sábado, octubre 12, 2013

Novelas del pasado: La plaga

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En el mes de septiembre de 2001, cuando ocurrió el atentado contra las Torres Gemelas, es como si se hubiera parado el tiempo. Yo estaba en la residencia de estudiantes de Salamanca estudiando para los exámenes de septiembre cuando recibí una llamada de mi hermano y me dijo que fuera a la televisión más cercana. Recuerdo que entonces leía La plaga de Ann Benson, y que, después de haber visto las impactantes imágenes de Nueva York, no conseguía retomar la lectura, porque en aquel momento la realidad era mucho más pesada que la ficción. Y durante días, cuando cogía este libro, no tenía fuerza para seguir. En cambio, sí que leía periódicos.
Aquel mes de septiembre será difícil de olvidar. No olvidaremos dónde nos encontrábamos en el momento de la tragedia, qué estábamos haciendo e, incluso, qué libro estábamos leyendo en esa época.
Lo que hubiera sido un libro que me hubiera leído en una semana o en diez días me lo terminé de leer en el tren de vuelta a casa. No era que no me gustara, al contrario, me encantó; pero la situación real del mundo era tan preocupante que durante unos días me fue imposible concentrarme en la lectura. Así de sensibilizada me encontraba en aquel momento…

El libro tiene dos historias paralelas, una pasada y otra presente con vistas a un futuro incierto, que están unidas por un germen, el germen enterrado durante 700 años de la peste negra. Lo que me gustó mucho del libro es descubrir los mismos lugares descritos durante el siglo XIV y durante el siglo XXI, y lo mucho que han cambiado, a pesar de estar describiendo el mismo sitio.

Una prestigiosa cirujana es obligada por el Gobierno a “reciclarse”, que no significa otra cosa más que dejar su trabajo, cuando una terrible epidemia se extiende irremediablemente por el mundo, ya que no hay antibiótico lo suficientemente efectivo para hacer frente a esta extraña epidemia. En el año 2005, Janie Crowe viaja de Estados Unidos a Londres para realizar unas excavaciones arqueológicas necesarias para la investigación que lleva a cabo para terminar su formación en arqueología forense.
Por otro lado, en 1348, un joven médico judío aragonés, Alejandro Canches, desentierra un cadáver para determinar la causa de su fallecimiento. Considerada esta circunstancia una herejía en aquella época, es condenado a muerte. Para evitar la condena y ayudado por su familia, huye antes de que le prendan. A partir de ese momento, comenzará a viajar por Europa tras los pasos de la peste negra. Cuando se encuentra en Francia, es enviado por el Papa a la Corte de Eduardo III de Inglaterra para que asista al monarca ante la epidemia de esta enfermedad. En Londres, Alejandro se enamora de una dama de compañía y toma a su cargo a una niña huérfana, a la que intentará proteger de las bubas de la peste. El médico judío observa la enfermedad que asola Europa y aprende todo lo relacionado con la misma, así como la manera de protegerse del contagio y, una vez contraída la infección, intentar curarla y/o minimizar el sufrimiento del enfermo. Alejandro describe todos los síntomas en un cuaderno.
Setecientos años más tarde, y tras otra epidemia asoladora que ha convertido el mundo en un lugar inseguro, Janie hace descubrimientos en la muestras de tierra que ha tomado en Inglaterra. Una de las muestras plantea problemas de recogida, porque es propiedad de un anciano que no permite el acceso a la tierra. Sin embargo, el viejo es burlado por la investigadora.
La peste negra ha sobrevivido setecientos años de entierro y vuelve a la vida en el laboratorio, poniendo en peligro la frágil existencia de los habitantes que han sobrevivido epidemias durante siglos anteriores. Janie huye de la policía, que intenta detenerla, pero ella quiere salvar al resto de la Humanidad. A partir de aquí se convierte en una historia emocionante, porque Janie vive con la circunstancia de ser sorprendida y no poder llegar a salvar al mundo.

Es un libro que recuerdo con especial cariño, porque me hizo disfrutar mucho con su lectura. Es una novela que releería. Quizás porque no suelo leer muchos libros científicos, aunque sean ficción, y a pesar de que no es un tema que me guste, en realidad este libro me enganchó.

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