viernes, enero 07, 2011

En la consulta del médico

He sido incapaz de levantarme de la cama en toda la tarde. Al mediodía tenía fiebre y al final he ido al médico a las 14.50h. ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez que se tenga que convertir en monstruo para que le atiendan? El médico habitual está de vacaciones y la sustituta ha salido para decir que tenía guardia en SD y que si no era urgente nos atendía allí. Entonces he sentido que mi cabeza se empezaba a ensanchar como "el octavo pasajero" de la película "Alien", que los ojos empezaban a dar vueltas hasta mostrar sólo las córneas en blanco, que unos largos pelos de color blanco empezaban a crecer a lo largo de toda la espalda y que los músculos se convertían en algo parecido a La Masa. Esto es fruto del estado febril. Viene a describir mi cabreo en ese momento, pero si no me hubiera cabreado no me hubiera atendido.
-Es decir, que tengo que venir de SD porque allí no me atienden y ahora tengo que ir a Urgencias porque no me vas a atender aquí.
-Has venido a las tres menos diez de la tarde.
-Ya, y a las doce he llamado por teléfono para preguntar hasta qué hora estabais. ¿Es que acaso nos tenemos que estar muriendo para que nos atiendas?
-¿Con quién has hablado? Es que tengo guardia a las tres.
-Ese no es mi problema. He hablado con tu compañera, supongo. ¿O acaso no hay más médicos de guardia en SD?
Por supuesto, me ha atendido. Estaba tiritando. Al tener fiebre, nada podía abrigarme lo suficiente y no estaba yo para ir al Centro de Salud de SD en ese momento.
Se ha vengado bien. Le he pedido la inyección de penicilina, pero no me la ha dado. La penicilina es milagrosa, puesto que a los cinco minutos desaparecen todos los males. Creo que ha sido su pequeña venganza personal.
Después sólo he dormido. Tengo una faringitis de caballo, la fiebre ha remitido un poco y ahora tengo mucho calor.

Al marchar

Vivo enfrente de la consulta del médico, así que cuando he llegado me he asustado de la cantidad de gente que hay en la calle. Finalmente, no voy a pasar la calle. Estoy como mareada y prefiero encamarme.
He pasado junto a su coche. Si hubiera estado físicamente al 100% le hubiera pasado las yemas de los dedos por las lunas. Pero en ese momento sólo pensaba en dormir.
Ahora no estaban los guardias. Esta mañana me han parado, han mirado hacia el interior y me han dado paso. Debía tener ojos de sueño aún.

Menudo catarro

Me encuentro con un catarro descomunal. Acabo de llamar al médico a ver hasta qué hora están y me ha dicho que hasta las tres de la tarde. Aún no sé cómo puedo aguantar en la oficina. Me duele el pecho y la garganta y además no he pegado ojo en toda la noche, porque no paraba de toser. En cierto momento he dado la luz para comprobar la hora y el reloj marcaba las 5.30h. de la madrugada.
Qué magnífica siesta me voy a echar esta tarde.

Luego, a pesar de encontrarme grogui, he ido a un lugar a ver si me cruzaba con un ángel. Pero no estaba allí en ese preciso instante. Quizás si le veo se me pasen todos los males.

No sé si iré al médico. Me da pereza la larga espera.

Al cerrar los ojos llegan los recuerdos

Con tan sólo cerrar los ojos podríamos recrear innumerables situaciones del pasado, incluso con sus ruidos, sus aromas, el trasiego de sus gentes caminando a nuestro lado. Con los ojos cerrados se podría rememorar el sabor de los gofres en la Grand Place de Bruselas, los sonidos de la gente que pasea junto al Sena, los pasos por los adoquines empinados del montañés Najac, la mezcolanza de pitidos electrónicos en el tokiota Akihabara, la frescura natural de los árboles que rodeaban Baden-Baden, el sonido de un violín en los pasillos del metro madrileño...
Pero también se podrían imaginar otros lugares que no se hayan visitado, por la imagen mental de una foto o unos simples párrafos. Con sólo cerrar los ojos podríamos encontrarnos en la Quinta Avenida de Nueva York, en la Pampa argentina o en la Plaza Roja de Moscú.
Lo más complicado de la imaginación es recrear situaciones nunca vividas: el sabor de sus besos, las caricias escondidas en la plenitud de la noche, las conversaciones nunca mantenidas, nuestros dedos enlazados mientras caminamos al compás de las gotas de lluvia de una tarde de verano, encontrarme atrapada en su mirada durante horas robadas a la eternidad y tener esa sensación de felicidad junto a él. Puedo imaginarlas, pero es algo que no puede sentirse en toda su plenitud. Excepto en los sueños. Los sueños están en otra dimensión superior y, en ellos, todo es posible.
La memoria es selectiva. Hoy en día podría recordar con total precisión todas y cada una de las conversaciones mantenidas con ese ángel de mirada perfecta. Su sabiduría es un tesoro de valor incalculable. Mi memoria no quiere olvidar nada de él.
Y, sin embargo, creo que puedo olvidar con cierta facilidad cualquier conversación mantenida en la última semana.
Me dormiré imaginando una enorme explanada de césped, mientras miro el cielo azul, escuchando la respiración de otra persona al lado, sin necesidad de girar la cabeza para encontrarme con esas pupilas que contienen todo un mundo mágico.
En verdad, debo ir a dormir.

jueves, enero 06, 2011

El tiempo que se va

"Nunca encontrarás tiempo para nada.
Si quieres tiempo has de crearlo". (Charles Buxton)

No es que los días pasados se me haya olvidado poner la inspiración del día. Es que considero que no es necesario escribir una frase que no me dice nada. La de hoy sí. Creo que hace algunos meses comenté algo relacionado al tiempo, porque los humanos siempre tenemos esas palabras en la boca, "no tengo tiempo", pero si lo pensamos bien, siempre hay tiempo para todo, incluso cuando creemos que no.
Tiempo hay. El problema de que no tengamos está en la forma de administrarlo que tenga cada uno.

Las siete

Me encontraba plácidamente dormida, estaba soñando con un ángel. Al despertar me dolía algo menos la garganta, aunque me he tomado algo para el catarro.
Mis amigos están en SD, así que hemos dejado las fotos para mañana por la tarde.
Tengo a mi vera a los animalitos, que no me dejan ni a sol ni a sombra.

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Comida familiar

Me ha costado muchísimo levantarme de la cama. Hemos estado comiendo en Logroño, antes hemos estado en la Laurel.
Creo que he cogido frío, porque me duele la garganta...
A ver si me echo una siesta al llegar a casa, que luego he quedado para intercambiar fotos.

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Noche de invierno

Hoy ha sido una noche especial. Pero no mágica. Especial, porque apetecía salir y han salido unos cuantos inhabituales (el resto estaba en Logroño, aprovechando el Actual), pero faltaba la magia porque faltaba él. Miraba en los rostros de la gente, esperando encontrarle, sin éxito. Lo cierto es que le echo mucho de menos. Hace demasiados días que no le veo.

Tengo sueño.

Soñaré con él.

miércoles, enero 05, 2011

¿Por qué los mayores construyen los columpios siempre encima de un charco?


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No es necesario presentar al autor de los monólogos, archiconocido gracias a sus apariciones en televisión.
Realmente es otro el libro que me estoy leyendo y, siempre que ocurre con un libro de amplitud considerable, suelo coger otros con menos extensión y no los dejo hasta llegar al final.
Es obvio que un libro de monólogos se lee rápido, además te saca unas risotadas bastante a menudo y te deja con un buen sabor de boca.

Escribiría parte de alguno de esos monólogos, pero en estos momentos me voy de fiesta.

El libro está muy bien para cualquiera que desee un buen rato de humor.


Ahorrando en salud

Desde que entró la Ley Antitabaco en vigor me duran los paquetes de tabaco varios días. Por tanto, fumo menos, así que ahorro en salud, y además a la larga se tiene que notar en el bolsillo. Ahora se ven corrillos de gente junto a las puertas de los bares charlando de más cosas aparte del tiempo.
Es una situación esperpéntica.
Aunque he comprobado que tampoco me afecta tanto. Al no notar ese tufillo a tabaco tampoco me llama.
Es curioso, porque en mi casa también se ha instaurado la Ley Antitabaco y no me queda más remedio que bajar las escaleras y salir a pasearme por el jardín, ir a la terraza y apoyarme en una columna de ladrillos para mantenerme oculta de miradas indiscretas o abrir la ventana de mi habitación y sacar medio cuerpo fuera. Sea cual sea, la situación es que si fumar menos es más saludable, no sé hasta qué punto aguantaré sin pillarme una pulmonía.
De todas formas, a todo nos acostumbramos tarde o temprano.

Ezcaray en tonos grises


En Ezcaray hay mucha gente por las calles. Serán esquiadores desperdigados que han 'bajado' de las pistas para desayunar en el pueblo. Queda muy poco para que acaben las navidades, para descolgar a los Santa Claus de los balcones y quitar todos los adornos navideños.
Me gusta caminar sin rumbo por este pueblo, aunque llega un momento en que me conciencio de que debo regresar. Ya tendré tiempo para caminar en las próximas semanas, de aprenderme las calles ajenas al centro...
Me voy ya.

Masip

Nunca me acuerdo del nombre de esta cafetería, aunque vengo casi todos los miércoles. Lo que siempre me llama la atención son las fotos de viajes por el mundo y la colección de billetes.
Llueve en Ezcaray.

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En medio de un viaje de iniciación

En muchas antiguas culturas, consideraban oportuno realizar viajes de iniciación que separaban dos etapas de la vida: la infancia y la adolescencia. El requisito era que el joven, antes de desposarse, de convertirse en un pater familias y de hacerse un hueco entre los hombres de su tribu, había de realizar un viaje en solitario durante un período de tiempo más o menos largo en el que debía aprender a sobrevivir, donde debía cazar para garantizar su comida, donde debía buscarse un lugar donde protegerse de las inclemencias del tiempo, donde, en definitiva, debía demostrar que se había convertido en un hombre. Eso conllevaba un cambio fundamental en su personalidad.
Siempre me ha llamado la atención la antropología cultural. Conocer otras culturas que muchos consideran no civilizadas es un mundo aparte. Se consideran no civilizadas porque son diferentes, pero el viaje iniciático del que hablaba al principio es una tradición sorprendentemente sabia.
Hace unos años, cuando estudiaba sobre la cultura de los Barí, me sorprendían muchas de las actitudes ante la vida de esa tribu amerindia. Para ellos, en la primera relación sexual se planta la semilla, por lo que a partir de ese momento la mujer puede tener un sinfín de amantes. Si mal no recuerdo, cuando el estado de gestación estaba llegando a sus últimos días, la mujer había de partir en solitario para dar a luz. No imagino a una mujer occidental haciendo algo tan arriesgado.
Siento cierta curiosidad por esa serie de tribus que no tienen nada que ver con nuestro mundo.
Para mí, el viaje de iniciación no ha terminado, porque considero que ese viaje es la vida misma y, por tanto, siempre vamos caminando hacia un rumbo determinado, sobreviviendo ante las adversidades, sorteando los obstáculos, dándonos ciertas satisfacciones que siempre llegan. Con esto quiero decir que siempre hay cosas que aprender, personas de las que aprender y un largo camino por delante, pero lo verdaderamente importante no es el camino que queda sino el tramo en el que estamos en este momento.
Pensaba en ello por algo que me contó alguien hace unos días. Realmente no es una cosa aislada. Por una parte, está el reto, uno de sus muchos retos personales (porque he de suponer que tiene numerosos retos) y, por descontado, yo siempre le animaré a llevarlo a cabo. No lo voy a contar, porque eso forma parte de él y, además, prefiero guardármelo para mí. Por otro lado, estaba la otra historia. A modo de metáfora, vendría a decir que no siempre hay que seguir el camino en línea recta y mirando únicamente al frente, que a veces hay que mirar a los lados, que en ocasiones hay que desviarse y, que si no lo hacemos, posiblemente nos estemos perdiendo muchas cosas. Es decir, el inicio y el final no siempre están unidos por los puntos A y B, sino que alrededor hay infinitos puntos en los que a veces es importante parar.
Cuando pienso en ello, no me sorprende comprobar que me encuentro ante las palabras de un sabio.
Siempre me han atraído las antiguas culturas que difieren de la nuestra, pero a veces es necesario escuchar a las personas más cercanas. Suelen tener historias únicas y algunas de estas historias tienen tanta carga moral que te hacen reflexionar.

martes, enero 04, 2011

La noche de Reyes

Si mal no recuerdo, la noche de Reyes del año pasado me pilló en medio de una barahúnda de gente con niños que esperaban con ilusión ver a los de Oriente. El año pasado estuve trabajando hasta la hora de cierre, en que decidí ir a comprar un regalo. Lo que ocurrió es que me pasé a saludar a J. y allí también estaba G. Terminamos tomando cervezas en los bares del Espolón.
Mañana, cuando regrese al mediodía, optaré por cerrar la oficina y no regresar hasta el viernes.
Esto también me recuerda que, por fin, la Navidad está llegando a su fin. Y mañana por la noche seguramente salga de fiesta. Ya he quedado.

La dulzura de algunos recuerdos

Me voy a tumbar en la cama sólo para recordar su mirada angelical, esa mirada que me enternece, esa mirada que contiene todo lo mejor del mundo, esa mirada moldeada de perfección, esa mirada que hace que le desee un poco más cada vez, esa mirada que trae la magia.

Le echo mucho de menos.

Hoy he observado una de sus creaciones. Sublime, como todo lo que he visto que sale de sus manos. Eso me recuerda a una vez en que estuve contemplando la delicadeza con la que trabajaba. Todavía hoy me estremezco al pensarlo. Eso me lleva a pensar en la suavidad de sus manos...

Al mirar hacia la calle

Le he visto pasar. En el momento en que salía de tomar café. Creo que él ha mirado, pero en ese momento me han interceptado, porque había quedado a las 15.30h. Debería escribirle un email para contarle que he visto 'su' parque. Y todo lo demás, aunque esto tampoco es necesario, ya que yo lo tengo bastante claro. Podría decir, como en El Padrino, que me han hecho una oferta que no puedo rechazar, pero no es así, porque sé mi respuesta incluso antes de que vinieran esta mañana. Sabía que iban a venir a buscarme y yo a veces tampoco sé decir que no. Eso es lo que me ha ocurrido hoy, que no podía decir que no.
Ahora tengo que decidir, pero mi decisión está tomada desde ¿octubre? No sé. Para ciertas cosas tengo las ideas demasiado claras.
Lo cierto es que estoy seducida por ese momento en que le he visto pasar. Hubiera reconocido su perfil desde miles de metros de distancia. Desde ese momento, estoy pensando es que es un Perfect Day.

Escuchar el aire

Escucho el aire golpear contra la ventana. La de esta noche es una brisa sutil, que se percibe sólo a medias. Bastaría cerrar los ojos e imaginar que es el sonido de una respiración ajena, cercana a mis oídos. Con los ojos cerrados daría nombre al dueño de esa respiración. Bastaría cerrar los ojos para rememorar el dulce sonido de su voz, esa voz tan sensual, tan suave, tan dulce. Y al escucharle recordaría sus ojos henchidos de una perfección sublime.
Le echo de menos. Aunque le haya visto de lejos. No es lo mismo que cruzarse con él, mirarle a los ojos y sentir que el mundo se para. Echo de menos la magia. Aunque él hoy ha estado muy presente.

Un día sin él carece de color.

Si tuviera que pedir un deseo al nuevo año, le pediría verle todos y cada uno de los días. Por la mañana, para cubrirle de besos y describirle lo que veo en sus ojos. A media mañana, para que se congele el tiempo, para que el mundo cese, durante unos minutos, en su continuo girar. A media tarde, para susurrarle lo guapo que está. Por la noche, antes de dormir, para desearle dulces sueños.

Es hora de dormir.

lunes, enero 03, 2011

Nones

Siempre me han gustado los números impares, quizás porque nunca cuadran. No en vano el número que más me gusta es el siete. Mi número de la lotería siempre acaba en siete. Marcar la terminación del año es siempre un dilema los primeros meses, porque es sencillo poner inconscientemente el cero. De momento no he errado, quizás porque estaba centrada en poner bien el año. Siempre me han gustado los años impares, acaso porque nací en un año impar.
Cuando enciendo el portátil tengo que marcar una contraseña que contiene toda una serie de números impares y no es mi año de nacimiento. Él también nació en un año impar. Y la contraseña de mi ordenador me recordará que es difícil que olvide su cumpleaños.
No sé por qué estaba pensando en los números impares, quizás es porque esta mañana era el primer día que tenía que escribir once y no diez.

Esta noche sí hay estrellas

En las noches invernales no suelo mirar mucho hacia el cielo, quizás porque siempre está cubierto de nubes. Pero hoy, a unos pocos cientos de metros de mi casa, se me ha ocurrido mirar y me he encontrado con un despampanante firmamento plagado de estrellas.
Y he pensado en él. Me gustaría preguntarle tantas cosas...

Adoro su manera de pensar, su forma de ver las cosas. A veces me resulta atípica y, por eso mismo, es atrayente. Muchas veces describe algo en lo que no había reparado, me hace reflexionar. Lo cierto es que es muy inteligente. Y esto se ve en sus planteamientos, en la manera en que expone las cosas, en su forma de razonar.
Él siempre tiene algo que dar. Y yo prefiero escucharle que hablar. A veces me da la sensación de que cuando él me dice algo se me abre ante los ojos un mundo totalmente nuevo.

Hoy he visto una multitud de estrellas y me he acordado de él.

La llegada del sol

Le he visto pasar. Sobre la una del mediodía, pero el amplio movimiento del lunes me ha impedido describir ese momento. Creo que no me ha visto, pero tampoco he podido siquiera saborear el momento, ya que alguien me ha parado en la calle y me he tenido que centrar en la conversación.
Sin embargo, aún recuerdo su perfil fugaz.
Y me sentía algo melancólica al no coincidir con él a media mañana. Le estoy echando de menos.
Hace un día que parece de primavera. Parece que estuviéramos en marzo o en abril. Es una de esas tardes que invitan a la ensoñación. Daría un mundo por caminar con él por las calles en una tarde como la de hoy.

Un instante feliz

"El hombre loco busca la felicidad en la distancia, el sabio la halla bajo sus pies" (James Oppehim).

Una gran frase para encontrarse en armonía con uno mismo.

