martes, mayo 17, 2011

Al final del camino

Hoy he caminado, he caminado durante horas. He estado a punto de volverme en varias ocasiones, pero algo me ha impulsado a continuar, a seguir subiendo hasta el cráter del volcán... Eso me recuerda a tantas veces en la vida que estamos a punto de darnos media vuelta, a las veces que caemos y tenemos que levantarnos de nuevo. Cada paso me iba haciendo más fuerte. Sabía que tenía que continuar y lo que he visto allí arriba ha sido magnífico. Ya sabía yo que merecía la pena seguir. Las vistas del Pacífico y de Auckland desde arriba eran espléndidas, pese al aire que tiraba. Bajar ha sido cuestión de una hora, la mitad de lo que me ha costado subir.
Ahora espero al ferry de regreso. Sale en una hora.
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lunes, mayo 16, 2011

Rangitoto Island

Es un volcán. Antes de salir me han dicho que no hay tiendas, así que me he tenido que comprar un bocata. Ciertamente no se ven signos de vida ahí, pero estoy segura de que merece la pena.
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El perfil de Auckland

Desde el barco se ve el perfil magnífico de la ciudad. Creo que estamos llegando a la isla, pero da el sol de frente, así que dudo poder hacerle una foto.
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Half Moon Bay

Estamos rumbo a Rangitoto, en la única parada del trayecto, la Bahía de la Media Luna. Hay una vista espléndida del litoral de Auckland.
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Cogiendo el ferry

En diez minutos me sale el ferry hasta Rangitoto Island. Es un volcán. Tengo 25 minutos de travesía. Sale el sol. Son las 9.05 de la mañana.
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Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven

En Madrid me compré un libro sólo porque me gustó el título, además no hace muchos meses desde que leyera otra novela del autor. Tenía muchas horas por delante para leer y me lo terminé.
El libro habla sobre un chico, Dani, que se dedica a buscar niños desaparecidos y al que le acaba de abandonar su mujer.
Dani era hijo de un matrimonio de enanos, pero él terminó creciendo. Teme que si tiene un hijo salga enano. En este tiempo recuerda a las perlas de su vida, personas que le han salvado en momentos difíciles de su vida, George y el Sr. Martín.
Al final decide tener al niño.

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Amanece en Auckland

Son las siete de la mañana. El cielo está plagado con unas nubes que vaticinan lluvia y niebla, así como viento y frío. No se si coger un barco o visitar el volcán que está en el centro de la ciudad. Son lugares para ver panorámicas y no se si con este día vere mucho. Otra alternativa es ir a la calle que está detrás del hotel, Queen Street, y hacer shopping. De momento ire a desayunar mientras el día va aclarando.

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Mis historias tras la pluma

Describirlo todo es algo que me fascina. Escribirselo a alguien especial me fascina todavía más.
Siempre lo escribo todo y al hacerlo es como si algo de lo que estoy viendo se quedara para siempre en mí, formulado a través de mis palabras. Por eso siempre llevo conmigo una libreta y un boli. Aunque ahora puedo utilizar el blog, siempre he preferido escribirlo a mano, no es tan frío. Emociona más cuando dentro de unos meses lo relea...
Son las once de la noche aquí. No creo que tarde mucho en dormir, aunque estoy buscando el nombre del volcán que hay en medio de la ciudad. El circuito comienza el día 20, y entonces subiremos a la Sky Tower y visitaremos el puerto y el museo maori-polinesio, así que estos días he de buscar otras alternativas. Y el volcán en medio de la ciudad tiene que ser una gozada para la vista.

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Sky tower

Son las nueve y media de la noche. Tira un aire aquí... En los pasos de cebra hay que correr, porque son largos y duran segundos. Aquí se come mucha vaca. Voy a cenar.
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Dólares neozelandeses

La reina de Inglaterra también es reina de Nueva Zelanda. Lo he leído en algún sitio, así que no es de extrañar que también aparezca en su moneda.

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Antes...

Que aquí me funciona el móvil e internet. Es genial, aunque por la noche tendré que apagarlo.
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Stamford Plaza Hotel

Hace una hora que he aterrizado en Auckland. El guardia que me ha sellado el pasaporte (junto a los sellos de Japón) me ha preguntado cuándo estuve allí. Con esto quiero decir que te hablan de todo, que no queda mucho de esa rigidez inglesa, aunque han heredado el sistema de circulación británico y la reina inglesa aparece en los billetes. Sí, ya tengo moneda neozelandesa. Estoy tomando un café en el hotel, me han subido la maleta a la habitación y yo sólo quiero una ducha. Son las diez y media de la mañana del 16 de mayo en Auckland.

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domingo, mayo 15, 2011

Nuestro avión

Ya que en Londres no se veía bien y aquí sí... Es nuestro avión. Parece diminuto, pero es gigante.
He aprovechado para llamar a mis padre y decirles dónde estoy, dicen que tengo voz de cansada.
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Dos horas en China

Desconocía si nos teníamos que bajar del avión, pero aquí estamos. Son las 16.45 en Hong Kong. Me estoy tomando un capuccino, por supuesto no he cambiado moneda. 5 euros me ha costado el café. Estoy más cerca de destino, sólo me quedan once horas de vuelo más otra de espera aquí.
Estaba pensando en alguien, es que creo que él ya ha estado aquí, en la ciudad. Sólo he visto una película y he dormido. Se agradece bajar aquí aunque sólo sea para estirar las piernas.

