A las nueve de la mañana unas patitas golpeaban insistentes la puerta de mi habitación. Sabía que era el perro, pero... ¿Tan temprano? Y es temprano y costoso levantarse porque estamos de fiestas.
Cuando ha entrado, ha cogido un muñeco y se ha puesto a morderlo en medio del pasillo. Por si no se había despertado todo el mundo...
Y esas cosas lo hacen adorable.
Luego ha venido a desayunar conmigo.
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