no me daría el alta. Cuando llegaron mis padres y se lo conté fueron a buscarla. Ella me miró, me puso otro apósito y me dijo que me daba el alta con la condición de que ese día no viajara.
Y así estuve, viví las fiestas de Ávila sólo una noche. Al día siguiente me tragaría un viaje de varias horas para pasar la convalecencia en mi casa.
Espero no tener que volver a pasar de nuevo por un quirófano, excepto para tener bebés. Pero eso es diferente.

A las 12 de la noche...


A las 00.00 de esta noche seré Cenicienta. Pero en vez de una calabaza y una escoba otra cosa es lo que se transformará.
A las 00.00 mi estado de ánimo dará 180º (ja! no 360º) y me olvidaré de todo. Me olvidaré de la soledad, de la tristeza y de todos los males.
A las 00.00 he quedado para ir a una cervecería, no el Molly Mallone de siempre, céntrica y afamada de la ciudad, una cervecería llena de guiris donde sé que se me irán los ojos.
A las 00.00 quizás todavía piense lúcidamente pero mi intención es convertirme, como si fuera una vampira.
A las 00.00 de la noche quizás vea las cosas de otra manera.
Es necesario vivir con lo bueno y con lo malo. Quizás esta noche consiga olvidar durante un rato toda la pesadilla que me tocó vivir estos últimos días. "Quizás" no, estoy segura. Al menos en ese momento seré una Cenicienta convertida, aunque horas después vuelva a la realidad, sé que durante unas horas sonreiré, vacilaré... incluso ligaré con guiris. Aunque no tenga ganas, causan la suficiente atracción como para no quitarles el ojo de encima durante horas. Ellos buscan lo español y yo soy española :)

Brian Adams: Everything I Do I Do It For You

miércoles, julio 12, 2006

Y llega un momento en que me siento excluida


Cuando notas que ya no estás en el centro de esa historia que era tan importante en tu vida,
cuando sientes una pérdida de algo, de esa emoción como es la complicidad, cuando lees frases en las que te sientes inevitablemente fuera y hace poco tiempo no era así...

Entonces llegan la impotencia, la rabia y las ganas de apagarse para siempre. Tengo ganas de llorar. Supongo que todavía me quedan muchas noches de bajón. Era consciente de que lo malo no había terminado, por mucho que cada mañana al despertar intente lucir una sonrisa, por mucho que intente dejar mi mente en blanco... hay momentos en que mi interior se quiebra inevitablemente. Es algo inevitable. Sé que estos momentos cada vez irán a menos. Sólo ha pasado lo peor, pero no quiere decir que todavía no me queden noches sin dormir, ni tardes intranquilas, ni ganas de seguir.
Sé que un día veré la luz, me sentiré un poco feliz. Pero ahora, por más que lo intente, por más que intente taparlo... la procesión va por dentro. Aunque no diga nada yo sé lo que hay. Y a veces, sólo a veces, y siempre cuando estoy sola, todo sale al exterior, por más que me pese.
Tardará en pasar, lo intentaré por más que me cueste. Y un día podré poner un punto final y no querré mirar atrás.
Lloro, lloro por todo lo que no fue. Lloro también por lo que fue. Lloro por mí y por lo que me rodea. Y lloro porque sé que hay que pasar por estos momentos tan crueles para llegar a valorar la felicidad más absoluta.

Texas: I don´t want a lover.


Rose Kennedy dijo una vez: "Los pájaros cantan tras la tormenta, ¿por qué no va a poder la gente deleitarse con la poca luz que les queda?"

A mí me hubiera gustado vivir...


Recuerdo aquellas clases de Historia Universal donde solía desconectar demasiado a menudo porque la mayoría de las veces no me interesaban. Recuerdo que había un rey español impotente, que Hitler era gay y que Isabel la Católica era una guarra porque se lavaba poco.
Mi objeto de interés entonces era el libro que tenía escondido bajo el pupitre. El profesor soltaba durante 50 minutos su parrafada, de vez en cuando le miraba y su cháchara era demasiado aburrida, alguien me dejaría los apuntes. Menudas clases aburridas las de Historia.
Un día la Historia comenzó a interesarme demasiado para dejarla de lado. Las clases me seguían pareciendo poco interesantes para seguir el hilo, supongo que era culpa de los profesores. Aunque un día, en vez de dedicarme a leer el libro que posaba en mis rodillas, comencé a leerme el libro de Historia, a subrayarlo a lápiz, a dejar notas en los márgenes, a grabarme todas esas imágenes antiguas en la mente... Un día empezó a gustarme la Historia.
Mucho tiempo después un profesor preguntó en qué época de la Historia nos hubiera gustado vivir. En mi mente empezaron a pasar multitud de imágenes. Me vi vestida con las pieles del Neolítico soltando gruñidos ininteligibles; me vi como la esposa de un Senador romano, engalanada con adornos de oro; conseguí ser el aprendiz favorito de Fidias mientras esculpía las figuras del Partenón; fui Cleopatra bañándome en leche de burra mientras comía los higos más exquisitos; fui una princesa medieval encerrada en una alta torre blanca mientras leía unos pergaminos cargados de palabras de amor a la luz de la luna; he sido Picasso en París y Colón en las Indias, he sido una bruja en la hoguera, he pasado por los castigos de la Inquisición tras haber leído las Tesis de Lutero, he huido de la Rusia de los Zares como lo hizo la princesa Anastasia, he sido una mujer dolida -Eva Brown- a la hora de ser obligada a morir en un búnker subterráneo junto al mayor xenófobo de la Historia de Europa, he sido una judía en los campos de concentración nazis, he estado presente entre la multitud que clamaba su libertad el día de la Independencia de Estados Unidos, he sido un escriba de manuscritos en un monasterio del camino de Santiago, he ido a las Cruzadas, he paseado junto al Tormes de la mano de Unamuno, he estado en el Congreso de los Diputados la noche en que Tejero entró tan exaltado, he sido un pirata en el Atlántico, he sido víctima de un milagro después de que Jesús, el Rey de los Judíos, posara sus manos sobre mí...
De toda la Historia Universal... mi época preferida es la Edad Media, con sus castillos, sus príncipes, sus mendigos, sus batallas, sus feudos, sus iglesias y catedrales, el fervor religioso, el arte... y tantas cosas...
Y si tuviera que elegir una época para vivir me quedo con mi propia historia, pues es "mi historia" y como yo misma la estoy viviendo es la única historia que debe interesarme, más que todas esas épocas pasadas. Y después de muchos siglos, "mi historia" también habrá pasado a la Historia.
En pie y desafiante
como yo siempre viví
que tengan claro en sus mentes
que yo jamás me rendí.
(...)
Veo venir una dama
sonriendo hacia mí
si esa dama es la Muerte
¿quién tiene miedo a morir?
Viene cantando una Nana
de mi tierra natal,
me la cantaba mi madre,
nunca la podré olvidar.

