miércoles, mayo 14, 2008

Al otro lado de la barrera del sueño

Joe Slater había nacido en las montañas de Catskill, donde vivían los degenerados y la escoria humana. Dormía tarde y, al despertar, hablaba de extrañas cosas que habían sucedido en las horas de sueño. Nadie podía comprender cómo una persona que no sabía leer ni escribir contara todas aquellas paranoias. Al cabo de un rato, Slater se olvidaba de lo que había dicho y, por tanto, de lo que había soñado.
Así, una de las noches en que le encontraron delirando en sueños asesinó a un hombre. Fue juzgado y se libró por enajenación mental, pero tendría que ingresar en un centro para enfermos mentales.
Uno de los internos del hospital se sentía atraído por la personalidad etérea y onírica de Joe, así que decidió investigar su conducta más de cerca. En sus años de estudios había investigado con un compañero la comunicación mental, y tenía guardados los instrumentos que habían utilizado, sin resultados, para la telepatía. Empezó a utilizarlos con Joe Slater cada vez que soñaba o tenía alguno de sus terribles ataques.
Y entonces una noche ocurrió. El joven doctor consiguió verse flotando en los sueños de Joe, con un humano que desprendía una enorme luz. En medio del sueño se enteró que a su paciente le quedaban pocas horas de vida. Sabía que tenía que volver al estado de vigilia y, al despertar, la mirada de Joe se clavó en él, diciéndole cosas por telepatía, pues su voz no pertenecía ya a Joe, sino a su hermano de luz, una mente activa de primer orden que brillaba en el firmamento y a la que los hombres habían llamado Algol.


"Estoy dispuesto a que se apodere de mí un sueño". (Shakespeare)

Polaris

Olathoë es una ciudad de mármol que está siendo atacada por los inutos (diablos amarillos). El hombre que cuenta con la vista más penetrante ha sido enviado a la torre Thapnen para vigilar las entradas a la ciudad. Sus ojos serán los ojos del ejército.
El hombre solitario en la torre empieza a observar el firmamento, donde destaca una menguante luna roja. De repente empieza a entrarle un sopor antinatural y se queda dormido.
En sueños ve su ciudad a oscuras, una ciudad donde nunca se pone el sol. Les pide a los seres que salen en el sueño que le dejen despertar, pero ellos, esos diablillos amarillos y achaparrados, se ríen y le dicen que ya está despierto.

Las cicatrices invisibles

Y entonces te das cuenta de que sientes algo muy cercano al odio. Sabes que no es odio porque no te estás pudriendo por dentro, pero esa persona del pasado te produce tremendo rechazo, ni siquiera puedes dedicarle un mínimo pensamiento bueno porque todo lo que le rodea desprende demasiada energía negativa.
Y entonces te preguntas qué le viste entonces que, varios años después, recién quitada la venda que te tapaba los ojos buscas y buscas momentos pero no encuentras ninguno que te lleve a admirar siquiera un poco a esa persona, pero sí encuentras mucho que reprochar.
Y entonces te da la sensación de haber vivido en una nube, pero no has sido inmune al dolor porque las heridas fueron aumentando con el paso de los años. Ahora hay una horrible cicatriz que podría abrirse en cualquier momento, pero sabes que ahora puedes controlar el dolor, puedes poner al mal tiempo buena cara y sabes que no perdonarás a aquella persona.

Y no le odias porque no le ves todos los días, no le odias porque las distancias y el tiempo han terminando separandoos para siempre, porque ciertas palabras terminaron afeando algo que era bello. No le odias porque sabes que jamás le amaste, no le odias porque no quieres perder ni un segundo más por una persona que no merecía la pena. No le odias a pesar del dolor. Y tanto dolor no se puede perdonar.

Y sabes que tienes el poder, porque esa persona cree que sigues viéndole como antes, que puede seguir hurgando en la herida; pero algo ha cambiado y esa persona lo desconoce y es que tú ya no le miras con el mismo cristal. Tienes una cicatriz invisible, demasiado grande como para perdonar, demasiado grande como para olvidar, demasiado grande como para esconder... Y ahora sólo sientes indiferencia.

martes, mayo 13, 2008

La dulce Ermengarde o el corazón de una muchacha campesina

Se trata de una parodia de los relatos amorosos del folletinista estadounidense Fred Jackson. Algo muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados Lovecraft.

