domingo, agosto 27, 2006

Cuentos y leyendas medievales

CABALLEROS, SANTOS Y DRAGONES
La Europa bárbara y pagana protegía a los dragones y a muchas otras criaturas monstruosas y malévolas. Tras la cristianización de Europa, Dios envió a la Tierra varios caballeros de gran corazón, ángeles y mujeres jóvenes para que mediante su valentía o su fe liberarían los campos de los demonios que los afligían.
Entre ellos, San Jorge y el arcángel San Miguel se convirtieron en modelos a seguir para toda la caballería. Todas estas leyendas de dragones, como aquélla de la Tarasca vencida por Santa Marta, simbolizan el triunfo de la Cristiandad sobre las viejas supersticiones paganas.

SAN JORGE Y EL DRAGÓN
Un día, Jorge llegó a la ciudad de Sileno, en Libia. En un estanque cercano a la ciudad vivía un temible dragón que había derrotado a todos los ejércitos que habían osado enfrentarse a él. A veces se acercaba a las murallas y envenenaba de un soplo a todos los que se encontraban a su alcance.
Con el objetivo de apaciguar al monstruo e impedir que matara a la ciudad entera, los habitantes le ofrecían dos ovejas diarias. Muy pronto, empezaron a carecer de ovejas y las reemplazaron por muchachas jóvenes que elegían por sorteo. Ninguna familia fue eximida de tal suerte. El día de la llegada del santo Jorge, la suerte había designado como víctima a la única hija del rey.
Jorge llegó justo en el momento en que la princesa estaba junto a un peñasco cerca del estanque, antes de ser engullida por el dragón. Montado sobre un ágil caballo, Jorge blandió en alto su estandarte y se echó sobre el monstruo con tal ardor y valentía que lo derribó al suelo. La princesa le dijo que colocara su cinturón alrededor del cuello del dragón. Así fue como el dragón, como un dócil perro, fue arrastrado hasta la ciudad por la princesa. Allí le decapitaron.

SAN MIGUEL Y EL DRAGÓN
San Miguel había sido llamado para luchar contra el demonio, que para combatir mejor, había tomado la apariencia de un temible dragón. La batalla comenzó sobre el monte Dol en Bretaña. Satanás luchó cruelmente, ayudado por sus hordas maléficas. El combate continuó en el Cielo durante varios días antes del desenlace, que se produce sobre el monte Tombe (Monte Saint-Michel).
Aubert, obispo de Avranches, que fue testigo del combate, recibió mediante sueños la orden de San Miguel de construirle un lugar de devoción en el sitio donde ha caído el Maligno. El obispo, que temía ante una posible locura, no se atrevió a hacer nada y decidió esperar. El arcángel se manifiestó por segunda vez pero Aubert todavía dudaba. La tercera vez San Miguel, furioso, dejó un agujero en su cráneo como prueba innegable. El obispo no sufrió demasiado pues murió pocos años más tarde. Hoy su cráneo se conserva en la basílica de Avranches.

LA TARASCA Y SANTA MARTA
Hace mucho tiempo, en el lugar donde se construyó más tarde el castillo del rey René, había un peñasco cuyas laderas se zambullían en las profundas aguas del Ródano. A varios pies bajo la superficie había un agujero donde vivía un monstruo tan feo como cruel, al que los habitantes de la región temían. Muy poca gente podía describir con precisión al monstruo porque, por desgracia, todos los que se habían encontrado con él sólo habían encontrado la muerte. La horrible criatura salía de su guarida acuática, subía por las orillas del río y recorría la región con toda tranquilidad, diezmando todo lo que encontraba a su paso: asnos y caballos, niños y corderos, ancianos y muchachas...
Sin embargo un día, doce valientes jóvenes decidieron poner fin a esto. Desde el amanecer, vigilaron el peñasco, armados de frondas y garrotes. Se quedaron allí hasta el atardecer pero descubrieron que el monstruo se había ido antes de que ellos llegaran. Sobre una playa de guijarros encontraron los rastros de sus pisadas, que les llevaron hasta la entrada de unas salvajes gargantas por las que se precipitaba el Ródano. Este paso estrecho se llamaba Tarusco. Las huellas gigantes seguían el curso del río y luego se bifurcaban en la tierra. Así es como los jóvenes llegaron al corazón de un espeso bosque. Allí oyeron los rugidos. Se acercaron y se agazaparon en un tronco y vieron cómo el dragón devoraba un buey.
-La víctima proviene del rebaño de mi padre -exclamó uno de los chicos.
-¡Cállate! -protestó otro.
Pero era demasiado tarde. El monstruo había reparado en los intrusos y se les echaba encima con la boca abierta, enseñando sus afilados dientes, tan agudos como espadas y puñales ensangrentados. Dos de los jóvenes fueron despedazados por las enormes garras de oso; mientras que otros dos chicos fueron asfixiados por el violento soplo parecido a un tornado y tan pestilente como los vapores de un valle lleno de cadáveres; otros dos jóvenes fueron cortados en pedazos por la espalda con las crestas cortantes del monstruo. Seis supervivientes huyeron mientras el dragón atacaba a los otros. Llegaron a la ciudad locos de espanto y contaron lo que habían visto. Nadie más se atrevió a enfrentarse a la bestia, a la que se le llamó “La Tarasca”. Siguió cometiendo fechorías junto al río, en las islas, en los bosques y en las ciénagas.
Un día, una muchacha vestida de blanco llegó junto a una cabaña de pescadores. La familia en lágrimas velaba por uno de los chicos que el monstruo había devorado. La joven preguntó qué pasaba.
Por la mañana se presentó frente al peñasco, llevando ropa que se puso a lavar en las aguas. En ese momento, las aguas empezaron a removerse, la orilla tembló, el viento empezó a silbar entre las cañas... Un olor pestilense se elevó por los aires. Una horrible cabeza surgió por encima del agua y le preguntó a la muchacha quién era.
-Me llamo Marta y vengo del país de Judea, allende los mares.
La Tarasca se acercó y, los pescadores, agazapados entre el follaje, sentían no haber impedido a la viajera aventurarse en aquella empresa. El dragón se acercó, amenazador y cenagoso. Su cuerpo cubierto de escamas se levantó frente a la lavandera que, sin abandonar la calma, puso su mirada límpida sobre la bestia y le dijo que tuviera cuidado que iba a ensuciar su ropa blanca.
La Tarasca se inmovilizó y quedó petrificada. Marta le dijo:
-Pobre bestia. Parece que nadie se ocupa de ti. Ven a sentarte junto a mí y cuéntame tus penas. Yo también viví momentos difíciles en mi país y huí de los míos a través del mar...
El monstruo volvió a la vida. De sus ojos salieron algunas lágrimas. Se acercó y se sentó sobre la playa de guijarros. Marta le habló de su país y de la gente que allí vivía. Habló de su viaje y de su llegada a una playa de arena fina donde la había acogido una gitana negra. Habló del amor y de la esperanza. Habló tanto que la bestia, domesticada, se quedó dormida junto a ella.
Los pescadores, sorprendidos ante tal prodigio, se acercaron al río. Encontraron allí a la muchacha que iba lavando el lodo que caían de las escamas del monstruo y permanecieron estupefactos, incapaces de moverse ni de pronunciar una palabra. Marta cogió su cinturón y lo colocó en el cuello del monstruo para llevarle consigo. Se precipitaron entonces las hachas, estacas y lanzas. Marta rogó que no le mataran. Pero los que habían perdido un hermano, un hijo o algún pariente cercano no la oían. Cayeron sobre el monstruo y lo traspasaron con sus armas. Antes de exhalar el último suspiro, la bestia lanzó hacia Marta una mirada llena de agradecimiento.
Arrastraron el cuerpo de la bestia hasta la plaza de la ciudad donde lo dejaron expuesto al sol. Marta fue aclamada triunfalmente y consagrada como dueña de la ciudad. El armazón del monstruo se secó. Los hombres se deslizaron en su interior y lo dotaron de una nueva vida, haciendo mover su cabeza, azotando su cola al aire y escupiendo fuego por su boca.

LADY GODIVA
Los impuestos eran demasiado pesados para la población de Coventry. Lady Godiva pidió a su marido Léofric, conde de Chester, que redujera esa carga que tanto pesaba sobre la población. Él aceptó con la condición de que su esposa recorriera desnuda sobre un caballo las calles de la ciudad.
La ciudad de Coventry todavía se acuerda de esto.
Al principio del año 1000, los habitantes de la ciudad de Coventry, Inglaterra, llevaban una existencia difícil, debido a los terribles impuestos que debían pagar al conde Léofric de Chester para pagar sus campañas militares. El joven se casó con Lady Godiva (Goda o Godgifu, en sajón), que se puso de parte de la plebe e imploró a Léofric que disminuyera las tasas. El conde aceptó con la condición de que atravesase desnuda la plaza de Coventry. Ella aceptó y se paseó por la plaza a caballo, mientras su larga cabellera tapaba su cuerpo desnudo.
Más tarde se intentó embellecer la leyenda. Se contaba que Lady Godiva pidió a todos los habitantes que se quedaran en casa con los postigos cerrados. Sólo un sastre, llamado Peeping Tom, se atrevió a mirar por la hendidura de la llave. Se quedó ciego.

MÉLUSINE
Desde Luxemburgo a Poitou, pasando por Normandía, se discute el origen de la leyenda del hada Mélusine, una mujer dotada de poderes extraños, gran constructora y madre nutricia.
Se trata de una criatura mágica con cuerpo mitad serpiente, mitad mujer.
El origen de Mélusine es real. En efecto, su madre, el hada Présina, había encantado a su padre Elinas, rey de Escocia, haciéndole prometer, antes de su matrimonio, no procurar verla mientras asistía al parto. Elinas no cumplió su promesa, por lo que Présine se refugió con sus tres hijas, (Mélusine, Mélior y Palestina) en la Isla Perdida (Isla de Avalon).
Cuando las tres hijas crecieron, usando sus poderes de hadas, decidieron encerrar a su padre en la montaña mágica de Northumberland. Esto le pareció tan severo a Présine que echó el mal de ojo a sus hijas.
Y le dijo a Mélusine: “Cada sábado tu cuerpo bajo el ombligo se convertirá en septiembre. Pero si encuentras a un hombre que quiera tomarte por esposa y que prometa no verte nunca en sábado, tendrás una vida normal. No obstante, si tu marido descubre tu secreto, serás condenada a ser mitad serpiente hasta el Juicio Final”.
Mélusine encontró a Raymondin en el Bosque de Cé, cerca de Lusignan. Este joven volvía de cazar un jabalí, donde por accidente había matado también a su tío Aimeri, conde de Poitiers. Se enamora de Mélusine y pide su mano.
Gracias a sus poderes, Mélusine consigue que declaren inocente a Raymondin. El hada acepta casarse con él y le hace prometer que no dude sobre su origen y que no intente verla jamás en sábado. A cambio, le ofrece a Raymondin una gran fortuna, así como una descendencia larga y numerosa.
Durante el primer año de matrimonio, Mélusine emprendió la construcción de Vouvant, de Mervent y de la torre de Saint-Maixent, plazas fuertes que contribuyeron a enriquecer y fortalecer a la familia de Lusignan. Una sola noche bastaba para edificar las fortalezas más imponentes (Tiffauge, Talmont, Partenay); iglesias como Saint-Paul-en-Gâtine, surgida en mitad del campo; las torres de guardia en Rochelle y Niort; y la ciudad de Lusignan.
El sábado, empujado por los celos que le inculcó su hermano, el conde de Forez, Raymondin transgredió la norma que le había impuesto su mujer, y con la punta de su espada rompió la cerradura de la sólida puerta dy hierro tras la cual estaba encerrada su esposa. Encontró a su Mélusine bañándose en una gran bañera de mármol, se teñía el cabello, y del ombligo para abajo tenía cola de serpiente, gruesa como un arenque, tan larga que el agua salpicaba hasta el techo de la cámara.
Mélusine, traicionada, huye gritando por la ventana y su marido jamás la volvió a ver bajo la forma humana. No obstante, la leyenda cuenta que Mélusine volvió tres días después, cada vez que las fortalezas que había levantado cambiaban de dueño, y apareció cada vez que uno de sus descendientes estaba a punto de morir.