Hasta las tetas de la propaganda


Todos los días, al pasar por el buzón, me lo encuentro lleno de propaganda de todo tipo. Los folletos del Mierda Markt, del Retrafour y del Telepicha llenan todos los días los buzones.
Imagino que mis vecinos también deben estar como yo. Entonces me pregunto quién es el idiota que al oír en su telefonillo lo de "publicidad comercial" les abre. Por mi parte termina todo en la basura. Alguno hojeo pero no es de interés para mí. Sólo compro cuando necesito algo así que difícilmente me van a vender la moto cuando si El Árbol me pilla más cerca seguiré yendo al mismo y no cambiaré al Carrefour que está en las afueras.
Como me tienen hasta las narices, he tomado una decisión para encontrarme con el buzón tal y como debe estar. Voy a dejar una nota en mi buzón:
"El buzón es para cartas, no para publicidad. Así que háganme el favor de no llenar este buzón de propaganda que no me interesa y marcha automáticamente a la papelera.
Hace unos días los folletos que dejaron en mi buzón doblaron una carta que tenía dentro un talón. Los talones, como todo el mundo sabe, no se pueden doblar y estuve toda una mañana en el banco porque no me dejaban cobrarlo. Espero que no vuelva a pasar. Y ustedes me ayudarán a ello. Dejen mi buzón libre de mierdas. Entiendo que estén haciendo su trabajo, y es respetable, como yo les respeto a ustedes, espero que ustedes me respeten también a mí. Espero que lo hayan entendido claramente: en este buzón no dejen publicidad. Y tampoco alteren la paz de este piso porque voy a seguir sin abrirles si llaman al timbre".
Aparte de dejar esa nota de atención pondré mi nombre en la ventana, que ya va siendo hora.

Una pregunta que nunca verá la luz


Me encanta la canción que estoy escuchando en estos momentos: Dreams, de The Cramberries. Quizás es una canción que se ubica demasiado bien en un blog cuyo título es "Sueños Prohibidos".

Anoche pensé en algo. La vida sigue, a pesar de todo. Me entró una curiosidad inaudita respecto a algo.
En mi vida he hecho millones de preguntas, unas veces para acumular información sobre un tema, otras veces en el momento de conocer a alguien, y alguna vez por curiosidad, dejando aparte otros momentos en que mi naturaleza preguntona se imponía respecto a otras cosas. La pregunta que se formulaba anoche en mi cabeza era por curiosidad.
Es fácil que la mente asimile cosas de varios momentos. Y es tan fácil que encuentre conexiones que si lo pensamos quizás nunca lo hubiéramos encontrado. Mi mente anoche unió dos historias porque no pensaba en nada más.
Pero por miedo al miedo esa pregunta nunca encontrará una respuesta, esa pregunta no verá la luz. A veces es mejor no saciar nuestra curiosidad por el temor de lo que pueda sentir la otra parte.
La pregunta no es tan grave pero temo escuchar la respuesta. Sé que mi intuición no me falla y creo que mi mente sabe lo que hace y que no andará muy equivocada. Hoy por hoy... prefiero quedarme con la duda.

martes, julio 11, 2006

La losa que pesaba ha desaparecido...


Voy a contar un cuento que oí hace mucho tiempo:
"El jarrón y la rosa amarilla"
Cierto día en un monasterio budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quién sería el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: "Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar".
Entonces colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de ésta colocó un jarrón de porcelana muy raro con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en él y dijo así: "¡Aquí está el problema!"
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
¿Qué representaría? ¿qué hacer? ¿cuál es el enigma?
En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ...¡¡ZAS!!... destruyó todo de un solo golpe. Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: "Usted será el nuevo guardián del castillo".
Esta historia tiene una gran moraleja. No importa cuál sea el problema, ni que sea algo muy bello. Si hay un problema es necesario que sea eliminado, que termine, es preciso ponerle fin. Un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabó. Por más bello que sea o haya sido, si no existiera más sentido para él en nuestra vida, tiene que ser suprimido porque corremos el riesgo de permanecer con él el resto de nuestra vida.
Muchas personas cargan en la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún sentimiento de rencor o de reproche, que aunque en algún momento de nuestra vida nos haya hecho mucho daño, sólo forma parte de un pasado.
Existe un proverbio chino que dice: "Para poder beber vino es necesario primero tirar el té". Limpia tu vida, comienza por los muebles hasta llegar a eso que ya no tiene más sentido y que está ocupando espacio y que muchas veces, lejos de ayudarte, te hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida. El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado y no para ser revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente para construir tu futuro.
Hace unos días sentía un peso interior, era como si estuviera cargando en las espaldas una pesada losa, me sentía una especie de pequeño Sísifo que en vez de empujar la piedra a la montaña la piedra me empujaba a mí.
Una noche toqué fondo. Me di cuenta de que no podía seguir así. Todo en la vida es perecedero. Y lo primero que perece son nuestros "problemas" si conseguimos ponerles fin. Así que tomé una decisión. La decisión fue quitar de en medio todo aquello que me apesadumbraba. Y me quité esa losa de las espaldas. En el momento en que ya no sentía ese peso enorme en torno a mí, en el momento en que me sentí tan ligera como una pluma... me di cuenta de que podía empezar de cero. Vaciando mi cabeza me sentí un poco mejor.
Y a medida que van pasando los días te das cuenta de que lo más importante de tu vida eres tú misma. Y mi amor propio en estos momentos es el que pesa más en la balanza.

...


Este mundo no es más que un viaje pasajero... Si no sufrimos nunca aprenderemos que la vida está para aquellos que rectifican de sus errores, para aquellos que saben mirar hacia arriba y contemplar un cielo sin nubes, despejado, para volver a comenzar una nueva vida, tropezando una y otra vez con la misma piedra, pero sin desistir en el intento de seguir caminando hacia el precioso horizonte que nos espera, abrazándonos con una cálida brisa...

PERSONAS y personas


He heredado de mi padre algo que no me falla casi nunca. Quizás tenga que ver un poco con la intuición. Lo que he heredado de él es la psicología que tengo con la gente. A los cinco minutos de conocer a alguien sé de qué palo va. Pocas veces me he equivocado, ahora no recuerdo más que una.
En el momento en que volé del nido familiar mi olfato con la gente se fue desarrollando. Era un medio de supervivencia en un mundo donde no tenía las alas protectoras de mis padres pendiendo sobre mi cabeza.
A lo largo de todos estos años he conocido a muchas personas, en todos los ámbitos de la vida. Esos cinco primeros minutos suelo estar callada, observando a la gente que me rodea. El que fuera mi jefe el año pasado me interrumpió en el cuarto minuto mientras tomábamos unas cervezas en una terraza, me pilló ensimismada en mi mundo. Cuando mis compañeros, todos varones, se pusieron a hablar de coches, desconecté. No voy a hablar de un tema que no me motiva. C. me preguntó lo que todo el mundo me pregunta: "¿Por qué alemán?". En mi mente mezclé el tema de los coches con el alemán, así que terminé montándome un monólogo sobre los Volkswagen. Cuando hablaba todas las miradas estaban pendientes de mi oratoria. El resumen viene a ser algo como: "¿Sabéis lo que significa Volkswagen? Wagen es coche y Volks es pueblo, pero no pueblo en el sentido de localidad, sino en ese sentido más amplio que nos identifica como pertenecientes a tal o cual lugar. Volkswagen es pues el coche del pueblo".
Aquel día me di cuenta de que les había aportado algo importante. A mí me encanta conversar con gente que me aporta cosas, me gusta que la gente me hable de temas que desconozco... Aprendo con ello. Si lo que me están contando me interesa en demasía me informo después por mi cuenta.
A lo largo de nuestra vida pasan muchísimas personas. Por eso decía el otro día que unos vienen y otros van, es un largo trasiego de gente, unos se quedan para siempre, otros se van antes de que nos demos cuenta... Lo importante es no perder el contacto con aquellos que merecen la pena.
Hace dos años conocí a Joan. Es como -por decirlo de alguna manera- mi cyber hermano. Es de Barcelona aunque nunca hemos tenido la oportunidad de conocernos en persona. Al principio nos llevábamos mal. Coincidimos en un chat y ahora hablamos por teléfono de vez en cuando. Cuando tengo dudas siempre está ahí, nunca me ha fallado. Y sé que si le conociera en persona tendríamos buen rollete, que no necesito observarle 5 minutos para saber que es como me ha demostrado ser.
Joan es informático y con él me metí en un canal lleno de freebsderos, todos varones. Me trataban como una reina. Hace dos días volví para saludarlos. En aquella época me mandaban fotos. Como informáticos frikis que apenas salen de casa, su aspecto resultaba ser bastante terrorífico. Parecían sacados de la casa de los horrores. La verdad es que no hubiera entrado en un canal así nunca. En principio fue para vacilar, luego quise aprender pero no me coscaba de nada. Al final todos piensan que soy la novia de Joan. Sólo él y yo nos reímos de las circunstancias. La situación es tan friki como el frikimundo en el que viven. Pero cuando entro a saludarles siempre me tiran besos. Ahí me siento querida. Y saben que no tengo ni idea de freebsd, en cambio ya me encargo de espantar a las parejas perdidas que se equivocan de canal pensando que ahí se habla de bdsm. Recuerdo aquel día en que le dije a uno que lo mejor que podía hacerle a su novia (amante de estas prácticas e insaciable a tope según él la describiera) era echarle cera hirviendo por la tripa y ponerle sendas pinzas en los pezones, después de haberle vendado bien los ojos. Hubo cachondeo durante un rato hasta que alguien le explicó que ése no era el canal que buscaba.
Joan es perfecto pero es infeliz. Nos contamos secretillos. Al cabo de unos meses de conocerle me contó algo por lo que estaba muy acojonado. Me di cuenta de que eso no se lo contaría a cualquiera y tras esa confidencia vinieron muchas otras, no sólo por su parte, sino también por la mía.
Cuando fui a París le traje un recuerdo. Es la única vez que le he regalado algo. Dentro de dos semanas es su cumpleaños. También le enviaré un detalle. Y le llamaré y hablaremos durante horas. Tiene acento catalán y voz de doblar películas. Pero cómo se ríe de todo. Me llama "bruja". Es una gran PERSONA.
Hace unos meses conocí a alguien. Es una persona admirable, tanto por dentro como por fuera. Me agrada saber que es feliz, aunque él no me crea. Le cogí cariño en poco tiempo. Y merecen la pena los momentos que hemos compartido. No podría ser cruel con él nunca. Es un gran amigo. No voy a seguir porque sé que leerá esto. También es una gran PERSONA.