Eso me recuerda en que en un tiempo remoto yo también fui infeliz. Quizás la felicidad está donde menos la esperamos. Quizás sea una persona la que te traiga la felicidad. Quizás sea un instante el que te depare la felicidad. Quizás sea una palabra, una mirada, un gesto... Pero la verdadera felicidad está en uno mismo. Hace ya mucho que comprendí esto.
Es cierto que yo la creí perdida para siempre, hasta que un día miré a las estrellas y aprendí de nuevo a ser feliz. A veces, simplemente no nos damos cuenta de que la felicidad está ahí al lado, a veces incluso nos encontramos ciegos y a veces viene de la mano de otras personas. Cuando hablo de las estrellas, me refiero a unas pupilas penetrantes, unos ojos que tienen vida, una mirada cargada de inteligencia, sabiduría y nobleza (entre otras cosas).
Si yo pudiera darle cada día un pedazo de felicidad, tal y como él me hace feliz cada día... Quiero creer que él es feliz. Aunque soy consciente de que la felicidad es abstracta y lo que a mí me hace feliz no tiene que ser lo mismo que lo que hace felices a otras personas. También es cierto que la felicidad es escurridiza, que de repente la tienes en las manos y al minuto siguiente se te ha escurrido entre los dedos.
Tuve que ser infeliz para valorar ahora pequeños momentos que son tesoros de valor incalculable, instantes que me brindan un trocito de felicidad.
No voy a pasarme toda una vida buscando una felicidad utópica, porque la felicidad está aquí al lado y, algunas veces, tiene nombre de café, de estrellas o es el nombre del dueño de una mirada perfecta.
Esa frase está cargada de infinita sabiduría.

En este preciso instante soy feliz, sí, lo soy, porque estoy con un pie en el mundo de los sueños. Y sé que volveré a soñar con un ángel, un ángel que se difuminará al alba, pero dejará sus huellas en forma de sonrisa.

Tengo sueño.

En el frío de la noche imagino el refugio de sus brazos, escucho su respiración acompasada, siento el roce de su pelo y me estremezco sin remedio.

domingo, enero 02, 2011

Los devaneos de principios de año


No se puede fumar en ningún recinto cerrado. Ni en la ermita (me he acordado de él) ni en el Metropol (he visto 'algo' que me ha recordado a él, aún seguía ahí), que tenían los ceniceros en la calle. Me pregunto dónde estará. El Metropol siempre me recuerda a él.
Quizás anoche tenía que haber salido... Quizás. Lo cierto es que ni siquiera se me pasó por la cabeza.
Añoro todos y cada uno de los momentos vividos la noche del viernes. Fue una noche demasiado mágica y la magia no provenía de mí.
Después de comer he estado buscando algo por los rincones ocultos de internet. Pero no he dado con lo que buscaba. Necesito algo más que un nombre...
Esta mañana, además, me he quitado el chirifulillo. Me ha dado un poco de pena, pero dije no hace mucho que me lo quitaría al empezar el nuevo año. Dicho y hecho.

2 de enero

He soñado con él. Lo único que recuerdo es la fuerza de su mirada. Miraba y miraba y yo me sentía hechizada.

Esta noche he dormido como un bebé, lo que es de agradecer.

Enero es un mes que trae un poco de todo. El día de Reyes tengo, como todos los 6 de enero, comida familiar para celebrar el cumpleaños de mi madre. Dos días después es el cumpleaños de mi abuela. Después comienza la cuesta de enero y, en los últimos días del mes, concretamente el viernes 28 tendré que hacer unas pruebas que me llevarán toda una mañana. Sin miedo.
Enero y febrero son dos meses que pasan demasiado rápidos.

La frase de hoy es: "Ves al grano, pero no prescindas de la poesía" (Leonard Koren).

sábado, enero 01, 2011

Una inspiración para cada día



Uno de los libros que me regalaron hace una semana fue Una inspiración para cada día. Se trata de un libro de máximas para cada día del año. Algunas de estas frases son sublimes, cargadas de una gran sabiduría; otras no merecen mucho la pena. La mayor parte de estas inspiraciones se han sacado de la poesía china.
En la medida en que mi mente no me falle intentaré plasmar aquí una de estas frases, siempre que merezcan la pena.
La del uno de enero dice lo siguiente:

"Es más cómodo reducir las ocupaciones que buscarlas, y es más saludable ser simple que ser listo" (Huanchu Daoren).

El tiempo entre costuras


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Se trata de uno de los libros más leídos (y vendidos) en 2009 y 2010. La fama del libro es merecida, sin duda alguna. Me ha llevado diez días exactos leer esta novela que engancha desde los primeros párrafos. Por el camino he coincidido con mucha gente que o bien se la estaba leyendo o bien se la había leído ya. Me ha encantado, como no podía ser de otra forma. Ya había leído reseñas literarias, críticas en otros blogs, había escuchado algunos comentarios del libro. Entonces llega el día en que llego a la página final. Ese día es hoy. Creo que volvería a empezarlo y volvería a leérmelo.

