viernes, noviembre 04, 2011

Las noches que pasan rápidamente

Anoche me quedé dormida sobre la cama. Quería escribir sobre él, sobre lo mucho que le echo de menos, sobre la cantidad de días que llevo sin verle, y eso significa que escribir sobre él es escribir sobre el amor. Entonces me tumbé y no escribí, pero empecé a soñar. A las cuatro estaba sobre la cama, con todo encendido, y lo dejé todo como estaba.
Creo que estaba soñando con un ángel. Y creo que estaba infinitamente cansada.

jueves, noviembre 03, 2011

Noche mágica para pasear

En noches como ésta daría un mundo por pasear junto a él de su mano. Aunque hace un poco de frío. No importa. Es una noche perfecta y ha dejado de llover. Invita la noche a caminar con él, a escucharle hablar con esa voz tan sensual, roto el silencio de la noche por el ritmo cadencioso de sus palabras.
Llevo muchos días sin encontrarme con él. Supongo que le echo de menos. 

Los recuerdos de la lluvia

Hoy he sacado paraguas, algo que habitualmente no suelo hacer. Evito los paraguas, pero no podía permitir mojarme. Eso me recuerda a que siempre termino perdiendo todos los paraguas. La última vez que perdí uno, completamente transparente, fue en Tokio. En Japón tuve que comprar un paraguas porque llovía en días alternos y eso nunca fallaba. Aunque por la mañana hiciera un sol impresionante, si el día anterior no había llovido, ese día terminaría nublándose y finalmente llovería a raudales. No fallaba. Día sí y día no. En uno de mis últimos días en Tokio, recuerdo que me encontraba en una de las infinitas estaciones del subsuelo y me planté frente a una máquina automática de billetes de metro y cercanías. Coloqué el paraguas en una moldura junto a la pared y junto a la máquina. Y allí quedó. 
Dos horas después, ya de regreso al hotel y a muchos kilómetros de allí, recordé que llevaba un paraguas, así como también recordé el momento en que lo dejaba colgando allí, en la estación de Shinjuku (creo recordar bien), donde quedó abandonado.
Espero que el paraguas de Kukuxumusu que compré en Pamplona me dure más.

Lluvia... ¡por fin!

A medida que conducía hasta Ezcaray, la lluvia era más persistente, aunque no mucho más. Pensaba en un ángel. Me reconforta mucho pensar en él. Siempre empiezan los días mejor cuando su imagen se va moldeando lentamente en mi mente.
Aunque en días lluviosos como hoy, más que estar en una oficina, daría cualquier cosa por quedarme en la cama abrazada a él. El día invita a ciertas cosas que, sin duda alguna, son para días de ocio. Sólo que la imaginación es gratuita.

Los legados de la noche

Me gusta la noche. Siempre me ha gustado. Adoro ese silencio que la acompaña, adoro el pensamiento de ser consciente de que en unos minutos me taparé hasta la nariz y dormiré. Lamentablemente no puedo quedarme hasta altas horas de la madrugada. En ese sentido echo de vez en cuando los años universitarios, cuando algún día podía quedarme de madrugada, haciendo cualquier cosa. Siempre había excusas para que dieran las cuatro de la mañana en el reloj. Desafortunadamente ya no puedo hacer eso, porque el reloj suena puntual cada mañana.
La noche lleva a pensar, a imaginar cómo sería dormir al lado de un ángel, a materializarlo, a desearlo, si cabe, cada noche un poco más. Quizás él ya esté durmiendo. Entonces me dejo llevar por los sueños.
Adoro esos momentos con sabor a mentolado, las manos frías al teclado, el tacto suave del pijama. Invitaciones claras al sueño.
Y adoro el anhelo que me lleva a la ilusión de que quizás mañana le vea. Me gusta pensar que mañana podría cruzarme con él. Siempre añoro esos momentos. Pero, aunque no me encuentre con él, cada instante que pasa ya es digno de mención, aunque sólo sea por esa sensación de estar tocando el cielo con las yemas de los dedos.
Ahora sé que ese cúmulo de sensaciones sólo se producen cuando se está enamorada. Ya no sólo anhelo encontrarme con él, sino que él está presente en cada objeto que me rodea, en cada canción, en cada palabra, en cada pensamiento, en cada minuto. Y al sentirle tan cercano cada segundo es de oro. No siempre somos conscientes de la felicidad. Quizás porque siempre la estamos buscando desconociendo que esa felicidad tan escurridiza la tenemos al alcance de la mano, que sólo tenemos que alargar los brazos para sentirnos desbordados. 
Soy consciente de que un porcentaje muy alto de este estado anímico pleno viene producido por la magia de un ángel. Con ese ángel de mirada perfecta me voy a soñar... en cuestión de segundos. 

miércoles, noviembre 02, 2011

Tanta magia...


Iba a decir que no lo he visto, aunque no es exacto, porque creo recordar que esta tarde ha pasado con el coche por delante de mí. Pero me encontraba tan ensimismada que, cuando he querido darme cuenta, ya era tarde.
Llevo todo el día pensando en él. Salía a la calle y me preguntaba si me encontraría con él, si iba a estar su coche, si estará tan guapo (o más) como siempre (esto seguramente que sí), si me palpitará de nuevo el corazón en su presencia. Pero no nos hemos cruzado y ahora le echo mucho de menos. Me gustaría decirle tantas cosas hermosas (al oído), me gustaría tanto perderme en esa magnífica mirada...
Ahora que lo pienso... el día ha sido muy ajetreado. Pero seguía sintiendo su magia. Y eso hacía que no me diera cuenta de que las horas iban pasando. Al final, a las nueve era ya hora de regresar a casa.

Veinte minutos para la una

Dentro de veinte minutos he de estar durmiendo. De hecho, ya se me estaban cerrando los ojos. Últimamente me pesa tanto el libro que tiendo a dejarlo abierto encima de mi rostro a la vez que cierro los ojos. Aunque es complicado dejarse vencer por el sueño con el peso muerto del libro sobre el rostro, durante unos minutos me encuentro relajada. Pienso en que sólo serán unos minutos, pero la verdad es que si me dejo llevar me despertaría dentro de varias horas con portátil encendido, el libro cerrado en algún lugar de la habitación y la luz de la mesilla encendida. Al menos, hace un rato me he puesto el pijama, ya que no sería raro que, además, también me quedara dormida encima de la cama con la ropa puesta.
Estoy segura de que si durmiera con él no leería antes de dormir. ¿Para qué quiero historias ajenas cuando tengo sus historias tan cercanas? Seguro que tiene mucho que contar. Y eso me recuerda a que, hace un rato, cuando cerraba los ojos con el libro abierto sobre ellos, me imaginaba en un lugar concreto en un momento concreto y sumaba los años que nos separan y me preguntaba qué estaría haciendo él en aquella época, cuando todavía no nos conocíamos. A veces me lo pregunto. Por ejemplo, cuando yo tenía 24 años y estaba en X lugar con X personas, ¿dónde estaba él? Supongo que las personas a las que amamos siempre despiertan cierta curiosidad en nosotros. Aunque lo cierto es que sólo quiero saber de él cuando lo cuenta él, con esa voz tan sensual, con el brillo de los ojos que acompaña a sus palabras, con la enorme sabiduría que se deduce en su forma especial de contar las cosas.
Ahora sí que me voy a dormir. Ya no importa que me quede dormida con el libro abierto. Porque al final, no sé cómo lo hago, pero consigo despertarme durante unos breves segundos para apagar la luz y sumergirme en el mundo de los sueños. 