GUILLERMO TELL
El tirano Gessler era el representarte del emperador austriaco en Suiza. Obligaba a la población a inclinarse delante de un sombrero colocado bajo un tilo en la plaza de Altdorf. Guillermo Tell se negó a hacerlo y Gessler le ordenó a derribar de una flecha de ballesta una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo.
Así nacería la leyenda del más célebre ballestero del mundo.
En el siglo XIV, Suiza todavía dependía del Sacro Imperio Romano Germánico, que despachaba gobernadores hacia los cantones suizos para representar la autoridad austriaca de los Habsburgo. En la región de Uri, el gobernador nombrado fue Herman Gessler, que era un tirano sin compasión.
Sobre la plaza de Altdorf, izó su sombrero sobre un tilo y exigió a toda la población que saludaran al sombrero cada vez que pasaran delante. Nadie se atrevió a desafiar la orden de Gessler, excepto Guillermo Tell. Se paró y fue llevado ante el gobernador. Éste decidió que no le metería en la cárcel, pero ordenó que Guillermo colocara a su hijo al pie de un árbol, con una manzana en la cabeza, le hizo retroceder 100 pasos y le retó a ver si era cierto que era el mejor ballestero del cantón con sólo traspasar la manzana. Guillermo se negó a ejecutar la orden, aunque fue obligado a obedecer. Guillermo tiró y traspasó la manzana. Pero había reservado una segunda manzana para Gessler, en caso de que hubiera matado a su hijo. Cuando Gessler escuchó a Guillermo la narración de la segunda flecha, se encolerizó, ordenó que encarcelaran al padre y al hijo y los expulsó en una barca que atravesara el lago de Lucerna para finalmente encerrarles en la fortaleza de Küssnach.
Durante la travesía estalló una tormenta tan violenta que Gessler obligó a Guillermo que le ayudara a maniobrar con la barca, prometiéndole la libertad a él y a su hijo. Guillermo consiguió acercarse a la orilla, cogió a su hijo y saltó a tierra firme, empujando la barca hacia el agua. Actualmente ese lugar se llama el “Salto de Tell”.
Tiempo después, Tell tendió una emboscada al tirano Gessler en el camino de Küssnach y le mató con un tiro en el corazón. Muchos piensan que esto llevó al Pacto de Confederación Suiza de 1291.

BERTHA DEL PIE GRANDE
El cuento de Bertha del Pie Grande procede de una crónica en prosa que data de 1225. Se inspira en la historia de Berthe o Bertrade, llamada “del Pie Grande”, hija del conde de Laon, que se casó con Pépin “el Breve” y de cuya unión nacería el emperador Carlomagno.
Es interesante esta leyenda frente a la historia verdadera de la primera reina de Francia.
Cuando Pépin “el Breve” decidió casarse, sus consejeros recorrieron diversos países en busca de una novia perteneciente a la nobleza. Pero el rey no se decidía, hasta que un trovador que había recorrido buena parte del mundo le cantó y alabó la belleza de Bertha, hija del rey de Hungría, tan fina y delicada como sabia e inteligente. Sólo tenía un defecto: uno de sus pies era demasiado grande.
Pépin decidió conocerla. Hizo cargar 30 caballos de oro y plata, equipó a una docena de caballeros ricamente y la comitiva se dirigió hacia Hungría. La bella Bertha no estaba feliz después de haber dado su consentimiento, pues debía abandonar su país y a sus seres queridos.
Y Bertha marchó a Francia. En el camino, la comitiva hizo una parada en la casa del duque de Maguncia, que se sorprendió ante la belleza de la princesa Bertha. Este duque tenía una hija, Alista, que se parecía tanto q Bertha que eran como dos hermanas, salvo por los pies de Alista que eran muy pequeños. Las dos jóvenes trabaron amistad inmediatamente. Bertha estaba tan encantada con su nueva amiga que le propuso llevarla a Francia consigo.
Cuando llegaron a París, la princesa húngara estaba cansada del largo viaje, así que le propuso a su amiga que la reemplazara. Alista aceptó de buena gana, así que se puso uno de los vestidos más bellos de la princesa húngara y se dirigió a la sala de recepción para la ceremonia de presentación, donde se encontró muy cerca del rey. Alista entonces decidió reemplazar a su amiga para siempre.
Pagó muy bien a los sirvientes que se llevaron en secreto a Bertha a lo más profundo del bosque, donde tenían orden de matarla. Pero no tuvieron el valor de hacerlo, vacilaron ante tanta belleza. La abandonaron a su suerte y regresaron a París. La pobre Bertha erró durante mucho tiempo por el oscuro bosque, se arañaba las piernas con las espinas, dormía a la intemperie sobre el suelo yermo y se alimentaba de fresas silvestres y frambuesas. Un día descubrió en una pradera una pequeña choza. Allí vivía el carbonero Simón, con su mujer y sus dos hijas. Bertha vivió 9 años y medio en la cabaña del carbonero y jamás contó su verdadera identidad.
La reina de Hungría, Blancaflor, no olvidaba a su hija. Cuando tenía oportunidad, le enviaba misivas a Francia, y se inquietaba al recibir informaciones tan concisas de su hija. Alista enviaba a Hungría cartas muy prudentes. Cuando la reina de Hungría le invitó a su hija a visitar su país, Alista respondió que no podía hacer ese viaje pues estaba enferma. La reina de Hungría decidió entonces ir a ver a su hija.
Al enterarse Alista de que Blancaflor estaba en camino, tuvo miedo. Se metió rápidamente en la cama y se declaró enferma. La reina de Hungría encontró a la que creía que era su hija en la cama de una habitación oscura, con las cortinas echadas. La reina se reclinó sobre la cama de la falsa Bertha y se puso a acariciarla como un bebé. Entonces observó que la que estaba en la cama tenía la misma cara que Bertha pero tenía los pies muy pequeños. Y le dijo que no era su hija.
Blancaflor decidió ir a contárselo al rey. Pépin “el Breve” se enfadó muchísimo. Hizo que Alista se presentara ante él y, entre lágrimas, confesó todo. Después el rey llamó a los servidores a los que habían encargado la horrible tarea de deshacerse de Bertha, que también confesaron. Llevaron al rey hasta el lugar del bosque donde habían abandonado a la pobre princesa húngara.
El rey buscó a Bertha en todas las direcciones. Empezó a pensar que Bertha había perecido en el bosque cuando encontró la choza del carbonero. Delante de la casita había una joven muy bella que traía un cántaro de agua de la fuente. Y observó también que uno de sus pies estaba calzado por un zueco muy grande. Pepín la interpeló preguntándole su nombre.
Cuando supo que era Bertha, la montó sobre su caballo. El rey fue misericordioso con todos, gracias a la intervención de Bertha del Gran Pie, que tenía un gran corazón. Alista fue expulsada de París. Los servidores fueron apaleados pero luego el rey les compensó ricamente porque no habían matado a Bertha. El carbonero Simón, que no se creía que durante casi 10 años hubiera albergado en su casa a la reina de Francia, fue nombrado caballero y recibió un escudo de armas con una flor de oro sobre un campo azul.
La reina de Hungría lloraba y, a la vez, se recocijaba por no haber escuchado los consejos de su marido, que le había pedido que no hiciera ese viaje tan largo a Francia.
Poco después Pépin “el Breve” y Bertha se casaron. Marido y mujer vivieron muchísimos años felices y reinaron sabiamente sobre la dulce Francia.

ROLAND DE RONCESVALLES
La Chanson de Roland es la epopeya francesa más antigua. El Cantar de Gesta se compuso en el siglo XI y conserva ciertas historias que se basan en acontecimientos reales que se celebraron dos siglos antes, en el año 778, en el momento en que Carlomagno vuelve de una expedición contra los musulmanes de España.
El emperador Carlomagno reinaba gloriosamente desde hacía muchos años en Francia. En España combatía con éxito a los sarracenos. Así había conquistado numerosas ciudades españolas, pero en Zaragoza, el rey sarraceno Marsile se resistía con firmeza. El emperador había sitiado la ciudad durante mucho tiempo, sin resultado alguno. Se sintió aliviado cuando el rey Marsile le propuso la paz, prometiendo que se sometiría definitivamente a Francia. Con este giro de los acontecimientos, Carlomagno le envió a su consejero Ganelon para discutir las condiciones de paz. El emperador prometió retirar sus tropas de Zaragoza y regresar a Francia.
Pero Marsile era un tramposo y Ganelon estaba ávido de riquezas. Por 700 camellos cargados de oro y plata, Ganelon traicionó a Carlomagno, a quien aconsejó que dejara una parte del ejército en la retaguardia que le cubriera las espaldas cuando abandonara España en dirección a tierras francesas. Esa retaguardia estaba compuesta por los soldados más valientes de Carlomagno. Privado de sus mejores caballeros, el emperador difícilmente podría regresar a España y emprender nuevas campañas contra los sarracenos.
Tras el consejo de Ganelon, Carlomagno regresa a su país, dejando tras de sí 20.000 de sus mejores combatientes, a la cabeza de los cuales estaba su sobrino, el valeroso Roland, con su amigo Olivier y el arzobispo Turpin.
Ocurrió lo que el rey Marsile había conspirado con el traidor Ganelon. Armado con un ejército muy numeroso de sarracenos, Marsile atacó la retaguardia de los franceses de improviso. Los sarracenos eran superiores en número, porque Marsile había recibido refuerzos del emperador Boligant, así como soldados de Jericó, de África, de tierras turcas, de Persia y de Huns. Algunos eran hirsutos como la carne de cerdo, otros tenían la cabeza colocada directamente sobre los hombros, otros tenían la piel tan dura que no necesitaban coraza ni escudo, y estaban aquellos tan fuertes que, sin guantes, podían quebrar una lanza, moler un escudo o hender el cráneo de un enemigo.
Olivier pidió varias veces a Roland que tocara el olifante para que el emperador Carlomagno diera media vuelta ante el inminente ataque de su retaguardia, pero Roland no quiso hacer la llamada de socorro, alegando que debían luchar como caballeros que eran.
Así se produjo la terrible batalla en el paso de Roncesvalles, Pirineos. Los franceses luchaban con gran coraje. Roland, Olivier y Turpin asestaban miles de golpes. Los enemigos caían de su montura, pero por cada sarraceno derribado aparecían diez más. Entonces Roland decide tocar el cuerno, aunque Olivier le dice que ya es demasiado tarde.
Roland tocó por fin el olifante en el paso de Roncesvalles. El emperador Carlomagno oyó el llamamiento del olifante a lejos, más allá de las montañas. Comprendió que su retaguardia había sido atacada y adivinó enseguida la traición de Ganelon. El ejército francés volvió sobre sus pasos hacia los Pirineos. Carlomagno cabalgaba en cabeza. Ninguno de sus jinetes pudo esconder sus lágrimas ante el espectáculo de tantos héroes valientes cuyos cadáveres cubrían el campo de batalla.
Cuando el emperador llegó a Roncesvalles el combate había acabado. Sobre la hierba yacían los 20.000 valientes de Francia. Carlomagno y su ejército descubrieron los cuerpos de Olivier y Turpin y luego encontraron el de Roland. Alrededor de los cuerpos de los franceses, yacían todavía más numerosos los cuerpos de los enemigos. Y el emperador con su ejército se echaron sobre los sarracenos con tanta rabia que en esta batalla cayó el traidor rey sarraceno, Marsile, y el hijo del emperador Boligant. Éste contemplaba con estupefacción y desesperación la derrota de su inmenso ejército.
Carlomagno expulsó a los sarracenos hasta Zaragoza, donde destruyó las puertas y se apoderó de la orgullosa ciudad.
Los héroes de Roncesvalles, Roland, Olivier, el arzobispo Turpin y los 20.000 combatientes fueron enterrados solemnemente. Su sacrificio no había sido en vano. Zaragoza había sido vencida por fin y la fuerza de los sarracenos en España había sufrido un golpe fatal.
El traidor Ganelon no escapó de un castigo justo y merecido. Cerca de París, en un vasto prado, fue desmembrado por cuatro fuertes caballos.

