domingo, diciembre 25, 2011

La inspiración dormida. Regreso a los colores olvidados


Hace algo más de un año leí Los colores olvidados y otros relatos ilustrados. No suelo leer muchos libros ilustrados, pero desde que leí el anterior, me quedé con un buen sabor de boca. Si el anterior era una serie de relatos ilustrados, en La inspiración dormida nos encontramos con una novela ilustrada. 
Carmesina ya no es aquella niña que llenó toda su ciudad con dibujos de colores, sino que ha crecido, ha madurado y ha dejado los pinceles y los cuadernos en un rincón. Las responsabilidades de su vida de adulta la han convertido en una persona gris, en una persona triste, en una persona sin inspiración. Hace mucho tiempo que no pinta… Entonces, un día aparece en su casa el Gato Negro, uno de los personajes de los cuentos de cuando era niña, y con él inicia un viaje por todo el mundo en busca de los colores. Cuando encuentre esos colores, cuando vuelva a reencontrarse con su inspiración dormida, entonces podrá volver al mundo real y pintar por el simple hecho de disfrutar de lo que está haciendo. 
Las ilustraciones son magníficas. Creo que si estuviera con el estado de ánimo por las nubes hubiera escogido otra imagen. Pero esta es la que ilustración con la que me identifico en estos momentos.

La imagen perfecta que vuelve una y otra vez

Intento centrarme en leer, pero no lo consigo. De repente, mis ojos miran a un punto infinito de la pared y lentamente mi mente me trae su imagen perfecta, etérea, mágica. Recuerdo esos ojos y siento un ligero estremecimiento en la espalda. 
Intento dormir y evoco cada rasgo de él. 

Siento tristeza, aunque yo creo que es más por esta época. Aunque supongo que todo influye.

La mente es traicionera. Me lleva a imaginar cómo hubiera sido un encuentro con él esta tarde. Inevitablemente sonrío. Y luego pienso en que con él nunca nada es como me pueda llegar a imaginar. 

Un sábado menos

Podría salir esta noche, pero al final no lo haré. Creo que si me pusieran ahora en un control de alcoholemia daría bastante, aunque hace rato que no he tomado nada. 
Siento algo de pesadumbre, desde esta tarde. Desde ese momento, me siento viviendo como si estuviera viendo una película desde fuera.

Me duele un poco la cabeza. Tendría que intentar dormir.

sábado, diciembre 24, 2011

La hora de marchar

Me da la sensación de que la tarde va a ser algo más movida de como la esperaba en un principio. En el coche tengo algo que llevar a alguien. Ahora siento unos nervios terribles en mi interior, ahora no me puedo echar para atrás.
Esta tarde será mágica entonces.

Nervios, nervios, nervios... 
Nervios.
Pero estos nervios tienen que ver con la magia.

Es la hora de marchar.

La tarde que precede a la gran cena

No había mucha gente esta mañana al mediodía, pero ha sido un rato agradable. La gente se reserva para la noche, cosa normal, dadas las circunstancias.

Tengo ganas de que pase esta noche, que no me gusta nada. Es posible que no salgamos hoy más que al bar de mi pueblo, ya que se respeta la familiaridad de la Nochebuena. Creo recordar que nunca he salido de fiesta en Nochebuena.

Supongo que esta noche quedaremos sobre las ocho de la tarde a tomar algo antes de cenar. Teniendo en cuenta que son dos horas de bar en bar, no me quiero imaginar cómo llegará la cena. Menos mal que he puesto el nombre en todos los regalos, porque si no, no recordaría qué es lo que tengo que dar a cada uno.

A veces, cuando lo pienso, sé que sólo tendría que hacer una llamada a eso de las ocho, coger el coche y marchar a otro sitio a tomar algo antes de cenar. Sé que no lo voy a hacer. El corazón me dice que sí, claro, el corazón siempre le busca. En este caso, ya he tomado una decisión y es irrevocable.

Mi hermano y mi cuñada darán la gran noticia esta noche. Ya lo han comentado en casa. 

El verano de los juguetes muertos

Resultado de imagen de el verano de los juguetes muertos
Cuando te encuentras con un título de estas características es sencillo imaginar el tema que tocará el libro. Aunque al principio no lo tenía muy claro, el tema de la pederastia está implícito en todas y cada una de sus páginas, aunque sólo se resuelve de una manera clara en los últimos capítulos. Lo cierto es que pone la piel de gallina.

