Cuando estudiaba en Salamanca, la librería más sobresaliente era la librería Cervantes. Aún tengo marcapáginas de entonces con todas las materias que tocaba. Y es que seguramente que cualquier libro de cualquier facultad lo podías encontrar allí. En plena plaza de Santa Eulalia había una librería gigante que siempre tenía gente, con unas cristaleras inmensas. Tengo muy buenos recuerdos de cuando me perdía entre las estanterías y las pilas de libros. Además, a unos metros, donde comienza la calle Azafranal que desemboca en la plaza, se encontraba otro local de la librería Cervantes, concretamente la primera librería, con cuatro alturas, que siempre estaba llena de libros. Y en un local al lado se encontraba la papelería Cervantes.
¿Qué tenía entonces esta librería? Tenía la fama y la gente la visitaba en oleadas. En la librería de la plaza se podían encontrar los libros de texto de cualquier facultad, libros de viajes, de cocinas, de idiomas, mientras la de la calle Azafranal estaba más abocada a los clásicos, las novelas infantiles y juveniles.
¿Qué pasó? Que allí donde pensaba encontrar librerías me llevé un terrible chasco. Mientras la antigua librería de Azafranal se encontraba cerrada desde hace años, con letras caídas y aún se podía adivinar que ese edificio había alojado una librería, en el local de la plaza se encontraba una sucursal del Banco Sabadell. Mi gozo en un pozo.
Me dio mucha pena, porque allí me perdía horas y siempre, siempre salía con un libro como mínimo en las manos. En fin, tiene que ser así. El mundo sigue rodando.
Hoy la librería Cervantes sigue vendiendo mediante una plataforma virtual, pero ya no hay tiendas físicas.



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