Y entonces...

Y entonces sigo enterándome de cosas. Hace un tiempo me hubieran hecho mucho daño, hoy ya es tarde para que ni siquiera rocen mi caparazón.
Y entonces te preguntas si merece la pena...
Y ahora no sé si sentirme traicionada y/o engañada o simplemente mostrar una indiferencia vital. Porque yo ya lo veo todo demasiado lejano como para que haga mella en mí.
Pero me siguen llegando cosas, unas cosas que hace un tiempo me hubieran producido una pena inmensa.
Tengo arraigado un sentimiento de la ética demasiado profundo como para preguntarme si es perdonable todo esto. Porque yo no lo haría. Pero también es cierto que cada persona es un mundo y no podemos esperar que los demás hagan lo que nosotros haríamos en su lugar.
Por lo demás, estoy bien. Ahora ya no lloro por lo que se fue, sino que lloro porque cada día me siento más decepcionada con respecto a todo.

sábado, agosto 26, 2006

Cuando las cosas no son como eran...

Algo está cambiando. Te das cuenta de que lo que antes era negro ahora es blanco. Acabas de enterarte de lo inimaginable, de lo último que hubiera pasado por tu cabeza hace tan sólo unos días y te preguntas ¿por qué?
Te preguntas por qué las personas que estaban ahí ya no están, terminan desapareciendo, bien de una manera objetiva, bien desde el punto de vista subjetivo.
¿Qué es lo que ha cambiado en estos siete meses? Para mí han cambiado muchas cosas. Pero a veces me pregunto cuáles son los cambios de tu vida. Quiero respuestas y no quiero que me las des por aquí, sino en privado.
Te noto diferente. Ya sentía esas connotaciones hace un tiempo, pero no tan intensas como las noto ahora. ¿Qué está pasando?
Y sobre todo, ¿por qué no me habías dicho nada?

Una leyenda: Zabárrula

Ésta es una historia triste y como todas las historias tristes no te deja un buen sabor de boca al final, así que no aconsejo a nadie que la lea si es dueño de un estado de pesadumbre. Me la contaron estando de acampada en el monte. Ese día habíamos visitado un pueblo abandonado, habíamos caminado por sus calles, entre cuyas piedras sobresalían matorrales, habíamos contemplado las casas semi derruidas por el abandono y el tiempo... Sentados bajo la sombra de los inmensos fresnos que rodeaban aquel lugar, la historia se materializó ante nuestros ojos.
"Hace años que aquél había sido un pueblo lleno de vida, cuyos habitantes eran felices. Vivían casi todos del pastoreo de las reses que dejaban pastar entre las montañas despobladas de árboles. Era famoso aquel pueblo, aparte de ser una de las muchas aldeas que rodean la zona de Ezcaray, por sus fiestas invernales, donde se repartían judías verdes con chorizo, y donde se acercaba mucha gente de los alrededores a pesar de las inclemencias del tiempo y de que la mayoría de las veces los caminos estuvieran cubiertos de nieve.
En el pueblo había muchos jóvenes, y eran felices por vivir en la montaña aunque a veces se pasaran un día entero para buscar un médico entre las localidades cercanas, a pesar de que tenían que ir a por productos de primera necesidad luchando contra la lluvia y el frío... La mayoría de los productos de primera necesidad los sacaban de los huertos o de los animales, y se fabricaban los productos allí mismo, pero a veces era necesario recorrer las laderas en busca de aquellas cosas de que ellos carecían.
Entre los jóvenes había una chica, Elisa, que no sólo llamaba la atención entre los muchachos de la aldea, sino que su belleza era alabada más allá de los confines de Santo Domingo de la Calzada. Ella se había prendado de Juan, su vecino, y su amor era correspondido. Además el chico había decidido ese año dar el paso y comenzar un noviazgo con ella que tenía visos de truncarse antes de lo previsto.
Llegó el invierno y con él las fiestas. Después de la comida popular compartida por todos los vecinos, la orquestilla comenzó a tocar unos pasodobles para amenizar la sobremesa invernal. Las parejas empezaron a dar vueltas por la plaza al son de la música. Juan fue a por Elisa y se pasaron bailando y riendo toda la tarde.
Observándoles estaban unos jóvenes de Ojacastro. Manuel había oído hablar de la belleza de Elisa y, no muy amigo de las fiestas ni acostumbrado a salir, había decidido cruzar los montes para comprobar la certeza de esos rumores. No la quitó ojo en toda la tarde y llegó un momento en que no pudo quedarse parado y fue a pedirle la mano para bailar. La pareja se negó, estaban tan bien juntos que nadie ni nada podría separarlos. Manuel, resignado, volvió con sus amigos, pero sin quitarles el ojo de encima a Juan y Elisa.
Oscureció y la música terminó. Los jóvenes de Ojacastro habían desaparecido. Juan acompañaba a Elisa a su casa cuando en medio del camino se les interpusieron Manuel y sus amigos. El muchacho de Ojacastro intentó besar a Elisa mientras entre unos cuantos sujetaban a Juan.
La chica le rechazó. Juan consiguió zafarse de las garras de quienes le sujetaban y fue hacia Manuel con los puños en alto. Comenzaron a pelearse. En un momento determinado Manuel sacó una navaja, lo que envalentonó más al otro. En el forcejeo, el de Ojacastro cayó al suelo con la navaja clavada en el corazón. Los demás huyeron despavoridos.
Al día siguiente, avisada por los jóvenes de Ojacastro, la Guardia Civil llegó a la aldea. Comenzaron a buscar a Juan, pero no le encontraron. Preguntaron a todos los vecinos dónde estaba, pero nadie les contestó. Entonces cogieron a un anciano y lo pusieron contra la pared, con intenciones no muy claras. Antes de que contaran hasta tres Juan hizo su aparición en la plaza y los guardias se lo llevaron preso en dirección a Ojacastro.
Elisa lloraba desconsolada por la ausencia de su novio, se imaginaba lo que iba a ocurrir... Unos días más tarde, tal y como Elisa había temido, llegó al pueblo el guarda forestal trayendo un carro; ahí estaba el cadáver de Juan con un tiro en el pecho. El guarda dijo que lo había encontrado no muy lejos de donde estaban en ese momento.
Juan fue enterrado y los vecinos lloraron su pérdida durante mucho tiempo. Unas semanas más tarde, donde estuviera la tumba de Juan había crecido un frondoso fresno. Poco tiempo después Elisa también murió; se rumoreaba en las localidades cercanas que no pudo superar la ausencia de su amor. Sólo en el pueblo sabían la verdad: Elisa había ido a la tumba de su novio y había pedido a la Muerte que le llevara con él. Unas semanas después un fresno había brotado en donde fuera enterrada Elisa.
Pasó el tiempo. Cada vez que una persona se moría un fresno brotaba de la tumba. Así hasta que nadie quedó con vida en la aldea. Los únicos con vida actualmente son los fresnos que nos dejan el legado de que allí existieron personas".
Hoy Zabárrula pertenece a la jurisdicción de Ojacastro. Puedes pasear por sus calles desiertas, puedes entrar en sus casas y distinguir las habitaciones, puedes contemplar ese pueblo fantasma desde las laderas de las montañas. Y sobre todo puedes sentarte a la sombra de los inmensos fresnos a deleitarte con la historia de Juan y Elisa.

Cosas...

Pues ahora que se ha ido mi hermano le echo de menos.
Ha molado que estuviera aquí unos días. Supongo que volverá, cuando pueda.
Hace unos años pensaba que vivir con mi hermano sería el horror pero es mejor de lo que pensaba.
Lo único que noto diferente es que ponía la televisión siempre, cosa que yo no suelo hacer muy a menudo. La ponía a las 8 antes de marcharse, mientras desayunaba. La ponía a la hora de comer siempre, cosa que por lo general a mí se me suele olvidar. La ponía por las tardes y por las noches.
Apenas se conectaba en internet y lo justo para ver su correo y periódicos deportivos.
Por estas fechas es el cumpleaños de mi amiga Elena. Creo que lo tengo apuntado en el móvil y me avisará, y por si acaso de me olvidara: ELENA FELICIDADES, que sé que apareces por aquí de vez en cuando.
También esta noche ha perdido el Barça :( Quizás se lo tienen merecido porque enseguida se les sube a la cabeza todo. Me da pena, pero es lo que tiene: un gran equipo no es sólo el nombre y la categoría de sus jugadores sino el jugar en el campo y demostrarlo.

viernes, agosto 25, 2006

El Caníbal de Rotemburgo

Ayer leí una historia que vino de la mano de Der Metzgermeister. No la conocía aunque me sonaba este escándalo. Imagino que cuando recopilamos mucha información diariamente de los medios de comunicación hay demasiadas cosas que se nos pasan por alto. La retomo porque me parece impactante.


Armin Meiwes era un chico normal en la escuela, algo retraído y apartado de sus compañeros. En su familia vivió las sucesivas separaciones de su madre y al final de su pubertad vivía sólo con ella, sometido a una estricta disciplina. Estos antecedentes no son nuevos en la historia de los criminales más famosos del mundo. En su juventud, el caníbal presenció escenas de matanza de animales que podrían haber influido en su estado psicológico.

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El Caníbal de Rotemburgo

A los 18 años, Armin y su madre se mudan a la enorme casa que la familia poseía a las afueras de Rotemburgo. La casa tenía 44 habitaciones y los amigos de Armin la llamaban “la casa de los espíritus“. Posteriormente ingresó en el ejército donde destacó por su disciplina. Apoyaba a lo subalternos y se llevaba bien con ellos. Tras su servicio en el ejército, trabajó como técnico de computadoras en un centro informático de Kassel. En su trabajo también se le consideraba diligente y eficiente. Entre sus aficiones estaban la lectura de libros de caníbales, muertes y asesinos en serie. Además coleccionaba partes del cuerpo de muñecas que coleccionaba en un cofre para ocultarlas de su madre.
La madre falleció en 1999 en Rotemburgo. Tras su muerte, Armin se quedó solo y los únicos lazos familiares y sentimentales que mantenía desaparecieron de su vida. A partir de este momento, Meiwes inició su carrera criminal por internet: fotos de crímenes, accidentes, cuerpos abiertos y otras muchas fantasías violentas componían el archivo fotográfico de su computadora; foros como "Gourmet" o "Caníbal–Café" le proporcionaron la plataforma ideal para contar y compartir sus fantasías más profundas. Comienza la nueva doble vida de Armin. Así comenzaron sus primeros contactos. Primero un cocinero ofreció a dos de sus ayudantes para ser degustados. Armin habría tenido la oportunidad de matarlo y devorarlo. Sin embargo, ante las dudas de la víctima, lo dejó marchar. El banquete sólo tenía sentido si la víctima también estaba de acuerdo.

