Nueva York ha acogido a algunos
de los mejores talentos creativos de siglo XX. En la ciudad nació el pop art y, en nuestros días, Manhattan
sigue siendo el centro mundial del arte moderno. Los escritores de las décadas
de 1950 y 1960 –conocidos como la Beat Generation- encontraron inspiración en
los clubes de jazz de la ciudad.
El novelista James Baldwin
La literatura norteamericana nació
en Nueva York. Charlotte Temple, a Tale
of Truth, de Susana Rowson (1762-1824), se publicó en 1791 y fue un éxito
de ventas durante 50 años.
Edgar Allan Poe (1809-1949),
precursor de las novelas de detectives modernas, popularizó el género de
terror. Henry James (1843-1916) publicó Los
bostonianos en 1886 y se convirtió en el maestro de la novela psicológica,
y su amiga Edith Wharton (1861-1937) se hizo famosa por la sátira de la
sociedad estadounidense que destilaban sus novelas. Finalmente, la literatura
norteamericana obtuvo reconocimiento internacional con Historia de Nueva York (1809), se Washington Irving (1783-1859),
con la que ganó 2.000 dólares. Él acuñó los nombres de “Gotham” para Nueva York
y “Knickerbockers” para los neoyorkinos. W. Irving y James Fenimore Cooper
(1789-1851), cuyos libros supusieron el nacimiento de la novela del Oeste,
formaron el grupo Knickerbocker de escritores estadounidenses. Greenwich Village
siempre ha atraído a los escritores, como por ejemplo a Herman Melville
(1819-1891), cuya obra maestra, Moby Dick
(1851) tuvo inicialmente una fría acogida. Jack Kerouac (1922-1969), Allen
Ginsberg y William Burroughs asistieron a la Universidad de Columbia y bebieron
con otros literatos en el San Remo Café de Greenwich Village. Dylan Thomas
(1914-1953) acabó sus días en el Hotel Chelsea.
El novelista Nathanael West
(1902-1940) trabajó en el Gramercy Park Hotel y su amigo Dashiell Hammett
(1894-1961) escribió El halcón maltés
mientras se alojaba en ese mismo hotel.

Andy Warhol, artista pop
A la escuela de Expresionistas
Abstractos de Nueva York se debe el primer movimiento de arte norteamericano de
relevancia. Fue creada por Hans Hofmann (1880-1966), con Franz Kline y Willem
de Kooning, cuyo primer empleo en Estados Unidos fue como pintor de brocha
gorda. Adolph Gottlieb, Mark Rothko (1903-1970) y Jackson Pollock (1912-1956)
continuaron popularizando este estilo. Pollock, Kline y De Kooning tenían sus
estudios en el Lower East Side.
El pop art comenzó en Nueva York
en los años 70, con Roy Liechtenstein y Andy Warhol (1926-1987), quien realizó
películas en el nº 33 de Union Sq. Keith Haring (1958-1990) fue un artista del graffiti, que alcanzó la fama gracias a
sus murales y esculturas pop art. Robert Mapplehorpe (1946-1989) adquirió
popularidad por sus fotografías eróticas. Jeff Koons perteneció al movimiento
de los años 80 neo-pop o post-pop. Los murales de Richard Haas
ponen una nota de color en muchas paredes de la ciudad.

La actriz Mae West
En 1849, el actor británico
Charles Macready suscitó una gran polémica al manifestar que los
norteamericanos eran vulgares. La multitud entró por la fuerza en el Astor
Place Opera House donde Macready interpretaba Macbeth, la policía abrió fuego y murieron 22 manifestantes. En 1927,
Mae West (1893-1980) fue condenada a pasar 10 días en un correccional de
Roosevelt Island y a pagar 500 dólares por su obscena interpretación en
Broadway de la obra Sex. La ópera
prosocialista de Marc Blitzstein La cuna
se balanceará, producida por Orson Welles, fue asimismo prohibida, pero se
siguió representando en otro teatro. Los actores se las arreglaron para
saltarse la prohibición, comprando entradas y cantando desde las butacas de
espectadores. La principal contribución de Nueva York al teatro han sido los
musicales. Follies, de Florenz
Ziegfeld, permaneció en cartel de 1907 a 1931. El estreno de Oklahoma en Broadway, en 1943, inició la
era de los musicales de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein hijo. Fuera de
Broadway, los Provincetown Players, en el nº 33 de MacDougal St., fueron los
primeros en producir, en 1920, Beyond the
Horizon, de Eugene O’Neill (1888-1953). Su sucesor como gran innovador del
teatro estadounidense fue Edward Albee, autor de ¿Quién teme a Virginia Wolf? (1962).

