miércoles, septiembre 22, 2021

Tanto dolor

Desde que hace un día me enteré que Chini había fallecido siento que la vida pasa a mi lado y yo fuera una espectadora de piedra.
Pero no es de piedra el dolor, ni el vacío, ni la grieta en el corazón.
Cuando anoche llegaba a casa no me lo creía, una parte de mí decía que no era cierto, que no podía ser verdad. Pero lo era. Él se había ido con la mitad de una vida por vivir, porque aún le hubieran faltado otros 44 años más para seguir dando guerra en este mundo.
Cuando me he despertado me sentía enfadada con él, enfadada porque se ha marchado demasiado pronto, de repente y sin avisar. Y nos quedaban tantas cosas que hablar. Y luego me he enfadado conmigo, porque no fui capaz de llamarle en su cumpleaños, y me acordé, porque debería haberme acercado a él, y lo único que hice fue alejarme un poquito más. Y ahora ya no se puede estar más lejos.
Hoy he buscado sus fotos, cuando teníamos veinte años, cuando nos comíamos el mundo, cuando éramos imparables.
No hay derecho. Esta vida es muy cruel. Es muy duro que una persona que ayer estaba hoy ya no está.
Esto es insoportable. Y es que me tranquilizaba saber que estaba a diez kilómetros, aunque últimamente sólo nos cruzáramos de refilón, pero estaba ahí cerca. Ahora ya no está.
No me imagino los próximos días. No me lo quito de la cabeza, no puedo soportar que ya no esté, que ya no sea más que aire.
Y no quiero que se me borren los recuerdos, porque hoy… hoy ya sólo me quedan sus recuerdos.

Siempre imaginamos que las personas a las que hemos querido son eternas. Y cuando se van demasiado pronto quedamos hechos añicos.

*** Estaba pensando lo que te hubiera gustado leer las cosas tan bonitas y emotivas que escribo sobre ti. A mí me hubiera gustado no tener nunca ocasión de hablar de una despedida, ojalá no hubiera tenido que escribir esto.

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