Ermengarde Stubbs dice tener 16 años, aunque las malas lenguas dicen que ha pasado de los 30. Es una guapa morena que se hace teñir el pelo de rubio. Su padre es un humilde y pobre campesino que hace contrabando de licores en el pueblo donde viven, Hogton.
La muchacha tiene a dos hombres enamorados y los dos aspiran a casarse con ella. El squire Hardman está obsesionado con la veta de oro que ha encontrado en las tierras de los Stubbs y, casándose con la chica, conseguirá las tierras. Es un hombre rico y apuesto y la familia Stubbs tiene una hipoteca hacia el squire que todavía no ha cumplido.
Desde que iban a la escuela, Ermengarde y Jack Manly estaban enamorados. El tímido Jack nunca había dicho nada a la joven, pero un día, paseando, le dijo lo que sentía por ella, sin saber que, muy cerca, les escuchaba Hardman.
El malvado no tardó en presentarse en casa de los Stubbs para exigir la mano de Ermengarde o les dejaría sin hogar.
En cuanto volvieron los enamorados, Manly decidió ir a la gran ciudad a hacer fortuna para sacar de apuros a su amada y a sus padres. En su ausencia, el squire Hardman secuestra a la muchacha y la lleva a una colonia de casuchas pobres, donde la deja al cuidado de la arpía tía María. Luego se da cuenta de que no necesita casarse con la chica para conseguir el oro de las tierras, pues solo tiene que ejecutar la hipoteca y quedarse con la casa de los Stubbs y sus tierras. Así que la suelta.
Un día, una partida de cazadores venidos de la gran ciudad están cerca de las propiedades de los Stubbs, cuando uno encuentra el oro. Algernon Reginald Jones llega a la casa y conoce a Ermengarde. Con unas altas dotes de seducción conquista a la muchacha y la convence para huir a la ciudad.
En el tren, mientras Algernon duerme, un papel cae de su bolsillo. Ermengarde lo lee y descubre que es una carta de amor de otra mujer así que tira al impostor por la ventanilla.
Cuando llega sola a la gran ciudad, Ermengarde no tiene dinero y vive como una mendiga, durmiendo en bancos al aire libre. Un día, encuentra un bolso muy elegante, que no tiene dinero, pero sí una tarjeta de su propietaria.
La humilde campesina decide devolver el bolso a la señora Van Itty, que, conmovida, la adopta recordando a Maude, la hijita que le robaron.
Ermengarde se convierte en la rica heredera de la mujer. Un día, contrata un chófer y se da cuenta de que esa cara le suena. Se trata de Algernon, que sobrevivió a la caída del tren. El muchacho, venido a menos, le cuenta lo del oro de las tierras de los Stubbs.
Ermengarde S. Van Itty vuelve a Hogton con su madre adoptiva. La hipoteca está a punto de cumplir el plazo, pero la muchacha le paga al squire Hardman. Desde el coche la señora Van Itty reconoce a la supuesta madre de Ermengarde, Hanna Smith, que hace 28 años le robó a su preciosa hijita. Entonces se da cuenta de que el destino se la ha devuelto pues Ermengarde no es otra que Maude.
Pero la joven sabe que si reconoce que es su hija perderá el oro de las tierras de sus supuestos padres, así que la única salida es casarse con el squire Hardman, que acepta encantado.

Una semblanza del Doctor Johnson

"La semblanza, aunque resulte plúmbea o deshilvanada, es un homenaje que suele atribuirse a los muy viejos por lo general; y desde luego, gracias a esas rememoraciones se transmiten muchas veces a la posteridad sucesos poco conocidos y pequeñas anécdotas de la historia de los grandes personajes".

En mayo de 1738, un desconocido Samuel Johnson publicó una sátira a imitación de Juvenal, que tituló London. La aceptación del público fue buena y Johnson se dejó ver por los cafés concurridos.
Era un hombre de aspecto desharrapado, grosero y arrogante. Demasiado extrafalario para los gustos londinenses.
Creó, junto a eruditos de la época, el Club Literario, donde se hacían tertulias sobre toda la cultura. Lo más llamativo del Dr. Johnson era su ingenio y su crítica a los grandes.

El apóstol número 13


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Este libro se plantea la posibilidad de un decimotercer apóstol, enemigo acérrimo de Pedro, el padre de la Iglesia, en cuya casa se celebró la última cena. No se dice su nombre, pero se le llama "el bienamado" y se dice que fue el primero al que Jesús conoció, antes que a los Doce.
En el expreso Roma-París, un monje se dirige a su hogar en la abadía francesa de Saint-Martin. El padre Andrei va acompañado de dos silenciosos pasajeros y, en el largo viaje, apunta en una nota lo que tiene que decirle a su compañero, el padre Nil.
Esa madrugada, un gendarme aparece en la abadía para comunicar que el padre Andrei ha sido tirado por la ventanilla del tren y ha aparecido muerto junto a las vías. Cuando el padre Nil va a reconocer el cadáver encuentra la nota en la mano cerrada del monje muerto.
A partir de esas palabras reanudará los estudios del fallecido bibliotecario de Saint-Martin sobre la existencia de un hombre, que posiblemente fuera el autor del Evangelio de San Juan y que dejó una epístola donde niega la divinidad de Jesús, alegando, además, que el cadáver de Jesús fue enterrado por los esenios en el desierto de Idumea. Esta realidad puede destruir a la Iglesia católica, que pide al padre Nil que vaya a Roma, para así poderle controlar.
Allí, la Sociedad San Pío V se encarga de que diversos documentos no vean la luz. Está dirigida por el depravado Alessandro Calfo, que porta un anillo con forma de ataúd, para que no olvide nunca su objetivo.
El padre Nil encontrará el documento, escondido en un fondo del Vaticano que no aparece en los mapas, donde se guardan todos los documentos que podrían hacerse tambalear los cimientos de la Iglesia. Sabe que, a partir del momento en que cruce el umbral, deberá huir lejos.
Ahora el padre Nil cuenta su historia desde una ermita en el desierto de los Abruzos. Sabe que un agente de la Mosad o de Hamas va a venir a asesinarle, por eso tiene que contar la historia a su invitado. Allí, en medio de aquel desierto perdido italiano, ha encontrado la paz de espíritu y el silencio y, sobre todo, ha encontrado a Jesús.

