viernes, marzo 26, 2010

Cansancio

Siento un cansancio físico terrible. No veía por llegar a casa y, en cuanto hemos tomado el café y recogido todo, he venido, dispuesta a dormir, y teniendo en cuenta que mañana me levanto una hora antes...
¿Quién sabe? Quizás imaginarle tan cercano me haga sonreír; hoy al marcharme aún seguía. Y yo llevaba en el bolso las palabras que no me atrevo a decirle.
Llovía cuando he llegado a mi pueblo, pero dos cervezas han sido suficientes para entonarnos. Un día entre semana y estábamos diez personas. Me he reído porque siempre hay alguien que cuenta chistes y no para (al menos esta vez eran de esos que se pillan a la primera).

Ha sido una noche diferente. Me lo he pasado bien, a pesar del cansancio.

jueves, marzo 25, 2010

Se alarga la tarde

Ahora sí que va siendo hora de marchar. Me sorprende irme tan pronto, en relación con otros días, y tan tarde en relación a lo que les había dicho a mis amigos. Aunque luego cenemos a las diez: yo prestaba la bodega, pero no estaba allí para dar las llaves. Nadie es imprescindible, porque al final mis amigos están en la bodega y no han necesitado que estuviera yo para entrar. Estaban jugando al póker cuando les he llamado para explicarles mi demora.
No creo ni que me pase por mi casa para nada. Iré directamente a la bodega y me acercaré al fuego para entrar en calor. Siento que me pesan los ojos, así que tampoco creo que esté hasta muy tarde.

Me pregunto si seguirá estando su coche donde lo he visto a las cuatro de la tarde. Su imagen revolotea en mi mente, viene y va, me resulta placentera, me reconforta pensar en él. Me pregunto si le habrá crecido la barba, si seguirá teniendo la misma mirada profunda, si su voz seguirá siendo como una melodía para los oídos...

Se acerca la hora de marchar. Al menos sé que sobre las nueve estaré con mi gente.

Tarde de visitas

Necesito despejarme. Aún sigo en la oficina cuando no debería estar aquí. Ni aun siendo fiestas en mi pueblo puedo irme un día a las siete. Se me ha acumulado la gente en la sala de espera y, cuando tienes tantas visitas, no puedes hacer nada. Acabo de llamar a mi gente para decir que intentaré llegar antes de las 20.30h., porque eso sí, necesito escribir y no me iré sin hacerlo.

El llamador de ángeles

"Cuenta la leyenda que, a veces, al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo, las sombras nos hacen dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, celestiales susurros, aleteos, risas contenidas, e incluso puede rozar nuestra mejilla algo que no se puede definir.
Son los ángeles; vienen y van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos extrañas melodías. Si tal vez los perdiste en el apuro de vivir, aquí hay para ti un Llamador de Ángeles para que puedas atraerlos".

Yo desconocía la existencia de estos pequeños recipientes de metal, parecidos a un botafumeiro con una bola dentro, que se llevan colgados al cuello y que suenan con cualquier movimiento. Hoy, N. y yo le hemos regalado a B. uno de estos "Llamadores de Ángeles", para que levantara la moral. La leyenda de la caja era extraña.
No he dicho nada, porque N. siempre me dice que tengo que creer más y yo siempre le contesto que sólo creo en lo que veo, que yo no noto presencias invisibles ni cosas así. Pensando en esa leyenda, me he guardado mis pensamientos para mí. Porque yo ya conozco un ángel, no invisible, sino tangible. Y ese ángel consigue que sueñe, que me ilusione, que sonría, que disfrute de cada momento, que imagine, que vuele, que sienta..., que viva.

Al fondo

Suances (Cantabria)
Cuando he ido a Correos he visto su coche. Está aparcado en el mismo sitio que ayer. Seguía cuando he vuelto, el último de la fila. Mi coche también está el último de la fila, pero en el sentido contrario. Ahora, cuando he ido a dejar el libro al coche, seguía en el mismo sitio. Me alegra saber que está tan cerca, casi palpable, real, aunque luego no le vea a él. Porque esta mañana en el café estaban dos de sus compañeros, pero faltaba él. Hoy me he ido de hora, no espero a las doce, porque al ver que él ya no va al café siento una punzada, una especie de vacío muy tenue, pero ahí está. Por eso llevo muchas semanas intentando bajar antes, para no echarle de menos.
Esta tarde tengo mucho que hacer, pero a las siete en punto, haga lo que haga para hoy, me iré.
Hoy ha sido un día que ha tenido de todo, pero con más color que ayer. Incluso me he encontrado al mediodía con D. en la cafetería: "Justo vienes cuando me voy". Y le he dado tiempo a preguntarme: "¿Qué tal de lo tuyo?". No sé a qué se refería, o prefiero no saberlo; me he encogido de hombros mientras me marchaba por la puerta.
El día 1 de abril nos iremos a Suances (Cantabria), donde ya hemos alquilado un apartamento junto al mar hasta el domingo. Al final, llamada tras llamada, se ha conseguido un lugar donde pernoctar diez personas. Y me han dicho que en Suances hay mucha fiesta, pero lo que me atrae es el mar, ese mar que compartiría con la persona del sueño de hace dos noches.
Me pregunto si llevaré folios de colores o los sustituiré por postales que muy posiblemente no eche al buzón... Todo se verá.

25 de marzo

Cuando mi padre me ha llamado a las diez, ya sabía que era para tomar café. Después he ido con él a la oficina de los seguros para que nos informaran sobre el siniestro del coche de mi hermano y preguntar cuándo enviarán al perito. Así que llevo media hora en la calle, que se agradece con tanto sol. De paso le he dicho a C., que por algo es de mi pueblo, que se venga a cenar esta noche. Porque en mi pueblo hay misa a la una e irá todo el mundo encopetado a la ermita. Yo no apareceré por allí hasta las siete, y sólo porque tengo que coger las llaves de la bodega para preparar la cena.
25 de marzo... Hace años que no saboreo esa fiesta.

Regálame el mar

-¿Qué quieres?
-Regálame el mar.
-¿Y cómo pretendes que te dé el mar?
-Vayamos a una playa, extiende tus brazos y dime: "Ahí lo tienes: tu mar", y después caminemos descalzos, hundiendo nuestros pies en la arena, mientras un sol anaranjado empieza a esconderse en el horizonte.

Esto es un fragmento de lo que soñé anoche. Lo acabo de recordar. Era un sueño tranquilizante. Es un buen momento para ir a dormir, imaginando a aquel a quien le pediría que me regalara el mar y deseando que esta noche también aparezca en mis sueños.

miércoles, marzo 24, 2010

Sonreír inesperadamente

Cuando me iba a casa, a mitad de la calle en que entraba, he visto su coche. Eran más de las diez, pero él ahí seguía. En mi imaginación me daba la vuelta, subía unas escaleras y le pedía que me abrazara fuerte. En la realidad, he seguido conduciendo, deseando llegar a casa cuanto antes, escuchando Noches de bohemia en la radio, entre varias canciones, a cuál más triste.
He recordado que a las dos también estaba su coche ahí, que me he equivocado de calle y la rutina de pasar siempre por esa calle me ha llevado por ahí, aunque luego haya tenido que cruzar todo SD para ir a lavar el coche.
En las dos ocasiones he sentido su abrazo imaginario, he sentido que esa proximidad me reconfortaba de una manera extraordinaria. Ahora, sin ir más lejos, cuando lo recuerdo, me siento un poco más ligera.

