miércoles, marzo 05, 2025

Viaje a Santander: Librería Gil


¡Qué sería de mí si fuera a un viaje y no entrara en una librería...! Santander no iba a ser una excepción, así que cuando estábamos tomando un vermout en Puerto Chico, estando junto al centro de la ciudad, me puse a buscar una librería cercana. Y justo al lado, en la Plaza de Pombo, entramos en la Librería Gil.


Me pareció una librería preciosa, de ésas que llevan toda una vida abierta y que se reinventan con el paso del tiempo, sobre todo en los tiempos modernos con las nuevas tecnologías. Después he sabido que la librería ganó en 2013 el Premio Nacional como Librería Cultural.


También he husmeado en la historia de la librería. Todo empezó en 1967, cuando el matrimonio formado por Ángel Gil y Tinuca Soto fundó una pequeña librería en Santander. Ese día nació GIL, un espacio que hoy cuenta con un fondo editorial de más de 30.000 títulos y cuyo papel cultural se evidencia en sus dos principales funciones; por un lado atender a los lectores, y por otro, servir de escenario para la comunidad literaria que se genera en torno a las actividades que programa cada semana en sus dos sedes.


Desde aquel primer local, en la actualidad Gil mantiene abiertas dos librerías en la ciudad que atienden cuatro de los hijos del matrimonio fundador: Ángel, Maleni, Paz y Jesús. Ellos velan por que siga vivo el compromiso cultural que tenían sus padres con la ciudad y lo hacen desde los dos espacios: en la calle San Fernando, que abrió en 1998 y donde comenzaron a convocarse los primeros encuentros que transformaron la librería en un espacio cultural, y la Plaza de Pombo, donde desde 2005 se da continuidad a la ingente actividad cultural que con el tiempo se ha ido generando en torno a las siglas GIL. Porque es ahí, en Pombo, en sus dos plantas y su espacio abierto a una gran plaza pública, donde, desde entonces, se realizan proyectos relacionados con el mundo del libro del ámbito local y nacional, como presentaciones de libros, encuentros con autores, debates, muestras bibliográficas, conciertos o exposiciones de arte y fotografía, actividades para niños, talleres y lecturas públicas.


Entramos veinte minutos antes de las dos y cerramos la librería. En ningún momento nos llamaron la atención para decirnos que era la hora del cierre, y por supuesto... compré libros. Merece la pena entrar y pasear entre sus estanterías porque es un lugar muy agradable. Me hubiera quedado horas allí.

Página web de la librería.


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