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La casa

En el chat, conoció a Bernd Brandes, un ingeniero de Berlín. Bernd se declaraba bisexual y su comportamiento sexual no era lo que se puede llamar "normal". Violencia y tortura formaban parte de sus rituales sexuales del día a día. Se citaron primero para un fin de semana donde pusieron a prueba sus instintos caníbales. Tras la despedida en la estación, Brandes lo pensó mejor y llamó a Meiwes para que lo recogiese. Quería probar otra vez.

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La posible víctima

Tras varias horas de conversación, Brandes quiso que el Caníbal le amputase el pene. "Córtalo de una vez", -dijo la víctima. Con gran cantidad de alcohol y medicamentos ya no sentía dolor. Por fin Bernd pudo cumplir su sueño: comerse sus propios genitales, algo en lo que Meiwes también participó. Meiwes cortó el pene en dos trozos y los puso en la sartén aderezándolos con pimienta, sal y ajo.

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La "habitación del pánico"

En cuanto a los motivos que llevaron a la víctima a ofrecerse, Armin manifestó que no entendía el sentimiento de felicidad que Bernd experimentaba. Meiwes asesinó posteriormente a su víctima en la mesa de descuartizar y grabó todo en cámara de vídeo. Descuartizó el cuerpo y conservó la carne. Después de dos días, Armin vio cumplido su deseo de comer carne humana. Según las declaraciones a la policía, la carne humana tiene un sabor parecido a la carne de cerdo. El Caníbal había cumplido su deseo, pero esto no era suficiente para él. Los meses siguientes los pasó buscando nuevas víctimas. Necesitaba carne joven y fresca. Esta actitud fue la que condujo a la policía a desenmascararlo. Un estudiante de Innsbruck denunció a Meiwes, que aseguraba en los foros haber probado carne humana. Se registraron varios centenares de víctimas, dispuestas a dejarse devorar por un caníbal. La policía lo arrestó un año después del asesinato.

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La jaula

El veredicto de los psicólogos y psiquiatras muestra que Meiwes no estaba loco cuando cometió el crimen, pero consideran que la víctima no podía pensar racionalmente. La fiscalía quiere juzgarlo por asesinato con motivos sexuales e imponerle cadena perpetua. El problema es que la víctima dio su consentimiento al asesino y la defensa usará este argumento para que se considere como homicidio a petición, una especie de eutanasia ilegal, lo que llevará a una sentencia de entre 6 meses y 5 años, anulando la consideración de que fue un asesinato. Este caso fue muy conocido porque en Alemania el canibalismo no está penalizado por la ley, por lo que el encarcelamiento de Armin Meiwes es díficil de llevarlo a cabo.
El caso de Armin Meiwes conmovió a todo el mundo por su crueldad. Sobre todo por la popularidad que le dieron los medios de comunicación. Pero el fallo judicial se enfrenta a problemas para condenar justamente al acusado.
En estos momentos Armin está condenado a 8 años y medio de prisión por asesinato. La Fiscalía Alemana pide para él cadena perpetua mientras que la defensa alega que sólo debe ser condenado por homicidio con el consentimiento de la víctima.

Zacarías

El profesor de Lengua Española que más me marcó se llamaba Zacarías. Era un treintañero de un pueblo de Álava. En mi colegio corría el rumor de que tenía una hija, a pesar de que también tenía votos pero no era sacerdote. Físicamente se parecía a Pérez-Reverte en aquella época, que era corresponsal de guerra en Sarajevo: pelo negro, la misma forma de la cara, gafas de pasta oscura, alto y delgado, con una voz perfecta.
Fue el primero que me llamó, el día de mi cumpleaños, republicana. Fue el primero que me riñó por empezar a fumar. Fue quien me regaló aquel libro de La fortaleza que nunca hubiera cogido de la biblioteca ni me hubiera leído si él no me lo hubiera regalado, un libro que trataba sobre la fuerza de voluntad de un tullido en una tribu de la Edad de Bronce, un tullido que sin ser sacrificado al nacer llega, por su fortaleza interior, a ser uno de los personajes más importantes de su tribu, se convierte en una especie de ingeniero y constructor que, gracias a su inteligencia, provee a sus congéneres de unas defensas contra los enemigos que venían por mar.
Zacarías nos hacía exámenes día sí y día también. El libro de Lengua Española apenas lo usábamos, él no se guiaba por libros de texto, sino que seguía sus propias normas. Había varios tipos de exámenes: ortografía y dictados, análisis sintácticos de oraciones, vocabulario y verbos.
Nunca estudiaba Lengua Española. Recuerdo a una compañera interna con el libro de texto en las manos estudiando de ahí ortografía. Laura me decía: "¿No estudias Lengua?". Yo le decía que no, que eso no se estudiaba, sino que se sabía. Ella se quedaba sorprendida, pero mucho más cuando mis exámenes de ortografía no tenían fallos, o uno a lo sumo.
También me parecía una pérdida de tiempo estudiar una lista inmensa de palabras de vocabulario con varias acepciones que nosotros debíamos buscar. La nota me compensaba con la ortografía y los verbos, así que mis 2 continuos en los exámenes de vocabulario donde me inventaba las definiciones chocaban con el resto de exámenes. Un día Zacarías me echó una bronca inmensa delante de toda la clase: "Como vuelvas a sacar un 2 en un examen de vocabulario te suspendo la asignatura entera". Él como yo sabíamos que no lo tocaba ni estudiaba así que empecé a meterme en la mollera todos esos conceptos que para mí carecían de significado cuando no tenían un contexto al lado. No volví a suspender un examen de vocabulario.
Los exámenes de sintaxis me parecían un juego, tanto que cogí el gustillo de salir a la pizarra a menudo siempre que pedía voluntarios. Pocas veces cometía fallos porque era la parte que más me gustaba. Un día Zacarías dejó de pedir voluntarios y empezó a sacar a la pizarra a dedo. Aun así, desde mi sitio levantaba la mano y corregía las frases, fuera quien fuera la persona que estuviera en la pizarra.
Los exámenes de verbos eran tan simples que consiguió que me los repasara de nuevo, aunque me los sabía. Pero el pavor ante sacar un 5, o incluso peor un 0, hizo que me repasara de nuevo los tiempos perfectos y el Subjuntivo. Y sí, eran tan simples esos exámenes que siempre saqué 10. Si cometías un fallo te ponía 5, con dos fallos un 0. Así que la gente se lo tomaba en serio. Nunca cometí un fallo a la hora de escribir un tiempo verbal.
Zacarías nos repartía los exámenes corregidos y pasaba lista para que le diéramos la nota. La mayoría de las veces recordaba perfectamente lo que sacábamos. Una compañera de clase cometió una estupidez al decir que tenía un 10 en vez de un 0 en un examen de verbos, lo que le valió suspender la asignatura durante dos evaluaciones. Y es que a Zaca era difícil pegársela. Después de darle las notas aquel día se empezó a pasear por la clase, llegó al sitio de Marta y le pidió el examen.
Zacarías no volvería a darme clase hasta el último curso en mi colegio, de Historia Universal. Para entonces nos llevábamos genial.
Y es que Zaca, aparte de ser profesor de Lengua e Historia, tenía otro cometido en mi colegio: era el encargado de repartir los castigos. A mí al principio los castigos me acojonaban sobremanera, pero cuando vi de qué se trataban me empezó a entrar la risa. Si Zaca te decía: "El viernes a mi despacho" era obligatorio ir. Así que después de la comida del último día de la semana dentro del colegio la fila frente al despacho de Zacarías era inmensa. Repartía tareas a diestro y siniestro. Esas tareas consistían en barrer el colegio. Estaba bien ver cómo a las 4 de la tarde, escoba en mano, medio colegio estaba barriendo los patios, las clases, los pasillos... Debo reconocer que me he barrido, gracias a mi profesor de Lengua, todo el colegio.
Durante todo un curso tuve un castigo indefinido que me lo salté a la torera. En vez de ir a buscar a Zacarías después de comer cada viernes, me acostumbré a ir a buscarle una hora después, cuando estaba tomando café con otros profesores y, por supuesto, iba a buscarle allí donde tenían una sala bien ornamentada. Alguna vez me invitaron a tomar café con ellos, aunque siempre decliné la invitación. La mayor parte de las veces Zaca me decía que ya no le quedaban sitios para barrer, que me fuera del colegio antes de que cambiara de opinión.
Por supuesto, siempre iba a por mi castigo porque Zaca tenía una lista con los que había castigado y no podías lavarte las manos porque podía ser peor.
Hay un único castigo que recuerdo a la perfección y fue otro profesor quien me mandó hacerlo, junto con un compañero de mi clase. Lo recuerdo porque tuve dolor de riñones y espalda durante mucho tiempo. Aquel día, en vez de barrer, nos mandaron recoger las hojas secas del césped. No las recogimos todas, y cuando el profesor vio que era suficiente castigo, nos dejó marchar.
Casualmente casi todos los castigados éramos internos. Zacarías me castigaba hasta por no comer pescado o membrillo. Cualquier causa justificaba el hecho de aparecer en su despacho cada viernes. Pero sobre todo me castigaba, junto a muchos internos más, por escabullirnos entre los árboles a robar fruta: manzanas, cerezas, higos, melocotones... Allí había de todo según la época del año. Y es que en el internado se pasaba hambre. Es extraño que una vez el director nos pillara a Rebeca y a mí cogiendo higos y que no nos dijera nada sino que se limitara a sonreír con picardía, en plan: "Si estuviera en vuestro lugar también haría lo mismo".
Las últimas noticias que tengo de Zacarías son que estaba en Zaragoza. En agosto de 2004 le escribí una postal desde Köln y me respondió a casa contándome un poco su vida. Supongo que seguirá allí.
Le tengo mogollón de cariño.

"Piratas del Caribe 2: El cofre del hombre muerto"


Hacía muchísimo tiempo que no iba al cine. Anoche tocó de nuevo. Por la comodidad y como íbamos en coche elegimos Vialia. La película: "Piratas del Caribe 2".
No sé quién me comentó que estaba mejor la primera. Personalmente prefiero esta, que veo mejor lograda que la primera, con más originalidad e incluso con la introducción de un animal mitológico que surca los mares: el Kraken.
Esta vez Will Turner y Jack Sparrow se enfrentan a un pirata maldito, el capitán Davey Jones, que no tiene corazón; buscan el cofre que lo guarda. La manera de hablar de este capitán es grotesca, mientras a cada palabra suya los tentáculos con los que está recubierto van moviéndose al compás. Pero el capitán más temido de los mares y que ejerce un control férreo sobre las aguas es peligroso pues también dirige un animal mitológico que parte navíos por la mitad.
Aparece una vidente negra que da muchas claves a lo largo de la película. Lo peor es el final, un final que queda abierto a una tercera parte, con la aparición del capitán Barbossa (que ya salía en "La maldición de la perla negra").

jueves, agosto 24, 2006

Caminando a la deriva

A una semana del comienzo de exámenes me encuentro caminando a la deriva. Al menos no pienso en mucho más. A veces me acuerdo de ciertas cosas que hoy todavía podrían derrumbar mi mundo. A veces leo sin leer porque no quiero que ciertas palabras me afecten, pero lo hacen, quizás sin querer.
No volvería atrás. Lamento lo que no fue, pero me alegra de que las cosas no hayan sido de otra manera.
En estos momentos puedo volar y, aunque de vez en cuando me cueste sonreír, me doy cuenta de que es mejor así. Quizás por eso sonrío.
A veces me duele por dentro, la tristeza anida en mí, pero no es más que un recuerdo que terminará destinado a ser una ilusión simplemente, un sueño irrecuperable.
Hoy soy algo más feliz que ayer. No sé por qué, pero así es. Veo lo que quiero ver, oigo lo que quiero oír, hablo con quien quiero hablar, digo menos de lo que podría decir... y observo y me hundo en un silencio apabullante.
Y a veces, aunque vuelvan a sangrar las viejas heridas no duelen tanto como entonces, pues sé que están curando. Y eso es bueno. Porque me siento un poco más mía, quizás me dé miedo acercarme a alguien, pero al menos sabré que sólo es resultado de lo que mi cabeza quiere que haga. Y aunque a veces mire para atrás sólo veo gente que va desapareciendo poco a poco pues todo lo que dijeron e hicieron hace un tiempo ya se fue mucho antes.
Hoy por hoy sólo me queda esperar. He cerrado los ojos ante todo aquello que puede herirme y no creo que los abra en mucho tiempo. Yo ya me fui hace mucho.
Ahora entiendo que no tenga ganas de hablar ni de escribir, realmente es que no quiero decir nada, no porque no tenga nada que decir, es que no quiero contar nada.
Mientras tanto esta próxima semana mantendré ocupada mi cabeza en otros menesteres que no me dejarán pensar en nada más. A medida que pasan los días me fortalezco, pero también soy más dura si cabe, pues cada vez las cosas me afectan menos, aunque estén próximas a mí. Es como si simplemente fuera mera espectadora de lo que es mi vida en estos momentos. Y esto nadie más que yo puede llegar a entenderlo.
¿Para qué voy a estar en sitios donde no quiero estar? ¿Para qué voy a leer cosas que no quiero leer? ¿Para qué voy a hablar con gente con la que no quiero hablar? ¿Para qué voy a reír sin ganas? Ahora... sólo quiero estar sola.