lunes, mayo 12, 2008

Dagón

"Dagón: Dios-pez, una de las divinidades más veneradas de los filisteos, representada en forma híbrida, con torso humano y la parte inferior como un pez. La Biblia menciona su magnífico templo erigido en Gaza, derribado por Sansón, cuyo umbral sus sacerdotes y devotos ponían extremo cuidado en no pisar.
Supuestamente es el mismo Dagán de los semitas occidentales o amorreos de la ciudad de Mari, identificados con el antiguo dios babilonio del grano, a quien se le atribuye la invención de la agricultura
".
Un hombre, a punto de suicidarse, escribe sus memorias desde un hospital mental. Cuenta que, al poco de estallar la Gran Guerra, su barco fue apresado por un buque de guerra alemán, pero éstos les trataron con bastante libertad.
El hombre aprovechó esos momentos para aprovisionar un bote y escapar. Después de varios días a la deriva, rodeado del inmenso mar y aturdido por un sol inquietando, un golpe seco le había despertado.
Se encontraba varado en una llanura fangosa, así que decidió esperar hasta que el lodo se secara y pusiera caminar por la planicie agrietada. Al cabo de varios días, por fin pudo salir a la superficie. A lo lejos se elevaba un montículo, en cuya dirección había decidido caminar bajo un imponente sol.
Después de haber alcanzado la cima del montículo, descubrió ante sí una llanura inmensa; creyó estar en el abismo. En medio de la terrible llanura había un objeto, cuya base estaban bañadas por el oscuro océano. Decidió acercarse. Aquel objeto no era más que un monolito labrado, supuestamente por manos humanas del comienzo de las civilizaciones, pues casi todas las imágenes eran de seres humanos, muchos de ellos desaparecidos hace millones de años.
De repente, del océano surgió una bestia marina gigante, con el torso humano y la parte inferior en forma de pez. El marino creía que estaba soñando. Aterrorizado, echó a correr hacia la cima de la colina sin volver la vista atrás. Volvió al bote y de nuevo volvió al mar, intentando olvidar la pesadilla.
Cuando despertó, se encontraba en un psiquiátrico de San Francisco. Todo el mundo que escuchaba su fantástica historia le tomaba por loco. Incluso habló con un arqueólogo sobre la supuesta existencia de un Dagón, pero el hombre se rió de él.
Él sigue viendo nítidamente al monstruo en sus pesadillas. Ha decidido suicidarse, después de escribir la historia que servirá de regocijo para las generaciones venideras.

8 meses

No hay necesidad de palabras que intenten expresar los sentimientos más profundos que se han hecho un hueco en mi interior en este tiempo...

Recuerdo...

Recuerdo y añoro...

Y tan solo descubro el vacío, la oscuridad, la melancolía y dulces recuerdos de tiempos pasados.

Hoy es 12, y como el 12 de cada mes...

El palacio de la Salina

Y entonces prometió que construiría para su amada el palacio más bello de la ciudad, con una galería desde la que podría pasear y ser admirada por aquellos ciudadanos que habían reprochado su conducta, que le habían cerrado las puertas de su casa...
Y sobre la fachada mandó esculpir las caricaturas de aquellos nobles injustos...
Y entre los medallones de piedra uno destaca sobre el resto: es la talla de una mujer que enseña un pecho, la mujer para la que se erigió el bello palacio: doña Juana Pimentel, amante del arzobispo Fonseca.

Existen muchas versiones sobre la construcción de la casa. Personalmente, la que más me gusta es la del arzobispo don Alonso de Fonseca, aunque la mayoría de historiadores dan por sentado que Fonseca había fallecido en los albores de la construcción de la casa, allá por 1546.
El nombre de La Salina deriva de su condición de depósito de la sal, antes de ser habilitado como sede de la Diputación Provincial. Aunque los rumores dicen que el nombre del edificio se debe a doña Juana Pimentel, la barragana del arzobispo, que era una gallega tan salerosa que terminó siendo conocida como “La Salina”.
Se sabe que uno de los arquitectos del palacio fue don Rodrigo Gil de Hontañón.

La fachada tiene tres cuerpos. El inferior presenta cuatro inmensos arcos de medio punto, cubiertos por una verja que da acceso al zaguán, y en las enjutas se perfilan medallones. Aquí se presenta una anomalía, cuyo trazado estuvo en función de la planta del palacio: el fuste y el medallón central están descentrados respecto al eje del edificio, mientras que los cuerpos superiores se rigen por un eje de simetría.
Los medallones son interesantes. Algunos dicen que la mujer que enseña el pecho es Cleopatra mordida en el seno por un áspid, y reconocen a Marco Antonio y Safo en los demás medallones. Aunque yo prefiero creer que los bustos son los de la leyenda que he comentado al principio.
El piso intermedio cuenta con tres balcones, que en su origen fueron ventanas, limitados por columnillas estriadas, alineadas con amorcillos que flanquean medallones. El cuerpo superior está formado por una galería de arcos de medio punto.

El patio consta de un zaguán rectangular que, a través de dos arcos rebajados, desemboca en un patio descubierto de planta irregular. El ala del fondo es original y forma parte de un edificio más antiguo.
El flanco izquierdo, ampliado por el arquitecto José Secall y Asión en el siglo XIX, al realizar la reforma para habilitar la sede de la Diputación Provincial, tiene arcos de medio punto con medallones en las enjutas, mientras en la parte alta aparecen los escudos de armas de los Fonseca.
En la parte derecha son originales los mensulones, decorados con poderosas figuras desnudas a modo de tenantes. Éste es un tema característico del Renacimiento.
En los laterales de estas ménsulas hay casetones y rosetas, donde intervino la mano de Fray Martín de Santiago. La galería volada del piso alto es obra de Secall.
En el interior destaca el salón de plenos, producto de la reforma decimonónica.

*Bendamos pues...

Ayer por la tarde, cuando negros nubarrones se cernían sobre Salamanca, amenazando la Feria del Libro que durará unos diez días, iba pensando en lo mío, en lo que prepararía para cenar, cuando creí verme envuelta en una especie de visión.

La alteración del lenguaje me nubla la vista, ese insulto a la lengua me llena de ira, menudo profanación en una ciudad famosa, entre otras cosas, por sus universidades. Tuve que acercarme, asegurarme de que eso no solo era real más que en los correos electrónicos.

