Mis sobrinas tienen tres tíos (mi hermano pequeño, el hermano de mi cuñada y yo) y es obvio que ellas sólo quieren estar conmigo. Si no estoy preguntan por mí. Si van a ir a algún sitio preguntan si voy a ir yo también. Si se van a disfrazar preguntan si yo también. Se acuerdan de que estoy sin coche y preguntan cómo voy a trabajar. Así que siempre tienen mi nombre a punto en sus boquitas.
En cuanto me ven se me tiran al cuello...
A mí me gusta mucho ejercer de tía. Y ahora tenemos secretos entre nosotras. A ver cuánto duran esos secretos.
lunes, febrero 12, 2018
Venceréis, pero no convenceréis
Estatua de Miguel de Unamuno enfrente de la casa donde vivió y murió, Salamanca
En Salamanca era habitual ver siempre mucha gente en la Plaza Mayor. A veces, regalaban algo y no se podía parar. En septiembre, en la Fiesta Grande (las fiestas de Salamanca coinciden en junio y septiembre con las de Haro) solían traer algún concierto que impedía a veces entrar en la plaza (de hecho, yo a Miguel Bosé no lo llegué a ver, pero sí lo escuché desde alguna calle cercana, porque pasaba por allí y no porque fuera mi intención ir a escucharle).
Hay muchos momentos multitudinarios en esa plaza, pero sobre todo recuerdo las rebeliones de la ciudad contra ciertas injusticias. Entonces... alguien se revisaba la bibliografía de Don Miguel de Unamuno y sacaba alguna frase que fuera idónea para la ocasión. Recordemos que Unamuno no era charro (*), sino vasco, pero Salamanca le acogió con las manos abiertas y es uno de los hijos adoptivos de la ciudad. Las anécdotas de Don Miguel recorren las calles de Salamanca, posiblemente muchas exageradas por la rumorología popular. Pero también es cierto que sus frases se han convertido en mantras en muchas de las ocasiones en que la ciudad se ha echado a la calle.
Porque yo viví el "Venceréis, pero no convenceréis", máxima sacada de la obra de Don Miguel para mostrar la injusticia sobre los documentos de la Guerra Civil Española acumulados en el Archivo y de los cuales los que hacían referencia a Cataluña marcharon a Cataluña.
Los charros y los que estábamos de paso nos echamos a la calle en un sinfín de ocasiones, elevamos las voces al cielo, nos rebelamos con esa consigna prestada de Don Miguel, pero de nada sirvió. Había demasiada política implicada. Los documentos catalanes del Archivo de la Guerra marcharon a Cataluña.
Durante años pasé por el Archivo, pero nunca tuve necesidad de entrar. En él se aunaban todos los documentos históricos que tuvieran que ver con la Guerra Civil Española. Todos, los de todo el país. Cualquier documento histórico que tuviera relación o hiciera referencias a la Guerra Civil marchaba a Salamanca. Así que cuando se llevaron una parte de esos documentos a Cataluña el Archivo se quedó cojo al faltar una parte.
En aquellos años yo salí a la calle porque era injusto. Pero hay tantas injusticias sin respuesta...
Fachada del Archivo (en realidad, yo salía en la foto, que la hice en la época de la polémica)
De todas formas, la consigna de Unamuno se me grabó para siempre. No sólo transmite esperanza, sino que tiene fuerza, nos da mucho impulso.
(*) Charro: Salmantino, salamanquino, gentilicio del nacido en Salamanca (pero ojo, que no es despectivo, es el gentilicio que más usan los propios charros).
Librería solidaria
Ayer estuvimos en un bar que se llama Más que miga. Hacía tiempo que no íbamos.
Allí he donado yo libros en su biblioteca solidaria (cuando empecé a traer libros a mi casa aparecieron ejemplares repetidos, por eso no dejo a nadie que me regale libros), aunque también he cogido alguna vez. Hay un buzón para echar la voluntad si te llevas algún libro.
Por supuesto, ayer también me acerqué a ver si había libros nuevos.
Allí he donado yo libros en su biblioteca solidaria (cuando empecé a traer libros a mi casa aparecieron ejemplares repetidos, por eso no dejo a nadie que me regale libros), aunque también he cogido alguna vez. Hay un buzón para echar la voluntad si te llevas algún libro.
Por supuesto, ayer también me acerqué a ver si había libros nuevos.
De lunes
Hay días en que no me apetece hacer nada. Absolutamente nada. Después del jaleo de la mañana y sin preocupaciones para la tarde, hoy puedo dedicarme a leer, o incluso a reorganizar esos álbumes de fotos que me esperan desde hace tiempo. Lo único que noto es que esa hora que he dormido de menos esta noche me hace efecto, y lo que tengo claro es que no me voy a echar una siesta.
Hace un rato nevaba bastante, pero no tiene pinta de cuajar.
Tengo ganas de que llegue la primavera para disfrutar de las tardes al sol, en las terrazas y en la calle. O incluso en la ermita de mi pueblo, donde la primavera se disfruta a tope, a la sombra de los árboles y en medio de un paraje completamente natural.
Placidez
A la hora de cenar me he quedado dormida, y ahora estoy completamente desvelada. He soñado con el mar azul y las casitas blancas, de lo que podrían ser las islas griegas. Y me he despertado con cierta placidez. Ahora no sé cuánto tardaré en dormir otra vez.
Una vez estuve a punto de visitar las islas griegas, pero hay que ir en temporada alta, y yo evito cogerme vacaciones en los meses más álgidos del verano, porque me agobian las multitudes.
Da igual que sean las islas griegas, que otro destino. Necesito escapar de aquí.
Podría volver al sueño donde me he quedado.
domingo, febrero 11, 2018
Vermouts de domingo
Me gusta mucho el vermout en Logroño. Siempre hay gente en los bares de la zona.
De hecho, me gusta pasar los domingos en Logroño.
Logroño siempre es un placer.
De hecho, me gusta pasar los domingos en Logroño.
Logroño siempre es un placer.
Columpios vacíos
Hoy no he librado tampoco de ir a merendar con mis sobrinas. Hoy no ha habido columpios pero les daba igual: querían salir pese a la lluvia.
He llegado a casa agotada.
He llegado a casa agotada.
Remoloneando
Podría pasarme horas así, con la luz del este entrando por la ventana, con otro libro en las manos, sin prisa por avanzar en el día. Porque hoy quiero caminar despacio.
Mi madre me dijo ayer otra vez que cubra las ventanas. Le dije que pondré estores... algún día. Si viviera en un 1º no me hubiera quedado más remedio que tenerlo puesto ya, en aras de la privacidad. Pero en un 4° pueden esperar estores y alfombras.
Eso hace que a veces parezca algo desangelado. De todas formas, las ventanas libres de todo permiten que entre más luz.
Hoy, sin prisa. Este ratito es muy placentero.
Mi madre me dijo ayer otra vez que cubra las ventanas. Le dije que pondré estores... algún día. Si viviera en un 1º no me hubiera quedado más remedio que tenerlo puesto ya, en aras de la privacidad. Pero en un 4° pueden esperar estores y alfombras.
Eso hace que a veces parezca algo desangelado. De todas formas, las ventanas libres de todo permiten que entre más luz.
Hoy, sin prisa. Este ratito es muy placentero.
Ordesa
"A mi padre le encantaba Ordesa. Porque en Ordesa de repente todas las insanias de la vida se mueren ante el esplendor de las montañas, los árboles y el río".
No sabía qué podía esperar cuando hace unos días decidí leer Ordesa. Ahora, recién terminada, me ha dejado pensativa, porque en cierto modo mucho de lo que cuenta el autor en sus páginas lo hemos vivido todos. Es una novela autobiográfica, personalísima, que desde un punto de vista individual nos describe los cambios de España desde los años 60 hasta la actualidad. Así, me da la sensación de encontrarme ante una novela costumbrista, pero que también alterna ese pasado no tan reciente con la visión presente del autor.
En este libro nos encontramos con dos visiones muy personales: una mirada al pasado y la vida presente del autor. Que conste que he comprobado datos que da que son reales, de su propia vida.
Escribe en primera persona y los capítulos son breves, por lo que la novela se convierte en una lectura muy ágil y vibrante.
Aun habiendo nacido más de una década después que Manuel Vilas hay momentos en que me he sentido verdaderamente identificada con ciertas cosas que cuenta sobre su familia: los primeros coches, la vida en un pueblo, las historias a través de las fotos en sepia, los secretos de la casa de los abuelos, las vacaciones en la playa, la tierna infancia en los años 80, las partidas de cartas en el bar, el misterio de abuelos, bisabuelos y tíos (y sobre todo el misterio de aquellos a quienes no conocimos).
En definitiva, Vilas se dedica a descubrir sus orígenes a través de sus antepasados, muchos de los cuales no conoce ni ha conocido, y eso le sirve para regalarnos una visión de España, de cómo se vivía en los años 60, 70, 80 y 90, cómo ha ido cambiando nuestro mundo, y sin embargo, seguimos siendo pobres si nos comparamos con otros países.
A la vez, Vilas nos describe cómo llegó a la situación actual, cómo le dio la mano al actual Rey de España (y lo orgulloso que se sentiría su padre de él), cómo sigue siendo pobre pese a escribir numerosos libros, se compara con sus padres (muchos de cuyos atributos él sigue repitiendo en la actualidad, por ejemplo, que todo lo que tocan sus manos se termine cayendo al suelo y rompiendo, como le ocurría a su madre), habla de sus hijos -unos hijos ya independientes que no le hacen mucho caso-, de su divorcio, de cuando aprobó las oposiciones y durante años dio clases a adolescentes en un instituto...
Y sobre todo hay algo que se repite insistente en el libro: la muerte, y sobre todo de la muerte de los progenitores. Vilas nos deja leer entre líneas lo orgulloso que se siente de sus padres y, ahora, una vez que han muerto, se da cuenta de todas las cosas que quiso preguntarles y nunca lo hizo. Es posible que hubiera obtenido respuestas que ya nadie le dirá. Habla de otras muertes de tíos y abuelos, pero sobre todo nos explica cómo fallece su padre (cáncer) y su madre (mientras dormía en la cama) en un espacio de tiempo de varios años entre uno y otro. Porque el autor nos da las fechas concretas. En cierto modo, la novela parece un homenaje a sus progenitores, al hablar de ellos "y con ellos" desde el cariño, la ternura y con una emoción que también al lector nos pone la piel de gallina.
Me ha gustado muchísimo. Nunca había leído nada de este autor y me ha sorprendido gratamente.
"El valle de Ordesa sigue allí, no cambia, no ha cambiado en estos últimos cincuenta millones de años. Sigue igual, tal como se creó en la era terciaria. Después de cincuenta millones de años estando solo, el 16 de agosto de 1918 fue declarado Parque Nacional y comenzaron a venir los montañeros a escalar los 3.355 metros de altitud del Monte Perdido.
Arriba no hay nadie".
EL AUTOR:
Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y narrador. Entre sus libros de poesía destacan El cielo (2000), Resurrección (2005; XV Premio Jaime Gil de Biedma), Calor (2008; VI Premio Fray Luis de León), Gran Vilas (2012; XXXIII Premio Ciudad de Melilla) y El hundimiento (2015; XVII Premio Internacional de Poesía Generación del 27). Su poesía reunida se publicó en 2010 con el título de Amor, y su Poesía completa en 2016. Es autor de las novelas España (2008), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire Nuestro (2009; Premio Cálamo), Los inmortales (2012) y El luminoso regalo (2013). También ha escrito libros de relatos como Zeta (2014) y Setecientos millones de rinocerontes (2015). Ha recopilado sus estados de Facebook en el libro Listen to me (2013). En 2016 se editó la crónica Lou Reed era español. Su último libro publicado es el autobiográfico América (2017). Además de los citados, ha ganado el X Premio Llanes de Viajes y el Premio de las Letras Aragonesas (2015). Su obra figura en las principales antologías nacionales tanto de poesía como de narrativa. Escribe habitualmente en prensa.
EL LIBRO:
Título original: Ordesa
Autor: Manuel Vilas
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en enero de 2018), formato eBook
Número de páginas: 392
ISBN: 9788420431833
Valoración: 9/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la V.
- Reto 25 españoles.
- Reto Genérico: Narrativa contemporánea.
- Reto 100 libros.
sábado, febrero 10, 2018
Noche de Carnaval
Ciudad Rodrigo, Salamanca
Esta tarde se me ha pasado el "mono" de comprar libros, así que hasta la próxima vez... Hace un frío terrible esta noche. Si mis amigos vienen a tomar algo es posible que salga, pero igual con el frío que hace se quedan en el bar del pueblo. De todas formas, lo que tengo claro es que los disfraces los dejamos para el pasado.
Una vez en Carnaval me disfracé de india y compré un arco con flechas que me dedicaba a tirar a todos los traseros en la discoteca, cuando la discoteca aún no había cerrado sus puertas definitivamente (y hace muchos años que se clausuró). Creo haberme disfrazado varias veces, aunque ya ni siquiera me apetece, lo que de verdad no me apetece es pasar frío.
