jueves, diciembre 07, 2017

Una librería en Salamanca

Mi hermano me ha enviado fotos de una librería gigante en Salamanca. Es nueva. Y es de Santos Ochoa. Desconocía que la célebre librería logroñesa tuviera franquicias tan lejos.
Me está poniendo los dientes largos. Al final me ha dicho que debería ir un fin de semana, que ya me vale no haber regresado desde que me marché, y sólo se me ha ocurrido decirle que el próximo fin de semana ya tengo adjudicado un viaje rápido a Madrid.

Historias del tren

Imagen relacionada
A mí el tren siempre me ha gustado mucho. Y bien sé todo lo que lo he cogido, sobre todo cuando estudiaba en Salamanca. Cómo me entristecía el cambio de paisaje al ir para allí, dejando atrás las montañas, los bosques y una panorámica verde para encontrarme la inmensa llanura, los páramos desiertos y un paisaje demasiado seco. Es el mismo viaje que en estos momentos están haciendo mis sobrinas, que están emocionadas porque es su primer viaje en tren.
El tren siempre me llevará a esos momentos, esas cuatro horas donde dejaba atrás mis montes, mi nieve, mis árboles... para llegar a una tierra algo inhóspita. 
El regreso ya era otro cantar. Yo creo que se me alegraba el alma cuanto más me acercaba a casa. 
Y siempre me veía a la memoria una poesía de Antonio Machado, aquella que hablaba de sus vivencias en el tren: "Yo, para todo viaje// siempre sobre la madera// de mi vagón de tercera,// voy ligero de equipaje (...)".

Tardes de calma

Resultado de imagen de leyendo al sol
A estas alturas de la semana no sé muy bien ni en qué día me vivo. Esta mañana ha venido mi padre, por lo que ya no tengo ninguna papeleta del amigo invisible, pero sé quién ha tocado a quién. Tendré que mantener el secreto, aunque si se lo digo a mi sobrina Paula seguramente se lo dirá a todo el mundo. 
Lo único que me preocupa en estos momentos es no olvidar que el domingo es domingo. Aún tengo cosas pendientes para el domingo, pero lo último que me apetece es regresar a la oficina ahora. En realidad, me he quedado leyendo y es posible que vaya luego a terminar. Estoy segura de que mañana me dará más pereza. Según el eBook me quedan 5 horas para terminar Los hermanos Karamazov. Lo cierto es que estoy enganchada desde hace días, y es muy probable que lo termine esta noche. 
Si me echara la siesta seguro que el móvil empezaría a sonar, como pasó hace unos días. Así que prefiero seguir leyendo a Dostoiévski. 

Cuando las circunstancias me llevaron a Ávila

Corría el verano de 2005 cuando yo me busqué un trabajo estival y recalé en Ávila, ciudad que no conocía y que me gustó porque sus gentes son buenas anfitrionas. Tengo buenos recuerdos porque lo que me ocurrió allí fue extraño. Y quizás por esa extrañeza que luego terminó genial tengo muy gratos recuerdos de esa ciudad.
Mi hermano está hoy allí y me ha recordado que yo de Ávila conozco el casco histórico y sobre todo el hospital. Se llama Nuestra Señora de Sonsoles y se encuentra a las afueras de la ciudad. 
Yo entré en el quirófano de urgencia un 14 de julio. El día anterior había pasado por un Centro de Salud porque tenía un bulto junto al ombligo y cada vez me molestaba más. No me hizo falta reparar en la grave mirada que se lanzaron los doctores que me atendieron, me enviaron al hospital y allí me hicieron pruebas con suficiente diligencia y rapidez, tanto que la gente que se encontraba en la sala de espera me miraban como si fuera una paciente vip. Y eso que en la sala de espera sólo se encontraban los previsibles pacientes, los familiares se quedaban fuera; no como en Logroño que va un gitano y treinta acompañantes con él. En Ávila eso no ocurría: sólo entraban los enfermos. Una compañera de trabajo se tuvo que quedar fuera y hablábamos por la ventana, pero finalmente ella se tuvo que ir.
En la sala de espera hice amistad con un joven guapísimo que leía. Dicen que un libro te recomienda a una persona. Él leía Los pilares de la Tierra. Y yo le miraba, o miraba al libro, hasta que él se sintió observado. Así fue como empezamos a hablar de libros y no quise destriparle la novela que hizo famoso a Ken Follett. 
A las diez de la noche yo me encontraba con un camisón de hospital en una silla de ruedas esperando a que me subieran a planta, y él pasó de nuevo. A él no le ingresaron, tampoco tenía pinta de tener nada grave. Y, pensándolo bien, tampoco yo tenía pinta de encontrarme enferma.
El cirujano, al que adoré en los pocos días que estuve en el hospital, me dijo claramente que tenía una hernia umbilical que corría el riesgo de estrangularse, por lo que había que operar de urgencia. Es la única vez que he entrado en un quirófano. Tenía que decidir.
Mis padres preparaban el equipaje para marcharse al día siguiente a Galicia, junto a varios matrimonios, entre ellos unos de Ávila. En media hora el matrimonio de Ávila estaba conmigo, animándome y diciéndome que una hernia no era nada. Yo había tenido la opción de regresar en ambulancia a Logroño esa misma noche o quedarme en Ávila y que me operara al día siguiente el Dr. Pablo Gil (creo que no olvidaré su nombre nunca). Me pareció tan eficiente el doctor, me cayó tan bien, que le dije que me dejara unos minutos para llamar a mis padres. Así que mis padres aparecieron en Ávila a las ocho de la mañana, cuando a mí ya me habían hecho firmar y ya me habían anestesiado, aunque todavía me encontraba consciente. 
No recuerdo del quirófano más que el rostro del doctor cuando yo me encontraba casi dormida, que me dijo: "Tranquila, que no te tocaré ese tatuaje que tienes junto al ombligo". Y le debí responder que no importaba, me pesaba tanto la lengua que no pude decirle mucho más.
Efectivamente no me tocó el tatuaje y de las grapas no queda más que una finísima línea, que nadie diría que me habían operado. 
De todas formas, en el hospital disfruté mucho, porque era un hospital muy tranquilo -demasiado tranquilo-, me trataron como a una reina. Lo peor era la comida, "comida semi-blanda", y el día que trajeron el pescado y yo veía a mis padres y al otro matrimonio comiendo jamón de pata negra... Ese día compartieron conmigo el jamón. En cuatro días ya me habían dado el alta, y tenía un apósito bien grande en la tripa. Pero mi tatuaje estaba intacto. 
Y ya que estábamos... disfrutamos de la ciudad, que me encantó. La amiga de mis padres me incitó a probar las yemas de Santa Teresa y yo le decía: "que no, que no", porque cualquier dulce que no conozca suele producirme rechazo (cosa de las texturas). Pero estaban buenas.
Así que, pese a las circunstancias, tengo un muy grato recuerdo de Ávila, que es una ciudad pequeña y de gentes amables. 