Con todo mi pesar, aseguro que este cartel, que encima se ve bastante bien, pues no es letra diminuta, está en mi calle desde no hace mucho tiempo.
¡Qué dolor ver algo así cada vez que vaya o vuelva de la Plaza Mayor...! Sé que intentaré no volver la cabeza ante esa monstruosidad, pero cada vez que pase por ahí mi mirada sentirá atracción ante ese grandilocuente insulto a nuestro castellano.

La tumba

Jervas Dudley escribe su historia desde un sanatorio para enfermos mentales. Desde niño, siempre fue un soñador y un visionario; la gente extraña le veía como un bicho raro. Nunca necesitó trabajar ni estudiar porque su familia era acomodada. Jervas se dedicaba por completo a devorar los libros de la inmensa biblioteca que habían ido creando sus ancestros. A veces, recorría, siempre en solitario, los alrededores de su casa.
Con 10 años encontró la tumba de los Hyde. La puerta estaba entreabierta, pero tenía una gran cadena que impedía entrar a la oscura cripta. Jervas lo intentó ese día y durante años, sin éxito. Acostumbraba a ir allí por las tardes y se tumbaba junto a la enorme puerta.
En la colina había estado enclavada la mansión de la familia Hyde, que sucumbió a un incendio. Ya solo quedaban rescoldos carcomidos por el tiempo.
Jervas se prometió a sí mismo que un día accedería a la tumba y dejó de ir durante unos años. Entonces comenzó a hacer cosas extrañas. Empezaron sus devaneos nocturnos por los cementerios, y la día siguiente poseía unos conocimientos olvidados muchos siglos antes.
Volvió a la tumba de los Hyde. Había descubierto que tenía un lejano parentesco con ellos. A veces, se quedaba dormido frente a la enorme puerta y escuchaba las voces de otro mundo y, a veces, al despertar veía en el interior una difusa luz.
Con 21 años, abrió un cofre y encontró la llave que abriría la cadena de la cripta de los Hyde. Allí encontró un nicho con un ataúd vacío. Solo había escrito un único nombre, el suyo. Huyó de la tumba como alma que lleva el diablo y se vio afectado por unos extraños cambios: hablaba como hombres de siglos anteriores, su conducta antes silenciosa se convirtió en mundana, dibujaba bocetos en los bordes de los libros, recitaba cantos antiguos y olvidados que todo el mundo desconocía... Y empezó a temer el fuego y las tormentas, cuando nunca le habían aterrorizado.
La última noche decidió salir. Había tormenta y, a medida que se aproximada a la fatídica tumba, con el brillo de un rayo vio la mansión en la colina, los carruajes que iban y venían y decidió entrar. En medio de la fiesta, un relámpago atronó contra la mansión y todos los fantasmas desaparecieron. Jervas se quedó solo y, cuando entró en razón, sus padres y los espías que llevaban tiempo vigilándole le sujetaban fuertemente y le habían tomado por loco.
Desde entonces estaba en el sanatorio. Solo tenía noticias del exterior por un viejo criado, que le creía y que había comprobado que, efectivamente, en la cripta de los Hyde había una tumba vacía con una única inscripción: <<Jervas>>.


"Quien carece del contacto con lo vivo inevitablemente se sumerge en la compañía de cosas que no lo están, o que antes lo han estado pero ya no".

Bruselas: Estatuas en la calle

Bruselas también es una de las ciudades que ha llenado sus calles de estatuas de bronce.
Pero si hay una estatua célebre en Bruselas, esa es la del Mannekin Pis, de gran atracción turística.
Nada más llegar a la capital belga, el aeropuerto nos da la bienvenida con esta estatua que sostiene sobre sus hombros una enorme hélice.
Y caminando por la calle, nos podemos encontrar con una mujer abriendo el bolso...

con un hombre que se asoma por la alcantarilla para hacer caer a otro...

con un perrito meando en medio de la calle...

con un erudito sentado en un parque, acompañado de su libro y de su perro...

con héroes de cómics, como Tintín...

o Gaston Lagaffe...

¡Y cómo no! El Parlamento Europeo también cuenta con su insignia.

domingo, mayo 11, 2008

El placer de leer y... de escribir

La lectura... y la escritura requieren tiempo, silencio y una cierta disposición interior... Casi todos los escritores han sido buenos lectores. Somos animales de palabras, con ellas construimos las obras que leemos y escribimos. Muchos libros hablan del lenguaje, de los libro, de las palabras, de las letras, de ordenación interior del pensamiento, de cómo descubrir el mundo y el silencio.
Leer y escribir para imaginar el mundo y completar así nuestra experiencia de vida. Somos lectores del mundo... todos buscamos en los libros nuestra forma personal de imaginar el mundo, de leerlo y escribirlo.
Algunos libros hablan de la experiencia de muchos lectores, de sus lecturas... y de las palabras, y sus escrituras... hablan del mundo, de nuestro mundo interior.