Si me remito más atrás en el tiempo iría a Ciudad Rodrigo, pueblo limítrofe con Portugal. Cogí un autobús con una amiga de Salamanca y nos marchamos a disfrutar del archiconocido "Carnaval del Toro". De allí volví con un tatuaje junto al ombligo. Pequeño. No me gustan los tatuajes grandes. De todas formas, en Tenerife, años más tarde, me tatué unos delfines en la espalda, también pequeños. Como no me los veo me suelo olvidar de que los tengo. Sin embargo, mis sobrinas en verano sí que me repasan con sus dedos los tatuajes y me preguntan si no se borran. La pequeña me dijo que le gusta mi unicornio. No sé cómo explicarle la diferencia entre un unicornio y un pegaso. Así que cuando crezca un poco ya le contaré un cuento sobre un pegaso. Si no sé ninguno me lo terminaré inventando.
Esto me recuerda a que mañana tengo comida familiar y tarde de niñas.
Ciudad Rodrigo era como una réplica de Salamanca en chiquitito. Habían habilitado una plaza de toros provisional en su Plaza Mayor, y ese coso era rectangular. También recuerdo el castillo, que si la memoria no me falla estaba convertido en Parador. Son célebres los carnavales de Ciudad Rodrigo.
Visitas y visitas
Mi intención era llegar a la librería antes de comer, pero no he llegado. Me debería haber mosqueado ver la calle vacía y todos los negocios cerrados. Pero he seguido caminando. Cuando he llegado, he comprobado que eran las 14.15h, así que me he dado media vuelta para volver a casa.
Hay sábados que son muy tranquilos, que puedo pasarme toda la mañana remoloneando y leyendo, pero hoy ha sido extraño, sobre todo porque en cierto momento he decidido dejar el libro para ponerme a limpiar. Y si te visitan cuando tienes el piso limpio da gusto.
Mis padres no han sido los únicos que han venido hoy a mi casa, ya que he quedado con una amiga porque tengo un paraguas suyo desde la última vez que nos vimos, allá por el aniversario de amigas, en noviembre. Así que también hemos estado en mi casa para luego marchar yo sin mirar la hora ni comprobar que ya estaría todo cerrado.
Ahora me toca volver al libro. No sé cómo lo he hecho pero llevo leído un 42%.
Una agradable visita
Digamos que después de leer un buen rato esta mañana me ha dado por limpiar. Y cuando estaba poniendo la funda en el nórdico, que no sé si hay que estudiar una ingeniería para meterlo y que quede bien, han sonado el timbre y el teléfono a la vez. La misma persona era la que llamaba a uno y otro.
Mis padres suelen venir de vez en cuando. Siempre sin avisar. Así que han estado dando vueltas por mi piso mientras yo seguía peleándome con el nórdico.
Y como he quedado con una amiga para devolverle el paraguas que metió en mi bolso allá por el mes de octubre, ya es hora de marchar.
Me pesa dejar el libro a medias, que ya voy por la mitad. Pero es que además tengo antojo de pasarme por la librería. No sé si al final me echaré para atrás. Sólo sé que quiero salir a la calle. Me da igual el frío, quiero aire puro.
Esta mañana cuando he abierto los ojos y he mirado por la ventana he comprobado que las luces aún seguían encendidas pese a que ya había amanecido. El Ayuntamiento tendrá que poner enseguida horario de verano en las farolas, que los días largos ya se notan, tanto al amanecer como al anochecer.
49 de 157
Cuando un libro tiene capítulos cortos suelo leerlo muy rápido, porque siempre digo: "Uno más", que en realidad luego vienen a ser veinte más.
Lo cierto es que es un libro muy bien escrito, de lectura ágil y en ciertos momentos me siento identificada.
Ya veo que me va a durar muy poco.
Lo cierto es que es un libro muy bien escrito, de lectura ágil y en ciertos momentos me siento identificada.
Ya veo que me va a durar muy poco.
viernes, febrero 09, 2018
Instantes fugaces

Esta mañana me he levantado con dolor de cabeza. Durante el día se ha atenuado, pero ahora vuelve a doler. Yo creo que es culpa de este tiempo tan inestable, que de repente está nevando como si estuviéramos en los Pirineos, y al poco rato sale un sol primaveral. Por la tarde ha llegado la lluvia y con ella la humedad. Muchas veces me duele la cabeza por la presión del trabajo, pero no hoy, no cuando ya me dolía antes de salir de casa.
Ha habido momentos hoy que me he echado unas risas. Y es que hay personas que simplemente nos traen cosas positivas. En esos momentos me he olvidado incluso de ese dolor de cabeza que me ha acompañado todo el día.
De todas formas, he empezado nuevo libro. Y leído el primer capítulo tengo que decir que ya me encuentro enganchada. La cuestión es que leí varias opiniones que me llevaron a él, y hoy he releído todas esas opiniones. Siento mucha curiosidad. No he leído nada de ese autor, pero ya siento una curiosidad intensa...
Además este fin de semana descansaré, no trabajaré nada. Lo dedicaré a leer y a disfrutar de mis horas de asueto. Aunque siempre digo eso y luego termino tomando cervezas por ahí, que es Carnaval, y nunca se sabe...
Y las montañas hablaron
Reconozco que me ha costado bastante leer este libro. No es habitual. Me gustaron las dos novelas anteriores, pero ésta me ha costado. Hay tal confusión de personajes y nombres que muchas veces no sabía dónde me encontraba. Y no es que esté mal escrita, porque no, pero sí confunden tantos personajes en tan poco espacio de tiempo.

La trama nos relata varias épocas diferentes de una misma familia afgana. Comienza con un cuento en que Baba Ayub cuenta a sus hijos, Abdulá y Pari, lo que va a convertir en realidad al día siguiente: entregar a la pequeña Pari a una familia acomodada en Kabul porque ellos viven en la máxima pobreza. Pero Abdulá comprende que el cuento se va a hacer realidad y decide ir a Kabul con su padre y su hermana.
Baba Ayub vive en la mísera aldea de Shadbagh, con sus dos hijos del primer matrimonio, y su segunda esposa, Parwana, con la que acaba de tener un tercer hijo, Iqbal. Sabe que no podrá mantener a todos, y cuando su cuñado Nabi le propone que entreguen a la niña a la familia rica para la que él trabaja, Baba Ayub no se lo piensa dos veces. Corren los años 50 y en Afganistán aún tiene que correr la historia.
Nina Wahdati se encariña con Pari nada más que la ve, e incluso su marido sale con ella a pasear. Nina es estéril y la niña le une nuevamente a su marido. Viven en una enorme mansión y a Pari le dan todos los caprichos, tanto que ella, a su corta edad, terminará olvidando sus orígenes.
Pasan los años y al señor Wahdati le da un parálisis, por lo que se convertirá en un hombre dependiente. Sólo el chófer y cocinero, Nabi, se hará cargo de él, mientras que Nina y su hija se marchan a París, abandonando un país que pronto entrará en guerra y seguirá aterrorizado con el poder de los talibanes.