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Hong Kong International Airport

Esto está lleno de chinos. Hay -9 grados. Hemos aterrizado junto al mar pero no me he enterado hasta uqe noi hemos tocado tierra. No se veía nada.
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sábado, mayo 14, 2011

Junto al avión

Ya estoy junto al avión. En una hora larga salimos.
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Adaptador

Lo bueno del Duty free es que tienen de todo, incluidos los adaptadores eléctricos. En cinco minutos van a abrir la puerta de embarque.
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Amarillo

El color que predomina en la T4 es el amarillo. Ahora que estoy en el café echo algo de menos un cigarro, pero como no se huele ni me acuerdo. Hace sol en Madrid. Iba abrigada y todo lo he tenido que meter a la mochila, seguro que en Londres tendré que volver a ponerme la cazadora.
El viaje se me ha pasado volando. He venido con un jubilado de Pamplona que me ha contado batallitas, de esas vivencias de las que se aprenden. Al taxi le ha costado un cuarto de hora llegar al aeropuerto. Hay poco tráfico hoy y la gente está de fiesta. Mi hermano tiene su segunda despedida, está aquí y le han disfrazado de chulapo.
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Más cerca de las estrellas


En el momento en que mañana despegue el segundo avión no tendré acceso a internet hasta bien entrada la noche del 15 de mayo (hora de aquí). Mañana a estas horas estaré más cerca de las estrellas y, por tanto, más cerca de él. Porque las estrellas siempre me recuerdan al ángel que habita en mis sueños, al ángel que minuto a minuto, mirada a mirada, palabra tras palabra, semana tras semana ha sido sembrando, quizás sin querer, una semilla en mi corazón. Una semilla que ha germinado, que ahora florece y que no desea marchitarse. Es la semilla del amor. Hoy sé que cuando amamos de verdad a alguien todo es simplemente perfecto, devastadoramente sublime, extraordinariamente hermoso. Hoy sé que cuando amamos, ese amor, aunque esté incompleto o quizás se empiece a agrietar, nos da fuerzas que creíamos olvidadas o quizás nos eran desconocidas. Y cuando ese amor está en su más pleno apogeo nos aferramos a él como única salida para seguir mirando al sol cada mañana, para seguir soñando con sus abrazos invisibles cada noche.
Mañana estaré más cerca de las estrellas, pero aunque me aleje 17.703 km (distancia entre Madrid y Auckland) él seguirá estando aquí al lado, porque él continuará palpitando junto a mi corazón. Y es posible que, a esta hora, le esté describiendo cómo se ve el mundo desde el firmamento.
Se puede decir que empiezan mis vacaciones. Que tengo todo un viaje en autobús para seguir escribiendo tantas sensaciones, una tarde en Londres para disfrutar de cada segundo que pasa…

viernes, mayo 13, 2011

Algunos preparativos

Estas palabras vienen a ser muy parecidas a las que escribí ayer por la tarde. Pero he añadido más cosas.

Ayer preparé la mochila, que es lo único imprescindible para el viaje, ya que lleva toda la documentación necesaria. Decía que la había comprado esta semana porque mi hermano pequeño me ha birlado mi mochila azul oscuro de Nike. Es más grande, porque quiero meter más cosas. Es lo que llevaré de equipaje de mano en el avión. Aún me falta meter un libro (estoy indecisa, aunque seguro que será de bolsillo) y la cámara de fotos.
En la imagen aparece la mochila, pero también la maleta, que aún está vacía.



La cámara de fotos la tengo cargando. Me voy a llevar la Canon que me traje el año pasado de Japón. Me estoy leyendo las instrucciones que me descargué en castellano (ya que las que venían con la cámara estaban en japonés, pero el idioma utilizado en la cámara es inglés).


He aprovechado a coger la cámara de vídeo que le traje a mi hermano pequeño el año pasado desde Japón. Creo que aún no la ha estrenado. Parece una pistola y ocupa tan poco... No me la llevaré, porque la de fotos y el móvil ya graban vídeos. Pero quería probarla hoy.


Entre la documentación del viaje, me he fotocopiado la parte de la guía que me dieron de Catai que habla de Nueva Zelanda. Es sobre toda Oceanía, de ahí que prefiera llevar mi propia guía de la misma editorial de siempre y que se concreta únicamente en el país. Las dos paradas de rigor, una a la ida y otra a la vuelta, son en Hong Kong, aunque creo que no nos bajamos del avión.


Imprescindible: dinero (dólares americanos y euros) y tarjetas de crédito. Lo llevo todo en un bolsillo oculto de la mochila. Junto al pasaporte.

Ayer leí que es aconsejable llevarse un sombrero para protegerse del sol. Luego me imaginé con un sombrero vaquero junto a un lago. Es posible que me traiga uno de allí. Para protegerme del sol.

Mantenimiento de Blogger


Este mantenimiento que dura desde ayer por la mañana, aunque ayer aún podía acceder, me ha borrado la entrada de los preparativos, entre otras. Menuda gracia. Ahora tendré que volver a escribir otra entrada con más preparativos e incluir las fotos de ayer. Sigo sin hacer la maleta, pero estoy cargando las cámaras. Tengo muchísimo sueño hoy. Creo que esta noche saldré a tomar un café y nada de ir de fiesta, aunque no vea a ese ángel que echo tanto de menos. Es que después de la primera cerveza vendrá la segunda y me darán las tres de la mañana. Hoy he dormido cuatro horas, que últimamente tengo insomnio y no me he permitido echarme la siesta. Hay muchas cosas que hacer esta tarde.