De mis amigas de toda la vida sólo M. y E. están un poco por encima del resto. Me llevo bien con todas mis amigas de siempre pero es normal que conecte más con unas que con otras.
De mis amigos de siempre sólo me he liado con uno. Se llama Guiller. Me lié con él porque, a pesar de estar para ir al loquero, es una gran PERSONA. Es el hermano de E. Hace mucho tiempo que no nos hemos liado, aunque cualquier día podemos volver a caer. La carne es débil. Cada vez que me ve me dice: "Ana..." y me guiña el ojo o levanta las cejas. Guiller es imitador nato de varios famosos. Le he visto cantar como Enrique Iglesias sujetándose a los barrotes del altar de la iglesia la de "Es una experiencia religiosa". Le he visto presentar a lo Bertín Osborne una réplica de "Lluvia de estrellas" con mucho desparpajo. Supongo que en algo nos parecemos.
Fernando era siempre una luz allí donde pisaba. Cuando hice la ouija y salió su nombre empecé a fijarme en él como hombre. Me escandalizó que ese hippy greñudo con pinta de macarra con unos kilos de más que se divierte tomando ajos alucinógenos pudiera ser el padre de mis hijos. Va a ser que le considero una persona (con minúscula) porque me da para atrás. Ése ha llevado más vaciladas mías que nadie en los últimos años. Y llegó un momento en que dejé de vacilarle. El verano pasado me prestó un jersey que podría ponérmelo de vestido. Y ahí descubrí su mirada, me observaba de lejos, incluso en ciertos momentos, a pesar de su timidez, se me acercaba a hablar. Le dije que no me dirigiera la palabra a no ser que prometiera hacerme un hueco en su cama en San Mateo. Soy una canalla diciendo eso a una persona a quien sé que es fácil ruborizar. Por supuesto, lo que yo le decía iba de cachondeo. Era la mejor manera de que se mantuviera alejado de mí. La siguiente vez que le vi fue en Nochevieja. Coincidimos en un bar cuando estaba amaneciendo. Creo que le doy algo de miedo. El caso es que no me acerco a él. Me llevo bien con su hermana y siempre me paro a hablar con ella. Y él siempre viene a saludar. Es algo que me debe, antes siempre era yo la que saludaba. Me tomé una copa con ellos y con sus amigos, son todos de una aldea perdida adonde no se puede acceder más que pasando por mi pueblo. Está tan perdida que no tiene nada de turística. Son dos pueblos en uno, es decir, comparten Ayuntamiento. Allí íbamos con 16 añitos y nuestra Derbi Variant sin seguro y sin casco, sacada de la entonces Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, allí íbamos a tocar los timbres para arrancar de nuevo las motos y volver a casa. Fernando y su gente nos odiaban por perturbar la paz de su pueblo. Debo decir que los del pueblo de Fernando y los de mi pueblo siempre se han llevado mal e incluso han llegado a las manos. En mi pueblo hay tres veces más jóvenes. A Fernando, muy a mi pesar, también le zumbaron, quizás es el que más recibió pues mis amigos hace unos años no le podían ni ver (será que es algo macarra).
Me he perdido, hablaba de la última Nochevieja. Aquel día lo vi todo claro. Su timidez le paralizaba. Después de un rato de estar con ellos volví con mi gente. Estaba de espaldas y notaba su mirada, me volvía y le pillaba observándome. Así varias veces... Quizás debería haberme acercado para preguntarle si tenía algo raro en el cogote, pero preferí no hacerlo. Tiene los ojos verdes y una nariz de escándalo (dicen que la nariz es proporcional a otra parte del cuerpo masculino) pero su cara está adornada con una desgreñada barba que le tapa los ojos y la na... no, la nariz no, es demasiado prominente. No es una persona que me tome en serio cuando intercambiamos frases. Si me lo tomara en serio no le vacilaría tanto. Me teme, lo sé. Pues menos mal que ya no le digo nada, que espero a que me hable y que ahora que me mira como si fuera un bicho raro le hablo educadamente.
Jaime es una gran PERSONA. Hace dos días pasé los peores momentos de los últimos meses. Mi estado de ánimo era víctima de altibajos. Tan pronto me reía como enseguida me saltaban las lágrimas. Por esos cambios de humor tan bruscos sé que es el peor día de todos los que he pasado últimamente. Pero ya lo superé. Jaime sabe que le estaré agradecida siempre por el detalle que tuvo. Él ya sabe cuál. Hizo algo que me hizo levantar la moral. Vielen Dank!
Seguiría pero me canso de hablar de la gente. Está claro que estamos rodeados de PERSONAS y personas. Las PERSONAS en mayúscula se cuentan con los dedos de las manos. El resto son personas. Podría trazar una jerarquía inmensa...
Todos somos en el fondo "personas" y "PERSONAS". Para cierta gente seremos de una forma y para otros de la otra manera. Es importante saber quién nos tiene como PERSONAS, porque esos... esos hay que cuidarlos como si fueran tesoros.
Me dijiste que no escribiera cosas tristes. Y no lo hago :) He sonreído al hablar de mi gente, que lo sepas :*