Así, Nabi heredará la casa de los Wahdati, desvalijada durante la guerra, pero intenta encontrar a su sobrina Pari. Cuando Markus aparece en su casa con una organización humanitaria, Nabi no les cobra la estancia y le pedirá como favor encontrar a su sobrina.
Pari vive en París, desconociendo su olvidado pasado, pero siente una ausencia muy dentro de sí misma. Sin embargo, no logrará saber nada hasta que Markus consiga ponerse en contacto con ella.
Mientras, Abdulá vive en Estados Unidos, cuidado por su hija que también se llama Pari. Ha sufrido un derrame cerebral y no puede hablar, pero ni siquiera se acuerda de quién es...
Es una historia muy triste, conmovedora quizás. Esperaba otro final...
EL AUTOR:

Khaled Hosseini nació en Kabul, Afganistán, y se trasladó a Estados Unidos en 1980. Estudió Medicina en la Universidad de California y mientras ejercía como médico empezó a escribir Cometas en el cielo. En 2006 fue nombrado embajador de buena voluntad del ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados). Tanto su primera novela como la posterior, Mil soles espléndidos, se convirtieron pronto en superventas internacionales y han sido publicadas en más de setenta países. En 2007, Khaled puso en marcha la Fundación Khaled Hosseini, destinada a proporcionar ayuda humanitaria al pueblo de Afganistán para intentar aliviar su sufrimiento y contribuir a crear comunidades prósperas. Actualmente vive en el norte de California.
EL LIBRO:
Título original: And the Mountains Echoed
Autor: Khaled Hosseini
Traductoras: Patricia Antón de Vez y Rita da Costa
Editorial: Salamandra (1ª edición, septiembre de 2013)
Número de páginas: 382
ISBN: 9788498385434
Valoración: 6/10
RETOS:
- Desafío "Libros de Colores": Naranja.
- Reto Genérico: Narrativa contemporánea.
- Reto 100 libros.
Terminando la semana
Sin terminar aún el libro anterior, ya tengo descargado Ordesa de Manuel Vilas en el eReader. Finalmente he decidido alternar. El Kobo me ha pedido actualización, cambio de contraseña de la WiFi y un sinfín de cosas más. Pero ya tengo todo activo para empezar este fin de semana. Lo cierto es que tengo ganas ya de terminar de leer sobre Afganistán.
El de Ordesa me llamó la atención cuando fui a ver alguna página literaria y directamente vi un anuncio publicitario sobre esta novela. Así que he decidido empezar con él.
También he leído las instrucciones del Kobo, sobre todo por el tema de sincronizaciones. Y ahora que estoy puesta al día sí que me puedo marchar.
Acabo de darme cuenta de que esta semana estoy echando de menos ciertas cosas. Ya llegarán otras semanas más completas. Al fin y al cabo, mañana por fin es viernes. Y necesito la calma que trae el fin de semana.
jueves, febrero 08, 2018
Capuchino
Hoy hemos tomado café en el Studio 54. A mí es un sitio que personalmente me encanta, de día y de noche.
Además nos llevamos muy bien con el encargado del bar.
Estábamos solos con él.
Además nos llevamos muy bien con el encargado del bar.
Estábamos solos con él.
Otro jueves
Los jueves me viene bien ir a Ezcaray, porque me viene bien cambiar de gente. Será el aire de la montaña.
A veces es como un pequeño paréntesis en la semana.
En la oficina me han ofrecido sus coches, pero les he dicho que no. Al final, he explicado la situación a quienes se lo tenía que decir.
Lo cierto es que al principio me era indiferente estar sin coche, pero ahora, cuando pienso en las cervezas en la plaza o la ermita de mi pueblo, numerosas en cuanto empiece la primavera... echo de menos el coche.
Ahora me toca ir a todos los sitios caminando. Y cuando camino siempre me fijo más en las cosas que me rodean.
A veces es como un pequeño paréntesis en la semana.
En la oficina me han ofrecido sus coches, pero les he dicho que no. Al final, he explicado la situación a quienes se lo tenía que decir.
Lo cierto es que al principio me era indiferente estar sin coche, pero ahora, cuando pienso en las cervezas en la plaza o la ermita de mi pueblo, numerosas en cuanto empiece la primavera... echo de menos el coche.
Ahora me toca ir a todos los sitios caminando. Y cuando camino siempre me fijo más en las cosas que me rodean.
Quiere nevar esta noche
Hace demasiado frío. Y está nevando. Pero miro por la ventana y cae una pelusilla blanca y suave, que más bien parece algodón. No tiene pinta de que mañana aparezcan los tejados blancos. Creo que dijeron que esta noche iba a ser la peor, pero en cuanto pase nos olvidaremos de la nieve, espero, hasta el próximo invierno.
De pequeña he visto nieve incluso en mi cumpleaños, en el mes de abril. Pero como dice el refrán, abril es un mes de agua, y no de nieve.
Como llevo varias horas de retraso de sueño, hoy me quedaré dormida enseguida. Estoy leyendo muy despacito. Hay veces que dejo la lectura porque hay momentos emotivos, e incluso muy tristes. Pero estoy a la expectativa, porque va a ocurrir algo... Se intuye... Un reencuentro.
Se me hace tarde. No tanto como otros días, y sigue siendo tan buen momento para ir a leer como cualquier otro.
miércoles, febrero 07, 2018
En el mes de febrero
Cada mes de febrero me acuerdo de él. De cuando le miraba y me perdía en sus ojos. De cuando me estremecía sólo con rozarle. De cuando le tocaba la barba o le apartaba el pelo de los ojos.
Sólo se me podía ocurrir, después de pasado el tiempo, decirle que quedemos el próximo miércoles para celebrar San Valentín, e inmediatamente después decirle que se olvide de San Valentín.
Ya le dije hace unos años, también en un mes de febrero, que un día me desenamoraría de él, y es que entonces ya no estaba enamorada. Ahora sólo le quiero... de otra manera.
Ya no me tiembla la voz, ni siento que mis piernas son de mantequilla cuando él está delante, ni le llamo sólo para escuchar su voz, ni me permito perderme en su mirada. Ahora le miro y siento que le aprecio... como se puede apreciar a un hermano.
Un día dejamos de amar. Ayer amábamos y hoy no sentimos lo que sentíamos entonces. Las mariposas han desaparecido y lo que queda después... En mi caso fue tal desgaste emocional que hoy en día huyo de cualquier acercamiento. Supongo que aún estoy curando las heridas, y eso que ha pasado un tiempo.
A veces echo de menos la complicidad, robar besos a la otra persona, despertarme por las mañanas junto a alguien, el silencio compartido con alguien, los secretos, el roce físico. A veces lo echo de menos, pero no tanto. Puedo vivir sin ello. El ser humano termina adaptándose a todo.