martes, noviembre 01, 2011

Para no pensar que noviembre es ya casi invierno


Parece como si mañana fuera lunes y ahí está el miércoles. Espero que mañana el cambio de hora ya no me afecte y llegue puntual a la oficina. Espero encontrarme con un ángel (que hace mucho que no le veo), aunque la magia sigue. Tan palpable como nítida escucho en mis recuerdos su voz. Espero que el día me cunda, porque mañana me espera un día ajetreado. Pero no importa lo duro que sea, lo que importa es que él estará cerca, que me seguiré sintiendo feliz. Aunque no le vea, aún sigo saboreando la magia, ese sentimiento de plenitud que hace que se desborde mi corazón.
Ha empezado noviembre. Y como es un mes que no me gusta mucho, prefiero no pensar en él. Lo que tengo claro son las cosas que seguiré haciendo porque me hacen feliz:
1) Amar. Seguiré amándole, posiblemente cada día más y más. Amar a un ángel es a veces complicado, pero también es algo mágico, teniendo en cuenta que esa magia siempre proviene de él. Le seguiré amando cada día y seguiré ocultándolo, aunque soy consciente de que él puede traspasar las capas de mi piel y llegar a mi alma e intuirlo.
2) Escribir. Seguiré escribiendo cada día. En el blog, en la libreta Moleskine que llevo en el bolso, en hojas de Word. Y seguramente en el 90% de lo que escriba habrá un 100% de amor. Porque cuando escribimos plasmamos lo que porta nuestro estado de ánimo. Y si yo amo, aunque no hable de amor, el amor se podrá percibir entre líneas.
3) Leer. Seguiré leyendo cada noche antes de dormir, los jueves en la peluquería y seguiré brindándome buenas dosis de lectura los fines de semana. En estos momentos, tengo esperando varias novelas. Pero como aún no poseo el don de la ubicuidad tendré que leer de una en una, porque jamás he podido leer dos libros a la vez. Sin embargo, hoy me he saltado la regla: cuando el volumen que leo es extenso, suelo coger alguna novelita que me lleve horas, pero no pararé hasta que la termine, para volver a retomar el otro. 
4) Sonreír. Es importante sonreír cada día. En esto soy afortunada, porque me despierto con el sol y el sol me trae al alba la imagen de un ángel. Y el primer pensamiento de él siempre me hace sonreír. Es tanta la felicidad que me aporta. Además, sonreír está en estrecha relación con amar. Y si amo tanto en estos momentos, por narices he de sonreír. Nadie puede empañarme el día, nadie. Y esto es bueno, porque al no enfadarme no contamino mi alma y me evito muchos dolores de esos espirituales (y también muchos dolores de cabeza). 
5) Pasear. Seguiré paseando, pese al tiempo. Aunque llueva o haga viento, a mí no me importa salir a la calle aunque el día sea gris, aunque el tiempo no acompañe. Porque al final, el amor hace que no haya días grises.
6) Soñar. Es importante no dejar de soñar nunca. Es importante no olvidarnos de soñar. Y es importante soñar con él. Seguiré soñando con él, aunque después no recuerde los sueños.
(...)
∞) Ser feliz. Creo que todo lo anterior, y lo que me deje (de ahí el símbolo de infinito), depende de la predisposición de cada persona.

Lo sé. Estoy radiante, contenta, feliz. Me pregunto cuánto influyeron sus palabras en mí. Porque aunque sea optimista por naturaleza, la plenitud del momento presente se debe en gran parte a él.

La sensación de felicidad

La sensación de felicidad perdura hoy, en el momento en que cierro los ojos y el rostro de un ángel se moldea en mis recuerdos. Cerrar los ojos y recordar es interesante. 
La sensación de felicidad perdura desde ayer por la tarde, desde ese momento en que escuché su voz, esa voz tan sensual, tan dulce... que tanto adoro.
Me pregunto dónde estará y si le veré mañana. Es que llevo mucho tiempo sin cruzarme con él.

El mundo amarillo


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Me gusta Albert Espinosa. Me gusta su desparpajo a la hora de escribir, su forma de mirar la vida, su FUERZA. Cuando me leí Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo y Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven apenas sabía nada de él, pero este libro me ha hecho descubrir más sobre la vida del joven autor.
Sus dos libros anteriores me gustaron mucho. Anteriores porque los leí antes, aunque El mundo amarillo es previo en el tiempo. 

Cuenta en este libro Albert Espinosa que pasó diez años padeciendo un cáncer por el que le amputaron una pierna y le extirparon una parte de un pulmón. Desde los catorce a los 24 años estuvo entrando y saliendo de hospitales y, sin embargo, tuvo una buena experiencia. A partir de esa vivencia y esa lucha con el cáncer ha recopilado muchas frases de personas que estuvieron cerca de él entonces y que le dijeron algo de interés.
Lo más significativo del libro es descubrir quiénes son los amarillos, unos personajes que están por encima de los amigos, alguien con quien conectas, cuyo paso puede ser permanente o temporal y con quien sientes que es tu alma gemela. Me hace pensar, porque esas personas existen en realidad. No se trata de un amor, ni de un amigo, son personas que puedes encontrarte en cualquier sitio o puede ser un amigo que, de repente, se convierte en algo más. Sin ningún otro tipo de connotación.

Este libro me ha acercado al autor. Y me ha tocado. Lo he cogido sólo para desconectar del que me estoy leyendo. Leérselo y disfrutarlo es tan sólo cuestión de horas.

