viernes, enero 13, 2023

Y volver a aquellos lugares


Desde que terminé de estudiar en Salamanca no había vuelto, pero tengo gratos recuerdos de aquella ciudad. Allí viví una de las mejores etapas de mi vida y conocí a gente magnífica de todos los rincones de España. Lo raro allí era conocer a alguien oriundo de Salamanca y una de mis mejores amigas es charra hasta la médula -aunque ahora vive en Barcelona-. Lo cierto es que siempre optaba por otros destinos porque Salamanca ya lo conocía, y lo curioso es que entré en lugares donde nunca había entrado. Curioso. Vivimos en lugares que tienen muchísima historia y cuando tienes que visitarlos siempre piensas que lo harás otro día.

Tiene pecado que jamás había entrado en la Universidad, en el convento de San Esteban o la casa-museo de Unamuno. Después de tantos años allí, me faltaba de conocer lugares míticos. Es terrible, pero cierto. Así que esta vez vi todo lo que no vi de estudiante.

En más de veinte años, Salamanca ha cambiado mucho. Fui a visitar la Librería Cervantes, una librería gigante de mis tiempos de estudiante, y la que más vendía entonces, y me encontré con la sucursal de un Banco Sabadell. Fui a buscar la librería Víctor Jara, que tenía dos pisos y pilas de libros en las escaleras y, aunque ya no existía en la calle Meléndez, sí que se había trasladado muy cerca. Allí compré el Premio Planeta. Y pasé por la librería Portonaris, pero en su lugar había una pastelería. Supongo que aquel librero que tantos libros me aconsejaba se terminó jubilando. 

Pero Santos Ochoa, librería de origen riojano, tenía varias librerías en la ciudad. Encontré al menos tres librerías y una papelería. 

Salamanca, pese a esa nostalgia de lo que ya no existe, sigue teniendo magia...

En los próximos días hablaré de los lugares que visité en Salamanca en esa semana de noviembre que decidí reavivar mis recuerdos de estudiante. Pero no es lo mismo visitar la ciudad ya como una viajera.

No hay comentarios: