miércoles, abril 13, 2011

Horas...


Ojalá pudiera saltar la jornada de mañana y hacer que fuera viernes. Tanto lo he pensado que inconscientemente esta tarde creía que era jueves y que mañana empezaba el fin de semana de despedidas.
Me quedan horas para ser un año mayor. Según mi madre, nací a las 6.45 h. de la mañana. Al menos una cosa es clara: estaré por la mañana lejos del ajetreo de siempre.
Pasará, espero que más rápido de lo que espero.

Raudamente


Ahora, al ver su coche, he recordado que tenía algo pendiente de escribir. Me he ido a por una bandeja de pasteles que mis compañeras se encontrarán mañana a primera hora en la oficina. Y entonces he visto su coche. Anhelaba encontrarme con él. Pero no nos hemos cruzado. Quiero recordar por qué esta mañana tampoco nos hemos visto. Es posible que a mí se me haya ido la hora, cosa normal con el trajín que ha habido.
Aunque sí que le he visto una vez. Iba caminando por la calle y entonces ha pasado él conduciendo. Lo que recuerdo de ese momento mágico es su saludo y sentir que los músculos de alrededor de mi boca se relajaban para formar una sonrisa.
Y eso que ha sido todo muy rápido. Después no le he vuelto a ver y le echo de menos.

31 días: la cuenta atrás


Hoy el banco me ha entregado los dólares americanos. Como no es posible sacar moneda neozelandesa desde aquí, al final he preferido ir únicamente con US dólares y euros, por tener algo de "suelto", porque prefiero utilizar las tarjetas.
Podría irme ya mañana. Porque tengo todo lo que necesito realmente: pasaporte, moneda, dos tarjetas de crédito actualizadas, un cuaderno para escribir mis vivencias y la ilusión.
La cuenta atrás empieza a contar hoy, porque mañana tengo otras cosas que hacer que no tienen nada que ver con el viaje. Mañana es un día ajetreado y pesa, pesa mucho... Pero ya hablaré de ello.
Dentro de 31 días, el día 14 del próximo mes, ya estaré en un segundo avión rumbo a Oceanía. Ya habré hecho el transbordo en Londres-Heathrow y estaré mirando a las estrellas de cerca. Es que sólo queda un mes. Un mes que será ajetreado: una despedida, una boda, fiestas del Santo, fiestas del 1º de mayo, vacaciones de Semana Santa. Anoche estuve mirando de ir a algún sitio en plan tranquilo. Mis amigas ya lo habían barajado. Pero anoche me seducía la soledad de un lugar pequeño y tranquilo, de esos adonde no quieres ir con nadie. Con alguien iría, pero ni se me pasa por la cabeza decírselo. Al final, con tanto movimiento, prefiero quedarme. Son demasiados días. Y el ángel de mirada perfecta estará cerca.

martes, abril 12, 2011

Sensaciones únicas


Sensaciones únicas son aquellas que sabes que no volverás a vivir. Aunque vuelvas a los mismos sitios y contemples las mismas cosas, las sensaciones se convierten en únicas, por lo general, cuando es la primera vez que las vives, cuando algo te pilla por sorpresa, cuando recuerdas un hecho que hace que te estremezcas.
Así, recuerdo como única la primera vez que pasé bajo el arco de la Puerta de Brandeburgo (Brandenburger Tor), al recordar las décadas que era radicalmente imposible para un civil traspasar esa puerta y el muro que separaba dos partes diferentes de una misma ciudad. Al ser consciente de aquello, me tomé con más calma de la necesaria traspasar el arco, iba a un paso lentísimo para ralentizar aquella sensación. Y después volví sobre mis pasos, pero ya no era lo mismo.
Sensación única fue probar el wasabi en Shirakawa-go, cuando creía que me ahogaba del picor de aquella salsa verde que acababa de probar. Picor que se difuminaba al tragar la pasta verde. Entonces sentías las lágrimas en los ojos y pensabas en no probar jamás algo parecido.
Sensación única fue dormir por primera vez al raso, en una etapa de dos días para subir hasta el Aneto. Y en la misma excursión, llegar a cuatrocientos metros del pico y no poder tocar la punta, que quedaba tan al alcance de los dedos, porque había hielo en esos pocos metros que nos quedaban.
Sensación única es sentir la suave brisa primaveral en tu piel, mientras estás sentada bajo la sombra de un árbol. Escuchas los sonidos de extraños animales en la lejanía y piensas en la persona con la que te gustaría compartir todas esas sensaciones.
Sensación única fue el día que le miré a los ojos por primera vez, cuando escuché su voz por primera vez y noté que me dejaba hechizada, anhelaba quedarme toda la noche escuchándole y mirándole.
Sensación única es cada momento en que me cruzo con él. Son momentos parecidos pero nunca iguales. Cada día es especial. Cada día de él es especial.

Ha sido tan fugaz...


Me voy a poner a leer, pero antes...
Antes tengo que contar que no le he visto. O no le he visto tan cerca como quisiera. Por circunstancias de la vida, me encontraba sentada en una terraza con mi padre cuando él ha pasado con el coche justo al lado, pero no me ha dado tiempo más que a levantar la vista para reconocer su coche. He sonreído, sé que he sonreído. Pero ha sido todo tan fugaz que ni siquiera he podido retenerlo en la retina.
Seguro que estaba guapísimo.