A tus zapatos

Cuando yo aún vivía en la casa de mis padres, todos los domingos -igual que ahora- teníamos comidas en familia. Las pequeñas se acostumbraron a usurpar mi dormitorio, me hacían ponerles el portátil o el iPad en la cama y se pasaban horas viendo dibujos animados, cantajuegos o escuchando canciones. Pero tenían -y tienen- inculcado que si se suben a una cama primero se tienen que quitar los zapatos. De hecho, a mí alguna vez ya me han dicho que me quite los zapatos, aun sin acercarme a ellas. 
Pero no sólo eso, es que colocaban sus zapatos junto a los míos en un orden perfecto. 

Dos años de diferencia

Hoy he estado pensando en cómo era mi piso la primera vez que lo vi. Salí realmente horrorizada. En realidad sólo tenía que ver las posibilidades. Había habitaciones rosas, con un pegote en el suelo que imitaba el parquet, las ventanas eran viejísimas, en la cocina se perdía espacio... Lo mejor de comprar un piso para reformar es que sabes dónde está todo, es decir, que no sólo elegí las cerámicas, baños y cocina, sino que bajé techos, que sé dónde se encuentra la electricidad o la fontanería. 
Tuve que hacer fotos de entonces y ahora es realmente incomparable. En realidad, tuve que pasar muchas horas pensando, por ejemplo, dónde tenía que colocar las rozas, de ahí que diseñara planos y mi idea de cómo quería que estuviera todo, antes incluso de saberlo en realidad. Varios años después puedo decir que aún tengo habitaciones sin amueblar, pero tampoco lo necesito, ya que tengo lo imprescindible para vivir. 
Para mí era una odisea, porque todo era nuevo. La cocina fue la primera habitación que tuve que diseñar, antes de que se metieran en mi vivienda el electricista y el fontanero, y hoy en día la distribución está cambiada. 
Cuando miro las fotos del antes y el después, hay un cambio tan inmenso que no parecen imágenes del mismo lugar. 
Esto es un claro ejemplo de que un patito feo puede convertirse en un precioso cisne. 
Lo que me queda lo hago lentamente porque en realidad no me corre tanta prisa como al principio.


miércoles, diciembre 06, 2017

Continúa el conflicto palestino-israelí

Resultado de imagen de jerusalen
Cuando en 2º de BUP estudié Geografía Política, la capital de Israel era Tel Aviv, aunque los israelitas siempre consideraron Jerusalén como su capital, el mundo no lo aceptaba así. En la universidad me interesé por el conflicto palestino-israelí porque lo que ocurría en Oriente Próximo estaba todos los días en los noticiarios. En un examen de Historia Contemporánea recuerdo haber empezado a escribir sin parar sobre este tema. Y me interesó porque sentí curiosidad, porque lo escuchaba todos los días y entonces desconocía dónde, cómo y por qué se originaba el problema. 
Reconozco que los árabes no son santos de mi devoción, pero en este asunto me tengo que solidarizar con ellos. Por el conflicto en Tierra Santa me siento muy solidaria, porque hoy los palestinos son apátridas, viven refugiados en países musulmanes cercanos, esperando recuperar una tierra de la que, literalmente, han sido desposeídos, y Yasser Arafat murió sin ver su sueño cumplido, que era el de ver a los palestinos de nuevo en Tierra Santa. Los israelíes se han hecho dueños y señores, con el beneplácito de las grandes potencias, la Unión Europea y Estados Unidos. Y hoy el señor Trump reconoce Jerusalén como capital de Israel. Menuda patata caliente. Ya sólo les falta a los cristianos reclamar su parte de resquicios religiosos en Jerusalén. 

Hace unos años, el anterior sacerdote de mi pueblo organizó un viaje a Tierra Santa. Yo iba a ir en un principio, pero finalmente no pude ir. Sin embargo, una amiga mía fue. Pocos días antes de marchar, ella me confesaba que con los conflictos que hay en esa parte de Oriente Próximo estaba un poco asustada. Yo le decía que no se preocupara, que seguramente vería a gente armada, pero que los que portaban metralletas eran los israelíes y ellos se iban a encargar de proteger a un grupo de europeos, como Estados Unidos los protege a ellos; le decía que no fuera asustada, que Israel es el país más protegido del planeta, y ella me tuvo que dar la razón.

Debería dejar de ver las noticias en un tiempo. Lo que ocurre es que no me gusta estar desinformada. Pero es cierto que las noticias son en su mayor parte horribles. 

Agüita

Podría pasarme horas bajo la ducha. En la ducha, que no en la bañera.
Adoro el agua, así que en verano me da igual el mar, la piscina, el río o la ducha. Paso muchas horas bajo el agua.
Cuando quedo con mis amigas, ellas pasan más tiempo tomando el sol que en el agua. Yo al revés. En cuanto entro en el agua me cuesta salir. Además este año mis sobrinas han perdido el miedo: la mayor aprendió a nadar y la pequeña se metía en la piscina grande con manguitos. Puedo asegurar que la pequeña tiene menos miedo.
Me relaja mucho el agua. También cuando llueve. Aunque me gusta salir después de la lluvia, tampoco me importa mojarme. No llevo paraguas que los pierdo, así que si no tengo capucha me mojaré inevitablemente, pero no me importa.
Luego llegan los catarros, pero vaya...

Espectáculos

Quizás para las personas que vienen de fuera, las Ferias de la Concepción están llenas de actividades sorprendentes. Para los que llevamos viéndolo durante años, no varía mucho de un año a otro. Hay que andar con el bolso bien sujeto porque hay un gran ajetreo de gente. 
Uno de los espectáculos con el que disfruto y hace tiempo que no he visto es el de cetrería. Esta tarde había, pero no podía dejar lo que estaba viendo para ver halcones y águilas volar a ras de las cabezas de la gente. Lo vi una vez hace ya mucho tiempo y este año me he propuesto verlo de nuevo. Ya he comprobado que todos los días hay espectáculo de aves rapaces, sólo que yo lo vi hace años en una plaza y ahora se hace en otra. 
Pero todos los años están las mismas actividades, así que tenemos la opción de verlo si queremos, y si no ya habrá más en los próximos años. Es cierto que hay muchísima gente. 

Maëlle

Resultado de imagen de isla de if
Castillo de If, Marsella

Mañana es el cumpleaños de mi amiga Maëlle. Es de Marsella pero vive en París. Cuando la conocí no hablaba nada de castellano. Después de un año en Salamanca lo hablaba a las mil maravillas. Yo recuerdo que la corregía muchas veces y ella estaba encantada; es más, ella era la que me pedía que la corrigiera en los giros lingüísticos de nuestro idioma. 
La primera vez que hablé con ella y me dijo que era de Marsella, le pregunté si existía la isla de If. No hacía mucho que yo acababa de terminar El conde de Montecristo, y me había impactado mucho esa novela, pero los años que Edmundo Dantés pasa encarcelado injustamente en If me habían dejado una profunda huella. Unos meses después me invitó a visitar Marsella cuando quisiera. Me dijo que Zidane era vecino suyo, aunque a mí me interesaba más la isla de If. Es un viaje que nunca llegué a realizar, aunque en la actualidad ha vuelto a decirme que me deje caer por Francia. Y es que, si para algo sirven las redes sociales, es para reencontrarse con gente que ha ido pasando por nuestras vidas, y Maëlle y yo nos buscamos por Facebook y nos encontramos. 
Cuando ya llevábamos un tiempo aunque aún no habíamos adquirido suficiente confianza, ocurrió algo que nos terminaría uniendo de una forma extraordinaria y que forjaría nuestra amistad, pese al tiempo y la distancia. Ella dijo que le apetecía conocer Lisboa, y ninguna de las chicas de la residencia dijo nada. Excepto yo, que le respondí que tampoco conocía Lisboa. Así que planeamos un fin de semana largo, cogimos un autobús de noche y nos plantamos en Lisboa. Allí disfrutaríamos bastante, sobre todo porque, pese a haber ido solas, casi nunca nos encontrábamos solas, sobre todo porque los portugueses, y también los inmigrantes mozambiqueños, nos decían que cómo íbamos a desplazarnos por la capital lusa dos chicas solas. Nos costaba quitárnoslos de encima, y es que eran tan zalameros... Lo que conseguían es que nos echáramos nuestras risas. Pero nosotras no queríamos cicerones. 
Después de ese viaje, nos marchamos otro fin de semana a Toledo, ciudad de visita obligada, y no sólo por su historia, por la mezcla de las tres religiones monoteístas en su centro histórico, el centro neurálgico del Zocodover o la discoteca Pícaro, es que allí había leyendas de Bécquer en casa esquina. También allí unos toledanos nos hicieron de guías, pero es que nos contaban las leyendas de Bécquer en cada rincón de la ciudad, nos dijeron dónde habíamos de ir de fiesta y nos recomendaron visitar "una de las ventas del Quijote" al otro lado del río, convertida en un restaurante donde al final no fuimos.
Si Maëlle se hubiera quedado un año más en Salamanca, estoy segura de que hubiéramos conocido todas las ciudades asentadas junto al Tajo. Porque visitar Lisboa y Toledo y ver el río Tajo desde diferentes perspectivas fue algo que ni nos paramos a pensar en ese momento. Pura coincidencia. 
Pues mañana nos toca recordar viejos tiempos. 

En el súper en festivo

Aquí tenemos suerte porque hay un supermercado que abre todos los festivos hasta las tres de la tarde. Obviamente este supermercado está plagado de gente estos días, más que entre semana. Pilla a dos minutos de mi casa, por lo que no me cuesta nada acercarme.
Anoche me levanté de la cama varias veces porque tenía mucha sed, y sólo tenía agua y dos cervezas, pero en realidad me apetecía beber zumo. No hay nada como el zumo natural, pero hoy he obviado las naranjas, y he optado por comprarlo, que si me vuelvo a levantar a las dos de la mañana estoy segura de que no me voy a poner a hacer un zumo. 
En el estante de las cervezas no encontraba la Mahou, en realidad había de lata, pero quería botellines. Al final la he encontrado, claro, por lo que ya vuelvo a tener una parte de la nevera llena de cerveza. Me duran bastante en casa, porque no habitúo a beber cerveza en mi casa, sólo que muy de ciento en viento apetece.
Todo será que mi hermano pequeño se autoinvite a comer un día de éstos y me pregunte por la Coca Cola, pese a que sabe perfectamente que no me gusta la Coca Cola.
Cuando he llegado a casa, me he encontrado que no tenía más que líquido, que apenas he comprado nada sólido. 
Llevo casi toda la mañana remoloneando. Llevo leído el 50% de Los hermanos Karamazov, y ahí lo he dejado, porque bien podría haberme quedado leyendo varias horas más. Ahora está muy interesante porque se percibe el crimen, y el lector ya sabe quién va a cometer ese crimen. 
Mi intención es trabajar esta tarde. Ya veré, que hasta el domingo tengo muchos días y muchas horas. Hace frío pero hay mucha gente por la calle. En un principio, antes de ir al supermercado quería pasarme por la carpa (Mercado del Camino), pero como es el primer día seguramente que hay fila para entrar, así que ya me pasaré otro día.