Mantenimiento

Llevo desde anoche sin poder escribir por mantenimiento del blog. A ver si funciona desde aquí. Mañana a esta hora exacta sale el autobús. Me encuentro en el campo de golf.
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jueves, mayo 12, 2011

En Ezcaray no están de fiesta

Esta mañana no podía acceder para escribir. Quizás mejor así, ya que entonces se sabría a qué hora he llegado a la oficina de Ezcaray. Es que me he levantado como si no hubiera descansado bien, lo que me ha recordado que anoche me costó muchísimo dormir. A las diez desayunaba aún en casa y cosa extraña, ya que habitualmente desayuno fuera. Estaba sola y tenía una terrible pereza para coger el coche. Además ha salido un día muy nublado.
Es hora de marchar. Ahora tengo el dilema de poner en funcionamiento la alarma.

Me voy a casa. Que esta tarde he de hacer muchas cosas.

miércoles, mayo 11, 2011

Fiesta para unos...


Llega un momento en que he de preguntarme qué hago en la oficina cuando todo el mundo está de fiesta. Lo cierto es que me voy a marchar ya, pues son días especiales. Pero adelantaba trabajo. Además, he puesto un cartel de horarios del mes de mayo, para foráneos. Me ha sabido a gloria escribir que los siguientes tres sábados la oficina permanecerá cerrada. Aún tengo que sacar el billete de autobús para el sábado. Ayer hablé con una amiga y posiblemente termine saliendo el viernes. Esta noche desconozco si al final saldremos. Al mediodía me he encontrado con JC y su presencia me ha recordado a otra persona. Ha estado un rato hablando con nosotras, que estábamos tomando una cerveza en una terraza que a él le pillaba de paso.
Creo que es hora de marchar. La gente está de fiesta. No sé por qué yo aún sigo aquí.
Me pregunto dónde estará él...
Me voy a casa. Al menos sé que no me voy a tropezar con la procesión de la rueda.

martes, mayo 10, 2011

Han empezado las fiestas


Anoche me quedé dormida encima de la cama. No sé qué ocurrió ayer, porque tenía mucho sueño. No es de extrañar que esta mañana a las siete haya abierto los ojos. Pero ni siquiera me he levantado. He pensado que aún quedaba un rato para levantarme y me he dado media vuelta en la cama... para pensar en él.

Hace un rato que han empezado las fiestas. Se ve gente con petos y pañuelos pasando de un lado a otro, y es que es la hora del chiquiteo. Además ha salido el sol...

Es curioso, pero yo sigo en la oficina, aunque es cuestión de minutos.

lunes, mayo 09, 2011

Tarde de sol


A eso de las tres y media me ha entrado un ligero sopor. No podía permitir dormir, porque en unos minutos había de marcharme. Lo sorprendente es que no me tumbo después de las comidas, sobre todo porque no me suele dar tiempo, pero hoy estábamos a la mesa mucho antes de lo habitual.
Cuando he despertado me encontraba desubicada. Pensaba que era por la noche y que tenía que ponerme el pijama y dormir. Entonces he visto la luz del sol por las rendijas de la ventana. He venido grogui. Y entonces he visto a un ángel...

Me voy a casa, porque ahora apetece ir a la ermita a disfrutar del sol. Es una de esas tardes... donde los pensamientos quedarán para mí, y en ellos siempre aparece alguien, porque imagino todo lo que me gustaría compartir con él, incluso esta tarde soleada.

Enanos, los más hábiles herreros

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Los enanos pertenecen al grupo de las primeras criaturas que habitaron la Tierra en el principio de los tiempos, incluso en una edad anterior a que existieran los dioses. Y hace ya muchos, muchos milenios, cuando el mundo todavía era joven y no había conocido tantas guerras devastadoras, los hombres y los enanos establecieron una alianza. Como a los enanos no les gustaba arar la tierra y sacar de ella sus frutos, los hombres hacían este trabajo por ellos. A cambio, los enanos, que eran muy buenos ejecutando los trabajos más duros, como el de la herrería, fabricaban todo tipo de utensilios de metal para los hombres.
Esta alianza duró varios siglos, y durante este tiempo los hombres se hicieron fuertes. Mediante el arte de la observación, aprendieron los distintos oficios de los enanos, aunque nunca llegaron a adquirir tanta destreza en la fabricación de armas, la minería y la metalurgia.
Entre tanto, los enanos, que son muy voluntariosos, pero también muy confiados, no hicieron nada por descubrir los secretos de sus vecinos. Y fue entonces cuando los hombres los traicionaron. Hacía ya mucho tiempo que los hombres despreciaban a los enanos en secreto, porque no los entendían, y porque no les gustaba su aspecto físico, tan diferente al suyo.
En lugar de considerarlos seres distintos, creyeron que eran hombres contrahechos, deformes y pequeños, con barbas que les llegaban a las panzas, que eran tremendamente gordas. Y así, les declararon la guerra y los despojaron de sus posesiones.
Desde aquel día, los enanos no confían en los hombres y los evitan siempre que pueden, porque piensan que son criaturas traicioneras.