Potemkim


Imagen relacionada
Cuando pensamos en el Potemkim, la mayoría de la gente lo vincula a la marina imperial rusa y a la película titulada "El acorazado Potemkin". A mí me recuerda a una discoteca de Salamanca, donde iba asiduamente los primeros años que pasé allí.
Me he acordado de aquello porque estaba pensando en la noche en que conocí y hablé con Manolo Kabezabolo. Habitualmente daban allí conciertos dos o tres días a la semana, así que era fácil coincidir en su interior con los grupos. Y no es que fuera una sala pequeña, sino todo lo contrario. Era amplia, a nivel del suelo (sin más plantas que subir o bajar), y con tres barras en sitios estratégicos. Los grupos que acudían a cantar se subían en una tarima colocada para tal fin en el fondo de la sala.
En mi primera etapa en Salamanca, aquel era centro de reunión para hippies y heavies. Y entonces yo también era un poco desgreñada, aparte de que a veces fumábamos algún que otro peta y en el Potemkim estaba permitido.
Allí acudimos a ver muchos conciertos, aunque sólo recuerdo al Kabezabolo, quizás porque hablé con él o quizás porque a las horas que abría el Potemkim ya no distinguíamos ni la voz ni el rostro de quien cantara.
Después dejamos de ir. Quizás porque dio paso a otros rebaños de gente diferentes a los que yo conocí. Lo que sí es cierto, y aunque suene superficial, cada bar tiene su clientela, y el Potemkim no iba a ser menos. Una vez entré con un polo de marca y me miraron mal. Realmente a mí eso siempre me ha dado igual, pero sí que es cierto que es un bar un tanto selectivo con la gente. La entrada es libre, pero se mira mucho la forma de vestir. Algo que choca mucho en una ciudad como Salamanca, tan cosmopolita y con tal mezcla de culturas, tanto como que nadie te mira de forma rara, vayas como vayas vestido. Pero en los bares esto cambiaba: cada cual tenía su tipo de gente.
Sin embargo, luego empezamos a ir al Piper. Allí sí que no era el ambiente tan elitista como en el Potemkin, sino que se veían un sinfín de estilos diferentes. Llegué a conocer a los dueños y una noche incluso me encontré sirviendo copas detrás de una de las barras. Otro día hablo del Piper.
En cuanto al Potemkim, no sé cómo será ahora. Aquello cambió porque las personas también cambiamos.
Estoy segura de que sigue causando furor. Conocer Salamanca es entrar al menos una vez en el Potemkim. Es una de esas salas que siempre recomiendan. Yo no la recomendaría, pero sí que es cierto que tiene algo diferente, algo que no tienen el resto de las discotecas. Y eso queda ahí.
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lunes, abril 11, 2011

Pequeños placeres...


Uno de esos pequeños placeres de la vida es tumbarme a leer entre la sobremesa de la cena y los primeros síntomas de somnolencia, dentro quizás de varias horas. Aunque de vez en cuando aparte el libro para escribir algo o simplemente para pensar en él, en esa dulzura que emana de él, en la perfección que fluye cuando me cruzo con él...
Otro pequeño placer sería estar tumbada a su lado, en silencio, acariciándole el pelo. Escuchando su respiración. Placer por el simple hecho de estar junto a él, aunque no digamos nada, aunque no hagamos nada. Cada uno perdido en sus pensamientos. Y por mi parte disfrutando de ese pequeño placer.
Es que cualquier momento de disfrute, de placer o de gozo hacen que piense en él.

Estoy contenta esta noche.

Y él tan cerca


Me gusta saber que está cerca. Como ha ocurrido al marchar. Adoro los días en que le veo, porque son más luminosos. Porque en su mirada encuentro siempre lo mejor del mundo, por ese anhelo de abrazarle que aparece repentinamente...
No comprendo cómo he podido estar tantos días sin esa mirada angelical, sin esa sonrisa perfecta, sin escuchar su voz... Hoy, al verle de nuevo, me he sorprendido pensando en lo mucho que le he echado de menos estos días.
Le quiero más...

Lo mejor que puede pasar para empezar bien la tarde


Lo mejor que puede ocurrir al empezar la tarde es verle.
Así que a las cuatro estaba tomando café cuando he mirado hacia la calle y le he visto pasar, aparcar y dejar el coche. Se me ha pasado por la cabeza decirle que viniera a tomar un café. Pero entre que sacaba el móvil y le enviaba un mensaje ya habría desaparecido.
Quizás todavía siga su coche en el mismo sitio donde le he visto aparecer esta tarde. En cinco minutos lo sabré. Pues me voy a casa. Tengo ganas de desconectar.

No han sido nueve


Lo cierto es que en el momento en que yo estaba con mi padre y con mi hermano, a quien menos me imaginaba ver es a él. Pero ha aparecido. No he sido consciente de lo mucho que echaba de menos esa mirada dulce y angelical, perfecta, noble, adorable.
Estaba guapísimo. Hay sido segundos, ya que al estar acompañada no he podido observarle como me hubiera gustado.
Echaba de menos ese momento que se convierte en especial y mágico.

Ocho días sin...