martes, diciembre 05, 2017

Estrellas

He estado mirando la luna, impresionante, y de paso las estrellas, que hay muchísimas, lo que vaticina un día despejado mañana. Me recuerda a noches de verano. También ha pasado un avión que por la dirección podría ir a Londres. Qué sensación estar ahí arriba y, de repente, que el piloto del avión dijera que estábamos sobrevolando Santo Domingo. He ido a comprobarlo. Lo tengo escrito de mi puño y letra, y entonces me he entretenido hojeando ese cuaderno de viajes, que no sólo está lleno de sensaciones, sino de dibujos, pegatinas, entradas y un largo etcétera. 
Nunca me gustaron los diarios, pero sí me gusta anotar ciertas cosas, sobre todo las novedades y curiosidades. Y evito escribir en "modo diario". De hecho, ni siquiera los libros en formato diario los soporto. El único que me gustó y que recomiendo es Drácula, de Bram Stoker.
Vuelvo a caerme de sueño, como ayer a estas horas, y es que ya sabía yo que si intento echarme la siesta o apago el teléfono móvil o por la ley de Murphy no me dejarán pegar ojo. Así que estoy deseando dormir, teniendo en cuenta que mañana es festivo y toca remolonear...

Como el perro del hortelano

Resultado de imagen de deshojando margaritas
Debería releer a Lope de Vega. Las lecciones morales que da en sus obras son aplicables a la actualidad en que vivimos. Hoy me viene a la mente la obra de Lope porque he recordado algo. He pensado en la última vez que me enfadé con alguien, que fue hace cinco años. Creo que me habré enfadado así tres o cuatro veces, algunas veces fueron definitivas, pero no aquella vez. Recuerdo que fue hace cinco años porque fue el año que me marché al balneario, porque necesitaba verdaderamente descansar y porque no quería viajar lejos. Además nunca había estado en un balneario. Hoy en día son alojamientos pasados de moda, aunque en los felices años 20 debían ser hoteles de lujo.
Hace cinco años me enfadé con alguien de una manera terrible. Hasta entonces yo me enamoraba cada mañana y me desenamoraba cada noche, siempre del mismo. Me sentía flotar cuando él estaba cerca, me perdía en su mirada, pero venía arrastrando tal desgaste mental que en unas fiestas exploté. Es que si es no es no, no un “no pero sí”, y si es sí es sí, pero no un “sí pero no”. En medio de las fiestas puedes hablar con un sinfín de personas y él se mosqueó porque fui a saludar a alguien. No era la primera vez que le salía la vena celosa, así que le reproché unas cuantas cosas, y sobre todo recuerdo que le dije: “Tú…, tú eres como el perro del hortelano, ni comes ni dejas comer”. Con mi dignidad bien alta y con lágrimas en los ojos recuerdo que le di la espalda y me marché. No quería que me viera en un momento de tal debilidad. Pero ya no hubo puntos suspensivos. Era un punto final y yo era muy consciente de ello. Durante un mes le evité, me cambiaba de acera si le veía para no hablar con él. No suelo coincidir por trabajo con él, pero en aquella época sí teníamos alguna cosa pendiente que yo dictaba y firmaba otra persona. Pero como suele ocurrir en un sitio tan pequeño, coincidimos, hablamos y todo quedó en un abismo colosal. Porque yo sabía que para mí ya sólo era como un hermanito mayor a quien podía pedir consejo de vez en cuando, alguien con suficiente confianza para hablar en alguna ocasión y tomar una cerveza si nos encontrábamos. Se puede decir que en la actualidad somos buenos amigos.

Le aprecio mucho, pero hoy me encuentro noqueada porque no consigo hablar con él y le llamo y no responde. Y es muy raro que no responda. 

Disfrazando la ciudad

Hoy está ya todo cambiado. Da gusto pasearse por las calles y encontrarse a la gente ultimando los detalles.
Debería echarme una buena siesta, aunque igual es preferible que no lo haga para dormir esta noche de un tirón.

Que me toquen las cuñadas

Hace unos días pensé en que me tocara una de mis cuñadas y hoy he cogido la papeleta del amigo invisible. Me ha tocado la novia de mi hermano pequeño. Y yo creo que le he tocado a mi hermano pequeño porque se marchaba riéndose.

De preparativos

Parece mentira que hace unos días estuviera nevando. Menudo día hoy... Ahí siguen los preparativos del Mercado Medieval.
Tengo mono de pizza desde hace unos días. Así que aquí ando en el italiano.
Pizza y profileroles.

Amanece

Está saliendo el sol. En el momento que he decidido volver a la cama para leer un rato y a diez minutos de que suene la alarma, he podido comprobar que está saliendo el sol por el horizonte.
Qué tarde amanece.

Satisfacción

Resultado de imagen de ok symbol
A una hora de tener que ir a trabajar puedo decir que levantarme a las cinco de la mañana me ha cundido y ahora siento una satisfacción enorme. Es que tengo un ligero recuerdo de anoche de que no podía hacer nada o me costaba el doble centrarme. Hoy me sentía como cuando estudiaba en la universidad y me despertaba temprano para estudiar. 
Además hoy es como si fuera viernes.
En el vecindario no era la única que estaba despierta, que la cocina de un vecino tenía luz a las seis de la mañana. Supongo que es el vecino a quien más quiero, posiblemente por su avanzada edad, pero también porque me ha enseñado muchas cosas, sobre todo de la vida, y sus enseñanzas se deben a la experiencia adquirida a lo largo de los años. Cuando él habla en las reuniones -y le cuesta hablar porque se ahoga al hacerlo- todo el mundo le escucha. 
Es una persona que se hace querer. Y yo le adoro.
Ahora me queda una hora para leer todo lo que no leí anoche ni esta mañana. 
Hoy siento la satisfacción del deber cumplido. Seguro que será un buen día.