Más ligera
Hoy se me han pasado las horas que no me he enterado. Cuando he querido darme cuenta se me había pasado la hora de comer y aún me faltaban cosas por terminar. Tampoco me gusta dejar las cosas a medias, así que cuando he llegado a casa he pensado en que me sentía tan ligera como una pluma. También tengo sueño, porque la hora de menos que he dormido esta noche la noto. Sin embargo, espero no quedarme dormida mientras me pongo a leer.
Llegar a casa siempre me reconforta mucho, sobre todo cuando ya no tengo que volver a salir a la calle. Fuera... puede nevar todo lo que quiera, aunque parece que ha parado y no seguirá nevando más por hoy. Qué tiempo más raro.
Casi las dos
No me explico cómo últimamente a las dos sigo aún con los ojos abiertos y la mente despejada. Eso sí, a las dos quitaré la luz. Que luego por la tarde me entra sueño y no es plan. De momento seguiré leyendo.
Me gusta mucho este silencio. Cuando no se oye un alma, no se escucha ruido, no se oyen coches. Es reconfortante dejarse envolver por las brumas de la noche, en el silencio y la oscuridad.
Son casi las dos y va siendo hora de dejarse abrazar por Morfeo.
martes, febrero 06, 2018
Snoopy
A veces me asombro a mí misma por la rapidez con la que a veces hago las reuniones. Casi me dan ganas de tomar una cerveza en el Snoopy sólo para entrar en calor.
Pero pensaba en el pijama y el calor de mi casa.
He llamado a mi hermano y me ha dicho que esta noche la pasa en mi casa.
Pero pensaba en el pijama y el calor de mi casa.
He llamado a mi hermano y me ha dicho que esta noche la pasa en mi casa.
Libro electrónico
Desde que hace poco leía el volumen de cuatro novelas de Pierre Lemaitre pensé seriamente que debía pasarme al libro electrónico, todo porque pesaba lo suyo.
Ya en diciembre leí una novela y pensé en comprar una funda. Pero lo dejé pasar hasta hoy.
Tengo descargados varios libros de la época en que mi madre estaba en el hospital, muchos de ellos ya los tengo leídos. Así que ahora tengo que hacer revisión de esas novelas.
En cuanto a la funda, no había muchas opciones para el Kobo. Yo quería una funda con un motivo impresionista, Van Gogh fundamentalmente, pero no había. Para versiones posteriores sí, pero para el mío no. Finalmente opté por lo más práctico, para poder agarrar.
Eso quiere decir que, de momento, voy a alternar libros físicos y libros electrónicos.
Estoy encantada. Si alguien me lo hubiera dicho hace un año no me lo hubiera creído. Si tuve el Kobo en la caja durante mucho tiempo y lo veía y miraba para otro sitio...
Ya en diciembre leí una novela y pensé en comprar una funda. Pero lo dejé pasar hasta hoy.
Tengo descargados varios libros de la época en que mi madre estaba en el hospital, muchos de ellos ya los tengo leídos. Así que ahora tengo que hacer revisión de esas novelas.
En cuanto a la funda, no había muchas opciones para el Kobo. Yo quería una funda con un motivo impresionista, Van Gogh fundamentalmente, pero no había. Para versiones posteriores sí, pero para el mío no. Finalmente opté por lo más práctico, para poder agarrar.
Eso quiere decir que, de momento, voy a alternar libros físicos y libros electrónicos.
Estoy encantada. Si alguien me lo hubiera dicho hace un año no me lo hubiera creído. Si tuve el Kobo en la caja durante mucho tiempo y lo veía y miraba para otro sitio...
Bajo la enorme encina
Cuando éramos adolescentes y el tiempo acompañaba nos reuníamos bajo una enorme encina. Desde allí se veía la carretera y la gente que caminaba hacia la ermita. Era gigante. Era nuestro espacio, de alguna manera privado.
Estábamos en la linde del bosque, a medio camino entre el pueblo y la ermita.
El árbol era tan grande que daba suficiente sombra para todos.
A veces, cuando paso por la carretera y veo la enorme encina a lo lejos, tan solitaria, me trae recuerdos. Agradables recuerdos. Pero ahora nadie acude a refugiarse bajo sus ramas, ya nadie busca su sombra.
Es verdaderamente gigante.
lunes, febrero 05, 2018
Muñecos de nieve
Que no me guste la nieve no quiere decir que no la disfrute de vez en cuando. En febrero de 2015 cayó una nevada descomunal y fui al jardín de la casa de mis padres, un sábado por la mañana, sólo para hacer un muñeco de nieve. Sin embargo, he recordado que unos años antes había hecho otro muñeco de nieve. He buscado las fotos, porque mi portátil tiene una ingente cantidad de fotos organizadas por años, y me he encontrado con que en la Navidad de 2005 hice otro muñeco de nieve.
Me ha hecho gracia comprobar que los dos muñecos compartieron la misma bufanda de colores, que aún conservo, pero también que el de 2005 me salió mucho mejor que el de hace tres años. Quizás a medida que va pasando el tiempo ponemos menos interés en este tipo de actividades.
Después de hacer los dos muñecos recuerdo haberme frotado las manos deseando entrar en calor. Tendrán que pasar al menos otros diez años para que se me ocurra hacer otro muñeco de nieve. Ahora es más complicado, porque ya no tengo la facilidad de bajar al jardín y juguetear con la nieve. Tendría que nevar muchísimo para coger algo de nieve de la terraza, y ni aun así conseguiría hacer un muñeco de nieve lo suficientemente grande.
Frío, mucho frío
Hay momentos que nieva más, hay otros que para. Miro por la ventana y veo que está todo mojado y hace frío, pero no cuaja. Aunque posiblemente siga nevando toda la noche.
Qué bien se está al calor...
Qué bien se está al calor...
Regalos de cumpleaños
He traído a casa los regalos de cumpleaños de mi sobrina Andrea, que han llegado hoy. No esperaba que la Barbie Cenicienta y su carroza ocuparan tanto, pero cuando he visto la caja he pensado que tenía que llevármelo porque ocupaba mucho.
También un estuche infantil de maquillaje de Minnie Mouse y un joyero musical.
Se lo he enseñado a mi cuñada y me ha dicho que le iban a encantar. Menos mal, porque el Sombrerero Loco sigue en mi casa.
Ahora sólo me cabe decirle los regalos a mi sobrina Paula, porque el regalo se lo hacemos juntas, pero Paula no sabe guardar secretos. Y aun así se lo tengo que contar.
Es tarde
A esta hora, generalmente, suelo estar durmiendo, pero hoy me encuentro desvelada. Influirá que esta tarde me he echado una pequeña siesta. La cuestión es que estoy deseando quedarme dormida, aunque estoy segura que en la próxima hora no pegaré ojo. Si al menos se me cayeran los párpados... pero no es el caso.
