En abril de 2006 comencé este blog porque sentía la necesidad de escribir. Recuerdo aquello que escribí como si lo hubiera escrito ayer. Recuerdo que hablaba de las palabras, ese poder que tienen, que pueden comenzar una guerra, pero también pueden firmar una paz, lo que se puede decir con una palabra...
Es sorprendente que lleve escribiendo más de cinco años, y que en realidad no me haya parecido tanto tiempo desde aquel momento en que decidí escribir.
Recuerdo además que había otro motivo por el que creaba un blog: el hecho de dejar una pequeña huella en el vastísimo mundo de internet, cuando aún creía que quizás en unos meses lo hubiera dejado. Porque he estado en foros, en chats, he tenido messenger, tengo facebook... y de todos esos lugares me he terminado cansando. Lo que nunca me cansa es escribir. Como últimamente, cuando describo alguno de esos momentos mágicos que no quiero olvidar. Es como si algo dentro de mí guiara mis dedos sobre el teclado para esgrimir ese momento, para convertirlo en palabra escrita y, por tanto, permanente.
Entonces, en abril de 2006, tenía una cosa clara: si creaba un blog buscaría la belleza en el mismo. O la idea que yo tengo de belleza. Por eso, casi nunca comento noticias, por ejemplo. Hoy me hubiera gustado hablar de política, pero incluso el nuevo gobierno es finito en el tiempo, mientras que en los cinco siguientes años yo seguiré perpetuando mis palabras en el tiempo.
¿Cómo me veo en cinco años? Prefiero no tentar a la suerte. Algo sí que tengo claro: seguiré escribiendo.
La belleza también se encuentra en las cosas más simples. En un blog se pueden instalar muchísimas cosas: desde vídeos y audios que te acompañan mientras lees, hasta publicidad. Para mí son instrumentos que recargan demasiado una página que, en definitiva, si cuenta con muchos elementos tarda siglos en cargarse por completo. Así que siempre he optado por los elementos más básicos. Podré cambiar el fondo, incluso la ubicación, pero no añadiré elementos multimedia, por ejemplo, ni siquiera un buscador.
Al final, un blog se convierte en parte de una persona. Nunca me han gustado los diarios, y este blog es un diario en el sentido de que escribo día a día. Pero rechazo de plano eso de: "Hoy he hecho esto y lo otro, después he...". Me parece antiestético y ¿a quién le importa lo que hace el resto del mundo? A mí me interesa lo que hace un ángel, pero últimamente desconozco dónde está. Intento no escribir de la forma de un diario, sino que cuando se crean momentos susceptibles de ser escritos busco siempre las palabras que convierten la entrada en cuestión en algo tildado de belleza, aunque si me centro en las palabras que escribo sobre él la belleza llega directa desde el corazón porque esas palabras llegan directas desde el corazón, aunque a veces me resulte algo complicado encontrar las palabras más idóneas para describir tanto sentimiento.
A veces me pregunto si en 2012 seguiré esgrimiendo en palabras tanto sentimiento. Sé que, mientras siga enamorada, seguiré escribiendo sobre el amor, sobre él, sobre esos momentos donde siento las revoluciones del corazón a mil por hora; describiendo su mirada angelical, su voz, su sonrisa, su rostro, sus manos...
No queda nada para terminar el año. Diez días y una hora.