The Rolling Stones: Satisfaction

5 a.m.

Hoy me he tomado mi tiempo para preparar el desayuno. Son poco más de las cinco de la madrugada, por lo que esta tarde me tocará siesta.
Estoy disfrutando del desayuno porque me recuerda a los fines de semana.

lunes, diciembre 04, 2017

Fatiga

Resultado de imagen de cansancio
Llevo varios días que no duermo bien, tanto que en estos momentos se me cierran los ojos. Estoy pensando en ir a dormir ahora y madrugar mañana, porque me encuentro verdaderamente fatigada. Necesito reponer fuerzas y por mucho que me obligue a seguir me cuesta hacer ciertas cosas el doble de lo normal. 
Eso quiere decir que dentro de siete horas abriré los ojos y me sentiré desubicada. Eso son las 3.30-4.00 de la madrugada. Sólo sé que ahora necesito dormir.
Hacía mucho tiempo que no sentía tal desbarajuste de horas de sueño. 

Decisiones precipitadas

Imagen relacionada
Una amiga de Valladolid me ha llamado y me ha dicho que viene el viernes. Para ella es novedad el árbol de botellas, como es novedad que en vez de ir a mi pueblo ha alquilado un piso aquí, por lo que nos podemos pasar todo el fin de semana de tapeo por aquí, excepto el sábado por la noche, que tendremos que ir a ver la inauguración del árbol de botellas.
Eso me ha hecho pensar en que si me fuera a Madrid tengo que estar aquí el sábado por la tarde porque el domingo trabajo.
Así que no he necesitado dos días para pensar que Madrid podrá esperar una semana más, ya que la siguiente tengo mayor disponibilidad. 
El árbol de botellas ya se puede ver, porque ya se encuentra instalado. Sólo que aún no le dan dado luz. Eso será el sábado.

En el plano del metro de Madrid

Llevo un rato buscando la parada de Ventas, y por fin la he encontrado. Yo no sé en qué momento he decidido buscar alojamiento en Madrid si tengo que meditarlo aún. Será raro que a estas alturas cambie de opinión.

Conversaciones que se alargan hasta el infinito

Esta tarde tengo que hacer todo lo que no he hecho esta mañana. Y claro, bien sé que he disfrutado de una conversación que se ha alargado hasta lo impensable. Es curioso porque yo hubiera seguido hablando más tiempo. Pero la obligación no podía esperar más.
Nunca me ha gustado el teléfono y de un tiempo a esta parte me siento a gusto hablando por teléfono. No con todo el mundo, pero sí.
El resultado es que ahora tengo que agilizar algunas cosas. Menos mal que siempre puedo hacerlo desde casa. Así que esta tarde no leeré mucho. Pero he disfrutado bastante.

C'est possible!

Resultado de imagen de mercado navideño madrid plaza mayor
Hace unos años estuve en vísperas de la Navidad en Madrid, pero nunca me dejé caer en la Plaza Mayor. Iba acompañando a un tío mío con el que disfrutaba bastante, y es que nos reíamos de todo. Él siempre decía que sólo quería ir conmigo a Madrid por mi elevado sentido de la orientación. Durante dos años nos dejamos caer en Doña Manolita porque él quería comprar lotería (y de paso compraba yo también). Durante dos años nos recorrimos las tiendas de Gran Vía porque siempre había ropa que se quería comprar. Durante dos años nos recorrimos el Corte Inglés de la Calle Princesa en varias ocasiones. Yo le acompañaba y luego me acompañaba él a mí. Y es que siempre regresábamos cargados de bolsas. Nos hicimos numerosas fotos en el metro, con el oso y el madroño, en la Puerta del Sol. Nos entendíamos bien. También me acompañaba a la Casa del Libro.
Me acuerdo con nostalgia de aquella época, pero no íbamos en viaje de placer. Puedo decir que mi tío falleció por fumador, en septiembre hizo ya diez años, y todavía me estremezco al pensar en él. Creo que nunca terminamos de asimilar que una persona se vaya en ese viaje que sólo tiene billete de ida. Mi tío fue operado de la garganta y nuestros viajes a Madrid eran al Hospital Carlos III, donde le hacían pruebas para cerrarle el agujero de la garganta. Fuimos varias veces, aunque no siempre fue a Madrid conmigo, pero siempre decía que prefería ir conmigo, porque me movía por Madrid como si estuviera en mi casa. Lamentablemente unos meses después nos comunicaron que mi tío se nos iba, que su marcha era inminente y se fue antes de la siguiente Navidad. Es normal que en cierto modo yo haya terminado odiando la época navideña. Se me hizo muy duro. Aunque lo haya terminado aceptando, porque no me queda más remedio, aún recuerdo con nostalgia aquellos días. 
Nunca nos dejamos caer por la Plaza Mayor en Navidad. Entonces, a propósito de una agradable conversación que he tenido hoy, me ha entrado ese gusanillo y estoy rumiando si me dejo caer en Madrid el viernes por la noche para regresar el sábado por la mañana, sólo para ver el mercado navideño de la Plaza Mayor y, de paso, tomar un chocolate en San Ginés. 
Cuando lo pienso más factible lo veo, sólo que me entristece ser consciente de que la persona con quien me gustaría ir es terreno vedado. Yo creo que desde muy joven me inculcaron valores como el respeto, y siempre me he apartado de vergeles ajenos, por si las moscas. 
Hoy me concederé dos días para madurar la idea y reflexionar en hacer una escapada a Madrid de dos días. Conociéndome como me conozco es posible que para cuando mi familia se entere de mi escapada ya esté de vuelta en casa.  

Gran Ferretería

Hoy hemos comido en la Gran Ferretería. En realidad íbamos al Strada, pero como estaba cerrado hemos cambiado.
Se come bien aquí. Aún recuerdo cuando no le daban dos meses y resulta que lleva abierto ya unos dos años...