Posiblemente esté leyendo hasta las dos, y luego mañana me caeré de sueño. Pero por un día puede pasar.
Leeré, pero a las dos quitaré la luz.
Mañana sentiré en mi cuerpo esa hora que hoy voy a dormir de menos.
domingo, febrero 04, 2018
Algunos domingos
Dijeron que nevaría pero la nieve brilla por su ausencia.
Frío hace un poco, pero no tanto como comentaron.
Hoy he visto las noticias y siguen diciendo que viene un fuerte temporal.
Algunos domingos pongo hasta la televisión para ver las noticias. Quizás para romper un poco con el silencio. Y eso que a mí me gusta el silencio.
Hay domingos, como hoy, que son enteramente para mí.
Frío hace un poco, pero no tanto como comentaron.
Hoy he visto las noticias y siguen diciendo que viene un fuerte temporal.
Algunos domingos pongo hasta la televisión para ver las noticias. Quizás para romper un poco con el silencio. Y eso que a mí me gusta el silencio.
Hay domingos, como hoy, que son enteramente para mí.
Café, manta y libro
Necesitaba un día de remolonear en casa sin hacer nada más que leer, alguna tarea casera que no me lleve mucho, navegar por internet (algo que me encanta y que no hago mucho porque pierdo la noción del tiempo) y volver al libro.
De vez en cuando tomo un café.
Una amiga me llamó anoche para ir a desayunar pero finalmente lo hemos dejado para otro fin de semana.
Y a mis padres se les ha hecho raro que no fuera a comer con ellos.
El día acompaña. Para mí son momentos de placer.
De vez en cuando tomo un café.
Una amiga me llamó anoche para ir a desayunar pero finalmente lo hemos dejado para otro fin de semana.
Y a mis padres se les ha hecho raro que no fuera a comer con ellos.
El día acompaña. Para mí son momentos de placer.
Estampas invernales
Hoy me han mandado una imagen de San Sebastián preciosa. Tiene pinta de hacer mucho frío. Me ha recordado a la última vez que estuve en la Concha. Corría el mes de agosto de 2015 y en esa playa no cabía ni un alfiler. Pero encontré sitio, coloqué la toalla y me lancé al mar.
No se suele tener tanta suerte con las playas del norte.
No se suele tener tanta suerte con las playas del norte.
sábado, febrero 03, 2018
Por San Blas...
Hace dos días me encontré con el sacerdote de mi pueblo y me preguntó si iba a ir por San Blas.
No suelo entrar en las iglesias más que para admirar arte. Tantos colegios religiosos para terminar convertida en alguien no practicante.
Así que me hizo gracia que me preguntara, porque no se acordará cuándo fue la última vez que me vio escuchando el sermón dominical. Yo tampoco lo recuerdo.
Tampoco me fijo en el santoral y sé cuándo es Santa Ana porque amigos catalanes me felicitan más en julio que en abril.
Sólo que el cura de mi pueblo me cae bien. Es un cura de gran corazón, que estuvo de misionero en Perú y vino 'tocado', una gran persona.
Así que educadamente le dije que si me acordaba llevaría caramelos a bendecir.
Pero acabo de recordar ahora que era San Blas, por una foto de las cigüeñas junto al río Oja. Por el refrán: "Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres mal año tuvieres". La primera vez que escuché este dicho fue en la escuela de mi pueblo (que en mi época aún había niños y se encontraba abierta), cuando la maestra miró por la ventana y nos señaló dos cigüeñas. Entonces parafraseó el refrán.
Para los niños ver cigüeñas era motivo de alegría, porque durante años la torre estuvo sin cigüeñas.
Años atrás un rayo se encargó de la torre de la iglesia. Era temprano, yo era muy pequeña pero recuerdo el estruendo. Las piedras de sillería se encontraban desordenadas por la calle, y la torre había desaparecido y había quedado un agujero con unas escaleras que subían al cielo, o a ninguna parte.
Desde entonces las cigüeñas no venían a mi pueblo. Un herrero preparó una parrilla y se fabricó un nido artificial. Pero las cigüeñas no llegaban... hasta aquella tarde, cuando la maestra las vio y nos enseñó el refrán.
No suelo entrar en las iglesias más que para admirar arte. Tantos colegios religiosos para terminar convertida en alguien no practicante.
Así que me hizo gracia que me preguntara, porque no se acordará cuándo fue la última vez que me vio escuchando el sermón dominical. Yo tampoco lo recuerdo.
Tampoco me fijo en el santoral y sé cuándo es Santa Ana porque amigos catalanes me felicitan más en julio que en abril.
Sólo que el cura de mi pueblo me cae bien. Es un cura de gran corazón, que estuvo de misionero en Perú y vino 'tocado', una gran persona.
Así que educadamente le dije que si me acordaba llevaría caramelos a bendecir.
Pero acabo de recordar ahora que era San Blas, por una foto de las cigüeñas junto al río Oja. Por el refrán: "Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres mal año tuvieres". La primera vez que escuché este dicho fue en la escuela de mi pueblo (que en mi época aún había niños y se encontraba abierta), cuando la maestra miró por la ventana y nos señaló dos cigüeñas. Entonces parafraseó el refrán.
Para los niños ver cigüeñas era motivo de alegría, porque durante años la torre estuvo sin cigüeñas.
Años atrás un rayo se encargó de la torre de la iglesia. Era temprano, yo era muy pequeña pero recuerdo el estruendo. Las piedras de sillería se encontraban desordenadas por la calle, y la torre había desaparecido y había quedado un agujero con unas escaleras que subían al cielo, o a ninguna parte.
Desde entonces las cigüeñas no venían a mi pueblo. Un herrero preparó una parrilla y se fabricó un nido artificial. Pero las cigüeñas no llegaban... hasta aquella tarde, cuando la maestra las vio y nos enseñó el refrán.
Trabajar en sábado
A veces no queda más remedio que robarle horas al sábado y adelantar trabajo. Porque hay algo que me gusta mucho menos que trabajar en sábado y es que se me acumulen las cosas. Como enero ha sido un mes muy fuerte -laboralmente hablando- tengo que tirar de sábados y a veces de domingos.
Así que no hace mucho que he venido de la oficina y no tardaré mucho en volver. Ahora me siento más aligerada, y lo que menos me apetece esta tarde, con el frío que hace, es estar en la oficina... generando papel.
De todas formas, aún estaré leyendo un rato antes de regresar.
Con rabia
Cuando un libro no me gusta tengo dos opciones: abandonar o leerlo lo más rápido posible para acabarlo cuanto antes. Y como no me gusta abandonar, he seguido leyendo hasta terminarlo.
Este libro se publicó por primera vez en Italia en 1963 y posiblemente en esa época marcara una revolución. De hecho, en plena España franquista no pasó la censura y se reeditaría mucho después.