"Estos libros, mañana un argumento, hoy una puerta abierta"

El alquimista

Antoine escribe en la única torre semiderruida que, en época feudal, fue una fortaleza inexpugnable. Sobrepasa los 90 años y es el último de su linaje, venido a menos con el paso de los siglos.
Nunca conoció a sus progenitores. Su padre murió pocos meses antes del alumbramiento, a la edad de 32 años, y su madre murió de parto. Así que Antoine fue cuidado por el único y viejo criado que quedaba en el torreón, Pierre. Éste jamás dejó que el niño se mezclara con los campesinos de la zona, creía Antoine que debido a su sangre noble, pero lo cierto es que el viejo criado no quería que llegaran a los oídos del chiquillo las murmuraciones sobre la maldición que pesaba sobre los condes de C., cuyo último descendiente era Antoine.
Cuando el joven cumplió los 21, Pierre le dio un documento en el que se contaba una historia oscura que Antoine, que había pasado muchos años entre viejos libros y pergaminos, creyó. El documento hablaba de la maldición de su familia, por la que todos los condes morían a los 32 años.
En el siglo XIII, vivía en los alrededores del rico feudo entonces Michel, llamado Mauvais (Malvado), un estudioso de la magia negra e investigador de la Piedra Filosofal y del Elixir de la Eterna Juventud. Este mago tenía un hijo, Charles, Le Sorcier (El Mago), que se convirtió en un experto en las artes ocultas, igual que su padre.
Un día, Godfrey, hijo del conde Henri (antepasados de Antoine), desapareció del castillo. El conde buscó al mago Michel, matándole por la desaparición de su hijo. Pero Godfrey apareció en una estancia del castillo, por lo que la muerte de Michel había sido en vano. Charles el Mago maldijo a Henri, diciéndole que todos los condes fallecerían a la misma edad que él tenía en ese momento, cayendo el conde fulminado en el acto. Y así, con el paso de los siglos, todos los condes de C. morían, de diferentes maneras, a los 32 años. En los alrededores comenzó a hablarse de la maldición.
Antoine, cercano a la edad maldita, se propuso investigar todo el antiguo castillo, estancias donde hacía centurias nadie había entrado. En el suelo de un oscuro sótano encuentra una trampilla y sigue un oscuro pasadizo que le lleva a una inmensa puerta gótica. Intenta abrirla, pero no puede. Cuando se va a marchar, la puerta se abre y aparece un hombre vestido con una túnica de la Edad Media. Antoine cree ver un fantasma. Cuando ve la redoma y hablan de la maldición, Antoine tira la antorcha hacia el alquimista medieval, que, a punto de morir calcinado, confiesa al joven que es Charles Le Sorcier, que encontró los secretos de la alquimia y el Elixir de la Eterna Juventud. Charles había acabado asesinando a todos sus antepasados a los 32 años, para crear la farsa de la supuesta maldición y ese día quería asesinar también a Antoine, pero éste se le había adelantado.
Antoine había acabado con la maldición y nunca se comprometió para que la maldición acabara con él.

La amante en guerra

El Líbano es un país que juega el solitario del faraón consigo mismo, a vida o muerte, y que cuando se cansa de los otros oponentes, de los otros habitantes de su alma, hace trampas y se fabrica su propia tumba”.
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La amante en guerra es un libro de amor y de guerra, como bien indica su título. Maruja Torres crea una mezcolanza de anécdotas y testimonios reales, personales y de terceros, con historias que formarían parte de la fantasía de la autora.
Pero no se trata de un amor convencional, sino del amor que la periodista siente por la capital del Líbano, donde ha librado no sólo las guerras que acontecían en el preciso momento, sino una batalla interior, donde una especie de aura mágico que envuelve la ciudad ha terminado ganando ese combate interior.

El libro se divide en dos partes. En la primera, Maruja Torres cuenta sus vivencias en Beirut, en julio de 2006, cuando Israel comenzó un ataque convulsivo desde el sur y en la capital. Pero no es una historia común, sino que está escrita en sentido inverso, es decir, empezando por el final, desde el último día, el de la evacuación, hasta el 12 de julio, día en que comienza la guerra. La autora había ido a hacer allí un reportaje sobre el turismo libanés, que en esos momentos parecía estar en auge y posiblemente ese turismo podría haber ayudado a levantarse al país... si no hubiera estallado la guerra.

La segunda parte es una carta a un joven que conoció allí, Manuel, aquel que un día, a la salida del hotel se le presentó como traductor, y con el que compartió tantas experiencias en esos días de julio de 2006. En la carta, supuestamente escrita después de la vivencia del regreso a Beirut en septiembre de ese mismo año, le cuenta lo cambiada que está, le habla de destrucción y de vacío, de la hecatombe, de las cenizas y los escombros... Porque “los bares y discotecas de Gemmayzeh están llenos de jóvenes que se divierten, pero no tienen la mirada de antes” o “Muchos niños no irán ya al colegio. Los que murieron en las aldeas del sur. Los que a diario quedan despedazados o malheridos por jugar o tropezar con bombas de fragmentación”.
Una guerra me dio Beirut y, cuando creía haberla perdido para siempre, otra guerra me la devolvió. La vida es muy extraña”.


Beirut siempre ha estado acosada por las balas y los bombardeos. Después de su independencia, no tardó en intentar ser conquistada –y engullida- por el terrible Imperio Otomano (1958). En los años 70 entró en una terrible guerra civil entre las mayorías dominantes de la ciudad –musulmanes al oeste, cristianos en el este- que no acabó hasta 1990.

En 1982, Israel ocupa el Líbano en busca de los refugiados palestinos, a quienes ejecuta sin dilación.

En 2006, la organización islamista Hezbolá captura a dos soldados israelíes. Como Israel está ocupado en la franja de Gaza y Cisjordania, los libaneses no esperan una respuesta rápida, pero Israel no se hace esperar. Penetra en el país por el sur, creando el terror en esa zona fronteriza, bloquea el aeropuerto internacional y el puerto de Beirut, y empieza a bombardear masivamente, tanto a soldados como a civiles. Los extranjeros comienzan a ser evacuados ante una inminente guerra.
La historia de este país, en medio del polvorín de Oriente Próximo, y en concreto, la de Beirut, es la historia de nunca acabar.