Como quien moldea el alma

Resultado de imagen de alfarero
Desde la más tierna infancia moldeamos nuestra personalidad como si fuera un trozo de cera. O también podría ser que moldeamos nuestra alma. Adquirimos conciencia de lo que está bien y lo que está mal, e intentamos ser siempre mejores personas, nos esforzamos en buscar una perfección que no existe, porque por mucho que moldeemos nunca llegaremos a encontrar esa perfección, pues el ser humano es y será siempre un ser imperfecto. Pero intentamos acercarnos lo máximo posible a esa perfección. 
Siempre he sido consciente de tomar las cosas buenas que me aporta la vida y desechar todo aquello que me ha hecho daño o que es perjudicial. Y, si me pongo a recordar, seguramente no encuentre recuerdos malos, porque quizás una parte de la memoria es selectiva y se ha encargado de borrar todo lo malo. 
Es posible que me hayan roto el corazón varias veces, pero no tengo recuerdos negativos de esas personas, quizás tampoco malgasto ni un minuto de mi tiempo en pensar en ellos. Simplemente un buen día me puse una coraza y no permití que nadie la fragmentara ni agrietara. 
En otros niveles, tampoco tengo malos recuerdos; seguramente me pongo a pensar en un viaje que tuve que hacer noche en Doha porque perdí un avión y recuerdo que pasé un día horrible entre árabes, pero cuando lo pienso ahora creo que aprendí mucho del Golfo Pérsico y del calor del desierto, y sobre todo de las gentes de allí y de su controvertida educación y creencias. Puse una larguísima reclamación que Qatar Airways quería abonarme en forma de bonos de viaje y les respondí que no volvería a coger nunca más su aerolínea, y que además tener que pasar 24 horas en su país había creado un gran trauma moral en mí al sentirme juzgada por mi manera de vestir occidental (camiseta de tirantes y el rostro y el pelo al viento). Ahora me río, pero no hace gracia ver señales de tráfico donde aparece la figura de una mujer con velo o encontrarte con las salas de oración separadas para hombres y mujeres. Por no hablar del taxista 'loco' que no hacía más que pedirme el número de teléfono para cuando volviera a hacer escala dos semanas después. 
Incluso en la actualidad hay momentos en que paso malos tragos, pero intento ver todo desde un prisma lo más positivo posible. Hay que seguir moldeando esa figura de cera, aunque nunca lleguemos a terminarla. 
Esto viene porque hoy he sido receptora de unas palabras muy dulces de una persona inesperada, alguien a quien conocía de vista y que este verano se acercó a mí, así como quien no quiere la cosa. En realidad no hago mucho caso de lo que me dicen, tengo cierta facilidad para desconectar cuando algo no me interesa. La gente en general es muy correcta conmigo (recibimos lo que damos), pero siempre marco las distancias. Tanto que detrás de mi sonrisa soy consciente de lo fría que puedo llegar a ser. Igual es que se me ha congelado el corazón. En realidad no quiero que esa persona con sus palabras dulces, a quien yo sólo he felicitado por su cumpleaños, se me acerque más de lo necesario. Lo curioso es que yo no hago nada, simplemente disfruto de mi vida con una tranquilidad exquisita. Y me rodeo de la gente que me aporta cosas buenas. Sin más.

domingo, diciembre 03, 2017

Noche de domingo

Necesitaba salir de casa esta noche. Hubiera sido mejor que hubiera llovido algo, porque huele genial después de la lluvia.
Pero las calles sólo están mojadas porque se está marchando la nieve.
No hace mucho frío hoy. En mi ascensor sigue marcando el tiempo de octubre. Y en octubre había días soleados.
No se ve un alma por la calle, aunque si hay algún bar abierto está llenísimo de gente.

Preparando el amigo invisible

Me llama mi hermano pequeño y me dice que su novia participa en el amigo invisible. Entonces le he preguntado si va a venir a cenar en Nochebuena y me dice que no. Es cuando damos los regalos. Ha sido cuando le he dicho que preparara las papeletas y me cantara la mía por teléfono. No sé cómo se las ha arreglado para que lo haya preparado yo. Además no me deja coger papel sin estar él delante, el muy bribón. Si supiera que me había dejado su nombre de anotar... Es que siempre hemos sido seis y yo contaba seis papeles cerrados, pero algo no cuadraba. Me siento un poco abochornada por haberme olvidado de anotar el nombre de mi hermano pequeño.
Menos mal que me he dado cuenta a tiempo.

Tardes tranquilas

Me he traído trabajo a casa, pero no sé si haré algo. Al fin y si cabo tengo unos cuantos festivos para hacerlo.
De momento sólo me apetece leer y luego ya veremos.

Cerca de la Navidad

Será la primera vez que pongo el árbol en mi casa y todo porque mis sobrinas me lo pidieron. El año pasado hice uno manualmente, pero no lucía tanto, así que este año me he esmerado un poco más. También lo he puesto ya, así me quedo libre los días del puente.
Cuando mi sobrina mayor vea que está en rojos y plateados se le van a salir los ojos de las órbitas.

Gran desayuno lector

Hoy estoy disfrutando de esos pequeños placeres de la vida: leer un clásico que ya me tiene enganchada junto a un desayuno completo.
Anoche conseguí dormir así que esta mañana puedo proseguir la lectura donde lo dejé.