Llevo ocho días sin verle. Al ser consciente de ello, recuerdo que la última semana ha sido algo más gris, como si faltara una chispa de alegría, como si necesitara de la fuerza que me brinda su mirada.
Me encuentro un poco alicaída, un poco por todo, pero sobre todo porque me pesa un poco el jueves. Me lo saltaría si pudiera.
Estaba viendo un vídeo que se titulaba: ¿Qué harías si te quedaran cinco minutos de vida? Ignorando un poco el contenido del vídeo, me he encontrando pensando en él, en lo que yo haría en esos cinco minutos. Sin duda alguna intentaría pasarlos a su lado y le diría que le quiero muchísimo.
Espero que no sean nueve, aunque le vea de pasada. Me voy a soñar con él.

domingo, abril 10, 2011

Expresiones ajenas


Hay imágenes que, con un vistazo rápido, consiguen atraer nuestra atención hasta lo inimaginable. Hay imágenes que simplemente tienen una fuerza tremenda y hacen que te preguntes cosas.

¿Qué estarían observando las niñas de la foto? La impresionante imagen es del fotoperiodista español Emilio Morenatti y fue realizada en Afganistán hace algunos años. Muestra a un grupo de niñas en fila que contemplan algo atentamente. La fuerza de esta imagen radica en la variedad de la expresión en el rostro de cada una de las niñas: temor, desconfianza, sorpresa, tristeza... Ningún sentimiento positivo en los inocentes rostros que se aprecian en la imagen.
Un observador externo, al mirar esta foto, podría quedarse contemplando durante horas cada rostro e intentar descifrar cada una de las historias personales en cada uno de los rostros de las pequeñas.
Contiene tanta información, que no está de más decir aquí que "una imagen vale más que mil palabras".

¿Las cinco?


Lo cierto es que no esperaba llegar a casa a esta hora. Hubiera preferido llegar más tarde. Pero no le he visto. De todas formas, me lo he pasado genial. Había gente, hacía calor y se estaba bien. Además, los bares han sacado mesas y sillas, que se agradece. Lo cierto es que le estaba buscando, aunque ya concienciada para no marcharme con él. Tengo que tener mucha fuerza de voluntad para ocultar el deseo de mi corazón de compartir unas horas con él. Venía en el coche e imaginaba que él estaba durmiendo y yo le abrazaba hasta acompasar mi respiración a la suya. Dudo que él esté durmiendo aún, pero por soñar que no quede.
Lo que daría por estar en este preciso instante de la misma guisa que el fin de semana pasado. Porque una cosa es pensar en que no me marcharé con él y otra muy diferente es hacerlo o no hacerlo.
Me voy a dormir, a soñar con un ángel.

sábado, abril 09, 2011

Sábado soleado


Hace un sol de verano que se agradece. Además es sábado, por lo que se puede disfrutar del buen tiempo. Si pudiera elegir, me iría a disfrutar del sol con un ángel. Me pregunto dónde estará, aunque no me resulta complicado imaginarlo.
Es hora de marchar a casa.
El próximo fin de semana estaremos de despedida. Fuera.

viernes, abril 08, 2011

Lo que ya no existe


Esta tarde estaba cerrando los ojos cuando he escuchado los cencerros. Mi mente los ha relacionado con vacas. Era como si de repente me hubiera trasladado a la infancia. Porque ya nadie tiene vacas en mi pueblo, por tanto no podían ser vacas. Cuando era una niña sí que había, las paseaban por las calles y era algo espectacular. Claro que los tiempos cambian. Los que tenían vacas vendían leche, y cuántas veces iba con la cántara de leche, que luego en cada casa llevaba todo un proceso de pasteurización manual que ahora ya no existe. Recuerdo que la leche se calentaba a temperaturas muy elevadas para eliminar los gérmenes. Ahora es relativamente más sencillo ir al supermercado y coger los tetrabrick.
Los cencerros que se escuchaban debían ser de las cabras que acompañan a uno de los dos rebaños de ovejas que aún hay en mi pueblo. Supongo que el oficio de pastor también es algo que tiende a desaparecer con la modernización.
Otra de las cosas que recuerdo de la infancia es el sonido de los pitos y gaitas que acompañaban a los circos itinerantes que recorrían todos los pueblos de la zona, que montaban una diminuta carpa en el campo de fútbol de la escuela y, pese a que no tenían animales peligrosos, nos deleitaban durante unas horas con sus saltos y sus trapecios. Ahora, para ver un circo, debemos desplazarnos a una gran ciudad. Es normal que ya no deambulen de pueblo en pueblo, pues al menos en mi pueblo casi no hay niños.
Me gustaría compartirlo con alguien muy especial. Aunque le preguntaría primero: ¿Qué recuerdas de tu infancia que haya desaparecido en la actualidad?

Casi... pero no


Casi me ponen una multa al mediodía. Por aparcar encima de un paso de cebra. Cuando he salido de Correos, el guardia me estaba esperando con la libreta en mano. También es cierto que la comisaría está justo enfrente de donde he dejado el coche. Le he dicho que hiciera lo que quisiera. Yo creo que le he caído en gracia o algo, me ha pedido toda la documentación, pero finalmente me ha dicho que por esta vez pasaba. Siempre dejo el coche enfrente de la comisaría y es la primera vez que me dan un toque de atención. Es cierto que he estado media hora en Correos y que los locales siempre están tocando las narices. De todas formas, me he librado por esta vez.
Además estaba contenta, porque he visto el coche de un ángel, cuando me he ido y al volver. Sigo sin cruzarme con él, aunque al menos sé que se encuentra cerca y he de presuponer que está bien y anhelo que todo le vaya bien. Seguro que está guapo.
Tengo calor. Debería haberme ido ya, creo. Pasan de las tres y media de la tarde.