"Sleepy Hollow"


Nueva York, 1799.
Un joven investigador de la policía (Johnny Deep) se queja de las malas condiciones de los presos de las cárceles neoyorkinas, alegando que se cometen muchas injusticias y ni siquiera hacen las comprobaciones necesarias. Sin poder enfrentarse al poder, el juez le manda a una villa perdida donde se han cometido varios asesinatos de las mismas características: Sleepy Hollow.
Allí se aloja en la casa del terrateniente Van Tassel y se enamora de su hija Katrina (Christina Ricci). Todos los cadáveres tienen cercenada la cabeza, que el asesino se lleva a un lugar incierto.
Los más altos dignatarios de Sleepy Hollow le cuentan una historia fantástica que en un principio el investigador no se cree: se trata del jinete sin cabeza, el fantasma de un germano salido de la tumba para cometer esas atrocidades, al que es imposible dar muerte.
El policía descubre que esos crímenes no se hacen al azar, sino que alguien guía al germano sobre la pista de su próxima víctima, porque alguien le ha robado la cabeza.
He visto muchas películas de Tim Burton. De entre todas me quedo con "Sleepy Hollow". Me ha encantado.

miércoles, agosto 23, 2006

Síndrome premenstrual

Tengo claro que mi malestar tanto físico como emocional sólo puede ser debido a que dentro de pocos días llegarán los pintores, espero que cuanto antes.
Desde el sábado que me tuve que ir a casa por unos dolores en el estómago que me impedían seguir bebiendo más alcohol hasta hoy que parece que se han atenuado y me duele en momentos puntuales no han parado. Por eso deseo que sea cuanto antes.
Pero el domingo me noté algo raro, inusual. Conozco bastante bien mi cuerpo y después de la ducha me toqué la parte baja de los pechos. Extrañamente estaba dura, en los dos. Al principio me acojoné porque pensé que era un bulto... hasta que me toqué el otro pecho y, después de estar como media hora sobándome, se me fue el miedo. Y me duelen también.
Desde ayer por la tarde me noto bastante más susceptible de lo habitual, todo me altera. Al menos la visita de mi hermano me saca momentos intensos de humor y risas. Estoy de bajón porque he llorado varias veces hoy, y no es algo normal.
Supongo que los pintores llegarán cualquier día de estos. Tampoco nunca antes había tenido un síndome premenstrual tan fuerte como esta vez. Por lo general es algo que ni siquiera noto.

¿Y si no llega...?


Siempre, de una u otra forma, esperamos algo o a alguien. Pero ¿y si no llega nunca?
Yo ya me cansé de esperar.
Tengo mal día.
Debe serlo cuando no tengo ganas de escribir.

"El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo"



La película es mala de por sí. En la mitad ya estaba deseando que acabara. Y las canciones se salen. Me transportaron a los 80 y la famosa "movida".

Exceso de confianza


Supongo que no es por azar cuando optamos por descargar nuestra confianza en alguien. Debo estar últimamente de más de susceptible cuando me veo con ganas de contarle secretillos a una persona.
Y no sé por qué un día decidí confiar. Imagino que se mezclan una serie de factores que a veces no controlamos (o sí).
La confianza no se puede dar a cualquiera. Está claro. Aunque me siento segura de aquellas personas en quienes en un determinado momento deposité mi confianza. Y hoy me veo en la cruda necesidad de guardarme mucho para mí.

Soñando

Esta noche he tenido un sueño demasiado perfecto. Lo recuerdo todo, me he despertado y ha sido imposible que reanudara. Por eso lo recuerdo, parecía demasiado real y he abierto los ojos. Cuando, después, he intentado volver a dormir se me han caido las lágrimas.
No lo voy a contar, no quiero contarlo. He conocido gente que interpretaba muchos de sus sueños como premonitorios aunque yo sé que hay una posibilidad entre un millón (o más) de que esto se llegara a cumplir.
Si esto lo hubiera soñado hace unos meses quizás me hubiera traído una sonrisa. Pero hoy no es el caso. Hoy sólo me produce rabia, y quizás ira.

Lo que tengo claro es que no quiero que se pierda entre las cosas que terminamos olvidando, así que pongo una imagen que me hará evocar lo de esta noche.

Es una parte del sueño, pero bastará.

Prefiero no acordarme de lo que sueño. Es más fácil así. Ahora, al recordar, vuelve a entrarme el pesar :'(

domingo, agosto 20, 2006

Último día

Me da pena que ya se acaben las fiestas. Después de dos años sin aparecer en esta época debo reconocer que las echaba de menos.
Las patatas (con chorizo o con carne) se están repartiendo en estos momentos en la ermita. Estoy segura de que hay una fila inmensa. Como ya está mi gente cogiéndolas yo sólo apareceré en la mesa cuando lleguen. Excepto el año que llovió ésta es la primera vez que comemos las patatas en casa. Igual es mejor porque pasar todo el día en la ermita se hace pesado.
Tengo 150 fotos de estos dos últimos días. La gente de mi pueblo ya sabe en qué parte de internet las voy a colgar. Ayer me tuve que venir antes. Creo que cogí frío en la tripa y me dolía. Ante la insistencia de mis amigas porque no me marchara y tras la aparición de mi hermano y sus amigos, les dije: "Dentro de diez minutos les decís a mis amigas que me he ido a dormir".
Los disfraces fueron de risas. Estaba segura de que nosotras ganaríamos, sin haber visto los anteriores, sólo con las risas que provocamos nada más aparecer y por la originalidad...
A Julián Muñoz (Isa) le picaba el bigote, miraba a Roca (Elena) y me partía el eje, Isabel García Marcos (Marta) quería que acabara todo, y yo como Isabel Yagüe deseaba quitarme los zapatos de tacón.
Nosotras llegamos en coche, repartiendo billetes falsos por allá por donde pasábamos.
El teatrillo también estaba formado por más gente: Mari como Isabel Pantoja, Natalia como Mayte Zaldívar, Virginia y Yoana como reporteras del Tomate, Camille y sus amigos franceses como policías.
Lo pasamos bien, sí. Otro día cuento más. Mientras tanto espero que mi familia no tarde mucho en aparecer con las cazuelas llenas de patatas.

miércoles, agosto 16, 2006

Revisando emails antiguos

Hoy he repasado la bandeja de entrada del correo electrónico. Estaba eliminando cosas. De repente he llegado a unos emails que me han puesto la piel de gallina.
Por un momento he regresado a los umbrales de enero y he recordado cómo exprimía cada una de las palabras escritas en ellos.
Un día esa ola de emails dejó de llegar. En parte, casi que prefiero que se terminaran esas palabras. El último es del 25 de julio :'(

Pet Shop Boys: Se a Vida É (That´s The Way Life Is)

El poder de las estrellas

Al diplomático noruego Charung Gollar le fue encargado presentar ante la ONU un gráfico, mostrando los principales problemas del mundo en el 2004.
Presentó una serie de 8 gráficos titulada "El poder de las estrellas" y fue aplaudido por la simplicidad de la idea. Su trabajo, a pesar de no tener ninguna pretensión, fue presentado para participar en el Premio Nobel de Marketing Político.
Lo más importante es la leyenda de cada bandera. Está en portugués, pero se entiende perfectamente.


Somalia


Brasil


Burkina Fasso


China


Colombia


Angola


Unión Europea


USA

"El sentido de la vida"


No sabría ni por dónde empezar a hablar de esta película. La verdad es que me eché mis carcajadas, como no podía ser de otra manera, viniendo de algo realizado por los Monty Python.
Sí, yo también a veces me pregunto por qué estamos aquí, pero no suelo filosofear con esto. Más bien prefiero pensar que todo lo que nos rodea hay que disfrutarlo como si mañana terminara el mundo, como si cada día fuera único y cada mañana un comienzo.
De esa manera es posible que nos ahorráramos muchas idas de la pinza.
Lo que más me llamó la atención de la película es el momento final, cuando todos los personajes que van apareciendo a lo largo de la película se reúnen allí arriba.
O la maestría de unir el cortometraje inicial de la Aseguradora Crissom en el abordaje pirata con la película en sí.
La aparición de la Muerte, a quien nadie reconoce, es algo elegante también.
O la cuestión del tráfico de órganos: ver a una familia inmensa, donde el padre de familia se queda sin trabajo y debe vender a sus hijos, o los órganos de sus hijos, para poder sobrevivir, tema que se vuelve a tocar en otro momento, cuando dos "médicos" aparecen para extirpar el hígado a un hombre.
Por supuesto, se trata de una parodia genial, es una obra maestra. Creo que veré todas las películas de Monty Python.
De todas formas, esta película tiene algo... No sé, al final te hace pensar sobre muchas cosas. Parodia o no, toca temas bastantes profundos de la vida, aunque los tome desde un sentido humorístico y quizás ridiculizando cosas que realmente nos parecen importantes.

martes, agosto 15, 2006

Sin ganas

Yo no sé por qué últimamente estoy con tan pocas ganas de contar nada ni de escribir, ni siquiera de hablar con nadie. Al menos mi mente no concentra toda su atención en las mismas cosas, aunque en estos momentos la obligaré a que se centre en la cultura teutónica y en la lengua germana.
Después de dos años sin aparecer por fiestas de mi pueblo volveré a sacar el buzo de otros años, naranja y negro (muy feo, por cierto), y descontrolaré por todo lo que no he hecho este verano. Al fin y al cabo estaré con mi gente, a quien conozco desde que tengo uso de razón.
Tengo algo raro en el pc que me deja sin internet después de estar un rato sin teclear. Llevo varios días así y no me hace ninguna gracia. Pero como todo, algún día encontraré el origen y la solución sin necesidad de formatear y/o restaurarlo.
Me voy a divagar. El aire de esta tarde de agosto me irá bien.

domingo, agosto 13, 2006

Dejad que los niños se acerquen a mí

Hace unos años dejé de ir de campamentos. Adoraba el aire que se respiraba en la soledad de la noche, perdida en medio de una montaña. Es algo que echo de menos.
Mis primeras acampadas se remontan a mi colegio donde no me perdía ninguna. Me acostumbré a caminar cuesta arriba, entre piedras, a llevar las marcas del sol en las piernas, a beber menos agua del que mi cuerpo necesitaba.
Así conocí Pancrudo, Valvanera, San Lorenzo, el Aneto y muchas más cumbres cuyos nombres no recuerdo.