lunes, julio 10, 2006

Mi primer amor

Mi primer amor se llamaba Óscar. Tenía 16 él. Me sacaba dos años. Era moreno, alto, delgado, con un lunar encima de la ceja izquierda que me encantaba. Era muy guapo. Pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que era gilipollas. Él me enseñó a besar, me enseñó caricias secretas y me hacía reír.
Un día me hizo algo. Realmente no me hizo nada pero en aquella época follar a los 14 años me parecía impensable. Las nuevas generaciones se reirían de mí. Le dije que no estaba preparada y que no haría nada que mi cabeza me prohibiera.
Varios meses después sonaba en la verbena de mi pueblo, en las fiestas de verano, aquella canción de Loquillo (lástima que no la tenga para subirla) que decía: "Cualquier noche los gatos Uh Uh Uh en tu callejón maullarán a gritos esta canción: Porque yo tengo una banda de Rock and Roll Uo Uh Oh Porque yo tengo una banda de Rock and Roll". Entonces vino mi vecino a decirme algo. Yo sabía que si no venía Óscar iba a mandar a alguien. Con mi vecino me llevo bien, por algo somos vecinos. Nunca hemos hecho voyeurismo de ventana a ventana pero en numerosas ocasiones me ha acompañado a casa, cosa lógica y normal viviendo enfrente.
Mi vecino me dijo: "Óscar quiere liarse contigo esta noche". Y yo le contesté: "Mira, le dices a Óscar de mi parte que aparte de cobarde es gilipollas". Ahí terminó mi primera gran historia de amor. No le considero novio ni nada. Ni siquiera le tengo cariño. Ahora le veo hecho todo un papá, con dos hijos, me mira pero no me dice nada, a veces un "Qué hay" pero mi desprecio es bastante evidente.
Sabía tocar el tambor :DDDDDD (y otras cosas).

Impulsividad


Hablo como pienso y a veces debería pararme a pensar las cosas antes de decirlas. Alguna vez he conseguido pararme los pies antes de meter la pata. Las pocas etapas en que he sido reflexiva me producen momentos de indecisión.
Hoy he hecho algo, fruto de esa impulsividad, que no ha estado bien. Debo controlar mi mente porque así controlaré mis emociones.
Y no soy tan estúpida para perder un amigo así como así. Y menos como resultado de algo que he dicho sin pensar, algo que realmente no quería decir. A partir de ahora tendré que medir mis palabras.
Me acaba de animar una canción de The Rasmus que hace mucho que no escuchaba.
oh oh oh oh oh oh oh oh No sleep No sleep until I am done with finding the answer Won't stop Won't stop before I find a cure for this cancer Sometimes I feel I going down and so disconnected Somehow I know that I am haunted to be wanted I've been watching I've been waiting In the shadows for my time I've been searching I've been living For tomorrows all my life In the shadows In the shadows oh oh oh oh oh oh oh oh

Y llega un día...

Don´t Cry


Y llega un día en que decido seguir mi rumbo. Puedo elegir varios caminos. Y no sé cuál elegir.

Decisiones, elecciones...


Hace un año me fui a Ávila, era 10 de julio de 2005. Había conseguido mi primer trabajo remunerado. Nunca antes había estado en Ávila más que de pasada en la estación de tren de camino a Madrid.
Ávila tiene algo irreal, es como si la historia retrocediera. Ya no es el encanto de sus piedras, ni de las carpas al aire libre que en esas tardes estivales estaban repletas por ser fiestas... era la gente. Los abulenses son muy abiertos. Sólo tengo que pensar en el médico que me operó allí unos días después. Me enamoré de él. Me podría doblar la edad, me hizo tomar una decisión, y no fue su efectividad como médico ni su físico... sino su simpatía lo que hizo que me entregara a sus expertas manos.
Me había dejado en una sala del hospital sola para asumir una elección: operarme en horas en ese lugar desconocido o irme de urgencia a mi tierra para ingresar esa misma noche. Después de varias horas y con esa tranquilidad absoluta que se respiraba en el hospital, y después de que el doctor me hiciera ver la urgencia de lo que tenía me quedé.
Unos días antes hice dos entrevistas en el mismo día. Me dijeron que volviera el lunes para ponerme a prueba y me dieron la misma hora. Tuve que elegir una.
Soy una persona selectiva, aunque no es difícil serlo pues la vida nos hace tomar decisiones, no todas son tan atractivas como quisiéramos. A veces no hay más remedio. La pastilla roja o la pastilla azul. O quizás es mejor dejar que las cosas vengan por sí solas. ¿Para qué voy a elegir una pastilla si ella me va a elegir a mí? Qué facil es dar la vuelta a las cosas.
Mañana será otro día. Tengo que elegir... pero mientras tanto no me desespero. Pues no sirve de nada.

Creed, My Sacrifice

Quizás algún día, en algún lugar, quizás...


A veces conocemos a personas que, ya en el primer día de charla, nos llaman especialmente la atención por algo.
Hace mucho tiempo conocí a alguien. Fue fruto de la más increíble casualidad. Todo es tan posible como imposible.
Estamos rodeados de esperanzas. Mi mensaje de messenger aquel día estaba cargado de una esperanza inaudita. Hoy reitero aquel día, aquella frase que denota tanta esperanza, que no va dirigida a nadie más que a mí misma, aquel "Quizás..."
Sí, una esperanza me queda. Sólo una. El saber que quizás dentro de un tiempo sea capaz de sonreír otra vez. Siempre llegan momentos mejores.
Todas nuestras experiencias pasadas nos preparan para algo mejor. Lo decían en "Mujeres Desesperadas". Ojalá sea verdad. Si me aferro a esa esperanza quizás mañana vuelva a ver el sol. Y si no es mañana será la próxima semana o dentro de varios meses.

Sí, el "Quizás" denota una esperanza, aunque ahora parezca lejana.

Quizás algún día, en algún lugar, quizás...