Lo efímero


Hoy pasaba por el puente y me he quedado mirando el río, sus orillas verdes, el monte al fondo. La tarde acompañaba y yo me encontraba imaginando que caminaba con un ángel por esas orillas. Nunca he estado ahí abajo. Paso a diario por ahí, unas cuatro veces. Y nunca me he parado a observar la tranquilidad que hay ahí.
No sé por qué de repente me he acordado de él. Quizás por el candado que nunca colgué en el puente. Uno de esos candados grandes y pesados que aguarda en un cajón de la mesilla.
Quizás porque había gente en bicicleta, pedaleando bajo los rayos calurosos de la tarde.
Entonces he sentido un nudo en la garganta y una garra atenazándome fuertemente el estómago.
He vuelto a mirar a la montaña que quedaba atrás y he intentado sonreír. La vida pasa demasiado rápido y todo es demasiado efímero. De repente, esa emoción instantánea se había difuminado. Pero su imagen… no.

domingo, mayo 08, 2011

En seis días


Ya tengo los billetes en la mano. Se dice pronto, pero en una semana estaré sobrevolando el mar de Tasmania y cerca ya de Auckland, al norte de Nueva Zelanda. A las diez de la noche (hora española) aterrizo. Allí serán las nueve de la mañana del día siguiente. Vaya lío de horas.
Hoy me han regalado un juego de maletas de color rojo. De momento, ya he comprobado que tengo autobús a las 9.20 h. del sábado hasta Madrid, y que llego con más antelación de las dos horas recomendables del aeropuerto. De Madrid salgo a las 15.45 h. desde la Terminal 4 (ya era hora que conociera la terminal más moderna del aeropuerto de Barajas) y en Londres tengo una espera de algo más de cuatro horas.
Me he estudiado las horas. Aún no he sacado el billete de autobús a Madrid, porque tengo que asegurarme de que es ese el trayecto que debo coger y no ir el viernes por la tarde. Lo que ocurre es que tengo que calcular el tiempo que necesito para ir desde la Avenida de América hasta el aeropuerto.
Las compañías aéreas son Iberia (primera vez también) de Madrid a Londres, y Air New Zealand hasta Auckland.

Si el viaje de ida me lleva un total de 26 horas en avión (sin contar el tiempo de espera de trasbordo), el de vuelta será un total de 34 horas, si no me he equivocado al hacer los cálculos teniendo en cuenta los cambios horarios. En el regreso hago dos trasbordos (en Auckland y Londres) y en los dos vuelos hay una parada técnica para que el avión baje a repostar (calculo que puede ser en Kuala Lumpur o en Bangkok, no lo especifica).

También tengo un vuelo interno desde la isla norte a la isla sur. Con lo que me gusta a mí volar...

Ahora sí que comienza la cuenta atrás. Estoy un poco como flotando. Menos mal que esta semana son fiestas y no se va a notar mucho dónde estará mi pensamiento.

sábado, mayo 07, 2011

Antes de la salida

Estaba vistiéndome y pensaba: en una semana estaré volando y no sólo eso, sino que llevaré ya varias horas, habré hecho el trasbordo en Londres y estaré, calculo, dejando atrás Europa. Es que hasta mañana no sabré con exactitud a qué hora cojo el avión en Londres.

Me está costando salir hoy más de lo habitual. Es como si me faltaran ganas. Me pregunto si al volver tendré el corazón en un puño por enésima vez

Prométeme que serás libre


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"Prométeme que serás libre" son las palabras que un padre le dice a su hijo antes de que les llegue el infortunio.

Esta es una novela que transcurre a finales del siglo XV, pero no sólo es una novela histórica, sino que además habla del amor. Un amor de adolescente, encontrado, perdido y vuelto a recuperar. He sentido que me estremecía al leer los fragmentos que describen cómo el protagonista reconquista a su amada de una forma magistral.

