Intento estar con gente porque cuando estoy sola lo paso verdaderamente mal. Afloran los recuerdos de él y no sé muy bien cómo gestionar esos recuerdos. Termino pensando en que él no está y no paro de llorar. Así que me estoy obligando a estar con gente, porque otras personas hacen que me centre en su conversación. Ya hay quien ha notado mi silencio y mi tristeza, pero me da igual, no tengo ganas de hablar. Quizás es que no tengo palabras para describir todo esto.
Así que me he obligado a ir a tomar un vermú y estar con amigos. En cierto momento me he quedado a solas con una amiga, que me ha dicho que no quería preguntarme cómo estoy porque ya sabe que mal, pero que no busque explicaciones, simplemente era su momento y, ante eso, no podemos hacer nada. Tiene razón, pero siento rabia por la injusticia de que este mundo se lo haya llevado tan pronto.
Después me ha llamado una de la oficina y me ha dicho que, pese a que me cueste, tengo que intentar hacer vida normal, que se asustaron al verme tan afectada estos últimos días. Y le he preguntado desde cuándo nos conocemos.
"Imagínate, que antes de que nuestros caminos se cruzaran ya teníamos una parte vivida, unas personas que no conocéis, un pasado que ha ido desarrollando nuestra personalidad, no nos hemos conocido con veinte años".
Y es que Chini se ha llevado mis mejores años, aquellos de los primeros amores, de las primeras fiestas, de los primeros coches, de las primeras copas, los años más fértiles, cuando no teníamos responsabilidades, cuando nos comemos el mundo porque somos jóvenes y tenemos toda una vida por delante.
A Chini le quise durante aprox. treinta años y para volver a enamorarme así de nuevo necesitaría otros treinta años, es decir, otra vida. Y a los cuarenta y cuatro hay cosas de los veinte que no haría, quizás porque hemos asentado la cabeza o porque tenemos responsabilidades. Sí, necesitaría otra vida para enamorarme de nuevo con tanta pasión.
En realidad, quiero estar sola, tranquila, en mi casa y con mis recuerdos. Y si necesito estar triste pues llorar, y si tengo ganas de sonreír pues hacerlo.
Se necesita tiempo para sobrellevar una pérdida tan fuerte. Yo sé la cruz por la que estoy pasando, no quiero imaginar por lo que estarán pasando sus familiares y allegados…
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