Qué necesidad de música. Ahora es Heaven´s a Lie de Lacuna Coil. Al menos la música me hace sentir bien. En estos momentos sólo necesito música... Es lo único que no me cansa.

Noches en vela


Mientras escucho la canción de Moby titulada 18 sonrío. No sonrío porque tenga ganas de sonreír, simplemente porque me produce una tranquilidad infinita.
No volveré a pasar más noches en vela. Ya no me quedan lágrimas por derramar. Ya no me quedan ilusiones que contar. Ya no me quedan deseos que cumplir. Ya no me queda nada.
Al final todo se "olvida". No merece la pena dar tantas vueltas a la cabeza porque nos acabamos autodestruyendo. Y no es beneficioso ni bueno para la salud.
Esta tarde paseaba sin rumbo por la calle y el tiempo, la gente me ha animado un poco. A veces te das cuenta de que no estás solo. Y que nuestros problemas son demasiado pequeños e irreales al lado de grandes problemas cuya solución tarda en salir a la luz.
Ya no volveré a pasar más noches en vela porque nadie merece tanto la pena como para que no pueda dormir.
Ya no volveré a derramar lágrimas porque ahora son gotas gélidas que no pueden resbalar ni llegar a la nada.
Ya no me quedan ilusiones porque se han esfumado como si de humo se tratara.
Y es que al final todas las palabras son humo.
Estoy sumida en una tranquilidad infinita. No quiero que Moby deje de tocar el piano nunca, no quiero que acabe su melodía.

No... esta noche no será una noche en vela más...

sábado, julio 08, 2006

Que no se apague la llama, que no se apague...


El fuego interior me quema mucho más que el sol que me quemara por fuera hace una semana.
Es como si tuviera llamas en las venas, llamas que pugnan por salir.
Si en estos momentos me quemara en la hoguera no creo ni que lo notara. Ojalá hubiera una caza de brujas y me condenaran a la hoguera. Alegaría haber participado en numerosos aquelarres para morir pasto de las llamas.
Si en estos momentos fuera al infierno, el fuego del mundo oscuro no me afectaría. Mi alma hace tiempo que vaga errante a través de derroteros inalcanzables, tan inalcanzables como son para ella los fuegos de hogueras y de infiernos.
El fuego me abraza pero no me quema. Todo se convierte en ceniza al final...
Que no se apague la llama, que no se apague... Es tan sutil que dudo que siga encendida por mucho tiempo.
Al final todo perece, incluso el fuego.

Los niños venían de París

Una gran tarde. Me gusta observar a la gente, sobre todo cuando viajo.
Esperaba al tren sentada en el andén de una estación castellano-leonesa perdida, bajo el sol infernal del mes de julio. En principio tenía mi espacio vital, que pronto se ha visto invadido por gente extraña. El primero en llegar ha sido un colombiano que lo primero que ha mirado han sido mis piernas. No me gusta llevar falda pero hoy tenía calor. No era el primero ni sería el último que se fijaba en mis piernas para después posar su mirada en mis ojos que decían: "¿Qué hostias miras?".
Al entrar en la estación, tres cuartos de hora antes, varios locales y los guardas de seguridad también se habían quedado mirándome. Es increíble el poder que ejerce una mujer sobre los hombres, da igual que enseñe las piernas o el escote, es un efecto-imán difícil de desviar.
El colombiano me ha preguntado si tenía billete y le he dicho que sí. Él me ha empezado a contar una historia de que se iba a subir al tren sin billete, que en la taquilla no lo vendían porque el tren iba completo. A los 5 minutos una señora, ha dicho que era cántabra, ha aparecido con su perrito, supongo que había oído al colombiano, y se ha sentado allí mismo para decir también que estaba sin billete. Han empezado a quejarse... A mí ni me iba ni me venía la conversación pues suelo sacar los billetes "de ida y vuelta" y no justo antes de que salga el tren... Previsora soy.
Lo mejor estaba por llegar.
De repente pasa por allí un yonki, y me ha clavado la mirada. Debo tener cara de simpática porque la gente me habla en todos los sitios, o quizás tengo en la frente escrito un "háblame". Cuando le he escuchado, arrastrando sus palabras, he pasado de él. ¿Qué me estaba diciendo si yo no tenía problemas de asiento en el tren? Quería que se largara, pero cuando ha dicho que iba a subir al tren sin billete, la señora de Cantabria y el colombiano le han dado tema de conversación. Al lado del yonki, que se notaba que se había metido algo, iba una chica joven, entrada en carnes, que parecía que venía de la playa con su vestido tipo pareo, el pelo rosa semioculto por un sombrero masculino de fieltro gris. Iba con el yonki, aunque cuando me ha hablado su voz era suave y no parecía que se hubiera metido nada. Le he explicado que si el revisor era majo y con toda la gente que había en su situación era difícil que les echaran del tren.
El colombiano se ha encargado de subirme la maleta. He buscado mi sitio. Al menos hoy no me ha tocado levantar a nadie alegando: "Perdone, está Usted sentad@ en mi sitio". Junto a mí había una señora con dos niños que se me han quedado mirando fijamente. Sandra y Adrián estaban sentados enfrente de mí, jugando con sendas Game-Boy. De vez en cuando levantaban los ojos y me miraban con curiosidad.
He cogido el móvil y he llamado a casa. El retraso del tren era de 10 minutos. Cuando la señora de mi lado lo ha oído me ha preguntado a qué hora debía haber llegado el tren a Burgos. Así ha comenzado una charla que ha durado hasta el final del viaje. Era de Ciudad Rodrigo y su marido era francés. Viajaba con sus hijos a su tierra natal buscando el sol que en París no tenían. Cuando me ha dicho que venían de París les he preguntado: "¿Habéis estado en Eurodisney?". Ahí es cuando me he enterado de que vivían en París. Los niños eran bilingües. Les he oído hablar los dos idiomas con gran soltura, francés mejor que español, claro. Eran unos niños simpáticos. A Adrián me daban ganas de cogerle y abrazarle. Era más pequeño pero simpático y educado, y no paraba de reír, sobre todo cuando hablaba rápidamente en francés y yo levantaba la ceja mirándole. Calculo que tendrían 7 y 9 años.
He ido a la cafetería y allí estaban los polizones de la estación de Burgos. Y el yonki nada más verme se ha puesto a hablar conmigo. Le ignoraba como podía; el colombiano ha sido mi salvación. Creo que se han bajado todos en Valladolid, donde el tren se queda casi vacío.
El viaje ha sido ameno en el sentido de que la señora de Ciudad Rodrigo me ha dado conversación. Llevaban viajando desde las 5.30 de la mañana y tenían unas ganas inmensas de llegar. Y luego me quejo yo.
Al final me ha deseado feliz verano. Una gente muy agradable. Así da gusto viajar.

