En Salamanca, las dos catedrales -la nueva y la vieja- se encuentran unidas. En uno de los pórticos de la catedral nueva hay una serie de esculturas que no esperarías encontrar en una catedral del siglo XVI.
Y es que ver a un astronauta de piedra da que pensar. Como la raposa comiendo un helado. Todo tiene su explicación, y es que ahí se cayó un trozo de esculturas, así que contrataron a un escultor que en el siglo XX rellenó ese espacio, y el astronauta es su firma.



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