Quedarse en el aeropuerto sin opción a hotel y con un trato de dejadez desmesurada, con lo que conlleva llegar a Madeira medio día después, fue una experiencia con la que terminé riéndome, pero en el momento no hacía gracia. Cuando llegue a Madrid ya pondré una reclamación en regla. Porque ahora toca disfrutar...
Y es que lo peor del viaje hizo que nos uniéramos cuatro personas, las víctimas del desaguisado de Tap Portugal (aunque luego comprobamos que varios vuelos más habían sido cancelados), y un señor venezolano, una pareja de Vigo y yo nos unimos en la desdicha, lo que hizo que la espera se amenizara.
Apenas empezando a disfrutar del viaje, estoy segura que lo mejor habrá sido conocer a esas personas maravillosas.
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