Empecé a leerlo porque me apetecía leer novela negra. Al principio, no hay una relación clara entre la primera página del libro, donde se describe el accidente mortal de una niña de doce años, Iris Alonso, que ha aparecido muerta en una piscina rodeada de muñecas rotas, y ese otro supuesto suicidio, varios años después, de Marc Castells, que se ha caído desde la ventana del ático de su casa. La relación entre los dos accidentes es que Marc Castells tenía seis años cuando descubrió el cuerpo sin vida de Iris cuando estaba disfrutando de un campamento de verano en los Pirineos.
El inspector Héctor Salgado y la agente Leire Castro son asignados para cerrar el caso de Marc, donde todos dan por supuesto que ha sido un suicidio. Pero Leire descubre en unas fotos que Marc no tenía la misma camiseta durante la cena que cuando lo habían encontrado sin vida. Marc Castells era un adolescente de Barcelona, que había crecido en una familia acomodada. Su madre, Joana Vidal, le había abandonado cuando aún era muy joven. Su padre, Enric Castells, se había casado con Glòria y habían adoptado a una niña chinita, Natàlia, a la que tanto padre como hijo ignoraban. La noche del accidente, Marc estaba solo en casa y había decidido hacer una fiesta con sus amigos de la infancia, Gina Martí y Aleix Rovira. En cierto momento de la noche se había producido una discusión entre los dos jóvenes, mientras Gina se marchaba a la cama de Marc a dormir la mona, para despertarse al día siguiente descubriendo que su gran amigo se había suicidado.
Marc está dispuesto a descubrir todo respecto a la muerte de Iris Alonso cuando él era un niño, para lo que había confiado en sus dos amigos. Había estado estudiando en Dublín, donde había entrado en contacto con Inés Alonso, la hermana pequeña de Iris, y se habían propuesto descubrirlo todo. Para ello, Marc vuelve a Barcelona donde ha decidido tender una trampa a su tío, el sacerdote Félix Castells, que también se encontraba en el campamento el verano en que Iris apareció sin vida en la piscina. Pero una persona está dispuesta a obstaculizar su plan: Aleix Rovira, que es un joven muy inteligente y sabe que está implicado su hermano mayor, Eduard, dedicado a labores humanitarias y monitor hace unos años en los campamentos de los Pirineos donde iba Marc. Han decidido hacer fotos a la hermanastra de Marc e introducirlas en el ordenador del sacerdote, para que éste confiese el nombre del monitor al que había protegido durante todos esos años. Inés aparece en Barcelona y lee unos escritos que encontró en un osito de peluche de su hermana el verano en que esta murió. Fue un accidente, pero describe claramente que uno de los monitores abusó de ella y que, el último verano, ese monitor se había fijado en su hermana pequeña. Iris tenía que evitarlo.
Leire Castro descubre que la persona que asesinó a Marc fue su madrastra Glòria, al descubrir el USB con las fotos de Natàlia, y por temor a que la hicieran daño había empujado a Marc por la ventana. Como también consideraba que Gina era mala, había simulado su suicidio.

Es un magnífico libro, que además se lee rápidamente.

Un reloj parado

En mi dormitorio tengo un reloj de pared. Dentro de la esfera marca las diez menos cuarto. Hace varias horas que se ha parado.

Se ha parado como se para el tiempo cuando está él. Se ha parado como se para el mundo cuando mis ojos se levantan y se cruzan con esa mirada angelical. Se ha parado como se para todo cuando él está cerca, como se han parado los minutos en este preciso instante en que recuerdo su imagen perfecta e inevitablemente sonrío.

Podría pararse mañana por la tarde si hiciera caso a quien me ha dicho: "Podrías venir mañana antes de cenar". He sentido el rubor en mis mejillas. Pero no creo que vaya. A veces, cuando lo pienso, soy consciente de que son cinco minutos los que me separarían de él. 

Él me dijo una vez que yo no era vergonzosa. Pero lo soy. Hay gente nueva y, por tanto, me retraigo, me encierro en mí misma y no hablo. Creo que él ya me ha visto alguna vez en esa situación, quizás en algún momento en que se haya encontrado con alguien que yo no conocía y me limitaba a observar y no decir ni una palabra. No sé por qué me pasa, pero siempre me ocurre con gente que veo por primera vez, me cuesta mucho hablar, me dedico a observar y sólo responder cuando me preguntan. Es como si un resorte en mí se cerrara en banda. En esas ocasiones me cuesta reconocerme. 