El productor musical Florenz Ziegfeld
Leonard Bernstein (1918-1990)
engrosó la larga lista de directores de la Orquesta Filarmónica de Nueva York,
entre ellos Bruno Walter (1876-1962), Arturo Toscanini (1867-1857) y Leopold
Stokowski (1882-1977). María Callas (1923-1977) nació en Nueva York pero se
trasladó a Europa. Enrico Caruso (1873-1921), Los Beatles y Bob Dylan actuaron
en el Carnegie Hall. El récord de público lo estableció en 1991 Paul Simon: un
millón de personas acudió a escucharle a Central Park.
Los legendarios clubes de jazz de
los años 30 y 40 han desaparecido ahora de la calle 52, pero las placas sobre
el “Jazz Walk” (Acera del Jazz) del CBS Building rinden honor a intérpretes
famosos, como Charlie Parker (1920-1955) y Josephine Baker (1906-1975). Entre
1940 y 1965 Nueva York se convirtió en la capital mundial de la danza, al
fundar George Balanchine (1904-1983) el New York City Ballet y el American
Ballet Theater. En 1958, el coreógrafo Alvin Ailey (1931-1989) inauguró el American
Dance Theater, donde varias compañías de baile multirraciales interpretan danza
moderna.

Cornelius Vanderbilt
El mito del “hombre que se hace a
sí mismo” es el sueño americano. Andrew Carnegie (1835-1919), “el barón del
acero con corazón de oro”, partió de la nada y murió tras donar 350 millones de
dólares. Fue mecenas de diversas bibliotecas públicas y universidades. Muchas fundaciones
deben su existencia al legado de filántropos. Algunos como Cornelius Vanderbilt
(1794-1877) trataban de desquitarse de sus duros comienzos patrocinando las
artes. En el mundo de los negocios, los “barones ladrones” de Nueva York
actuaban a su antojo con aparente impunidad. Los financieros Jay Gould
(1836-1892) y James Fisk (1834-1872) derrotaron a Vanderbilt en la guerra por
el ferrocarril Erie manipulando el mercado de acciones. En 1869 dichos
empresarios originaron el primer Viernes Negro de Wall St., al tratar de
monopolizar el mercado del oro, pero tuvieron que huir al descubrirse el
fraude.
Entre los empresarios modernos
destacan Donald Trump y los difuntos Leona y Harry Helmsley. Al morir Leona en
agosto de 2007, la mayor parte de los 4 billones de dólares del patrimonio de
los Hemsley fue cedida a una fundación benéfica.

Josephine Baker
Uno de los hombres que dio forma
a la ciudad de Nueva York fue Cass Gilbert (1858-1934), creador de rascacielos
neogóticos como el Woolworth Building, de 1913. En el vestíbulo se puede contemplar su caricatura, en la que sostiene una maqueta de su obra maestra. Stanford White (1853-1906) fue tan conocido por su escandalosa vida privada como por sus elegantes edificios beaux arts, como el Players Club. Durante la mayor parte de su vida, Frank Lloyd Wright (1867-1959) se resistió a proyectar edificios urbanos. Cuando finalmente accedió a ello, construyó el Guggenheim Museum. Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), nacido en Alemania y responsable del Seagram Building, no creía que "se pudiese inventar una arquitectura nueva cada lunes", aunque algunos podrían argüir que eso es lo mejor que se ha sabido hacer en Nueva York.
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