El silencio se ha hecho eco en la iglesia tras mis palabras de despedida. Y entonces me han aplaudido.
La gente me ha preguntado si lo había escrito yo, y les he dicho que sí. No hay palabras tan bellas como las que salen desde el corazón.
Y ahora, cuando todo ha acabado, te preguntas dónde estará ella ahora, esa abuela tan querida a la que ya no podremos cubrir de besos. Consuela pensar que ahora hay una estrella más en el cielo.
Ahora que ya ha pasado todo ¿qué queda? El vacío insondable que nadie podrá llenar jamás, ese vacío que vamos rellenando con los recuerdos más dulces de la persona que se ha ido en ese viaje que sólo tiene billete de ida.
Adiós, abuelita.
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