Llafranc es una aldea de pescadores en las costas catalanas donde todos viven en libertad. Un día son asaltados por piratas que creen sarracenos. Joan y Gabriel son dos hermanos que consiguen sobrevivir a la catástrofe, pero descubren cómo un fogonazo (que años después sabrán que es un arcabuz) termina con la vida de su padre Ramón, y se lleva presas a su madre Eulalia y a su hermana María, mientras la otra hermana, un bebé de apenas unos pocos días, queda abandonada en la playa y termina sucumbiendo a la muerte.
Las autoridades religiosas del pueblo de al lado, alertados por las campanas de Llafranc, se acercan pero no osan entrar en la contienda. Joan descubre entonces que eso no puede ser obra de Dios y su lengua le trae algunos problemas. Así que el regidor les envía al convento de Santa Anna, en Cataluña, para que el prior se haga cargo de los dos hermanos. Para ello, conocerán al mercader de libros Bartomeu, que les acompañará en el viaje y al que tomarán un afecto grandísimo.
Los dos niños son acogidos en el convento de Santa Anna, donde tendrán que ayudar a los frailes en el huerto. Sin embargo, Bartomeu le encuentra muy pronto un trabajo de aprendiz de librero a Joan, por el que permanecerá muchas horas fuera del convento. Lo único que tiene que prometer Joan es que no aprenderá a leer, aunque se va a convertir en escriba. Él no comprende cómo puede escribir sin saber leer. Tendrá que aprender las artes de la escritura de un esclavo musulmán, al que Joan odia terriblemente, pues los de su religión fueron los culpables de que su padre muriera y su madre y hermanas sean esclavas. Pero Abdalá un día habla con él hasta que el joven Joan le describe el origen de todos los males. Esa conversación crea un nexo de amistad entre los dos, que se admirarán profundamente por el resto de sus días.
En la librería está como aprendiz Felip, un chico que hace la vida imposible a Joan, creyéndole un payés de remensa (campesino que tenía que efectuar un pago a su señor para poder abandonar la tierra; estos pagos eran extremadamente altos, casi ningún campesino podía pagarlo, por lo que seguían esclavizados a la tierra y al señor que mandaba en ella). Joan le dará su merecido, pero Felip se convertirá en un acérrimo enemigo que, cuando es expulsado de la librería, y con la llegada de la Inquisición y Fray Espina a Barcelona) será el que se chive de que el librero Corró y su familia son conversos. Es la época en que los Reyes Católicos habían expulsado a los judíos de España y cualquier persona relacionada con la ley hebrea era puesta en tela de juicio. Joan, que ya ha aprendido a leer por su cuenta, también es prendido por la Inquisición y llega un momento en que dice todos los títulos prohibidos que han pasado por sus manos, con lo que condena a la hoguera a los libreros Corró. Es entonces cuando comprende por qué el librero le había prohibido aprender a leer.
En esa época está enamoradísimo de Anna Roig, cuyo padre pertenece al gremio de los argenteros. Ella le corresponde, pero como también son conversos una madrugada suben a un barco en dirección a Italia. Joan cree que no la volverá a ver.
Al perder el trabajo en la librería, Joan entra en el gremio de los fundidores como aprendiz, donde su hermano Gabriel, que adora las campanas, está trabajando. Los fundidores son muy respetados en Barcelona debido a su descomunal fuerza. En esos momentos sólo fabrican cañones para las batallas en las que tienen que lidiar los Reyes Católicos.
Joan acostumbra a salir a las posadas del puerto, porque ha descubierto que los que atacaron su aldea no eran sarracenos, sino cristianos disfrazados de piratas sarracenos. Busca información en los marinos que llegan al puerto y entonces le dan un nombre: Bernat II de Vilamarí, el almirante mayor de la flota real en el Mediterráneo, un nombre célebre y admirado, con un poder inmenso, sin duda alguna por estar cerca del monarca Fernando. Joan no ceja y durante años espera que la flota de Vilamarí llegue a Barcelona. Y cuando eso ocurre busca información en uno de los alguaciles del barco, el Tuerto, el mismo que disparó el arcabuz contra el pecho de su padre. El Tuerto se da cuenta de que el chico busca algo más y terminan sacando las dagas, hasta que el desenlace fatal acaba con la muerte del Tuerto. Vilamarí quiere un castigo ejemplar para el chico que ha asesinado a uno de sus lugartenientes. Joan es condenado a latigazos públicos y dos años en galeras. Cree que se le acaba el mundo, pero como galeote estará más cerca del almirante y tendrá más oportunidades de asesinarle.
Lo que comienza como un suplicio termina con una travesía que no tiene nada que ver a como empezó. Al principio es golpeado, pero cuando Joan descubre que se han dejado escapar un barco porque no se han atrevido a usar las culebrinas (especie de armas de fuego de larga distancia), él asegura que con su puntería le hubiera alcanzado. Sorprendido el almirante y los capitanes, Joan es puesto a prueba y convertido en artillero mayor de la Santa Eulalia. Poco a poco, se va acercando al almirante, sobre todo cuando éste utilice sus conocimientos en la escritura y en la lectura para deleitarles las cenas. Joan tendrá oportunidades de asesinarle y, de hecho, él mismo tendrá que empuñar el arcabuz en algunos ataques piratas propios a otras aldeas. Vilamarí le observa, porque está haciéndole lo mismo que ocurrió en Llafranc con su padre. Un día Vilamarí le explica una parábola sobre la supervivencia, y sus palabras sean quizás las que le impidar asesinar al almirante en cuanto se le presente la oportunidad. Es más, le protegerá.
Recorren varias islas del Mediterráneo en busca de trabajo de monarcas y nobles, rapiñeando en aldeas a veces y recogiendo esclavos, y llegan a Nápoles. Joan buscará a Anna, que ya es una mujer casada. Ella aún le ama y él no soporta que sea la mujer de otro hombre. Cuando las intrigas políticas del Papa, el ejército francés que se acerca a Italia y los monarcas españoles que no quieren perder su estatus en el Mediterráneo, Anna y su marido, que es seguidor del monarca francés, tienen que huir por mar en una carabela, que es apresada por Vilamarí a instancias de Joan. Joan asesinará a Ricardo Lucca, marido de Anna, y cuando van a repartirse el botín, uno de los capitanes le reta para quedarse con Anna. Joan proclama su amor por la mujer y, curiosamente, los leones de mar son sentimentales en cuanto se refiere al amor. Joan se queda con Anna y es expulsado del barco. Comienza una vida nueva en Nápoles dedicándose a los libros. Anna espera un bebé que ella cree que es hijo de Lucca. Joan le dice que asesinó a su marido, pero que fue un duelo justo. Ella no quiere volver a verle y él se ve obligado, ante la negativa, de marcharse a Roma, donde quiere abrir su propia librería. Como español, se acercará al clan de los que apoyan al Papa. Su amigo Abdalá, desde Barcelona, le da consejos para recuperar a Anna. Entonces es cuando vuelve a Nápoles para escribirle y hacerle un libro hermosísimo dedicado al amor, donde describe todos sus infortunios y le lleva a pensar que ella no es culpable de la muerte de Ricardo. Tras unos días de espera, ella acepta perdonarle y terminarán casándose, mudándose a Roma e inaugurando la librería por todo lo grande.
Gracias a Vilamarí conseguirá encontrar a su madre y a su hermana y llevarlas consigo a Roma, sacándolas de la esclavitud.
Entonces, al mirar al cielo, Joan sube con su mujer y el hijo de Ricardo a la azotea para mostrarles los pájaros que vuelan libres.

