De pequeña siempre deseé tener una casa de muñecas. Nunca llegué a tenerla, quizás porque nunca se la pedí a los Reyes Magos.
Años después, cuando estudiaba en Salamanca, me volví a acordar de la casa de muñecas. Había un bar, 'La Posada de las Almas', que tenía una enorme casa de muñecas que ocupaba toda una pared hasta el techo. Era realmente magnífica.
Cuando Paula tenga unos pocos años más le compraré una casa de muñecas y la decoraremos juntas.
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