Mi abuela siempre decía que quería ir a su casa, pero mi abuela necesitaba una persona que estuviera con ella todo el tiempo. De joven, mi abuela fue cocinera en un prestigioso restaurante vasco y cuando éramos pequeños e íbamos a su casa nos encantaban todos los platos que salían de su mano, fuera lo que fuese. Yo no cocino habitualmente, pero cuando me pongo en la cocina reconozco que me salen cosas ricas, y a mi hermano le ocurre otro tanto, así que una parte de ese don en la cocina de mi abuela nos ha llegado a nosotros.
Mi abuela tuvo cuatro hijos, pero una de ellas, Ángela, falleció sin haber cumplido el primer año de vida. Siempre me habían dicho que tenía una tía en el cielo. Mi abuela nunca se repuso de esa terrible pérdida, tal fue la depresión que incluso estuvo en un sanatorio mental, pero no porque fuera una persona que había perdido la cordura, sino porque no podía soportar un dolor tan profundo. Se curó pero siempre le quedó algún resquicio, sobre todo en los últimos años, que a veces perdía la lucidez y nos equivocaba con otras personas, aunque nunca hablaba de su hija perdida.
La vida de mi abuela fue dura, como pudo ser la vida para cualquiera de su generación, viviendo una posguerra con escasez de medios. Sin embargo, mi abuela era una persona buena. Creo que nunca he conocido a una persona con tanta bondad como ella. Y también era una persona muy querida.
Cuando falleció mi abuelo se quedó sola, pero las pérdidas de lucidez eran tan continuadas que hubo que llevarla a una residencia, porque necesitaba cuidado permanente. Sin embargo, en los tres o cuatro años que ha pasado en la residencia, cada vez que he ido a verla siempre se encontraba lúcida.
Hace un año, a principios de junio, mi madre me llamó y me dijo lo que tenía mi abuela. El 15 de junio entró en el quirófano y le hicieron un "apaño", así que sabíamos que teníamos que aprovechar estos meses con ella, porque se nos iba...
Considero que mi abuela ha sido una luchadora, una gran luchadora. Por la época que le tocó vivir, pero también por lo que tuvo que pasar en lo más personal. Y, con todo, ella siempre nos sorprendía con una enorme sonrisa.
Eric Clapton, Tears in Heaven
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