Cuando entramos en la carpa de la verbena madrileña había pocas parejas bailando. Nunca había visto bailar un chotis tan de cerca y tan bien. Me gustó.
Aunque el fin de semana pasado esté tan lejos me gustaría volver a repetir, aunque el año que viene habrá otra, sólo que no estará organizada por los madrileños. Aún no sabemos quiénes organizarán la fiesta en 2010, pero seguramente que estaremos allí.
Antes de marcharnos nos repartieron un vaso de chocolate caliente, que entraba de vicio después de llevar un rato de pie observando a los chulapos bailar. De esa noche aún conservo en el coche un clavel seco que repartían a las mujeres.
Fue genial el fin de semana pasado.
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