En el libro hay párrafos que merecen una atención especial. Maruja Torres tiene un don especial para conseguir que sus palabras lleguen muy profundamente a nuestro interior.
Mona es una joven valiente que dejó su casa en un pueblo del norte para venir a la capital y llevar una vida independiente, lo que ha originado el repudio de su familia, toda una hazaña, porque aquí la familia no te suelta nunca.
Mona es una chica sensible que ha conocido la zarpa de Beirut y que todos los días se ha dado un paseo por el itinerario del fracaso
”.
No hay nada que las fotografías y la televisión no difundan hasta extenuar al público. El olor a llantas y hierros quemados y al polvo de las ruinas, eso no lo puede captar la cámara. Tampoco puede reproducir el silencio ominoso que precede a la debacle”.
La lucidez vence al aturdimiento. Silencio, oscuridad y la completa seguridad de que el Líbano y sus habitantes se encuentran solos ante quienes los descuartizan”.
Todos muestran, mostramos, la misma lividez del miedo –de la anticipación del miedo-, idéntica expresión borrosa que nos reduce a la identidad que nos corresponde en estos días: comparsas. Hemos quedado reducidos a meros comparsas de la tragedia en la que otros mueren, otros matan”.
Y no sentía ganas de explicarle algo cuya complejidad escapa, por fortuna para ellos, a las entendederas de los jóvenes, que aún no han dicho adiós lo bastante como para reconocer un adiós verdadero.
¿Cómo decirle que ni él ni yo ni la ciudad seremos los mismos, que nuestras miradas ya irremediablemente distintas nos devolverán en espejos que quizás no nos guste contemplar, a los que ni siquiera desearemos acercarnos? Éste es el secreto de la madurez, su bendición y también su condena. Saber de la fugacidad, apreciar lo que ocurre mientras dura, atesorar: y salvar el recuerdo, con tanto estilo como sea preciso
”.
Toda pérdida duele. Pero no hay dolor inútil”.
Las lluvias nos llegan a rachas, con violencia; luego paran, dudan, se olvidan, dejan el cielo y el aire de cristal, y cuando más confías de nuevo te arrebata una sesión de rayos y truenos que sacude la ciudad, el escenario, este caparazón en donde se acumulan los conflictos por resolver y las deudas sin pagar”.
Necesito la melancolía que me despierta tu ausencia”.
El mundo entero es un campo minado en donde brota la flor del mal a cada momento”.
La traición de los amigos ha sido creada para compensar la amabilidad de los extraños”.
El paso del tiempo no conduce en Beirut a ninguna parte, siempre nos hallamos en el punto de partida. O en el punto de mira”.
Nunca me fui. Jamás abandoné este lugar ni con los sentidos ni con la memoria”.
Por debajo de la babosidad de los versos patrióticos y de los himnos y de las frases hechas de los catálogos turísticos asoma un Líbano tan encrespado como su geografía. Detrás de toda esa verborrea a base de cumbres nevadas, cedros, leche y miel, la montaña se muestra con crueldad, obliga a su gente a vivir en permanente cuesta. En la manoseada sensualidad atribuida al litoral conviven fanatismos nada eróticos.
Éste es un país para amarlo tal como es. Incluso cuando hiere. Y eso es lo que te da
”.


Beirut, 18-07-2006


Beirut, 21-07-2006

Me voy porque no quiero ver cómo este país se desangra”.

sábado, mayo 10, 2008

La bestia de la cueva

Uno de los visitantes a la Cueva del Mamut se separa del grupo y se pierde por los oscuros recovecos laberínticos de la caverna. Cuando se da cuenta de que está perdido, empieza a gritar para poder captar la atención del guía y el resto del grupo. Aunque sabe que no pueden escucharle...
De repente escucha pasos, al principio se siente alegre porque vienen a buscarle, pero después se da cuenta de que esas pisadas blandas pertenecen a alguna bestia que pervive allí, en medio de la oscuridad. Se tiene que defender y decide aprovisionarse de piedras. Sabe que la bestia está cerca, y, cuando dobla la esquina, empieza a tirarle pedruscos y huye. El visitante perdido sabe que ha herido a la bestia.
Entonces escucha otros pasos rápidos y reconoce en ellos los del guía, que ha entrado a buscarle. Cuando le cuenta lo sucedido, deciden ir a ver al extraño ser que vive en las entrañas de la cueva. Cuando le alumbran con la linterna, se dan cuenta de que está a punto de morir, y lo que en principio parecía un mono ¡es realmente un hombre!

Un asunto pendiente

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Desde que me leyera El psicoanalista, considero a John Katzenbach uno de los mejores escritores contemporáneos de thriller psicológicos. Él no se dedica exclusivamente a describir sólo los hechos, sino que se introduce –y nos introduce- en la mente del psicópata y, de esa manera, podemos observar su manera de pensar, su frialdad ante el resto de personas, su indiferencia ante la muerte, sus ansias de venganza, una terrible soledad y un sinfín de actitudes más que nos dan las posibles pistas de su actuación posterior en diferentes situaciones, casi todas creadas por él.
Es obvio que el psicópata es el elemento más atractivo de toda la novela. Así pasa aquí, y así pasaba en El psicoanalista.

