
Siento que esto ya lo he vivido.
Me he agobiado tanto en los bares que no he llegado al tercero. ¿Quién sabe cuándo me recuperaré de ésta? He cogido el coche, las lágrimas han aflorado al exterior y ha llegado un momento en que he tenido que parar en medio de la inmensidad de la noche, bajo la observación expectante de las estrellas.
Quizás me han abierto los ojos, quizás ya los había abierto hace mucho tiempo: no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Hoy he tomado una decisión bastante tajante, la conversación con G. ha servido de ayuda, para admitir lo que no quería ver. Me he tenido que marchar, sentía que se me rasgaban los ojos. De repente he notado el calor ferviente de la sangre de una herida palpitante, dolorosa, cruel.
¿Cuánto tiempo se puede esperar algo que nunca va a llegar? ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo voy a desviar la vista de él con el desgarro que sentiré en mi interior? ¿Cómo le voy a ignorar ahora? No sólo me duele su silencio, sino también el vacío que empiezo a sentir. Me conozco demasiado para saber que no tengo término medio, que de un extremo voy a pasar a otro. Si no hablo con él jamás podrá leer en mis ojos la tristeza, jamás podrá preguntarme por qué no le digo nada aunque posiblemente dé con la respuesta. No soy tan fuerte para saludarle como si no pasara nada. Mi corazón me traicionaría, mi voz también, y mis ojos. Es mejor así, es preferible que tire la toalla ahora, antes de que sea demasiado tarde. Duele, claro que duele. No saber a qué atenerse porque no sabes lo que piensa es algo muy cruel. Desde julio (indirectamente) y desde diciembre (directamente)... es tiempo suficiente para decidirse. Podría decir muchas cosas, todo lo que siento en estos momentos, podría describir la magnitud del dolor, incluso podría pronosticar que haré lo posible por no cruzarme con él: si he de sacrificar fines de semana lo haré, si he de aparcar en otras calles lo haré, si he de mirar a otro lado lo haré. No puedo más.
Seguiré queriéndole en silencio, mi subconsciente me traicionará cada noche porque le buscará en los sueños, pero no le quiero cerca. Su cercanía, la que tanto me hacía sonreír hace tan sólo unas horas, ahora me duele más que nunca.
Al final esto lo tengo que vivir yo. Así sea el tiempo que dure el dolor así será la magnitud del amor que sentía (siento aún) por él. Hay cosas que están predestinadas a morir mucho antes siquiera de empezar.
Me duele también que ni siquiera me ha dado la oportunidad de conocerle, me duele que no se haya dejado querer... En esta aciaga noche me duelen muchas cosas, necesitaba desahogarme pero, al final, mi dolor me lo tengo que comer yo, cueste poco o mucho. Tengo una sangrante herida que escocerá en cada cosa que me recuerde a él, en cada momento en que le sienta cercano, en cada persona, en cada objeto. Cada vez la sal removerá esa llaga. Es un dolor inmisericorde, imposible de describir.
¡Cuántas ilusiones rotas! ¡Cuánto tiempo desperdiciado! No quiero ni pensar en los días que vendrán.