El color del sol

Con doce años me regalaron un caballete de pintor, así como una paleta, acuarelas y papel de pintora. A mí me gustaba colocarme delante del caballete, en un lugar de mi casa donde no hubiera riesgo de manchar nada, y ponerme a pintar. Me parecía sumamente difícil, en el sentido de que yo nunca había dado clases de pintura y mucho menos había utilizado acuarelas. De pequeña me gustaba dibujar, no pintar. Pero cuando pintaba había un color que si no aparecía el resultado era muy sórdido, muy negro, muy sombrío. Ese color era el amarillo. El amarillo daba luz a cualquier pintura, a cualquier dibujo que realizaba y, por tanto, siempre era el color central. Al cogerlo y utilizarlo, me daba la sensación de que el resultado no sólo era más alegre, sino que tenía fuerza, y esa fuerza era ocasionada por ese color.
Hoy necesito fuerza, de ahí que haya escogido folios amarillos, aunque después me haya puesto a dibujar encima, sintiendo una terrible presión por todo lo ocurrido hoy. Pero sé que mañana habrá pasado, que mañana sólo será una flor ajada, una huella borrada por la lluvia.
Hoy me he vuelto a alargar escribiendo. Son casi las diez.
El post-it rosa oculta algo. Lógicamente todo lo que escribo tiene un destinatario, aunque en realidad no lo tenga.
Es hora de marchar, es hora de poner fin a este fatídico día. Mañana volverá a salir el sol y quizás todo se mire con un cristal de diferente color.

Cuando llegan las penas

Lo mejor de la tarde ha sido cuando: "Que soy J., ¿qué pillamos para cenar mañana? ¿te vienes a tomar unas cervezas? Después veremos al Barça". Y yo: "J., que me pillas en una reunión, si salimos pronto te llamo. ¿Quién te ha dado este teléfono?".
La historia es que, en vez de cancelar la reunión, nos hemos ido B. y yo y se les ha explicado la situación de por qué faltaba la tercera persona. En medio de la reunión me ha sonado el móvil y como todos los números son desconocidos podía ser una urgencia. Como mi móvil lo tiene mi madre, me ha extrañado escuchar a mi amigo J. al otro lado para ¡comprar chuletas! Es que mañana es fiesta en mi pueblo, no habrá nada, pero nosotros haremos cena en una bodega. Es posible que en un rato les llame a ver dónde andan y, aunque me guste el Barça, no estoy dispuesta a ver un partido.
Antes de salir, también B. se me ha desmoronado. He tenido que animarla. Conozco el tema, pero desconocía que la cosa fuera tan grave. Cuando comienza lo malo, suele venir todo de golpe. A ella la tengo que animar, abrazarla a veces, frotarle la espalda y acercar mi hombro para que se desahogue. En esos momentos me sorprende descubrir que a veces tengo que hacer las funciones de un pilar que soporte la moral de muchas personas que me rodean. Es así.

Calidez

Creo que toda la gente que me rodea está hoy con los nervios a flor de piel. Todos... A mi compañera, que se ha quedado esta tarde, le he pedido que vaya a despejarse, que vaya a hablar con R. aprovechando que tenía el coche abajo (el que le he dejado yo en casa al mediodía). Yo he hablado con mi hermano pequeño, me ha dicho que me ha pillado una Blackberry, pero el otro tema estaba latente: se ha enterado el último y mi hermano pequeño es mucho más nervioso que yo.

En estos momentos es cuando pienso lo que necesitaría su abrazo, apoyar mi cabeza en su hombro, hundir mi rostro en su pecho, sentir su calidez reconfortante.

No es un buen día.

Una sutil coincidencia

Estaba comiendo cuando mi madre me ha dicho que la señora que me ha tranquilizado esta mañana, la que me ha pasado la mano por la espalda para reconfortarme, ha sido... ¡Vaya! Aunque me sonaba su cara, no sabía su apellido. Entonces, haciendo cálculos, tiene que ser hermana de la señora que me cedió la vez en Correos y, por tanto, tiene un parentesco con...
Ahora, mientras espero a que lleguen mi hermano y mi padre, pienso en él. Y su imagen sigue reconfortándome. Siempre me tranquiliza pensar en él, así que hoy no iba a ser menos.