No te imaginas lo que es vivir escondido. Llega un momento en que no sabes si siguen o no buscándote, es el peor. Porque huir no es tan malo. La adrenalina te empuja y estás siempre alerta, siempre preparado para lo que pueda venir, como con un chute de anfetaminas. Es la mejor parte de ser un delincuente. Siempre en guardia; es emocionante y hasta divertido. Pero pasado un tiempo, años incluso, empiezas a dudar. Todo lo que te rodea ha cambiado, pero tú no. Incluso si estás trabajando, incluso si estás haciendo otras cosas, en el fondo sabes que todo es mentira y que en realidad estás huyendo. Y eso es horrible, porque no sabes si hay alguien ahí fuera que sigue buscándote.
Así que te preguntas si habrás desperdiciado tu vida para terminar como una nota a pie de página en la tesis doctoral de un miembro de la policía científica
”.
La familia Richards vive acomodadamente en una zona residencial de Greensville. Duncan, el pater familias, es banquero. Como mano derecha del presidente del banco donde trabaja, ha ido ascendiendo puestos hasta ser uno de los directores adjuntos. Su esposa, Megan, trabaja en una agencia inmobiliaria y se siente dichosa cada vez que alquila alguna de las estropeadas casas y derruidas granjas de los alrededores de la ciudad. Sus hijas mayores, Karen y Lauren, son dos gemelas muy risueñas, unas adolescentes que viven en su mundo de fantasía. Tommy, el muchacho, es un niño especial. A medio camino entre el autismo y la esquizofrenia, el niño tiene acusados ataques acompañados de largas ausencias, pero el cariño de su familia le hace seguir adelante. A pesar de que podría parecer lo contrario, el niño es muy inteligente, característica típica en la mayoría de niños autistas. Varias veces a la semana va su abuelo, el juez Tommy Pearson, a recogerle al colegio.
Todo parece haber cambiado en las vida de Duncan y Megan, que parecen haber olvidado su pasado activista y su participación en el movimiento hippy, allá por los años 60.
Han pasado 18 años, pero Olivia Barrow no ha olvidado a los que la dejaron tirada en medio de la calle, con el cuerpo sangrante de otra activista y los años de la cárcel, donde ha forjado una cruel venganza. Acaban de darle la libertad provisional y Olivia se dirige inmediatamente hacia Greenville.
Duncan y Megan pertenecieron, durante 1968, a un grupo revolucionario que se proclamaba contrario al sistema, contrario a las guerras, contrario al país... y la lucha la llevaron a la calle. El grupo que lideraba Olivia decidió atracar un banco, para darse a conocer. No habría derramamiento de sangre, solo se llevarían el dinero. Pero no salió como habían planeado. Los guardas empezaron a disparar y en el tiroteo murieron, tanto activistas como policías. Duncan estaba fuera del banco, preparado para huir, pero cuando vio el panorama, salió huyendo, buscando a Megan, que estaba en una furgoneta, algo más lejos del banco.
Olivia, junto a dos cómplices, secuestra a los dos Tommys a la salida del colegio del niño y los encierran en un ático de una desvencijada casa de las afueras. La familia Richards está muy nerviosa. Saben que Olivia ha venido dispuesta a acabar con ellos y que no se conformará con el dinero del secuestro. Ella solo quiere destruir a la familia. Cuando aparece en el banco, no le dice una cantidad fija a Duncan, solo quiere que lo robe de su propio banco, que imagine cuánto vale la vida de su hijo y de su suegro.
Las gemelas se enteran de lo que sus padres fueron en el pasado, y Megan consigue mantenerlos a todos unidos.
Duncan conoce todos los secretos del banco, así que no es difícil para él robar el dinero, siempre tomando medidas y explicándolo todo después. Sabe que es ilegal lo que va a hacer, pero Olivia solo quiere que termine lo que empezó hace 18 años. Pero ahora no puede huir, porque le presiona con dos vidas de su familia.
Pero cuando les entrega el dinero, Olivia no le entrega a los prisioneros; solo se ha dedicado a jugar con Duncan. Su finalidad es matarlos a todos, ahora que ha conseguido tantos millones de dólares. También enfrentará a sus cómplices para que se maten entre ellos.
Hay algo que falla en su plan: el amor de una madre por su hijo es más grande de lo que imagina. Y Megan conoce el modo de pensar y de actuar de Olivia, así que, con la ventaja de trabajar en una inmobiliaria, solo tiene que buscar las casas alquiladas en los alrededores. Después de recorrerse la zona, por fin da con la antigua granja donde tienen secuestrado a su hijo. Ahora tienen que ser más fuertes: debe comprar armas para todos. Cuando llega a casa, explica su plan y los padres y las gemelas consiguen entrar en la casa. El juez, antiguo marine, muere ante una ráfaga de metralla, pero sirve de pared humana para que su nieto se salve. Tanto Olivia como sus cómplices mueren en el tiroteo.

Están llenos de infinita ternura los diálogos entre los dos Tommys. Como no tienen mucho que hacer en el ático donde están encerrados, matan sus horas hablando. El juez le cuenta historias de cuando estuvo en la guerra. A Tommy se le ve un chico despierto, con afán por vivir y dotado para una supervivencia innata, a pesar de su “mal”. En el mismo ático le da un ataque que no puede remediar y es entrañable cuando, al volver en sí, le dice a su abuelo: “Lo siento”.
Tommy, además, en su inocencia infantil es el único que no se deja engañar por Olivia. Es el único que comprende que ella miente y que, finalmente, les va a terminar matando.
Me quedo, especialmente, con estos recuerdos tan tiernos de Tommy. Sabes que es un niño “especial”, pero es inevitable no cogerle cariño.

Es importante subrayar también la determinación de Megan por salvar a los suyos, por mantener unida a la familia, la que de verdad lucha por ese niño fruto del amor maduro. Ella es la que busca a su hijo, le encuentra, la que traza el plan y la que llega hasta él, pues no hay disparo que pueda detenerla. Y gracias a esta brillante determinación maternal la historia termina bien.

viernes, mayo 09, 2008

Un lugar en el mundo

Hay un lugar donde constantemente se escucha el rumor incesante del mar.
Hay un lugar donde no existe la oscuridad, ni la exterior ni la interior, que esta última, si cabe, es mala compañera.
Hay un lugar donde se disipan las diferencias: de color, de raza, de país, sociales, económicas...
Hay un lugar donde el hombre puede aspirar a ser un poquito más feliz.
Hay un lugar donde cada amanecer es único.
Hay un lugar donde el paso del tiempo no existe, los minutos se detienen, se congelan en el aire...
Hay un lugar donde se hace imposible no sentir nada bueno.
Me pregunto si hay un lugar para mí en el mundo. Me pregunto si un día encontraré mi lugar, mi razón de ser, si cumpliré mis sueños, mis objetivos y metas en la vida, si no perderé las esperanzas, si seguiré albergando innumerables ilusiones... Y lo que esté por venir.
Me gustaría conocer ese lugar. De lo único de lo que estoy segura es que ese lugar existe.

