
Randolph Carter había soñado tres veces con la maravillosa ciudad a la que ningún hombre ha llegado nunca, la ignota Kadath. En ninguna de las tres ocasiones ha logrado descender por la escalera de mármol. Entonces decide llegar de todas formas posibles, por mucho que le cueste.
Así que les pregunta a los sacerdotes y ellos intentan convencerle para que no realice el viaje en sueños que se propone.
Carter entra por la Puerta del Sueño más Profundo y llega al Bosque Encantado, repleto de grandes hongos fosforescentes. En aquel tupido bosque viven los
zoogs, unos seres que conocen los oscuros secretos del mundo de los sueños. El soñador conoce su idioma y habla con ellos.
ZoogEllos le guían hasta una pesada losa de piedra a la que parecen temer. Y Carter prosigue su camino por Nir y Ulthar. En esta última ciudad está prohibido matar a los gatos. Carter se encamina al Templo de los Mayores, para hablar con el patriarca Atal, el único que ha subido hasta la montaña de los dioses y ha bajado vivo. Descubre algunos secretos en los Manuscritos Pnakóticos, pero allí le intentan convencer de que no siga con su perseverante propósito de visitar Kadath, donde los Dioses de la tierra están protegidos por los Otros Dioses del exterior. Carter le emborracha y el anciano se vuelve muy locuaz. Ahora sabe que tiene que buscar el rostro de piedra de Ngranek, el rostro de los dioses. Cuando se va a marchar, descubre que los gatos se están relamiendo y que los
zoogs que le han acompañado hasta allí han desaparecido.
Se une a una caravana de mercaderes que van hacia Dylath-Leen, una ciudad negra construida con edificios de basalto. Allí descubre las galeras negras y a los mercaderes de ojos achinados que cambian rubíes por oro y robustos esclavos negros. Llevan turbantes y tienen forma de sapos.
Bestias lunaresUno de estas repugnantes bestias habla con él y le invita a un vino infernal. Entre los vapores etílicos, al comerciante se le suelta el turbante y Carter descubre una extraña protuberancia frontal. Cuando despierta, se encuentra a bordo de la galera negra. Allí le ofrecen una carne ahumada, que tiene una extraña forma por la que el soñador decide no comer. Pasan las Columnas de Basalto del Oeste y, en las cataratas, el barco salta rumba a la Luna y aterriza en un extraño mar aceitoso.
Llegan a una playa costrosa, donde se levantan
cottages sin ventanas; el hedor es insoportable. A Carter le encierran en un aposento circular. Fuera suenan unas flautas con un sonido terrible. Y después se escucha un maullido. Una horda de gatos salta sobre los esclavos y los casi sapos. Carter habla en la lengua de los gatos que le han rescatado. Con los simpáticos animales, el soñador salta de nuevo a través del espacio. Está otra vez en la posada de Dylath-Leen; ha pasado fuera una semana. Y allí avisa a los demás mercaderes sobre los malolientes hombres sapo.
Inicia una nueva travesía en la corbeta de Oriab, que transportan recolectores de lava. Carter pregunta entre los marineros, pero nadie había subido al monte Ngranek ni había visto las esculturas de los dioses; allí viven los noctívagos demacrados. Cuando llegan al siguiente puerto, un viejo tabernero le informa y Carter alquila una cebra para subir al monte. Por la noche, la cebra yace muerta, le habían chupado la sangre y a él le han revisado sus pertenencias. Sigue subiendo por la ladera y descubre ojos brillantes y huellas de pies palmeados. Son los
voonith.
Voonith
A medida que va ascendiendo se encuentra cada vez más aldeas abandonadas, la gente había ido desapareciendo poco a poco. Cuando llega a la cumbre está carbonizada, es rocosa y muy escarpada, llena de cavernas y grietas. Pero ve el rostro de piedra tallado por manos divinas, y descubre que tiene rasgos muy similares a los habitantes de
Celephaïs. Cae la noche. Unas manos cogen su cimitarra y la tiran al vacío. Un ser delgado con cuernos, cola y alas de murciélago se encuentra junto a Carter. Un brazo frío y elástico le coge del cuello y lo balancea en el espacio. Ha sido atrapado por los noctívagos demacrados, que le arrastran por cuevas y laberintos. Si grita le hacen cosquillas, pues no pueden hablar, ya que carecen de boca, carecen de rostro. Le llevan al Valle de Pnath, cuyo suelo está lleno de huesos, donde viven los
bolhes, seres invisibles que nadie ha visto.
BholeCarter sabe que no se encuentra lejos del territorio de los
gules, y lanza un grito de reclamo para que vengan a rescatarle o le ayuden a salir de aquel pozo de oscuridad.
GulUn susurro entre los huesos le aterroriza, pero los
gules le echan una escala y le izan. A su lado siente algo largo y resbaladizo, pero ha conseguido escapar.
Pickman se había convertido en un
gul de importancia y llevan a Carter hasta el antiguo pintor, que estaba sentado sobre una antigua lápida. Carter tiene que cruzar la amurallada ciudad de piedra de los
gugs, mientras que éstos echan la siesta.
GugCarter se tiene que disfrazar de
gul, porque los
gugs tienen miedo a los
gules. Acompañado por esos nuevos amigos, Carter atraviesa la ciudad de piedra donde los
gugs duermen. Ven una oscura caverna, donde viven los
ghasts, que son los centinelas de los sótanos de Zin.
GhastCuando se acercan, cuatro
ghasts salen de las profundidades de su caverna, pero entonces despierta el centinela
gug y se echan encima de él. Carter y sus tres acompañantes
gules suben la escalera y consiguen matar a un
ghast que se ha colado arriba. Con ayuda de una lápida de piedra que llevan con ellos, consiguen abrir la trampilla, pero escuchan ruidos y voces abajo y pisadas subiendo los escalones, así que los
gules salen también, buscando una nueva solución para volver a casa por otro camino.
Los cuatro descansan en el bosque de hongos del Bosque Encantado. Carter se despide de los otros tres seres y atraviesa el bosque, pero entonces escucha ruido en un tronco hueco y descubre una asamblea de
zoogs que pretenden atacar a los gatos, pillándoles por sorpresa. Carter lanza un maullido para llamar la atención de un gato cercano y los rumores de guerra atraviesan el mundo de los sueños. Los gatos se presentan en el Bosque Encantado y rodean el árbol hueco donde se celebra la asamblea. Capturan a los
zoogs y toman rehenes, mientras les imponen altos tributos.
Carter sigue su camino después de despedirse de los gatos y llega a Thran, pero el centinela no le deja pasar hasta que el hombre no le cuente tres sueños inverosímiles, para demostrar que era digno de caminar por una ciudad de los sueños. En una taberna llena de marineros, compra un pasaje para Celephaïs. En aquella taberna observa a unos hombres extraños, de ojos rasgados y estrechos, con grandes lóbulos en las orejas, nariz fina y barbilla puntiaguda; y su gran parecido con el rostro de piedra de Ngranek. Cambiaban ónice por figuras de jade, hilo de oro y rojos pájaros cantores. Pregunta y descubre que vienen de Inganok.
Entonces Carter embarca hacia las canteras de ónice de Inganok. Descubre que allí hay una cantera abandonada que no se usa desde tiempos inmemoriales y causa terror. Todos en Inganok tienen rostros parecidos a los dioses. En lo alto había un campanario y cuando la campana sonaba todos los ruidos cesaban repentinamente. Carter sube hasta el templo de los Grandes, donde nadie puede entrar salvo el rey Velado, y después visita el maravilloso palacio de este rey. Los sacerdotes le han atemorizado.
Alquila un yac y se marcha con los mineros de ónice hasta las canteras, pero sigue subiendo más, hasta la cima. Allí descubre un sendero donde un arcaico poder había cortado bloques de ónice prodigiosos, demasiado grandes para un ser humano. El yac huye y Carter sale detrás de él. Detrás se escucha un ruido implacable de pisadas y Carter se pierde en un desierto de rocas y arena. A lo lejos ve una nube fosforescente sobre montañas talladas con ónice. Y las lejanas figuras aladas, los pájaros
shantak vienen hacia él.
ShantakDetrás está el mercader de ojos achinados que ya había visto antes y que le está siguiendo desde hace eones. Se montan en un
shantak y sobrevuelan montañas y cuevas, están sobrevolando el territorio de Leng. En una árida llanura ven criaturas danzando alrededor de una hoguera, criaturas con forma de sapo y cuernos. El pájaro aterriza en un altiplano coronado por un círculo de monolitos de piedra. Carter cree que le van a entregar a
Nyarlathotep, el dios malvado. Carter es conducido a una especie de monasterio de piedra sin ventanas, a través de túneles con historias y leyendas escalofriantes. En un altar, hay una única figura vestida de seda amarilla y con una máscara también de seda amarilla. Es el sumo sacerdote. Carter empuja al mercader de los ojos achinados hacia un pozo, coge la antorcha y huye hacia los túneles laberínticos. La lámpara se apaga y camina durante horas por una insólita oscuridad, siempre descendiendo. Cada vez hay más humedad. Finalmente, llega a una plaza con ruinas y columnas. Junto a una gran puerta hay dos inmensos leones de diorita, son los guardianes del Gran Abismo. Carter sabe que ha llegado a Sarkomand.
A lo lejos, un resplandor le lleva al fuego de un campamento, donde distingue figuras imprecisas. Atracada detrás está la galera negra de la luna y prisioneros, junto a la hoguera, están los tres que, durante un tiempo, fueron compañeros suyos, los tres
gules que regresaban a casa. Sabe que su territorio no está lejos y decide cruzar la puerta vigilada por los gigantes leones y buscar a los
gules, pero los noctívagos demacrados le cogen y él, aterrorizado, intenta balbucir la contraseña que le dieron los
gules. Entonces le trasladan más rápida y cuidadosamente.
Los
gules rescatan a los tres prisioneros y deciden exterminar a todas las criaturas con forma de sapo, pero los noctívagos no se atreven a sobrevolar la isla de donde salen lastimeros lamentos y gritos. Se llevan la galera hasta la roca de los alaridos y los noctívagos demacrados caen sobre las bestias lunares. Mientras inspeccionan la isla, viene otra galera negra a la que tienen que presentar batalla, ganando los
gules y los noctívagos demacrados. Y después vuelven a Sarkomand.
Carter les suplica que le acompañen hasta el castillo de ónice, donde ningún ser humano ha llegado, pues los Grandes tienen miedo a los noctívagos demacrados. Todo el ejército de
gules y noctívagos deciden ir hasta allí. Viajan muy rápido y, al caer la noche, descubren seres monstruosos que se mueven a la par, como si las montañas se movieran. Pero alzan el vuelo más arriba, les pierden de vista y ganan velocidad. Se dirigen hacia una pálida luz solitaria en el horizonte, se trata de una fortaleza en la cumbre, con magníficas torres y edificios. Carter se da cuenta que sobrevuelan Kadath, pero una fuerza inmensa les arrastra hasta el monstruoso castillo. Las corrientes de aire les llevan hasta una habitación vacía. A lo lejos suena una trompeta demoníaca y Carter sabe que ahora se encuentra solo. Entre dos columnas de esclavos negros que van escanciando aromas de bálsamos, una figura solitaria parecida a un faraón se acerca. Y habla a Carter. Le dice que ha pasado por todos los peligros, y que ha llegado allí no por curiosidad sino como quien intenta cumplir con su deber. Los dioses moran ahora en el mundo después del sueño de Carter, porque la ciudad del crepúsculo que creó en sus sueños era la más hermosa ciudad. Los dioses se han marchado allí y sólo Carter puede hacer que regresen. Para buscarla tiene que mirar lo conocido, su infancia y su juventud. “
... que tu dorada y marmórea ciudad de ensueño es sólo la suma de todo lo que has visto y amado de joven...”.
Un
shantak invisible le llevará hacia Vega, la estrella más brillante. Cuando escuche el cántico debe mirar hacia abajo, para encontrarse con la cúpula de la ciudad del crepúsculo, su ciudad, tiene que aguijonear al
shantak que aullará y los Grandes le oirán y sentirán nostalgia. Carter debe hablarles de la ignora Kadath, de sus edificios vacíos sin ellos morando allí; el pájaro les guiará porque ellos han olvidado el camino de regreso. El que habla no es otro que Nyarlathotep, el caos reptante.
Carter es guiado por la melodía, pero se acuerda tarde de la advertencia y el
shantak se dirige hacia aquellos oscuros abismos adonde no llega ningún sueño, hacia donde bulle
Azathoth, el sultán de los demonios.
Descubre que todo es una burla y tormento de Nyarlathotep, y entonces supo que estaba soñando y pudo retroceder, se tira por los vacíos de tinieblas y, mientras bajaba, sabía que había descendido por la escalinata de mármol.
Carter se despertó gritando en su casa de Boston.