Se ha parado el reloj. Mañana, cuando abra los ojos y mire hacia la pared seguirán siendo las diez menos cuarto y, recién despertada, no recordaré que esta noche ese reloj se había parado. Le pondré pilas antes de marchar de casa.

Un reloj parado no sirve para nada. Serviría si se parara justo en el momento en que aparece ese ángel de mirada perfecta y, a la vez, el mismo reloj parara el tiempo. 

Esta noche no escucharé el dulce tic-tac de las horas, pero seguiré escuchando el golpeteo continuo de los latidos de mi corazón que palpitan por él...

Días de vermouts

Mi hermano me ha dicho que me va a regalar, otro año más, un baúl lleno de libros. Pero no va a arriesgar, así que ha optado por pedirme que le mande un correo electrónico con los últimos libros que me he leído o he comprado. Me lo imagino mañana en una librería con su esposa, ella eligiendo libros y él con la Blackberry en la mano diciendo: "No, que ese está en la lista".
De hecho, mi hermano es la única persona que se atreve a regalarme libros.

Mañana hemos quedado a las doce a tomar un vermout. A ver cómo llegamos a comer. 

viernes, diciembre 23, 2011

Una decisión complicada

Hay momentos en que tomar una decisión resulta arduo. El problema de este tipo de decisiones es que el corazón te dicta una cosa y la cabeza te dice otra diferente. Son las dos caras de una misma moneda. A veces, tomar esa decisión es difícil. Me cuesta mucho ir en contra de los dictados del corazón, pero soy consciente de que, cuando esa idea se empezó a moldear en mi mente hace unos días, empecé a sentir un nudo en el estómago, en ciertos momentos me encuentro hecha un manojo de nervios y sigo sin haber tomado la decisión. Dudo porque no sé qué es lo más correcto. 
Creo que el amor que siento es mucho más fuerte que cualquier otro sentimiento. Pero a veces es duro tomar una decisión relacionada, porque el corazón quiere imponerse y el sentido común no le permite hacer locuras.

¿Qué hago...? 

En el interior del lienzo

Vincent Van Gogh, Café en Arles (1888)

Anoche me quedé dormida demasiado pronto, podía ser antes de medianoche. 

De repente, estaba caminando por una calle y se oía el bullicio de unos bares cercanos. ¿Quién no se ha imaginado dentro de un cuadro alguna vez? Yo me encontraba en el Café de Arles de Van Gogh, me encontraba con un ángel y recuerdo que todo era perfecto. Era como una noche de verano. Eso me recordó a una película de Woody Allen, titulada "La rosa púrpura del Cairo", en la que una mujer va a ver una película reiteradamente al cine y finalmente el actor de la película sale de la pantalla en su dirección.
Lo cierto es que en el arte siempre me he imaginado cómo sería el ambiente que vieron los artistas para terminar realizando ese tipo de obras.
Las de Van Gogh, debido a su profusión de colores, suelen ponerme de buen humor.

jueves, diciembre 22, 2011

Que pase ya la Navidad

Tengo ganas de que llegue el domingo por la mañana. Aunque todo depende... Si el sábado por la noche salgo, aunque la Nochebuena no invita a salir, y me encuentro con ese ángel de mirada perfecta entonces sólo desearé que se pare el tiempo y que el domingo por la mañana tarde en llegar. 
Si estoy deseando que llegue el domingo es porque la Nochebuena es una jornada que me produce rechazo. Además no me gustan las grandes comilonas de esta época, aunque teniendo en cuenta que casi todos los alimentos son productos sacados del mar mi cena estará empapada de una total frugalidad.

Hoy siento que él está muy presente. Ya puedo pensar en cenas, en Navidad, en villancicos... que él se hace eco en mi mente y eclipsa todo, algo que realmente me gusta porque su imagen angelical siempre consigue reconfortarme. 

