Dos marineros borrachos se marchan sin pagar de una tasca y una buena parte de la clientela del bar sale en pos de ellos. Tras recorrer varias calles llegan a unos altos muros que delimitan la zona de la peste, en la que cualquier ciudadano tiene prohibido entrar por orden del rey Eduardo III. Sin pensarlo dos veces y acostumbrados a subir a las jarcias del barco, los dos marineros saltan la tapia y se adentran en un laberinto de calles que atufan a hedor y putrefacción. Entonces irrumpen en una tienda de pompas fúnebres, donde alrededor de una mesa se encuentran una serie de personajes de lo más estrambótico: se trata del Rey Peste I y su familia, cada uno de los cuales tiene un rasgo del rostro demasiado exagerado.
lunes, mayo 25, 2009
El Rey Peste. Relato en el que hay una alegoría
Dos marineros borrachos se marchan sin pagar de una tasca y una buena parte de la clientela del bar sale en pos de ellos. Tras recorrer varias calles llegan a unos altos muros que delimitan la zona de la peste, en la que cualquier ciudadano tiene prohibido entrar por orden del rey Eduardo III. Sin pensarlo dos veces y acostumbrados a subir a las jarcias del barco, los dos marineros saltan la tapia y se adentran en un laberinto de calles que atufan a hedor y putrefacción. Entonces irrumpen en una tienda de pompas fúnebres, donde alrededor de una mesa se encuentran una serie de personajes de lo más estrambótico: se trata del Rey Peste I y su familia, cada uno de los cuales tiene un rasgo del rostro demasiado exagerado.
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