Muy cerca del casco histórico de Salamanca, se encuentra el río Tormes, que nos brinda un magnífico paseo. Por su puente romano paseaba Don Miguel de Unamuno, y algunos cuadros le inmortalizaron así: desde la otra orilla, con el río y la ciudad a sus espaldas.
Hace unos años, cuando yo estudiaba allí, había incluso un barco en el río. Allá donde se encuentra el puente de hierro, allí estaba el Barco del Tormes. Primero un restaurante, después un after. Y en una ocasión estuve de fiesta en ese barco, sólo una vez y fue suficiente para no volver. Surgió la ocasión cuando un grupo de gente nos dijo de terminar en el barco. Pero allí la gente iba muy puesta, demasiado pasada, suficiente para decir que habíamos estado, pero suficiente para saber que no volveríamos nunca más. Unos años después hubo un incendio y se quemó. Hoy en día ya no hay barco, que tras el incendio lo quitaron de allí.
Nada más salir del casco histórico hay una cruz de hierro, un rollo, una señal que en siglos pasados marcaba un cruce de caminos. Hoy se encuentra restaurado y nos recuerda que estamos cerca de un cruce de caminos.
La siguiente estatua que vemos es la del Lazarillo de Tormes, en honor a la novela homónima (Lazarillo de Tormes). Y es que ser estudiante en Salamanca, ciudad bañada por las aguas del Tormes, hace que sea una lectura casi obligada. La estatua nos muestra dos de las figuras de la obra, el ciego y Lázaro, que presuntamente habría nacido en el barrio de Tejares, entonces municipio independiente de la ciudad.
A unos metros se encuentra el verraco del puente. Se ubica junto al Puente Romano y es la estatua más antigua de la ciudad. Su origen está en los vettones, pueblo ganadero que existía hace siglos en esta región. Representa a un animal, que aunque se le llama verraco (cerdo reproductor), bien podría ser un toro u otro animal similar.
El verraco también aparece en la obra del Lazarillo de Tormes.
A unos pocos metros aparece el magnífico Puente Romano de Salamanca. Por aquí pasaba la antigua Vía de la Plata romana que unía Mérida y Astorga. Los arcos más cercanos a la ciudad son completamente romanos, concretamente del año 89 d.C., mientras los más alejados son añadidos posteriores del siglo XVI.
Hoy en día es un puente por el que se puede pasear, ya que no pasan vehículos. No sé qué hacían los antiguos romanos para que sus monumentos perdurasen tanto en el tiempo.






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