Algunos cambios que he comprobado

La entrada del libro anterior la he encontrado en los borradores de blog. Hace meses que leí el libro, pero algunos de los cambios de los blogs es que ahora no se quedan en el día en que se escribieron, sino en el día en que se publican.
Otro cambio que he podido comprobar, y éste me gusta más, es que antes podía empezar a escribir a las doce y no publicar hasta cuatro horas después, y me ponía la primera hora. Ahora no, ahora pone la hora en que le doy a Publicar Entrada
Tenía que explicar qué hace en noviembre la reseña de un libro que leí antes de verano. Para mí que no le di a 'publicar' y como todo lo guarda quedó guardada (y por tanto escrita) sin haberse llegado a publicar. Ahora, al buscar los libros de Albert Espinosa me he encontrado con esa reseña en modo "Borrador". 

El bolígrafo de gel verde


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Antes de comentar un poco de qué va el libro, voy a explicar por qué me llamó la atención este libro.
Lo cierto es que un día, navegando entre numerosos blogs literarios, llegué al del autor. Su historia, la historia de este libro, la historia de cómo vio la luz su novela me llamó la atención. Él, acostumbrado a escribir día a día en su blog, una noche decidió no poner un final. Siguió ampliando día tras día aquellas primeras hojas y cuando quiso darse cuenta, varios meses después, tenía en las manos una novela de poco más de trescientas páginas. Se preguntó qué hacer con ello y se dijo: "Si he sido capaz de escribirla, también puedo promocionarla yo mismo". Éste fue el trabajo más duro, cuenta. Después de editarla en una papelería en formato libro, se paseó de librería en librería intentando dejar varios ejemplares junto a autores célebres. Muchas de estas librerías le rechazaron, pero él no cejó en su empeño. Algunas personas le ayudaron a promocionar su novela. La gente empezó a hablar de este libro, sobre todo en internet, y del boca-oído llegó a Espasa, que optó por publicarle la novela. Ya va por la tercera edición.

La novela es realista, demasiado realista. El protagonista pierde el rumbo de su vida, en parte por culpa de un bolígrafo de gel verde. En realidad, es un claro ejemplo de cómo el objeto más simple puede desencadenar un vendaval a su alrededor. Hace pensar...
El protagonista es un genio de la informática que trabaja en una gran empresa de solfware, a las órdenes de un jefe nefasto cuyo único mérito en la vida fue pegar el braguetazo con la única hija del millonario jefe de la empresa. El protagonista es un maníaco de los bolígrafos de gel, ya que son los únicos que le pintan bien para coger avisos. Como todos los de color negro le desaparecen, un buen día decide comprar uno de color verde, que también desaparecerá. Siguiendo su rastro, se encontrará husmeando en todas las vidas de sus compañeros de trabajo, sin darse cuenta de que su matrimonio tiene los días contados. Un buen día, su esposa le abandona y él se venga de su superior. Entonces decide coger un tren hacia las montañas y allí descubre que las distancias existen para recorrerlas, que quiere a su esposa Rebeca y desea recuperarla. Allí, en una cima de 2000 metros de altura vuelve a encontrar el rumbo de su vida.

"Una vida -cualquiera- se resume en una serie de acontecimientos especiales, de puntos y aparte. Puntos que, por más tiempo que transcurra, permanecen intactos en la memoria, remanentes hasta el mismo día en que nos alcanza la muerte".

Denigrante

He ido a visitar a mis abuelos y a mi tío. A medida que caminaba por el camino de gravilla, algo me incitaba a entrar en la pequeña capilla semiderruida. Las puertas están abiertas desde hace décadas, sin duda porque es imposible cerrarlas. La maleza ha cubierto ventanas y postigos, las telarañas recubren todo. Y yo, cámara en mano, daba cuenta de todo. Lo que me apetece ahora es hacer la consecuente crítica al estado de la capilla del cementerio, que es lamentable. La publicaré en la revista cultural, por supuesto. 
Soy consciente de que pondré el dedo en la llaga, pero no puedo quedarme en silencio. Con lo que se paga por un nicho bien podría adecentarse un poco la capilla y no permitir esa ruina casi inminente. Y además quiero hacer hincapié en la desidia de la corporación municipal. Porque no hay opción para elegir entre tumba en la tierra y nicho. Obligatoriamente deben ser nichos. Cuando en el cementerio de mi pueblo hay tumbas antiquísimas que deberían ir exhumando, para dejar espacio de tierra libre. Como siempre se ha hecho. Los nichos, abiertos desde hace uno o dos años, se ve que están mal hechos (en cuanto a su construcción) y son realmente antiestéticos. Eso sí que es una chapuza.
Me dedicaré a escribir, en las próximas horas, un nuevo artículo de "crítica constructiva".

Una hora en el cementerio

Creo que ya va siendo hora de que me acerque al cementerio. Todos los años, en este día, suelo ir allí y, cuando llego allí, siento que quiero marcharme. Para mí allí no hay nada. Creo que cuando las personas fallecen, lo que realmente muere es el cuerpo físico. La esencia del alma sigue viva, sobre todo a través de los recuerdos o de viejas fotografías en sepia que nos vuelven a llevar a los recuerdos. Para recordar a los seres queridos no es necesario acudir al cementerio.
Para mí el cementerio es un lugar muy triste. Cuando llegue a la tumba de mi tío, sé que se me caerán las lágrimas inevitablemente. No me siento más cerca de mi tío porque vaya al cementerio, más bien, cuando estoy frente a su tumba, me agota el duro recuerdo de su entierro, rememoro a la gente que me rodeaba entonces y el agobio que sentía, cómo sonaba la tierra al chocar con el ataúd y la descorazonadora sensación de desear estar en otro lugar. Me acuerdo mucho de mi tío y por eso sé que mi tío sigue vivo en nosotros, porque sigo recordándole a menudo, a pesar de que han pasado cuatro años (y un mes) desde que nos dejó.
Pero la de mi tío no es la única tumba que voy a visitar. Será la primera, pero no la única. Mis abuelos paternos también reposan allí. Apenas tengo recuerdos de ellos, pues mi abuelo murió cuando yo tenía cuatro años y mi abuela cuando tenía nueve. 
Los dos últimos lugares que visitaré serán dos nichos con la lápida demasiado fresca aún: una prima de mi padre y un amigo de la familia. Al pensar en el último, que falleció un día antes de que me fuera a Pamplona, pienso que la muerte es demasiado injusta. ¿Cómo ha quedado la plaza de mi pueblo con su ausencia, cuando él prodigaba desayunos a todos los peregrinos cada mañana? En esos momentos de cada mañana la plaza rezumaba vida...
Por mucho que piense en ello, para mí la muerte es un tema que se me escapa, un concepto desconocido, que está ahí pero por mucho que intente comprenderlo siento que está a otro nivel.

No creo que esté más de una hora en el cementerio. Enseguida llega la sensación de querer salir de allí.