El buque misterioso

Un navío va de costa en costa y allí donde permanece parado durante un tiempo desaparece una persona: en Ruralville desaparece John Griggs, después de la batalla contra un bergantín desaparece Henry John, en la isla de Madagascar desaparece un nativo llamado Dahabea, y en Florida desaparece John Brown.
El capitán del barco, Manuel Ruello, está en busca y captura por las desapariciones de esas personas. Entonces descubren que hay una región en el Polo Norte que es para los exploradores, esa región que es de todos y de nadie, conocida como "Tierra de Nadie". Allí se encuentran con los primeros desaparecidos, vivos, y cuando llega el buque de Ruello, le están esperando para liberar al último rehén y detener al capitán.

El laberinto de la rosa


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Sé que me muestro muy crítica con este tipo de libros que muestran historia, enigmas, anagramas, acertijos, personajes del pasado, hipótesis irreales. No puedo quejarme mucho de este libro en el sentido de que me ha entretenido, si bien es cierto que lo veo cojear en muchos lugares donde faltan explicaciones, en palabras y contenidos, así como lugares, que no vienen a cuento porque no tienen nada que ver con la historia de la que se habla.
Lo que me llamó la atención cuando el Día del Libro me lo traje a casa fue el título. Adoro las rosas, además de que son mis flores preferidas. Me gustan las rojas que parecen de terciopelo, pero también las blancas, las amarillas, las negras... Pero también me atrajo algo más. El libro aparecía metido en una especie de caja de cartón que contenía algo más...
Allí había una especie de hojas unidas por la parte superior que tenían textos, casi todos incomprensibles, y, por detrás tenían dibujos e imágenes. El primer día lo hojeé por encima, pero a medida que empecé a leer, volví a cogerlo y pasé las hojas de nuevo. Dos mitades simétricas en dos de los dibujos me dieron la pista: aquello había que ordenarlo, como si de un puzzle se tratara, y descubrir lo que parecía un camino que, como bien dice el título, es un laberinto.
El aroma de la rosa está pendiente en todo el libro. Es como si, a medida que vas leyendo, estuvieras sintiendo que a tu alrededor también hay rosas...
Will es un treintañero que regresa a su casa de Longparish, en las afueras de Londres, desde Italia. Ha pernoctado en una casa que sus padres tienen cerca de Chartres, ha visitado el laberinto de la famosa catedral y ha cogido su Ducati para, por fin, volver con su padre. En medio de la niebla, está pasando por un puente, cuando un coche se le acerca y provoca un accidente. Will entra en coma.
Henry Stafford acaba de enviudar hace poco. Su esposa, Diana, ha dejado un extraño legado a su hijo menor, Will: un pergamino y una llave de plata.
Alex, médico de profesión, regresa de dar una conferencia en Estados Unidos. Tiene ganas de volver a ver a su hermano Will, que ha recorrido media Europa en su flamante moto. Cuando baja del avión, regresa al hospital.
Lucy King es una joven que está esperando un corazón. Se pasa los días cosiendo y leyendo en el hospital de Chelsea. Es australiana, pero hace unos años decidió ir a Inglaterra, quizás en busca de su madre, y allí se quedó. Por fin le van a hacer el transplante, pero no está el inmunólogo habitual, el doctor Stafford, que para Lucy es como una luz donde ella ve oscuridad. Cuando despierta de la anestesia, Alex está junto a su cama. No es el Alex habitual: se encuentra demacrado, desaseado y con ojeras y barba de varios días; parece que lleva varios días sin dormir. Lucy tiene mucha medicación pero su cuerpo acepta el nuevo corazón.
Will había muerto. Para la familia Stafford y para su ex novia Siân el fallecimiento de una persona con tanta vida es inaceptable. Alex no cree que haya sido un accidente, conoce demasiado bien a su hermano y sabe que es un buen conductor.
Los papeles que había recibido Will de su madre pasan a las manos de Alex. Junto a la convaleciente Lucy, de la que se enamora, descubren lo que abren las dos llaves, la de plata y la de oro, que encuentran, e intentan resolver los acertijos que llegan a sus manos. En la moto de Will encuentran la cámara de fotos que éste usaba y Lucy revela las fotos. Lo primero que descubren es que Alex es descendiente de John Dee, un alquimista, científico, médico y filósofo del siglo XVII que decía que "hablaba con los ángeles".
Aparece en escena el primo lejano que vive en Estados Unidos, Calvin, y les explica que un grupo de fundamentalistas cristianos están detrás de su pista para conseguir los documentos, porque ellos, en su fanatismo, creen que pueden hablar con los ángeles, a pesar de que mueran miles de personas. No les importa nada más que ellos y su gloria personal.
Pero el último cofre sólo pueden abrirlo "la Dama Oscura de la Luz" y "el Caballero del Nudo", que no son otros más que Alex y Lucy. En el cofre descubren una especie de instrumentos para crear el holograma de un ángel y será Max, el hijo pequeño del primer matrimonio de Alex, quien haga surgir la figura de un ángel en la catedral de Chartres.