Estoy contenta hoy. Es posible que influya el buen tiempo, también que es viernes.

jueves, abril 07, 2011

Antes de que salga el sol por la mañana


Últimamente apenas tengo tiempo para escribir, al menos no escribo al día todo lo que me gustaría contar. Esta semana ha sido, más que nada, por falta de tiempo.
Tampoco me he cruzado con ese ángel de mirada perfecta. Si la memoria no me falla, ningún día de esta semana nos hemos visto, aunque le viera un día de refilón (y de espaldas).
Le echo mucho de menos.
Lo que me apetece ahora es leer un rato y dormir hasta que salga el sol. Y soñar con él.

Hace un rato miraba fotos de la isla de Pascua. Como últimamente sólo vuelo a las islas, quizás debería pensarlo de cara al futuro. Necesito la tranquilidad que me aportan las olas del mar. Entonces he empezado a imaginar islas remotas. A la isla de Pascua me gustaría ir con él. Está lejos, casi tan lejos como el viaje de mayo.

Esta tarde ha debido venir algún famoso. Demasiada gente frente al Parador cuando me iba y los guardias parando a los coches que llegaban me impulsan a buscar en el periódico mañana quién ha venido a visitarnos esta tarde. Se agradece esta temperatura.

Me voy a soñar con él...

Por fin libre


¡Qué día maldito...! Tenía ganas de que llegaran las siete de la tarde sólo para poder decir que ya he terminado. Aunque mañana será más de lo mismo, pero es viernes. Mañana haré lo posible por cruzarme con él por la mañana (llevo toda la semana diciendo esto, pero al final...). ¿Quién sabe? Quizás le vea por la noche.
Le echo mucho de menos. Me da la sensación de que me falta algo, algo muy importante. Necesito mirar sus ojos y redescubrir en ellos la perfección, la belleza del mundo, sonreír al ver su sonrisa perfecta.

Quiero irme a casa, porque apetece ir de nuevo a la ermita.

7 días


Ya estoy ahí. No había pensado en que el próximo jueves estaré en Ezcaray. Me daba la sensación de que aún quedaba mucho, pero sólo queda una semana. También las despedidas son el próximo fin de semana, que me daba la sensación de que aún quedaba mucho, pero ya tenemos todo encima.
También se acerca rápidamente el fin de semana. Y él. Llevo muchos días sin verle. No coincidimos, seguramente es cuestión de minutos.

Unos minutos antes de dormir


Me he quedado mirando a la luna, que esta noche es como un pequeño arco dorado. A su alrededor titilan las estrellas.
Como el tiempo acompaña, me he quedado un rato en la ventana observando la noche. Adoro la tranquilidad y el silencio que acompañan a las horas previas al sueño.

Es hora de ir a soñar con un ángel. Que se me ha hecho tarde. Estoy últimamente con pocas ganas de escribir y sin tiempo para nada.

miércoles, abril 06, 2011

Algo así como fugaz


Hoy le he visto dos veces, de espalda y como algo muy fugaz. Él no me ha visto a mí, porque yo pasaba raudamente. Ha sido coincidencia que yo pasara por ahí en ese momento. Acababa de estar ahí cinco minutos antes.
Al venir por la tarde he visto su coche. He sonreído. Casi siempre se me adelanta. Quizás si hubiera salido de casa diez minutos antes nos hubiéramos cruzado. Le he sentido cercano.

Esos pequeños detalles que deleitan


Son los pequeños detalles los que hacen grandes a las otras personas a nuestros ojos.

Café solo, polvo para dibujar margaritas imaginarias, la forma en que ladea la cabeza, la suavidad de sus dedos, patatas sin salsa, su forma de caminar, el pelo como lo tiene ahora, su manera de convertir las ideas en palabras, la profundidad que hay en su mirada, su sonrisa misteriosa, las historias de miles de viajes y anécdotas variados (y contados por él), cuando está cansado, el jersey de rayas, su nobleza, su vasta sabiduría, lo que me aporta cada día...

Al final, él será un ángel adorable, pero con lo que me quedo son con esos pequeños detalles que le hacen más cercano, que son palpables, que saboreo a través de agradables recuerdos en forma de deseo. Y es que me gusta todo de él, con sus grandes cosas, pero también adoro las pequeñas cosas que muestra de vez en cuando.

A partir de esta semana iré los jueves a Ezcaray, por lo que es probable que le vea mañana. Al menos intentaré cruzarme con él. Porque también adoro ese instante en que se congela el tiempo y su mirada perfecta me hace sonreír.