18% leído

Como siga teniendo insomnio enseguida termino Los hermanos Karamazov. Me consta que es una novela larga: más de 1000 páginas en unas ediciones, poco más de 700 en otras (en eBook no lo sé).
Lo del insomnio me está ocurriendo desde que dejé de fumar. Pero que no tengo mono ni nada, es como si mi cuerpo se estuviera habituando a otra cosa. Supongo que será cuestión de poco tiempo.
De momento esta noche seguiré leyendo, pues ya estoy completamente inmersa en la historia. Hasta que me entre sueño...

sábado, diciembre 02, 2017

"Your Name"

Hoy es tarde de sofá, película, chocolate y manta. Como la última vez que hice un chocolate caliente dejó mucho que desear cambiaré el chocolate por el café. 
Y aunque el libro que estoy leyendo ya me tiene enganchada también es cierto que hacía tiempo que no dedicaba una tarde al cine, quizás porque entre una novela y una película siempre me decanto por la primera, pero hoy sí que me apetecía ver "Your Name". Dicen que esta película se ha convertido en la película de animación japonesa más taquillera de la historia, desbancando a "El viaje de Chihiro". 
A mí me ha sorprendido gratamente el tema que toca, pues toca el tema de la leyenda de El hilo rojo, según la cual las personas que están predestinadas a encontrarse están unidas por un invisible hilo rojo que les terminará encontrando. De hecho, el hilo rojo aparece en numerosos fotogramas de la película. Sin embargo, no lo mencionan en ningún momento. De lo que se habla es del mutsubi, las cuerdas que trenzamos, la conexión de las personas, el fluir del tiempo es mutsubi, así que las cuerdas que trenzamos presentan el mismo flujo del tiempo, convergen y toman forma, giran, se entrelazan, algunas veces se desenredan o se rompen, y otras se vuelven a conectar de nuevo.
Mitsuha y Taki están conectados, pero no se conocen, han intercambiado sus sueños, pero nunca se han visto. De repente, se encuentran viviendo la vida de otra persona. 
Mitsuha vive en Itomori, un pueblo de montaña donde hace tres años cayó un meteorito que se desprendió de un cometa. Su padre es el alcalde y ella quiere marcharse a Tokio. Taki vive en Tokio, va al instituto, trabaja en un restaurante donde se ha "colgado" por una compañera. De repente, tanto uno como otro comienzan a comportarse de una manera extraña... Y todo es por esos sueños que están compartiendo. Algo les conecta pero nunca se han visto.
Me ha gustado mucho esta película. Me ha dado que pensar. 

Más allá de los tejados

Hoy he podido comprobar fehacientemente la velocidad de la fibra óptica, así que esta tarde me tocará sesión de cine, sobre todo porque me he puesto a ver una película, Your Name, y la he dejado a los cinco minutos cuando ha sonado en la película un timbre como el mío, pero no me he dado cuenta de que era en la película hasta que no he ido al telefonillo a comprobar que abajo no había nadie. También tengo La tortuga roja, que es del Studio Ghibli. Tanto una como otra son de animación japonesa (que no anime ni manga), y lo cierto es que este tipo de películas me gustan porque aplican unos valores especiales en sus personajes y porque terminan enterneciéndome. Este verano les puse a mis sobrinas La princesa Mononoke y les decía: "mirad, mirad los Kodamas, son adorables". Otro día les puse El viaje de Chihiro y la mayor me preguntaba por lo que iba ocurriendo, entonces pensé en que ésta no la iban a entender y les tenía que enseñar Mi vecino Totoro. Creo que me quedan pocas películas de ver de Hayao Miyazaki y su Studio Ghibli. Es muy posible que esta tarde cambie a Dostoiévski por el cine.
Y fuera... que nieve todo lo que quiera.

Imagen relacionada
Kodamas

Sol y nieve

Cuando iba a la librería nevaba, cuando regresaba ha salido el sol. Entre banderitas y banderolas, he disfrutado paseando, lo que en un principio iba a ser una mañana de lectura y pijama. Pero se está derritiendo toda la nieve...

Nuevas adquisiciones literarias

Hoy una amiga me ha dicho que cogiera el coche y fuera a mi pueblo para pisar nieve. A un kilómetro de mi pueblo todo es muy campestre y seguramente que hoy hay una estampa gloriosa. Entonces he mirado por la ventana y he comprobado que estaba nevando otra vez. Le he dicho que prefería ir a comprar libros y, de paso, mezclarme con la decoración medieval de la próxima semana.
También he comprado chupachups porque hay algún momento que el fumar llama a mi puerta, aunque desecho la idea y me pongo a pensar en otra cosa. Aguanto bien y al final todo es mental.
Cuando volvía a casa una vecina con la que comparto lecturas me ha preguntado si tengo el libro de Patria en papel, que se lo ha pedido la hija de una amiga y ella lo tiene en eBook. No iba a comprometerme, "los libros son orgullosos y cuando los prestas nunca vuelven". Le he dicho que nunca presto libros, que le dijera a la muchacha que vaya a una biblioteca. En realidad, hago alguna excepción, ¿pero dejar un libro a alguien que no conozco? Pues lo cierto es que no. Lo ha entendido, claro. 
Hace algunos años dejaba libros, pero cuando prestas uno de tus libros preferidos, El conde de Montecristo, y no regresa, aprendes a decir que no. Años más tarde compré otro ejemplar, pero ya no era la misma edición original que yo había leído. 
Las bibliotecas siempre son una buena opción. Obviamente hago excepciones, tengo libros prestados a gente muy cercana o simplemente porque ha salido de mí misma prestarlos. Pero a gente desconocida va a ser que no dejo libros.

De esas mañanas...

Por fin ha llegado el sábado, ese que llevo anhelando desde que el jueves pensaba que era viernes. Y hoy es un sábado que no tengo que trabajar, así que no sé si pasarme toda la mañana leyendo en pijama, quizás salir luego a pisar nieve, ahora que ha parado. Lo que tengo claro es que hoy no me voy a preocupar de nada, más que de mí misma.
Ya tenía ganas de un fin de semana de éstos.
Remolonear...

viernes, diciembre 01, 2017

Rutinas

Imagen relacionada
Siempre he sido una persona que prefiere las rutinas, quizás porque las rutinas me permiten mantener mi vida ordenada. Y la próxima semana me desbarata totalmente, desajusta esas rutinas, tanto que llega un momento que no sé en qué día vivo.
Como a todo el mundo, adoro los días festivos entre semana, pero tengo que reconocer que me desbarajustan totalmente. 
Por esas rutinas, he empezado hoy a tomar las vitaminas que me recetó mi doctora, una vitamina que tengo que tomar una vez al mes. El primer día del mes es fácil de recordar.
Por esas rutinas, tengo que hacer la compra el viernes por la tarde, aunque como siempre me dejo alguna cosa, tengo que regresar algún otro día. 
Por esas rutinas, me gusta leer los libros de uno en uno, aunque a veces hago excepciones. Es posible que este mes de diciembre haga una de esas excepciones y mezcle Stephen King y Dostoiévski. 
Por esas rutinas, disfruto de las comidas dominicales en familia y, cuando no voy, siento que me falta algo...
No sé lo que me espera la próxima semana. Lo único que sé es que el viernes no sabré ni en qué día me encuentro.