El regreso a casa

Pasado el susto inicial, ya puedo irme a casa a desconectar. Aunque llevo casi dos horas con la cabeza en otro sitio. Me iba a quedar a comer aquí, pero no quiero que mi madre esté sola ahora. Así que me voy a casa, aunque sólo sea a desconectar un poco.
Al final iré a lavar el coche antes de nada porque se lo tendré que dejar a mi hermano hasta que le arreglen el suyo.

Con el susto bajo la piel

Hoy ando asustada, es el mal rato que me estoy llevando hasta que mi hermano R. no me llame y escuche su voz. Yo no puedo llamarle porque está muy nervioso en estos momentos. Su coche ha acabado convertido en un amasijo de hierros en plena Avenida de La Paz, y aunque él está bien, yo no me tranquilizaré hasta que llame y escuche por su propia voz que se encuentra bien.
En el momento en que mi padre me ha dicho al teléfono que mi hermano había tenido un accidente he dejado de sentir todo lo que me rodeaba, esperaba respirando profundamente que mi padre me dijera más cosas. Entonces he empezado a hacerle preguntas, me he puesto nerviosa y mi padre ha intentado tranquilizarme. "No ha sido nada, sólo el coche, él está bien, a punto de ir a Urgencias".
Luego me ha dicho que era importantísimo que localizara a mi madre, que perdió el móvil hace unos días, y estaba en la Escuela de Hostelería en una especie de almuerzo 'sólo para mujeres'. He salido a las calles y no sentía nada, no veía a nadie, desconociendo dónde está ubicada esa escuela. Al final, cuando me he encontrado de frente con mi madre, se ha dado cuenta de que no iba a ser portadora de buenas noticias. Le he dejado mi móvil y me he emocionado al decirle que R. había tenido un accidente hoy, pero que estaba bien. Y me he marchado, sintiendo sin sentir nada.

Tan nerviosa me he llegado a poner que finalmente, cuando he vuelto a hablar con mi padre, le he exigido que me pasara a R., sólo para escucharle, para asegurarme de que todo se ha quedado en un susto, para después llamar a mi madre y a mi hermano pequeño y tranquilizarles. Aún sigo nerviosa.

El mes más creativo

Más de 200 entradas en el mes de marzo no es cosa baladí. Así visto, parece que estuviera más aquí que trabajando. Aunque escribir cada entrada depende del contenido y de lo que quiera decir, es algo que me lleva unos pocos minutos, por lo general, porque ya tengo en mente la idea de lo que quiero decir.
Esta profusión de creatividad o de expresividad quizás no me sorprende, porque suelo escribir más o menos según épocas. Durante el mes de marzo escribía como método de expresión, para decir lo que jamás le diría a él, porque el 99% de las entradas escritas en este mes tienen que ver, directa o indirectamente, con él.
Hoy he evitado escribir, aunque tampoco he tenido tanto tiempo. Pero estaba en la cafetería y estaba echando de menos no haber escrito nada aún, haberme centrado tanto en la oficina y en lo que tenía entre manos que escribir ha pasado a un segundo plano. La escritura llama a escritura. Si mi media fuera de una entrada diaria no lo hubiera echado de menos, pero la rutina de actualizar diez veces cada día me lleva a escribir más.
El motivo de que últimamente escriba tanto es claro. Necesito expresar, de alguna manera, lo que siento por él y la escritura, en ese sentido, es el medio más idóneo.

Darlo todo por alguien

¿Qué darías por la persona a la que quieres? La respuesta es tan variada como complicada, así que lo más idóneo sería decir que yo por él lo daría todo.
Es una pregunta difícil porque hay que estar muy segura de la otra persona para tener claro hasta dónde sería capaz de llegar por él, cuánto me arriesgaría si se diera el caso y por qué lo haría. La respuesta al por qué es obvia: para dar todo por una persona hay que quererle mucho.
Entonces debo de quererle mucho... Magnífico pensamiento para ir a dormir con la imagen de ese ángel en mente. Y hoy me embarcaré en el sueño demasiado pronto, porque siento que los ojos me pesan como si tuvieran hierro.

¡Vaya calor!

La situación es que tengo la ventana abierta, estoy en manga corta y sigo teniendo calor. Y eso que me gusta mucho el calor. Yo para mí que me he acalorado por otra cosa, porque he cerrado los ojos y he imaginado que su barba 'acariciaba' todo mi cuerpo, y era una sensación muy estimulante. Mejor que sea la barba, porque si imagino esas manos... me sofocaría muchísimo más. Esas manos tan suaves... Las manos que dicen tanto de una persona...

Yo creo que hoy dormiré con la ventana abierta, porque hace mucho calor.

martes, marzo 23, 2010

Cosas de la tele

Ayer ponía en el periódico que los españoles dedicamos una media de cuatro horas a ver la televisión; seguramente en mi caso bajo la media. También explicaba algunas de las quejas que los televidentes envían sobre ciertos apartados televisivos que bien hablan sobre alguna minoría más desfavorecida, que hacen apología sobre ciertos asuntos considerados políticamente no correctos (lo de "políticamente correcto" me parece una coletilla que se puso de moda en su momento, que yo prefiero evitar en la mayoría de ocasiones, porque considero que hay un abuso al utilizarla cuando se carece de otra expresión que posiblemente estaría mejor ubicada, y en una lengua tan rica y variada como el castellano la mayor parte de las veces contamos con otros vocablos que vienen mejor a la situación que se quiere expresar), sobre ciertos contenidos en un horario considerado infantil, sobre el motociclismo... Paro aquí, porque me parece absurdo que los jóvenes 'copien' a los motociclistas a la hora de coger los coches para correr. Aun así, no creo que me quiten el motociclismo.
Pues hoy, excepcionalmente, me he liado a hablar con mis padres y, entre risas y chanzas, hemos terminado viendo Gran Hermano. ¡Tiempo ha! Pensaba que había acabado y resulta que ahora están los concursantes de ediciones anteriores que entran por parejas. En fin, ha llegado cierto momento en que prefiero dejar la 'caja boba' y marcharme a hacer cosas más beneficiosas.

La primavera es de color verde

Hoy es un día verde. Esta mañana, sin pensarlo, me he puesto un jersey verde; ahora, sin pensarlo, he garabateado folios verdes. Y he hecho lo que ningún día suelo hacer: releer los tres folios. A medida que me metía en cada fragmento sonreía. Voy con el día: 23.
Lo de hoy no tiene nada que ver con lo que escribí, por ejemplo, la primera semana de marzo. Me siento risueña, con ganas de verle -eso siempre-, pero sin entristecerme por no saber nada de él o porque haya pasado un día más sin encontrarme con él.
Hoy es de esos días en que siento que quiero a todo el mundo.

Creo que voy a recoger todo y marcharme a casa.

Fragmentos entrañables y risueños

Apenas han llamado en toda la tarde por teléfono y se pone a sonar indefinidamente a partir de las siete. Eso quiere decir que bajaré a tomar algo a la cafetería para volver a subir y ultimar una cosilla.
Estoy contenta, además de que esta tarde me llegan fragmentos de recuerdos donde él siempre está riéndose, y son momentos del pasado, con esa sonrisa angelical que le caracteriza, su dulzura, los primeros instantes en que le tenía delante, cuando me decía algo y yo grababa todo de él en mi memoria. Sonriendo siempre. No recuerdo haberle visto nunca tan serio y me consta que en el día a día es alguien muy serio. Los fragmentos que he recordado hoy son sobre sus mil formas de sonreír. Es alguien tan entrañable. Ahora comprendo que tenga tantas ganas de abrazarle.