Es la una, buena hora para ir a dormir. A soñar con él... Porque en los sueños le beso, enredo los dedos en su pelo, le cubro de caricias, le susurro palabras de amor al oído y siempre me quedo dormida en sus brazos. En los sueños todo es perfecto.

martes, abril 05, 2011

Tarde placentera


Pese a que no tenía sueño, he dormido un poco, cosa de media hora. Me encontraba tan plácidamente... Pensaba en él, en su dulzura, en su mirada, en su voz. Me llegaban retazos del último día y he terminado cerrando los ojos.
Le echo de menos. Estos días no hemos coincidido. Quizás mañana.

Creo que estoy destemplada porque tengo frío y no hace frío. Me pregunto dónde estará. A veces me cuesta mucho no enviarle un mensaje para decirle que no se quede hasta muy tarde. De hecho, anoche estuve a punto de hacerlo, pero al final no lo escribí. Es posible que en cierto momento sólo pensara en que tenía que dormir. Porque anoche me pesaba el sueño acumulado.

Al final del día siempre anhelo preguntarle cómo le ha ido todo. Pero nunca lo hago. Le diría tantas cosas y tantas cosas me callo al final...

Las horas soleadas


Adoro las tardes de sol. Tardes como estas me hacen pensar en un ángel. Por todo lo que podríamos compartir en tardes tan soleadas, tan azules, tan primaverales. Pienso en todos los besos que quisiera robarle, en todas las caricias invisibles tatuadas en su piel, en sus palabras surcando el silencio del aire, expresando sus pensamientos acordes con alguna idea original.
Estoy totalmente despejada hoy. Apetece entrar en contacto con la naturaleza, disfrutar de la tarde en todo su esplendor.

lunes, abril 04, 2011

Cuatro horas


Haber dormido cuatro horas me tiene aplanada, tanto como que voy a ir a dormir antes de medianoche. Me resulta extraño.
Se me caen los ojos. Lo de anoche me está pasando factura.
No me importaría ir a dormir con un ángel. Abrazarle y cerrar los ojos a su lado. Un puñado de felicidad. Soñaré con él.

Fortune

Creo que él me da suerte. Después de verlo esta mañana he regresado con un crianza como obsequio. Minutos después de verle pasar.
Luego me ha llegado la guía de Nueva Zelanda.
Tengo a los bichos durmiendo. Están siempre como el perro y el gato, pero siempre juntos.

BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Como lunes

Vaya tarde.
Me voy a casa.

Sin ganas de...

Sin ganas de nada.

Podría decir tantas cosas, que no me apetece decir nada.

Cuando ha empezado el día


Lo mejor del día es salir a la calle a las diez y ser consciente de que él puede pasar. En realidad, no me he fijado en la hora. A posteriori, sí, pero en ese momento salía porque necesitaba hacer un recado, pero también porque necesitaba que me diera un poco el aire. Entonces ha pasado. He sentido que, al reconocer su coche, los músculos faciales empezaban a formar una sonrisa. Ha sido verle y sonreír. Esa es una de las muchas cosas que me aporta.

Luego he hablado por teléfono con alguien cercano a él. Tenía que llamarle, pero he aprovechado para decirle algo más. Rodarán cabezas. El problema es que no sé si iba en broma o en serio, y ahora me estoy comiendo la cabeza. Y eso me recuerda a lo mucho que me costó dormir anoche y el motivo por el que me sentía con pocas fuerzas para cerrar los ojos. He dormido cuatro horas.

Intensidad


"Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso carece de importancia, pues no hay nada que tenga importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago vacaciones de las sensaciones".

Me siento muy identificada con las palabras de Fernando Pessoa, no sólo esta noche, sino desde hace muchas noches. Siempre me ha gustado escribir, pero siempre he intentado hacerlo como una satisfacción personal, disfrutando con cada palabra escrita. Es cierto que de unos meses a esta parte siento algo tan grande, algo tan hermoso, algo tan indescriptible que, en cierto modo, necesito sacarlo. No podría decirlo en voz alta, ni siquiera a la persona que me inspira tan magníficos sentimientos, y sin embargo no me cuesta nada describir, de alguna manera, un poco cada día, la intensidad de esos sentimientos.
Me voy a buscarle en mis sueños. Pues se ha hecho tarde.

domingo, abril 03, 2011

Dónde estará...


He quedado a las cinco. Aún no sé cómo anoche me dieron las siete de la mañana. En realidad sí que lo sé, porque las horas en compañía de ese ángel de mirada perfecta se pasan rápidamente y, cuando quiero darme cuenta, ya es hora de marchar.
Todo pasa rápidamente.
He soñado algo muy raro, para mí que lo he sacado de alguna historia novelesca, aunque ahora no recuerde de qué. Estaba guardando un tesoro que todo el mundo buscaba, un tesoro que no abultaba mucho, algo como un manuscrito o un pedrusco extraño. No sé, no recuerdo qué era lo que escondía, pero sí recuerdo el lugar donde lo escondía. Estaba con él, eso sí. Debería intentar despejarme un poco para ver si consigo recordarlo todo. Lo cierto es que ese sueño era digno de una magistral historia de aventuras. Pero apenas recuerdo nada.
He quedado a las cinco a tomar café. Me he levantado media hora antes del motociclismo. Pero no estaba en las motos, pensaba en él. En su dulzura. En las cosas que decía. En su mirada angelical. En lo a gusto que me siento con él...
Debería ir pensando en marchar. Ojalá dejara de llover.