Mi primera acampada fue un fin de semana invernal. Estábamos rodeados de una neblina continua. Alrededor sólo se veía verde, no había ningún pueblo cerca, aunque a nuestros oídos llegaban los cantos de los monjes enclaustrados en Valvanera. Sí, nos habían dejado el refugio y a veces veíamos algún hábito entre esas nubes grises.
Me acuerdo de aquellos cola-caos calientes al aire libre, a pesar del frío. Nos despejaban inevitablemente.
Aquella acampada fue la que más me marcó. Quizás porque me convertí en la niña bonita y preferida del director de mi colegio, con el que, sin conocerle, empecé un contacto que perdudaría durante muchos años. Un día dejó los hábitos y se casó. Me escribió una carta para contármelo.
En aquella primera acampada, todos mis compañeros de curso fueron con alcohol en las mochilas. No quise participar en su fiestecilla. A pesar de que me insistieron en que TODOS beberían en la acampada dije a tiempo que no. Y sí, todos excepto yo, se fueron al río tras la cena ese primer día.
Me dijeron que fuera. Una luz se encendió en mi interior. Claro que quería irme con ellos, pero yo no iba a una acampada a beber alcohol, para eso me quedo en casa. Les dije por última vez que no. ¡Qué sensatez la de entonces!
Estuve durante horas con varios monitores y alumnos de otros cursos mientras el director tocaba la guitarra. Los de mi curso no aparecían, aunque se oían sus voces y risas a lo lejos.
Chemi me hizo una señal y me dijo que le acompañara. Sabía lo que me iba a preguntar y yo no soy una chivata, así que fui con bastante miedo. Me cogió por los hombros mientras me guiaba al oscuro pasillo enclaustrado del monasterio de Valvanera, al resguardo de la fría brisa nocturna. Me preguntó por mi gente, me pidió que le dijera qué estaban haciendo los de mi curso. Me encogí de hombros y le contesté que no lo sabía.
-"Ana, una persona como tú, que tiene tratos hasta con el diablo, sabe lo que están haciendo sus compañeros de curso; nos imaginamos que están bebiendo alcohol, quiero que me lo verifiques y tienes mi palabra de que no saldrá de aquí".
Era verdad. Yo no podía negar que me llevaba bien con todo el mundo, que era imposible que no me hubieran dicho nada y, evidentemente, sabía lo que hacían en ese preciso momento. Le respondí que me daba miedo contestar, que no quería que me señalaran, que si lo tenían tan claro no hacía falta que me preguntaran a mí y que para corroborarlo sólo tenían que caminar hasta el río, donde tendrían la respuesta a lo que querían saber.
Chemi me dijo que entendía perfectamente mi reacción y ese afán por proteger a mis compañeros de clase, y de curso, y me dio una especie de ultimátum: "Dime sí o no. ¿Están bebiendo?". Mi respuesta fue afirmativa. No podía negar la evidencia y sobre todo no podía mentir.
Me animó a que me tranquilizara, que eso no saldría de allí. Sentí una culpabilidad inmensa, me sentía como una traidora. Pero esta gente sabe cómo tratar a los adolescentes.
Cuando volvimos al grupo, Chemi hizo una seña al director. Éste dejó la guitarra en manos de una alumna de un curso superior y me alentó a seguirle. Volvimos al pasillo enclaustrado. Le lloré. Le dije que estaba traicionando a la gente de mi curso. Mariano, siempre con aquella voz melodiosa de ánimo, me tranquilizó. Es una de las pocas personas que he conocido que sepan utilizar las palabras adecuadas en cada momento. Él sabía hacerlo. Nunca castigaba, como otros profesores o el director anterior, pero lo que decía llegaba dentro y eso hacía que todo el mundo le respetara.
Mariano me dijo que no debía preocuparme, que era una nimiedad, que no había nada grave en lo que yo estaba haciendo, sino que los que pecaban eran los que estaban en el río. Y de repente me preguntó por qué no había ido con ellos. Mi ética no me había dejado, estaba claro. Pero con 15 años no se habla de ética y moral. Le contesté que no me parecía bien ir a una acampada a beber alcohol, que para eso no hubiera ido. Que me habían insistido y que era posible que me vieran como un bicho raro por no compartir esos momentos de ebriedad con ellos, pero que prefería ser un bicho raro a hacer algo que no quería hacer. Sí, con 15 años ya me marcaba unos límites.
Desde entonces estuve protegida no sólo por el director sino por muchos profesores de mi colegio. Evidentemente Mariano se lo había contado.
Cuando los de mi curso llegaron del río, el director, en medio de la velada, dijo varias cosas, entre ellas que estaba muy disgustado con lo que habían hecho ciertas personas ese primer día. Su discurso fue extenso pero profundo. A mí me llegó dentro sin haber hecho nada. Y me hizo pensar: "¿Qué hubiera pasado si hubiese optado por lo contrario?"
Evidentemente el hecho de que hubieran estado bebiendo alcohol lo iban a descubrir, pues muchos se levantaron en medio de la noche al cuarto de baño a expulsar lo que llevaban dentro y que parecía que no les había sentado muy bien.
Recuerdo muchos más campamentos de mi colegio, pero no quiero seguir hablando de ellos. Aunque he de decir que estar a 400 metros de la cima del Aneto no es algo que se haga todos los días. Y no nos dejaron tocar la punta porque había hielo y no querían correr el riesgo de que alguno resbalara. Aquel verano fue genial.


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Después llegaron otras acampadas, totalmente diferentes. Ya no iba como alumna sino como monitora. Iba con niños. A pesar de mi poca paciencia para muchas cosas los niños me hacen sonreír, con ellos soy paciente como la que más. Será que me encanta hablarles, estar con ellos, reírme.
Después de varios años con mi colegio estaba hecha para caminar por montañas y estas acampadas eran demasiado suaves en comparación con las que yo había hecho años antes. Además la gozaba.
El caso es que montar una tienda de campaña me parecía demasiado fácil, crear una gymkana era algo que hacía con los ojos cerrados, nunca aprendí a tocar la guitarra (pero para eso ya estaban mis amigas) y descubrí algo: me gustaba contar historias. Aunque pueda parecer extraño los niños me prestaban atención.
Recuerdo todas esas caritas expectantes mirándome, esas caritas a las que guardo especial cariño.
Me viene a la mente esa imagen del pequeño Luis que iba corriendo a través del cortafuegos por donde descendíamos ya al campamento cuando se cortó en la pierna. No me quedó otra, no podía dejarle allí y no soy muy fuerte pero Luisito no pesaba nada. Le cogí a cuscús y le llevé hasta el campamento.
Me acuerdo de Rodrigo, que se meaba por las noches y todos se reían de él. Todas las mañanas le pedía su saco y se lo abría completamente para que se ventilara mientras estábamos fuera. Recuerdo sus palabras, aquellas que me llegaron al alma: "Estoy solo y ahora sin amigos". Le cogí de los hombros, al igual que Chemi me hizo a mí años antes, y le animé. Un rato después se perfilaba una sonrisa en sus labios.
Hablé con el resto de los niños. Les dije que ni se les ocurriera reírse de Rodrigo. Me respetaban y delante de mí no vi una burla más.
Rodrigo, ya crecido, cada vez que me ve me saluda con cariño. Sonríe. Me ve como su protectora y es posible que sienta admiración por mí, por defenderle y ponerme de su parte.
Los niños son crueles con los defectos ajenos, pero yo sabía cómo tratarles.
Recuerdo al colombiano, que era más alto que yo. Tengo una foto haciendo Kick-Boxing con él. La verdad es que le tengo cogido con los brazos y no me llegaban a rodearle entero. Y además tenía más fuerza que yo.
Recuerdo a Laurita que vino de sabionda "yo he estado en acampadas y esto es una mierda". Me sacaba de quicio. Pero a los niños hay que saber tratarles y eso se me daba bien. Tuve una conversación con ella. Ahora me cae bien. Bueno, es la prima de Marta, tampoco podía ser cruel con ella. Le dije a Marta que hablara con ella, que su actitud era negativa para el grupo. Pero al final fue mi palabra la que la paró los pies.
Y recuerdo la "revolución de los huevos" donde apareció una docena (o dos) de huevos en el suelo. Nadie los había roto. Mis amigas no sabían qué hacer y cómo sacar al culpable. No lo sacamos, de hecho. Salí de la tienda y les dije que se pusieran en fila:
-"Bien, si en media hora no sale el que haya roto los huevos, nos vamos a casa".
-"¿Andando?"
-"Sí, andando, sólo son 7 kilómetros. Es un castigo razonable. Y siento que paguen justos por pecadores".
No salió. Así que les obligué a recoger sus cosas para preparar la marcha a casa. Pero había un problema. Mi hermano pequeño también estaba allí. Piensa como yo y sabía que me estaba tirando un farol. Salió de su tienda y dijo: "No le hagáis caso, que sólo quiere que hagamos las mochilas para deshacerlas después".
No lo pude evitar. Me eché a reír a carcajadas. El enfado de los huevos se pasó. Y ellos cogieron sus esterillas y los cubiertos de metal que pillaron a mano y empezaron a golpear y cantar: "¡¡¡No nos marchamos!!! ¡¡¡No nos marchamos!!!"
Recuerdo cuando le cogimos el coche al cura y fuimos a nuestro pueblo. Nunca había conducido su Citroën Saxo antes, pero tenía buenos amortiguadores en los baches, y el camino a nuestro pueblo estaba lleno de agujeros.
En fin, ¡qué buenos recuerdos! Lástima que ese cura corrupto un verano decidiera hacer el Camino de Santiago con mamis incluidas y le saltara a la cara: "Si van las madres nosotras no pintamos nada, conmigo no cuentes". Y ya no volvimos a llevar a los niños al monte ni volvimos a repetir.
Sí que lo pasábamos bien, sí.

sábado, agosto 12, 2006

Cuando miras atrás...


Cuando vuelvo la vista atrás y vuelven a aparecer en mi mente las conversaciones de hace unos meses me entra la nostalgia. Ya no es ese sentimiento de dolor por el que pasé en un determinado momento de este verano; sí es cierto que a veces sigue doliendo algo y se me cae una lagrimilla. Aunque ahora es diferente.
Soy consciente de que algo se ha perdido, era inevitable que pasara, aunque lo hubiéramos querido de otra forma.
Cuando miro hacia atrás todavía hay días en que se me encoge el corazón, en que empiezo a dar vueltas a todo y en que intento no pensar. Esos momentos van desapareciendo cada día un poco más.
Ahora sonrío más. Pienso en más cosas.
Al final, aunque se haya perdido parte de esa complicidad, siguen quedando otras cosas como la confianza, la amistad y quizás algo más. Y espero que eso no se pierda nunca.

Si no fuera por la crucifixión este país sería un desmadre


Gran parodia.
La verdad es que no pensaba que me iba a reír tanto, pero así ha sido.
Creo que la volveré a ver muy pronto.
Ahora ya sé qué es el FPJ y el FJP y no, no soy una DISIDENTE.

Si luego tengo ganas de escribir sobre la película lo haré, aunque me da que se va a quedar así.

Dedicatorias especiales

Todo empezó anoche cuando una persona, viendo mi avatar (ese del muñeco rabioso de mala hostia con un 6 taladrado en medio de la frente), pensó que alguien me había quitado mi messenger. Recuerdo que dije que no, que yo no era quien pensaba, que era una coincidencia nada más que hubiera puesto ese avatar en el messenger en ese preciso momento.
Las preguntas se sucedieron pero nada convencía a mi interlocutor. Entiendo que en este mundo se tienda a desconfiar de la gente y me puse en su lugar. Intenté de mil maneras diferentes demostrarle que era la misma persona que hace una semana, tres meses, dos años.
Y se me ocurrió una idea. Sé que nunca había visto mi letra ni nunca me había visto un dibujo, realizado en menos de un minuto, pero serviría para darle credibilidad de que era yo misma usando mi messenger.


