Intento no pensar en él, pero a veces es inevitable. Cuando al mediodía llamaba a alguien cercano a él, me preguntaba si él estaría a tan sólo unos pocos metros. Y he sentido una punzada dolorosa dentro de mí, de nuevo esa sensación de pérdida, de nuevo el disgusto. Y otra vez el acaloramiento, algo que en mi mente me recordaba que sigo enfadada.
Pero aunque esté enfadada sigo queriéndole. Ojalá hubiera dejado de quererle al día siguiente. Pero eso ya no depende de mí, aunque un poco sí, porque consigo no pensar en lo que siento o dejo de sentir.
Incluso, pese a todo, en otras circunstancias esta noche me quedaría en casa y hoy estoy pensando en salir. Me da igual encontrármelo o no, me apetece salir y disfrutar de la noche. Sin él. Si aparece no tengo más que mirar para otro lado. Aunque para evitar esa situación quizás al final esta noche me quede en casa. Lo que ocurre es que si me quedo pensaré y sentiré una tristeza infinita que será bastante insoportable.
En el desamor termina el infinito
orificio donde la felicidad escapa
donde sombras vagan lentamente
y se reúnen y entretejen en el olvido
mientras los sueños desgarran en el acantilado…
cómo descifrar la forma que ya sin tiempo
se desquebraja y se hace polvo…
hasta aquí un solo camino
el viento comienza a soplar
la voluntad impele
qué más da quién llora, pierde o gana
hasta aquí yace el infinito…
el silencio… el desamor…
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