¿Cuántos besos invisibles le envié? ¿Los sentiría él?
¿Cuántas veces quedé... atrapada en esa mirada de perfección?
¿Dónde estará...?

Noches mágicas

En la oscuridad de la noche, revivo las últimas horas junto a un ángel. Se me ha olvidado decirle que estaba guapo. Es un encanto.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

sábado, abril 02, 2011

Antes de salir


A las once menos cuarto ya debería haberme vestido y maquillado. Y aún me queda hacer todo. Tengo ganas de ver a un ángel, de mirarle a los ojos, de sentir que el mundo es perfecto siempre que está él.
Hoy no puedo volver a casa sin haberle susurrado que está cada día más guapo. Aunque seguro que al final se me olvida.

Caminante, no hay camino...


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Ha entrado un señor en la oficina. Mochila repleta, bordón de Santiago (con vieira y cruz incluida), DNI en mano, los sellos de muchos peregrinajes anteriores y una ajada hoja de periódico (del Faro de Vigo). Lo primero que he sentido ha sido el olor nauseabundo de una persona que lleva muchos días sin tocar el agua, luego he visto sus dientes desdentados y entonces ha hablado. Al ver los sellos le he dicho que sí, que ahora le echaba el sello. Me he adelantado a lo que sabía que venía, porque él venía a pedir. "Vivo de la caridad hasta que me salga trabajo", ha dicho. En mi mente me preguntaba si eso no sería más que una excusa burda, ya que no me daba la sensación de que estuviera buscando trabajo y el trabajo habitualmente no llega solo. Le he dicho que no le daba nada.
Tengo que ahorrar para el viaje y, además, no me parece que salir en un periódico y vivir de lo que le da la gente en el Camino de Santiago sea suficiente fundamento para dar dinero. Y además, la mayor parte de los albergues de la Ruta Jacobea suelen ser gratuitos, así que siempre se puede ir allí, que no le negarán un plato de comida ni un colchón para dormir, amén de la ducha que necesitaba.
No me da pena.

Entonces me he acordado de "Adares". El poeta Remigio González, más conocido como "Adares", era un símbolo en Salamanca. Siempre se le podía encontrar en la Plaza del Corrillo, junto a uno de los accesos a la Plaza Mayor. Allí estaba en invierno y en verano, con su puesto callejero de libros de poesía propia, enfrentándose al frío gélido y a los calores de la meseta. "Adares" era un icono de Salamanca y cuando recuerdo mis paradas en su puesto me estremezco. Con una voz pausada, nos hablaba del tiempo, fragmentaba un poema al aire y sonreía, con una sonrisa arrugada y experimentada. Hace ya algunos años que falleció. Y su marcha nos trajo la nostalgia en el rincón del poeta, ahora vacío, y una bohemia que disminuye con la marcha del último de los poetas callejeros de la ciudad. Le recuerdo con cariño y si bien no producía pena en mí porque sabía su historia (estaba allí por placer, no porque necesitara el dinero que sacaba de la venta de sus poemarios) sí que llegué a comprar alguno de sus libros de poemas. No al principio, sino cuando, con el paso de los meses, Remigio se convertía a mis ojos como un personaje que formaba parte del decorado de la ciudad. Hoy "Adares" es un símbolo charro y en todos los rincones literarios de Salamanca se habla de él. Simplemente, su fuerza de voluntad era admirable.
Le recuerdo con cariño y con nostalgia. Y si regreso a Salamanca, siempre encontraré la melancolía en aquel rincón donde siempre estaba sentado con su poesía, en verano y en invierno, porque a mis ojos su alma sigue estando en aquel rincón junto a la Plaza Mayor.
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Remigio González, "Adares", poeta charro

Pensando en él


A eso de las nueve me entraba el sueño. Era una siesta con retardo, por lo que cené y opté por ir a dormir, aunque algo en mí quería marchar a tomar algo por ahí. Y después me quedé dormida, pensando en él.

Pensando en él... Seguro que anoche que yo no salí, él sí que salió. Suelo tener esa suerte.

Con todo lo que he dormido me ha dado mucha pereza levantarme.

viernes, abril 01, 2011

Lo que guardo en el bolsillo


Lo que guardo en el bolsillo es un regalo especial que algún día le daré a alguien especial. Llevo una estrella que anoche cogí del cielo para entregársela cuando esté triste, para que nunca le falte esa luz que emana de él. Le he guardado un rayo del magnífico sol de la tarde, para contarle los sueños que me inspira, para susurrarle lo que haría en su compañía en tardes como la de hoy. Llevo una brizna de yerba recogida de un arbusto que se marchitó años ha, para explicarle que incluso las cosas más insignificantes perduran en el tiempo y en el espacio. Me he guardado una foto de Roma, porque es una ciudad que inspira al Amor. Lo digo por el juego de palabras, que el amor resulta al leer la ciudad al revés (creo que se llaman palíndromos). Porque es amor...
He guardado en el bolsillo todos mis sueños, todos mis recuerdos, todos mis deseos. Algún día se los mostraré a él, mientras me pierdo en sus ojos perfectos y mientras escruto su enigmática sonrisa.

Hoy no le he visto. Y le estoy echando de menos.