Su respuesta fue: "Te creo, porque no me imagino a ninguno de Ogame dibujando una flor". Yo tampoco me los imagino, la verdad.

Y hoy me ha dado una sorpresa. Me ha hecho una dedicatoria él también. Me ha encantado :)

Cuelgo esta foto nada más.
Hay cosas que siempre te sacan una sonrisa. Ésta es una de ellas. Gracias Pim :*

martes, agosto 08, 2006

Momentos de placer

Tiempo ha que no escribía cierto tipo de historias.
Los 40 minutos de después se me han pasado volando. ¿Por qué será?
Se dice pronto... 40 minutos... El caso es que me se han pasado volando. Han sido placenteros a tope. Voy a subir una canción o algo porque no quiero llenar esto de palabras lujuriosas, no vaya a ser que tenga que volver al cuarto oscuro otros 40 minutos. Vaya, que no me importa.

Slipknot: Iowa

lunes, agosto 07, 2006

He caído rendida ante la magia de V


Vendetta, o venganza, un ser enigmático entre tantos otros. Un Edmundo Dantés futurístico que revoluciona a toda una nación. Un dios justo respaldado por el pueblo.
El se tomó la justicia por su mano porque la justicia del Gobierno no era la más justa, ni lo fue en el pasado con él.
Todo comienza un 5 de noviembre y todo acaba un 5 de noviembre posterior.
V conoce a Evey (Natalie Portman) y la convence de unos ideales justos, pero sobre todo le quita sus miedos.
Ella era la última pieza.
¡Cómo me ha gustado que saltara por los aires el Big Ben! Joder, joder. Casi como cuando la Casa Blanca es atacada por un O.V.N.I. en "Independence Day".
La gente no debe estar temerosa de sus gobiernos.
Los gobiernos deben ser temerosos de su gente.
No quiero destripar la película, como he hecho con otras. Buscaré el cómic de V.
Mi libro preferido es El conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Algún día hablaré de este libro. Siempre lo aconsejo. Es la historia de una venganza, más o menos como la de Vendetta. He visto algunas de las películas que se hicieron. Pero no se pueden equiparar al libro. Edmundo Dantés, injustamente encarcelado en la isla de If, pasó muchos años maquillando su venganza. Un día logró escapar y encontró un tesoro que alguien que tenían por loco le había legado.
Cuando vuelve a Marsella y a París sólo la que durante unas horas fuera su esposa antes de que le hicieran prisionero le reconoce: Mercedes. Con sangre fría, el conde de Montecristo, un acaudalado caballero cuyo nombre no sonaba antes, comienza a aparecer en todas las fiestas de sociedad. Y se venga de todos aquellos que le enterraron durante tantos años en la cárcel de If, de donde se decía que nadie conseguía escapar. La venganza puede ser terrible, nunca mejor dicho. Pero otro día, que el libro es amplio.

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos

Un día te das cuenta que ya no duele el dolor. Un día te das cuenta de que puedes volver a sonreír. Un día te das cuenta de que eres capaz de volver a volar.
Y eso es motivo de felicidad, no una felicidad plena. Pero te dibuja una sonrisa que alegra tu rostro, ennegrecido por el sufrimiento interior.
Hace un tiempo sentí el vacío y la pérdida. Fue desgarrador. Pasé momentos muy tristes, un día dejé de llorar porque se me habían acabado las lágrimas. Pero recompuse todo lo que alguien hizo trizas.
Ya no necesito a aquella persona que me hacía sonreír hace unos meses porque han aparecido otras personas que la eclipsan, que no sólo me han devuelto la sonrisa sino que me han hecho reír a carcajadas.
Ya no siento nada. El encoñamiento se fue, como se difuminaron las palabras, hoy en el olvido ya.
Llega un momento en que te das cuenta de que todo tiene un punto final, comienzan nuevas historias, conoces a gente nueva, disfrutas con otras cosas.
Ya no te preguntas: ¿Qué estará haciendo? ¿En qué pensará? Ahora no te importan las respuestas sino que sigues tu camino, mirando hacia el horizonte. Prefieres no mirar atrás, y lo consigues, vaya que sí.
No quiero que me adoren, prefiero que me insulten, -dije a alguien hace poco. Y se reía. No, no quiero palabras que embellezcan mi mundo, pues las palabras dichas crean ilusiones erróneas que con el tiempo se terminan esfumando.
No puedo creer. Ahora sonrío, me es todo indiferente. Expando mis alas hacia otros horizontes cargados de esperanza. Pero sonrío. Yo misma lo decidí así.
Hace tiempo que me di cuenta de la pérdida y el vacío. Cuando la asumes dejas de sentirte mal. Sí, me daba cuenta de lo que perdía, pero un día levanté la cabeza y miré al cielo. Después de la oscuridad, la luz del sol era una dosis de energía que resplandecía en mí.
Estoy cargada de energía positiva. Un día el dolor deja de doler y ya te da igual porque no quieres mirar atrás. Si miras atrás te entra la nostalgia, pero ya no quiero mirar atrás.
Lo más importante es que ahora sonrío.

sábado, agosto 05, 2006

Ya lo sabía

Sabía que en días como en el de hoy volvería a caer en el vacío.

Y de repente el silencio.
Es demasiado doloroso ya. Si me quiero marchar es por algo, nadie lo sabe mejor que yo.
El dolor es demasiado destructivo.

viernes, agosto 04, 2006

Descubriendo otros mundos

En mi vida hay muchos mundos. Puedo presumir de ser una persona sociable y extrovertida. Soy muy amiga de mis amigos. Mis colegas, los de verdad, los de mi tierra, me adoran sin excepciones, me quieren y me protegen.
En mi familia soy la única hija de varias generaciones patriarcales y varoniles, por lo tanto en el nido familiar un abrazo mío es deseado y esperado, ya por el simple hecho de pasarme fuera durante tanto tiempo seguido.
Mi gente, la gente que conocí y conozco tanto en Salamanca como en otras ciudades, me admira. No sé, no hago nada para caer bien, pero noto a mi alrededor que me aprecian.
Esa es la vida real.
Hay otro mundo, donde he hecho muy buenas migas con ciertas personas. Un día alguien te hace llorar, quizás roza la decepción o simplemente te produce amargura. Sí, a veces el tacto es importante a la hora de decir las cosas. A veces no nos damos cuenta de que para sonreír hacemos llorar a otras personas. Quizás es sin darnos cuenta, pero es así. Un día me cansé de preocuparme por los mundos de internet. Yo nunca debí conocer PutaLocura ni otros antros de perdición. Igual es que me he cansado, como me he cansado de todo.
Es posible que mañana no escriba aquí porque no quiero dar más de mí. Hay gente que me ha demostrado que no se merece nada de mí. Creo simplemente que peco de muchas cosas, sobre todo de tener un gran corazón. Debería ser una arpía, pero no sale de mí.
Un día mueres porque la daga es demasiado profunda como para recuperarte del golpe. Y un día dices adiós a todo. Siempre hay un final. Yo no pertenezco a este mundo.
Mi mundo, el que nadie conoce, es demasiado bello y mágico para describirlo por aquí. Quizás algún día lo haga. De momento me quedo con éste porque ahí nada puede producir llagas ni manchas que perdurarán para siempre. Lástima que este mundo tan perfecto no pueda compartirlo con nadie.
Estoy harta, pero sobre todo estoy demasiado cansada para seguir.

jueves, agosto 03, 2006

Cerrando los ojos


Me estoy meciendo entre las olas. Debería haber nacido al lado del mar, en una isla paradisíaca donde los brazos del turismo no lleguen nunca. Me gustaría estar rodeada de palmeras, arena, sol y agua.
Me estoy meciendo y nadie puede alterarme en estos instantes. Me balanceo sin pensar en nada más.
Quiero dormir y, aunque cierro los ojos a menudo, no consigo atravesar la barrera hacia ese mundo de los sueños. Por las noches me cuesta dormir tanto que me temo.
No tengo ganas de escribir. Sólo quiero cerrar los ojos mientras al fondo suena esa balada al piano.

miércoles, agosto 02, 2006

Detalles...


A veces hay detalles capaces de dejarte sin respiración.
Otras son demasiado sorprendentes para sacarte una lagrimilla.
Y hay veces donde los detalles son tan imprevisibles e inesperados que ansías que vuelvan a ocurrir.
Hay detalles pequeños que suponen un mundo entero.
Y hay grandes detalles que te sacan grandes sonrisas.
Pero los detalles más importantes... ésos son los que nunca llegan, por mucho que los esperes. Y esos detalles... son los que más adentro llegan.
Sí, los detalles hay que valorarlos, pero no tanto como para esperar aquellos que jamás llegan y te hacen que los eches de menos.