Me ha encantado.

viernes, mayo 06, 2011

Aires de tormenta


En el horizonte se ilumina el cielo intermitentemente por una tormenta que pinta terrible. Es en dirección a Burgos. De repente, se oye el golpeteo del viento en la persiana.
No sé por qué no he salido esta noche. Pues huele a fiesta. Sin embargo, he preferido quedarme en casa. En principio sin un motivo aparente, pero bien sé el porqué.

El voto por correo


Hoy ha venido el cartero con un inmenso sobre de color sepia y nada más verlo sabía que era para mí. Como ya tenía claros los candidatos para el 22 de mayo, ha sido cuestión de minutos coger las papeletas, los sobres y la certificación. Y entonces he ido a Correos a darles el sobre que contenía toda la información electoral. Y eso, que ya he votado.
Estoy por echarme una siesta. No es que tenga sueño, pero me voy a poner a leer y me terminaré quedado OFF.

Recuerdos del tren


A veces recuerdo los innumerables viajes en tren, ese traqueteo continuo durante aproximadamente tres horas que parecían interminables. En el tren me conecté por primera vez a internet desde el móvil. Esta noche ha aparecido esta imagen entre las infinitas carpetas de fotos que guardo en el portátil.

(Montxo, si ves esta imagen ya sabes qué pagina es. Hace miles que no me paso.)

El tren hacía que mi estado de ánimo cambiara. El tren me enseñó a echar de menos las montañas que rodean mi casa en La Rioja, el tren me enseñó a valorar todo aquello de lo que carecía en Salamanca. Eso no hacía que Salamanca no me gustara, pero sí es cierto que, saliendo de la ciudad, el paisaje es árido, desolado y se extiende a nuestros ojos durante kilómetros y kilómetros de llanura. Esa tierra, además, era muy pobre. Salamanca es una ciudad exquisita, pero fuera de la capital... te encuentras una especie de abismo yermo y desgastado.
El viaje de ida siempre me entristecía, porque las montañas y el color verde, los contrastes y la fertilidad de esta tierra iban quedando atrás para dar paso a la insólita llanura de la meseta. Y hablando de la meseta, recuerdo el clima al que nunca terminé de acostumbrarme, porque allí no había más que dos estaciones. En la meseta se habían extirpado el otoño y la primavera, para pasar repentinamente del frío más cortante al calor pegajoso que impregnaba la piel de forma traidora.
El viaje de ida siempre me mantuvo con la idea de que volvería a mis raíces. Y, de hecho, regresé a esas raíces que me faltaban en tierra charra.
En cambio, al volver hacia La Rioja el estado de ánimo siempre me alegraba. Con sólo mirar hacia el exterior y ver una altura, aunque fuera pequeña, era suficiente para que me sintiera en el cielo. Porque mi mirada buscaba lo que había echado tanto de menos.

Los trenes que cruzan Castilla dejan mucho que desear. Han reformado las estaciones de estilo franquista que se conservan a lo largo y ancho de toda la Península Ibérica, pero tardan en levantar las nuevas estaciones acristaladas Adif para los trenes de alta velocidad. En Valladolid no han cambiado la ubicación y la estación que se ve desde el tren no se ve muy cambiada. En cambio, en Burgos construyeron una estación completamente nueva, que está bastante lejos del centro. Sólo he estado una vez, cuando ya regresaba definitivamente.
Los trenes son antiguos. Una vez oí que eran de segunda mano, los que cercanías de Cataluña y Madrid, reconvertidos en ferrocarriles de larga distancia para las Castillas.

Concretamente, ese día de la imagen, por la hora (09.11 h.), sé que venía en el Talgo que llega hasta Barcelona. Salía a las ocho de la mañana. Los Talgos huelen a viejo. Si te echas una cabezada, el asiento contiene ese aroma a rancio. También tiene primera y segunda clase, con los nombres cambiados (preferente y turista), pero no se diferencian en mucho. Los asientos, quizás unos centímetros más amplios en preferente, siguen conteniendo esa fragancia múltiple del sinfín de personas de todos los tiempos que han viajado en ese tren. El Talgo sería un 'boom' en el franquismo, pero hoy es una carraca vieja y obsoleta que recorre las Castillas con el mismo traqueteo que recuerda a historias de posguerra y al poema de Antonio Machado:

Yo, para todo viaje
siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
(...)

A veces da la sensación, al leer el poema del tren de Machado, que no ha cambiado mucho desde que él lo escribiera. Sobre todo si vamos en un Talgo...

jueves, mayo 05, 2011

En vísperas





Nos encontramos en vísperas de fiesta. Es continuo el trasiego de camiones, furgonetas, ruidos, gente... Casi están montadas las barracas.
Temo al fin de semana, pero prefiero no hacerme preguntas ni dejarme llevar por la imaginación. Nada sale luego como lo hemos pensado, así que prefiero mantener la mente en blanco.

Ajetreo en las calles


Hoy ha debido venir alguien importante. Entre los Audis aparcados enfrente (esos que son todos iguales, de color azul oscuro, que acostumbran a usar los políticos) y los guardias pasando varias veces, seguro que hay alguna celebridad por aquí.
He estado mirando a ver si conocía a alguien, pero no he reconocido ningún rostro que ocupe las primeras planas sobre la política regional. Si ha venido alguien, seguro que mañana informarán de ello en el Diario La Rioja.
Apetece marchar. Queda poco para las siete. Hoy tenía una reunión después que he aplazado para la próxima semana. Apetece regresar a la tranquilidad de mi pueblo, que aquí se notan los días previos a fiestas, que hoy hay demasiado ajetreo.

Lo que me apetecería en realidad es caminar con un ángel. Es una de esas tardes que invitan a pasear con alguien con quien nos sintamos a gusto.

El gusanillo


Ha aparecido el gusanillo. Ese gusanillo que siempre aparece cuando va a ocurrir algo único, cuando llega un acontecimiento que sólo se produce una vez en la vida (por ejemplo, una boda), cuando vas a hacer una actividad por primera vez, cuando vas a emprender un largo viaje que posiblemente no repitas nunca.
Hoy soy consciente de que ya no queda nada para marchar. 9 días, que se dicen pronto. Por supuesto, no estoy agobiada. Sólo que aún no me he hecho a la idea de que ya no queda nada para coger un avión y marcharme al otro lado del mundo. El domingo me traen los billetes.
Tengo ese gusanillo, algo que está a caballo entre la ansiedad y el deseo de viajar.

Me voy a SD, que es la una ya. Llevo toda la mañana con esta entrada abierta, siendo interrumpida por gente cada dos por tres.

miércoles, mayo 04, 2011

El reencuentro con la magia


La magia ha aparecido de repente. Ha sido algo efímero. Y si había magia es porque en ese breve instante, estando en la calle, estábamos mi imaginación, lo que veían mis ojos y yo. La gente se movía a mi alrededor, me hablaba, pero en mis pupilas sólo existía la imagen de un ángel. Hasta que ha desaparecido a la vuelta de la calle.
En ese momento he sentido algo tan dulce como si una pluma cayendo rozara mi alma. Por eso digo que la magia ha vuelto.
Su aparición repentina ha devuelto los colores al día, los ruidos a la calle y los minutos al tiempo.

¿Y si él hubiera mirado en mi dirección...?

Al llegar a casa

Adoro llegar a casa y encontrarme al perro esperándome en el portal. Así que he metido el coche y me he sentado en el césped recién segado. Se está genial aquí.

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Se ruega... no aparquen aquí


Todos los coches teníamos un aviso para no aparcar donde ponen las barracas, que ya han empezado a poner algunas. En dos años es la primera vez que me dejan el aviso. Me ha hecho gracia, aunque no tanto cuando esta tarde o mañana tenga que buscar otra zona para dejar el coche.

A las 3.15 h. de la tarde he quedado para tomar café.

12 de mayo


El día 12 de mayo, en principio, no tengo fiesta. Porque es jueves y en Ezcaray no es fiesta. Menuda gracia. Aunque quizás sea mejor así, porque estaré concentrada y no tendré mucho tiempo libre para dar rienda suelta a los pensamientos.
El 12 de mayo del año pasado aproveché para renovar el pasaporte. Este año tendré la maleta casi hecha.
Este domingo tendré la documentación del viaje en mis manos... a una semana. Me da la sensación de que aún falta mucho, no sé por qué, quizás porque aún no he empezado a mentalizarme.

Debería ir a dormir.

No existe amor imposible


Para el guerrero, no existe amor imposible.

Él no se deja intimidar por el silencio, por la indiferencia o por el rechazo. Sabe que, tras la máscara de hielo que usan las personas, existe un corazón de fuego.
Por eso el guerrero arriesga más que los otros. Busca incesantemente el amor de alguien, aun cuando esto signifique escuchar muchas veces la palabra "no", regresar a casa derrotado, sentirse rechazado en cuerpo y alma.
Un guerrero no se deja asustar cuando busca lo que necesita. Sin amor, él no es nada.

Del Manual del Guerrero de la Luz, de Paulo Coelho

martes, mayo 03, 2011

Dormir es un placer


Siempre he pensado que dormir es uno de esos pequeños placeres de la vida. A mí me gusta dormir, aunque generalmente suelo levantarme con el primer toque de la alarma. Si no lo hiciera inevitablemente esos “cinco minutos más” hacen que llegue tarde.
También me gustan las siestas, aunque llevo mucho tiempo sin echarme una siesta. Me gustaría ser capaz de echarme siestas de veinte minutos, pero cuando me duermo en la sobremesa me suelo quedar más de una hora. Últimamente soñaba tanto que las siestas se alargaban y me costaba mucho abrir los ojos y volver a pisar tierra firme. Abría los ojos, pensaba en un ángel y sonreía inevitablemente. Quizás porque aún quedaban los resquicios de un sueño en donde aparecía él. Sigo soñando con él.
Lo que más me gusta de dormir es soñar. Aunque luego cueste mucho desvincular el sueño de la realidad. Y me gusta describirlo después, quizás porque no quiero que se me escape nada, porque son momentos que simplemente me llevan a saborear un prurito de felicidad. En el fondo soy una soñadora. Unido a la vasta imaginación, es una bomba de relojería. Soy consciente. En el colegio siempre era elegida para realizar trabajos que conllevaran cierta creatividad.
Lo que ocurre es que no me gusta dormir abrazada a la almohada. A mí me gustaría dormir abrazada a un ángel, escuchar su respiración, sentir el tacto de su piel, acariciarle el rostro, cubrirle de besos cada noche en la oscuridad y cada mañana al amanecer. Me gustaría que se cumplieran aquello que decía una canción, creo: “Hoy dormiré con los ángeles y soñaré contigo, pero llegará un día en que soñaré con los ángeles y dormiré contigo”. No sé cuál es la diferencia, quizás está en el singular. Me refiero a que él es un ángel de mirada perfecta.
Echo de menos la magia y sin embargo siento que estoy rodeada de magia. Sé que mis palabras, recién escritas, contienen magia, quizás porque llegan desde el corazón y ese corazón, desgastado por las grietas que origina la nostalgia de lo que no se ha tenido, ama como jamás antes ha amado. Como creo que nunca llegará a amar.