Itinerario a Nueva Zelanda


Después de haber hecho unos cálculos, he comprobado que en total serán 26 horas en el avión, quitando las horas de espera en Londres y haciendo los cálculos de acuerdo al horario de cada país. Nueva Zelanda está a once horas más y Londres a una hora menos. No quiero ni mirar la vuelta, que serán unas nueve horas más de avión. Eso lo dejo para cuando me toque volver. Salgo de Madrid el sábado 14 de mayo a las 15.25 y llego a Auckland el lunes 16 de mayo a las 9.00 de la mañana (hora de allí). Es decir, me comeré las habas de San Isidro en el avión.
He abierto el Google Earth sólo para comprobar los lugares. Lo cierto es que ni siquiera voy a pasar por la capital, Wellington, pero es que me ha gustado este circuito. En Nueva Zelanda tengo que coger dos vuelos internos y visitaré las dos islas grandes.
En el mapa señalado en rojo y escrito por mí está Christchurch, donde en febrero de este año aconteció un terremoto. A mis padres les he dicho que esa ciudad está en Australia, pero bien sé que no. Espero que no les dé por comprobarlo.
Ya he cerrado el viaje. Ahora me queda mirar a cuánto está el dólar neozelandés en relación al euro y ver los cambios de moneda para solicitar al banco la moneda de allí cuando vea que me va a salir más rentable el cambio.
Éste es mi itinerario para el viaje:
Día 1 España/Auckland
Salida en avión con destino Auckland, vía Asia o Los Ángeles. Noche a bordo.
2 En vuelo
3 Auckland
Llegada a Auckland, llamada la "Ciudad de las Velas" por la cantidad de barcos que pueblan sus aguas. De origen volcánico, se encuentra rodeada por 48 volcanes inactivos que configuran una ciudad bordeada de colinas, cráteres, lagos y bahías. Alojamiento
4/5/6 Auckland
Desayuno. Visita a la Sky Tower, 328 m. de altura para contemplar una vista única de la ciudad y sus dos bahías: Waitemata y Manukau que comunican con el mar de Tasmania y el Océano Pacífico. Visita del centro y la marina de Auckland para continuar la visita recorriendo la Bahía de Mission Bay y el barrio de Parnell, con tiendas sofisticadas en construcciones victorianas, hasta llegar al Museo, con reliquias maories y polinesias. Continuaremos hacia la costa oeste, donde visitaremos el Parque Regional de Muriwai, con su hermosa costa de arena negra, popular por el surf y por sus colonias de alcatraces..
7 Auckland/Waitomo/Rotorua
Desayuno. Salida hacia Waitomo para visitar las Cuevas de Larvas Luminosas; podremos admirar las estalactitas y estalagmitas y daremos un corto paseo en barca para ver como las larvas iluminan el techo de la cueva. Almuerzo tipo barbacoa neocelandesa en una granja. Continuación a Rotorua, llamada también “Ciudad del azufre”, centro termal y de la cultura Maori. Visita de Te Puia, reserva termal y centro cultural Maori donde admiraremos los géiseres, el barro hirviendo y la escuela de tallado de madera. Al atardecer seremos recibidos a la manera tradicional en un poblado Maori, donde disfrutaremos de sus danzas y canciones para continuar con una cena típica cultural Maori.
8 Rotorua/Queenstown
Desayuno. Visita de la reserva termal de Waimangu, extenso valle con abundante actividad geotermal y con un aspecto propio de la era prehistórica,podremos admirar los lagos Azul y Verde donde en cada fisura de la Tierra, el agua caliente brota con un flujo de burbujas y vapor. Salida en avión a Queenstown, capital mundial de la aventura, una ciudad alpina a orillas del Lago Wakatipu y rodeada por las Montañas Remarkables que hacen de ella un lugar mágico. Recorrido de la ciudad y subida en teleférico a Bob’s Peak para contemplar unas impresionantes vistas de la región.
9 Queenstown/Milford Sound/Queenstown
Desayuno. Visita de día completo a Milford Sound, en el corazón del Parque Nacional de los Fiordos. Día que difícilmente olvidaremos, ya que nos introduciremos en uno de los paisajes más bellos. Un paseo en barco por este fiordo nos llevará hacia el Mar de Tasmania y nos permitirá tener magníficas vistas del Pico Mitre, considerado por Ruyard Kipling como la octava maravilla del mundo y de las cascadas Bowen, donde las focas descansan sobre las rocas. Almuerzo. Regreso por carretera a Queenstown. Opcionalmente, si el tiempo lo permite, podrá regresar en avioneta sobrevolando este parque de altas cascadas, selva, ríos y valles, será una experiencia de ensueño que nunca olvidará