Ahora que lo pienso

Ahora que lo pienso...
Ayer podía haber llamado a cualquier persona de la larga agenda del teléfono. Podía haber ido a tomar algo con cualquiera, pero le llamé a él. ¿Por qué? Simplemente quería compartir unos momentos con él. Con nadie más.
Es bonito eso. Pensar en una única persona, en la única persona con la que me apetecía estar un rato, entre un sinfín de personas. Es un acto de amor. Y ahí está la belleza de esa llamada. En que sólo le llamé a él porque sólo quería estar con él. Y lo extraño está en que no suelo llamarle, por tanto buscar su nombre y darle al Yes en el teléfono es algo que se sale de la rutina. Por eso esa llamada era tan especial.
Por el 'antes', ser consciente de que tenía ganas de tomar algo con él -y sólo con él- y no atreverme a llamarle una hora antes, pero hacerlo cuando le vi pasar ante mis ojos.
Por el 'durante', cuando me concentraba en sus palabras, me imaginaba su rostro, su mirada penetrante, su sonrisa misteriosa y pensaba en lo especial que es la persona que estaba hablando al otro lado.
Por el 'después', por la estera de magia que dejó esa llamada tras de sí, el instante de felicidad que me inundó durante mucho tiempo después de habernos despedido. Por todas las agradables sensaciones que me acompañaron después.
Ahora que lo pienso... eso sólo me ocurre con él. Durante el día hago muchísimas llamadas y contesto a unas cuantas más. Inmediatamente después tiendo a 'olvidarlas'. Son parte de un todo.
La llamada de ayer era un todo que formaba parte de algo infinitamente superior.

Ahora que lo pienso... es Amor.

Que esta noche es Halloween

No crecí creyendo en Halloween, así que una fiesta importada de no sé qué país (de Estados Unidos, aunque el origen es celta, de los inmigrantes irlandeses que llegaron hace ya muchas décadas a Estados Unidos) no me llama mucho la atención. Para mí la noche de brujas es la noche de Walpurgis (madrugada del 30 de abril a 1º de mayo). 
Halloween y todo lo que la rodea (cementerios, personajes vampíricos, brujas malvadas, calabazas iluminadas, películas de terror en la televisión, etc.) no me agrada. Aunque lo que en realidad no me agrada es el tema constante de la muerte y el más allá. Al final, Halloween no es más que otro día comercial, como San Valentín, el Día de la Madre y un largo etcétera.
La de hoy me parece una fiesta un tanto siniestra, quizás ése es el verdadero motivo por el que no me gusta. 

lunes, octubre 31, 2011

La noche es magia

Creo que esta noche no voy a salir. Hace un rato que me he tumbado a leer y he sentido el peso de los párpados, que me relajaba repentinamente y que estaba más cansada de lo que imaginaba. Quizás si me vuelvo a tumbar ahora no vuelva a levantarme a escribir más.
Pero hoy no me importa. Porque en este momento me siento feliz.
En realidad siento como si él me hubiera tocado con una varita mágica, por lo que todo ahora es mágico.

Estoy segura de que esta noche soñaré con él...

Esa voz tan sensual

Cuando llamas a un ángel sin pararte a pensarlo, no piensas en las mariposas que empiezan a revolotear en tu corazón hasta que eres consciente de que él está al otro lado. Cuando le decía que acababa de verle pasar y que fuéramos a tomar algo, pensaba en que hace una hora no me atrevía a llamarle y en ese momento, al ser consciente de que él estaba al otro lado, se me ha caído la mitad del bolso junto al coche. ¿Nervios? Supongo que eran nervios, claro que sí. Habitualmente no suelo llamarle ni suelo decirle que nos vayamos a tomar algo. 
Esta tarde había una fuerza en mí que me hacía pensar fervorosamente en él, tanto que en otro momento hubiera evitado la llamada, pero hoy el corazón y un frenesí impulsivo se han impuesto.
Y, como siempre que escucho su voz, esa voz tan dulce, tan sensual, tan educada, tan sabia... me quedo casi sin palabras. En ese momento me lo imaginaba conduciendo. De mis labios salía un "vamos a tomar algo" y mi corazón susurraba "llévame contigo". 
Adoro su voz. Aun varias horas después sigo escuchando ese timbre tan perfecto. Es que tiene una voz preciosa, una voz que siempre invita a escucharle. Cuando la conversación ha acabado sentía que mis dedos temblaban y tenía esa sensación de felicidad que siempre aparece después de encontrarme con él, o como esta noche después de escucharle.
Estaba guapo. Ha pasado fugazmente, pero ha sido suficiente para poder asegurar ahora que estaba guapísimo.
Ahora no sé si saldré esta noche. Pero me siento sumamente feliz. Tal es el milagro que produce él en mí. Aunque más que un milagro es esa magia que viene con él. O el amor que siento. De todas formas, ahora me siento feliz. Él es tan adorable...

Las cosas que me llevan a él

Cuando la tarde estaba llegando a las siete he tenido una visita inesperada. Ya abogaba por marchar, pensando en que mañana es fiesta cuando ella ha entrado. Ella se trata de una cansacuerpos que viene a dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez. Le he dicho que estaba ocupada, pero que la atendía si lo que venía a decirme era breve. Entonces ella me hablaba y he pensado en él. Porque ella también le da la chapa a él (algo que un día le comentaré). Reconozco que me entraba la risa, aunque he conseguido disimular. Entonces la he echado con la mejor de mis sonrisas, alegando que tenía mucho que hacer. Y es que ella me estaba contando lo mismo que las veces anteriores. Sé que me brillaban los ojos y en ese momento se me ha pasado por la cabeza decirle algo como alertándole sobre la presencia de esa mujer allí. Luego he preferido que mejor que no. 
Han dado las siete y he empezado a recoger. Porque las siete de ahora son como las ocho de antes. Y lo único que se me ha pasado por la cabeza no es que deseaba irme a casa, sino que me apetecía ir a tomar algo con él. Después de haber escrito un mensaje en el móvil lo he borrado. Es que no me gustan los mensajes. Sé que tenía ganas de hablar con él, de estar con él, de mirarle a los ojos, y es víspera de fiesta. Pero me parecía brusco decirle que fuéramos a tomar algo, así sin más. He intentado desechar las cervezas y he intentado no pensar en él. Entonces me he marchado.
Estaba a punto de arrancar cuando él ha pasado con el coche. Para mí ha sido una señal. He esperado a ver si pasaba caminando, pero como no ha ocurrido tal le he llamado. Entonces ni me he parado a pensarlo. Tenía ganas de él.