Dormir otra vez y despertar junto a él... Abrir los ojos y que todo haya sido un sueño...

Las tardes de martes y de viernes son tardes de siesta, pero últimamente prefiero aprovechar el tiempo. Tengo una amiga francesa que piensa que "mientras dormimos no vivimos" y creo que algo de razón tiene.

La lista interminable


Si hiciera buen tiempo me iría a la ermita. Lamentablemente no puedo tumbarme en el césped porque está mojado, así que leeré. Aparte de escribir los nombres en infinitas invitaciones de boda. ¿Por qué me han elegido a mí para escribir...?
Llevo casi dos horas escribiendo nombres y cotejando listas de invitados. Yo que quería echarme la siesta...
De todas formas, creo que he terminado por hoy y como parece que está saliendo el sol quizás termine en la ermita.

lunes, mayo 02, 2011

Un segundo de emoción


Emociones que duran un instante... El instante en que la gente se difumina, el tiempo se congela, el ruido se desvanece y sólo escuchas el golpeteo de tu corazón, latiendo frenéticamente al encontrarte con esa mirada angelical.
Echo de menos esas emociones.

Doce días


Doce días son los que me quedan para coger el avión. Parece que no, pero el viaje ya lo tengo encima. Y parecía tan lejano. Tengo ganas de desconectar. A estas horas, dentro de dos semanas, estaré ya cerca del Mar de Tasmania (hora de Oceanía).
No sé quién me dijo el sábado (algún amigo, seguro, que ya lo sabía) que admiraba que hiciera viajes tan largos, que no todo el mundo se atreve a hacer. No creo que tenga nada de admirable, ya que es algo que todo el mundo puede hacer. Siempre he pensado que hay un momento para cada cosa y estos viajes son para hacerlos ahora, porque en unos años no me meteré en un avión durante un día entero.

Empieza un nuevo día...

domingo, mayo 01, 2011

El Lunes de Aguas

Hornazo
Mañana se conmemora en Salamanca la festividad del Lunes de Aguas. Lo cierto es que la historia de esta festividad es un tanto graciosa. Es el único día del año que no se ve un alma en las calles de piedra dorada de la ciudad, y no sólo de la capital sino en todos los pueblos de la provincia. Y no hay nadie porque todo el mundo está en las riberas del Tormes comiendo el típico hornazo. El hornazo es un molde de pan que contiene dentro rodajas de los embutidos típicos salmantinos. Es exquisito, pero llena muchísimo.
Cuenta la leyenda que, hace varios siglos, como los prostíbulos estaban en pleno centro de la ciudad, justo en las calles por donde pasaban todas las procesiones de Semana Santa y no estaba bien visto que las prostitutas mostraran sus atributos ante tantas imágenes de vírgenes y santos, debido a que la Semana Santa es una época de alto contenido religioso y quizás debido a este fervor tan pío (estamos hablando de una ciudad que tiene iglesias a cada pocos pasos), las autorizades obligaban a las prostitutas y otras mujeres de mal vivir a cruzar el río Tormes, para alejarlas de la ciudad, antes de que comenzaran las procesiones. El encargado de llevar este traslado a buen puerto era un cura al que todos conocían como el Padre Putas. Cuando terminaba la Semana Santa, las prostitutas regresaban de nuevo a la ciudad y la vuelta de estas mujeres y el cese de la castidad y el pecado carnal de muchos hombres, se conmemoraba con una gran fiesta, que hoy se ha extendido a todos los rincones de la provincia y es el famoso Lunes de Aguas.
Con el regreso de las prostitutas, muchos varones iban a aguardar su llegada al río Tormes y se llevaban comida (el hornazo) para aligerar la espera. Esta es la historia del Lunes de Aguas. Se celebra siempre el lunes siguiente al Lunes de Pascua, o lo que es lo mismo, ocho días después del Domingo de Resurrección.

Y llueve en el peor momento

Justo cuando el primer cohete ha anunciado que la procesión sale de la ermita ha empezado a llover. Que se va a mojar la Virgen.
Estoy de espera, justo en el punto donde se juntan las dos procesiones.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Comienza mayo


Al tener la fiesta anoche y llegar tarde a casa, no me da tiempo a ir hasta la ermita. Así que en vez de salir con la procesión que trae la Virgen desde allí, iré a la procesión que saca a San Juan desde el pueblo. Además no me apetece caminar hasta la ermita, y no es un día en que se lleve coche, porque es un caos para traerlo luego desde allí. Lo que no sé es a qué hora tengo que estar en el frontón. Seguro que tocarán las campanas. Hoy el vermout se alarga hasta las cinco de la tarde, por lo menos.
Estoy mirando el día y es demasiado fresco para el vestido veraniego que me voy a poner.
Es el primer 1º de mayo que no voy a la ermita.

Mayo comienza con el Día de la Madre. Mi hermanos y yo le vamos a regalar el último libro de Reyes Monforte, porque sé que le gusta esa autora. Lo elegí yo, por supuesto. Es la misma que escribió Un burka por amor, libro que yo aún tengo pendiente.
Mayo es un mes bastante cargado de cosas. La próxima semana tengo la fiesta de AAFF, que como el patrón es Santo Domingo, no nos tenemos que desplazar. Después llegan las fiestas del Santo. Y el día 14 de mayo me voy a Nueva Zelanda. En dos semanas exactas, tal día como hoy, que coincide con la festividad de San Isidro, estaré en el avión. Demasiadas horas para pensar y/o escribir...