En medio de la bahía de Santander, en pleno Parque de Pereda, hay un edificio moderno que llama la atención del visitante. Pese a su modernidad, no desentona en el paisaje. Se trata del Centro Botín. Nosotros no llegamos a entrar porque no nos apetecía ver las exposiciones temporales, pero sí nos acercamos para ver su estructura exterior.
Las obras del Centro de Arte que la Fundación Botín ideó para la capital cántabra, un proyecto que ha cambiado la fachada marítima de la ciudad, se iniciaron en junio de 2012 siguiendo un proyecto del prestigioso arquitecto italiano Renzo Piano y su Renzo Piano Building Workshop (RPBW), con sedes en París, Nueva York y Génova. La idea inicial, que supuso una intervención urbanística sobre los jardines de Pereda y el soterramiento de una de las principales arterias de Santander, ha tenido que superar importantes problemas técnicos, así como el rechazo que inicialmente generó en algunos sectores de la ciudadanía local debido a su impacto en el perfil marítimo de la bahía santanderina.
El edificio se divide en dos grandes volúmenes: el situado al este está dedicado a la cultura y educación, incluyendo un auditorio con capacidad para 300 personas, así como varias salas de seminarios y trabajo; el bloque más occidental es el destinado al arte, acogiendo dos salas de exposiciones con una superficie de 2.500 m2.
Uno de los grandes retos técnicos a resolver fue la colocación en la fachada marítima de este edificio los llamados muros cortina, grandes bloques de 500 kg de peso cada uno.
Los dos volúmenes están comunicados por una estructura de espacios transparentes y pasarelas que albergan una plaza pública cubierta, además de zonas de restaurantes y comerciales.
Los edificios se cubren con piezas redondas de cerámica, cerca de 280.000, que los mimetizan con el entorno y su luz cambiante.



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