El estilo de la autora es magnífico, exquisito. Algo tenía que tener para ser capaz de enganchar al lector desde las primeras páginas. Reconozco que no me gustó cómo empezó, ya que los primeros quince años de la vida de la protagonista pasan volando ante nuestros ojos, para centrarse en la verdadera historia, lo que de verdad interesa.

Es novela histórica por cuanto describe la situación política de la España de la IIª República, las circunstancias en el Protectorado español de Marruecos, una guerra civil que se ve desde lejos y una guerra mundial que se descubre entre las bambalinas del espionaje.

Rosalinda Fox
También es importante destacar ciertas figuras históricas de la vida española en los años 30: Juan Luis Beigbeder, el Alto Comisionado del Protectorado español de Marruecos, que luego sería nombrado Ministro de Asuntos Exteriores; Ramón Serrano Suñer, el “cuñadísimo”, mano derecha de Franco (además de estar casado con Zita Polo, hermana de la esposa de Franco) y el confidente más poderoso del Caudillo en los años posteriores a la guerra; Rosalinda Fox, inglesa amante de Beigbeder; Allan Hillgarth, cónsul inglés en España y jefe del espionaje británico en el franquismo durante la guerra civil española y la consiguiente posguerra.

El tiempo entre costuras cuenta la historia de una costurera, como bien deja entrever el título. Sira Quiroga es hija de madre soltera, madrileña, que en plena adolescencia entra como aprendiz de costurera en el taller de alta costura de Doña Manuela, el mismo taller donde su madre se ha convertido en una de las mejores costureras de Madrid. Sira parece tener la misma habilidad para coser que su progenitora. Conoce al joven Ignacio, aspirante de funcionario, con el que está a punto de casarse.
Su vida podía haber sido tranquila, de no haberse cruzado otra persona en su camino, la persona que cambiará el rumbo de su vida para siempre, la persona que la alejará del Madrid republicano que desembocará en una guerra sangrienta que Sira no ha de vivir en sus carnes.
Cuando Ignacio la convence para aprender mecanografía y le compra una máquina de escribir, ella conoce al encargado de Olivetti, Ramiro Arribas. Hay tanta atracción entre los dos, que Sira toma la decisión que cambiará el rumbo de su vida: no casarse con Ignacio y huir a Marruecos con su amante. Pero antes de marchar, su vida da otro giro, cuando su madre la conduce a una mansión a presentarle a Gonzalo Alvarado, su padre. Dolores y Gonzalo tuvieron un romance y fruto del mismo nació Sira, pero Gonzalo era un hombre adinerado que fue obligado a casarse con una mujer rica. Gonzalo cree que en España se está cociendo algo gordo, por lo que le da a su hija dinero y joyas y le aconseja que se marche a Tetuán, donde estará a salvo. Él cree que le van a asesinar y, antes, quería conocer a su hija.
Sira y Ramiro atracan en Tánger y se alojan en el Hotel Continental. Una mañana, ella se despierta y descubre que Ramiro la ha abandonado, llevándose su dinero y sus joyas. Le deja con el vacío, con una descomunal deuda en el hotel y con un bebé en las entrañas. Despojada de todo, en su tristeza, consigue escapar del hotel y llegar a Tetuán, donde la espera el comisario Vázquez. Sira se despierta en un hospital, donde ha abortado, con su tristeza y sus ganas de nada. El comisario le explica que su situación no es buena: le dice que está en deuda con el hotel y que le han dado el plazo de un año para saldarla, le dice que su medio hermano ha puesto una denuncia desde Madrid por haberse llevado las joyas familiares de los Alvarado, aunque el comisario le dice que han registrado sus pertenencias y han encontrado la documentación de propiedad de las joyas. No se podrá librar de la deuda del hotel. El comisario la lleva a una pensión, donde Candelaria intentará cuidar de ella, intenta buscarla un trabajo digno, hasta el día en que descubre que sabe coser.
Candelaria es otra de esas personas que influyen en la vida de Sira. No tienen nada y van a tenerlo todo, pero antes de poder llegar a algo, tendrán que dedicarse a asuntos turbios como el contrabando de armas. Las dos mujeres se convierten en socias, al conseguir el dinero necesario para montar un local de alta costura, en donde Sira recibirá a las mujeres extranjeras, que siguen acudiendo a las fiestas y necesitan ropa elegante. Poco a poco, la economía de las dos mujeres va aumentando hasta vivir acomodadamente. Sira conoce a Rosalinda Fox, la consorte del máximo poder del Protectorado, Juan Luis Beigbeder, y se convertirán en grandes amigas. Pocas semanas antes de saldar la deuda en el Continental, Sira se entera de que están sacando a gente de España. Ven la guerra desde lejos. Sira no sabe cómo se encuentra su madre, ni siquiera sabe si aún está viva. Gracias a la ayuda de Rosalinda, darán con los contactos necesarios para que Dolores salga de España y llegue a Tetuán. El contacto es un periodista inglés, Marcus Logan, que llegará a Tetuán y se enamorará de Sira, pero ella, aún con el corazón roto por la ausencia de Ramiro, no quiere embarcarse en ninguna relación.
Cuando termina la guerra y Beigbeder es nombrado Ministro de Asuntos Exteriores, Rosalinda le pide a Sira que les ayude en el espionaje haciendo vestidos en Madrid para las mujeres de los nazis y para las españolas cercanas al poder. Sira vuelve a Madrid con una nueva identidad y se hace un nombre entre la alta costura, sobre todo porque es una de las pocas modistas que llega con telas, que en la posguerra es algo difícil de conseguir. Sus patrones son entregados en forma de código morse al revés, por el parecido de éste a las puntadas de la aguja. Se convierte en una gran espía, sobre todo cuando tenga que ir a Lisboa a hacer una misión escabrosa. Allí tiene que ponerse en contacto con Manuel da Silva, un comerciante que había sido amigo de los ingleses y que éstos creen que les está traicionando. Sira descubre que el comerciante portugués está comerciando con los alemanes y está mediando con los mineros de wolframio de su país. Pero Da Silva tiene intenciones de asesinar a Sira cuando ésta coge el tren. En Lisboa había vuelto a coincidir con Marcus Logan, que la sacará del tren y la llevará hasta Madrid. Sira descubre que Logan pertenece al servicio secreto británico. Es hora de tomar las riendas de su vida y decidir por sí misma. En casa de su padre, reúne a Logan, Gonzalo Alvarado, Alan Hillgarth y su esposa, porque ha decidido rehacer su vida con Marcus.