viernes, julio 07, 2006

Un rincón para soñar


He habilitado en mi mente un lugar donde sólo hay cabida para los sueños. "Un rincón para soñar" iba a ser la nueva dirección de mi blog. Lo quería cambiar, como resultado de la rabia que me atormenta en estos momentos.
El rincón de mi cabeza donde habitan los sueños es perfecto. Nadie puede tocarlo, nadie puede llegar a él y no hay nada en él que sea triste.
He contruido un lugar así para sentirme moralmente más fuerte. Intento levantarla a diario y me parece casi imposible. Intento sonreír cada mañana y me parece impensable. No puedo hacerlo por más que lo intente.
Me doy cuenta de lo que era estar rodeada de mi gente, pues al menos con ellos la cabeza me daba menos vueltas.
En estos momentos me siento muy desprotegida. Es como si la pierna de un gigante me pisara una y otra vez, y eso me está matando.
Y hoy no podré dormir. ¿Cuántas noches en vela van ya?
¿Qué más da?
Al final... todo pasa.

miércoles, julio 05, 2006

La señora Reimunda

Para mí siempre fue la señora "Reimunda", aunque imagino que su nombre real es Raimunda.
Desde que tengo uso de razón recuerdo verla sentada en la panadería, con una gran sonrisa en los labios, preguntándome por mi familia. Me llamaba la atención porque tenía el pelo como la nieve, me daban ganas de tocárselo porque parecía de algodón. Su pelo contrastaba con el color de su vestimenta. Nunca la vi usar otro color que no fuera el negro. Alguna vez que le daba dos besos en un tono afectuoso el tacto de su piel me resultaba muy suave.
Hacía días que no la veía sentada donde siempre. Había preguntado al panadero y me había dicho que ya no podía bajar las escaleras para saludar a la gente en la panadería.
La señora Reimunda era mayor ya. La recuerdo como una ancianita adorable, siempre lúcida. Hoy se ha ido para siempre.
Ya no volveré a ver su pelo blanco junto al horno, ni veré su vestido negro resaltando entre las paredes con rescoldos de harina.
Yo la quería mucho. Mañana no podré decirle un último adiós en el entierro, así que me despido de ella a mi manera. Espero que haya ido a un lugar mejor.

Una palabra puede mover el mundo...


Una palabra puede mover el mundo... porque si no hubiéramos hablado no estaría aquí ahora.
Una palabra puede hacernos cambiar de parecer, y lo que ayer era negro hoy quizás no lo sea tanto.
Una palabra puede cambiar nuestro mundo y hablando se entiende la gente.

Me pregunto qué pasaría si lo hubiera dejado pasar... Mejor no pensar en ello.

Tocan acordes prohibidos con gaitas prohibidas


Hace años que vi "Braveheart" por vez primera. Debo reconocer que, para variar, me emocioné varias veces a lo largo de la película.
Desde entonces la volví a ver muchísimas veces después.
Me resulta una de las mejores películas históricas... después llegó el "boom" de la historia en el cine y existen tesoros como "Gladiator" que es preciso mencionar por contener uno de los momentos más espectaculares de la historia del cine. Pero no hablo de romanos esta vez, sino de escoceses.
Un William Wallace encarnado en la figura hollywoodiense de Mel Gibson, que prefiere una lucha mental a una lucha de armas. Y gracias a él Escocia se independizó de Inglaterra.
Hoy de nuevo se me ha puesto la piel de gallina al escuchar las gaitas prohibidas.
Nunca me cansaré de ver esta película.

