Desde pequeña un reloj de cuco estaba colgado en mi dormitorio dando las horas y con un pajarito saliendo de una ventana. Así que me acostumbré y desde siempre he tenido debilidad por los relojes de cuco.
Hace ya más de una década estuve en la Selva Negra (Schwarzwald) donde se producen miles de relojes de cuco.
Y traje uno que le regalé a mi hermano, que nunca lo sacó de la caja, aunque sí escribió lo que contenía.
Cuando hice la mudanza lo traje a mi casa y lo metí al fondo de un armario... hasta que lo he encontrado, lo he desembalado, he escuchado la tonada... y no he sabido ponerlo en hora aunque le he dado cuerda varias veces.
Pero en mi rincón de lectura queda divino.
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