Ana se va de compras

Llevo una mañana en la que no he parado quieta ni un momento -bueno, ahora sí-. No es bueno ir con mucho dinero en el bolsillo por el peligro de fundirlo en cuestión de minutos. Yo llevaba bastante pero por ser principio de mes ese dinero estaba destinado a pagar el piso. Cuando me ha visto Raúl, el casero, me ha hecho una caricia en el brazo. Yo no sé por qué se toma tantas confianzas, pues nunca se las he dado. Llevaba unas inmensas gafas oscuras que le tapaban los ojos así que no estoy segura de que haya mirado mi escote o no. Yo creo que sí.
Es que todo el mundo últimamente me mira el escote. Es verano y hace calor. Lógicamente no voy a ir tapada con recatos y remilgos. Se me veía el canalillo, que tengo morenote, pero que se vea un poco en esta época es algo normal.
La primera tienda donde me he parado frente al escaparate era una óptica. Me han encantado unas gafas de sol inmensas. Pero no he querido entrar porque, conociéndome, hubiera sido capaz de decir que me miraran los ojos a ver si me ha crecido el número de dioptrías. Y me hubieran comido la cabeza para comprarme otras gafas que usaré en contadas ocasiones. Es lo que tiene contar con miopía sólo en el ojo derecho mientras el izquierdo ve a la perfección.
Enfrente había una tienda de televisores. Me he quedado anonadada con las grandes pantallas de plasma, las grabadoras de dvd´s, los iPod y toda la parafernalia que allí se exhibía. Y he visto algo que quiero desde hace mucho tiempo y que realmente no necesito: un reproductor de dvd´s y divX, pero lo he pensado bien y seguiré viendo las películas en el ordenador.
Bien, he decidido volver a casa tras las tentaciones de muchas boutiques en segundas rebajas (Saldi ponía en Roma), pero ha llegado un momento en que no he aguantado. Me he comprado la tostadora que me dio pereza comprar hace unas semanas. Cuando me ha empezado a enseñar la más barata que haría carambola en mi cocina y mientras hablaba la señora explicándome el funcionamiento, le he señalado la que yo quería: "Quiero ésta". Una tostadora plateada que brillará en la encimera de mármol como los chorros del oro. No he ido a por la más cara, simplemente a aquélla que va más con mi estilo. Cuando me iba a marchar le he preguntado dónde podía encontrar un determinado objeto y me ha empezado a hacer un plano para llegar a una ferretería que no estaba muy lejos. Le he dejado la tostadora allí para volver a recogerla después y he ido a buscar tan ansiado objeto.
Con la cantidad inagotable de bolsos y cinturones que tengo he pensado que lo mejor para tenerlos ordenados y como motivo de decoración en mi casa era un perchero de pie, de estos que tienen forma de árbol. Así que me he dirigido a la ferretería. Estaba llena de gente con canas. Pensaba que no me iban a atender pues los personajes que estaban tras los mostradores tenían también muchas arrugas. De repente, un morenazo que bien podría tener mi edad se ha fijado en mí. Tras las cristaleras había otro joven que no me quitaba ojo. El morenazo, encantador por cierto, ha dirigido su mirada hacia mi escote. Y he bajado los ojos a ver si tenía algo raro, pero no, estaban bien colocadas.
El joven me ha cedido el paso para salir de la tienda. Al lado de la ferretería tenían una exposición de muebles de oficina. Allí seguía mirándome más la camiseta, negra y ¿lisa?, mientras me mostraba los percheros. Le he dicho que lo quería rojo, pero no lo había en ese color, así que he elegido el azul. Pero después de pagarle y darle mi dirección inconscientemente para que esta tarde me lo trajera a casa, le he dicho que también quería una silla de ruedas (el pouf me está matando, sobre todo a la hora de levantarme). He escogido la negra. Como no tenía dinero en metálico para pagar le he dicho que me iba a Caja Duero y que volvería en breves.
Al regresar a la tienda no estaba el morenazo, pero ha salido el otro joven a atenderme. Le he pedido que apuntara bien la dirección, y de paso el teléfono, porque no estaba segura de haberla dado bien anteriormente; puesto que me he cambiado de piso hace poco tiempo y se la he dado inconscientemente es posible que le haya dicho 2ºA en vez de 2ºB. El joven ha sido muy amable. También me miraba el escote a la vez que hablaba conmigo.
Salía de la tienda cuando me he quedado mirando mi camiseta. Dejaba entrever algo del canalillo, pero cosa normal, no voy por ahí provocando. Sé que cualquiera que me mire puede imaginarse lo que hay debajo. El caso es que a mí me parece de mala educación hablar con una persona y que desvíe su mirada hacia otra parte. Les hubiera arrancado los ojos a todos...
Al final me he dado media vuelta y he empezado a caminar hacia mi casa, pasando primero a recoger mi tostadora nueva. He pasado por la que fuera casa de Unamuno, por el palacio de Monterrey -propiedad de la duquesa de Alba-... He pensado en que debía comprar el pan, así que he entrado en una confitería de la Rúa Mayor donde hacen un pan exquisito. Delante de mí había una chica joven, me he fijado en su cabello liso que tenía una gran cantidad de canas. Cuando llegue a los 30 tendrá el pelo casi blanco.
Tras coger mi barra de pan de leña me he acordado de que tenía que comprarme también una tarrina de cd´s, me he acordado porque he pasado junto a una tienda de informática. Tras comprarla le he empezado a explicar a la chica, muy simpática por cierto, al menos ella me miraba a la cara: "Me gustaría que me enseñaras una tableta de estas para dibujar y que van conectadas al pc por usb, es que no recuerdo cómo se llama". Ella me ha entendido perfectamente, pero no tenía ninguna en ese momento ni un catálogo para enseñarme, aunque sí me ha dicho el precio y que para la próxima semana tendrían. Así que le he dicho que en unos días volvería a pasarme.
Creo que después sólo tenía ganas de llegar a casa.
Esta tarde vienen los chicos de la ferretería. Soy capaz de atenderles en sujetador o algo, al menos para que tengan una excusa para mirar. Pero mejor será que no me descontrole.

No hay tregua

Barricada: No hay tregua



Y no sé por qué me he levantado con tantas ganas de escuchar esta canción. Supongo que por esa estrofa que tanto me gustaba y que dice:

Anónimo luchador
Nunca tendrán las armas la razón
Pero cuando se aprende a llorar por algo
También se aprende a defenderlo.


Hace mucho que no la escucho. Recuerdo momentos inolvidables de otras veces que la he escuchado, que se me quedaron grabados para siempre. Recuerdo que sonaba en el coche de un amigo mientras volvíamos de fiestas de un pueblo, y que íbamos comiendo unas manzanas que acabábamos de coger de un árbol. Recuerdo estar tomándome unas cervezas kilométricas en un bar heavy de Lleida mientras me fijaba en los dibujos de las paredes. Recuerdo mirar a una persona en el Bataclán mientras esa persona, a lo lejos, cruzaba sus ojos con los míos. Recuerdo aquellos años en el Aldo donde éste la ponía todos los días. Recuerdo liarme un peta sentada en una pared con varios amigos... Recuerdo que era la canción que sonaba en aquel local donde estábamos sentados mientras una litrona cayó por encima de nuestras cabezas... explotando... Para habernos abierto la cabeza. Recuerdo el apodo que se le quedó para siempre al "Litronas", su cara de miedo y acojono mientras nos ofrecía bocatas para reparar el daño. Ya no fumo petas. Ya no robo manzanas. Ya no voy al Aldo. Ya no cruzo miradas con esa persona. Ya no voy a bares jevis.

Pero de vez en cuando escucho aquellas canciones de entonces.

Una palabra de agradecimiento


A veces es necesario escuchar ciertas cosas, sobre todo cuando no las esperamos. Quizás esos detalles son los que hacen imprevisible a una persona. Y eso es lo que nos hace mirarles de otra forma.
Ayer me dijeron "Gracias". No me lo esperaba, pero esa única palabra me hizo sonreír. Quizás se refería a cosas materiales nada más, pero para mí esa palabra implicaba algo más. Me dio a entender que había un trasfondo oculto, aunque yo pueda ver lo que hay detrás.
Lo puedo ver porque yo a esa persona también le debo mucho. Quizás también debería agradecerle muchas cosas. Gracias por estar ahí, gracias por escucharme, gracias por animarme, gracias por tus palabras, por lo que me das, por... tantas cosas. Es una lista innumerable.
Hay pocas personas a las que se le puedan dar las gracias desde dentro. Yo a él se las doy desde el interior. Ni siquiera necesitaría decirle esto para que él supiera el porqué.
Sí, a veces es necesario decirle a la otra persona "Gracias", así como también a veces viene bien escucharlo.

martes, agosto 01, 2006

Maverick

Ayer fue un día extraño. Cuando abrí los ojos mi primera reacción fue taparme con el edredón hasta arriba, a pesar del calor. Quería reanudar ese sueño -debía ser bonito, aunque no lo recuerdo- o quizás es que no quería ser consciente de la realidad, pues esa mañana había una palabra que martilleaba mi cerebro: "Soledad". No es el hecho de vivir sola sino que es un sentimiento que trasciende hacia algo más abstracto.
Pero ayer ocurrieron dos cosas que curvaron mis labios hasta formar la caricatura de una sonrisa. La primera fue una llamada de la que ya hablé. Lo segundo es más sorprendente.
Sí, cuando me marché del irc olvidé todo ese mundillo sin tener en cuenta a todas aquellas personas que dejaba allí. Simplemente desaparecí para mucha gente durante mucho tiempo, sin tener en cuenta las circunstancias en que abandonaba todo, el grado de confianza que llegué a alcanzar con ciertos individuos, hasta el punto de cogerles cariño. Ayer recibí un e-mail de Gus. Me preguntaba qué era de mi vida, cómo me iba. La situación excepcional en que yo me encontraba hace unas horas hizo que ese e-mail me pillara algo desprevenida. Y me explayé en la contestación, sabiendo que no podría resumir este último año en tan sólo varios párrafos. Cuando leí "que sepas que nunca me olvido de ti" se me cayó el alma, no sé si era porque me daba cuenta de que hay mucha gente que me aprecia o quizás con culpabilidad, porque yo casi me olvidé de muchas personas que me rodeaban en un determinado momento de mi vida.
Gus, sé que leerás esto. Lo de ayer fue tan inesperado como sorprendente. Conseguí reírme. Quizás tenga que ir a tomarme unas copas en San Mateo en donde tú y yo sabemos. O, ahora que lo pienso, igual ya no estás allí. Hay que recuperar el tiempo perdido. Sí, te tengo que contar muchas cosas, como tú a mí. Respecto a lo demás tenías razón. Te debo un e-mail, hoy sin falta. Hay determinadas cosillas que te debo contar al oído ;) Ah, también estoy en el Uni 5, si encuentras mi planetita te invito a un café.

Después pensaba sobre estas coincidencias. Siempre, cuando menos te lo esperas, aparece alguien. Y te das cuenta de que en tu mundo hay más personas aparte de ti. Quizás últimamente he pensado sólo en mí. Nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido.
Y hablando de pérdidas, anoche me desbordaba ese sentimiento de pérdida. No es la primera vez que me siento así, y no me gusta. Es como si hubiera perdido algo, no estoy muy segura de todas formas, o quizás tenga la mente con un caos terrible. Ya lo he sentido más veces. Cuando día a día veo las espinas que una a una van quebrando algo dentro de mí me siento extraña, como si esta vida que estoy viviendo no fuera la mía propia, como si formara parte de un mal sueño. Sí, son espinas que todavía cortan. Son pequeñas heridas que siguen doliendo. Un día dejaré de cortar rosas y las espinas no podrán hacerme ni un solo rasguño. Siento curiosidad por lo que haré ese día, pero llegará, estoy segura. Y por una vez tendré paciencia.

La persona más digna de admiración

Si hay alguien en mi vida a quien admire por encima de todo el mundo esa persona tiene nombre propio. Le conozco desde que tengo noción de todo, desde que soy consciente. Siempre ha estado ahí. Siempre me ha aconsejado sobre lo bueno y sobre lo malo. He chocado con él en discusiones que no tenían fin. Me hacía llorar mientras a mi mente acudía aquella frase de "Quien bien te quiere te hará llorar". Me guió por el buen camino. Hoy sólo tengo una profunda admiración por esa persona. No creo que jamás vuelva a tener tal admiración por nadie como la que tengo por él. Me enseñó muchas cosas. Puede parecer rígido en un principio pero yo le debo mucho, no sólo mi vida sino todo lo que me da día a día, el hecho de que siempre haya estado ahí, dándome una educación que mucha gente quisiera, enseñándome cosas que jamás hubiera imaginado. Sí, choqué con él por parecido de caracteres en mi adolescencia. Hizo por mí cosas que jamás hará nadie. Y es que padre sólo hay uno. Le admiro, no por ser quien es, sino por todo aquello que me ha enseñado. Él ha sido siempre mi mejor maestro, mi albacea y mi mentor. A él le debo mucho, le debo más que a nadie.
Adoro a mi padre por los valores que tiene, por haberme lanzado a un mundo donde él fue siempre una especie de linterna, donde me decía al oído las cosas que debía y no debía hacer. Me protegió como jamás lo hizo con mis hermanos y para mí siempre será el mejor, admirable y admirado.
Hoy es su cumpleaños. Me apena no estar allí, abrazarle y decirle: "Felicidades". Claro que le felicitaré, pero faltará ese abrazo.
Recuerdo aquel día en que me dejó en una ciudad extraña y con gente desconocida por primera vez. Me entregó un papel y me pidió que lo leyera después de que se marchara. Aquellas rimas se me quedaron marcadas para siempre. Realmente era una lista en la que me decía que me cuidara, pero la guinda eran los versos finales:
"Y recuerda:
El hombre promete
hasta que la mete
y cuando la ha metido
nada de lo prometido".
Mi padre, además de sus muchas cualidades, es mago. Quita verrugas con sólo mirarlas. Yo sé el secreto. Tenía unas cuantas y me las quitó. Una noche, mientras yo dormía, entró en mi dormitorio, me cogió las manos y me las contó. Dos meses después habían desaparecido.
Mi padre enterró, en un lugar donde sabía que yo jamás pasaría, tantos juncos como verrugas me había contado. A medida que se iban secando los juncos fueron desapareciendo las verrugas de mis manos. Creo que dice algo a la hora de enterrarlas, como un sortilegio. No sé, yo tengo mis ideas al respecto, pero me las guardo para mí.