Algunos asuntos del libro que me han llamado la atención merecen una consideración especial. La curiosidad radica en preguntarse cómo era la España de la época, pero sobre todo cómo era la vida en el Protectorado español de Marruecos.

El vestido Delphos, de Fortuny
Otro aspecto que aparece en la novela y que tuve que mirar en internet es el vestido Delphos, diseñado por Mariano Fortuny Madrazo (1871-1949). Pintor, diseñador, fotógrafo y escenógrafo que creó un mítico vestido inspirado en los ropajes de la Grecia clásica.


Mapa del Protectorado Español en Marruecos
La presencia española en el norte de África se extendió durante 44 años, desde 1912 hasta 1956, cuando Marruecos obtuvo su independencia. El régimen administrativo del Protectorado mantenía una dualidad formal de autoridades: la administración marroquí, al frente de la cual se encontraba el jalifa, que ejercía por delegación del sultán, y la española, a cargo del correspondiente alto comisario. Con excepción de los años de la IIª Guerra Mundial, Tánger se mantuvo siempre como una ciudad independiente administrativamente, con su propio estatuto al margen del Protectorado.

LOS ESCENARIOS DE LA NOVELA

El Hotel Continental (en la parte superior de la imagen, sobre la antigua Aduana). En él se instalaron Sira Quiroga y Ramiro Arribas cuando llegaron a Tánger. De allí se tuvo que marchar ella precipitadamente cuando las cosas cambiaron de rumbo. Por desgracia para Sira, el vínculo con el hotel permaneció férreo durante algún tiempo.
Hoy en día se conserva prácticamente intacto.


La antigua Avenida de España en Tánger, bordeando la bahía frente al Estrecho. En la época de la novela (finales de los años 30 y principios de los años 40), Tánger era una ciudad vibrante y cosmopolita, repleta de gentes de un sinfín de procedencias y negocios, consulados, hoteles, bancos y espectáculos internacionales.


El entonces flamante Boulevard Pasteur de Tánger, que Sira recorrerá tantas veces.


La Legación Americana en Tánger, un hermoso palacete en la medina, donde Hillgarth se reunió por primera vez con Sira para adiestrarla en los asuntos del espionaje internacional. Aún en nuestros días existe este edificio, conservado como museo y centro de estudios. En la planta baja cuenta con una zona dedicada al escritor Paul Bowles.


Patio del Hotel El Minzah de Tánger. Aún existe y mantiene el mismo encanto que cuando Sira y Rosalinda lo frecuentaban.


Cartel de Mariano Bertuchi, el gran pintor del Protectorado. Sus cuadros, sellos, carteles y afiches promocionales, llenos de luz y de vida, rememoran estampas cotidianas de la primera mitad del siglo XX y se han convertido en nostálgicos iconos gráficos de la presencia española en Marruecos.
En la novela aparecen varias referencias a Bertuchi y sus obras, y a la escuela que fundó, a la que Sira acude en busca de ayuda en sus primeros tiempos en Tetuán.