No me ha gustado porque la autora consigue que perdamos el hilo con facilidad, porque salta de un pensamiento a otro rápidamente y a veces no sabemos si está ocurriendo lo que cuenta o lo está soñando o lo imagina. En realidad, la idea del libro es la que plasmaron muchos hace unas décadas, idea que a España llegaría mucho más tarde (en la época del "destape"). Pero en lo pías y religiosas España e Italia se parecen mucho, así que no es difícil imaginar.
La novela, narrada en primera persona, es autobiográfica, que aunque cambia los nombres, la autora en la novela es la rebelde Penny, y su hermana gemela es Baby, dos personas contrapuestas. Mientras Penny intenta rebelarse contra las convenciones sociales de la época, intenta proteger a su hermana, Baby se enamorará de un alemán, Stefan, y descubrirá el sexo antes que Penny, pese a que Penny siente una curiosidad vital desde el primer momento.
La adolescente Penny cuenta cómo descubre que su cuerpo ha cambiado, que los hombres la miran por la calle, que si va sola al cine es acosada por hombres sedientos de una ración de sexo joven. Pero también nos habla de lo sometida que está la mujer al hombre, de que una mujer no debía pensar ni mostrar sus pensamientos en voz alta, porque para pensar ya están los hombres. Esto nos lleva a pensar en esta novela como feminista, como rebelión a través de la pequeña Penny.
Otro de los asuntos fundamentales tratados en la novela es el síndrome del superviviente. Penny siente el trauma de haber sobrevivido a sus padres, fallecidos en la Segunda Guerra Mundial, por haber sobrevivido a sus tíos -asesinados como represalia de la huida de Albert Einstein a Estados Unidos- y se pregunta muchas veces por qué motivo ella sigue viviendo y ellos no.
Finalmente, cabe decir que se nombran una infinidad de autores en la novela, y sobre todo Penny nos insiste en su admiración por Kafka.
Pese a los temas tan relevantes que se tocan en la novela, no he disfrutado y ha sido por el estilo de la autora, por lo que decía al principio, por esos saltos que hace que no sabía si estaba en un sitio o en otro y he llegado a preguntarme a veces: "¿y ahora dónde estoy?".
LA AUTORA:
Lorenza Mazzetti, nacida en Florencia en 1927, vivió su infancia en la Toscana con sus tíos: Nina Mazzetti y Robert Einstein, primo de Albert, quienes la adoptaron al quedar huérfana junto a su hermana gemela Paola. El trauma del asesinato político de su familia adoptiva, perpetrado por las SS como represalia por el exilio de Einstein en América (y que narró en El cielo se cae, 2010), marcó completamente su vida. Es autora, además, de libros como Mi può prestare la sua pistola per favore? (1969), que también novela su vida, Diario londinense o Album di famiglia. Fue una de las fundadoras del movimiento británico Free Cinema y dirigió dos películas muy singulares: K y Together (esta última fue exhibida en el Festival de Cannes de 1956). Actualmente vive en Roma, donde aún pinta y sigue escribiendo.
EL LIBRO:
Título original: Con rabbia
Autora: Lorenza Mazzetti
Traductora: Natalia Zarco
Editorial: Periférica (1ª edición, noviembre 2017)
Número de páginas: 275
ISBN: 9788416291571
Valoración: 7/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la M.
- Reto Genérico: Comodín.
- Reto 100 libros.
viernes, febrero 02, 2018
Taparse hasta la nariz
Con este frío lo único que me apetece es desaparecer debajo del edredón, taparme hasta la nariz y leer hasta quedarme dormida. No me está gustando mucho la novela actual, lo que no deja de ser un buen aliciente para cerrar los ojos cuanto antes, sin contar con el sueño que tengo en estos momentos.
Adoro esas noches que, pese al frío, me olvido de responsabilidades y me quedo dormida casi sin darme cuenta, sin estar pendiente de la hora, de que mañana no haya que madrugar.
Es posible que mañana vuelvan a amanecer los tejados blancos.
Los estadísticos

Con veinte años tuve un noviete que estudiaba Estadística. Alguna tarde que yo no tenía clase me dejaba caer por la suya. Dos o tres veces estuve en su clase e intentaba seguir el hilo. Para mí era imposible, eran números y más números. En la clase había unas cincuenta personas y todos me observaban como preguntándose qué hacía una estudiante de Periodismo en un aula de matemática pura.
Eran clases aburridas, y no porque fueran números, sino porque no había interacción entre el profesor y los alumnos: el profesor se limitaba a soltar una chaparrada y a cinco minutos del final decía: "¿alguna pregunta?".
El resultado fue que me encontraba con gente de Estadística por los bares y terminé conociendo a un grupo de gente que me abrió los ojos con respecto a ese noviete. Tan claro como que había otra. Se lo pregunté directamente y me dijo que era cierto. Le dije que no quería verle más.
Entonces estaba en un Colegio Mayor cerca de la Facultad de Estadística. Al cabo de varios meses venía a buscarme todas las tardes. No sé si buscaba el perdón. Yo seguía en mis trece. No sé qué es lo que no había entendido de que no quería volver a verle, así que por las tardes me iba a estudiar fuera del Colegio Mayor para que no pudiera encontrarme.
Es curioso, porque lo vi alguna vez después. Y un día recibí un sms preguntando por alguien con mi nombre, que si seguía teniendo el mismo teléfono, que si podíamos volver a vernos. No le contesté.
No sé qué habrá sido de su vida. No siento ni siquiera resquemor. Tampoco le recuerdo con cariño. Hay personas a las que cerramos la puerta y no queremos ver más. Indiferencia.
Desconozco por qué a veces recordamos a ciertas personas que no se merecen que malgastemos ni un minuto de nuestro tiempo. Al final supongo que de todo lo que nos pasa en la vida aprendemos algo, para bien o para mal.
De Estadística no aprendí mucho.
Vaya sueño
Hay viernes que llega un momento en que tengo tanto sueño que me metería ya a la cama. Pero hoy no puedo hacerlo. Me niego a echarme una siesta, aunque veinte minutos de siesta me dejarían mucho más lúcida de lo que estoy ahora.
De todas formas, ya dormiré esta noche.
De todas formas, ya dormiré esta noche.
Nevando
Los meteorólogos no se suelen equivocar. Vaticinaron nieve y hoy los tejados se encuentran blancos. Aunque todavía no ha amanecido -y está tardando lo suyo- me he levantado de la cama a desayunar y comprobar si había nevado.
Menudo fin de semana blanco que nos espera.
Menudo fin de semana blanco que nos espera.
Medianoche
La medianoche es un momento del día que me calma, quizás por el silencio, quizás por la tranquilidad, quizás porque aún me queda una hora para leer antes de quedarme dormida.
