Un 12 de septiembre de hace catorce años perdí a mi tío Juli. Para mí era como un segundo padre y fue muy duro. Era una persona que pasaba con nosotros muchas horas, el tío preferido...
Un 21 de septiembre de 2021 tres sobrinos han perdido a su tío preferido, alguien que era como un segundo padre para ellos.
Siempre se van los mejores. O siempre se van demasiado pronto. Afortunados aquellos que hemos vivido momentos con ellos, porque ahora, cuando ya no están, esos momentos son regalos inauditos.
Lo único que me reconforta ahora es saber que de haber sido todo lo que podíamos haber sido los dos juntos hubiera sido peor. Siempre puede ser peor. Si Chini me hubiera hecho caso a los veinte años, cuando le dije que nos íbamos a casar, hubiéramos estado juntos y tendríamos varios niños. Sin embargo, el destino, que no sé muy bien cómo tira los dados para que caigan así, nos tenía reservado una recua de sobrinos, por un lado y por otro. Sé que él se desvivía por sus sobrinos, y yo no tengo mucho que decir cuando mis niñas están a todas horas conmigo y me dicen que soy su tía preferida.
Los mejores siempre se van demasiado pronto. Y a mí los mejores se me han ido en el mes de septiembre, un mes que siempre me había gustado. Pero esta semana he vivido un infierno. Nadie nos prepara para algo así. Sigo sin creerme que él ya no está, que él ya no va a volver.

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