No es suficiente

Pensaba en el amor, en lo mucho que amo en estos momentos y en que a veces no me conformo sólo con amar. Que necesito algo más, es que le necesito a él. Hoy no me conformo. Últimamente vuelvo a soñar con él. A veces me llegan ráfagas de esos sueños. Hoy me despertaba desubicada, con la sensación onírica de que había despertado en un sofá junto a él, que sólo habíamos dormido juntos, que no había nada de erótico, y había mucho de romántico. El sofá era de color rojo, totalmente pasional. Y las paredes de color rojo, aún en mi imaginación, pero no en mis recuerdos, me llevan a saber exactamente dónde estábamos. 
Mi imaginación ya era precoz a los siete años, y creo que con el paso del tiempo ha ido acomodándose dentro de mí, incluso incrementándose, y eso que dicen que perdemos la imaginación cuando desaparecen los años de la infancia. 
La cuestión es que esta noche no me conformo únicamente con amar. Que es algo espiritualmente magnífico, hermoso, sublime. Y más cuando la otra persona es un ángel y jamás conoceré a una persona tan completa como él. Lo que ocurre es que ardo de deseos. Deseo recorrer el perfil de su espalda desnuda con las yemas de los dedos, apartar delicadamente el pelo de su nuca y cubrirle de besos la parte de atrás del cuello, en uno de los innumerables puntos 'G' que existen en el cuerpo humano, anhelo acariciar el vello de su pecho, aprenderme de memoria ese otro punto 'G' donde el nacimiento del vello del vientre es equiparable al nacimiento del deseo pasional, anhelo cubrirle de besos las plantas de los pies, y observarle mientras duerme mientras susurro al aire que sigue estando igualmente guapo, y quiero hacerle partícipe de lo que le brillan los ojos cuando recuerda algo de sus viajes, de sus anécdotas, de su pasado... mientras yo absorbo todo, porque nada de él quiero perderme, ni olvidar. 
Al final, tendré que escribirle un libro. Tendré que acudir a la imaginación y plasmarlo todo a través de la palabra escrita. Pero tampoco me conformaré. Podrá llenarme momentáneamente, pero no me conformaré. 
A veces me da la sensación de que estoy desperdiciando el amor. No es suficiente con amarle.
Esta noche peco de inconformista, pero bien sé que es bastante probable que esta noche vuelva a soñar con él y que mañana le siga amando como jamás he amado a nadie, incluso aunque no me cruce con él.

Acabando octubre

Está terminando octubre. Los meses que se acercan no me gustan nada. Son demasiado invernales, demasiado tristes. Al menos me queda la ilusión de ver a ese ángel de mirada perfecta cada día, y en él está el sol y el calor de los que carecen noviembre, diciembre, enero y febrero. En él está el color de los días grises.
Me pregunto si le veré mañana o si tendrá puente.

Menuda semana. Me veo completamente desubicada esta semana, gracias al festivo que cae en martes. En verdad que prefiero la rutina normal. Aunque mañana por la noche es posible que salga y el martes por la mañana pueda remolonear en la cama. E imaginar...

domingo, octubre 30, 2011

De regreso al universo de la Dragonlance


El mundo de la Dragonlance me apasionaba cuando lo leía, pero son tantísimas trilogías y sagas que llega un momento en que optas por continuar con otro tipo de literatura. Sin embargo, ayer le prometí a un amigo que le iba a regalar un libro (que no tiene que ver con la Dragonlance), un libro que voy a conseguir a través de una librería virtual especializada en literatura fantástica. Y al entrar en la página web he recordado que allí me agencié todos los libros de la Dragonlance que leí, los que aún me quedan por leer y los que entonces, por diversas razones, no pude conseguir. Hace ya tres años que dejé de leer libros de la Dragonlance. Supongo que había muchas historias y poco tiempo, y cuando empezabas a tirar del hilo salían nuevos libros relacionados con otros autores diferentes. Nada que ver con la historia oficial escrita por Margaret Weis y Tracy Hickman.
Esta vez leeré todos los que me quedan, a no ser que ya no se editen o estén agotados. Eso me recuerda a que no podía conseguir uno de ellos y lo pedí directamente a la editorial catalana, que me lo regaló desinteresadamente, enviándomelo por correo.
Ahora bien, para retomar la larguísima saga de la Dragonlance tengo que hacer memoria. Estoy segura de haber olvidado algunas cosas de la historia. Ahora es cuando me viene bien buscar las reseñas que escribí entonces y releerlas poco a poco, mientras doy tiempo a terminar el libro actual (que pese a estar entre los primeros en las listas de los más vendidos y leídos no es que lo esté disfrutando mucho; más bien me aburre).
En verde están los que me quedan por leer. El resto ya son historia, pero historia que refrescaré de nuevo.

4. El ocaso de los dragones: Los caballeros de Takhisis. La guerra de los dioses.
7. El muro de hielo: El mensajero. La esfera dorada. Winterheim.
8. Héroes de la Dragonlance I: La leyenda de Huma. Espada de Reyes. El caballero de Solamnia.
16. Cuentos de la Dragonlance II: El reino de Istar. El Cataclismo. La Guerra de la Lanza.
17. La Guerra de Caos: Gilthas, Orador de los Soles. Enanos y Draconianos. La conquista del Monte Noimporta. Las lágrimas de Paladine. El último Thane. Monstruos del Mar Sangriento.
19. La saga de Dhamon: El héroe caído. Traición. Rendición.
20. Encrucijada: El círculo clandestino. El gremio de los ladrones. La tierra del dragón. (En castellano faltan por publicarse dos libros de esta saga).
21. La discípula oscura: Ámbar y cenizas. Ámbar y hierro. Ámbar y sangre.
22. La trilogía de Linsha: La ciudad de lo perdido. El éxodo de los vencidos. El regreso del exilio.
23. Naciones élficas: El primogénito. Las guerras de Kinslayer. Los Qualinestis.
24. Las naciones enanas: El Pacto de la Forja. El Reino de los Thanes. Derkin, el primer rey.
25. 'Trilogía' Pirvan Wayward: Pirvan el ladrón. Pirvan el caballero. Sir Pirvan Wayward. El legado de Sir Pirvan.
26. Dragones: Los dragones de caos. Dragones. Los dragones de Krynn. Los dragones en guerra. Los dragones.
28. Kang's Regiment: Medidas Draconianas.
29. Villanos: El ala negra. Verminaard, el señor de Nidus. El emperador de Ansalon. Fistandantilus. Lord Toede. Takhisis. Hederick el Teócrata.
30. Warriors: Maquesta Nar-Thon. Theros Ironfield. Lord Soth.
31. Lost Legends: Vinas Solamnus, el primer caballero. Historias del tío Saltatrampas.
32. Lost Histories: Los hijos de Sargas. Los enanos gullys.
33. Classics: Asesinato en Tarsis. Dalamar el Oscuro.
34. Las guerras de los Minotauros: Noche sangrienta. Marea sangrienta. Imperio sangriento.
35. Despertar en Solamnia: Caballero de la Rosa. La Corona y la Espada. La Medida y la Verdad.
36. Crónicas perdidas: El mazo de Kharas. El Orbe de los Dragones. La Torre de Wayreth.
37. Otros: La llave del destino. La era de los Dragones.
38. Libros especiales: El Gran Libro de la Dragonlance. Atlas de la Dragonlance. Apéndices de la Dragonlance. Bestiario de Krynn.
39. Crónicas de la Dragonlance (cómic): El retorno de los Dragones. Prisioneros en Pax Tharkas. Los barcos alados de Tarsis. La tumba de Huma. La Reina de la Oscuridad. El Templo de Takhisis.

Si he puesto este listado es porque hay tal infinidad de volúmenes que es fácil perderse, pero sobre todo, antes de volver a coger un libro de la Dragonlance tengo que refrescar mi memoria. Lo que hace memorable esta saga, pese a su brutal fantasía, es la calidad de los personajes. Estoy segura de que seguiré admirando a Raistlin.

A través de los recuerdos


Poco a poco nos vamos sumergiendo en lo más atroz del invierno. Aunque soy consciente de que el invierno siempre tiene un sol. Lo peor es cuando no me cruzo con él, pero soy consciente de que está muy cerca, aunque los planetas no se hayan alineado lo suficiente para hacer el milagro de que nuestros pasos nos lleven a encontrarnos en los próximos metros o en los minutos siguientes.

Empieza una semana que se precia porque será breve, con el martes con su estandarte festivo. Aún no he ido al cementerio, pero el martes llevaré cinco rosas blancas para cada uno de los seres queridos que ya no están aquí. Éstos son días especialmente tristes. 

A las tres serán las dos

¿Cuál era esa fuerza que me impulsaba a ir donde estaba él? Cuando he entrado en la rotonda, me ha parecido ver su coche. Al salir no sabía si marcharme o ir hacia donde estaba él, pero sabía que si me acercaba, y con tres cervezas encima, no me iba a echar atrás. Desconozco qué es lo que me ha retenido. Mi mente pensaba en decirle algo, en llamarle... En realidad no me quería marchar a casa aún y, sin embargo, aquí estoy. Me apetecía verle. Sólo que sé que no quiero que sea un encuentro forzado. Si nos vemos genial, si no nos vemos... otro día será.
Y en el camino de vuelta a casa me preguntaba por qué no, qué es lo que me frena respecto a él para seguir mi camino, a ignorar las peticiones del corazón. Quizás que no sabría cómo reaccionar. En el momento en que me abriera la puerta me ruborizaría, ¿cómo justifico mi presencia allí? Estoy casi segura de que él estaba allí, tan cerca. Y, aunque invisible, también hay un muro. Luego está el hecho de que, si fuera allí, para él estaría claro el motivo por el que he ido allí, es demasiado inteligente para intuir que mi presencia allí sólo responde a un único motivo: estar cerca de él... No estoy segura de querer que él note lo que siento. Estoy convencida de que él intuye que siento algo por él, algo bonito, pero no quiero darle tantas pruebas de ese amor. Al final, también en algún momento sale al exterior esa timidez que parece inexistente en mí, pero está ahí. 
Me gustaría haberle visto, haberme encontrado con él en algún bar. La otra vía es más improbable, aunque sepa dónde está no puedo ir a buscarle. Una cosa es pensarlo y otra muy diferente llevar ese pensamiento a la práctica. 
Entonces me he sumergido en la oscuridad recalcitrante de la noche, pensaba en él y entonces he visto las estrellas, las infinitas estrellas que se ven en el cielo esta noche. Y pensaba en lo mucho que me gustaría estar con él viendo ese cielo tan perfecto. 

Es hora de ir a dormir. 

sábado, octubre 29, 2011

Duras decisiones

El día de hoy ha sido ajetreado. Generalmente, no acostumbro a levantarme a las ocho en sábado. Y anoche me fui tarde a dormir aun sabiendo que tenía que madrugar como un día normal. Pero ha ido bien. Luego me he echado la siesta y ahora tengo ganas de salir. Y salir significa que hay bastantes posibilidades de encontrarme con un ángel. Además hoy hay una hora más. Mañana me despertaré a mediodía y miraré horrorizada los relojes sin cambiar. Siempre ocurre: Me da la sensación de que es tarde, pero luego es un alivio poner una hora menos.
Lo que he echado de menos hoy ha sido remolonear en la cama después de haber despertado. No tenía tiempo para dar media vuelta. Pero la imagen perfecta de un ángel me ha acompañado durante todo el día.

Recuerdo el deseo que se ha apoderado de mí cuando he visto su coche, al ser consciente de que lo único que nos separaban eran cuatro paredes y unos pocos metros. Era consciente de que yo estaba allí de rebote, algo me impulsaba a parar y otra parte de mí me instaba a seguir mi camino, con la desazón tangible del vacío por no haberle visto después de ignorar lo que me estaba dictando el corazón.

Tengo ganas de fiesta.

Una cerveza más

Mañana el despertador sonará a las 8.30h., como si no fuera sábado. Pero no importa. A media tarde podré echarme una siesta.
Me pregunto si él estará de fiesta. Quizás sí. De todas formas me voy a soñar con él. 
En realidad a estas horas ya se me caen los ojos de sueño, pero no me siento tan cansada como las últimas semanas, que cuando llegaba el viernes necesitaba tumbarme sin pensarlo siquiera. 
Daría un mundo por quedarme dormida en sus brazos... esta noche y todas las noches.
Me tendré que conformar con imaginarlo.

Estamos cerca del cambio de hora. Por lo que mañana la noche será más larga. Será una cerveza más. Hasta las cervezas saben mejor cuando él está cerca.

Es hora de soñar. Soñaré con un ángel, aunque me gustaría abrir mañana los ojos y recordar lo que sueño.

viernes, octubre 28, 2011

Casi inalcanzable

Eran las cinco cuando he tenido que marcharme a hacer un recado. Entonces le he visto. Estaba cogiendo algo de su coche, pero no estaba solo. Podría haberle llamado, pero estaba demasiado lejos como para ponerme a gritar su nombre a los cuatro vientos. He empezado a caminar más rápido, aunque no ha servido de nada, porque él se ha marchado en otra dirección.
Cuando venía a casa ya no estaba su coche.

Tengo tantas ganas de verle...

Los días sin él

Esta mañana no estaba él, pero a mi lado se encontraban otras personas cercanas a él. Me pregunto dónde estaría, aunque seguramente tenía un motivo para no estar ahí en ese preciso momento. Me hubiera gustado verle. En realidad, me gustaría hacer tantas cosas con él que no tengo días para hacerlo todo. 
Ahora, por ejemplo, podría ir a tomar algo con él y dejarme llevar por su dulzura, podría quedarme atrapada en su mirada perfecta y sentirme ajena al mundo... excepto a él.
Le echo tanto de menos...

Ese gusanillo

Últimamente echo de menos el gusanillo, ese que remueve todo mi interior en los instantes previos a cruzarme con él. Pues siempre que me encuentro con él algo en mí tiembla. Pero ese gusanillo me gusta. Antes sí que me importaba que me temblara la voz y él pudiera notarlo, o ruborizarme delante de él, o decir algo en voz alta cuando esas palabras eran parte del pensamiento y no deberían ver la luz. Pero ahora... ahora siento todo eso pero no me suele temblar la voz tanto como antes ni tengo esa tendencia a ruborizarme en su presencia e intento decirle sólo cosas hermosas, incluso dentro de una conversación cotidiana. Me he dado cuenta de que me siento cómoda con él. Quizás antes me sentía insegura. Pero ahora... me gusta cruzarme con él y pararme a hablar con él. Además soy capaz de aguantarle la mirada un poco, me obligo a no desviar los ojos pues soy consciente de que esa mirada angelical concentra en sí misma todo lo mejor del mundo y, de alguna manera, no me lo quiero perder. Está claro que si miro a otro lado me perderé el brillo que producen sus ojos. Será cosa de la confianza o de que cuanto más conoces a una persona más a gusto te sientes con ella.
Y sigue estando el gusanillo. Cuando a las doce sé que podría encontrarme con él, cuando siento que algo arde de pasión en mi interior, cuando cualquier sábado sé que podría cruzarme con él en cualquier bar, cuando veo aparecer un coche como el suyo al final de la calle, aunque finalmente no sea él. En esas ocasiones, y en muchas otras que ahora no me vienen a la memoria, siento que el corazón me late muy deprisa. Y siento cómo el deseo crece con fuerza: el deseo de verle a las doce, el deseo de encontrarle en el próximo bar, el deseo de que el coche que viene por la calle sea el suyo...
Cada día me levanto buscando la magia. Soy consciente de que esa magia siempre llega con él. 

Es hora de dormir. De soñar con ese ángel de mirada perfecta.

"Disfruta de ti mismo. Estos son los buenos viejos tiempos que habrás perdido en los próximos años".

jueves, octubre 27, 2011

Allí seguía él


Hoy me he demorado en Ezcaray, así que ha sido una odisea aparcar. Lo cierto es que estaba todo lleno y entonces he visto su coche. Yo no sé qué me ha frenado, pero se me ha pasado preguntarle cuándo se iba a marchar a comer a casa para aparcar yo donde iba a dejar un hueco libre. Pero últimamente, aunque pienso muchas veces en decirle algo, siempre pienso varias veces antes de dar un paso. Así que, después de encontrarme en ese paradigma de "¿le mando un mensaje o no?" la balanza ha terminado decantándose por el no. 
Cuando media hora más tarde he salido a la calle y he mirado, él ya no estaba. Tan cerca y tan lejos.

A las cuatro y media de la tarde he movido el coche. Él ya había llegado. Su coche seguía a las nueve aparcado en el mismo sitio. Entonces he pensado en decirle que nos fuéramos a tomar algo. Al final, he preferido no decirle nada.

Estoy segura de que en cualquier momento no voy a pensarlo y le diré algo. Pero nunca le termino diciendo lo que me gustaría decirle, quizás porque no me atrevo. Como que es adorable. O que le echo de menos. O que le quiero un montón. Al final, sólo termino derrochando unas cuantas frases frías e insípidas que intentan ocultar lo que alberga mi corazón. 

Costaba que amaneciera

Es hora de marchar. Al menos ha salido el sol, porque la mañana hoy era terrorífica, tan oscura como estaba. Las gotas de lluvia golpeaban la luna del coche y yo miraba al cielo, pensando en él. En mañanas así lo que apetece es taparse en la cama hasta la nariz y abrazarle a él. Y no levantarse hasta que no salga el sol. Aunque en una situación así el sol ya está entre mis brazos.
Tengo ganas de verle.

Es hora de marchar. Espero que en SD también haya salido el sol.

La palabra secreta

No creo que tarde en ir a dormir. 
Si cerrara los ojos tan sólo un minuto aparecería ante mí una única imagen. Él. Siempre tan adorable, siempre tan guapo, siempre tan noble. 
Esta tarde pensaba en lo mucho que me gustaría ir a tomar algo con él después del trabajo, perderme en su mirada perfecta una vez más, preguntarle por algo que tenga una respuesta larga y absorber todas y cada una de sus palabras. 
A veces me pregunto qué porcentaje de lo que soñamos (no sólo con los ojos cerrados, sino también de lo que soñamos cuando estamos despiertos) se termina haciendo realidad. Si mis sueños se cumplieran tengo la felicidad asegurada por el resto de mis días. Es impresionante cómo una única persona nos puede dar todo, nos aporta lo mejor, nos regala tantísimos momentos especiales.
Y recuerdo su mirada el primer día que le vi. La atracción que llegó después. El desconocimiento sobre él y la curiosidad inicial. Todo eso se ha incrementado con el paso del tiempo y, es más, ha crecido otro sentimiento inesperado que no es otro que el amor. La atracción continúa hoy en día, mucho más palpable que entonces. Aunque ahora le conozco, sigo desconociendo muchas cosas de él, pero adoro el misterio que le rodea. La curiosidad se ha intensificado porque quiero saber todo de él, pero quiero saberlo por él. Aparte de todo eso, han crecido otros sentimientos: el deseo, la pasión, la confianza, la ensoñación, la magia y, por supuesto, el amor. ¿Quién iba a decirme que iba a terminar tan enamorada, que iba a caer rendida ante esa mirada en la que veo todo lo mejor del mundo?
Si alguien me preguntara qué haré dentro de dos minutos, no respondería que me voy a soñar, que me sumergiré en la oscuridad más profunda de la noche, no diría que voy a leer. Porque al final, mañana al alba, no recordaré ni los sueños, ni la oscuridad, ni lo que he leído. Lo que recordaré mañana es la dulce imagen que tendré en la mente cuando vaya a dormir. Sé que me quedaré dormida con una sonrisa en el rostro y, por supuesto, abrazaré la almohada pensando en él.
Si alguien me preguntara qué me gustaría hacer ahora, quizás no lo dijera, quizás me ruborizara, pero estoy segura de que me gustaría abrazarle y dormir a su lado. Pero no ahora. No podría conformarme con dormir junto a él una sola noche. 
Si tocas el cielo de la mano de un ángel jamás desearás volver a la tierra.

Se me cierran los ojos, pero me agrada pensar en él. Me reconfortan sus recuerdos, su imagen e incluso todo lo que desconozco de él. ¡Cuánto le quiero!

¿Alguna vez has amado tanto que las palabras se terminan acumulando en tus labios porque no encuentras la palabra perfecta que describa eso tan intenso que sientes? Yo sí, lo siento cada noche. Y cada noche me voy a dormir pensando en que aún no se ha inventado la palabra perfecta que pueda dar nombre a tanto sentimiento. En realidad, sí que tengo la palabra perfecta, pero no la diré por aquí. Es un secreto, porque la palabra perfecta es su nombre. Porque si ahora susurrara su nombre regresarían de nuevo todos los recuerdos, todas las miradas, todas las sonrisas, todas las palabras, siento que la llama que arde dentro de mí arde con más fuerza e inevitablemente tengo que sonreír porque siento algo cercano a la felicidad. 

Es una noche mágica...

miércoles, octubre 26, 2011

¿Dónde estará...?


Me pregunto dónde estará, que hace muchos días que no sé nada de él, que el cielo no es tan azul y el café me sabe amargo. Me pregunto dónde estará, que le echo mucho de menos. Ni siquiera veo su coche, por lo que no le siento tan cercano como otras veces. Y es que si veo algo de él siempre siento su proximidad.

La sonrisa perfecta

Si algo me gustaría decirle cada mañana al abrir los ojos es que sonría siempre, que no se olvide de sonreír. Porque su sonrisa es perfecta. Adoro su mirada, y sus gestos, y su rostro, y su voz... pero su sonrisa tiene algo diferente. Cuando le veo sonreír no necesito preguntarle cómo está, pues entonces sé que se encuentra bien. Cuando le veo sonreír mi alma se alboroza, porque una parte de mí es consciente de su felicidad.
Lo tengo claro. Si tuviera mis palabras vetadas al día y sólo se me diera la opción de susurrarle una frase al día, estoy segura de que le diría: "No te olvides de sonreír". También podría decirle que le quiero, pero esto ya va implícito al desear que sonría siempre. Pues una persona que ama busca la felicidad de la persona amada y si la persona amada sonríe seguramente que estará saboreando la felicidad.

Debo ir a dormir. Y me voy al mundo de los sueños pensando en su sonrisa perfecta. 

El tiempo de espera


A veces, hay momentos en la vida que nos encontramos esperando algo… o esperando a alguien. Todo el mundo ha esperado algo en algún momento de su vida. Y a veces esa espera parece no tener fin.
Cada persona decide hasta dónde esperar o hasta cuándo o a quién.
¿Qué espero yo? Llevo más de dos años esperando al amor. Y sé que seguiré esperando hasta que mi corazón deje de latir, hasta que mi espíritu sea incapaz de sentir, hasta que mi pensamiento no pueda recordar, hasta que mi alma ya no se sienta tocada por la mirada perfecta de un ángel.
Le espero cada día, cuando a media mañana sé que puedo cruzarme con él; le espero cada tarde, cuando sé que podría volver a encontrarme con él; le espero cada noche, en una cama que cada vez se ve más grande y vacía; le espero en cada sueño, en cada hálito, en cada ilusión, en cada viaje, en cada palabra… a cada minuto.
Y ese tiempo de espera, desde que me despido de él hasta la próxima, me trae una especie de felicidad que nadie me había hecho sentir antes. Cuando pasan los días sin saber nada de él siento que me falta algo y entonces vuelvo a cruzarme con él de nuevo, siento la magia al mirar a esos ojos tan perfectos y el deseo hacia él me llega a ruborizar.
Le quiero tanto…

Entonces supe que me había enamorado. Lo supe en cuanto fui consciente de que lo daría TODO por él…

martes, octubre 25, 2011

Humilladero

Según la tradición histórica, el humilladero es una cruz que se colocaba antiguamente a la entrada de las ciudades o de las villas y, por lo general, marca un cruce de varias direcciones. En mi pueblo hay uno, pero lo peculiar es que parece una pequeña capilla. Sin embargo, quien se asome a su puerta se encontrará, tras las rejas, la cruz que le da su nombre.
En Salamanca se llaman rollos y, de hecho, hay una calle que se llama Paseo del Rollo, por su majestuosa cruz marcando ese cruce de caminos.
Lo que siempre me ha fascinado del humilladero de mi pueblo es que la cruz se encuentre en el interior de un recinto y no al aire libre, como suele ser habitual en este tipo de cruces.
Ese pequeño edificio, que debería rehabilitarse porque se terminará cayendo si no se restaura, sólo se abre al público una vez al año: el 1º de mayo, con motivo de la procesión que pasa justo al lado.

Haciendo crujir las hojas del suelo

Soy adicta al sol. Me cuesta superar el fin del verano. Odio los días lluviosos. No me gusta conducir con las carreteras llenas de nieve. Así que cualquier momento de sol me impulsa a salir a la calle para absorber todos esos rayos de sol.
Me gustan los colores del otoño, esos tones ocres y pardos que se mezclan con los verdes de los árboles perennes y de las zarzamoras que aún no han perdido las hojas.
Hacía mucho tiempo que no caminaba hasta la ermita y, en realidad, hacia ningún sitio. Había olvidado la agradable sensación de ver el mundo mucho más despacio, como a cámara lenta. Había olvidado lo que me agrada caminar y pensar en otras cosas. Pensar en él.

De repente los árboles formaban un paraguas sobre mí. La naturaleza es espectacular en todas las estaciones. Esta tarde había algo de mágico y puro en lo que me rodeaba. Yo seguía el camino de asfalto rojo, que apenas suelo utilizar.
Adoro tener el bosque tan cerca. Cada día soy más consciente de que no podría vivir en una ciudad cuando siempre he tenido bosque casi al lado de casa.
Debería ir de paseo más a menudo. En esos momentos suelo sentirme liberada de muchas cargas y también le siento a él más cercano. Quizás porque al sentir la magia de la naturaleza la mente me lleva a pensar en la magia que me brinda él.

Hacia el Este


Entonces mi mirada se ha dirigido hacia el este y he pensado: "Detrás de aquel monte se encuentra él...".

El paseo de la tarde


Al mirar por la ventana y ver la tarde tan soleada, apetece salir a la calle. Es posible que vaya a la ermita caminando. Una de las buenas cosas de pasear es que el mundo pasa más despacio ante nuestros ojos y al pasar más despacio también se saborean mejor los pensamientos.
Iré caminando porque a cada paso pensaré en él, en la dulzura que emana de él, en la magia que provoca su presencia.