10 Queenstown/Wanaka
Desayuno. Salida hacia Arrowtown, pintoresca ciudad que conserva todas las reminiscencias de la época de la fiebre del oro. Los comercios, la oficina de correos, los bares, los hoteles y los restaurantes rememoran épocas pasadas con sus estructuras en madera y sus carteles antiguos, además pararemos en el "Bungy Bridge" donde podrá hacer Puenting. Continuaremos con una visita a un viñedo de la región antes de llegar a Wanaka, pequeño paraíso de sueños entre montañas, glaciares, ríos, valles y lagos alpinos; situada a orillas del lago del mismo nombre formado por un glaciar y los Alpes del otro lado donde el Mount Aspiring domina el paisaje con sus 3.027 m.
11 Wanaka/Lago Tekapo
Desayuno. Mañana libre en Wanaka. Salida hacia Lago Tekapo vía Mackenzie Country. En ruta podremos disfrutar de magníficas vistas del Monte Cook, el pico más alto del país, y de los lagos y ríos glaciales con aguas turquesas. Llegada al Lago Tekapo y traslado al hotel. Opcionalmente se puede realizar un vuelo panorámico sobre la costa oeste, o bien ir al observatorio Mt. John, o quizá hacerse un masaje en el Hot Alpine Springs & Spa.
Debido al reciente terremoto de Christchurch se ha cambiado, provisionalmente hasta finales de agosto, la estancia en esta ciudad por una estancia en Dunedin. A partir de septiembre consultar posible cambio de itinerario
12 Lago Tekapo/Dunedin
Desayuno. Mañana libre en Tekapo. Salida hacia Dunedin, “la Edimburgo del Sur”, en ruta visitaremos la zona agrícola de Canterbury Plains. Almuerzo en una granja típica neocelandesa. Por la tarde, pararemos en Oamaru y Moeraki Boulders antes de llegar a Dunedin, la ciudad más antigua de Nueva Zelanda.
13 Dunedin
Desayuno. Visitaremos el museo de los primeros pioneros en el país, la estación de ferrocarril de estilo flamenco, pasaremos por antiguos edificios universitarios y un convento neogótico y continuaremos por la Península de Otago hasta el único castillo de Nueva Zelanda, el Castillo de Larnach construido en 1871.
14 Dunedin/España
Desayuno. Salida en avión de regreso a España, vía Asia o Los Ángeles. Noche a bordo.
15 España
Llegada.

23 grados


Adoro el sol. Ya las estrellas vaticinaban anoche que haría un buen día hoy. Y tardes como hoy deberían disfrutarse junto a un ángel. Me gustaría ir a cualquier sitio con él, incluso se me ha ocurrido desempolvar la bicicleta.
El sol invita a la gente a salir a la calle, así que todo está lleno de gente. Vas a lavar el coche y todos los huecos se encuentran ocupados. No podía irme, porque mis padres se llevan el coche mañana y les he dado mi palabra de que lo iba a lavar esta tarde. Con todo, he comido algo a las cinco de la tarde, no sin antes haberme puesto una camiseta de tirantes, porque venía sofocada.
Ahora siento cierto cansancio, pero me pesaría no disfrutar de la tarde. Me echaré un rato, pero poniendo la alarma para dentro de media hora y quizás pasear hasta la ermita.
Más que el sueño en sí mismo es el deseo de soñar con un ángel. No hay viernes sin siesta y si no hay siesta no se puede llamar viernes.

Nueva Zelanda está casi cerrado. Si bien es cierto que me dijeron que se sacaba el visado por internet, lo que servía para agilizar todos los trámites, fue un error. Eso ocurre para Australia, pero para Nueva Zelanda ¡no necesito visado! Hoy me han preguntado por qué Nueva Zelanda y no Australia, siendo éste un país que quiero conocer desde hace siglos. He pensado en él. Australia creo que es un país para disfrutar con alguien especial. Un día se lo diré, algo como "vayamos a ver canguros". Que no tiene por qué ser hoy o mañana. Esta tarde voy a cerrar el viaje. Es decir, sólo tengo que decir que sí. Del 14 al 29 de mayo, con transbordo en Londres-Heathrow. Yo pensaba que pararíamos en Bangkok o algún lugar así. No me he fijado en las horas de viaje, pero son muchísimas. Eso me recuerda lo que estuve haciendo el año pasado en el avión cuando sobrevolábamos Marruecos o algún país del Norte de África. Recuerdo que empecé a escribir, porque pensaba en un ángel con la mirada perfecta. Y no paré de escribir en todo el viaje. Fueron muchas horas, demasiadas. Vi un sinfín de películas. Y dormí. Lo peor de dormir en un viaje tan largo es el momento de despertar, cuando abría los ojos y, desubicada, me preguntaba: "¿Dónde estoy? ¿Qué hora es?". Pensaba que aún estaba volando y que todavía me quedaban muchas horas, pensaba que no quería dormir más para no volver a sentir esa incertidumbre. Me quedaba mirando las nubes que pasaban a mi lado, las luces allá abajo, cacharreaba con la pantalla, buscando discos, películas, juegos u otras distracciones. Y varias horas después volvía a dormir. De vez en cuando sacaba un bolígrafo y escribía lo que me pasaba por la cabeza. Entonces le sentía muy cercano.
A las seis llamo para decir que sí.

Stars


Llevo un rato mirando las infinitas estrellas que pueblan el cielo esta noche. Mirarlas me brinda armonía y calma. Y predicen que mañana hará buen día. La de cosas que me gustaría compartir con un ángel en un día de esos azules y cuando la temperatura es agradable.
Tenía que ser el comienzo de abril. A mí me gustaría correr un sutil velo con este mes y saltar hasta el siguiente. Así siempre me mantendría con la misma edad. Simplemente eso no es posible. Aunque nos pese, envejecemos lentamente.
Miro a las estrellas y les pido un deseo. Un único deseo. Un deseo que no tiene nada que ver con que abril se esfume del calendario.

Debo ir a dormir, a soñar con un ángel.