Tenía muchas ganas de leer algo de Jane Austen, y entre Orgullo y Prejuicio y Emma, he optado por este último. Para leer a Jane Austen hay que hacerlo desde una óptica diferente a la perspectiva actual, dejarse llevar por los estándares de la época. No es un libro difícil de leer, aunque es bastante predecible, lleno de personajes preocupados por una moralidad que hoy en día resultaría inadecuada e incluso hilarante.
El libro nos transmite la cultura
de la época victoriana inglesa, un clasismo acentuado y la vida monótona de sus
personajes, que no hacen nada sino visitar las casas de amigos y familiares. Y
es constante la actitud hipócrita de todos ellos, entre familiares y sus
relaciones sociales.
Esta edición además es ilustrada
por Hugh Thomson según la edición inglesa de 1896. Las ilustraciones me han
gustado, aunque amplían el libro en un grosor de 603 páginas.
Emma Woodhouse es el personaje
principal. Desde mi punto de vista malgasta su gran inteligencia haciendo de
casamentera respecto a todos los personajes que la rodean, y sin darse cuenta
de que la persona que tiene ante los ojos es su verdadero amor. Emma es una
mujer bella, independiente y rica, que no desea contraer matrimonio y no tiene
otro ejercicio a lo largo del día que formar parejas. Por culpa de esta rutina,
casi está a punto de perder a su verdadero amor. Los personajes no carecen de
profundidad, más bien están muy bien caracterizados. El señor Knightley es un
gran amigo de la familia que siempre está de visita. Debido a su gran posición
social es el único con el que puede emparejar Emma, pero ella tiene que estar a
punto de perderlo para darse cuenta de que también está enamorada de él.
Reconozco que el libro deja con
un buen sabor de boca, pero en ocasiones me ha aburrido, por ese afán de Emma
de –por decirlo de alguna manera- ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga
en el ojo propio. A veces daban ganas de gritarle: “Deja de hacer eso y
concéntrate en ti”. No me ha decepcionado. Es simplemente un libro de época que
nos trae otra manera diferente de ver el mundo.

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