Calle Generalísimo (anteriormente calle Alfonso XIII y calle República; en la actualidad, calle de Mohamed V). Era la arteria principal de la zona española en la capital del Protectorado, siempre llena de actuvidad y movimiento. Por ella transita Sira a diario en sus idas y venidas por Tetuán.


Plaza de España en Tetuán, mencionada en la novela en numerosas ocasiones. Al fondo se ve el Palacio del Jalifa. El edificio que se contempla a la derecha de la imagen, franqueado por un gran arco blanco, es la Alta Comisaría. Es el escenario de una de las aventuras de Sira.
Toda la zona fue demolida hace algunos años y convertida en una gran explanada que se extiende frente a lo que en la actualidad es uno de los palacios del rey de Marruecos.


La hermosa medina de Tetuán, otra referencia constante en la trama. Llena de callejuelas, zocos y rincones con mucho encanto, abierta al mundo por siete puertas. Ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.


Calle de La Luneta, donde Sira fue acogida en sus primeros tiempos en Tetuán en la pensión de Candelaria “la matutera”.
La Luneta fue la primera calle española en Tetuán, limítrofe a la medina y al barrio judío. En la actualidad, todos sus antiguos edificios permanecen en pie.


La antigua estación de tren de Tetuán, con el Gorgues de fondo. De ella partían los trenes hacia Ceuta. Aquí vivió Sira su primera aventura arriesgada, la noche en que a Candelaria se le torcieron las cosas.
Actualmente el edificio ha sido renovado y convertido en museo.


Patio interior del Hotel Nacional, donde Marcus Logan se instaló durante su estancia en Tetuán. Existe todavía, pero remodelado y bastante cambiado.


Madrid durante la Guerra Civil, tras la marcha de Sira a Marruecos. Eran años duros.


Madrid en los años 40, ciudad a la que Sira regresó con una nueva identidad y con otra posición social.


Nazis en Madrid, flanqueados por la Guardia Mora, en 1940.


El Madrid castizo, pobre y humilde, donde nació Sira, pero al que nunca más regresó.


El Salón de Té Embassy, en el madrileño Paseo de la Castellana. Durante la IIª Guerra Mundial, entre sus paredes se vivió un permanente trasiego de conspiraciones. Aún existe y siguen sirviendo el mismo cóctel de champán que Sira tomaba cuando acudía a ver a Hillgarth clandestinamente a la hora del aperitivo.


El Casino de Madrid, donde Sira recibió el año 1941 y donde se reencontró con su padre, Gonzalo Alvarado.


Lisboa en los primeros años 40. Portugal era teóricamente neutral durante la IIª Guerra Mundial, pero a la vez era una ciudad agitada y convulsa, escenario de mil conspiraciones. En una de esas tramas se vio envuelta la protagonista de la novela.


El ya demolido Hotel Do Parque de Estoril, donde Sira se alojó en su misión portuguesa.

Y llegó 2011

Empezar bien el año puede ocurrir de diversas formas. Para mí, el año comenzó bien desde el momento en que las horas dieron paso a una compañía adorable. En principio, quería quedarme con mis amigos y, de hecho, la primera vez conseguí desoir las palabras de mi corazón, pero la segunda vez terminé quedándome con él. Y disfruté de cada instante que él me regalaba. Disfruté tocándole el pelo, porque no me había dado cuenta hasta ayer de lo largo que lo tiene; disfruté pasando mis dedos por su barba, aún siento la suavidad en las yemas de los dedos; disfruté escuchándole hablar, cuando me contaba ciertos puntos de vista que me dejaban pensativa durante un momento, comprobando que a veces tenemos opiniones dispares; disfruté contemplando lo guapo que estaba; disfruté cada vez que sus ojos convergían en los míos y me encontraba observándole fijamente para encontrarme desviando la mirada; disfruté cuando una de las veces dirigió la mirada hacia mí y le encontré irresistible y adoré esa mirada; y disfruté dándole cuatro besos de buenas noches (y veinte le hubiera dado).
Cuando a las siete traspasaba el umbral de mi casa, quería enviarle un mensaje para darle las gracias por la noche. En ese momento no caía en que había estado mucho tiempo con él y que su magia lo había llenado todo. Me lo hubiera pasado bien con cualquiera, pero estar con él durante tanto tiempo es, posiblemente, una de las mejores formas de empezar el año con buen pie.
Al final, no me disfracé. La razón fue que con el disfraz tenía muy poca ropa y tenía miedo al darme el bajón de tensión de la tarde. Tenía que ir abrigada, así que opté por no llevar el disfraz.
Cumplí con beber cervezas durante toda la noche. Así estoy hoy, que no tengo nada de resaca. Que estoy como una rosa. A las doce y media me he despertado, algo atípico para el primer día del año. A media tarde he vuelto a quedarme dormida. También me he terminado el libro, cuya reseña escribiré en un rato.

Bienvenido sea el 2011.