Para algunos durante la medianoche reaparecen todos esos fantasmas del día, ya se sabe: las preocupaciones, los problemas, los momentos agridulces, los sinsabores, lo desagradable... Eso que a veces no nos deja dormir.
Hace mucho tiempo que aparco todo ese tipo de cosas en el descansillo, porque hay muchos días que no dormiría. Y para mí el sueño es sagrado.
Con el tiempo aprendemos a no tomarnos en serio más que las cosas que de verdad importan, o las personas que ocupan un lugar importante en nuestras vidas. Porque en definitiva lo que importan son las personas que están a nuestro alrededor. Y es que el resto... puede esperar.
La medianoche es un momento idóneo -como otro cualquiera- para empezar un libro.
jueves, febrero 01, 2018
Al llegar a casa
Hay veces que llego a casa, cansada quizás, pero contenta. Con frío, pero no importa. Y mañana es viernes. Se me pasan las semanas que no me entero, y febrero es un mes que apenas lo siento: en comparación con enero, que se me hace tan largo, cuando me quiero dar cuenta febrero ya ha pasado.
Pero estoy contenta por un sinfín de cosas. Porque me gusta que las cosas salgan bien. Peco de perfeccionista para todo, y cuando se busca siempre la perfección, las cosas terminan marchando bien.
Y luego me gusta llegar a casa y sentir el calor nada más abrir la puerta, ese ambiente acogedor de todo lo conocido...
Hoy tengo que empezar libro nuevo. He estado un rato mirando en la estantería y no me decidía... Generalmente no me ocurre eso: tardo muy poco en decidir la siguiente novela.
Hace demasiado frío. Este fin de semana sí que será de sofá, manta y libro.
Camille (Serie Verhoeven IV)
Hay veces que da pena cuando terminamos un libro. Pensaba que un volumen de 1149 páginas me llevaría más, pero la prosa de Lemaitre me enganchó (y me hechizó) desde el primer momento. No puede haber mejor punto final que el que pone en la última novela, Camille. Pero acabar el libro no sólo me da pena porque he llegado al final casi sin mover las pestañas, es porque comparto la tristeza de Camille Verhoeven, un personaje magistral, un hombre al que terminamos admirando de verdad.
Esta última novela de la serie trata muchas cosas, pero sobre todo trata de la traición, una traición que podía haberse evitado, pero que llega a desarrollarse en todo su esplendor, dejando al lector boquiabierto.
Temo contar mucho de la novela, porque siento que es peligroso decir cosas sin contar demasiado, así que como ando apurada de tiempo, me limitaré a decir que es necesario leer las novelas iniciales para rematar la lectura con Camille, es impensable leer ésta sin leer las antecesoras, para llegar a comprender, de algún modo, la magnitud del daño.
Camille Verhoeven se encuentra enamorado de verdad. Después de lo que ocurrió con Irène, ha encontrado en Anne Forestier su alma gemela, una mujer a la que admira, que apareció en su vida por casualidad y con la que tiene algo más de complicidad, pero de la que realmente no sabe mucho (divorciada, una hija, un hermano, trabaja en una agencia de viajes...).
Anne no ha desayunado esa mañana porque ha estado remoloneando en la cama con Camille, así que ha decidido entrar en la Galería Monier para tomar un café. Cuando mete la mano en el bolso se da cuenta de que se le ha explotado una pluma y decide ir a lavarse al servicio. Allí, incomprensiblemente, se encuentra con dos atracadores poniéndose los pasamontañas porque están a punto de entrar a robar en una joyería aledaña. Uno de ellos, comprendiendo que les ha visto los rostros, se ensaña con Anne y la golpea con decisión, decidiendo arrastrarla con ellos hasta la joyería. También la dispararán, fallando todos los tiros.
Anne ingresa en el hospital medio muerta y el primer contacto al que llaman en su móvil es a Camille, que aunque es comisario de la Brigada Criminal y no se encarga de casos en los que no haya una muerte, consigue que la nueva comisaria Michard le dé ese caso para investigar. Pero oculta a todo el mundo que conoce a la víctima, incluso a Louis.
Creo que no puedo seguir contando más, porque contaría demasiado. Simplemente debo decir que la guinda final es fantástica. Me dan ganas de leer todo lo que me queda de Pierre Lemaitre.
EL AUTOR:
Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de ganar el Premio Goncourt 2013 con su novela Nos vemos allá arriba, ya era un escritor de renombre en el género de la novela policíaca. Con Irène (2015, Premio a la Primera Novela Policíaca del Festival de Cine Policíaco de Cognac, Premio San Clemente, considerada Mejor Novela Negra del Año por El Periódico de Catalunya) inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, que incluye Alex (2015, Dagger Award 2013, Premio de Lectores de Novela Negra de Livre de Poche 2012 y uno de los libros del año según el Financial Times, en curso de adaptación al cine por James B. Harris, con guión del propio Lemaitre), Rosy & John (2016) y Camille (2016, Dagger Award 2015). Fuera de la serie llegaron, con una extraordinaria recepción por parte del público y de la crítica, Vestido de novia (2014, Premio del Salon du Polar 2009 y Premio Best Novel Valencia Negra, en curso de adaptación al cine) y Recursos inhumanos (2017, Premio de Novela Negra Europea, en curso de adaptación como serie de televisión). Además del Goncourt y de tres Dagger Awards, ha obtenido el Premio a la Mejor Novela Francesa 2013 de la revista Lire, el Premio Roman France Télévisions y el Premio de Libreros de Nancy-Le-Point, y su obra, con más de tres millones de lectores, está siendo traducida a treinta idiomas.
EL LIBRO:
Título original: Sacrifices
Autor: Pierre Lemaitre
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en noviembre de 2017)
Número de páginas: 420
ISBN: 9788420428390
Valoración: 10/10
Estas son las portadas de las novelas que originalmente se editaron por separado:
RETOS:
- Reto Genérico: Misterio.
- Reto 100 libros.
Un mundo de tentaciones
Acabo de comprar los regalos de mi sobrina en Amazon. Lo que ocurre es que, ya que estaba, he comprado una funda para el eBook (lo que quiere decir que este año lo usaré más a menudo) y un libro de colección, Carmen, de Prosper Mérimée, ilustrado por Benjamin Lacombe. Me gusta mucho Lacombe y compraría todos los libros ilustrados por él de una sentada, pero aún tengo Nuestra Señora de París en dos tomos que no lo he leído, la edición ilustrada por Lacombe, que compré en una Feria del Libro de Madrid, creo que la primera vez que fui, allá por 2013 ó 2014. Aún sin leer.
¿Dónde quedará aquello que dije en Navidad de que no iba a comprar más libros durante unos meses hasta aligerar las estanterías...?
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