Nunca me ha importado leer libros de corte realista, que nos
impregnen de lo que realmente ha ocurrido en este u otro lugar, con este o
aquel personaje. En cierto momento, una noticia se encuentra en boca de todos y
de repente apetece llegar al meollo del asunto. Un tema como el de Urdangarín,
cuyos desmanes han salpicado a la Corona Española es de interés, sobre todo
cuando escuché en televisión a los dos periodistas que venían detrás de la
pista de las actividades truculentas del yerno del Rey.
Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta son periodistas del
Diario El Mundo en su versión de las islas Baleares, por lo que han estado muy
cerca de la trama y de los protagonistas cuando éstos se iban hilvanando, tanto
como que a través de ellos se filtró en El Mundo que la sociedad “sin ánimo de
lucro” denominada Instituto Noos daba pingües beneficios de los cuales se
estaban lucrando ventajosamente sus dos socios: Diego Torres e Iñaki
Urdangarín.
En estos momentos, Urdangarín espera sentencia y está
imputado por cinco delitos: malversación, prevaricación, falsedad documental,
fraude y blanqueo de capitales), no se habla con la “facción dura” de la Corona
Española (el Príncipe Felipe, Don Juan Carlos y Doña Letizia) y posiblemente
sea condenado a varios años en prisión, amén de devolver el dinero que se llevó
de las arcas públicas de varias Comunidades Autónomas.
El libro está escrito en un estilo fresco, con un invariable
sarcasmo que a veces te sonsaca una sonrisa. Es decir, los autores se ceban con
Urdangarín con palabras muy educadas.

Palacete de Pedralbes, vivienda que compartían los Duques de
Palma en Barcelona
Comienza la trama el 15 de Enero de 2008, cuando Urdangarín
llega a casa tras un día ajetreado y se encuentra con que la infanta Cristina
le ha preparado una fiesta por su 40 cumpleaños, donde se encuentran familiares
y amigos. La casa que Urdangarín y la infanta tienen en Barcelona no es otra
que el palacete Pedralbes, una casa-torre en lo más chic y exclusivo de
Barcelona, que compraron por un valor de 6.316.000 €, a lo que habría que
añadir 2,5 millones de euros para reformar una finca que estaba prácticamente
destrozada. Este palacete en la zona más acomodada de la Ciudad Condal venía a
suponerles una hipoteca de 20.000 € al mes.
Esa misma noche le pide a su cuñado Felipe ayuda para pagar
la excesiva hipoteca que tienen contraída por la casa, a lo cual el Príncipe le
responde que no debería habérsela comprado. A partir de entonces, Urdangarín
que se considera ninguneado en la Casa Real al ser un deportista retirado sin
estudios y esforzándose por sustentar a la infanta sin tener que pedir ayuda a
los Reyes se pone a estudiar en el ESADE, una escuela donde se diplomará en
Administración de Empresas, el lugar donde conocerá a Diego Torres, el que más
tarde será su socio.

Diego Torres e Iñaki Urdangarín
Diego Torres es profesor de la escuela donde estudia
Urdangarín, y ve en él a alguien que necesita hacer negocio pronto. Diego
Torres es un cerebro, una persona muy inteligente que, más tarde, será el
ideólogo se un conglomerado de sociedades a las que es fácil perder la pista.
Su acercamiento y el de sus familias será el germen de un repertorio de
actividades fraudulentas e inmorales. Es decir, Torres encontró en Urdangarín
la imagen célebre que serviría de “gancho” para encontrar patrocinadores y
Urdangarín encontró en su profesor la mente despierta de un empresario con el
que podía “hacer dinero” de forma rápida. Así crean el Instituto Nóos, una
sociedad cuyo objeto era el patrocinio de actividades deportivas y turísticas
sin ánimo de lucro, cuyos beneficios se vuelven a invertir en las propias
actividades de la organización. Lo que vendían en realidad era humo.

Velódromo en desuso Palma Arena, Palma de Mallorca
Pusieron los ojos en las islas Baleares de Jaume Matas, donde
se citaron en varias ocasiones con el Presidente balear y con varios diputados
con el fin de patrocinar unos foros dedicados al deporte. Jaume Matas dijo que
sí al proyecto sin preguntar el importe total, cifras astronómicas que saldrían
de las arcas públicas sin explicación. Ya estaban incurriendo en delito tanto
unos como otros cuando una actividad de estas características debe elevarse a
concurso, siendo que incluso podrían aparecer otras mercantiles para pujar por
ello. Y esto último no se hizo. Diego Torres se encargó de emitir unas facturas
engrosadas (que ni un deportista de élite cobraría una cantidad semejante, y
porque en realidad ellos vendían humo, proyectos que ni siquiera veían la luz,
daban charlas por las que cobraban cantidades astronómicas, etc.).
De Palma pasaron a la Comunidad Valenciada presidida por
Francisco Camps, que tampoco les dijo que no y soltó el dinero. También acudieron
a la Generalitat Catalana, donde Pasqual Maragall, poco antes de retirarse, les
dijo educadamente que no, aunque sí que consiguieron vender sus proyectos a
varios diputados catalanes puenteando al que entonces era el Presidente de la
Generalitat. Como veían que el dinero caía del cielo y la fortuna estaba de su
parte, también intentaron “sobornar” a otras empresas de índole privado. Hubo
muchos que les dijeron que no (como Jorge Valdano) y otros que no se atrevieron
a decir que no al mismísimo yerno del Rey. Además, muchas de estas actividades
las empañaban diciendo que estaban respaldadas por la Corona Española, que en
realidad no supo qué tejemanejes tenía entre manos Urdangarín hasta que el
Diario El Mundo les puso sobre la pista y obligó a Urdangarín a desaparecer
como presidente de Nóos, así como que desaparecieran todos los nombres que
tenían que ver con la familia real, como el de la infanta Cristina y Carlos
García Revenga (el que fue maestro y luego asesor de las dos infantas).
Dieron un salto más. Cuando la Casa Real le ordena a
Urdangarín que desaparezca de la escena y se coloca Diego Torres en la
presidencia del Instituto Nóos (en realidad todo seguía igual en la práctica),
los dos socios deciden crear otra sociedad que patrocinara y velara por los
niños discapacitados y enfermos de cáncer, sociedad que sería una tapadera para
evadir impuestos a paraísos fiscales como Belice y Suiza.
Éste es uno de los capítulos que me han puesto la piel de
gallina, porque me parece tan inmoral, tan poco ético… que no hay palabras para
describir tal vileza de manos de estos dos sinvergüenzas. Porque sí, se
aprovecharon de los inocentes niños enfermos, y ¿quién iba a investigar una
sociedad de estas características que en realidad sería para desviar fondos? Lo
que preconizaban los estatutos de esta sociedad es justamente lo que se podía
esperar de un miembro de la familia real, siempre que no hubiera existido el
verdadero objeto detrás, que era el de usarla de tapadera para evadir
impuestos.
Se estima que Urdangarín se llevó unos ocho millones de
euros por proyectos que ni siquiera vieron la luz, por cuatro charlas que
costaron cifras astronómicas y por unos informes que copiaban de internet. Y
muchos políticos, deportistas, directores de empresas pagaron sin rechistar
unas facturas ¿en base a qué? ¿Cómo se pueden emitir y pagar unas facturas por
un trabajo no realizado…?
Una de las empresas satélite, de las muchas creadas por
Torres y Urdangarín, fue Aizoon. Y esta empresa es interesante, porque los
administradores de la misma eran Urdangarín y la infanta Cristina. Se supone
que era una inmobiliaria que era subcontratada por la empresa nodriza (Nóos)
para realizar tareas que no tenían mucho que ver con su cometido original. Y a
esta empresa se desviaron fondos desde Nóos, de hecho Aizoon se convirtió en la
tarjeta de crédito de un alto porcentaje de los gastos personales y de la casa
de la pareja. Y se supone que la infanta desconocía los tejemanejes de su
marido…
También se le vio el plumero a Urdangarín cuando intentó ser
presidente del COE (Comité Olímpico Español), donde no vieron con buenos ojos
lo que prometía, donde intentó “vender la moto” sin éxito, y donde además un
buen día desapareció sin decir nada. Quería dar el gran salto al COI, y muchos
deportistas dijeron que se veía como el nuevo Samaranch.
Pero llega un momento en que todo esto se tenía que
descubrir. Llega un momento en que con tantos políticos corruptos que se han
lucrado con la “burbuja inmobiliaria” empiezan a ser investigados. Ese fue el
caso de Jaume Matas. Un buen día, Madrid crea en las islas Baleares una oficina
para que controlara la corrupción y empezaron a investigar el caso del
velódromo Palma Arena y el desorbitado gasto que había conllevado. Aquí es
donde el fiscal Horrach y el juez José Castro descubren un nombre implicado:
Iñaki Urdangarín.

El juez José Castro
Se abre una investigación en paralelo al caso del Palma
Arena, y los dos hombres de Justicia descubren que se encuentran ante un
escándalo de grandes proporciones, sobre todo por lo que atañe a la Corona
Española. En aras de la Justicia, estos dos hombres, ante los que hay que
quitarse el sombrero, dejan aparcado el caso del velódromo y empiezan a
solicitar documentación sobre el Instituto Nóos. Empiezan a tirar de los hilos
y citan a Diego Torres, que indica que su socio al 50% era Iñaki Urdangarín. Le
piden todas las facturas que justificaran ingresos de esas dimensiones y Diego
Torres, pensando que no iban a mirarlas siquiera (ya que pensaba que eran
intocables al estar emparentado Urdangarín con la familia real), les entrega
toda la documentación que incrimina tanto a Torres como a Urdangarín.
El juez José Castro es un hombre que se caracteriza por su
integridad moral, tiene una conducta intachable y se caracteriza por ser
insobornable. Era consciente de aquello a lo que se enfrentaba cuando imputaba
a Urdangarín. Un valiente del siglo XXI. Creo que muchos se hubieran echado
para atrás cuando se dieran cuenta de que el escándalo iba a salpicar a la
Corona Española. Él fue implacable. Quería, junto al fiscal, la verdad. Y, como
dijo el Rey en el mensaje de Navidad de 2011, al final “la justicia es igual
para todos”.
Ante esto hay que decir que, para cuando fueron imputados,
Torres y Urdangarín no se hablaban desde hace unos años, porque pensaron del
otro que les estaba robando. Y se terminaron separando. Viene como anillo al
dedo en este momento esa máxima que dice: “Se cree el ladrón que todos son de
su condición”.
Finalmente a la infanta Cristina no la han imputado porque
se supone que desconocía todos los tejemanejes de su marido, porque ella firmaba
Actas pero no leía el contenido. La Casa Real le ha pedido en numerosas
ocasiones que se divorcie de Urdangarín, pero ella está tan enamorada de él que
no tiene intención de separarse de su marido. Tanto que un comunicado oficial
de la Corona Española llegó a indicar que sólo eran de la familia real los
Reyes, los Príncipes y las hijas de éstos.
Urdangarín declaró ante el juez Castro el 25 y 26 de Febrero
de 2012, con evasivas y echando balones fuera, incluso culpando de todo a su ex
socio Diego Torres, que había pospuesto su declaración porque primero quería
saber lo que iba a declarar el Duque de Palma.
En estos momentos Iñaki Urdangarín, Diego Torres, la mujer
de éste (Ana Tejeiro) y dos cuñados de Torres esperan la sentencia. Lo más
lógico sería que Urdangarín acabara en la cárcel, pero en este país de gominola…

