El paso de un ángel

Al mediodía me encontraba en la calle, echando un cigarrito después de comer. Charlaba con una persona que estaba fumando un puro. Entonces le he visto venir, al levantar los ojos allí estaba él. Me ha dado tiempo a ver que llevaba una chaqueta verde que me encanta y que estaba guapísimo. Cuando ha pasado sólo existía él. Como casi todos los jueves, he vuelto a verle.
He pensado en describir ese momento mientras me tomaba un café, pero la novela negra que he dejado a medias antes de salir a la calle ha atraído de nuevo mi atención. 
Sin embargo pensaba en ese momento. En que justo tenía que estar en ese preciso instante en la calle para verle pasar, que podía haber estado diez minutos antes o diez minutos después y entonces no le hubiera visto. Es un ángel.

A las cuatro me ha llamado mi padre para decirme que tenía que pasar la ITV al coche, que había llegado la carta a casa. Como cierran antes que mi salida de la oficina, he ido hacia el coche. Allí se encontraba el suyo también. He sentido nuevamente esa cercanía que hace que me estremezca de pies a cabeza. En mi mente pensaba que ya podía aparecer por la calle, así tendría oportunidad de escuchar esa voz tan sensual, que hace mucho que no hablo con él. 

Al regresar un rato después he intentado aparcar lo más cerca de él. Nunca se sabe cuándo nos vamos a volver a encontrar. Pero al marchar ya no estaba. 

Me encuentro feliz. Cruzarme con él, aunque sea cuestión de segundos, siempre me trae una sonrisa. Y él siempre aparece cuando menos me lo espero.

La fábrica de los sueños

La fábrica de los sueños es el logo de la Lotería Nacional. No nos habrá tocado el Gordo, pero sigue siendo una fábrica de sueños. Volverá con más sueños porque al final es importante no dejar nunca de soñar.

Mis sueños están en otro lado. Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta, me pregunto si me encontraré hoy con él, si volveré a quedarme atrapada en su mirada perfecta. Me gustaría... Echo de menos la magia que aparece siempre con él.

He de irme.

Que la suerte nos acompañe

Comienza el día de la lotería. He contado los décimos que hay en el grupo de amigos y son 33. Se dice pronto. Hay números de todas las terminaciones, así que a poco que nos toque al menos una terminación llegará.
Este año compré dos series para Navidad, una en Pamplona y otra en Burgos. Es, con diferencia, el año que más lotería he comprado que, comparado con lo que juegan mis familiares directos, es una nimiedad.

Es casi la una de la madrugada. Creo que debo ir a dormir, a soñar con esa persona tan especial que consigue, cada día, que todo esté lleno de magia. Cada noche, a estas horas, siento el anhelo de susurrarle que es encantador, me gustaría abrazarle y susurrarle dulces sueños mientras le acaricio el rostro y me quedo atrapada en su mirada perfecta...

Podrán quitarnos las ropas, podrán quitarnos la vida, podrán quitarnos dinero, podrán quitarnos propiedades, pero jamás podrán llevarse nuestros sueños.

miércoles, diciembre 21, 2011

Las cosas que pasaron

Quizás 2011 no haya sido tan mal año. No ha sido de los mejores, eso está claro, aunque yo me quedaré con lo mejor. 
Una de las mejores cosas que han pasado este año, una de esas cosas con las que disfruté enormemente fue la boda de mi hermano, el 13 de Agosto de 2011. El 13811 se juega mañana en mi casa, por supuesto. Disfruté mucho ese día. Claro que una boda siempre es un evento para celebrar. 
Otro de los períodos que recuerdo con especial cariño es el largo viaje que hice en el mes de mayo a Nueva Zelanda. Tengo clarísimo que nunca en el futuro haré un viaje tan largo como ese. No porque no quiera, sino porque no hay muchas opciones para ir más lejos aún (Caledonia francesa y otras islas del Pacífico Sur).
Un período que recuerdo con especial crudeza fueron las semanas que comenzaron una noche de abril hasta mitad del mes de julio. Lo recuerdo con crudeza porque hacía todo lo contrario a lo que mi corazón deseaba y evitar, día tras día, a la persona que amas con locura es doloroso. Basta que intentes olvidar a una persona para que no sólo no le olvides sino que le recuerdes con más fuerza. Y, de repente, un día volví a encontrarme con él y todo volvió a cambiar. Entonces decidí dejar todo en manos del azar. Sin embargo, soy consciente de que algo cambió en mí en esas semanas. En cierto modo, me distancié un poco. Ese tiempo me sirvió para centrarme en mis sentimientos, descubrí y acepté que me había enamorado y, cuando volví a encontrarme con él, descubrí una persona aún más dulce, más noble, más adorable. Ahora tengo claro que no puedo luchar, por mucho que lo intente, contra lo que dicta mi corazón. Esas semanas sirvieron para asimilar lo que sentía, para ser consciente de que el amor se había asentado en mi corazón y que, de ninguna manera, podía ir en contra de lo que sentía. 
Me ha quedado una semana de vacaciones, donde tenía intención de ir a Lanzarote (hacia el mes de noviembre). Dadas las circunstancias actuales, he tenido que olvidarme de esa semana y centrarme en todo lo que me venía encima, que no era poco. 
Hablando de vacaciones para el año que viene, es cierto que quiero ir a Rusia. Ya hubiera ido este año si no me hubiera atrapado los dedos con el tiempo. Soy consciente de la inestabilidad política en que se encuentra Rusia en estos momentos, y por tanto me encuentro observando los noticiarios con interés cuando se habla de Vladimir Putin. Por supuesto, mientras que no se asiente esa situación no voy a visitar ese país. Pero hay muchos lugares por conocer. Así que si en 2012 no es Rusia, serán Canadá, Madagascar o la Isla de Pascua. Quizás Estados Unidos. 
Una vez me dijo un ángel que siempre hay lugares por conocer. Tenía razón. Creo que si algún año me tocara la lotería es posible que me cogiera un año sabático y daría la vuelta al mundo (viaje que me gustaría compartir con una persona especial, claro). Pero como las probabilidades de que nos toque la lotería son demasiado lejanas, optaré por elegir un destino cada año... hasta que me case con el banco, algo de lo que posiblemente esté, en el tiempo, más cercano que lejano.

¿Quién sabe lo que nos depara el 2012...? Son demasiados días y los momentos futuros siempre son un secreto. Espero que sean mejores cosas. Que termine el año y puedas decir, con seguridad, que ha sido un año magnífico, uno de los mejores años de nuestra vida.

Pensaba escribir todo esto más cerca del último día de diciembre, pero me he puesto a escribir y aquí estoy, recordando los buenos momentos de 2011. Mi memoria es demasiado selectiva: siempre se queda con lo mejor de todo. Y el nuevo año siempre llega cargado con los mejores deseos.

Casi seis años

¡Cómo pasa el tiempo...!
En abril de 2006 comencé este blog porque sentía la necesidad de escribir. Recuerdo aquello que escribí como si lo hubiera escrito ayer. Recuerdo que hablaba de las palabras, ese poder que tienen, que pueden comenzar una guerra, pero también pueden firmar una paz, lo que se puede decir con una palabra...
Es sorprendente que lleve escribiendo más de cinco años, y que en realidad no me haya parecido tanto tiempo desde aquel momento en que decidí escribir. 
Recuerdo además que había otro motivo por el que creaba un blog: el hecho de dejar una pequeña huella en el vastísimo mundo de internet, cuando aún creía que quizás en unos meses lo hubiera dejado. Porque he estado en foros, en chats, he tenido messenger, tengo facebook... y de todos esos lugares me he terminado cansando. Lo que nunca me cansa es escribir. Como últimamente, cuando describo alguno de esos momentos mágicos que no quiero olvidar. Es como si algo dentro de mí guiara mis dedos sobre el teclado para esgrimir ese momento, para convertirlo en palabra escrita y, por tanto, permanente.
Entonces, en abril de 2006, tenía una cosa clara: si creaba un blog buscaría la belleza en el mismo. O la idea que yo tengo de belleza. Por eso, casi nunca comento noticias, por ejemplo. Hoy me hubiera gustado hablar de política, pero incluso el nuevo gobierno es finito en el tiempo, mientras que en los cinco siguientes años yo seguiré perpetuando mis palabras en el tiempo. 
¿Cómo me veo en cinco años? Prefiero no tentar a la suerte. Algo sí que tengo claro: seguiré escribiendo.
La belleza también se encuentra en las cosas más simples. En un blog se pueden instalar muchísimas cosas: desde vídeos y audios que te acompañan mientras lees, hasta publicidad. Para mí son instrumentos que recargan demasiado una página que, en definitiva, si cuenta con muchos elementos tarda siglos en cargarse por completo. Así que siempre he optado por los elementos más básicos. Podré cambiar el fondo, incluso la ubicación, pero no añadiré elementos multimedia, por ejemplo, ni siquiera un buscador.

Al final, un blog se convierte en parte de una persona. Nunca me han gustado los diarios, y este blog es un diario en el sentido de que escribo día a día. Pero rechazo de plano eso de: "Hoy he hecho esto y lo otro, después he...". Me parece antiestético y ¿a quién le importa lo que hace el resto del mundo? A mí me interesa lo que hace un ángel, pero últimamente desconozco dónde está. Intento no escribir de la forma de un diario, sino que cuando se crean momentos susceptibles de ser escritos busco siempre las palabras que convierten la entrada en cuestión en algo tildado de belleza, aunque si me centro en las palabras que escribo sobre él la belleza llega directa desde el corazón porque esas palabras llegan directas desde el corazón, aunque a veces me resulte algo complicado encontrar las palabras más idóneas para describir tanto sentimiento. 

A veces me pregunto si en 2012 seguiré esgrimiendo en palabras tanto sentimiento. Sé que, mientras siga enamorada, seguiré escribiendo sobre el amor, sobre él, sobre esos momentos donde siento las revoluciones del corazón a mil por hora; describiendo su mirada angelical, su voz, su sonrisa, su rostro, sus manos... 

No queda nada para terminar el año. Diez días y una hora.

Lo que nadie nos enseñó


Gracias a él, a ese ángel de rostro perfecto, he aprendido a sentir nuevas emociones que nunca había sentido. Día tras día, semana tras semana, año tras año, te encuentras amado de una manera única, comprendes que las emociones del día a día se convierten en algo superior, sublime e indescriptible, eso que los expertos llaman amor. Emociones que congelan el tiempo, intensas en el momento que las sientes e imperecederas. Cada día esas emociones son mejores que el día anterior y en los días que hay tal emoción la echas de menos. Aunque en realidad no son las emociones lo que echo de menos, sino que le echo de menos a él. El mismo ángel que provoca en mí tan profundas emociones, el mismo que trae la magia, el mismo cuya mirada no es una mirada sin más.
Un día te encuentras amando, deseando, anhelando y echándole de menos. Me pregunto dónde estará, con quién estará, qué andará haciendo... 

Comienza el invierno

Dicen que el invierno comienza en la próxima madrugada a las seis de la mañana. 
Miro por la ventana y me da la sensación de que el paisaje y el cielo parecen más típicos de un temprano octubre que de un diciembre que está ultimando sus días.

Creo que marcharé a la ermita en un rato, que el tiempo es demasiado agradable.

La tarde invita a paseo

Ha salido el sol. Me resultaría indiferente el tiempo si esta tarde tuviera que trabajar, pero como tengo la tarde libre el sol hace que lo mire de otra manera. El invierno empieza con sol, con un día soleado que invita a pasear, a perderse entre los árboles.
Me pregunto dónde estará él. Hace demasiados días que no me encuentro con él. Si no fuera porque de vez en cuando veo su coche, pensaría que se ha ido de vacaciones.
Esta tarde me gustaría compartirla con él. Aunque estoy segura que él estará en mis pensamientos cincuenta y nueve minutos de cada hora.

Me pregunto dónde estará, aunque estoy segurísima que esté donde esté, estará guapísimo. Afortunados aquellos que compartan unos minutos al día con él, que puedan levantar la mirada y encontrarse con esa mirada perfecta, con esos ojos que concentran en sí mismos todo lo mejor del mundo, afortunados aquellos que escuchan esa voz tan sensual a diario...

Creo que me iré a lavar el coche.

Tan pronto para dormir, tan cerca de soñar

Si hay una noche que no me responden las manos ni los ojos, que una vocecita dentro de mí susurra: "Vamos a dormir"... ese día es hoy. No es que tenga la mente en blanco, sino que la tengo abotargada. Me da la sensación de que llevo cuatro días sin dormir, como si me hubiera pasado la noche entera de fiesta. 
Daría un mundo por abrazarle, por decirle que hable, que diga cualquier cosa, sólo por el dulce placer de escuchar su voz perfecta, susurrante, sensual en medio de la oscuridad. 
Le echo mucho de menos. Me voy a dormir. A soñar con él. A anhelar cruzarme con él de nuevo mañana. 

Se me cierran los párpados, pero al cerrarlos veo su imagen perfecta y algo en mí susurra: "Es demasiado pronto para ir a dormir".