El 31 de diciembre de 1936 Don Miguel de Unamuno fallecía en su casa de Bordadores en la ciudad de Salamanca. Siempre se ha dicho que esa tarde tuvo una visita y que horas después de que se marchara esa visita, el cuerpo de Unamuno se encontraba sin vida sobre una mesa camilla. Nunca se hizo autopsia, así que los enigmas sobre su muerte son numerosos.
En esta casa de la calle Bordadores Unamuno vivía de alquiler junto a su familia. Ya había vivido a principios de siglo en la casa rectoral, que hoy alberga la Casa-Museo Unamuno, donde hoy se encuentran también sus objetos personales y los muebles que se trasladaron desde Bordadores.
La casa de la calle Bordadores es de uso privado y no se encuentra abierta al público, pero una placa en su fachada nos recuerda que allí vivió y murió el genial Don Miguel de Unamuno.
Frente a la casa también hay una estatua de Don Miguel.
Dos portales más allá, en la misma calle donde durante siglos se encontraban los artesanos bordadores de la ciudad que dan nombre a la calle, hay otra casa digna de mención. De esta casa hay numerosas y siniestras leyendas que recorren los muros de la ciudad charra.
La fachada tiene cuatro calaveras por las que durante una época a la calle se la conoció como "Calle de las Muertes". La mansión fue construida en el siglo XVI en estilo plateresco por Diego de Siloé y por encargo de Alfonso de Fonseca, cuyo escudo nobiliario también adorna la fachada.
Durante los siglos, se han ido sucediendo extrañas muertes en el interior de este edificio. En el siglo XV había dos familias rivales en la ciudad, los Monroy y los Manzano, con historia de amor incluida entre los vástagos de cada familia. La historia acabó en tragedia, muriendo los dos. Cuando se construyó la casa, se encontraron los cuerpos sin vida de los amantes, sin cabeza, entre los cimientos. A partir de entonces se empezó a llamar la Casa de las Muertes.
Años más tarde, cuenta la leyenda, un soldado famoso, poeta y conquistador de mujeres era capaz de conquistar a cuantas mujeres se proponía. Aquí vivía Don Diego, que se acabó prendando de una bella joven recién salida de un convento, de nombre Mencía. Se casaron y vivieron en esta casa. La joven era la esposa perfecta, pero en ausencia del marido se buscó otros amantes. En la Salamanca del siglo XVI todo se sabía y llegó a oídos del marido, el conquistador se había convertido en víctima de su propio pecado. Don Diego entonces hizo correr la noticia de que se marchaba de la ciudad, y los amantes fueron apareciendo asesinados día tras día, pero uno de ellos consigue llegar hasta Don Diego y le deja herido. Herido de muerte, consigue llegar hasta su mujer y la estrangula. Cuando al día siguiente intentaron separar las manos de Don Diego del cuello de Doña Mencía no pudieron. Con la misma fuerza que la había querido la había matado, tanto que ni la muerte fue capaz de separarlos.
Otra leyenda cuenta que el diablo habitaba en algún lugar del laberinto de cuevas que había en el subsuelo de la ciudad. Todos los años exigía que una mujer fuera sacrificada para no hacer ningún mal al resto de sus habitantes. Se elegía a la joven a sorteo entre las mozas de la zona. La mujer era abandonada en la cueva y, días después, aparecía su calavera en la entrada. Para que nadie más las cogiera fueron colocadas en una de las casas más altas de Salamanca.
Otra de las leyendas cuenta que en el sótano de esta casa una mano criminal dio muerte a la familia de un sacerdote. Desde entonces se cree que todo el que viviera en ella moriría.
Leyenda o realidad, la Casa de las Muertes no deja de ser un edificio único en la ciudad, rodeado de ese tipo de misterios que merecen la pena...



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