1 de diciembre

Después de este día tan blanco, tan frío y tan triste y que ya me encuentro en mi casa, puedo asegurar que no me importa que caiga una intensa nevada durante todo el fin de semana.
Me tiraría en pijama los dos próximos días y de vez en cuando miraría cómo nieva por la ventana.
También he aprovisionado la nevera. Por si no para de nevar en todo el fin de semana.

16.00h

A las cuatro de la tarde estaba cuajando la nieve. Creo que esta noche pasaremos mucho frío.

Sigue nevando

Lo que está claro es que cada vez nieva más. Me parece que vamos a tener un fin de semana muy blanco y a mí me tocará ir a la oficina porque la ventaja de vivir cerca del trabajo es una desventaja cuando nieva y el resto no pueden acercarse en coche.
Tampoco importa, llevo un tiempo en que me adapto a casi cualquier cosa.

Nieve

Cuando he mirado por la ventana y he visto los copos me he quedado anonadada. Que sí, que sabía que iba a nevar, pero los del tiempo a veces se equivocan.
Está cuajando. Mi coche tiene una capa de nieve ya.

31 días

Imagen relacionada
Quedan por delante 31 días para acabar el año. Parece mentira que ya estemos en diciembre y es que, cada vez, los años pasan más rápidamente. Diciembre es un mes para hacer repaso mental a todo el año que está terminando, es un mes que siempre llega cargado de buenos deseos, aunque no siempre terminemos cumpliendo. Es un mes donde levantas una piedra y salen varios días de fiesta seguidos, así que es normal que pase tan pronto. 
Después de la última Nochevieja, que me decepcionó enormemente regresar aquí y encontrarme con el frío y muy poca gente por las calles, decidí que igual este año me quedaba en Logroño. Y es que Nochevieja siempre era una noche en que había mucha gente por la calle, aquí disfrazados, pero el último año daba pena. Así que quizás me quede en Logroño. Aún tengo 31 días para pensarlo. Y es que parece lejano, pero en un mes ya habremos cambiado de año. 

El resto de sus vidas


Quería terminar esta novela ayer, pero no fue posible, me quedé dormida. Sin embargo, hoy no he parado hasta que la he terminado y todo porque quiero empezar con la novela de Dostoiévski. Cuando mi hermano me preguntó ayer el título no lo recordaba y es que es tan simple que se me olvidó. 
Se trata de una novela de ese subgénero que se conoce como feelgood, que narra una historia de superación personal (ojo, que no es un libro de autoayuda), que transcurre en el día a día y crea buenas sensaciones en quien lo lee, generalmente con un final feliz. Además, hay un humor encubierto que la mayor parte de las veces nos sonsaca una sonrisa. Y concretamente en este libro nos encontramos con una ternura especial, pues el autor con su historia y su estilo nos enternece de una manera insólita.
Los primeros capítulos nos presentan a los protagonistas. Poco a poco vamos conociendo a Manelle, una asistenta domiciliaria, que ayuda en las tareas domésticas a cada anciano que no tiene quien le ayude. En los primeros capítulos que nos desbrozan lentamente el trabajo de Manelle se nos van desmigando cada hora en un hogar, con entrañables viejecitos, sobre los que destaca uno de ellos: Samuel. Y es que para Samuel la hora que Manelle pasa en su casa es una hora mágica, porque ella trae la alegría, la luz y un pedacito de felicidad. También Manelle se ha encariñado con el solitario octogenario aficionado a la comida.
En otra serie de capítulos se nos presentan fragmentos de la vida de Ambroise, un joven tanatopráctor, cuyo oficio ahuyenta a cualquier posible pareja. Se nos describe su rutina para "embellecer" cadáveres, la vida con su abuela Beth a la que mima, el rechazo que le produce su padre, Henri Larnier -Nobel de Medicina-, y los maquillajes también a los vivos, a un grupo de teatro que le contrató para que les maquillara en cada función. Cuando Ambroise habla de su trabajo, cualquier posible relación amorosa se convierte en morbo. 
La vida de los cuatro cambiará cuando unos análisis descubran que Samuel tiene un tumor inoperable en el cerebro y él decide marchar a Suiza para que le practiquen la eutanasia asistida, y es que Suiza es uno de los países donde la práctica de la eutanasia es legal. Para ello, ha pedido a Manelle que le acompañe y ha engañado a una empresa de pompas fúnebres para que acudan a Suiza a por su supuesto hermano gemelo. El que viajará a Suiza para maquillar el cadáver no será otro que Ambroise, pero no puede dejar sola a su abuela, ya que es diabética y puede olvidarse de inocularse la insulina diaria. Y es así como estos cuatro peculiares personajes crean una estrecha relación en Ginebra, que incluso acercará a Ambroise y a su padre, especializado en tumores cancerígenos...

EL AUTOR:

Resultado de imagen de jean paul didierlaurent
Jean-Paul Didierlaurent nació en Les Vosges en 1962. Sus relatos han sido galardonados en dos ocasiones con el Premio Hemingway. Su primera novela, El lector del tren de las 6.27 (2015), fue una sorpresa inesperada: publicada por una pequeña editorial francesa, se convirtió en un éxito de crítica y ventas en Francia, además de ser vendida a veintinueve países. El resto de sus vidas es su segunda novela.

EL LIBRO:

Título original: Le reste de leur vie
Autor: Jean-Paul Didierlaurent
Traductor: Adolfo García Ortega
Editorial: Seix Barral (1ª edición, noviembre de 2017)
Número de páginas: 247
ISBN: 9788432233074

Valoración: 9/10

RETOS: