Hace más de una década tomé una decisión drástica: alejarme de la persona a la que amaba con locura. Si no nos entendíamos porque parece ser que los planetas nunca estaban alineados era mejor distanciarse.
Aunque en realidad yo seguía observando sus progresos desde lejos, pero hacía como si no me importara nada de su vida.
Seguía queriéndole. Al final, cuando has estado tan cerca y tan lejos a la vez de una persona, no es tan sencillo sacarle de nuestro corazón.
Siempre soñaba que un día nos encontrábamos y volvíamos a hablar. Siempre me acordada de él cada 10 de marzo, su cumpleaños. Siempre evitaba los lugares donde pudiera estar él.
Nunca esperas que ya sólo recordarás a esa persona en su eterna juventud, que ya no habrá más oportunidades para hablar, ni para mirarse a los ojos, ni para reírse. Ya sólo pensarás que tu primer gran amor falleció el 21 de septiembre (día de San Mateo) a los 44 años.
Y recuerdas aquellas veladas en el monte, las miradas robadas a la luz del fuego.
Y recuerdas el día que te prestó un jersey porque tenías frío.
Y recuerdas que él nunca se atrevió a responder a esas cartas de ocho folios.
Y recuerdas verle tocar la batería como un virtuoso.
Y recuerdas cada encuentro con él, cuando le miras y aparta su mirada, cuando te mira y sientes que te mira.
Y entonces los borbotones de recuerdos te "recuerdan" que él ya no está, que él ahora se encuentra entre las estrellas.
Cuánto te quise, Chini, y qué injusta es la vida.
D.E.P.
No hay comentarios:
Publicar un comentario