lunes, julio 03, 2006

Una palabra de despedida: ADIÓS


Hace un tiempo, en abril de este año, abrí este blog para escribir textos dirigidos a una persona. El primero de aquellos textos hablaba de las palabras. Se titulaba: "Palabras, palabras, palabras..."
Hoy por hoy, releyendo de nuevo aquello que escribí y que parece tan lejano, he optado por dejar solamente una palabra de despedida. Hoy este blog no tiene razón de ser.
He llorado con novelas, con palabras dichas que me han llegado al alma, y hoy he leído algo, tenía el sentido de una crueldad inadmisible para mí, aunque me cabe la duda que lo que yo leía no iba con esa intención. No quise aceptarlo hace unos días, hoy la idea revolotea en mi cabeza y me presiona las sienes. Me ha llegado tan adentro que he decidido romper con todo. Necesito un tiempo para mí.
Nunca imaginé que tras el cariño que se podía tomar a alguien que había conocido en internet pudiera esconderse algo más. No creo que sea un sentimiento tan real como el que se pueda tener con alguien cara a cara, pero el dolor que siento sí es real e inabarcable. Me marcho. Quizás sea mi culpa por crearme ilusiones, quizás fue sin darme cuenta siquiera, pero lo que llevo dentro nadie lo sabe mejor que yo, es indescriptible pues es algo que se siente, que me quema, que me desgarra el interior.
Desconecto un tiempo de todo esto, rompo con todas las reglas que me convertían en una persona de hierro. El hierro también se funde. Llega un momento en que no quiero hablar con nadie, en que no quiero saber nada de nadie y que necesito pensar en mi vida. Siempre me quedarán los sueños, al menos sabré que son míos y que nadie podrá quitármelos nunca.
Estamos rodeados de palabras; de cada uno de nosotros depende el hacer un buen o mal uso de ellas. En estos momentos mis palabras se quedan en silencio porque no tengo nada más que decir, sólo "adiós".
No volveré a escribir para nadie nunca. Y si algún día volviera a hacerlo no sería aquí.
Me voy porque el golpe de hoy ha sido demasiado fuerte como para soportarlo. No puedo más. Quiero estar sola por mucho tiempo, quizás para siempre, pues así me aseguro de que nadie vuelva a romper en pedazos lo que queda de mí. Y ya no es mucho. A medida que han ido pasando los años me han quitado trozos del armazón que anidaba en mí. Mi interior mengua lentamente.
También es posible que me desconecte hasta tal punto que en unos meses me dé de baja de internet. Ojos que no ven corazón que no siente.
Adiós
A. No es culpa tuya. Era consciente de que podía pasar esto. Te dije que un día desaparecería pero no imaginaba que fuera de esta manera. Lo estoy pasando mal y, a pesar de que me avisaste, desoí tus advertencias. Necesito distanciarme de esto y sobre todo necesito distanciarme de ti. Te sigo considerando un buen amigo y, cuando te vea simplemente como amigo, sin sentimientos de por medio, entonces es posible que vuelva. No me eches de menos, estaré bien, sólo necesito tiempo. Adiós.

El peregrino eterno


Peregrinos de Santiago... los veo pasar a diario, con sus frentes sudorosas, bajo este calor abrasador, con sus mochilas a cuestas. Cientos, miles, millones de ellos caminando hacia Santiago... Con sus bordones y sus bastones, sus conchas y sus botas de montaña, siempre paran a tomar un sorbo de agua que les haga más llevadero su largo caminar.
Peregrinos eternos, pues eterno es y será su peregrinaje, esa tradición que empieza a alimentarse con el fervor religioso del siglo X y que se acrecienta con el pasar de los siglos. Un viaje inolvidable.
Hoy me pregunto cuánta gente pasará a diario por aquí, esa gente que cruza el norte de España en dirección a la zona más occidental de la Península Ibérica.
Ayer pasé junto al albergue. En el jardín reposaban varios peregrinos, descansaban tras la larga jornada diaria para volver a comenzar con esfuerzo con las primeras luces del alba.
Andando, en bicicleta o en caballo... no importa cómo se vaya sino el final del camino, tocar el Pórtico de la Gloria y arrodillarse ante el Señor Santiago.
Tras cruzar la frontera, Roncesvalles, Pamplona, Puente La Reina, Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Belorado, Burgos, León, Santiago de Compostela... Le "Chamin" de Saint Jacques se convierte en una tradición milenaria que no tiene punto final.
Alguna vez me gustaría hacer el Camino de Santiago andando. Da igual lo que cueste, lo importante es llegar. Tiene que ser una experiencia que merece mucho la pena.
El peregrino... ese peregrino que será eterno siempre porque cuando nosotros nos vayamos... seguirá el trasbordo de romeros hasta los confines de Iria Flavia, el camino que crece con el pasar de los años.

sábado, julio 01, 2006

El pintor de batallas

A medida que voy leyendo más libros de Pérez-Reverte empieza a darme vergüenza admitir lo que leo. Sus libros se convierten en un ejemplo de pedantería arrogante del que no tiene mucho que contar.
Una vez más, como ocurriera en Territorio Comanche, Pérez-Reverte se centra en la guerra de la ex Yugoslavia. Es diferente ambiente, diferente situación y diferentes personajes, puesto que aquella primera novela sobre un corresponsal de guerra en Sarajevo no era más que su propia vivencia personal.
El pintor de batallas también nos deja adivinar entre líneas otro tipo de vivencias del periodista, pero en vez de ir en primera persona, va de la mano de un ex fotógrafo, de nombre Andrés Faulques, que decide un día dejar la fotografía para dedicarse a pintar la gran batalla de batallas, una pintura mural donde une todos los cuadros bélicos de todos los tiempos.
Así se asienta en Punta Umbría. Compra un pequeño torreón que da al mar, con un difícil acceso para los visitantes y se dedica a pintar todo lo que vio con su novia Olvido Ferrara, también fotógrafa de guerra que murió en el conflicto de los Balcanes tras pisar una mina.
Un día aparece un visitante, Ivo Markovic. Es un croata al que Faulques hizo famoso mundialmente, tras hacerle una fotografía que ganaría un premio de índole internacional. Markovik ha venido a matarle, dice, porque la fotografía que al pintor le dio fama y dinero a Ivo le dejó solo en el mundo, pues mientras él luchaba contra sus compatriotas, su mujer y su hijo fueron asesinados por soldados serbios.
Si continué hasta el final fue porque quería saber si Ivo le mataría, pues cuando conoces al croata, le ves incapaz de hacerlo, a pesar de que empuñó armas y mató en la guerra de la ex Yugoslavia.
Las conversaciones, recordando los viejos tiempos de la guerra entre los diferentes pueblos yugoslavos, merecen especial atención.
Hay una frase que se repite varias veces a lo largo del libro y me quedo con ella: "Mientras haya guerras habrá esperanza".