He cogido catarro. Seguramente se debe a los bruscos cambios de temperatura. Estoy demasiado sensibilizada con todo. Y además, cuando llegue a casa, no tendré internet hasta el viernes.
Intento no pensar en él. Y, cuando lo hago, esa idea de la inexistencia de amistad alguna me pone de mala leche. Entonces recuerdo que no quiero saber nada de él.
En la agencia de viajes me han pedido el pasaporte, que no puedo enviar porque en estos momentos es mi único documento identificativo. Aunque estoy pensando en ir a un balneario a descansar. Quizás sea lo mejor.
Siento como si hubiera perdido el rumbo.
Son las siete. Hoy sí que me voy puntual. Necesito tumbarme, intentar que se me pase el catarro y no pensar en nada.
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